Ago 04

Cervantes y las despedidas de soltero

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , 4/08/2010

Gusta decir que don Miguel condensa las esencias patrias, que es el orgullo de los españoles. Su vida viajera permite señalar, en tantas poblaciones, la “Casa de Cervantes”, aunque en ella sólo residiera un tiempo breve o sólo estuviera de paso. Por supuesto, su obra no se lee, no se leen los clásicos, aburridos y anquilosados. Bueno, se lee el Día del Libro, pero cada lector sólo se aplica sobre un trocito del Quijote. Más, si de la obra cumbre de las letras españolas se habla más que se lee, menos aún son leídas otras menores, incluso fallidas, como La Galatea o Los trabajos de Persiles y Sigismunda, piezas de géneros extintos, tan difíciles de tomar en serio como la novela pastoril o la bizantina. Otra de las olvidadas, Viaje del Parnaso, ha tenido la fortuna de reverdecer en manos de Eduardo Vasco y la Compañía Nacional de Teatro Clásico; una de las mejores veladas teatrales que recuerdo.

Aunque no sea leído, nadie osa despreciar a don Miguel, Príncipe de las Letras, genio irrenunciable de la cultura española. Sin embargo, no lo fue hasta que así lo decidieron los ingleses que fueron, hay que reconocérselo, los primeros en advertir la grandeza literaria de Don Quijote. Aquí no era más que una novela de risas, y la risa, en España, resulta que no es seria. Algún rescoldo de esa amargura católica queda aún; un rescoldo presto a inflamarse, por otro lado: reír es rastrero, propio de la chusma. La gente seria, por supuesto, no ríe -o lo hace en la intimidad, sin ofender a nadie-. Sin embargo, ¿representan Cervantes o don Quijote y Sancho los valores de la sociedad española actual? ¿Tenemos razones para sentirnos orgullosos de don Miguel y de su obra?

Personalmente, me cuesta entender el orgullo ajeno, o la vergüenza ajena. Aunque los sienta. Pero no los entiendo. Supongo que tendrá que ver con alguna forma de empatía, con un error en su gestión psíquica. ¿Qué tuve yo que ver con el hallazgo de un nuevo continente? ¿Y con la victoria de Lepanto? ¿Con la redacción de Don Quijote? ¿Con el triunfo de la selección de fútbol en Sudáfrica? ¿Cómo voy a estar orgulloso de algo en lo que no tuve parte, si acaso beneficio? -Me convierte eso en aprovechado-. Y, al contrario, no me avergüenzo de los crímenes de Pizarro, ni de la tontuna de Fernando VII, o la intromisión de Rouco Varela en la vida civil española. Tengo mis responsabilidades al respecto, por supuesto. Debo conocer ese pasado en el que no tuve parte, pero sí beneficio o perjuicio. Soy, sin duda, consecuencia del viaje de Colón, de la tradición cultural en la que se inserta la obra cervantina, de la necedad del Rey Felón, y debo oponerme a las injerencias de cualquier religión en la vida civil, pública. Pero sentimientos como el orgullo o la vergüenza están fuera de lugar.

¿Y Cervantes? Admirarlo es suficiente. Me es más próximo que Shakespeare, a quien puedo leer a través del filtro de la traducción, a durísimas penas directamente. Más próximo que Dostoievski o Kafka, vedados en su lengua original -intenté aprender alemán, para leer El proceso; no funcionó: todo idioma con declinaciones debería ser prohibido o reformado, autoridades de la UNESCO-. Algo hay del mundo que retrata Cervantes que me es más familiar que una atmósfera petersburguesa, aunque las emociones de Lear o Raskólnikov o los Sutpen sean comunes a todo tiempo y lugar -de ahí que la literatura, por encima de Babel, sea universal-. Pero que el alcalaíno sea modelo de españoles… En su época ya era un resto del pasado, un soldado gentilhombre como los que empezaban a extinguirse, diezmados en los campos de batalla europeos, americanos y oceánicos -sin olvidar la miserable y ruin España de la época, de hambre y enfermedad-, su número ya insuficiente como para garantizar una nueva generación.

Uno de los sucesos más inesperados de la vida de don Miguel ocurre en su juventud, recién llegado a Madrid: Cervantes se bate en duelo con un tal Antonio de Sigura, lo hiere de gravedad y se ve perseguido por la justicia. Se ignora el motivo concreto, si tuvo que ver con sus orígenes plebeyos -su padre no era hidalgo, su madre sí- o con la ligereza moral de su hermana doña Andrea. En cualquier caso, un lance de honor, algo tan habitual en la época, en cualquier sociedad del Antiguo Régimen o de cualquiera de sus regímenes hermanos. Una sociedad muy tribal, todavía -como lo es la nuestra aún en los núcleos menores, aún en los dados en grandes urbes-. Una sociedad del honor y la vergüenza. Nada que ver con la actual. No es una degeneración, ni un avance. Es lo que es, dictado por las condiciones, tanto materiales como históricas. Hoy, los españoles que se dicen herederos de aquéllos -y en verdad lo son- persiguen ser humillados, ofendidos, vilipendiados y explotados. No es un proceso aislado, no es local. Pero lo hacen. Se dejan disfrazar y encadenar en sus despedidas de soltero, o van a programas de televisión donde son objeto de burla, de mofa y befa que decía don Pantuflo Zapatilla de Felpúdez. Con el único acicate de ser objeto de la mirada ajena, como un niño pequeño, al que no le importa su rostro arrasado en llanto y mocos si consigue que los adultos fijen en él su atención. Porque, no es eso tan sano de reírse de uno mismo: es reírse con los que se ríen de uno. Matices, dirán.

A pesar de los siglos pasados, una sociedad más inmadura. Puede que por haber renacido a finales del siglo XX, abolido al fin el Antiguo Régimen de las tribus, la honra y los duelos a espada. Pero en el que el individuo, al menos, conservaba un ápice de dignidad y se permitía defenderla.

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Sep 05

El fracaso de La conjura de El Escorial

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 5/09/2008

No ha tenido mucha suerte el cine español en sus aproximaciones a la historia, ni con las llamadas superproducciones, si exceptuamos El laberinto del fauno, que tampoco era muy española ni muy ‘súper’. Y si tras las cámaras está Antonio del Real, tenemos todos los ingredientes para un nuevo y sonado fracaso de nuestro cine. Las previsiones de han cumplido  y se ha perdido una nueva oportunidad de hacer una gran película histórica, y eso partiendo de una de las anécdotas más interesantes y sugerentes de nuestro pasado, la traición a pachas de Antonio Pérez y la Princesa de Éboli, en el marco de la corte de Felipe II, una historia de intrigas políticas, crímenes y pasión de enorme potencia narrativa y dramática y que se ha resuelto de la peor manera posible en un pastiche que no funciona ni como thriller, ni como película histórica, ni como filme de acción.

 

 

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Jul 11

No hay burlas con el amor. Una velada en un corral de comedias de hoy con Calderón y Canseco

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , 11/07/2008

Quizá por casualidad, sin que nadie lo haya proyectado ni apercibido, los Jardines del Galileo se convierten en verano en un corral de comedias como lo era el del Príncipe, o el de la Cruz, allá por el diecisiete. No es sólo porque se represente en él a Calderón, ni porque la apuesta de Manuel Canseco vele más por la recepción que por la innovación. También es un escenario abierto y descubierto, como lo eran los corrales, en el que se plantea un espectáculo más largo que en el teatro normal, alzado y bajado de telón y sanseacabó. El espectáculo comienza en torno a las nueve de la noche, con villancicos y mojigangas, como en el Siglo de Oro, que prolongan la estancia y amenizan la cena.

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Mar 15

Don Juan monta un trío en Madrid

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 15/03/2008

Ha querido la casualidad que, en el plazo de un mes, se junten cuatro donjuanes en la capital de España; dos de los más famosos, el de Tirso de Molina y el de José Zorrilla, un tercero menos conocido, el de Josep Palau i Fabre, y un cuarto sintético que funde los dos primeros y el de Molière -que sólo pasó por nuestros escenarios dos veladas de febrero, realizada por Gema López para Imperdibles-. El acierto de Tirso -¿o Andrés de Claramonte?- al construir al inmortal burlador y libertino ha dado a la literatura un motivo que han aprovechado autores como Albert Camus, Alexandr S. Pushkin, Lord Byron y, saltando a la música, Mozart con su tétrica Don Giovanni. No hace falta decir más: don Juan es, junto con don Quijote, la principal creación de las letras castellanas. Un personaje que había quedado bien atado por el Dr. Marañón en el ensayo de 1940 Don Juan. Ensayo sobre el origen de su leyenda; sin embargo, una de las obras ahora en cartel rebasa los límites del análisis marañoniano: el Don Juan de Palau.

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Ene 05

Lope de Vega: Las bizarrías de Belisa

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 5/01/2008

Estrenada con gran éxito en el Festival de Teatro Clásico de Alcalá, pocas veces se puede ver a un público tan satisfecho al finalizar una representación. La Joven CNTC, bajo la batuta del siempre solvente Eduardo Vasco, ha logrado un Lope fresco y brillante, eminentemente lúdico. El espectáculo añade a nuestro Siglo de Oro unos toques de cabaré, exagerando los aspectos burlescos de algunos personajes y dejando caer todo el peso dramático sobre Belisa, magníficamente interpretada por Eva Rufo, quien consigue hacer llegar al público cuantas emociones se propone. Aunque Rufo brilla con luz propia, todo el elenco de actores raya a gran nivel, como suele ser habitual en la Compañía, que no descuida detalle alguno. En esta ocasión han optado por la sencillez del aparato escenográfico, dejando la expresividad escénica al vestuario de Lorenzo Caprile.

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Nov 10

Rey Lear homenajea a Shakespeare… y a Cervantes

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , , , , , , , 10/11/2007

No llegan a ser vidas paralelas, pero casi. Los dos literatos más grandes de todos los tiempos coincidieron temporalmente, casi geográficamente y según muchos eruditos, se complementan de tal modo que sólo con El Quijote y las principales piezas teatrales de Shakespeare se abarcaría la totalidad del ser humano, y sería superfluo leer más. Según Harold Bloom, “la influencia concertada de Cervantes y Shakespeare define el curso de la literatura occidental posterior”, de modo que leyendo a Dickens, a Kafka o a Javier Marías, estamos leyendo, a través de tan egregios intermediarios, la obra de los dos monstruos del barroco. Es improbable que se llegaran a conocer, aunque tal posibilidad sirvió a Anthony Burguess para su deliciosa Encuentro en Valladolid y, en los cines -y evidentemente inspirándose en ésta-, a Inés París para su Miguel y William.

Sin embargo, es sabido que Shakespeare leyó a Cervantes -aunque el ilustre manco seguramente no leyó al inglés-. La prueba de ello es la Historia de Cardenio (comprar libro), escrita junto al dramaturgo menor John Fletcher, que se creyó perdida durante mucho tiempo hasta que el trabajo del hispanista Charles David Ley desveló que se escondía tras la comedia, firmada por Lewis Theobald, Doble falsedad. La traducción al castellano data de 1987, publicada por José Esteban, pero ha sido este año cuando la Royal Shakespeare Company ha dado por correcta la versión de Ley y ha aceptado la Historia de Cardenio como parte del corpus shakespeariano. Shakespeare tuvo en sus manos la traducción del Quijote de Thomas Shelton en 1612 y, un año después, aparecía el Cardenio en unos documentos, aunque no se sabe si se llegó a representar.

La obrita es poco más que una curiosidad. Lo que nos ha llegado, por azarosas veredas, es un borrador o texto mutilado, al que faltan algunos diálogos y en el que la acción es demasiado apresurada. Dice Ley en la Introducción que se aprecia la mano de Shakespeare al principio y al final, mientras que las páginas centrales corresponderían a Fletcher. Habrá que esperar una edición crítica más amplia que desvele a qué mano corresponde cada estrofa y qué añadidos corresponden a Theobald o a otros. Pero, por ahora, el Cardenio evoca algo casi fantástico, una suerte de comunión entre dos genios que permite imaginar lo que habría sido una relación más fluida si hubieran nacido en un siglo posterior, o si, como sugiere Burguess se hubieran conocido. O ya, pasando a teorías realmente estrambóticas que aprovechan los diez días de diferencia entre sus respectivos óbitos, ¡quizá fueran la misma persona!

Rey Lear -por cierto, no está de más recordar que Don Quijote y El rey Lear se publicaron el mismo año, 1605- no sólo ha decidido reeditar el Cardenio, sino que, continuando con su homenaje postcentenario, recupera el breve ensayo de Cesáreo Fernández Duro La cocina del Quijote (comprar libro), ampliado con Todas las recetas compiladas por Miguel López Castanier. Según Fernández Duro -uno de esos buenos escritores que el tiempo y la desidia han sepultado sin razón- “¡idea del mismísimo demonio es considerar a Cervantes cocinero!”, pero Don Quijote está lleno de comida, y también de hambre, pues el propio Caballero de la Triste Figura “colocaba entre los más grandes trabajos de la caballería el andar por despoblados sin cocinero y pasar los más de los días en flores por vengar desaguisados”.

Ni los golpes ni el alejamiento de su amada: el privarse del placer de la comida -a Sancho le basta tener la Panza llena- es el origen de la locura. En la siempre grata lectura de la magna obra cervantina van apareciendo nombres tan sugerentes como los duelos y quebrantos, típico plato manchego a base de sesos de cordero y productos de la matanza, o arroz meloso sin trabajo o ternera asada en salsa de oruga -si les pica la curiosidad culinaria, ya saben, a la librería-. López Castanier ha tenido que “bucear en el recetario antiguo”, habiendo “aligerado grasas y cocciones, traducido palabrería antigua y puesto al día aquello que debía serlo, en especias o lo que hiciera falta”. Así, la edición de Rey Lear ha quedado francamente bien. En esta cuidada edición, al delicioso texto de Fernández Duro se añaden las suculentas recetas de López Castanier y grabados de muy diversos autores y épocas, relativos a las escenas de papeo -o falta del mismo- del Quijote.

Como no hay dos sin tres, Rey Lear visita La casa de Shakespeare (comprar libro), con nada menos que don Benito Pérez Galdós como enviado especial. El librito, que se lee en un suspiro y con gran deleite, evoca la visita del ilustre veraneante santanderino, en septiembre de 1889, a Stratford-on-Avon. En fecha tan temprana, Galdós se siente “uno de los pocos, si no el único español, que ha visitado aquella Jerusalén literaria”. En estas páginas le vemos postrarse -a él, tan grande- con humildad ante el gran genio de Shakespeare, sintiendo una hondísima emoción en la cocina donde “el dramaturgo pasaba largas horas de las noches de invierno contemplando las llamas del hogar”, o ante la tumba del poeta, en la Holy Trinity Church de Stratford.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial

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Oct 20

Del Rey abajo, ninguno. Un correcto Rojas Zorrilla a cargo de la CNTC

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 20/10/2007

Correcto homenaje por el cuarto centenario del nacimiento de Francisco de Rojas Zorrilla. No deja de ser buena noticia, sin embargo, que se vuelva a representar este brillante drama que, con casi total seguridad, no fue escrito -al menos no totalmente-, por Rojas Zorrilla. Esta contradicción da el tono de lo que vamos a ver en el escenario del Teatro Pavón, contrastes y algunas inconsistencias, aunque bien es cierto que el barroco es el estilo del contraste y la inconsistencia. Si esta obra es o no de Rojas Zorrilla, es algo que habrá que dejar a los especialistas, que organizan divertidos congresos sobre este tipo de cuestiones que al espectador le importan poco. Según el gran especialista en el autor Raymond McCurdy, la presencia de abundantes metros inhabituales en las obras expresamente reconocidas por el autor indicaría que, cuando menos, hubo otra mano, siempre que el homenajeado Rojas hubiera tenido algo que ver.

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Oct 13

Carlos de Sigüenza y Góngora: Infortunios de Alonso Ramírez

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 13/10/2007

Infortunado fue Carlos de Sigüenza y Góngora, pariente del gran poeta culterano. No sólo murió relativamente joven -55 años-, en los albores de un siglo que habría disfrutado más que el que vivió -falleció en 1700-, sino que además gran parte de su obra se ha perdido, así como la gran biblioteca que logró reunir, que incluía abundantes piezas arqueológicas e instrumentos científicos de la época. Tanta mala suerte le ha llevado al olvido, especialmente en España, pese a ser una de las mentes más lúcidas de la época -fue llamado por Luis XIV a su corte de genios, aunque declinó la invitación-. No así en México, donde se le tiene más presente aunque por motivos espurios, como fundador del nacionalismo mexicano.

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Sep 29

Lope en versión Shakespeare. El perro del hortelano, por Lawrence Boswell

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 29/09/2007

No hace mucho vimos en los cines a Ariadna Gil recitar los célebres versos en los que Diana, condesa de Belflor, despedía con rabia y amargura a Teodoro. Antes, también en la gran pantalla, Emma Suárez dirigía esa rítmica queja a un desconsolado Carmelo Gómez en la magnífica adaptación de Pilar Miró, que cosechó siete premios Goya. Y es que El perro del Hortelano es una de las comedias románticas más célebres de nuestro siglo de oro por la vivacidad de su verso, por su ritmo narrativo perfectamente medido y por lo moderno de su mensaje. La compañía encargada de llevarla a las tablas en esta ocasión es Rakatá, a la que pudimos ver recientemente en el Círculo de Bellas Artes con una más que aceptable adaptación de De Toledo a Madrid y en La Abadía con la sorprendente La ilusión.

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Sep 01

La costumbre de vencer

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , , , , 1/09/2007

Desde que se estrenara Alatriste hace ahora un año, las editoriales han aprovechado el tirón del cine, como suele ser habitual, para disponer una batería de libros relacionados, bien con el periodo histórico, bien directamente con los ejércitos ‘imperiales’ españoles como protagonistas. No suelen faltar títulos referidos a los famosos tercios, que aparecen como un goteo constante; ahora, quizá no sean tan famosos como pensamos. En Técnicas bélicas del mundo moderno (Libsa) apenas se les presta atención -como si en una historia militar del s. XX no se juzgase necesario aludir al ejército estadounidense-, si bien precisamente por ello tiene cierto interés al ofrecer una visión general del resto de ejércitos europeos del momento.

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