May 16

Covers, de Ronaldo Menéndez

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 16/05/2010

Fui postergando, sin razón alguna, la lectura de este brevísimo tomo; a veces, retraso el disfrute de algo por una sádica desviación de mi carácter. Reservarme el caramelo de mi sabor favorito para el final. Mantener en la pila de próximas lecturas la obra de un autor que aprecio. Una forma de masoquismo inocente, que sin dejar secuelas produce el placer de la tortura autoinfligida. Finalmente lo leí, en apenas dos horas. Lectura voraz, con el ansia reprimida desbocada. Seguidamente releí Río Quibú, esa fascinante novela, en otro par de horas, confirmando lo que mi tímida memoria me había insinuado. Tal y como indica el título del nuevo libro de cuentos de Ronaldo Menéndez, Covers, los textos que lo componen son versiones de extraídas de su obra.

Lee mi reseña de Covers en El Confidencial →

El texto de la contracubierta:

“Dos formas de vivir la vida y muchas maneras de sentirla, esto es lo que nos propone Ronaldo Menéndez. Porque vivir en soledad y compañía es sentir el sexo, el amor, el sufrimiento, en una palabra, la vida. Y una vez más, con gran maestría en el manejo del lenguaje, el autor profundiza hasta nuestras entrañas escribiendo instantáneas, a modo de fotogramas, de una realidad que transita desde la autobiografía instalada en su Cuba natal al viaje más onírico y literario. Así, los cuentos que conforman este libro toman como referencia otros textos, incluso el cine, siendo una raíz conceptual que asume diversas formas y que demuestra que estamos ante un narrador excepcional.”

http://www.ppespuma.com/

Sobre Ronaldo Menéndez:

Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970) es licenciado en Historia del Arte y en Bibliología y técnicas documentales. Su obra narrativa consta de tres libros de cuentos: Alguien se va lamiendo todo (Premio David de Cuba, 1990), El derecho al pataleo de los ahorcados (Premio Casa de las Américas de Cuba, 1997) y De modo que esto es la muerte (2002); y de las novelas La piel de Inesa (Premio Lengua de Trapo de Narrativa, 1999), Las bestias (2006), Río Quibú (2008) y Covers. En soledad y compañía (2010). Sus narraciones han aparecido en numerosas antologías en América Latina, Estados Unidos, Alemania, Francia y España, entre ellas Nuevos narradores cubanos (Siruela, 1998), Líneas aéreas (Lengua de Trapo, 1999), y El arquero inmóvil. Nuevas poéticas sobre el cuento (Páginas de Espuma, 2006). Colaboró durante años como crítico literario y de arte con las principales revistas especializadas cubanas, y como columnista en el diario El Comercio de Lima, ciudad en la que también fue profesor de Periodismo en centros de educación superior, antes de instalarse en Madrid en noviembre de 2004. Actualmente colabora con diversos medios periodísticos y como editor literario, y ejerce la docencia en institutos de formación literaria.”

http://www.ronaldomenendez.com/

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Mar 18

Azul ruso, de Patricia Esteban Erlés

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 18/03/2010

En el mundo hay dos tipos de personas: de perros y de gatos -además hay una minoría de acuario, de lagarto, de serpiente y aun de tarántula; es cierto, también los hay “amascóticos”-. Patricia Esteban Erlés es una persona de gatos, aunque dedique su nuevo libro de cuentos, Azul ruso, también a sus perros, para que no haya peleas.

Un azul ruso es, como cualquier gatuno sabe, una raza con un pelaje espeso y suave, de color de plata vieja, con una apariencia aristocrática, si bien es uno de los felinos domésticos más cariñosos. En el colofón del volumen se anota la coincidencia de su impresión con el aniversario de la fiesta en la que el zar Alejandro II regaló a la zarina una pareja de esta raza, llamados Kniaz Oleg y Dama Petrovna. Unos antecedentes de categoría para un animal esencialmente literario.

Desde el gato con botas al Church de Stephen King, pasando por Beppo, Plutón o el Gato de Chesire, la literatura está repleta de gatos. Con nombre de polemista romano, Felis silvestris catus, es el tótem de la literatura, como se ha encargado de señalar Antonio Burgos, pero también lo es de la nueva física y aun de las artes plásticas. Los perreros estamos en desventaja, a pesar de Argos, Colmillo Blanco y Flush -y, por volver al maestro del terror contemporáneo, el baboso y terrorífico Cujo-. La potencia del gato como elemento narrativo queda, en este volumen, confirmada; hay gatos por doquier, protagonistas, secundarios y de atrezzo. Hay hombres que devienen gatos -no es una novedad la metáfora del gato por el hombre- y gatos reverdecidos -“Criptonita”- como paso intermedio hacia la iguana -“Mudanza”-.

Léelo completo en El Confidencial…

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Feb 22

Del dinosaurio a la hormiga: Por favor, sea breve 2

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , , 22/02/2010

Todo comenzó con el dinosaurio. No es que no hubiera nada antes, pero el dinosaurio era grande y verde, y llamó la atención de todos. Sin embargo, parece que le quieren extinguir por segunda vez: “Sucede que el dinosaurio está ya en el Parnaso y ha dado origen al reino de la hormiga. Hormigas, hormigas por todas partes, movedizas, dinámicas, textos diminutos que ya no se pueden contar”, (p. 8). El dinosaurio ha hecho el viaje cervantino, entonces, y su nicho literario lo ocupa la nueva criatura que ha identificado Clara Obligado, quien con la primera antología Por favor, sea breve (Páginas de Espuma, 2001) señalara al enorme monstruo que, aunque parsimoniosamente aplastaba los edificios y calles de la ciudad de la literatura, permanecía ajeno a los focos y objetivos de la mayoría.

Ahora, nueve años después, una segunda antología, ya no de dinosaurios sino de hormigas -la evolución es un proceso imparable- viene a dar cuenta de “la última creación, de lo que se está haciendo ahora, en este minuto” (p. 7). Esta colección de textos menguantes hasta la extinción (El fantasma, p. 223) tiene la virtud, entre muchas, de “priorizar textos que sirven como presentación de creadores casi ignotos” (p. 10). Así, junto a saurios consagrados como José María Merino, Ana María Shua, Luis Mateo Díez o Raúl Brasca, hormiguean los Diego Muñoz Valenzuela, Inmaculada Porcel, David Roas, Carola Aikin, para mí algunos de esos ignotos pero deslumbrantes autores.

Dinosaurios u hormigas. Microrrelato, minicuento, minificción. Este es un género que no se decide en cuanto a su nombre, que no se decide en cuanto a su identidad. Sólo sabe que es más o menos breve, pero no se aclara en cuánto. Es un género que, como el Quijote, tiene más páginas “sobre” que “de”. Quizá por eso tenga tantos conflictos de personalidad, con tantos matasanos explorándole. Si ahora ya sabemos que da igual lo que una novela sea, ¿por qué no reconocerle esa condición proteica? Este género “por naturaleza, tiene la ventura o presenta el dilema de no dejarse enjaular”, (p. 9). Y sin embargo, tantos y tantos furtivos persiguen a este dinosaurio u hormiga que no se deja emborrachar.

La literatura es literatura, y lo otro es trabajo de carnicero. Ahora, a veces es difícil resistirse a tomar el cuchillo platónico y separar las cosas por sus junturas naturales. El microrrelato incita a eso, también. Como en un juego de descarte, el lector de dinosaurios u hormigas marca y discrimina no sólo sus preferidos, sino también aquellos que son lo que dicen ser de otros que son otra cosa, poemas, reflexiones, chistes, ocurrencias. En toda antología, hasta en las mejores, en esta también, los hay. Impostores, minitextos ladinos que visten la capa del microrrelato, con méritos diferentes a los del cuento, como Hacerse el muerto de Andrés Neuman. Pero si la antóloga se hubiera puesto tozuda con las doctrinas teóricas, habría privado al lector de reflexiones interesantes y atisbos de profundidad que son también literatura.

Algunos textos me hacen pensar en una nueva etiqueta: ossobuco, solomillo, microfilosoficción. No alcanzan con su sustancia narrativa a ser relatos, pero tampoco son reflexiones estáticas. En la antología hay alguno especialmente bueno, como Narciso (María Inés Mogaburu, p. 163). ¿Ven? No puedo evitar tomar el cuchillo y despedazar. Es una tentación terrible. Como la de aplastar una hormiga que pasa junto a nuestro pie. Eso me recuerda uno de los textos de la antología, La hormiga en el asfalto (José María Merino, p.79). Nunca hay que confiarse.

El pensamiento no es una amenaza, nunca lo es, y para el microrrelato tampoco. Ahora, el género se enfrenta a un enemigo temible, que domina esta época en la que florecen dinosaurios u hormigas: el ingenio. Tantos y tantos aspirantes a microrrelatos son meros chispazos de ingenio, y si bien el ingenio está muy bien en una reunión de amigos, a la literatura debe exigírsele más. A este demonio contemporáneo se le tributa demasiado favor en este mundo apresurado, falto de genio, bien porque su hermano menor le asfixió, bien porque el primogénito se ahogó solo.

Gracias a estas amenazas, reales o no, y a lo esquiva que es siempre la auténtica literatura, la lectura de cualquier libro de microrrelatos, antología o no, adquiere la emoción de la búsqueda. Si, como dice la antóloga, la red sólo puede echarse una vez, este es un río cuyo fondo está sembrado de botas. Pero eso sólo nos pone más hambrientos y hace que, una vez pescado el dinosaurio o la hormiga, nos resulte más sabroso. Aquí hay piezas de lo más suculentas: los seis, que van de la página 100 a la 105, los que componen el subgénero del microrrelato quijotesco (págs. 114, 128), Agujero negro de José María Merino, (p. 97), Las que miran hacia atrás de Pía Barros, (p. 111)… “Para terminar, un consejo para el lector goloso, para la lectora ávida: de la misma manera que no conviene atiborrarse con los bombones de una caja, es mejor leer los textos de uno en uno, lentamente, paladeando matices y diferencias. Este ‘diminuto remolino de palabras’ pide, como el poema, una lectura reposada”, p. 10.

Por favor, sea breve 2. Edición de Clara Obligado. Páginas de espuma. 224 págs. 15 €.

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Feb 13

Los cuentos más breves del mundo, según Eduardo Berti (De Esopo a Kafka)

Escrito en El gabinete del dr. Mantell.
Etiquetas: , , 13/02/2009

Los dinosaurios son algo lentos. Quizá por eso, cuando Monterroso despertó, el dinosaurio seguía allí. Pero si no había intentado moverse era porque tenía algo que contarle, un cuento. No hizo falta. Como un relámpago se le presentó el famoso relato  hiperbreve. No he encontrado un libro más adecuado para comenzar la andadura de esta bitácora que uno que hace referencia al género literario, nuevo y antiquísimo, del que ha tomado el nombre. Ese libro es Los cuentos más breves del mundo. De Esopo a Kafka (Páginas de Espuma), antología a cargo de Eduardo Berti. El escritor argentino ha tenido que bucear en polvorientas bibliotecas para reunir esta colección de ancestros de unos cuentos que hoy se ven como el no va más de la modernidad. Como decían los romanos, que ya entonces lo sabían todo, no hay nada nuevo bajo el sol.

 

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Berti ha localizado textos que reúnen las condiciones –o no- del microrrelato en todas las épocas y culturas que han plasmado sobre el papel sus ensoñaciones. Los hay chinos, europeos, americanos; de la antigüedad, del siglo XX; de Sa’di, de Kafka. ¿Los requisitos? No deben exceder las 350 palabras, deben haber sido escritos antes del siglo XX o en sus albores, y deben pertenecer a una lengua distinta del español. Lo que está muy bien, porque hay infinidad de antologías del microrrelato –y sus antecesores- hispánico, y parece que es un género restringido geográficamente, así como temporalmente: al siglo XX, a partir de las vanguardias. Berti demuestra que las raíces del microrrelato son profundas y amplias, y tan jugosas como las quimas más frescas.

 

En su recorrido, Berti decide no seguir a Enrique Anderson Imbert para quien el origen del relato breve se puede hallar tan pronto como en la escritura sumeria, a modo de anécdotas intercaladas que se podrían arrancar antes de lanzarlas a la emancipación literaria. Parece sin embargo un principio demasiado flexible que violentaría algunos de los dones naturales del microrrelato, como sería precisamente su autonomía. Por eso adelanta la aparición de estos ancestros a la antigua Grecia, dejando atrás excesos interpretativos.

 

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En esta antología estamos quizá más cerca del cuento de la abuela que del dinosaurio de Monterroso o de los patucos de Hemingway. Esta es la historia de los precursores del microrrelato cuyas “fuentes y raíces son las más antiguas”. David Lagmanovich (El microrrelato. Menoscuarto) también le reconoce una larga tradición en la historia de la literatura, que encuentra repleta de “ejemplos de anticipación” aunque en sí sea “una de las tendencias más claras de la modernidad”. De hecho, somos espectadores del nacimiento y consolidación de un género nuevo. El cuento apareció sin más, el origen de la novela es remoto, pero el microrrelato se está formando en cuanto género autónomo ante nuestra mirada.

 

Y, a pesar de todo, muchos de estos textos parecen microrrelatos. El cuento de Stratón de Sardis, “El primer beso” (pág. 33),

           

Al anochecer, a la hora en que nos damos las buenas noches, Moeris me besó, ignoro si de verdad o en sueños; pues con gran claridad recuerdo ahora el resto, todo lo que me dijo y todo lo que me preguntó; pero si también me besó, lo dudo y conjeturo al respecto; ya que si es verdad, después de haber sido transportado al paraíso, ¿cómo es que ahora me muevo sobre la tierra?

 

cuenta con tan sólo setenta y seis palabras. No es un texto hiperbreve, pero entra dentro de lo que oficiosamente se entiende por minicuento -menos de cuatrocientas palabras-. Es redondo, conciso –aunque podría serlo más-, autónomo, algo ingenuo –una de las constantes del género es su “mala leche”: son “insidiosos, misteriosos, irreverentes, a veces traicioneros”, dice Lagmanovich-, pero parece un microrrelato. Otros, claramente, no lo son. “El culto a la patria” de Alphonse  Allais (p. 218), es meramente una observación antropológica sobre los turistas norteamericanos:

 

Acabo de ver, hace instantes, a un norteamericano que, tras leer en el Gordon Benett Herald una noticia que describía las últimas lluvias en Nueva York, dobló de inmediato las botamangas de su pantalón, aun cuando el suelo, en Niza, estuviera perfectamente seco porque hay un sol radiante.

 

Según Amanda Mars Checa (“El cuento perfecto”, en Quimera nº 222), “la extrema concisión democratiza el cultivo de este arte y plantea el riesgo de aceptar como obra literaria cualquier expresión más o menos afortunada”. Algunas piezas, aquí y en muchas antologías, son meros arranques de ingenio, comentarios ingeniosos, anécdotas. Muchas veces son los chistes los que adoptan la denominación de microrrelato para cobrar algo del prestigio de la literatura, pero un chiste no necesita prestigio, sino gracia e ingenio.

 

¿Son pues, entonces, microrrelatos u otro tipo de texto? La teoría siempre fuerza las costuras de la realidad. Claro que hay que tratar con los teóricos y eruditos de la literatura, pero es que son como niños caprichosos golpeando con su carnoso puño la pieza en el hueco del rompecabezas, cuando muchas veces esa pieza es un soldadito de plástico. Como dice el Joseluís González (también en el nº 222 de Quimera), la teoría literaria es como el tapiz de Penélope: lo que teje por la noche, lo desteje la realidad creativa por la mañana.

 

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No he leído antología alguna de la que no pudiera arrancar un buen puñado de páginas que, a mi juicio, no contenían microrrelatos sino observaciones, ingenios o meras bromas. Pero la antología de Berti ha sido un descubrimiento. Creo que a cualquiera le gustan los viejos cuentos, tan ingenuamente didácticos, tan valientemente morales; el libro está repleto de ellos. Además, ha ampliado el campo de mi visión literaria hacia tradiciones, y por supuesto autores, de las que apenas tenía noción. Su lectura, aunque necesariamente exigente –son muchos los enfoques culturales distintos-, es enjundiosa y gozosa. Si son o no microrrelatos, o ancestros, o lo que sean, que se preocupe de ello la tantálica Penélope.

 

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Jul 05

Vicente Luis Mora: Pasadizos

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , , , 5/07/2008

A Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) todo aquél que tenga que ver con la cultura en internet, o que quiera atisbar lo que está ocurriendo en el nuevo canal de difusión de ideas que es la red –ya consolidado para muchísmo tiempo- tiene que leérselo, es una necesidad, al margen de que no se esté de acuerdo con él, aún en teorías principales como la referida a la narrativa mutante.

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