Oct 04

Robert Haasnoot: Mar de delirio

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 4/10/2008

La literatura neerlandesa no goza de especial aprecio en España, es un hecho. Sólo el excelente Cees Nootebom o Harry Mulisch suenan y tampoco demasiado. Por eso es tan buena noticia que Lengua de Trapo haya apostado por un autor como Robert Haasnoot que, si bien es nacido estadounidense, escribe en neerlandés y cuya novela Mar de delirio es considerada, como reza la faja, una de las más importantes de los últimos años en Holanda.

 

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Jul 12

Kjell Askildsen: Desde ahora te acompañaré a casa

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 12/07/2008

El gran cuentista noruego Kjell Askildsen publicó Desde ahora te acompañaré a casa en 1953, libro que fue censurado por inmoral. Hoy cuesta imaginarse el porqué, sólo si acudimos a las excusas habituales de la censura: amoralidad erótica o política. Pero, tras leer éste, o cualquiera de los libros que ha publicado en España Los perros de Tesalónica, Últimas notas de Thomas F. para la humanidad, Un vasto y desierto paisaje, los tres en Lengua de Trapo y hace poco recopilados en Debolsillo-, no es difícil advertir el temor que asaltó al represor de turno. Los once relatos del conjunto no están tan conseguidos como sus obras posteriores, es inevitable, pero las líneas están trazadas con decisión; los temas, el estilo despojado y abrupto, están aquí, en esta obra temprana, bien perfilados. Su crítica de la sociedad contemporánea, también.

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Mar 15

Leopoldo María Panero: Cuentos completos

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 15/03/2008

Son ya muchos años de retiro de Leopoldo María Panero, el último maldito de las letras españolas, pero no ha descansado ni detenido su escritura; si acaso, ha trabajado más aún. Ahora, Páginas de Espuma presenta sus cuentos completos, una extensión poco conocida de su reconocida poética, editados por Túa Blesa, principal experto en la obra del mediano de los Panero. Aunque no es un narrador fascinante, ha sabido crear un mundo fascinador y terrible, del que estas piezas no dejan de ser una interesante curiosidad. Quienes estén familiarizados con su obra poética se encontrarán en territorio conocido, aunque no por ello agradable.

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Feb 23

Ian McEwan: Chesil Beach

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 23/02/2008

Especialmente desde la publicación de Expiación, recientemente adaptada al cine, Ian McEwan se ha convertido en el cabecilla de su generación y está considerado, por muchos, el mejor escritor británico vivo. Luego vino Sábado, que no fue tan unánimemente aceptada pero que no deja de ser una magnífica respuesta al golpe que supuso el ataque a las Torres Gemelas. Chesil Beach, su nueva novela, es bien distinta de ambas, pero al mismo tiempo y como no podía ser de otro modo, comparte algunas semejanzas. Al igual que Sábado, la acción se concentra en unas pocas horas, comenzando in medias res, en la noche de bodas de una pareja cualquiera, con algunas analepsis para poner al lector en antecedentes; y como Expiación, se aleja del presente para contar una historia imperecedera.

No es fortuito que haya elegido el comienzo de los años 60 para ubicar la -escasa- acción. McEwan bucea en el fondo de miedo y horror que subyace a las relaciones humanas y lo hace en un momento de quiebra, en el momento preciso. Porque justo antes las convenciones eran tan sólidas que no cabía plantearse la mayor parte de las cuestiones que traen de cabeza a Florence y Edward, y poco después los tabúes ya se han roto y las relaciones se viven de una manera más abierta, y aunque el mismo miedo siga existiendo resulta menos claro. En Chesil Beach narra el desencuentro entre dos personajes a quienes les “dolía terriblemente que su noche de bodas no fuera simple cuando su amor era tan obvio” (p. 104).

En esta novela, pese a su brevedad, McEwan habla demasiado -y es uno de sus escasísimos defectos, quizá el único-; aunque resulta patente, escribe que lo que les separa es “Su personalidad y su pasado respectivos, su ignorancia y temor, su timidez, su aprensión, la falta de un derecho o de experiencia o desenvoltua, la parte final de una prohibición religiosa, su condición de ingleses y su clase social, y la historia misma. Poca cosa en definitiva” (p. 109). El narrador omnisciente revela los pensamientos y emociones más íntimos de unos personajes atenazados por sus propios miedos, por la ignorancia de los miedos del otro y por la insalvable barrera de incomunicación que se alza entre ambos. La desasosegante impotencia a la hora de comunicarse, porque “Aún no se había inventado un lenguaje para el caso” (p. 157) -y probablemente nunca ocurra-, les conduce por caminos diferentes a velocidades crecientes, y el narrador se muestra comprensivo, pero inmisericorde.

McEwan siempre lo es, golpea al lector, y golpea duro. No importa lo inocente que parezca el relato, porque bajo la plácida apariencia de una pareja que se mira tímidamente mientras cena late el fantasma de los miedos cotidianos, los más terribles porque resultan ineludibles, todo ser humano ha de pasar esa prueba. Florence y Edward “Apenas se conocían y nunca se conocerían por culpa del manto de cuasi silencio amigable que acallaba sus diferencias y les cegaba tanto como les ataba” (p. 164), y ese juego entre repulsión y atracción es, una vez más, el motor de su novela. Es lo que Florence siente por su padre, lo que siente por el cuerpo de su marido.

Chesil Beach es una novela redonda, menos ambiciosa que Expiación o Sábado, pero narrada con una tensión asfixiante que sólo se relaja durante las analepsis y que recuerda los momentos más sofocantes de Amor perdurable o Niños en el tiempo, cuando los personajes, abandonados a su suerte por aquellos a quienes aman, padecen con toda crudeza la soledad y la impotencia que les lleva al límite se su propia cordura.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial

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Ene 20

José Antonio Marina: Anatomía del miedo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 20/01/2007

La autoayuda filosófica es un subgénero en boga. Desde el estallido comercial de Más Platón y menos prozac los títulos pseudo-filosóficos destinados a socorrer las almas desorientadas del individuo contemporáneo se han multiplicado, con mayor o menor fortuna. En realidad, poco tienen que ver con la filosofía y mucho con la moda new age que ya empieza a cansarse de gurús y taos y busca nuevos temas con los que alimentar a la criatura. Evidentemente, la obra de José Antonio Marina no puede incluirse en esta corriente y, aunque su clara intención práctica puede confundirse con la autoayuda, y comparte sus objetivos ‘legítimos’-no hay más que leer la “Carta dirigida a mí mismo”, pp. 183 y ss.-, no llega en manera alguna a las naderías de los Bucay y compañía.

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