Nov 28

Paprika, de Tsutsui Yasutaka

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , , , 28/11/2011

El otoño vivifica. Será el frío, el aroma de leña en los Austrias, o la luz madura y melancólica, calmada su agresividad estival. También se ha de condensar el ansia en días más cortos, más intensos. Enseguida vendrán las prisas, los agobios, la desesperación; por suerte, eso encoge. Ojos de niño se abren despacio.

Junto con Miyazaki Hayao, fue Kon Satoshi el director de animación más célebre que ha dado Japón al mundo (con permiso de otros grandes como Otomo Katsuhiro o Anno Hideaki o Takahata Isao); el mundo ficcional de Kon es mucho más amargo y duro que el de Miyazaki y su público más adulto. A Kon le interesaba ese fondo oscuro de la mente humana, ignoto y muchas veces tenebroso, y si en Perfect Blue abordaba el asunto de la personalidad doble, en Paranoia Agent el sentimiento de culpa reprimido. Así pues, no es raro que fijara su atención en Paprika, la esperadísima (al menos por mí) novela de Tsutsui Yasutaka sensei. La adaptación de Kon ha tenido una aceptable difusión en Occidente, la mejor del malogrado director nipón, mas quienes se conformen con visionar la (por otra parte excelente) versión animada, se van a perder una experiencia fantástica, en todos los sentidos del término.

Sin embargo, Paprika, la novela, ha de enfrentarse a varios obstáculos para ser reconocida en su justa medida por el público español. Uno de ellos, arriba mencionado, es la existencia de una versión animada (para 2013 se espera otra adaptación cinematográfica, a cargo del desacreditado Wolfgang Petersen). Ello implica una sospecha de infantilismo, totalmente infundada, que acompaña habitualmente a la ficción popular japonesa: en occidente, y en España con mayor intensidad, los dibujos animados y los tebeos (y más si son nipones) son cosa de niños, adolescentes y peterpanes y frikis. Sin contar con que potenciales lectores, perezosos, renuncien a la lectura de la obra madre y se conformen con la adaptación. Pero Paprika no tiene nada de superficial. Maneja temas profundos y complejos, tanto como la dimensión psicológica humana, y la escritura de Tsutsui-sensei tampoco es precisamente infantil. Por otro lado, Kon realizó una adaptación libre, y de la novela apenas conserva el título, una síntesis general y la abrumadora belleza de la protagonista. Todo lo demás pertenece al mundo ficcional de Kon.

Tampoco la ciencia ficción ha contado, tradicionalmente (aunque eso está cambiando), con un reconocimiento cultural apropiado. Se la tiene por un género menor y juvenil, pues el grueso de su producción lo es sin la menor duda. No se mide por el contrario por el mismo rasero a la novela romántica, que sufre similar engordamiento por obras mediocres, pero cuando una novela romántica “seria” hace su aparición se la mantiene a salvo de sus parientes tontos y recibe un juicio ajustado a sus méritos (hablando en general, claro). A pesar de todo, la ciencia ficción ha demostrado ser capaz de enfrentar algunos de los conflictos contemporáneos más graves, especialmente los relacionados con la sobretecnologización de las sociedades industriales desarrolladas, pero también otros de índole política o psicológica. Es cierto que no suelen ser novelas de personajes (en las que la acción depende de los procesos internos de ellos, y no al revés) pero eso es una característica, no un defecto. Los personajes no son ajenos al entorno, lo afrontan y sufren y resultan afectados por él.

Paprika no es pues una obra sencilla y superficial, sino compleja y profunda, y la índole de esta complejidad será otro de los obstáculos de su camino, pues los temas que trata resultan ajenos al lector profundo convencional: son asuntos científicos y psíquicos, cuando éste se encuentra más habituado a asuntos filosóficos y emocionales, es decir, “de letras”. Pero ya sabemos que la distinción artificial entre “ciencias” y “letras” está muerta. Dejémosla pudrirse. Si bien la raíz de la crítica de Paprika es sociológica, es la complejidad y el (des)conocimiento de la psique humana el motor y principal reclamo de la novela.

No he ofrecido una sinopsis de la obra. Los doctores Chiba Atsuko y Tokita Kosaku del Instituto de Investigación Psiquiátrica de Tokio están a punto de recibir el Premio Nobel por sus investigaciones de los trastornos mentales mediante una nueva tecnología que permite penetrar en los sueños de los pacientes, verlos, grabarlos e, incluso, intervenir en ellos. Sin embargo, el problema científico no es el único al que se enfrentan. Cuando les roban el nuevo y poderosísimo dispositivo conocido como Mini DC salen a la luz los movimientos conspiratorios con los que algunos miembros del Instituto tratan de hacerse con su control, para desde ahí imponer su visión de la ciencia y del mundo. La doble vida de la doctora Chiba, que actúa como detective de los sueños bajo la identidad secreta de Paprika, complica la situación, pues dichas actividades son delictivas y puede ser denunciada en cualquier momento (con lo que debería renunciar tanto al Premio como a sus investigaciones), pero al mismo tiempo su relación con varios personajes poderosos, a los que curó como detective de los sueños, la protegen de cualquier ataque de este tipo y resultarán claves en el enfrentamiento con el villano doctor Inui.

La raíz sociológica a la que me refería es esa confrontación de las dos cosmovisiones opuestas (con sus respectivas concepciones de la ciencia) de Chiba y Inui. Aunque su origen sea filosófico, se manifiesta de varias formas. No sólo las consabidas envidia, codicia, ambición y ansia de poder, que saltan rápidamente del individuo al grupo, primero la pareja (Inui y Osanai), luego el caudillo y sus acólitos, por fin el líder y la masa; también se manifiesta en el duelo sexual entre la doctora Chiba y el doctor Inui, con sus amantes en la trinchera, y no menos claramente en la dimensión onírica, en los sueños. Porque esta es una novela que se desenvuelve a medias en la vigilia, a medias en el sueño y, al fin, en un territorio mixto. He ahí el origen de su encanto, aunque el thriller y el erotismo cumplan su parte admirablemente.

En el mundo de los sueños, que lejos de la realidad compartimentada individualmente que imaginamos resulta ser un cosmos amplio, compartido, Chiba e Inui se comportan de maneras divergentes. Paprika lo recorre con curiosidad y generosidad, y como premio recibe satisfacciones no sólo cognitivas. El doctor Inui, en cambio, persigue en todo momento su satisfacción individual. El sueño, nuestro talón de Aquiles como bien sabía Freddy Krueger (porque ahí aún somos niños de teta), es explotado por Inui y sus seguidores para sus bellaquerías, y a través de él su maldad se desborda revelando la endeblez del mundo de la vigila, meramente subsidiario del onírico.

Y finalmente, el desenlace godzillesco, muy japonés. Ah, y salen sociedades secretas.

Ficha en la editorial Atalanta.

Entrevista con Tsutsui-sensei.

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Jun 08

Arrancad las semillas, fusilad a los niños de Ôe Kenzaburô

Escrito en El dinosaurio que estaba allí, El gabinete del dr. Mantell.
Etiquetas: , , 8/06/2011

Esta es la tercera novela de Ôe Kenzaburô que tengo la oportunidad de leer. De las anteriores tengo poco que decir. De La presa guardo algunos recuerdos vagos, poco más que la sinopsis y la impresión general, marcada por esa poderosa imagen del soldado negro enjaulado en lo profundo del bosque nipón, vigilado por unos campesinos para quienes los habitantes del valle vecino ya son repugnantes extranjeros y bandidos. De Una cuestión personal, nada en absoluto. Creo recordar que narra algo relacionado con la enfermedad del hijo (Ôe Hikari padece diversas discapacidades desde su nacimiento, y los médicos trataron de convencer a los Ôe de que lo dejaran morir), pero seguramente es un conocimiento obtenido de terceras lecturas (no me equivocaba, lo acabo de comprobar).

Huelga decir, pues, que el Premio Nobel de literatura del año 1994, no es uno de mis autores preferidos. Tampoco siento inclinación alguna hacia los catálogos de horrores que con tanta facilidad se confunden con la buena literatura, o con el buen cine. Sin embargo, he leído Arrancad las semillas… con interés e intensidad, pese a los horrores tan minuciosamente descritos, algunas veces espurios, “error” de novato para escandalizar o exaltar al lector.

El resumen de la acción es de sobra conocido. Hacia el final de la II Guerra Mundial, un grupo de muchachos de un reformatorio es conducido hacia el interior del Japón (un viaje al corazón de las tinieblas), a una remota aldea donde estarán a salvo de los bombardeos norteamericanos. Mas, lo que inicialmente fue entendido por los adolescentes como una ocasión de libertad no tarda en revelarse como una prisión más severa y cruel que la anterior, pues los campesinos con los que se encuentran por el camino les odian con fanático vigor; escapar es imposible, están cercados por una barrera invisible. No mejora su situación al llegar a la aldea, pues no bien el celador parte en busca del siguiente grupo, los aldeanos les encierran sin agua ni comida, y cuando ésta llega resulta ser poco más que deshechos.

Cuando se declara el brote epidémico, los campesinos, siguiendo una costumbre ancestral, parten a una aldea vecina, pero dejan atrás a los muchachos, bloqueándoles el paso para que no puedan seguirles. Pasada la desesperación inicial, advierten que es una ocasión inmejorable para crearse un mundo a su medida. Al igual que en El señor de las moscas el empeño será en vano, aunque por motivos diversos a los reseñados por Golding. Oê parece un firme defensor del mito del buen salvaje, quizá en parte por su hijo enfermo, pero también porque recoge de la tradición intelectual japonesa el rechazo a la “sociedad” como ente abstracto, coercitivo y violento. No resulta incomprensible cuando la cultura japonesa privilegia al grupo sobre el individuo, mientras que la actividad artística es eminentemente individual. Es cuando los chicos deciden celebrar el festival de la caza, cuando al fin se constituyen como una sociedad tribal, cuando sobreviene la desgracia definitiva.

Arrancad las semillas… es una novela que, con sus (escasos) defectos de principiante a cuestas, logra sujetar al lector, o al menos a éste, por la contundencia de sus imágenes y el vigor de la escritura. Obra abierta, de pura acción, que deja al lector toda labor especulativa y no por ello acusa falta de fondo reflexivo, muy en sintonía con la creación literaria japonesa del siglo XX marcada por la brutalidad del capitalismo y del imperialismo impuestos desde arriba, y por la destrucción absoluta de la guerra y la quiebra del sistema de valores de la posguerra. Volveré a leer lo leído, y lo seguiré leyendo; a fin de cuentas, viene avalado por el mismísimo Mishima.

Editorial Anagrama

Ôe Kenzaburô, 1958

Arrancad las semillas, fusilad a los niños (Memushiri kouchi,芽むしり仔撃ち)

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Dic 07

Kanikosen, de Kobayashi Takiji

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , 7/12/2010

Últimamente he andado algo displicente, vago. Ahí sigue la caja de “leyendo…” con Nieve de primavera, terminada hace tiempo. No he escrito nada en semanas. He estado haciendo otras cosas, claro. Ahora mi casa tiene colores y más aspecto de hogar, y más espacio para mis libros. Podré recuperar algunos mal almacenados y darles un lugar digno en el que enmohecerse. Vamos al asunto, que sigo perezoso.

Kanikosen, el pesquero.

¿Quién no ha oído hablar de Kanikosen, la breve novela de Kobayashi Takiji, a estas alturas? Se trata de uno de los más recientes fenómenos editoriales, que partiendo del Japón ha alcanzado ya buena parte del mundo. ¿Por qué ha vuelto a la palestra esta novelita, bastante corriente, de principios del siglo XX (1929)? Un retorno completamente inesperado, tras años de olvido. Shinchosha, una de las más potentes editoriales niponas, planeó reeditar esta obra en 2008 coincidiendo con el septuagésimo quinto aniversario de la muerte del autor, con una tirada de 7000 ejemplares; a día de hoy ha vendido más de 1600000 ejemplares, adaptaciones cinematográfica y manga mediante, y el “Fenómeno Kanikosen” no se ha detenido en el País del Sol Naciente, sino que continúa más allá de sus fronteras.

Dicen que Kanikosen es una historia basada en hechos reales. El catálogo de horrores narrado lo desmiente. Se trata, más bien, de una ficción que recrea un drama concreto imaginado dentro de un marco documental general, el de los abusos del capitalismo salvaje que imperaba en la época, no sólo en Japón. Que hubiera efectivamente un pesquero japonés llamado Hakko maru, en el que se diera una rebelión proletaria, no desmiente lo anterior. Tampoco tiene la menor importancia que el autor fuera fiel a unos hechos o imaginara, recolectando horrores de diversa procedencia. Su intención, bien cumplida, fue la de difundir un mensaje socialista de esperanza a través de una narración, como hicieron Fadeiev o Bogdánov, entre otros.

A comienzos del siglo XX Japón, que desde la Restauración Meiji es un país fuertemente occidentalizado, ha conocido sin embargo pocos avances sociales, como los que empezaban a darse en el resto del mundo civilizado. La situación en las islas principales del archipiélago es dura, con los obreros luchando por sus derechos bajo una intensa represión, pero aún hay algunos límites. No ocurre lo mismo en Hokkaido, la isla norte aún salvaje en muchos aspectos. Hasta allí no ha llegado el manto protector de los sindicatos y los trabajadores son tratados peor que ganado, pues salen mucho más baratos que “cobayas” o que el papel higiénico, idea que se repite en la novela (págs. 30 y 68). Esa deshumanización atroz es la que padece la tripulación del Hakko maru, pesquero especializado en la captura del célebre cangrejo de Kamchatka, un manjar para los japoneses. Durante su periplo sufren abusos y castigos que llegan a provocar más de una muerte. El patrón, representante de la empresa, es quien, personalizando el sistema capitalista entero, aflige a los trabajadores, y la connivencia del Estado es representada por la acción de la Marina Imperial que, contra lo esperado por los trabajadores, se pone de parte del opresor (con quien comparte borracheras). Una trama sencilla y eficazmente narrada, de manera algo plana y grosera, que tiene un fuerte dramatismo y una gran pertinencia como aviso de lo que puede volver a ocurrir si los ciudadanos consienten el constante recorte de derechos que padecen.

Dice el profesor Koeda Hirokazu, para explicar la inexplicable resurrección de la obrita de Kobayashi, que “ya no existen los empleos para toda la vida y no está claro que la gente vaya a cobrar sus pensiones”. La anomalía japonesa se deshace y los jóvenes nipones, que hace no mucho tenían una vida ordenada y clara (infancia dorada, dura adolescencia, fácil universidad y carrera vitalicia como salaryman con ascensos pronosticados hasta una semijubilación generosa) y que ven cómo todas sus seguridades se desvanecen. El país ha perdido la confianza en sus próceres, quienes son en realidad los encargados, de acuerdo con los capitostes de las grandes compañías, de marcar el devenir económico del país. O lo eran, hasta que la economía de mercado hizo presa de la economía japonesa tras la crisis de los noventa. Ahora el seudocomunismo japonés ha dejado de funcionar y los poderes públicos no pueden exigir a sus ciudadanos unos esfuerzos cuya recompensa ya no es de cobro seguro. En esta coyuntura, la rebelión de los marineros, pescadores y obreros del Hakko Maru ha supuesto un espejo de sufrimiento en el que mirarse y, de algún modo, encontrar consuelo.

Esto para los japoneses. ¿Y los occidentales? No es sólo el prestigio de la literatura japonesa, ni el tratarse de una traducción que faltaba (en España). En Occidente el padecimiento de los proletarios del pesquero atrae de similar manera, pero creo que aquí ponemos el acento en un punto distinto del relato. La novela, de 142 páginas, tiene el primer conato de rebelión en la 109. ¡Más de cien páginas de paciente soportar por parte de la tripulación! Creo que eso es lo que atrae a los japoneses, mientras que aquí, en la tierra de los ojos redondos y las grandes narices, nos atre la maldad pura de los “poderes fácticos”, sea la empresa y sus representantes o el Estado represor, y en concreto todas las brutalidades cometidas por Asakawa. Es decir, aquí triunfa Kanikosen por el mismo motivo que los informativos de Antena 3 o todos esos programas de interés social consagrados a infundir todos los terrores imaginables en la población, que recibe con agrado la comezón del miedo.

Aunque todas estas explicaciones me convencen poco. Tampoco la calidad de la obra merece el fenómeno. En absoluto Kanikosen me parece una gran novela. Más bien regular, con un único personaje definido, el demoníaco Asakawa, un personaje sin dobleces, el ser mezquino por antonomasia, demasiado grotesco para resultar creíble, enfrentado a un único montón de personajes anónimos formado por los cuatrocientos trabajadores del pesquero, perfectamente intercambiables (la masa trabajadora). Es más un reportaje, le falta sutileza y distancia (pero quizá no era el momento para tales cosas) y le sobra discurso panfletario. También puede que su lenguaje expresionista y su sencillez narrativa haya obrado en su favor, aunque no faltan las típicas imágenes de la buena prosa nipona, siempre algo forzadas pero sin llegar a romper la cuerda de la credibilidad; así, en la “letrina”, la cámara donde se hacinaban los pescadores, éstos “bullían como gusanos” (seguida del contraste con el capitán, quien “preocupado por las puntas de su bigote, se pasaba constantemente un pañuelo por el labio superior” (p. 18).

Empleando recursos sencillos y claros, como querían Lenin y compañía, Kobayashi escribe una novela accesible, que comienza con una expresión profética, “Vamos hacia el infierno”, y continúa describiendo la infernal situación de las clases bajas japonesas: “Todos habían llegado allí porque a pesar de trabajar en el campo de sol a sol no podían ganarse la vida. Habían dejado sus parcelas a cargo de sus primogénitos, sus mujeres habían tenido que buscar trabajo en las fábricas y los segundos y terceros hijos varones habían tenido que marcharse a otros lugares para trabajar y aún así no podían comer”(p. 14). Pero los engaños con los que fueron atraídos al buque factoría pronto resultan evidentes, y la desesperanza es una opresión más al lado del látigo de Asakawa: “Aquí nadie tiene planes para el futuro. Se trata de morir o vivir” (p. 140). Parece no haber salida: “estaban todos enfadados, pero no podían hacer nada, así que se rieron” (p. 27); y luego: “como no podían hacer nada mejor, se echaban a reír” (p. 73). Sin embargo, todo cambia cuando uno de los botes de pesca se extravía (por supuesto, por culpa de la tozudez criminal de Asakawa) y llega a Kamchatka, en territorio ruso: “Si lo que había dicho el ruso era «rojo», parecía justo. Fuera como fuera, la idea les resultaba atrayente” (p. 51).

Irónicamente, Asakawa empuja a los obreros hacia el sindicalismo, algo que tanto temía al inicio del periplo y contra lo que apelaba al patriotismo de sus empleados: “Si alguno imita esas cosas tan de moda que ahora hacen los ruskis y crea problemas, estará traicionando a la patria” (p. 19). Kobayashi se vale de esa costumbre burguesa de apelar al patriotismo para justificar los sufrimientos de otros: “«Los japoneses somos extraordinarios». El extenuante y cruel trabajo de cada día les parecía así algo heroico, y eso les consolaba” (p. 80), y eso, unido a la acción represiva de la Marina Imperial, le vale para denunciar la actitud de los poderes públicos que, en vez de ponerse de parte del débil y del oprimido, lo hace del lado del fuerte y opresor. Una situación que experimentaría en sus propias carnes. Como se cuenta en el Epílogo incluido en la edición de Ático de los libros, el 21 de febrero de 1933 Kobayashi fue apresado por la policía nipona, que le torturó hasta la muerte, convirtiéndolo en mártir del socialismo, algo que quizá ha tenido que ver en la pervivencia de su obra.

Ficha en la editorial Ático de los libros

Sobre el autor

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Jun 14

Abe Kôbô y Dazai Osamu: visiones de lo humano

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , , 14/06/2010

Esta reseña tiene su origen en mi torpeza con los nombres. Siempre he creído que los nombres son importantes. Yo no sería como soy si tuviera uno más común, y dudo que Stendhal hubiera pasado a la historia como Henri Beyle, y mucho menos George Sand como Amandine Aurore Lucile Dupin. ¿Cherilyn Sarkisian? ¿Saul Hudson? ¿Habría sido Napoleón lo que fue de haberse llamado Cacalovo? Mas, siendo importantes los nombres, éstos se pierden en las circunvalaciones de mi cerebro. Hace mucho que quería leer Indigno de ser humano, la breve novela autobiográfica de Dazai Osamu, cuya adaptación al anime había visto recientemente -con diseños de Takeshi Obata, autor de Death Note-. Cuando Candaya, una editoral que me gusta especialmente -todo lo que publican es, al menos, interesante-, publicó Idéntico al ser humano, pensé, “vaya, la traducción correcta de Ningen Shikkaku es esa, entonces”. Que el autor hubiera cambiado no me llamó la atención, así que inmediatamente me puse en contacto con la editorial. Luego ya me di cuenta de que el argumento era completamente distinto y entonces, sólo entonces, descubrí que no era la misma obra. Era de Abe, el autor de La mujer de arena que publicara Siruela. La casualidad quiso que, casi simultáneamente, ahora sí, Sajalín publicara la novelita de Dazai. Por fortuna, no todos los despistes resultan desgraciados. Dicen que el queso se inventó gracias a uno y convendrán conmigo en que la humanidad es mucho más feliz desde entonces.

Lee mi reseña de Indigno de ser humano e Idéntico al ser humano en El Confidencial →

Candaya, sobre su Idéntico al ser humano:

“La noticia de que acaba de despegar un cohete espacial con destino a Marte llena de zozobra al creador del programa radiofónico “Hola, marciano”. El temor de que la realidad pueda desbaratar su universo de ficción y poner en peligro el modesto modus vivendi con el que intenta asegurar la estabilidad de su familia, hace tambalear el precario equilibrio del periodista, cada vez más paralizado por la angustia y la pérdida de la autoestima.

La inesperada visita de un oyente que asegura ser un marciano “idéntico al ser humano” desencadena un desconcertante e incómodo diálogo en el que, al modo beckettiano, se transita fácilmente de la lucidez al delirio. Con un impecable manejo de la alegoría y de la sátira, Kobo Abe se servirá de las irritantes palabras de estos dos seres extraviados para enfrentar al lector a algunas de las obsesiones que lo han emparentado con Kafka o Camus: el problema de la identidad y el desasosiego de no saber quién se es ni quién es el otro, el cuestionamiento de la noción de realidad o la crisis de supervivencia del ser humano frente a las estructuras dislocadas y caóticas del mundo contemporáneo. El lector, magnetizado por la tensión dramática, espera, como en un relato policial, que el suspense vaya cediendo hasta revelar el desenlace: “¿todo esto será la consecuencia de la fábula vencida por la realidad o de la realidad vencida por la fábula?”.

Con Idéntico al ser humano, Kobo Abe se distancia del color local que caracteriza la tradición literaria japonesa e incorpora a algunos de los grandes temas de la modernidad, como la ficción científica, la seducción por el lenguaje de las matemáticas y los sistemas clasificatorios o la reflexión sobre la convivencia en  las ciudades impersonales, vertiginosas e inhumanas de nuestro tiempo.”

Ficha →

Sajalín, sobre su Indigno de ser humano:

“Publicada por primera vez en 1948, Indigno de ser humano es una de las novelas más célebres de la literatura japonesa contemporánea. Su polémico y brillante autor, Osamu Dazai, incorporó numerosos episodios de su turbulenta vida a los tres cuadernos que conforman esta novela y que narran, en primera persona y de forma descarnada, el progresivo declive como ser humano de Yozo, joven estudiante de provincias que lleva una vida disoluta en Tokio.

Repudiado por su familia tras un intento de suicidio e incapaz de vivir en armonía con sus hipócritas semejantes, Yozo malvive como dibujante de historietas y subsiste gracias a la ayuda de mujeres que se enamoran de él pese a su alcoholismo y adicción a la morfina. Sin embargo, tras el despiadado retrato que Yozo hace de su vida, Dazai cambia repentinamente de punto de vista y nos muestra, mediante la voz de una de las mujeres con las que Yozo convivió, una semblanza muy distinta del trágico protagonista de esta perturbadora historia. Indigno de ser humano se ha convertido, con el paso de los años, en una de las obras más populares de la literatura japonesa, superando los diez millones de ejemplares vendidos desde su primera publicación en 1948.”

Ficha →

Palabra de…

«La obra supone una perfecta descripción de la frustración de no estar a la altura, de suspender en el contrato social (el shikkaku del título en japonés significa suspendido, no aprobado) que tantas frustraciones genera en las nuevas generaciones japonesas.» — Paloma Llaneza (Babelia)

«Osamu Dazai fue un “outsider” en medio del orden y el reglamento, pero nos legó una historia turbia y bella, sencilla y demoledora.» — Ramón Palomar (Las Provincias)


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Sep 03

Momotaro visita España. Cuentos del Japón Viejo

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , 3/09/2009

ukyoLas antologías de cuentos japoneses populares son relativamente abundantes en España. Hace años, este libropésico pudo calmar su ansia devoradora con las Tradiciones japonesas de Fukuyiro Wakatsuki -que aún se puede encontrar en librerías de viejo, dada la popularidad de la colección en que fue editado, Austral-. Este escueto librillo recogía de forma sistemática leyendas y mitos de la tradición nipona, agrupados bajo epígrafes consagrados a algunos elementos fundamentales de su cultura: el Sol, la Luna, la montaña, el mar, la nieve, la flor, el arroz, la seda, el ciruelo y el crisantemo. A mi modo de ver aún está por superar, al menos entre las que conozco. Recientemente, Alianza ha publicado también El espíritu del agua, una bella selección de cuentos, que dejan de lado la mitología y cosmogonía japonesas para consagrarse a la voz que susurraba alrededor del fuego, en las aldeas de todos los siglos. La traductora y editora, Kayoko Takagi, ha seleccionado treinta y dos cuentos como los más representativos, con una escritura clara y limpia, con el sabor de la tradición aunque con algunos arreglos que los acercan al lector occidental contemporáneo. Además, a cada cuento le precede una breve introducción que lo sitúa, histórica y etnográficamente.

Lee el artículo completo en El Confidencial…

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Jun 04

Estoy desnudo, de Yasutaka Tsutsui

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 4/06/2009

tsutsui

Desde que se ha puesto de moda la narrativa japonesa, con Haruki Murakami y Banana Yoshimoto a la cabeza, no habíamos tenido en España mejor regalo que la publicación de Hombres salmonela en el planeta Porno y, con él, el descubrimiento de Yasutaka Tsutsui y su ciencia ficción precisa y satírica que le sirve para plasmar su radical desconfianza en el progreso, que está motivado por intereses espurios: la utopía siempre deviene en distopía. Estoy desnudo es el segundo volumen que publica en España, también en Atalanta, que le ha encargado, a través del maestro traductor Jesús Carlos Álvarez Crespo una selección de sus relatos preferidos. A través de ella no sólo vemos una sorprendente colección de piezas, con todos los ingredientes que hacen de Tsutsui un referente en las letras japonesas contemporáneas –y en el cine, el manga y el teatro–, sino especialmente un listado de los temas que más le inquietan en este momento.

No todos los relatos del volumen se pueden catalogar dentro del género de la ciencia ficción, o la fantasía. El que lo abre y da nombre, Estoy desnudo, parte de un hecho cotidiano, el encuentro amoroso entre una pareja ilícita –ella está casada, con otro, evidentemente– y unas gambas en mal estado en un hotel de citas que sufre un incendio. A partir de ahí, una sucesión de accidentes hilarantes irán desnudando al protagonista, no sólo de sus ropas, que va mostrando sus preocupaciones y cómo prefiere cualquier desenlace a la vergüenza social de verse descubierto; no sólo en relaciones adúlteras, sino desvestido y descompuesto. Alrededor suyo la sociedad se erige como un ojo vigilante y reprobatorio, opresivo y frío, una presencia que con diversas formas se repite a lo largo de todo el volumen sometiendo a los personajes a una tensión poderosa y absurda, desarmando los convencionalismos que sujetan las oscuras pasiones que moran en el interior de todo ser humano y, llevándolos al límite, se muestran como realmente son.

En relatos como ese, o El día de la pérdida, Líneas aéreas Gorohachi y especialmente en La ley del talión, Tsutsui muestra que no sólo es un maestro de la ciencia ficción; estos relatos funcionan con un mecanismo lógico inflexible, que los conduce de la risa al horror, mientras el narrador se mantiene muchas veces impasible, o como mucho sardónico. Son relatos que dejan una impresión duradera, no sólo por la dureza de sus imágenes, sino especialmente por esa atmósfera kafkiana, claustrofóbica. Pero el componente fantástico, que tan célebre ha hecho a Tsutsui, no falta en el volumen. Maneras de morir es un relato intermedio entre los anteriores y los de pura ciencia ficción –El peor contacto posible, Articulaciones–, pues es la presencia de un oni, demonio asesino de la mitología japonesa, el desencadenante del horror en una oficina. Mi consejo es que no se pierdan esta obra maestra contemporánea, bajo ningún concepto.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial

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May 14

El color prohibido de Yukio Mishima, El arqueólogo enamorado y El Templo de la Luna

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 14/05/2009

mishima-de-takahashi-kazumiMishima o el placer de leer. El color prohibido. Yukio Mishima.

Con la publicación de El color prohibido, ya sólo queda una de las grandes obras de Yukio Mishima por traducir al castellano: Kyōko no Ie -La casa de Kyoko-, una de las novelas más valoradas por el autor, al contrario que la presente, de la que terminó renegando. Y eso que es una gran pieza narrativa, que roza la maestría y que está entre las mejores que se han publicado en lo que llevamos de año. Eso sí, los traductores, Keiko Takahashi y el siempre acertado Jordi Fibla, tienen que advertir que es una obra con “claroscuros”. Aquí, como en El pabellón de oro, novela prima hermana de esta, Mishima se lanza a retorcidas reflexiones en torno a la juventud y la belleza -también sobre el arte literario-, los temas que más le preocuparon y que finalmente le llevaron a su tragicómica muerte…

Por un puñado de piedras. El arqueólogo enamorado. Daniel Casado Rigalt.

A pocos se les escapa que en España es una potencia arqueológica. Quizá no tan cantosa como Egipto -que es a la arqueología lo que Brasil al fútbol-, pero sí resultona. Pocos países pueden decir que cuentan con el yacimiento donde han aparecido los europeos más antiguos -y algunos aquí siguen-, con la “Capilla Sixtina del arte cuaternario”, con ciudades fenicias, griegas y romanas -y las autóctonas tartésicas e íberas-, todo en tan reducido espacio. Durante siglos, no eran más que piedras. Los paisanos, demostrando que el reciclaje es costumbre inveterada, se llevaban columnas, dinteles y sillares para darle más solera a sus casas…

ET y el secreto de las civilizaciones perdidas. El Templo de la Luna. Fernando J. López del Oso.

Y seguimos con arqueología, aunque ahora del lado de la ficción. Si han visto ustedes -¡pobres!- la última película de la tetralogía de Indiana Jones, les será más fácil ponerle cara a un argumento parecido, aunque de ningún modo copiada; dado que no necesita impresionar con imágenes, trabaja mejor la trama, que sólo temblequea al final…

Sigue leyendo en El Confidencial…

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May 17

Yasutaka Tsutsui: Hombres salmonela en el planeta porno

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 17/05/2008

No es muy conocido el nombre de Yasutaka Tsutsui en España, excepto para devotos del anime –les sonará Paprika, llevada al cine por Satoshi Kon–, pero es difícil resistirse a un libro con un título como Hombres salmonela en el planeta Porno. El relato que presta su nombre a la recopilación es una pieza de pura ciencia ficción, con el sello que imprime Tsutsui a sus escritos y que lo distinguen de muchos otros autores del género: el humor. El relato cuenta el viaje de un grupo de científicos hacia una ciudad de hippies alienígenas en la esperanza de que puedan ayudarles con un problema que ha surgido en su grupo: la única mujer de la expedición fue violada por una planta –una imagen típicamente hentai– y se encuentra embarazada. Pero el planeta Porno está lleno de peligros: animales y plantas están totalmente desinhibidos sexualmente –¿qué autor nipón puede obviar el tema de la represión sexual?–, y no distinguen entre sexos ni especies a la hora de satisfacer su pasión erótica.

El gran valor de este autor es el humor casi sádico, que es más que un tono o recurso, es el alma de su literatura: “la existencia es un gran escenario cómico y todos los seres humanos son actores y personajes de una ópera bufa” (p. 179). Si lo habitual en narrativa es que la lógica guíe la acción, o el absurdo en los autores surrealistas –que tanto han influido a Tsutsui–, o la emotividad, para este japonés obcecado con la libertad es el humor lo que imprime el sentido de las acciones y la psicología de los personajes aunque, como demuestra en El límite de la felicidad, también puede ser tétricamente serio.

En este relato reflexiona sobre uno de sus temas fundamentales: la degeneración del hombre contemporáneo, condenado a morir de éxito; la humanidad, al modo de los lemmings, avanza hacia el mar ahogándose sin remisión y al igual que los roedores “no tienen la intención de restaurar el equilibrio de la naturaleza poniendo freno al exceso de población, yo tampoco reflexionaba sobre la prosperidad anormal, la paz anormal o la felicidad anormal de la raza humana” (p. 59). En este relato aparece la atmósfera surreal –las familias empujándose unas a otras hacia la orilla, las mujeres subidas a los árboles–, la crueldad obscena de la madre asesinando a su propio hijo, pero falta el humor que define su obra. Este relato es, pues, más ballardiano, pero es que Tsutsui comparte con el británico un mismo espíritu rebelde, pesimista y profético, además de ser ambos brillantes y muy particulares autores de ciencia ficción.

En El mundo se inclina, que se puede leer en clave profética pesimista tanto como misógina –aunque el autor no se tenga por tal–, el humor está presente de manera casi sólida. Tsutsui exhibe su ausencia de esperanza en la humanidad porque todo progreso está motivado por intereses espurios: la utopía siempre deviene en distopía. Así, el sueño de la ciudad feminista de la alcaldesa Tomoe está motivado tanto por el odio a su marido como por la aversión al juego del pachinko, pero en escasa medida por verdaderas convicciones igualitarias que, en cualquier caso, devienen en totalitarias. Tomoe consigue hacer prohibir el pachinko en todo el país, y reutiliza las 11.705.844.000 bolas ahora inútiles como lastre para su imaginada ciudad flotante. Evidentemente, el proyecto está viciado desde el inicio y, pese a la vigilancia de hordas de amas de casa báquicas el proyecto se resolverá en un hilarante fracaso.

En este relato, como en muchos otros, aparece el tema de las pretensiones totalitarias de determinados grupos, quizá minoritarios pero en todo caso capaces de coartar las libertades del individuo. En 1993, la Asociación de Epilépticos del Japón protestó por ciertas expresiones que Tsutsui había escrito en uno de sus libros. La persecución que sufrió por parte de los medios de comunicación le levó a dejar de publicar, como forma de protesta ante un linchamiento que consideraba injusto. Esta experiencia la refleja en El último fumador, en la que el narrador es, como él, un escritor de éxito que se resiste a dejar de fumar pese a los ataques de las ligas antitabaco, y rememora, instantes antes de ser abatido por las Fuerzas de Autodefensa, cómo el tabaco llegó a convertirse en el tabú por excelencia y cómo el fanatismo totalitario es la consecuencia de la modernidad, del sueño de la razón.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial

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Dic 15

Yasunari Kawabata: El rumor de la montaña

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 15/12/2007

Como en muchas de las novelas del premio Nobel de 1968, Yasunari Kawabata, la vejez y sus problemas ocupan un lugar temático central. Shingo, el viejo que escucha el rumor de la montaña, tiene ésta y otras premoniciones de muerte, mientras trata de afirmar los pies sobre su frágil memoria. Entretanto, su mundo se desmorona; pertenece a la generación anterior a la II Guerra Mundial, y sus compañeros de escuela y universidad van desapareciendo lentamente.

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Mar 03

Yasunari Kawabata: Primera nieve en el monte Fuji

Escrito en El museo.
Etiquetas: , 3/03/2007

Prolijo y detallista, Yasunari Kawabata es uno de los autores más sugerentes del siglo XX. Y no sólo de la literatura japonesa, en la que ocupa un primer lugar en disputa con Yukio Mishima. Parece que cuenta de más, pero lo verdaderamente importante, la profunda huella poética y emocional que late en los más grandes, queda apenas insinuada. En sus novelas y cuentos administra el misterio cotidiano como nadie, pero tambiñen la trascendencia del mundo ultraterreno, pues la muerte tanto como la vida juega un papel de privilegio en su mundo literario. En esta colección de relatos que se publica por vez primera en España -existe una edición anterior hispanoamericana- existe un delicioso relato al respecto, El crisantemo en la roca, que conjuga elementos biográficos, ensayo -relativo a la cultura funeraria nipona- y literarios.

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