Nov 28
Paprika, de Tsutsui Yasutaka
Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: anime y manga, Atalanta, ciencia-ficción, literatura japonesa, sueños, Yasutaka Tsutsui28/11/2011
El otoño vivifica. Será el frío, el aroma de leña en los Austrias, o la luz madura y melancólica, calmada su agresividad estival. También se ha de condensar el ansia en días más cortos, más intensos. Enseguida vendrán las prisas, los agobios, la desesperación; por suerte, eso encoge. Ojos de niño se abren despacio.

Junto con Miyazaki Hayao, fue Kon Satoshi el director de animación más célebre que ha dado Japón al mundo (con permiso de otros grandes como Otomo Katsuhiro o Anno Hideaki o Takahata Isao); el mundo ficcional de Kon es mucho más amargo y duro que el de Miyazaki y su público más adulto. A Kon le interesaba ese fondo oscuro de la mente humana, ignoto y muchas veces tenebroso, y si en Perfect Blue abordaba el asunto de la personalidad doble, en Paranoia Agent el sentimiento de culpa reprimido. Así pues, no es raro que fijara su atención en Paprika, la esperadísima (al menos por mí) novela de Tsutsui Yasutaka sensei. La adaptación de Kon ha tenido una aceptable difusión en Occidente, la mejor del malogrado director nipón, mas quienes se conformen con visionar la (por otra parte excelente) versión animada, se van a perder una experiencia fantástica, en todos los sentidos del término.
Sin embargo, Paprika, la novela, ha de enfrentarse a varios obstáculos para ser reconocida en su justa medida por el público español. Uno de ellos, arriba mencionado, es la existencia de una versión animada (para 2013 se espera otra adaptación cinematográfica, a cargo del desacreditado Wolfgang Petersen). Ello implica una sospecha de infantilismo, totalmente infundada, que acompaña habitualmente a la ficción popular japonesa: en occidente, y en España con mayor intensidad, los dibujos animados y los tebeos (y más si son nipones) son cosa de niños, adolescentes y peterpanes y frikis. Sin contar con que potenciales lectores, perezosos, renuncien a la lectura de la obra madre y se conformen con la adaptación. Pero Paprika no tiene nada de superficial. Maneja temas profundos y complejos, tanto como la dimensión psicológica humana, y la escritura de Tsutsui-sensei tampoco es precisamente infantil. Por otro lado, Kon realizó una adaptación libre, y de la novela apenas conserva el título, una síntesis general y la abrumadora belleza de la protagonista. Todo lo demás pertenece al mundo ficcional de Kon.
Tampoco la ciencia ficción ha contado, tradicionalmente (aunque eso está cambiando), con un reconocimiento cultural apropiado. Se la tiene por un género menor y juvenil, pues el grueso de su producción lo es sin la menor duda. No se mide por el contrario por el mismo rasero a la novela romántica, que sufre similar engordamiento por obras mediocres, pero cuando una novela romántica “seria” hace su aparición se la mantiene a salvo de sus parientes tontos y recibe un juicio ajustado a sus méritos (hablando en general, claro). A pesar de todo, la ciencia ficción ha demostrado ser capaz de enfrentar algunos de los conflictos contemporáneos más graves, especialmente los relacionados con la sobretecnologización de las sociedades industriales desarrolladas, pero también otros de índole política o psicológica. Es cierto que no suelen ser novelas de personajes (en las que la acción depende de los procesos internos de ellos, y no al revés) pero eso es una característica, no un defecto. Los personajes no son ajenos al entorno, lo afrontan y sufren y resultan afectados por él.
Paprika no es pues una obra sencilla y superficial, sino compleja y profunda, y la índole de esta complejidad será otro de los obstáculos de su camino, pues los temas que trata resultan ajenos al lector profundo convencional: son asuntos científicos y psíquicos, cuando éste se encuentra más habituado a asuntos filosóficos y emocionales, es decir, “de letras”. Pero ya sabemos que la distinción artificial entre “ciencias” y “letras” está muerta. Dejémosla pudrirse. Si bien la raíz de la crítica de Paprika es sociológica, es la complejidad y el (des)conocimiento de la psique humana el motor y principal reclamo de la novela.
No he ofrecido una sinopsis de la obra. Los doctores Chiba Atsuko y Tokita Kosaku del Instituto de Investigación Psiquiátrica de Tokio están a punto de recibir el Premio Nobel por sus investigaciones de los trastornos mentales mediante una nueva tecnología que permite penetrar en los sueños de los pacientes, verlos, grabarlos e, incluso, intervenir en ellos. Sin embargo, el problema científico no es el único al que se enfrentan. Cuando les roban el nuevo y poderosísimo dispositivo conocido como Mini DC salen a la luz los movimientos conspiratorios con los que algunos miembros del Instituto tratan de hacerse con su control, para desde ahí imponer su visión de la ciencia y del mundo. La doble vida de la doctora Chiba, que actúa como detective de los sueños bajo la identidad secreta de Paprika, complica la situación, pues dichas actividades son delictivas y puede ser denunciada en cualquier momento (con lo que debería renunciar tanto al Premio como a sus investigaciones), pero al mismo tiempo su relación con varios personajes poderosos, a los que curó como detective de los sueños, la protegen de cualquier ataque de este tipo y resultarán claves en el enfrentamiento con el villano doctor Inui.
La raíz sociológica a la que me refería es esa confrontación de las dos cosmovisiones opuestas (con sus respectivas concepciones de la ciencia) de Chiba y Inui. Aunque su origen sea filosófico, se manifiesta de varias formas. No sólo las consabidas envidia, codicia, ambición y ansia de poder, que saltan rápidamente del individuo al grupo, primero la pareja (Inui y Osanai), luego el caudillo y sus acólitos, por fin el líder y la masa; también se manifiesta en el duelo sexual entre la doctora Chiba y el doctor Inui, con sus amantes en la trinchera, y no menos claramente en la dimensión onírica, en los sueños. Porque esta es una novela que se desenvuelve a medias en la vigilia, a medias en el sueño y, al fin, en un territorio mixto. He ahí el origen de su encanto, aunque el thriller y el erotismo cumplan su parte admirablemente.
En el mundo de los sueños, que lejos de la realidad compartimentada individualmente que imaginamos resulta ser un cosmos amplio, compartido, Chiba e Inui se comportan de maneras divergentes. Paprika lo recorre con curiosidad y generosidad, y como premio recibe satisfacciones no sólo cognitivas. El doctor Inui, en cambio, persigue en todo momento su satisfacción individual. El sueño, nuestro talón de Aquiles como bien sabía Freddy Krueger (porque ahí aún somos niños de teta), es explotado por Inui y sus seguidores para sus bellaquerías, y a través de él su maldad se desborda revelando la endeblez del mundo de la vigila, meramente subsidiario del onírico.
Y finalmente, el desenlace godzillesco, muy japonés. Ah, y salen sociedades secretas.
































¿Quién no ha oído hablar de Kanikosen, la breve novela de Kobayashi Takiji, a estas alturas? Se trata de uno de los más recientes fenómenos editoriales, que partiendo del Japón ha alcanzado ya buena parte del mundo. ¿Por qué ha vuelto a la palestra esta novelita, bastante corriente, de principios del siglo XX (1929)? Un retorno completamente inesperado, tras años de olvido. Shinchosha, una de las más potentes editoriales niponas, planeó reeditar esta obra en 2008 coincidiendo con el septuagésimo quinto aniversario de la muerte del autor, con una tirada de 7000 ejemplares; a día de hoy ha vendido más de 1600000 ejemplares, adaptaciones cinematográfica y manga mediante, y el “Fenómeno Kanikosen” no se ha detenido en el País del Sol Naciente, sino que continúa más allá de sus fronteras.

“La noticia de que acaba de despegar un cohete espacial con destino a Marte llena de zozobra al creador del programa radiofónico “Hola, marciano”. El temor de que la realidad pueda desbaratar su universo de ficción y poner en peligro el modesto modus vivendi con el que intenta asegurar la estabilidad de su familia, hace tambalear el precario equilibrio del periodista, cada vez más paralizado por la angustia y la pérdida de la autoestima.
Las antologías de cuentos japoneses populares son relativamente abundantes en España. Hace años, este libropésico pudo calmar su ansia devoradora con las Tradiciones japonesas de Fukuyiro Wakatsuki -que aún se puede encontrar en librerías de viejo, dada la popularidad de la colección en que fue editado, Austral-. Este escueto librillo recogía de forma sistemática leyendas y mitos de la tradición nipona, agrupados bajo epígrafes consagrados a algunos elementos fundamentales de su cultura: el Sol, la Luna, la montaña, el mar, la nieve, la flor, el arroz, la seda, el ciruelo y el crisantemo. A mi modo de ver aún está por superar, al menos entre las que conozco. Recientemente, Alianza ha publicado también El espíritu del agua, una bella selección de cuentos, que dejan de lado la mitología y cosmogonía japonesas para consagrarse a la voz que susurraba alrededor del fuego, en las aldeas de todos los siglos. La traductora y editora, Kayoko Takagi, ha seleccionado treinta y dos cuentos como los más representativos, con una escritura clara y limpia, con el sabor de la tradición aunque con algunos arreglos que los acercan al lector occidental contemporáneo. Además, a cada cuento le precede una breve introducción que lo sitúa, histórica y etnográficamente.
En relatos como ese, o El día de la pérdida, Líneas aéreas Gorohachi y especialmente en La ley del talión, Tsutsui muestra que no sólo es un maestro de la ciencia ficción; estos relatos funcionan con un mecanismo lógico inflexible, que los conduce de la risa al horror, mientras el narrador se mantiene muchas veces impasible, o como mucho sardónico. Son relatos que dejan una impresión duradera, no sólo por la dureza de sus imágenes, sino especialmente por esa atmósfera kafkiana, claustrofóbica. Pero el componente fantástico, que tan célebre ha hecho a Tsutsui, no falta en el volumen. Maneras de morir es un relato intermedio entre los anteriores y los de pura ciencia ficción –El peor contacto posible, Articulaciones–, pues es la presencia de un oni, demonio asesino de la mitología japonesa, el desencadenante del horror en una oficina. Mi consejo es que no se pierdan esta obra maestra contemporánea, bajo ningún concepto.
No es muy conocido el nombre de Yasutaka Tsutsui en España, excepto para devotos del anime –les sonará Paprika, llevada al cine por Satoshi Kon–, pero es difícil resistirse a un libro con un título como Hombres salmonela en el planeta Porno. El relato que presta su nombre a la recopilación es una pieza de pura ciencia ficción, con el sello que imprime Tsutsui a sus escritos y que lo distinguen de muchos otros autores del género: el humor. El relato cuenta el viaje de un grupo de científicos hacia una ciudad de hippies alienígenas en la esperanza de que puedan ayudarles con un problema que ha surgido en su grupo: la única mujer de la expedición fue violada por una planta –una imagen típicamente hentai– y se encuentra embarazada. Pero el planeta Porno está lleno de peligros: animales y plantas están totalmente desinhibidos sexualmente –¿qué autor nipón puede obviar el tema de la represión sexual?–, y no distinguen entre sexos ni especies a la hora de satisfacer su pasión erótica.