Abr 19

Ole Martin Hoystad: Historia del corazón

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 19/04/2008

Los labios no son los únicos músculos –orbicular, risorio, cigomático…– relacionados con los sentimientos; de hecho, la cultura europea identifica a uno como fuente de toda emoción: el corazón. O así era hasta que la neurociencia comenzó a identificar las partes del cerebro responsables de las emociones.

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Abr 19

Alain Montandon: El beso

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 19/04/2008

Dice la Wikipedia –y si lo dice, será verdad– que la canción de Consuelo Velázquez, Bésame mucho, es la “más cantada y más grabada, fuera de los villancicos y canciones de cumpleaños”. Sin duda, todos la hemos tarareado alguna vez, aunque nuestros gustos musicales vayan más por la vereda un poco guarra del punk; es inevitable.

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Abr 12

Steven Johnson: El mapa fantasma

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 12/04/2008

“En 1854, Londres era una metrópoli victoriana que intentaba arreglárselas con una infraestructura pública isabelina.” Ninguna descripción del Londres de esa época puede evitar referir el apestoso hedor de sus calles y del fangoso río. Era una ciudad que acumulaba los excrementos y desechos de dos millones y medio de habitantes sin un alcantarillado operativo, sólo una red bastante deficiente de cloacas que vertía sus fluidos al Támesis. Los victorianos tenían verdadero pánico al hedor que se filtraba a través de grietas y, sin necesidad de filtrado, desde patios llenos de inmundicias. Creían firmemente que aquella peste podía hacerles enfermar, y este miedo les empujó a tomar decisiones que no hicieron sino aumentar sus probabilidades de muerte. Así comenzó el brote de cólera Broad Street y esta historia.

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Abr 05

Quim Aranda: El avión de madera que dio media vuelta al mundo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 5/04/2008

La magdalena de Proust o el avión de madera -que dio media vuelta al mundo- de Quim Aranda, estamos hablando de lo mismo; un objeto epifánico, capaz de desencadenar un torrente de recuerdos y de iniciar un periplo literario, espiritual -catártico: “El pecado de haber nacido en Escua, el pecado de ser un inmigrante, el pecado de que apenas si teníamos dinero en casa, el pecado de no hablar más catalán que decir collons, collons, como mi padre, el pecado de no mirar hacia atrás”- y físico. Su viaje a Buenos Aires es “una toma de conciencia, un aprendizaje, la recuperación de unas vidas que había arrinconado” (p. 28). Ese viaje -o, más exactamente, la carta que le llama a hacerlo- y, sobre todo, el avión de madera que evoca, son la proustiana magdalena de esta historia.

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Feb 02

Fernando Sánchez Dragó: Y si habla mal de España… es español

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 2/02/2008

El pasado 23 de enero se presentó, en el restaurante ‘El currito’, el último libro de Fernando Sánchez Dragó. El acto, como habrán imaginado, se desarrolló durante un almuerzo de periodistas, amigos y personalidades. Pocos, y es raro, con lo hambrienta que es la cultura. Feliz y tranquilo, arropado por su familia y las escoltas de Planeta, desgranó para los presentes el contenido de este libro que quiere engrosar la bibliografía sobre el “problema de España”. A lo que parece, quiso escribir “un libro que trate de España -de la idea de España, del concepto de España-”, pero se le ha quedado en un libro que trata “del ser [Dragó] y del sentirse [Dragó] (o no) español”. El título es prometedor y el tema, está demostrado, interesa, pero el desarrollo puede resultar desalentador para todos aquellos que no sean fans de Dragó.

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Nov 03

Leszek Kolakowski: Por qué tengo razón en todo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 3/11/2007

Este es, ante todo, un libro de filosofía; concretando, es una compilación de artículos filosóficos de muy diversa índole y muy distintas épocas, desde un diálogo sobre la utopía cristiana a un glosario cómico de términos filosóficos y, por supuesto, textos de lo que todavía algunos llaman “filosofía pura”, publicados entre 1974 y 1997. Es decir, que a las dificultades intrínsecas del género se añaden la diversidad de procedencias e intenciones, lo que convierte a Por qué tengo razón en todo en una lectura complicada, que como toda lectura filosófica exige perseverancia y formación. El lector, antes de tomar un libro de este tipo, debe tener razones suficientes para creer, antes de comenzar a leer, que el esfuerzo merecerá la pena. Afortunadamente, con Leszek Kolakowski puede estar tranquilo. Este compendio de ensayos no le aportará respuestas novedosas, pero sí una colección de respuestas que la filosofía de hoy ofrece a los problemas contemporáneos.

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Dic 30

Ring Lardner Jr.: Me odiaría cada mañana

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 30/12/2006

Estamos ante unas memorias atípicas. Lo son no sólo por su escaso volumen, unas 250 páginas, sino porque en ellas el autor habla menos de sí mismo que de otros y de la época que le tocó vivir. Además, dedica escaso texto a justificarse y menos aún a venganzas particulares. Así las cosas, ¿qué interés podrían tener unas memorias que dejan de lado los habituales juegos de la autoexculpación y el desquite, que deja guardados los trapos sucios propios y ajenos en el cajón? -alguno airea, sin embargo-. Ring Lardner compone el retrato de una edad, si no dorada, sí brillante, que por extremismos políticos se malogró. En estas memorias se refleja cómo una sociedad puede llegar a corromperse hasta hacer de la libertad y de la democracia una farsa; y todo ello contado con una ironía sutil y elegante, y con la rara satisfacción de encontrarse a las puertas de la muerte con los deberes hechos y nada que reprocharse.

El autor fue acusado, en 1947, de pertenecer al Partido Comunista de EE. UU. por el Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC). Lardner perteneció, de hecho, a dicho partido, pero su concepción del comunismo difería radicalmente de que Stalin implantaba a machamartillo en aquellos años. Esto es importante tenerlo en cuenta para valorar adecuadamente la pertinencia de su respuesta a la inquisición del comisionado: “Podría responder, pero si lo hiciera me odiaría cada mañana”. Para él, el comunismo -más valdría decir socialismo- era más fiel a los postulados que los padres de la nación americana plasmaron en la Constitución de 1788 -con sus enmiendas de 1791, tan importantes o más que el texto básico- que la deriva capitalista que llevó a su país a la Gran Depresión, primero, y a la oligocracia empresarial, después.

El socialismo debería ser la continuación natural de la Revolución americana, para conseguir por fin realizar el ideal de justicia social. Otra razón mediante la cual justifica su filiación comunista es su conocimiento de la URSS anterior a la IIª Guerra Mundial, antes de las deportaciones masivas, las persecuciones y el fin de la esperanza soviética. Consideraba por todo ello que EE. UU. estaba mejor preparado que Rusia para alcanzar este objetivo por vías no traumáticas, debido a la experiencia democrática que al segundo le faltaba. Sin embargo, la sociedad americana degeneró hasta llegar a su punto más bajo con la HUAC a partir de los años cuarenta. Este es un claro ejemplo, espléndidamente apuntado en este libro, de cómo la democracia puede pervertirse hasta quedar relegada al plano de la apariencia, de la sombra en la pared de la caverna.

Con un estilo risueño e irónico, Lardner va revelando todo el cinismo de un proceso que en muchos tramos nos recordará al narrado por Franz Kafka: los testigos se tornan en acusados por acogerse a sus derechos fundamentales. En aquellos años, la valiente sociedad que fue la americana se volvió una sociedad aterrada que recurrió a una forma encubierta de dictadura. Los norteamericanos no volvieron inocentes de las ruinas de la Alemania nazi, pero afortunadamente la enorme masa crítica y la inercia democrática de una gran nación impidió, por el momento, el desastre total. A quienes se juzgó que amenazaban el carácter eterno de Estados Unidos se les aplicaron códigos tribales y no democráticos, toda vez que la sociedad había perdido la confianza en unas leyes que, creían, ya no les protegían suficientemente.

Así, el castigo más cruel que padecieron los Diez no fue la cárcel, sino la exclusión social: fueron degradados al nivel de parias, y su nombre se convirtió en una lacra. Como expresa el autor, con lúcido humor: “En Hollywood, la gente se desvivió por nosotros: unos pocos para expresar su apoyo, la mayoría para evitar nuestra presencia” (p. 24). Y ni aún así se consiguió silenciar a una generación mal llamada “perdida”. Muchos de ellos, a través de guiones encubiertos, consiguieron varios óscares. Es una de las más dolorosas paradojas del arte: en ambientes de opresión y angustia surgen los mejores creadores y la criba es más exigente. Quienes sobrevivieron -artísticamente- a la HUAC, a la lista negra, a la persecución de la Legión Católica de la Decencia, lo hicieron por su talento y tenacidad, mientras que los menos dotados abandonaron.

A excepción del capítulo penúltimo, en el que su crítica a la religión -cristiana- la lleva a cabo mediante argumentos demagógicos y en gran medida falaces -cuando le habría bastado recurrir a su propia experiencia vital para realizar una crítica legítima-, se trata de una lectura apasionante que, además de la política, incluye anécdotas del cine de los años cuarenta, una necesaria defensa del guionista y el recuerdo de su propio padre, Ring Lardner senior, quien fue uno de los grandes periodistas y cuentistas del primer tercio del siglo XX -pueden leer una antología de sus relatos en A algunos les gustan frías, Acantilado, 1995-. Tampoco se puede obviar la deficiente corrección que ha sufrido el texto – Barataria debería darle un repaso antes de la próxima reimpresión-.

Es de gran interés, para finalizar, advertir la semejanza entre aquella situación de crisis social con la situación presente, no sólo en EE. UU. ¿Es posible que haya nuevas listas negras? El autor cree que no, pero se sorprende por el “retorno de lo irracional a nuestra vida política y social en forma de fundamentalismo religioso”, ya antes del 11-S. Otros autores, como Kurt Vonnegut en otras atípicas memorias recientes, no lo ven tan claro y denuncian lo avanzado de un proceso que, de nuevo, puede levantar el espíritu de la caza de brujas.

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Oct 14

Alfredo Grimaldos: La CIA en España

Escrito en El museo.
Etiquetas: , 14/10/2006

 El concepto de ‘mentira necesaria’ es el pilar básico de la política exterior estadounidense ya desde que, en 1818, Andrew Jackson invadiera La Florida para forzar un acuerdo de compra o cesión del territorio; la voladura del Maine les confirmó la efectividad de esta doctrina que conoce su formulación oficial en 1947 por parte de George Kennan, uno de los fundadores de la CIA. A partir de ahí, la Agencia diseñó un programa de control ideológico y acciones directas como golpes de Estado, asesinatos, atentados y apoyo a los movimientos clandestinos de resistencia u oposición. En este libro, Alfredo Grimaldos nos muestra el modus operandi de la CIA en nuestro país -no muy diferente del que desarrollan en otros países hispanoamericanos, pues tal cosa nos consideran-: una amplia red de complicidades en la que atrapa a personajes más o menos influyentes, muchos de los cuales no saben a ciencia cierta para quién trabajan en realidad.

Cronista precoz de las zonas más oscuras de la historia reciente de España, amén de ser el periodista más erudito en cuestiones de flamenco, Alfredo Grimaldos es autor de Contra el Pacto de la Moncloa y La sombra de Franco en la Transición, títulos que lo sitúan en la corriente de pensamiento más crítica con nuestro actual sistema político. Él, y también otros autores como Puente Ojea, Morán o el director de este medio, denuncian la falsedad de nuestra democracia y la pervivencia en ella de la estructura franquista de poder. Entre 2001 y 2002 formó parte del equipo de investigación de la silenciada serie Crónica de una generación, elaborada por El Mundo TV para Antena3; como siempre, tocó más de una fibra sensible y ninguno de los 26 capítulos llegó a emitirse. Si en La sombra de Franco en la Transición (Oberón) descubrió los aspectos más tenebrosos de este proceso, aquí da otra vuelta de tuerca y afirma que se coordinó y “diseñó en Langley (Virginia), junto al río Potomac, en la sede central de la CIA”.

Esta es quizá la afirmación más sorprendente de un libro repleto de afirmaciones sorprendentes, piezas con las que elaborar la parte correspondiente del mapa conceptual de lo que ocurre en el mundo. Desde el fin de la II Guerra Mundial, España es coto privado de la CIA. Los servicios secretos británicos fueron lentamente apartados, y el Mossad no se afanó demasiado en nuestro territorio, si bien ha habido presencia israelí desde muy pronto –los primeros cursos de formación de espías españoles los dieron ellos-. La posición geoestratégica de la península Ibérica, llave del Mediterráneo –donde opera la VI Flota- y paso intermedio entre EE. UU. y oriente próximo y Rusia, hicieron a Washington apostar fuerte por el control de los resortes de poder de los dos Estados peninsulares. El objetivo, en principio, era impedir el progreso del comunismo soviético en Europa occidental, y Franco se ofrece rápidamente como firme aliado, aunque todos los pactos deban ser secretos debido al rechazo internacional que provoca el régimen.

A partir de entonces, la CIA operará casi con completa libertad desde la séptima planta de la embajada norteamericana de la calle Serrano. Hasta los años 80 controlará hasta los mismos servicios de inteligencia españoles, además de haber conseguido pequeñas islas propias como son las bases de Rota y Torrejón, donde España sólo tiene presencia nominal: es territorio esatadounidense, y no nos dejan asomar la nariz. Sólo Carrero Blanco, y luego las nuevas generaciones de espías a partir de la fecha indicada, se opondrán al omnímodo poder de la Agencia. Carrero ya sabemos cómo terminó, y quizá la CIA no ignoró el proceso de preparación del atentado etarra (capítulo 7). Y Perote, el espía que se enfrentó al Imperio, también ha terminado defenestrado, aunque por suerte vivo. Los servicios secretos imperiales han estado cerca, muy cerca de los centros de poder y decisión de nuestro país; si hacemos caso de lo que cuenta Grimaldos, más bien encima.

No sólo la Transición ha estado en sus manos; el 23-F, la instalación de bases militares, el referéndum de la OTAN, la refundación del PSOE, el probable ensayo de armamento químico del ‘síndrome tóxico’ relacionado con el aceite de colza, la lucha contra ETA, la pérdida del Sahara y, más recientemente, los famosos vuelos y detenciones ilegales perpetrados por la Agencia en nuestro suelo, con toda impunidad. Mucho se puede contar de todo esto, y el presente volumen es sólo una introducción, un bocado que sin duda hará despertar el apetito del lector, aunque se echa en falta quizá un tratamiento mayor del presente. Se insinúan preguntas de fuerte empaque, como ¿qué sabían de ETA y cómo lo sabían? ¿qué conocimiento previo tuvieron del 11-M, si a partir de 2001 hay un desembarco masivo de agentes del FBI consagrados a la investigación del terrorismo islámico?

Estas preguntas quedarán para ser resueltas en posteriores trabajos, pero la más importante que Grimaldos plantea debemos debatirla interioremente cada uno de los ciudadanos de este mangoneado país: ¿en qué medida nuestras decisiones tienen relevancia en el actual sistema democrático?

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Jun 01

Sectarios

Escrito en El museo, K-Saurus.
Etiquetas: , 1/06/2006

Aunque muchos no lo recuerden, no es la primera vez que en democracia vivimos momentos de crispación política exacerbada. Cuando ganó el Partido Popular las elecciones en 1996, las huestes de Prisa hicieron lo posible por perturbar el ambiente político, en un intento descarado por desgastar a un Gobierno que, sin embargo, salió reforzado y, a la larga, mostró que se bastaba y se sobraba para desgastarse con sus nefastas elecciones. El actual Gobierno padece actividades semejantes, aunque en esta ocasión tiene a Prisa de su lado y a la entente PP-COPE-El Mundo en su contra. De momento parece que capea el temporal con relativa fortuna, y seguirá así mientras los datos económicos sean favorables, como pasó con el anterior Gobierno. Lo que vaya a ocurrir a largo plazo, aún está por ver.

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Ene 01

Philip Roth: La conjura contra América

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 1/01/2006

Otro de los eternos aspirantes al premio Nobel, Philip Roth vuelve a deslumbrarnos con una novela que inaugura un nuevo capítulo en su ya dilatada y variada carrera literaria. Roth ha sabido moverse entre diversos géneros novelísticos, desde el drama urbano hasta la novela policíaca, pasando por la comedia y la fantasía, y ahora la ucronía o historia virtual. En la Conjura, Roth elucubra acerca de lo que habría ocurrido si los republicanos estadounidenses hubieran presentado, en 1940 al célebre piloto Lindbergh como candidato presidencial. La historia ficción, historia virtual o ucronía es un subgénero muy de moda, tanto en narrativa como en historiografía (y cómic: la serie What if…? de Marvel). ¿Y si un personaje carismático como el piloto del Espíritu de San Luis se hubiera enfrentado al no menos carismático Franklin Delano Roosevelt? ¿Y si hubiera ganado? Aunque existen dudas acerca de su verdadera posición ideológica ante el nazismo hitleriano, no cabe duda que Lindbergh coqueteó con el fascismo, llegando a aceptar una relevante condecoración, y tampoco cabe duda que el héroe resultó un activista antisemita, involucrado con la asociación América Primero.

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