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	<title>El dinosaurio que estaba allí &#187; literatura y ciencia</title>
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	<description>Lecturas, pasiones y recuerdos de un cerebro reptil</description>
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		<title>El mundo bajo los párpados, de Jacobo Siruela</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Apr 2011 09:11:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Atalanta]]></category>
		<category><![CDATA[ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
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		<description><![CDATA[Siempre están ocurriendo cosas, eso es indudable, pero pareciera que en este comienzo de 2011 se han acumulado hechos históricos como para una buena temporada. Y no me refiero sólo a la sobreabundancia de Clásicos, que arrancan este sábado, sino a las revueltas libertarias del mundo árabe (a las que no estamos prestando la atención [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Siempre están ocurriendo cosas, eso es indudable, pero pareciera que en este comienzo de 2011 se han acumulado hechos históricos como para una buena temporada. Y no me refiero sólo a la sobreabundancia de Clásicos, que arrancan este sábado, sino a las revueltas libertarias del mundo árabe (a las que no estamos prestando la atención debida) y al maremoto de Japón o al Anuncio de Zapatero. Si el mundo se termina el año próximo, como dicen los mayas, debe estar entrenándose para la inusitada actividad que deberá acometer en apenas unos meses. Mientras el fin llega me inquietan más mis crisis intrahistóricas, mi inadecuada gestión del tiempo; me lo advirtieron, que los bebés no aman la literatura, pero no lo creí suficientemente. Ahora lo pago con angustia, pero de alguna extraña manera compensa. El misterio de la paternidad.</em></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i54.tinypic.com/25yvyfn.jpg" alt="" width="465" height="349" /><br />
<strong>El mundo bajo los párpados</strong></p>
<p>Todos tenemos uno, o dos, sueños recurrentes, que se nos presentan bajo apariencias diversas mientras dormimos o durante la vigilia. Soñamos con ese objeto o esa persona que nos obsesiona, con ese recuerdo lejano, ya casi olvidado, con ese futuro que no, no puede ser verdad. Estamos familiarizados con los sueños, porque todos, más o menos, soñamos. Sin embargo, nuestra conciencia moderna tiende a menospreciarlos. Nos han enseñado que los sueños vienen a ser los pedos de la digestión del cerebro, que, como el <em>déjà vu</em>, consisten meramente en errores del sistema nervioso y no dicen apenas nada de lo que somos, o de lo que nos rodea. Pero no siempre fue así. Los sueños guiaron los pasos de los imperios del pasado, y son conocidos los casos de científicos que soñaron la respuesta a sus problemas, como Kekulé; muchos individuos en el mundo antiguo y no tan antiguo se guardaban de dar un paso sin antes haberlo soñado, pues los sueños eran mensajes divinos que había que atender necesariamente, porque los dioses no hablan solo por parlotear, como un familiar al teléfono.</p>
<p><em>El mundo bajo los párpados </em>es un ensayo que acerca información por lo general de difícil acceso, iniciando el recorrido  precisamente en el olvido general del sueño como vía de conocimiento de la naturaleza humana. Renombrados autores, desde George Steiner o Walter Benjamin hasta Borges, han pedido una historia de los sueños que, sin embargo, está por hacer (y no es lo que se propone Siruela, sino más concretamente una “fenomenología de los sueños”); y eso que ya Hegel decía que “si reuniéramos los sueños de un momento histórico determinado veríamos surgir una exactísima imagen del espíritu de ese periodo” (p. 14). Material para acometer tal empresa abunda, nada más hay que reparar en la extensa bibliografía manejada por el autor, pero el problema es de índole epistemológica: no se concede al sueño derecho a formar parte de las fuentes del conocimiento.</p>
<p>Estamos dejando de lado uno de los caminos junto con la experiencia sensible, las emociones y la razón, de acercarnos a la complejidad de lo real y, especialmente, a nuestra propia complejidad. Así pues, los sueños vendrían a ser una ventana, durante largos años ciega, a nuestro interior y, a través de ahí, a la vastedad del cosmos. Hoy sabemos (creemos) que el universo es multidimensional y que el tiempo puede ser simultáneo, y eso no son fantasías cuartomilenarias de locos o necios o estafadores, sino “verdades” de la ciencia más avanzada. Y el mundo onírico tiene algo que decir al respecto. En la parte cuarta del ensayo Siruela hace referencia a los sueños premonitorios, uno de los fenómenos oníricos que todos queremos probar por cuanto tiene de fantástico y misterioso (y todos querríamos que Hipnos dictara los números del Euromillón, pero resulta que no funciona así). La precognición onírica está abundantemente documentada, pero el racionalismo grosero ha insistido en arrinconarla bajo el epígrafe de “hechos debidos al mero azar”. Sin embargo, grandes cabezas como la de Schopenhauer o la de Jung reconocieron que se daban con suficiente asiduidad como para intentar, al menos, explicar su existencia. Los sueños premonitorios informan acerca de la estructura del tiempo, si queremos creerlo.</p>
<p>La fenomenología del sueño muestra casos numerosos de sueños premonitorios, pero también de sueños compartidos y de de sueños inspiradores. Ello “nos sumerge en una especie de &lt;&lt;realidad poética&gt;&gt; que borra los límites habituales del mundo” (p. 28). El escéptico, sin embargo, tiene todas las armas del mundo contra esta aseveración. Por cada Cromwell que soñó, de niño, que sería rey de Inglaterra, un millar de Smiths también lo soñaron (pero, al seguir de herrero toda su vida, nunca trascendió); por cada dios que contó en sueños a Aníbal la gran estrategia de su ataque, diez generales le aconsejaron  que informara de sus planes a las tropas como si hubiera soñado, a fin de que lo tuvieran en mayor consideración. A pesar de todo, ante un cambio de paradigma (que se viene esperando desde hace cien años pero no termina de llegar) el escéptico, es decir el inamovible, suele disponer de los mejores arsenales para acabar repitiendo la hazaña de Saigón. Siruela, en la línea de Jung y de otros autores citados en el libro, propone iluminar de nuevo el mundo con una luz quizá espectral, pero perfectamente natural en cuanto que surge de nuestro yo más íntimo (y con la que los antiguos se alumbraron sin menoscabo). “Sin embargo, nuestra cultura extrovertida vuelve la espalda a este hecho y deja que la inmensa riqueza que atesora la noche se pierda en la intempestiva sombra del olvido” (p. 64).</p>
<p>El volumen consta de cinco partes, pero a donde parece querer llegar el autor es a la última. La muerte es el territorio ignoto por antonomasia, el lugar inaccesible que todos quieren explorar, eso sí, con billete de retorno. Desde los tiempos más antiguos se asocia el dormir y el morir; así, en la mitología griega el sueño (Hipnos) y la muerte (Tánato) son gemelos, subterráneos y vecinos. A todos nos ha asaltado alguna vez la inquietud ante un rostro dormido, por la semejanza del durmiente con el muerto. Y es que el sueño (como el orgasmo, <em>la petite mort</em>, léase a Julius Evola si hay valor) es, analógicamente, un “morir en vida”, algo que formaba parte de la experiencia vital de los antiguos y les facilitaba el tránsito hacia el más allá.</p>
<p style="padding-left: 30px;">“La huida constante de la muerte es la evidencia más sangrante del fracaso existencial del mundo moderno. El gran espíritu extrovertido, impulsor de las más brillantes conquistas del conocimiento, contrasta vivamente con la falta de sentido que se respira en todo el mundo que ha creado, y el punto en el que confluyen todas las coordenadas de esa dolorosa pérdida de significado se condensa en la ansiedad que produce esperar la muerte. Sin una visión espiritual de nuestra condición perecedera, la vida gira ciegamente sin eje. Los sueños del ego crecen, se multiplican, y se hacen tan grandes y ocupan tanto lugar que no dejan ningún espacio de silencio para iniciar siquiera un diálogo con nuestro ser interior, que se encuentra en la otra orilla, allí desde donde brotan los mitos, los sueños y las experiencias íntimas con la <em>otredad</em>. Vestigios de una consciencia opaca, subyacente y atemporal. Nada de lo que cuenta ésta ofrece la más mínima certidumbre empírica, sin embargo, está llena de <em>sentido</em>, pues proclama una verdad interior que sólo el alma puede entender” (p. 307).</p>
<p style="padding-left: 30px;">
<p>Las ideas expuestas en <em>El mundo bajo los párpados me </em>han resultado tan impactantes como sugerentes. Por un lado me resisto a abandonar posturas que reconozco como sencillamente cómodas. Es cierto que la ciencia deja espacios ignotos en donde no puede ofrecer respuesta. No obstante, ha acreditado su capacidad de responder a las inquietudes del ser humano, ocupando progresivamente los viejos agujeros, mientras en su expansión va creando nuevas oquedades que, temporalmente, se rellenan con otras explicaciones. Por otro lado, la necesidad emocional de encontrar un “algo más” a la realidad, que comparto, se ve satisfecha con la propuesta no dogmática ni fantástica, sino racional, flexible y equilibrada, que Jacobo Siruela desgrana en este ejercicio de erudición e ilusión que no puedo menos que recomendar a toda mente inquieta y no monolítica.</p>
<p><strong>Sobre el libro:</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0.5cm;">Elegido entre los diez mejores libros 2010 de la revista &#8220;Qué leer&#8221;.<br />
Elegido en segundo lugar en el apartado de ensayo de los mejores diez del 10, de &#8220;Babelia&#8221;, El País.<br />
En séptimo lugar en la lista de los destacados de 2010 del periódico Reforma de México.</p>
<p style="margin-bottom: 0.5cm;"><a href="http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=59" target="_blank"><em>El mundo bajo los párpados</em></a>, Jacobo Siruela, ed. Atalanta. 352 págs., 23 €</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 2262px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">
<table border="0" cellspacing="15" cellpadding="0" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td class="linkRed" width="70%" valign="top">
<p class="linkRed  style3">Imaginatio vera</p>
</td>
<td class="linkRed" valign="top">14&#215;22<br />
Cartoné<br />
352 págs<br />
23,00 euros</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Elegido entre los diez mejores libros 2010 de la revista &#8220;Qué leer&#8221;.</p>
<p>Elegido en segundo lugar en el apartado de ensayo de los mejores diez del 10, de &#8220;Babelia&#8221;, El País.</p>
<p>En séptimo lugar en la lista de los destacados de 2010 del periódico Reforma de México.</p>
</div>
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		<item>
		<title>Aritmofobia (El juego de la ciencia, de Carlo Frabetti)</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/12/21/aritmofobia-el-juego-de-la-ciencia-de-carlo-frabetti/</link>
		<comments>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/12/21/aritmofobia-el-juego-de-la-ciencia-de-carlo-frabetti/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 21 Dec 2009 19:32:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Carlo Frabetti]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua de Trapo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[Más que al coco, al monstruo de debajo de la cama o al sacamantecas, el temor más extendido entre los niños es el miedo a las matemáticas. No deja de ser sorprendente, en una civilización que debe buena parte de su desarrollo a los números, este pavor, que Carlo Frabetti denomina “aritmofobia”. Lo hace en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 		A:link { so-language: zxx } -->Más que al coco, al monstruo de debajo de la cama o al sacamantecas, el temor más extendido entre los niños es el miedo a las matemáticas. No deja de ser sorprendente, en una civilización que debe buena parte de su desarrollo a los números, este pavor, que <a href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/04/30/libros_12_espana_entre_cielo_infierno.html">Carlo Frabetti</a> denomina “aritmofobia”. Lo hace en su último libro -que en realidad no es tal, pero lo es, sin dejar de no serlo-, <em>El juego de la ciencia</em><span style="font-style: normal;">. Aunque se refiere a los adultos y, más aún, a una actitud “cultural” -en realidad, “anticultural”- de todo nuestro mundo occidental. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><img class="alignleft size-full wp-image-1373" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="Cubierta de El juego de la ciencia" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/port-00033-DE_150x216.jpg" alt="Cubierta de El juego de la ciencia" width="150" height="216" /><span style="font-style: normal;">Si bien desde que se nos enseñan los primeros rudimentos del conocimiento se insiste en la importancia del número y la vida numérica, es cierto que queda fuera del ámbito de la cultura. La cultura es el arte, la literatura, la historia, en fin, todo aquello susceptible de ser narrado o preguntado en una partida de Trivial Pursuit. Las matemáticas, entonces, quedan del lado de los saberes prácticos, como la cocina o la ebanistería, donde ocupa la cúspide.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">La ciencia matemática es un saber práctico, tanto como teórico. Se estudian matemáticas para algo, para hacer algo con ellas. La cultura, por el contrario, se obtiene por su valor intrínseco. ¿Es realmente así? Cuando de niños aprendemos las operaciones básicas, se nos señala su utilidad cotidiana; cuando, algo más creciditos, nos ilustran acerca de operaciones complejas, como cálculo probabilístico o trigonometría, la practicidad de estos conocimientos está ligada a posibilidades laborales o de progresión en los estudios. Sin embargo, no se dan razones por las que haya que conocer el esfumato de Leonardo, el monólogo de Segismundo o la fecha de las Navas de Tolosa. Son saberes valiosos, y punto.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="left"><span style="font-style: normal;">Ello lleva a una separación bastarda entre “ciencias” y “letras”, saberes mutuamente excluyentes y hostiles entre sí. El de “letras” difícilmente reconocerá la importancia de la geometría fractal -al margen de sus representaciones plásticas- y el de ciencias negará rotundamente que el conocimiento de las </span><em>Partidas</em><span style="font-style: normal;"> de Alfonso X, en cuanto código normativo extinto, sea relevante. Por eso, individuos híbridos como Frabetti, tanto en su faceta narrativa como ensayística o periodística, son tan necesarios. Esa fractura debe ser reparada, porque es absurda, porque es nociva.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="left"><span style="font-style: normal;">Ya no estamos en una época en la que un individuo pueda acaparar todo el conocimiento humano. El último de esos individuos, según dicen los anglosajones, fue John Stuart Mill -aunque en realidad este tipo de ser humano no existió jamás, ni puede existir; y, en el sentido que se le da a la expresión, seguramente fue Goethe-. Pero eso no quiere decir que podamos rechazar parcelas tan amplias, y relevantes, del mundo. Porque “quienes dan  la espalda al pensamiento cuantitativo se pierden nada menos que la posibilidad de leer el Libro del Universo, que como dijo Galileo, y antes que él Leonardo, está escrito en el lenguaje de los números” (p.58).</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="left"><span style="font-style: normal;">Aunque </span><em>El juego de la ciencia </em><span style="font-style: normal;">es un libro interesantísimo por muchos motivos, a mí me parece que la aritmofobia es el gran enemigo a batir. Y soy reo de ella, lo he sido siempre. Me resulta reconfortante que Frabetti culpe al sistema educativo, pero no puedo menos que reconocer mi porción de responsabilidad. Los animales se paralizan ante las amenazas, pero el ser humano tiene el deber de enfrentarse a sus miedos, y vencerlos. Mas, no sólo es por orgullo de especie dominante. El conocimiento de la ciencia -<a href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/04/23/libros_34_pasiones.html">y la ciencia también entra con letra</a>- está lleno de momentos satisfactorios, de misterios tan emocionantes como los que pueden saltar mientras exploramos un viejo archivo. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="left"><span style="font-style: normal;">Quizá la mayor dificultad sea idiomática: la ciencia se escribe en ese idioma tan imponente que son las matemáticas, que tan diferente es de nuestra lengua materna. Por fortuna, toda lengua puede ser aprendida -la lengua de la ciencia, como la lengua del arte, incluso la lengua de los chinos-. Y,como sabemos, otra de las asignaturas que más hostilidad produce es la del segundo idioma; como las matemáticas, se estudia poco y se aprende mal. ¿Será cierto que la causa de todo es la mala disposición del sistema educativo? </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="left"><span style="font-style: normal;">¿Que por qué </span><em>El juego de la ciencia</em><span style="font-style: normal;"> es un libro y no lo es? Esto es una tontería, es un libro, un sólido compuesto de celulosa, gomas y tinta, con páginas, cubiertas; con letras, con números. Pero tiene, también, una existencia incorpórea, digital. </span><em>El juego de la ciencia</em><span style="font-style: normal;"> es la columna que Carlo Frabetti tiene en </span><em>Público</em><span style="font-style: normal;"> (<a href="http://blogs.publico.es/ciencias/tag/frabetti">http://blogs.publico.es/ciencias/tag/frabetti</a>), cuyos primeros 44 artículos se han recogido en un volumen, aunque “No creo que tenga mucho sentido publicar recopilaciones de artículos periodísticos, y menos aún si todos proceden de un mismo periódico y están disponibles en su página web”. Para felicidad de su editor, Frabetti no sólo encuentra innecesario el libro, sino que da las indicaciones necesarias para leerlo gratis. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="left"><span style="font-style: normal;">Entonces, ¿por qué aceptó publicarlo? La respuesta la he hallado en la página 51; dijo Isaac Asimov que el dispositivo  de lectura ideal debía: consumir la menor cantidad de energía posible, activarse con la mirada, adaptarse automáticamente al ritmo de lectura del usuario, ser barato, ser fácilmente transportable, resistir los golpes, etc. Es decir, el libro. De la misma manera que es absurda la guerra de los sexos, o la guerra de las ciencias y las letras, lo es la guerra entre internet y el libro. Sólo son formas de lo mismo. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="left">
<p style="margin-bottom: 0cm;" align="left"><a href="http://www.lenguadetrapo.com/libro.php?sec=DE&amp;item=286"><em>El juego de la ciencia</em></a><span style="font-style: normal;">, Carlo Frabetti. Lengua de trapo, Madrid, 2009. 208 páginas, 18,60 €.</span></p>
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		<title>El rival de Prometeo, de Sonia Bueno y Marta Peirano (eds.)</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/05/28/rival-prometeo/</link>
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		<pubDate>Thu, 28 May 2009 08:36:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Y las máquinas heredarán la tierra. El rival de Prometeo. Sonia Bueno y Marta Peirano (eds.). Dice el más famoso proverbio chino que tomemos precauciones ante nuestros deseos, porque podríamos verlos cumplidos. Desde tiempos inmemoriales el hombre anhela construir otros hombres, al margen del placentero método natural, por medios mecánicos. Esta antología de textos, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1108" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="lang" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/lang.jpg" alt="lang" width="216" height="155" /></p>
<p><strong>Y las máquinas heredarán la tierra. <em>El rival de Prometeo</em>. Sonia Bueno y Marta Peirano (eds.).</strong></p>
<p>Dice el más famoso proverbio chino que tomemos precauciones ante nuestros deseos, porque podríamos verlos cumplidos. Desde tiempos inmemoriales el hombre anhela construir otros hombres, al margen del placentero método natural, por medios mecánicos. Esta antología de textos, que recoge ensayos, artículos y relatos, recorre el camino que el hombre ha seguido desde el siglo XVII para irse aproximando, lo más posible, a la consecución de un doble artificial, con todas las implicaciones filosóficas que ello tiene. No obstante, antes de ese momento el autómata ya figuraba entre los intereses del ser humano. Homero ya los mencionaba al servicio de Hefesto en La Ilíada; egipcios y griegos mostraron gran interés en las aves autómatas; y el tesoro de Chin Shih Hueng Ti contenía una orquesta mecánica. Ambas tradiciones, la aviaria y la musical, se sintetizarían en el gran constructor de autómatas del siglo XVIII, Vaucanson (págs. 39 a 53). Pueden encontrar una breve historia de los autómatas <a href="http://automata.cps.unizar.es/Historia/Webs/automatas_en_la_historia.htm">aquí</a>.</p>
<p>Las  editoras ponen el punto de partida en la doctrina cartesiana de la  naturaleza dual del hombre: el cuerpo es una máquina perfecta,  asimilable a un reloj o a un sistema hidráulico, pero animada por el  principio divino del alma. Aunque no es cierto que el origen de la  concepción mecanicista de la naturaleza humana esté en <strong>Descartes </strong>(págs.  31 a 38), la buena actitud propagandística del pensador francés, y su  escasa inclinación a consignar el origen de sus ideas hacen de su obra  foco recurrente de inspiración y referencia. A partir de ahí triunfó en  la cultura popular el mito del relojero excelente que vende su alma al  diablo para poder dotar de humanidad a su androide. El profesor  Spalanzani de <strong>E. T. A. Hoffmann</strong> (págs. 151 a 207) es un claro ejemplo, pero muchos otros autores lo utilizaron, como <strong>Julio Verne</strong> –<em>El maestro Zacarías–</em>, <strong>Nathaniel Hawthorne –</strong><em>El artista de lo bello</em>–, o <strong>Herman Melville</strong> –<em>El campanario</em>–.  Por supuesto, no hay pecado mayor que la soberbia de equipararse a la  divinidad y el precio es altísimo, como bien pudo comprobar Víctor  Frankenstein. De todos modos, se necesita del concurso del Mal para  alcanzar a Dios. El hombre, por ahora, es capaz de diseñar máquinas  maravillosas, pero el aliento vital corresponde dárselo a seres  sobrehumanos. Esto cambiará, aunque a <strong>La Mettrie</strong> (págs. 57 a 66) en su tiempo nadie le hizo caso.</p>
<p>El  “pato cagón” (págs. 50 a 53) y el Turco (págs. 75 a 144) son sin duda  los autómatas –no de ficción– más célebres de la historia. Y ambos  resultaron ser un fraude. Aunque el Pato de Vaucanson era una máquina  formidable, que graznaba, caminaba, aleteaba y comía, su principal  reclamo –y motivo del chiste de <strong>Voltaire</strong>– era su  capacidad para digerir y defecar el maíz que comía. Y el Turco era una  figura capaz de vencer al ajedrez a casi cualquiera, incluyendo a <strong>Napoleón</strong> (págs. 123 a 126, con descripción de la partida) y a <strong>Benjamin Franklin</strong> –aunque el “Pequeño Cabrón” era un regular ajedrecista–. El Pato engañó a muchos, el Turco a bastantes menos, entre ellos a <strong>Edgar Allan Poe</strong>,  que escribió un largo artículo refutando la autenticidad de las  cualidades ajedrecísticas del muñeco (págs. 77 a 120). Y es que no es lo  mismo cagar que pensar, si bien la mayor parte de los pensamientos no  difieran mucho de&#8230; Del mismo modo que Vaucanson rellenaba el depósito  fecal de su pato para que diera la impresión a los espectadores de un  proceso digestivo, el Turco era operado, de manera ingeniosa, por  algunos de los campeones de ajedrez de la época. Las tripas del Turco  eran como el banquillo del Chelsea: el lugar que los mejores querían  ocupar, pese al poco lustre.</p>
<p>Aunque  hubo autómatas reales entonces, y maravillosos, como los músicos de  Vaucanson, los más célebres –y ambiciosos– eran pura prestidigitación. Y  es que las capacidades mecánicas del hombre no estaban del todo  desarrolladas. El rechazo al Turco, además, era sintomático. El  pensamiento se consideraba una exclusiva capacidad humana, y los  autómatas sólo podían aspirar a simular una apariencia física de  hombres. Pero poco a poco cunde la idea de que el ser humano no es más  que una máquina hipercompleja, resultado de una larguísima evolución  biológica –más las transformaciones sobrevenidas durante la vida, que no  son poca cosa–. Ello hace rebrotar el temor existencial que provocaba  el Turco: si somos mera maquinaria, por muy compleja que esta sea,  ¿dónde queda el libre albedrío y la singularidad del hombre?</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="El rival de Prometeo, editorial Impedimenta" src="http://i56.tinypic.com/oeag4.jpg" alt="" width="150" height="230" />En el autómata, entonces, el hombre ve a su doble, ve “lo siniestro” (<strong>Freud</strong>,  págs. 209 a 233). Se ve a sí mismo, o como se querría ver. Si el  autómata no es equiparable, bien sea por su falta de autoconsciencia, de  inteligencia o de calor, se refuerza “la complejidad e inaccesibilidad  de nuestra propia condición”. Pero si el robot es igual a nosotros, si  cumple con el test de <strong>Turing </strong>(págs. 317 a 361), se  desencadena un problema existencial: en nada somos distintos de un  cristal, de una ameba, de un reptil. De mi teléfono móvil. No somos algo  único en la naturaleza. El ensayo toma aquí un rumbo nuevo pero  igualmente siniestro: el camino hacia la máquina no ya igual que el  hombre, sino mejor. El camino hacia la Singularidad (págs. 363 a 392),  la pérdida total del control del hombre. El hombre, a pesar de todo,  confía en dominar a criaturas más poderosas y perfectas que él, que sólo  es frágil carne; ese es el intento de <strong>Isaac Asimov</strong> con sus Leyes de la Robótica (pag. 315). Sin embargo, demuestra <strong>Vinge</strong> que, con la aparición de la máquina autoconsciente entramos en un  estado de Singularidad que escapa a nuestro control, así como a toda  previsibilidad. Parece entonces que, el día en que nuestros sueños se  cumplan, devendrán en pesadilla.</p>
<p><a href="http://www.impedimenta.es/ficha.php?id=34" target="_blank">Ficha del libro en Impedimenta</a></p>
<p><a title="Y las máquinas heredarán la tierra" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/05/28/libros_50_maquinas_heredaran_tierra.html" target="_blank">Publicado originalmente en El Confidencial</a>
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		<title>No siempre lo peor es cierto; La torre de Hanói; Órbita</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Apr 2009 10:41:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El T-rex que viene]]></category>
		<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[historia de España]]></category>
		<category><![CDATA[literatura de vanguardia]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[revisionismo histórico]]></category>

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		<description><![CDATA[Ni malos ni buenos, sino todo lo contrario. No siempre lo peor es cierto. Carmen Iglesias “Los hombres hacen la historia en unas condiciones, pero la hacen ellos mismos”. En esta frase se condensa buena parte del sentido de este volumen grueso pero no denso -en el sentido de intragable-. Hace referencia a la voluntad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong></p>
<p><strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><img class="alignleft size-full wp-image-1071" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="lastima" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/lastima.jpg" alt="lastima" width="150" height="193" />Ni malos ni buenos, sino todo lo contrario. <em>No siempre lo peor es cierto. </em>Carmen Iglesias</span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD">“Los hombres hacen la historia en unas condiciones, pero la hacen ellos mismos”. En esta frase se condensa buena parte del sentido de este volumen grueso pero no denso -en el sentido de intragable-. Hace referencia a la voluntad del hombre, porque la historia se compone de pequeñas elecciones que se hacen cada día a muy diversos niveles, y que determinan el futuro&#8230;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><strong>La realidad matemática. <em>La torre de Hanói</em>. Carlo Frabetti</strong></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><strong></strong></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD">La torre de Hanói es un juego basado en las matemáticas, que además da nombre a la última novela de <strong>Carlo Frabetti</strong>, autor italiano afincado en España y que escribe en castellano habitualmente. Siendo miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, no es extraño que las matemáticas formen una parte importante de su experiencia literaria. Y en este volumen toman cuerpo de novela&#8230;</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD">Literatura de hoy. <em>Órbita</em>. Miguel Serrano.</span></strong></span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD">En el libro de relatos del zaragozano <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Miguel Serrano</strong>, <em>Órbita</em>, las matemáticas aparecen casi en cada relato, bien la reformulación del álgebra, bien la prueba de la existencia de Dios -demostrable mediante las matrículas de los automóviles de un pueblo oscense y una clave dada por la Ministra de Agricultura durante un sueño-; y si no es la ciencia o sus manifestaciones -un contestador automático o la consistencia eléctrica del alma-&#8230;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-family: Tahoma;" lang="ES-TRAD"><a title="España, entre el cielo y el infierno" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/04/30/libros_12_espana_entre_cielo_infierno.html" target="_blank">Seguir leyendo en El Confidencial&#8230;</a></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
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		<title>El número con letra entra</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/04/23/el-numero-con-letra-entra/</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Apr 2009 08:43:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura científica]]></category>
		<category><![CDATA[literatura italiana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[  Letra y número, espartanos rebanando atenienses, comunistas envenenando con isótopos a capitalistas. Enemigos naturales. O quizá no tanto, al menos en el caso de letras y números, de literatura y matemáticas. Contra la separación aparentemente natural entre “ciencias” y “letras”, esa dispersión que todos hemos sufrido en algún momento de nuestra vida educativa, resulta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"><a href="http://opengardensblog.futuretext.com/archives/number.JPG"><img class="alignleft size-full wp-image-1065" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="number" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/number.jpg" alt="number" width="145" height="113" /></a>Letra y número, espartanos rebanando atenienses, comunistas envenenando con isótopos a capitalistas. Enemigos naturales. O quizá no tanto, al menos en el caso de letras y números, de literatura y matemáticas. Contra la separación aparentemente natural entre “ciencias” y “letras”, esa dispersión que todos hemos sufrido en algún momento de nuestra vida educativa, resulta que es artificial y hasta dañina. Últimamente el maridaje entre literatura y matemáticas vive un momento editorial dulce, tanto en publicaciones como en lectores&#8230;</span></p>
<p><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"><strong>El corazón de los números. <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Pasiones, piojos, dioses… y matemáticas</em>. Antonio J. Durán.</strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;">Entre las mejores obras de divulgación matemática de este año está sin duda esta de <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Antonio J. Durán</strong>, catedrático de Análisis Matemático y ejemplo de hombre de ciencias volcado en las letras (es autor, además, de dos novelas, y también ha escrito sobre las matemáticas en tiempos de Cervantes). En este entretenido ensayo, en el que realiza una buena gestión del misterio y del interés, pretende “alumbrar las más recónditas profundidades de la naturaleza humana” mediante la “la confrontación del mundo abstracto de las matemáticas y el mundo emocional donde moran quienes las descubren”. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"><strong>Las matemáticas como inspiración poética. <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La soledad de los números primos</em>. Paolo Giordano.<span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"></span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;">El debutante Paolo Giordano es otro de esos científicos –es físico– metidos a hacer literatura, y no hay que pasar muchas páginas de su exitosa novela para darse cuenta de que lo hace más que bien. En él, la ciencia no aparece en la forma de citas eruditas, sino como sustancia poética del relato. Para ello ha elegido el caso de los primos gemelos, números primos adyacentes pero no contiguos, pues entre ellos se ubica un número par. Este caso matemático obra como excelente metáfora de la soledad entre los seres humanos&#8230;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"><a title="El número con letra entra" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/04/23/libros_34_pasiones.html" target="_blank">Sigue leyendo en El Confidencial&#8230;</a></span></p>
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		<title>Por qué usted querría cumplir años hoy. 12 de febrero, la fecha de los grandes hombres</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/02/12/por-que-usted-querria-cumplir-anos-hoy-12-de-febrero-la-fecha-de-los-grandes-hombres/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Feb 2009 11:05:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Abraham Lincoln]]></category>
		<category><![CDATA[Charles Darwin]]></category>
		<category><![CDATA[Immanuel Kant]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Cortázar]]></category>
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		<description><![CDATA[Si usted nació tal día como hoy, reciba una doble enhorabuena, porque esta es una fecha muy especial. No todos los días se cumplen dos siglos del nacimiento de dos de los seres humanos más influyentes de la historia: Abraham Lincoln y Charles Darwin. Como escribía David R. Contosta en Rebel Giants, ambos personajes mantuvieron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; line-height: normal; text-align: justify;"><span style="font-size: 10pt; font-family: 'Arial','sans-serif';"><img class="alignleft size-medium wp-image-778" title="darwinboyfriend" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/darwin_sexual_caricature-245x300.gif" alt="darwinboyfriend" width="216" height="260" />Si usted nació tal día como hoy, reciba una doble enhorabuena, porque esta es una fecha muy especial. No todos los días se cumplen dos siglos del nacimiento de dos de los seres humanos más influyentes de la historia: <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Abraham Lincoln</strong> y <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Charles Darwin</strong>. Como escribía <a href="http://www.newsweek.com/id/143742">David R. Contosta en<em style="mso-bidi-font-style: normal;"> Rebel Giants</em></a>, ambos personajes mantuvieron vidas paralelas, mucho más próximas de lo que jamás habría soñado <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Plutarco</strong>. Fueron gigantes que se enfrentaron a algunos de los prejuicios más fuertemente asentados de su tiempo, y resultaron vencedores. En el campo de la política, Lincoln estableció definitivamente la unidad de los Estados Unidos al tiempo que ponía en práctica algunos aspectos de la Constitución que eran meras palabras sobre el papel. Darwin, por su parte, elaboró una teoría que no sólo iba a transformar el campo de la biología, sino que ejercería una poderosa influencia en la filosofía, la política, la teología y muchos otros ámbitos del saber humano contemporáneo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; line-height: normal; text-align: justify;"><span style="font-size: 10pt; font-family: 'Arial','sans-serif';"><a title="Por qué usted querría cumplir años hoy" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/02/12/sociedad_8_usted_querria_cumplir.html" target="_blank">Seguir leyendo en El Confidencial&#8230;</a></span></p>
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		<title>Antoni Casas Ros: El teorema de Almodóvar</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2008/05/03/antoni-casas-ros-el-teorema-de-almodovar/</link>
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		<pubDate>Sat, 03 May 2008 00:02:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Antoni Casas Ros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura francesa]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[El mito del filósofo autodidacta, muy en boga en determinadas estapas de la historia del pensamiento –Abentofail, Gracián, incluso Defoe–, consiste en considerar al hombre como un compendio de todas las potencias, que no necesita de la sociedad para desarrollarlas pues encuentra los estímulos en su propio espíritu. Algo de esto hay en El teorema [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El mito del filósofo autodidacta, muy en boga en determinadas estapas de la historia del pensamiento –<strong>Abentofail</strong>, <strong>Gracián</strong>, incluso <strong>Defoe</strong>–, consiste en considerar al hombre como un compendio de todas las potencias, que no necesita de la sociedad para desarrollarlas pues encuentra los estímulos en su propio espíritu. Algo de esto hay en <em>El teorema de Almodóvar</em>, una breve y condensada novela que reflexiona sobre el individuo aislado, privado de –casi– todo contacto social. Mas, no por haberse extraviado en una isla desierta, sino por haber sufrido un accidente de tráfico que le causa terribles cicatrices en el rostro y una apariencia monstruosa. Pero <a href="http://casasros.blogspot.com/" target="blank"><strong><span style="text-decoration: underline;">Casas Ros</span></strong></a> –personaje, narrador y autor– no desarrolla, como Hayy Ibn Yaqzan, los condicionamientos, conocimientos y actitudes de la sociedad, sino una personalidad propia, “desplazada”, pues “Cuando no se puede hacer nada, la sensibilidad se exacerba y abre otro territorio, menos preciso” (p. 15).</p>
<p><a title="Antoni Casas Ros: El teorema de Almodóvar" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/05/03/60_teorema_almodovar.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a>
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		<title>Ole Martin Hoystad: Historia del corazón</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2008/04/19/ole-martin-hoystad-historia-del-corazon/</link>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2008 23:17:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ole Martin Hoystad]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Los labios no son los únicos músculos –orbicular, risorio, cigomático…– relacionados con los sentimientos; de hecho, la cultura europea identifica a uno como fuente de toda emoción: el corazón. O así era hasta que la neurociencia comenzó a identificar las partes del cerebro responsables de las emociones. Seguir leyendo&#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los labios no son los únicos músculos –orbicular, risorio, cigomático…– relacionados con los sentimientos; de hecho, la cultura europea identifica a uno como fuente de toda emoción: el corazón. O así era hasta que la neurociencia comenzó a identificar las partes del cerebro responsables de las emociones.</p>
<p><a title="Ole Martin Hoystad: Historia del corazón" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/04/19/55_besos_corazones.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a>
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		<title>Álvaro Pombo: Vida de San Francisco de Asís</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jun 2007 00:22:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Pombo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[De la mano de una de las mejores plumas de nuestras letras, el santo más new age cobra una nueva dimensión, más allá de la religión. Para ello, el último Premio Planeta relata la vida del fundador de la Orden Franciscana desde la perspectiva de los primeros seguidores del santo que, como aquellos elegidos por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De la mano de una de las mejores plumas de nuestras letras, el santo más <em>new age </em>cobra una nueva dimensión, más allá de la religión. Para ello, el último Premio Planeta relata la vida del fundador de la Orden Franciscana desde la perspectiva de los primeros seguidores del santo que, como aquellos elegidos por <strong>Jesucristo</strong>, eran pobres e indoctos y de humide condición. Subtitulado “Una paráfrasis”, ofrece ciertamente una visión nítida y didáctica del renovador y todavía fresco mensaje franciscano, pertinente en el siglo XIII como en el XXI, o quizá más ahora. La importancia de su mensaje, que ha suscitado el interés de numerosos intelectuales -tambien fue biografiado por <strong>Chesterton</strong>-, radica en su profunda humanidad, así como en su naturalismo y su fidelidad al mensaje original de Cristo.</p>
<p><a title="Álvaro Pombo: Vida de San Francisco de Asís" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2007/06/16/50_variados.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a>
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		<title>Marion Copeland: Cucaracha</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jun 2007 00:20:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Marion Copeland]]></category>

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		<description><![CDATA[Seguramente, todos hemos despachurrado alguna sin sentir el menor remordimiento, es más, con alivio, con satisfacción. No en vano, la cucaracha es “la menos querida de las criaturas” (p. 73), que simboliza lo insalubre y lo ruin. Es por ello que “la cucaracha es el animal emblemático para todos los humanos que se ven relegados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Seguramente, todos hemos despachurrado alguna sin sentir el menor remordimiento, es más, con alivio, con satisfacción. No en vano, la cucaracha es “la menos querida de las criaturas” (p. 73), que simboliza lo insalubre y lo ruin. Es por ello que “la cucaracha es el animal emblemático para todos los humanos que se ven relegados a las catacumbas de la cultura pese a sus cualidades y virtudes” (p. 106), de ahí que los artistas y poetas <em>underground</em> la tengan como musa y modelo. Aunque este es un punto de vista netamente occidental, donde representa la lucha por superar la situación de naturaleza, la incivilización, la suciedad y la enfermedad, otras culturas no lo hacen así, como las culturas mesoamericanas, que asociaban a las curianas con el maíz sagrado y la consideraban “uno de los poderes primordiales del ciclo natural” (p. 153).</p>
<p><a title="Marion Copeland: Cucaracha" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2007/06/16/46_cucarachas.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a>
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		<title>Daniel Kehlmann: La medición del mundo</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Nov 2006 21:42:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Alexander von Humboldt]]></category>
		<category><![CDATA[Carl Friedrich Gauss]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Kehlmann]]></category>
		<category><![CDATA[literatura alemana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[El ser humano siempre ha llenado su espacio de señales orientadoras, bien en un plano físico -miliarios, cruceros, balizas-, bien en un plano intelectual -mitos, sistemas filosóficos o teológicos, teorías científicas-. La medición y ordenación del mundo es una de las grandes labores de la humanidad, no sólo en cuanto a su practicidad sino, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="line-height: 17px;">El ser humano siempre ha llenado su espacio de señales orientadoras, bien en un plano físico -miliarios, cruceros, balizas-, bien en un plano intelectual -mitos, sistemas filosóficos o teológicos, teorías científicas-. La medición y ordenación del mundo es una de las grandes labores de la humanidad, no sólo en cuanto a su practicidad sino, y especialmente, en cuanto a su valor intrínseco existencial. Si es difícil responder a la pregunta por nuestro origen, e imposible decir a dónde vamos, no lo es situarnos en el presente espacio-temporal y saber, al menos, dónde estamos. La <a href="http://www.uam.es/otros/fcmatematicas/Trabajos/Bartolome/FCMcarto.pdf" target="parent"><strong><span style="text-decoration: underline;">historia de la cartografía</span></strong></a> desde los grabados de Bedolina hasta la moderna fotografía por satélite es una suerte de cómic que ilustra el desarrollo del conocimiento humano y sus herramientas de medición e interpretación del mundo. Y en esta historia, <strong>Gauss</strong> y <strong> Alexander von Humboldt</strong> suponen un capítulo de relieve tanto por sus aportaciones como, especialmente, por su condición paradigmática en cuanto ‘mundimensores’.</p>
<p>La novela de <strong>Daniel Kehlmann</strong> -y que viene avalada nada menos que por el exigente <strong>Reich-Ranicki</strong> &#8211; toma a estos dos personajes históricos como motivo para un cuadro en el que se representa el contexto intelectual de la Alemania ilustrada. La ciencia se encontraba entonces en un momento de ingenuidad infantil, con todo el campo por explorar –todo el mundo por medir- y sin haber sufrido aún desengaño serio alguno. Ambos presentan la insaciable necesidad de medir su entorno, porque “medir era un arte excelso, insistió Humboldt. Una responsabilidad que no podía tomarse a la ligera”, y “había que ser tan preciso que la irrupción del desorden fuera imposible”. De la misma manera que los mitos hablaban de la victoria de la razón -los dioses- sobre el caos -los titanes-, la medición del mundo desterraba para siempre el desorden de la ignorancia. Así, desconocer la medida exacta de un campo o la altura precisa de una colina “ofendía la razón y le inquietaba”, porque “las cifras desterraban el desorden, incluso el de la fiebre”.</p>
<p>Ahora bien, más allá de la narración del célebre viaje de Humboldt o de las explicaciones matemáticas de Gauss, Kehlmann profundiza en los personajes, en los que destaca su humanidad. Su composición psicológica es magnífica, y bastan las siete páginas del primer capítulo para presentar y definir a los personajes por sus actitudes, creando un nudo emocional que difícilmente se va a romper hasta que acabe la novela –quizá ni entonces se rompa-. <em>La medición del mundo</em> es también la peripecia humana de estos dos genios, de su inevitable y descorazonadora separación de la sociedad humana, bien porque van unos pasos por delante, o bien porque, en su ancianidad, se han quedado rezagados.</p>
<p>El lector padece con Gauss cuando empieza a advertir que la velocidad de su pensamiento se va ajustando a la de sus interlocutores, o con Humboldt cuando sus ayudantes miden con mayor precisión el Volga. Kehlmann emplea con solvencia las iteraciones para marcar el contraste entre el vigor juvenil de sus personajes y su provecta decadencia; buen ejemplo de ello es el paralelismo de Humbold con el avezado -y decrépito- montañero don <strong>Ramón Espelde</strong>, durante el ascenso al Jorullo y el posterior de la montaña magnética de Visokaya Gora.</p>
<p>Las vidas de ambos, físicamente opuestas, intelectuamente tan próximas; uno nómada, no ha vivido en el mismo lugar más de seis meses seguidos, el otro decididamente sedentario, cualquier viaje le afecta a la salud. Pero ambos afrontan los problemas del conocimiento desde la libertad, descargados de axiomas y prejuicios. Ambos revolucionaron la ciencia de su época, aunque a un alto precio porque “lo habían traído al mundo con una inteligencia que imposibilitaba casi cualquier rasgo de humanidad, a una época en la que cualquier empresa era difícil, esforzada y sucia. Habían querido burlarse de él” (p. 71).</p>
<p>Resulta fascinante leer los nombres de Gauss y Humboldt -ambos-, como los de <strong>Kant</strong>, <strong>Goethe</strong>, <strong>Daguerre</strong>, <strong>Franklin</strong>, <strong>La Mettrie</strong>, <strong>Herder</strong> o <strong>Schiller</strong>, en un entorno vivo, más allá de la fría tumba de las historias de la filosofía y de la ciencia. Aunque los personajes no siempre se topen con ellos, sabemos que están ahí, en alguna parte y que, tomando el carruaje más próximo, podríamos solicitar una visita de cortesía.</p>
<p>Esta novela, de aparente sencillez, es extraordinariamente profunda y compleja, desde su estructura al diseño de los personajes. Pese a algunos despistes, como la ilocalizable fuente árabe de Aranjuez, el autor profesa un gran respecto por el lector, no sólo por la cuidada documentación, también por los juegos intelectuales que propone y que provocan la tentación de cotejar la narración con biografías.</p>
<p>Kehlmann ha seguido con fidelidad el dictado aristotélico de divertir deleitando, tramando realidad y ficción con suma habilidad, haciendo que lo difícil parezca fácil y mezcla con maestría, sin costuras visibles, la biografía con el relato de viajes, el ensayo, el relato intelectual, la oratoria o el realismo mágico -pese al cientificismo de los protagonistas, creen en fantasmas y Humboldt asegura haberse criado entre ellos y saber cómo tratarlos-, añadiendo gotas de ironía metaliteraria -habla de “novelas que acababan convirtiéndose en cuentos mendaces porque el autor vinculaba sus patrañas a los nombres de personajes históricos” (p. 163)- todo ello sazonado con una deliciosa melancolía y escrito con un estilo tan vivo y claro que genera en el lector imágenes nítidas, como si estuviera viendo una película. Y sin olvidar los diálogos, justamente alabados. Una lectura deliciosa, en definitiva.</p>
<p></span></p>
<p><a title="Daniel Kehlmann: La medición del mundo" href="http://www.elconfidencial.com/ocio/indice.asp?id=3507" target="_blank">Ir a El confidencial&#8230;</a>
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