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	<title>El dinosaurio que estaba allí &#187; literatura intimista</title>
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	<description>Lecturas, pasiones y recuerdos de un cerebro reptil</description>
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		<title>Los borrachos de mi vida, de Nuria Labari</title>
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		<pubDate>Thu, 28 May 2009 10:25:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[El museo]]></category>
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		<category><![CDATA[literatura intimista]]></category>
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		<description><![CDATA[Mostrarse frío y aun cruel, oponer siempre el espejo deformador es fácil, sólo hay que dejarse llevar. Buscar los pequeños gestos de dulzura, de esperanza, es mucho más dífícil, y al artista muchas veces lo aproxima al descrédito. Este es el gran mérito de Nuria Labari a la hora de componer estos relatos que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="Los borrachos de mi vida, de Nuria Labari" src="http://i56.tinypic.com/2zg6wlj.jpg" alt="" width="150" height="217" />Mostrarse frío y aun  cruel, oponer siempre el espejo deformador es fácil, sólo hay que  dejarse llevar. Buscar los pequeños gestos de dulzura, de esperanza, es  mucho más dífícil, y al artista muchas veces lo aproxima al descrédito.  Este es el gran mérito de <strong>Nuria Labari</strong> a la hora de  componer estos relatos que se mueven en el universo cotidiano de la  búsqueda del amor, de la realización personal, de la raigambre. Esa  mirada delicada, pero no por ello temerosa –sino por el contrario más  valiente– permite a la autora observar la vida cotidiana y encontrar  leyes, no por evidentes más fácilmente visibles, como que los divorcios  duran toda una vida o que la tristeza, en algunos estados de  decaimiento, puede resultar un premio, o que hay quien es tan pobre que  ni siquiera puede permitirse el miedo.</p>
<p>Los  personajes de este fresco pueden ser cualquiera de nosotros, y esa  empatía, que acerca al lector a las criaturas, hace aún más de agradecer  la ternura del narrador, la suave textura de la escritura, en la cual  el lector se siente comprendido y aun mimado. Y eso a pesar de lo poco  que nos ayuda el entorno, material o inmaterial: “cuando abortas cuatro  veces ni siquiera una rayita se difumina un poco con el paso de los días  para que resulte más sencillo deshacerse al menos de uno de los  plásticos”. Mas los personajes de Labari encuentran dentro de sí una  fuerza secreta, la misma que pese a la anodina sucesión de los días nos  hace levantarnos cada mañana: a veces la costumbre, otras la esperanza.</p>
<p><a href="http://www.lenguadetrapo.com/libro.php?sec=NB&amp;item=278" target="_blank">Ficha del libro en Lengua de Trapo</a></p>
<p><a href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/05/28/libros_50_maquinas_heredaran_tierra.html" target="_blank">Publicado originalmente en El Confidencial</a>
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		<title>Sergio Chejfec, Miguel-Anxo Murado y António Lobo Antunes</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 09:25:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El T-rex que viene]]></category>
		<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Zarpazo de velociraptor]]></category>
		<category><![CDATA[literatura de vanguardia]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura intimista]]></category>

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		<description><![CDATA[  Un artista del mundo flotante. Mis dos mundos, Sergo Chejfec. Sin duda se trata de un título sumamente interesante que nos descubre a un autor notable que escribe en nuestra lengua y que, no obstante, nunca había sido publicado en España. Lo cual nos vuelve a hacer reflexionar sobre esta situación (que cambia lentamente) [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-size: normal;"></span></strong> </p>
<p><strong><span style="font-size: normal;"><span style="font-family: Arial;"><a href="http://www.librodearena.com/post/cyrano2/sabado-22-firsbury-park/31648/4925"><img class="alignleft size-full wp-image-1053" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="Finsbury Park. Fuente:librodearena.com" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/parque.jpg" alt="Finsbury Park. Fuente:librodearena.com" width="150" height="174" /></a>Un artista del mundo flotante. <em>Mis dos mundos</em>, Sergo Chejfec.</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;">Sin duda se trata de un título sumamente interesante que nos descubre a un autor notable que escribe en nuestra lengua y que, no obstante, nunca había sido publicado en España. Lo cual nos vuelve a hacer reflexionar sobre esta situación (que cambia lentamente) en la que el mundo hispanohablante vive culturalmente de espaldas a sí mismo. De todos modos, <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Chejfec</strong> es distinto a todos. Además de vivir al margen de la vida literaria –que nada tiene que ver con la literatura–, su escritura tiene mucho de germánica y muy poco de narrativa. Esta es una novela para lectores fascinados por los recovecos del pensamiento en cierto modo hegeliano, que se despliega y desenvuelve. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><strong>La fiebre, señora del mundo. <em style="mso-bidi-font-style: normal;">El sueño de la fiebre</em>, Miguel-Anxo Murado.</strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;">Quién no ha asistido asombrado a las fantasías de la fiebre, esas figuraciones del cerebro alterado por la enfermedad y el hervor, que se viven como una pesadilla de especial intensidad y de la que nos vemos incapaces de despertar. La calentura es mucho más que un aumento anormal de la temperatura del cuerpo, y más que una mera alteración del estado natural de consciencia. La fiebre está cargada de recuerdos y “tiene ese poder de evocar porque nos lleva al mismo rincón oscuro en el que estuvimos de niños, de jóvenes, de adultos. La fiebre es un lugar”. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><strong>El mal es insistir en el estilo. <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Mi nombre es Legión</em>, António Lobo Antunes.</strong></span></p>
<p><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;">La narrativa de <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">António Lobo Antunes</strong> tiene dos preocupaciones esenciales: la experiencia literaria de la violencia y la consecución de un estilo propio. Huelga decir que hace tiempo que cumplió ambos objetivos con creces, pero puede que haya entrado en su Caribdis particular, en la que el estilo fagocita tramas y personajes. Esta es la sensación que deja su última novela, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Mi nombre es Legión</em>, en la que el estilo Lobo Antunes, que ciertamente es ya un patrimonio para la cultura portuguesa, copa el relato de modo absoluto, ahogando al resto de elementos narrativos.</span></p>
<p><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><a title="Un artista de los mundos flotantes" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/04/08/libros_12_artista_mundos_flotantes.html" target="_blank">Seguir leyendo en El Confidencial&#8230;</a></span>
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		<title>Lev Tolstói: El padre Sergio</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2009 06:30:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[Lev Tolstói]]></category>
		<category><![CDATA[literatura intimista]]></category>
		<category><![CDATA[literatura rusa]]></category>

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		<description><![CDATA[  Tenía pensado un artículo comparando El padre Sergio con su Confesión, del mismo modo que con Los cosacos tracé líneas hacia los Diarios. Pero como eso ya lo ha hecho, y muy bien, Almudena Guzmán en ABC, pues me la envaino y procuraré en el futuro ser más rápido y que sean otros los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-989" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="Lev Tolstói por Ilia Efimovich Repin. Fuente: Wikipedia" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/tolstoi.jpg" alt="Lev Tolstói por Ilia Efimovich Repin. Fuente: Wikipedia" width="142" height="206" />Tenía pensado un artículo comparando <em>El padre Sergio</em> con su <em>Confesión</em>, del mismo modo que con <em>Los cosacos</em> tracé líneas hacia los <em>Diarios</em>. Pero como eso ya lo ha hecho, y muy bien, <a title="El autor y su personaje, por Almudena Guzmán" href="http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=11539&amp;num=892&amp;sec=32" target="_blank">Almudena Guzmán en ABC</a>, pues me la envaino y procuraré en el futuro ser más rápido y que sean otros los que tengan que abrirse la cabeza buscando un enfoque original. No obstante sigo poseído por la fiebre parangonera (que transmite el mosquito de Auerbach). Así que, recordando sus memorias noveladas, <em>Infancia, Adolescencia, Juventud</em>, me vinieron a la nuez (recuerden mi reptiliana condición) dos personajes de la niñez de Tolstói, el peregrino Grisha, cargado de cadenas, y la abnegada criada Natalia Sávishna. Ambos personajes me recuerdan, mucho, al padre Sergio y a su ángel redentor, Páshenka.</p>
<p>Grisha es un peregrino, de ésos tan habituales en las novelas rusas, que recorren los caminos confiando en su santidad como sostén, no sólo moral, sino también físico. Los ricos les alojan, y así aparece Grisha en la vida de Tolstói, a la sazón un niño de diez años. El peregrino pasa unos días en la dacha familiar, en la aldea de Petróvskoie, invitado por la madre. Los niños quedaron  muy impresionados por su aspecto: &#8220;un hombre de unos cincuenta años, con el rostro pálido y picado de viruelas, el cabello largo, canoso, y una barba rala y rojiza. Era tan alto que para cruzar la puerta no sólo tenía que agachar la cabeza, sino doblar el cuerpo. Estaba vestido con algo raído parecido a un caftán y a una sotanilla; sostenía en la mano un enorme cayado, con el que golpeó el suelo con todas sus fuerzas al entrar. Frunció el ceño y, abriendo desmesuradamente la boca, se echó a reír del modo más horroroso y antinatural. Era tuerto y la pupila, cubierta por una nube, saltaba incesantemente y añadía a su rostro -feo de por sú- una expresión aún más repugnante&#8221; (<em>Infancia</em>. Ed. Alianza, pág. 35. Trad. de Víctor Andresco).</p>
<p>Tan impresionados quedaron, que decidieron esconderse en un armario para espiarle y ver, por sí mismos, las cadenas que se rumoreaba llevaba el santón enrolladas alrededor de su cuerpo. Entonces el joven Tolstói observó la pura fe del peregrino, que clama, como el padre Sergio durante su retiro, &#8220;¡Perdóname, Señor, enséñame lo que debo hacer&#8230;; enséñame lo que debo hacer, Señor!&#8221;, y manifiesta que &#8220;la impresión y el sentimiento que despertó en mí no desaparecerán de mi memoria&#8221;. No desapareció, a juzgar por lo que leemos en <em>El padre Sergio</em>, sus constantes súplicas de socorro a Dios ante las coacciones de la lujuria y la zapa de la duda.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-994" title="Kurskaya korennaya por Iliá Repin. Fuente: Wikipedia" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/kurskaya_korennaya.jpg" alt="Kurskaya korennaya por Iliá Repin. Fuente: Wikipedia" width="475" height="241" /></p>
<p>En cuanto a Páshenka, era una niña algo boba aunque seguramente más por falta carácter que por falta de intelecto, de la que Kasatski, junto con muchos otros niños, se reía. Mas luego descubre en ella la verdadera fe, el auténtico servicio a Dios a través del servicio al prójimo. Enseñanza por la que, obviamente, también se empeñó Tolstói, su perenne empeño por redimir al campesinado ruso. Por su parte, la Natalia Sávishna de su infancia, &#8220;no vivía más que para el bienestar de los señores (&#8230;). No sólo no hablaba de sí misma, sino que, al parecer, ni pensaba en su existencia. Todo en su vida era amor y sacrificio&#8221;.</p>
<p>Es interesante leer el artículo <em><a href="http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2008/04/paul-jonhson-tolstoi-el-hermano-mayor.html">Tolstoi: El hermano mayor de Dios</a></em>, pues rara vez se lee una versión tan crítica (quizá excesivamente virulenta y agresiva) de alguien generalmente alabado por su grandeza moral y su humanismo. Se le interpreta como ególatra, vanidoso y exhibicionista, algo que encaja muy bien con el padre Sergio, que es igual hasta su definitiva transformación. Tolstói, entonces, conocería el camino pero no cómo seguirlo. En el cuento, Tolstói escribe sus propios conflictos espirituales, se retrata en un Kasatski que, en todo cuanto emprende, busca el reconocimiento y el halago público. En ambos, la existencia es una permanente lucha contra el sentimiento de culpa, contra el orgullo aferrado a su naturaleza.</p>
<p>Ficha: <em><a href="http://www.reylear.es/libro.php?id=50">El padre Sergio</a></em>. Trad. Bela Martinova. Rey Lear. 112 págs. 9,95 €
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		<title>Álvaro Pombo: Virginia o el interior del mundo</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Mar 2009 06:17:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Pombo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[literatura intimista]]></category>

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		<description><![CDATA[  Cualquier pombista que se precie recordará de inmediato, apenas haya abierto la última novela de Álvaro Pombo (Santander, 1939), a la tía Nines y a su Indalecio de Donde las mujeres. Ese mismo amor enfermo que atrapa y encierra y condena –y libera, distingue y autentifica–. O reconocerá el retiro de Virginia en Campogiro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-959" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="pombo" src="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/pombo1.jpg" alt="pombo" width="156" height="271" />Cualquier pombista que se precie recordará de inmediato, apenas haya abierto la última novela de <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Álvaro Pombo</strong> (Santander, 1939), a la tía Nines y a su Indalecio de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Donde las mujeres</em>. Ese mismo amor enfermo que atrapa y encierra y condena –y libera, distingue y autentifica–. O reconocerá el retiro de Virginia en Campogiro como primo del de Juan Campos en <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La fortuna de Matilda Turpin</em> –e identificará a la propia Virginia con la Isabel de la Hoz de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Una ventana al norte</em>–. Cualquier pombista que se precie encontrará tantas y tantas imágenes, personajes –Gabriel, la abuela–, situaciones, conversaciones familiares; y recursos estilísticos, narrativos; y reflexiones, y trasiegos filosóficos. Y Santander, que aquí se llama Santander con todas las letras y toda la evocación de una época ya cerrada, perdida y olvidada –asistimos en esta novela a su disolución–.</p>
<p><a title="Otra vuelta de tuerca" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2009/03/14/libros_54_vuelta_tuerca.html" target="_blank">Sigue leyendo en El Confidencial&#8230;</a>
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		<title>Cristina Cerrada: La mujer calva</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Dec 2008 17:47:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cristina Cerrada]]></category>
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		<description><![CDATA[Más que acostumbrada a llevarse galardones literarios, Cristina Cerrada se mete ahora en el bolsillo del XIV Premio Lengua de Trapo de Novela, uno de los que suele garantizar la calidad del ganador, aunque en este caso sea “de la casa”. El premio de Pote Huerta siempre vale la pena; el año pasado, con La lavandera de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: normal; font-family: Arial;">Más que acostumbrada a llevarse galardones literarios, <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Cristina Cerrada</strong> se mete ahora en el bolsillo del XIV Premio Lengua de Trapo de Novela, uno de los que suele garantizar la calidad del ganador, aunque en este caso sea “de la casa”. El premio de <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Pote Huerta</strong> siempre vale la pena; el año pasado, con <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La lavandera</em> de <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Pepe Monteserín</strong>, alcanzó un nivel difícil de igualar, y no lejos queda esta novela sobre la soledad y la renuncia a la libertad.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: normal; font-family: Arial;"><a title="Cristina Cerrada: La mujer calva" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/12/06/libros_25_libre.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a></span></p>
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		<title>Alberto Olmos: Tatami</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Sep 2008 16:45:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El novelista y exprofesor de español para japoneses Alberto Olmos no ha tenido un aterrizaje brusco en el planeta literario, del estilo de Nocilla Dream o Llámame Brooklyn, pero con ya cinco novelas a sus espaldas es uno de los `jóvenes narradores´ –ese concepto tan laxo– más sólidos y reconocidos de nuestro país. Si con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El novelista y exprofesor de español para japoneses <strong>Alberto Olmos</strong> no ha tenido un aterrizaje brusco en el planeta literario, del estilo de <em><a href="http://www.elconfidencial.com/ocio/indice.asp?id=4033">Nocilla Dream</a></em> o <em>Llámame Brooklyn</em>,  pero con ya cinco novelas a sus espaldas es uno de los `jóvenes  narradores´ –ese concepto tan laxo– más sólidos y reconocidos de nuestro  país. Si con <em>A bordo del naufragio</em> resultó finalista del prestigioso premio Herralde, su consagración llegó hace dos años con <em><a href="http://www.elconfidencial.com/ocio/indice.asp?id=4074">Trenes hacia Tokio</a></em>, donde plasmaba sus experiencias niponas tras tres años de permanencia en el país del sol naciente. Luego llegaría <em><a href="http://www.elconfidencial.com/cache/2007/10/20/86_talento_demas.html">El talento de los demás</a></em>, su novela más ambiciosa y conseguida –aunque sin el encanto de <em>Trenes</em>– y que logró gran aceptación entre la crítica.</p>
<p>La  presente novelita, o novela corta por su extensión y características,  cuenta una anécdota simple y en apariencia anodina: una recién  licenciada –Olga– vuela a Japón para impartir allí clases de español y  su compañero de asiento –Luis–, que casualmente hizo muchos años el  mismo viaje –¿iniciático?–, decide contarle su historia, que le revela  como un <em>voyeur</em> perturbado y  grumoso, aunque en esencia inofensivo. Sin embargo, cada página ahonda  más y más en la psicología de Luis, pues el voyeurismo es sólo un canal  para llegar al fondo, los mecanismos basales del sexo y la radical  soledad del ser humano, el caldo primigenio del que surge todo lo demás.</p>
<p>Y es que <em>Tatami</em>,  de concepción sencilla, de ambición moderada, no puede evitar erigirse  sobre unas profundas raíces que ya germinaron en la obra anterior de  Olmos. Luis, el protagonista de esta historia es muy similar en cuanto a  su soledad radical a los aturdidos antihéroes de <em>A bordo del naufragio</em> y de <em>Trenes hacia Tokio</em>, y Olga no es muy diferente; es también una solitaria, que se ampara en su responsabilidad y su <em>enorme</em> busto para guardar las distancias –de ahí su virginidad, que espera  perder en el Japón, donde nadie la conoce y donde espera no arraigar–.</p>
<p>Olmos despliega su talento de narrador, su profundidad y oficio de gran escritor y <em>Tatami</em>,  como el bolso de Mary Poppins, contiene mucho más de lo que a simple  vista cabría imaginar. Se puede entender además como una reflexión  metaliteraria, sin abandonar las formas y recursos del relato  tradicional, por cuanto podemos experimentar el poder cautivador de la  ficción bien urdida –pues Luis es un consumado narrador–. De nada sirve a  Olga repetirse una vez y otra que no quiere oír más, que no le interesa  lo que Luis le está contando, que su desprecio es demasiado intenso. Al  final, sigue reclamando su relato y queda atrapada en él a más largo  plazo de lo que es capaz de imaginar. Las experiencias de Luis la han  contaminado ya irrevocablemente: es el poder de la palabra, el poder de  la narración.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><a title="Alberto Olmos: Tatami" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/09/27/libros_30_tatami.html" target="_blank">Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial</a></span></p>
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		<title>Ian McEwan: Chesil Beach</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Feb 2008 16:39:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>
		<category><![CDATA[Ian McEwan]]></category>
		<category><![CDATA[literatura británica]]></category>
		<category><![CDATA[literatura intimista]]></category>
		<category><![CDATA[miedo]]></category>

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		<description><![CDATA[Especialmente desde la publicación de Expiación, recientemente adaptada al cine, Ian McEwan se ha convertido en el cabecilla de su generación y está considerado, por muchos, el mejor escritor británico vivo. Luego vino Sábado, que no fue tan unánimemente aceptada pero que no deja de ser una magnífica respuesta al golpe que supuso el ataque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Especialmente desde la publicación de <em>Expiación</em>, recientemente adaptada al cine, <strong>Ian McEwan</strong> se ha convertido en el cabecilla de su generación y está considerado, por muchos, el mejor escritor británico vivo. Luego vino <a href="http://cuantoyporquetanto.com/htm/libros/libros_sabado.htm" target="blank"><strong><span style="text-decoration: underline;"><em>Sábado</em></span></strong></a>, que no fue tan unánimemente aceptada pero que no deja de ser una magnífica respuesta al golpe que supuso el ataque a las Torres Gemelas. <em>Chesil Beach</em>, su nueva novela, es bien distinta de ambas, pero al mismo tiempo y como no podía ser de otro modo, comparte algunas semejanzas. Al igual que <em>Sábado</em>, la acción se concentra en unas pocas horas, comenzando <em>in medias res</em>, en la noche de bodas de una pareja cualquiera, con algunas analepsis para poner al lector en antecedentes; y como <em>Expiación</em>, se aleja del presente para contar una historia imperecedera.</p>
<p>No es fortuito que haya elegido el comienzo de los años 60 para  ubicar la -escasa- acción. McEwan bucea en el fondo de miedo y horror  que subyace a las relaciones humanas y lo hace en un momento de quiebra,  en el momento preciso. Porque justo antes las convenciones eran tan  sólidas que no cabía plantearse la mayor parte de las cuestiones que  traen de cabeza a Florence y Edward, y poco después los tabúes ya se han  roto y las relaciones se viven de una manera más abierta, y aunque el  mismo miedo siga existiendo resulta menos claro. En <em>Chesil Beach</em> narra el desencuentro entre dos personajes a quienes les “dolía  terriblemente que su noche de bodas no fuera simple cuando su amor era  tan obvio” (p. 104).</p>
<p>En esta novela, pese a su brevedad, McEwan habla demasiado -y es uno  de sus  escasísimos defectos, quizá el único-; aunque resulta patente,  escribe que lo que les separa es “Su personalidad y su pasado  respectivos, su ignorancia y temor, su timidez, su aprensión, la falta  de un derecho o de experiencia o desenvoltua, la parte final de una  prohibición religiosa, su condición de ingleses y su clase social, y la  historia misma. Poca cosa en definitiva” (p. 109). El narrador  omnisciente revela los pensamientos y emociones más íntimos de unos  personajes atenazados por sus propios miedos, por la ignorancia de los  miedos del otro y por la insalvable barrera de incomunicación que se  alza entre ambos. La desasosegante impotencia a la hora de comunicarse,  porque “Aún no se había inventado un lenguaje para el caso” (p. 157) -y  probablemente nunca ocurra-, les conduce por caminos diferentes a  velocidades crecientes, y el narrador se muestra comprensivo, pero  inmisericorde.</p>
<p>McEwan siempre lo es, golpea al lector, y golpea duro. No importa lo  inocente que parezca el relato, porque bajo la plácida apariencia de una  pareja que se mira tímidamente mientras cena late el fantasma de los  miedos cotidianos, los más terribles porque resultan ineludibles, todo  ser humano ha de pasar esa prueba. Florence y Edward “Apenas se conocían  y nunca se conocerían por culpa del manto de cuasi silencio amigable  que acallaba sus diferencias y les cegaba tanto como les ataba” (p.  164), y ese juego entre repulsión y atracción es, una vez más, el motor  de su novela. Es lo que Florence siente por su padre, lo que siente por  el cuerpo de su marido.</p>
<p><em>Chesil Beach</em> es una novela redonda, menos ambiciosa que <em>Expiación</em> o <em>Sábado</em>,  pero narrada con una tensión asfixiante que sólo se relaja durante las  analepsis y que recuerda los momentos más sofocantes de <em>Amor perdurable</em> o <em>Niños en el tiempo</em>,  cuando los personajes, abandonados a su suerte por aquellos a quienes  aman, padecen con toda crudeza la soledad y la impotencia que les lleva  al límite se su propia cordura.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><a title="Ian McEwan: Chesil Beach" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/02/23/47_chesil_beach.html" target="_blank">Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial</a>
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		<title>Yasunari Kawabata: El rumor de la montaña</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Dec 2007 23:18:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura intimista]]></category>
		<category><![CDATA[literatura japonesa]]></category>
		<category><![CDATA[Yasunari Kawabata]]></category>

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		<description><![CDATA[Como en muchas de las novelas del premio Nobel de 1968, Yasunari Kawabata, la vejez y sus problemas ocupan un lugar temático central. Shingo, el viejo que escucha el rumor de la montaña, tiene ésta y otras premoniciones de muerte, mientras trata de afirmar los pies sobre su frágil memoria. Entretanto, su mundo se desmorona; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como en muchas de las novelas del premio Nobel de 1968, <strong>Yasunari Kawabata</strong>, la vejez y sus problemas ocupan un lugar temático central. Shingo, el viejo que escucha el rumor de la montaña, tiene ésta y otras premoniciones de muerte, mientras trata de afirmar los pies sobre su frágil memoria. Entretanto, su mundo se desmorona; pertenece a la generación anterior a la II Guerra Mundial, y sus compañeros de escuela y universidad van desapareciendo lentamente.</p>
<p><a title="Yasunari Kawabata: El rumor de la montaña" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2007/12/15/67_otras_novedades.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a>
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		<title>Germán Temprano: Un día cualquiera</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jan 2007 23:12:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Gemán Temprano]]></category>
		<category><![CDATA[literatura intimista]]></category>

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		<description><![CDATA[Paula, al final de su vida, cree reencontrarse con su auténtico amor de juventud y ello genera una avalancha de recuerdos que la sitúa cara a cara con su pasado, con el fracaso y los llantos que dejaron vacía su alma, cubierta de polvo -el autor desarrolla una brillante alegoría, un anciano como una casa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Paula, al final de su vida, cree reencontrarse con su auténtico amor de juventud y ello genera una avalancha de recuerdos que la sitúa cara a cara con su pasado, con el fracaso y los llantos que dejaron vacía su alma, cubierta de polvo -el autor desarrolla una brillante alegoría, un anciano como una casa vacía-. En su viaje vertical a la edad anciana, <a href="http://cavabaja.blogspot.com/" target="parent"><strong><span style="text-decoration: underline;">Germán Temprano</span></strong></a> se ve acompañado por otros escritores que, últimamente, han dirigido su atención hacia una etapa de la vida poco tratada literariamente: <a href="http://www.elconfidencial.com/ocio/indice.asp?id=1235" target="parent"><strong><span style="text-decoration: underline;">John Coetzee</span></strong></a>, <a href="http://www.elconfidencial.com/ocio/indice.asp?id=3596" target="parent"><strong><span style="text-decoration: underline;">Philip Roth</span></strong></a> o <strong>Vila-Matas</strong>. En un primer mundo envejecido, ya no es el joven que observa a distancia al anciano, o éste que recuerda su juventud y despertar a la vida. La edad provecta se ha convertido en sujeto de reflexión narrativa, incluso por parte de autores jóvenes como Temprano -nacido en 1962-.</p>
<p><a title="Germán Temprano: Un día cualquiera" href="http://www.elconfidencial.com/ocio/indice.asp?id=3818" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a>
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		<title>Victoria de Stefano: Lluvia</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Nov 2006 21:33:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura intimista]]></category>
		<category><![CDATA[Victoria de Stefano]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde el último cuarto del pasado siglo hasta hoy se ha consolidado una corriente literaria elitista -y por ello denostada por algunos- integrada por escritores fascinados por la literatura que nutren su obra de otras -literatura retroalimentada-. Escritores que han sido absorbidos por el espíritu del libro hasta lograr la síntesis total con él, como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="line-height: 17px;">Desde el último cuarto del pasado siglo hasta hoy se ha consolidado una corriente literaria elitista -y por ello denostada por algunos- integrada por escritores fascinados por la literatura que nutren su obra de otras -literatura retroalimentada-. Escritores que han sido absorbidos por el espíritu del libro hasta lograr la síntesis total con él, como le ocurre a nuestro <strong>Vila-Matas</strong>. Ahora Candaya nos trae desde Venezuela a una autora que es allí una institución, pero que aquí es una completa desconocida. Con la cantidad de obras y autores mediocres que cruzan el charco -en ambas direcciones-, es increíble que esta autora, de cuya capacidad percibimos aquí sólo un atisbo, haya sido relegada tanto tiempo. <strong>Victoria de Stefano</strong> (1940), nacida italiana aunque pronto emigrada al país caribeño, es licenciada en filosofía -y eso se percibe claramente en su prosa- y es un claro ejemplar del desarraigo intelectual americano del siglo XX, pues parte de su vida la ha pasado en el exilio.</p>
<p>Toda su obra está caracterizada por el “apego a una labor que es su razón de ser” (p. 13, <strong>Ednodio Quintero</strong>), algo que ya trató en <em>El lugar del escritor</em>. <em>Lluvia</em>, novela del año 2002, “es una formidable escenificación del mundo del escritor” (p. 16); es la historia de su propia construcción: “Justamente estaba dándole vueltas a un relato en el que se describía un día, parecido o igual a éste, acoplándose a sus impresiones ópticas y auditivas tanto como a las marcas olfativas almacenadas en su cerebro, y el cuento se llamaría <em>Aguacero</em>, o tal vez <em>Lluvia</em>, dos títulos más bien escuetos a imitación de los que los pintores les ponían a sus cuadros como para no hacerse culpables de abusar de la gramática expresando más de lo que se habían propuesto realizar con sus medios ordinarios”. (pp. 32-33).</p>
<p><em>Lluvia</em> está repleta de lúcidas reflexiones acerca del proceso de la escritura, pues de lo que se trata es de la disección de una escritora mediante un corte: cuando aparece el jardinero José, que irrumpe en el proceso creativo y da inicio a la narración. José existe porque hay novela y la novela existe porque José llama a su puerta, porque llueve y el coche se le ha averiado. A partir de ahí, lo exterior y lo interior se desarrollan, aunque a distancia: la agonía del Suizo, la poda del níspero, la andanzas de P., el pasado de José, o la naturaleza viva y vital ocurren al otro lado del cristal desde el que Clarice ve llover -declarado homenaje a <strong>Clarice Lispector</strong>, pues la autora se siente ser “<strong>Miss Moore</strong>, <strong>Miss Dickinson</strong>, <strong>Miss Barret</strong>, <strong>Miss Emily Brontë</strong>” (p. 37), escritoras que no quisieron dejar de ser mujeres y sobrevivir al intento de síntesis-. El hogar toma así forma de refugio donde se desarrolla la vida interior de la escritora; la ‘habitación del escritor’ de <strong>Virginia Woolf</strong>, como refugio y mirador privilegiado frente a la lluvia, metáfora de la violencia, y la crueldad que están fuera y amenazan con entrometerse.</p>
<p>“En el arte de la escritura es donde mejor se revela la interconexión del yo del mundo con el sujeto ampliado del conocimiento progresando. Sin pausa y sin centro” (p. 102). Mediante la escritura, logra la síntesis de vida y literatura, ambos son recuerdos suyos por igual. Desfilan así por las páginas de <em>Lluvia</em> multitud de escritores, pintores, músicos y filósofos, en el estilo de novela onomástica que tanto gusta a algunos lectores avezados a quienes llenará de imágenes, pero que dejará sensación de abandono al primerizo. Esta es la virtud y el defecto de esta obra de reducidas dimensiones pero de amplia dimensión, especialmente recomendable para aquellos que han sentido alguna vez en sus carnes el aguijón de la literatura; al resto quizá les parezca tedioso.</p>
<p>Para dirigirse a este <em>target</em> lector emplea una prosa precisa, conceptual y elegante; detallista, puntillosa, afila cada hecho, gesto, emoción o pensamiento, por nimio que sea pues Clarice/Victoria es “propensa a ver más cosas de las que había en las cosas” (p. 25) y porque “la belleza es como un lente grande aplicado a una cosa pequeña” (p. 143). La belleza de las cosas sencillas sobre las que recae su mirada compasiva, ya sea un colibrí o un vagabundo al que también teme, son las que nutren, además de la literatura misma, estas páginas que necesitan de un lector muy determinado y exigente. Mención aparte merece la cuidada edición de Candaya, prologada por <strong>Ednodio Quintero</strong>, con una hermosa cubierta de <strong>Francesc Fernández</strong>.</p>
<p></span></p>
<p><a title="Victoria de Stefano: Lluvia" href="http://www.elconfidencial.com/ocio/indice.asp?id=3394" target="_blank">Ir a El confidencial&#8230;</a>
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