Dic 21

Aritmofobia (El juego de la ciencia, de Carlo Frabetti)

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , , , 21/12/2009

Más que al coco, al monstruo de debajo de la cama o al sacamantecas, el temor más extendido entre los niños es el miedo a las matemáticas. No deja de ser sorprendente, en una civilización que debe buena parte de su desarrollo a los números, este pavor, que Carlo Frabetti denomina “aritmofobia”. Lo hace en su último libro -que en realidad no es tal, pero lo es, sin dejar de no serlo-, El juego de la ciencia. Aunque se refiere a los adultos y, más aún, a una actitud “cultural” -en realidad, “anticultural”- de todo nuestro mundo occidental.

Cubierta de El juego de la cienciaSi bien desde que se nos enseñan los primeros rudimentos del conocimiento se insiste en la importancia del número y la vida numérica, es cierto que queda fuera del ámbito de la cultura. La cultura es el arte, la literatura, la historia, en fin, todo aquello susceptible de ser narrado o preguntado en una partida de Trivial Pursuit. Las matemáticas, entonces, quedan del lado de los saberes prácticos, como la cocina o la ebanistería, donde ocupa la cúspide.

La ciencia matemática es un saber práctico, tanto como teórico. Se estudian matemáticas para algo, para hacer algo con ellas. La cultura, por el contrario, se obtiene por su valor intrínseco. ¿Es realmente así? Cuando de niños aprendemos las operaciones básicas, se nos señala su utilidad cotidiana; cuando, algo más creciditos, nos ilustran acerca de operaciones complejas, como cálculo probabilístico o trigonometría, la practicidad de estos conocimientos está ligada a posibilidades laborales o de progresión en los estudios. Sin embargo, no se dan razones por las que haya que conocer el esfumato de Leonardo, el monólogo de Segismundo o la fecha de las Navas de Tolosa. Son saberes valiosos, y punto.

Ello lleva a una separación bastarda entre “ciencias” y “letras”, saberes mutuamente excluyentes y hostiles entre sí. El de “letras” difícilmente reconocerá la importancia de la geometría fractal -al margen de sus representaciones plásticas- y el de ciencias negará rotundamente que el conocimiento de las Partidas de Alfonso X, en cuanto código normativo extinto, sea relevante. Por eso, individuos híbridos como Frabetti, tanto en su faceta narrativa como ensayística o periodística, son tan necesarios. Esa fractura debe ser reparada, porque es absurda, porque es nociva.

Ya no estamos en una época en la que un individuo pueda acaparar todo el conocimiento humano. El último de esos individuos, según dicen los anglosajones, fue John Stuart Mill -aunque en realidad este tipo de ser humano no existió jamás, ni puede existir; y, en el sentido que se le da a la expresión, seguramente fue Goethe-. Pero eso no quiere decir que podamos rechazar parcelas tan amplias, y relevantes, del mundo. Porque “quienes dan la espalda al pensamiento cuantitativo se pierden nada menos que la posibilidad de leer el Libro del Universo, que como dijo Galileo, y antes que él Leonardo, está escrito en el lenguaje de los números” (p.58).

Aunque El juego de la ciencia es un libro interesantísimo por muchos motivos, a mí me parece que la aritmofobia es el gran enemigo a batir. Y soy reo de ella, lo he sido siempre. Me resulta reconfortante que Frabetti culpe al sistema educativo, pero no puedo menos que reconocer mi porción de responsabilidad. Los animales se paralizan ante las amenazas, pero el ser humano tiene el deber de enfrentarse a sus miedos, y vencerlos. Mas, no sólo es por orgullo de especie dominante. El conocimiento de la ciencia -y la ciencia también entra con letra- está lleno de momentos satisfactorios, de misterios tan emocionantes como los que pueden saltar mientras exploramos un viejo archivo.

Quizá la mayor dificultad sea idiomática: la ciencia se escribe en ese idioma tan imponente que son las matemáticas, que tan diferente es de nuestra lengua materna. Por fortuna, toda lengua puede ser aprendida -la lengua de la ciencia, como la lengua del arte, incluso la lengua de los chinos-. Y,como sabemos, otra de las asignaturas que más hostilidad produce es la del segundo idioma; como las matemáticas, se estudia poco y se aprende mal. ¿Será cierto que la causa de todo es la mala disposición del sistema educativo?

¿Que por qué El juego de la ciencia es un libro y no lo es? Esto es una tontería, es un libro, un sólido compuesto de celulosa, gomas y tinta, con páginas, cubiertas; con letras, con números. Pero tiene, también, una existencia incorpórea, digital. El juego de la ciencia es la columna que Carlo Frabetti tiene en Público (http://blogs.publico.es/ciencias/tag/frabetti), cuyos primeros 44 artículos se han recogido en un volumen, aunque “No creo que tenga mucho sentido publicar recopilaciones de artículos periodísticos, y menos aún si todos proceden de un mismo periódico y están disponibles en su página web”. Para felicidad de su editor, Frabetti no sólo encuentra innecesario el libro, sino que da las indicaciones necesarias para leerlo gratis.

Entonces, ¿por qué aceptó publicarlo? La respuesta la he hallado en la página 51; dijo Isaac Asimov que el dispositivo de lectura ideal debía: consumir la menor cantidad de energía posible, activarse con la mirada, adaptarse automáticamente al ritmo de lectura del usuario, ser barato, ser fácilmente transportable, resistir los golpes, etc. Es decir, el libro. De la misma manera que es absurda la guerra de los sexos, o la guerra de las ciencias y las letras, lo es la guerra entre internet y el libro. Sólo son formas de lo mismo.

El juego de la ciencia, Carlo Frabetti. Lengua de trapo, Madrid, 2009. 208 páginas, 18,60 €.

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Oct 22

Los viejos revolucionarios y sus olvidados méritos: Generación Mao, de Xinran Xue

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 22/10/2009

Generación Mao es una colección de entrevistas con la que la célebre periodista china Xinran, afincada en Londres, quiere dejar “un testamento a la dignidad de las vidas de la China moderna” (p. 19). No quiere que los jóvenes chinos olviden que “las posibilidades de la China contemporánea se han hecho realidad únicamente gracias a los sacrificios y los esfuerzos de sus antepasados” (p. 31).

Setenta aniversario del final de la Larga MarchaLos entrevistados son unos personajes tan extraordinarios como sencillos que vivieron los años de la Revolución, desde la Larga Marcha hasta la muerte de Mao Zedong, y que además han asistido a los cambios acaecidos desde entonces en la sociedad china. Personajes, generalmente pobres -los protagonistas de esa época eran casi todos campesinos y obreros, por mandato del Partido-, pero también técnicos e intelectuales que conocieron las más duras condiciones de vida. Un viaje por la China de hoy con los ojos puestos en la China de ayer.

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Oct 15

Alegoría de la sociedad multicultural: En la cocina, de Monica Ali

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 15/10/2009

Como los viejos autores del XIX, Monica Ali tenía la intención de escribir una novela que fuera un esquema de la escala social vigente y que a la vez que representación fuera crítica pues, como afirma uno de los personajes, hay más verdad en la ficción que en todos los libros de ciencia juntos. Encontró en un hotel, de lujo necesariamente decadente, el paradigma que buscaba. La imagen de la torre de Babel es ya un lugar común a la hora de referirse a la hostelería; y en la cocina del hotel Imperial, aunque el idioma no es en principio un problema, la diversidad de puntos de vista, de historias personales y de abanicos de emociones hacen difícil -aunque no imposible- la convivencia.

El chef Gabe lo cree tener todo bajo control. La cocina es pura ciencia, química, física, arroja resultados fiables cuando se manejan los ingredientes adecuados y se reproducen las condiciones necesarias. Está satisfecho con el ambiente multicultural y multiétnico de Londres y de su propio mundo, la cocina del restaurante del hotel Imperial. Gabe, que cree apreciar la perfección por encima de todo, que acude a clichés a la hora de discutir con su padre moribundo y su abuela senil acerca de la xenofobia que profesan -que es más una forma de nostalgia-, apenas ha rascado en la superficie, tanto de aquello que le rodea, como de su familia o de sí mismo.

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Sep 24

Vienen por doquier: Por tierra, mar y aire, de Robert D. Kaplan

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 24/09/2009

Durante dos años, el periodista Robert D. Kaplan dio la vuelta al mundo al lado de todas las ramas del poderosísimo ejército de los Estados Unidos de América, la nueva fuerza imperial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Que Estados Unidos es el “imperio” es algo repetido hasta la saciedad, especialmente por algunos dirigentes más o menos bananeros de hispanoamérica. Cabría imaginar que a los norteamericanos les desagradaría tal acusación, del mismo modo que los españoles de los siglos dorados ponían todo su empeño en referirse a sí mismos como “la Monarquía”, rechazando -sólo en el nombre- toda asignación imperial. Pero no es así. El discurso de Kaplan, que podemos asimilar al discurso del Pentágono -que no facilita permisos de convivencia con sus muchachos alegremente-, reconoce la posición imperial de Estados Unidos de manera explícita. Los yanquis lo reconocen y actúan en consecuencia, algo que no va a cambiar mucho a pesar de la elección de Barack Obama -Kaplan sugiere, aunque el libro lo escribió antes del ascenso a la Casa Blanca del primer afroamericano, que con líderes “pacifistas” lo único que cambia es la presencia mediática de sus actividades, más silenciosas-.

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Mar 07

Alberto Olmos: Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 7/03/2009

 

adanhomerLa literatura debe reinventarse constantemente, como Osiris, divinidad solar que moría cada día para renacer al siguiente. De igual modo, la novela lleva muriéndose más de un siglo, pero reaparece constantemente con formas nuevas, de tal modo que debería incluirse en su definición su carácter de ave fénix. Aunque, en realidad, la novela, la literatura en general, goza de buena salud; es la teoría la que, no pudiendo seguirla, la declara muerta y al fin debe reconocer que está viva y debe reconstruir sus doctrinas con los nuevos materiales: tarde, porque la novela, la literatura, ya ha mudado y viste plumajes nuevos.
Olmos ha concebido la obra “del texto a la textura”: lo que ha buscado es dotar de textura web a las historias de los personajes Eritrea, Supercrisis, Jeepster…

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Mar 01

Kindle Killed de Writer Star

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , , 1/03/2009

 

Hablan por mi boca Fobos, Bali y Quentin Beck. El fondo del saco del alma, la parte que no ve la luz y no quiere verla. Leo la euforia que producen los avances tecnológicos en torno al libro, especialmente el Kindle de Amazon, el súper libro, el Aleph que se compra por 300 dólares y nos hace invulnerables al látigo de la ignorancia. Lo leo y me aterro. Se va cumpiendo aquello que avanzó el raro de Iván Illich, de que la pantalla se comería al libro. La tinta digital (e-ink) es el veneno que faltaba. Vale, admitámoslo, un aparato basado en la tinta electrónica, capaz de contener toda nuestra biblioteca deseada, los miles de libros que queremos leer, es la panacea del lector que, además, cuenta con la potencia del hipertexto. Y la aparición del Kindle de Amazon puede ser el golpe definitivo: “el primer dispositivo que rompe la maldición del libro electrónico y lo convierte en algo que desplazará a la lectura de libros físicos en un segmento significativo de usuarios en los próximos pocos años” (Enrique Dans). No puedo negar que el libro electrónico favorece al lector. Lo hace. Al escritor, que parece una parte relevante en esto de la literatura, lo matará.

Los libros arden en el patio de Alonso Quijano.

Según Javier Celaya (editor de Dosdoce.com; uno de tantos Gmork de este Devorador que es el libro electrónico; otros son Michael Hart o Kevin Kelly), con el libro digital el autor recibe el 80% de los ingresos. No está nada mal, contando con que los ingresos pueden ser nulos -otros no son tan optimistas; José Antonio Millán tiene un artículo excelente a este respecto en su blog, donde señala un porcentaje menor: entre el 30 y el 40 %-. La mayor parte de nada sigue siendo la mayor parte, diría Pangloss. Más aún, este leibniziano editor considera que, frente a la esperable piratería, “hay tecnología suficiente para proteger la obra”. Eso mismo debían pensar las discográficas, antes de arrancarse los pelos a puñados. En su análisis, pierden sólo los intermediarios entre el tándem autor-editor y el lector, pero este dinosaurio, que es más de Heguesías que de Leibniz, ve la irrefrenable muerte del editor -sí, me atrevo a contradecir a Jason Epstein- y la más que posible del autor, aunque con matices. Escribir sólo escribirá aquél que lo desee por encima de todo, y siempre y cuando cuente con una forma de ingresos alternativa a la escritura, porque nadie -o sólo alguno- paga por lo que puede obtener gratis. Sólo aquellos que admitan escribir en sus ratos libres -nos perderíamos a Flaubert- o que vivan de rentas se podrían permitir la escritura. Esto vuelve a beneficiar al lector, o al menos no le perjudica más de la cuenta. Pero a muchos posibles escritores les refrena y limita, quizá de manera definitiva.

Portable Content

En cuanto a la posible desparición del libro de papel, dudo mucho que esto llegue a ocurrir. Pasará que el libro tradicional se convertirá en un objeto de lujo, de coleccionista, para enamorados no tanto de la lectura como del ente libro. Para quienes disfrutan de su olor y tacto tanto como de su lectura. Pero está claro que, conforme las generaciones se hagan progresivamente más geek, el papel se irá restringiendo cada vez más a círculos elitistas. Hablemos también de precios. Un ebook cuesta, para quien decida pagarlo, unos 9 dólares (Amazon). El mismo libro, el tradicional objeto de papel, barniz, cola, cartón e hilos, unos 12 dólares. La diferencia no es mucha -aunque hay casos en los que es mucho más barato-, pero con el ebook el soporte lo pone el comprador. Y, al margen de valoraciones personales, vuelve a aparecer el fantasma de Drake y sus modernos seguidores: el ebook puede estar accesible por nada. ¿Para qué pagar cuando puedo no hacerlo? Porque no hay diferencia alguna entre el libro electrónico sisado y el pagado, a diferencia del libro tradicional, que es algo sólido que ninguna versión pirática puede ofrecer.

Otro aspecto negativo es que el libro entra en la dinámica de renovación y obsolescencia informáticos. Cada dispositivo sólo lee algunos archivos, luego éstos cambian y el aparato, carísimo, deja de ser útil (Miguel Ángel Criado, diario Público). La aparición de nuevos soportes deja fuera de juego a los anteriores. El ordenador, sapientísimo y vertiginoso, que aún no hemos terminado de pagar, ya está viejo y no tolera el nuevo ingenio de Bill Gates. Y sin embargo la edición Príncipe del Quijote aún se puede leer, si te la dejan. Incluso la piedra de Rosetta se puede leer, si el lector sabe algo de griego; y tiene más de dos mil años, mientras que mis caducos disquetes hace tiempo que pasaron a peor vida.

Biblioteca del Trinity College (Fuente: http://artedfactus.wordpress.com)

Está claro que el libro electrónico no sólo es posible: ya está aquí, y viene para quedarse y hacernos la vida imposible. Pero, señores editores, no se suiciden. No colaboren con el régimen de Barbanegra y, de paso, entreguen a los honrados escritores a Grendel, que los va a dejar mondos y ni las plumas va a escupir. ¿Hay alguna esperanza? En mi opinión, Spotify ha sido un paso asombroso en lo referente a la música. Con Spotify se vuelve innecesaria la descarga ilegal de música. Sólo falta que haya algo parecido para cine y, quizá, libros, para que la piratería reciba un duro golpe. Porque confiamos en la naturaleza humana, bondadosa y cándida, en que prefiere “hacer lo correcto” -como en las series yanquis- antes que rapiñar. Espero que mi maestro Heguesías no se enfade por este arranque roussoniano.

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Nov 15

Christian Salmon: Storytelling

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , 15/11/2008

Cuando George Bush Jr. se alzó con la victoria electoral sobre un rival intelectualmente superior como Al Gore, en Europa se pensó inmediatamente en la América profunda y su atraso. Cuando repitió victoria frente a John Kerry, la incredulidad aumentó y comenzaron a buscarse zonas oscuras y conspiraciones. Pero lo que pocos advirtieron era que “Dobleuve” era un candidato mucho más capacitado que los dos demócratas derrotados. Y que a Europa apenas había llegado el runrún de algo que en Estados Unidos estaba ya bien establecido y diversificado: el storytelling, el concepto de moda en marketing, manegement, política y prensa, utilizado por las grandes empresas, por el ejército y, claro, por los presidentes norteamericanos desde Reagan. Los demócratas vieron, después de Kerry, dónde estaba su error: se habían limitado a dar listas de problemas y soluciones, mientras su rival contaba historias que envolvían al público en una atmósfera de irrealidad en la que él se erigía como garante de la libertad y la seguridad y guardián de las esencias americanas. Y el público respondió.

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Jul 25

Eric G. Wilson: Contra la felicidad

Escrito en El museo, Zarpazo de velociraptor.
Etiquetas: , , , 25/07/2008

“La tristeza nos concilia con la realidad. Nos arroja al fluir de la vida. Nos coloca en el borde afilado de la experiencia (p. 46). La mayor tragedia es vivir sin tragedia. Abrazar la felicidad es odiar la vida. Amar la paz es aborrecer el ser” (p. 50). Aunque nos priva del análisis de la sociedad norteamericana contemporánea, en el presente ensayo Eric G. Wilson cuenta sus conclusiones: la búsqueda de la felicidad a toda costa, por cualquier medio, es su gran mal, pues crea individuos alienados, narcotizados, divorciados de la realidad, alimentados de abstracciones. Como en la caverna de Platón, el hombre contemporáneo se alimenta de sombras en la pared. Este discurso parece muy influido por la literatura distópica –Un mundo feliz, Fahrenheit 451- … o quizá es la sociedad estadounidense la que ha derivado hacia las construcciones de pesadilla de Huxley y Bradbury.

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Jul 05

Vicente Luis Mora: Pasadizos

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , , , 5/07/2008

A Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) todo aquél que tenga que ver con la cultura en internet, o que quiera atisbar lo que está ocurriendo en el nuevo canal de difusión de ideas que es la red –ya consolidado para muchísmo tiempo- tiene que leérselo, es una necesidad, al margen de que no se esté de acuerdo con él, aún en teorías principales como la referida a la narrativa mutante.

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Ago 26

Retrato del héroe anónimo. United 93

Escrito en El museo.
Etiquetas: , 26/08/2006

El 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones despegaron de distintos aeropuertos estadounidenses. Eran unos pocos entre varios miles, en nada distintos aparentemente a cualquier otro, pero en sus pasajes se encontraban varios fanáticos religiosos con un perverso propósito: impactar aquellos aparatos contra varios lugares simbólicos de Nueva York y Washington, y hacer ver al mundo que existía una guerra soterrada, y que esta guerra podía aparecer en el umbral de los hogares de quienes se sentían por completo alejados del conflicto. Era un acto de venganza, así como un acto propagandístico y un acto de fe -de una mal entendida fe-. Tres de aquellos grupos de secuestradores lograron sus objetivos, como bien sabemos, conmocionando al mundo. El cuarto falló, por motivos que aún nos resultan desconocidos. Esta película nos introduce en aquel United Airlines 93 que cayó a tierra en Shanksville, Pennsylvania, lejos del Capitolio, donde Ziad Jarrah debía estrellarlo.

Como se sabe, hay dos teorías al respecto. Una de ellas se inscribe en la línea conspiratoria, tan de moda actualmente para explicar cualquier hecho confuso, a saber, el vuelo 93 de United fue derribado por cazas de la Fuerza Aérea. El director Peter Greengrass ha optado en cambio por la versión oficial, más amable y también más potente dramáticamente, que convierte a los pasajeros de dicho avión en héroes, al haberse rebelado contra sus secuestradores aferrándose a la única posibilidad que había de salvar la vida. Perspectiva opuesta a la de su excelente trabajo Bloody Sunday, película que precisamente desmontaba la versión oficial del gobierno británico respecto de los hechos acaecidos en Derry aquel fatídico 30 de enero de 1972. Cabe preguntarnos, pues, si esta película es sincera o si es una versión cobista de los hechos.

La respuesta no es sencilla. Por una parte tenemos a un director inglés, no estadounidense, generalmente comprometido y contestatario y que fue el promotor del proyecto. Por otra parte, la película deja bien claro, en varios tramos, su oposición a la teoría extraoficial y conspiratoria, especialmente en los rótulos que se insertan al concluir el filme y que tienen la evidente intención de eximir de responsabilidades al ejército norteamericano y a su comandante en jefe. Tampoco debemos obviar que el 11-S afectó mucho más profundamente a la conciencia anglosajona que a la europea. Ni que, al fin y al cabo, la versión oficial es la más plausible, dado que hay que hacer un sinnúmero de concesiones lógicas para hacer funcionar la alternativa, mientras que el mito del héroe anónimo, del ciudadano heroico, está plenamente vigente en el idearium estadounidense.

Si algo se le puede achacar a este filme, es su inhibición crítica. No cabe como excusa la proximidad de los hechos ni el dolor que se les supone, pero no hay intención crítica en él, sino que es meramente un homenaje a las víctimas del vuelo 93. Para entender el alcance de esta perspectiva hay que conocer la mentalidad anglosajona y, más concretamente, norteamericana. En toda civilización hegemónica funciona un particular mito heroico que encarna sus virtudes anheladas; así tenemos el Aquiles kalós kaí agathós, el aventurero español, el ilustrado francés o el gentleman británico. El mito heroico estadounidense tiene un carácter más moderno que los anteriores, enraizado como está en el espíritu democrático fundacional de la nación norteamericana. Para ésta, embebida del concepto de igualdad pero también del concepto de mérito, cada ciudadano es un héroe virtual; lleva dentro de sí las virtudes de valor y sacrificio, y esta potencia se debe actualizar en los momentos difíciles. Su civilización encuentra su ánimo y virtud en esta concepción del ciudadano, y sobre ella se sostiene psicológicamente.

No obstante, para un europeo, esta película no deja de tener sus propios valores. Pues no sólo es una gran película, bien filmada, bien interpretada y con un sólido guión; Peter Greengrass ha intentado escapar del tono sentimental del cine estadounidense, sin que por ello le falte a la película un fuerte componente emotivo. En parte se lo debemos al método de trabajo seguido en pos de un mayor verismo, sin diálogos escritos -sólo sencillas indicaciones-, y en parte a la competencia de los actores, un puñado de desconocidos que supieron encontrar dentro de sí las emociones extremas sin las cuales la película se habría ido a pique. El equipo al completo trató de acercarse a un imposible, que las imágenes de la ficción se solaparan con las imágenes reales, y ello a través de un meticuloso proceso de documentación que les llevó a entrevistar tanto a los familiares de las víctimas como a técnicos competentes y políticos hasta obtener una versión creíble y correcta de los hechos.

Y todo esto sin olvidar los méritos del director, uno de los más originales del panorama actual, capaz de afrontar proyectos serios con éxito, como Bloody Sunday, y proyectos comerciales con seriedad, como las aventuras del agente Bourne. Provinente del mundo del documental, ha encontrado un estilo claro y directo, sin artificios evidentes pero muy efectivo, en el que la manipulación de las emociones del espectador se logra mediante un apabullante realismo dramatizado. Dice el director que “si la película que he rodado es auténtica y poderosa, se justificará por sí sola ante los espectadores. De no ser así, habré fracasado”. Es razonablemente auténtica y es tremendamente poderosa, con un ritmo narrativo acertado, algo imprescindible cuando los hechos narrados son ya conocidos por el público, y una intensidad que clava al espectador en su asiento. Greengrass hace un cine sin posibilidad de recurrir a la sorpresa, pero de tal forma que la sorpresa es la película misma.

Original, aquí

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