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	<title>El dinosaurio que estaba allí &#187; literatura infantil y juvenil</title>
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	<description>Lecturas, pasiones y recuerdos de un cerebro reptil</description>
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		<title>La magia está en los libros</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2008 22:03:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Beascoa]]></category>
		<category><![CDATA[libro ilustrado]]></category>
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		<description><![CDATA[La ilusión de todo padre es aparecerse como un mago ante sus hijos. Eso, al menos hasta cierta edad, no es difícil porque desean ser crédulos. Y, mientras eso dure, su entorno es para ellos un mundo mágico. Ir hasta el parque es una excursión, a la playa un viaje alucinante. Una simple sábana entre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;">La ilusión de todo padre es aparecerse como un mago ante sus hijos. Eso, al menos hasta cierta edad, no es difícil porque desean ser crédulos. Y, mientras eso dure, su entorno es para ellos un mundo mágico. Ir hasta el parque es una excursión, a la playa un viaje alucinante. Una simple sábana entre dos sillas, un palacio encantado. Pero la magia real ayuda mucho. La posesión de objetos mágicos es un punto a favor de los padres, que ayuda a dar consistencia a esa mirada infantil. Y nada hay más mágico que un libro, pues en ellos reside toda la magia del mundo. No nos referimos a un libro de hechizos, sino a un libro hechizado, hechizado con el embrujo más poderoso: el del ingenio humano.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><a title="La magia está en los libros" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/12/24/libros_40_magia_libros.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a></span></p>
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		<title>Roderick Gordon y Brian Williams: Profundidades</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Dec 2008 22:33:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando Will Burroughs partió en pos de su padre desaparecido, ni remotamente podía imaginar que su búsqueda le fuera a llevar tan lejos. Profundidades, el segundo tomo de la exitosa saga Túneles llevará al joven Will y a su inseparabe Chester hasta las profundas soledades del planeta, lugar habitado por los “coprolitas”, una raza humanoide [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;">Cuando Will Burroughs partió en pos de su padre desaparecido, ni remotamente podía imaginar que su búsqueda le fuera a llevar tan lejos. <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Profundidades</em>, el segundo tomo de la exitosa saga <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Túneles</em> llevará al joven Will y a su inseparabe Chester hasta las profundas soledades del planeta, lugar habitado por los “coprolitas”, una raza humanoide que los colonos tratan con absoluto desprecio. Pero allí abajo hay mucho más: plantas asesinas, renegados de la Colonia, soldados de élite <em style="mso-bidi-font-style: normal;">styx</em> o más bien carniceros dedicados al exterminio de todo lo que se les cruza en el camino. Y, mientas Will trata de sobrevivir mientras continúa la búsqueda, los repulsivos styx están preparando su venganza sobre los odiados Seres de la Superficie, que no sospechan nada de lo que ocurre bajo sus pies.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><a title="Roderick Gordon y Brian Williams: Profundidades" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/12/23/libros_31_profundo_mismo_perseguido.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a></span></p>
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		<title>Ana Cristina Herreros: Libro de monstruos españoles</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Dec 2008 22:36:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Cristina Herreros]]></category>
		<category><![CDATA[cuento popular]]></category>
		<category><![CDATA[literatura infantil y juvenil]]></category>
		<category><![CDATA[Siruela]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuestros monstruos están en peligro. Ya nadie se acuerda de ellos, ni les teme. Iker Jiménez no les dedica ni un minuto de su tiempo. Sólo en el norte se les presta algo de  atención pero, ¿miedo? Ya ninguna doncella teme que el cuélebre le arrastre al fondo del mar, ni temen que las moras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;">Nuestros monstruos están en peligro. Ya nadie se acuerda de ellos, ni les teme. <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Iker Jiménez</strong> no les dedica ni un minuto de su tiempo. Sólo en el norte se les presta algo de <span style="mso-spacerun: yes;"> </span>atención pero, ¿miedo? Ya ninguna doncella teme que el cuélebre le arrastre al fondo del mar, ni temen que las moras les roben las boronas recién cocidas. Los monstruos están enfermos de olvido. Durante incontables años, los monstruos han servido para explicar las zonas de sombra en el conocimiento inmediato del hombre sencillo. Las desapariciones en los caminos, o de niños; los objetos que caen sin que aparentemente nadie los toque, o los crujidos de una casa en la noche. Todo aquello que es nombrado, identificado, puede ser dominado. Pero es muy difícil que, conociendo el funcionamiento meteorológico de la atmósfera se la pueda dominar; ahora, si es un ser hasta cierto punto “de carne y hueso” el que decide dónde descarga la pedriza, las probabilidades aumentan. Ante la aparente imposibilidad de domeñar lo intangible, se recurre a lo tangible.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><a title="Ana Cristina Herreros: Libro de monstruos españoles" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/12/22/libros_94_salvemos_monstruos_leyendo.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a></span></p>
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		<title>Heinz Janisch: Una nube en mi cama</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Dec 2008 22:39:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Heinz Janisch]]></category>
		<category><![CDATA[literatura alemana]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Si te encontraras un gorila en un árbol, qué le pedirías? Exacto, ayuda para los deberes. Y luego quizá escucharías con él la trompetita de los peces, en un mar anaranjado. Porque, a ojos de un niño lo imposible es lo más natural, lo natural es aburrido y es divertido lo impensable. Heinz Janisch e [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;">¿Si te encontraras un gorila en un árbol, qué le pedirías? Exacto, ayuda para los deberes. Y luego quizá escucharías con él la trompetita de los peces, en un mar anaranjado. Porque, a ojos de un niño lo imposible es lo más natural, lo natural es aburrido y es divertido lo impensable. <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Heinz Janisch</strong> e <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Isabel Pin </strong>nos lo recuerdan en el delgado pero suculento <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Una nube en mi cama</em>, editado por Lóguez. Todo comienza cuando a una niña, vestida de rojo y verdes medias, le visita una nube en su habitación. Este suceso, que rompe con el flujo natural de las cosas, provoca una oleada de pensamientos que los adultos entendemos como poéticos pero que para un niño es, simplemente, lenguaje.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><a title="Heinz Janisch: Una nube en mi cama" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/12/21/libros_8_imaginacion_mejor_juguete.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a></span></p>
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		<title>J. K. Rowling: Los cuentos de Beedle el Bardo</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Dec 2008 22:40:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[J. K. Rowling]]></category>
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		<description><![CDATA[Desde siempre, los cuentos han dado a sus maravillados oyentes, o lectores, coordenadas morales que les ayudaban a convertirse en miembros de pleno derecho del grupo. Era difícil, en esas épocas pasadas, recibir un mínimo de educación de otro modo y los cuentos cumplían esa función demostrando que la inteligencia narrativa ocupa un lugar principal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;">Desde siempre, los cuentos han dado a sus maravillados oyentes, o lectores, coordenadas morales que les ayudaban a convertirse en miembros de pleno derecho del grupo. Era difícil, en esas épocas pasadas, recibir un mínimo de educación de otro modo y los cuentos cumplían esa función demostrando que la inteligencia narrativa ocupa un lugar principal en la estructura cognitiva del ser humano. Y, si esto ocurre entre los muggles, lo mismo pasa entre los magos. Albus Dumbledore, uno de los más poderosos de nuestra época, se paseaba con un gastado ejemplar de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Los cuentos de Beedle el Bardo</em>, un personaje del siglo XV autor de algunos de los cuentos más célebres entre los niños magos. Dumbledore le regaló su incunable a Hermione Granger, quien vertió las runas al inglés, para luego ser <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">J. K. Rowling</strong> quien lo publicara en el mundo muggle.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial;"><a title="J. K. Rowling: Los cuentos de Beedle el Bardo" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/12/20/libros_86_magos_historias_famosas.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a></span></p>
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		<title>Oscar Wilde: El ilustre cohete</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Dec 2008 22:43:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
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		<category><![CDATA[J. R. R. Tolkien]]></category>
		<category><![CDATA[literatura británica]]></category>
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		<description><![CDATA[Los clásicos son una solución ideal para las editoriales. No hay que pagar derechos –a no ser que estemos ante clásicos contemporáneos-, mantienen una demanda constante y dan lugar a lucimiento editorial, porque en este caso más que nunca el valor añadido es la calidad de la edición. Así, cada año por estas fechas varias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">Los clásicos son una solución ideal para las editoriales. No hay que pagar derechos –a no ser que estemos ante clásicos contemporáneos-, mantienen una demanda constante y dan lugar a lucimiento editorial, porque en este caso más que nunca el valor añadido es la calidad de la edición. Así, cada año por estas fechas varias casas editan nuevas versiones de la <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Canción</em><em style="mso-bidi-font-style: normal;"> de Navidad</em> de <strong style="mso-bidi-font-weight: normal;">Charles Dickens</strong>. En 2008 Blume y Mare Nostrum han realizado su apuesta mas, aunque sea una edición de la pasada temporada, el grueso volumen de Edhasa <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Cuentos de Navidad de Charles Dickens</em><strong style="mso-bidi-font-weight: normal;"> </strong>se mantiene en lo alto pues, además de la célebre novela gótico-navideña, incluye los otros relatos pascuales del gran novelista inglés del XIX, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Las campanas</em>, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">El grillo del hogar</em>, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">El hechizado</em> y <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La batalla de la vida</em>, acompañados de ilustraciones originales de la época.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial; mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><a title="Osar Wilde: El ilustre cohete" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/12/19/libros_41_clasicos85.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a></span></p>
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		<title>La Navidad es de los niños</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Dec 2007 23:20:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Brian Williams]]></category>
		<category><![CDATA[Charles Kingsley]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia-ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Diana Wynne Jones]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Sierra i Fabra]]></category>
		<category><![CDATA[literatura británica]]></category>
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		<category><![CDATA[literatura fantástica]]></category>
		<category><![CDATA[literatura infantil y juvenil]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Roderick Gordon]]></category>

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		<description><![CDATA[La Navidad es de los niños, pero nunca hay que olvidar al que llevamos dentro. Como un cachorro curioso asoma cuando pasamos ante un escaparate repleto de juguetes, o en un parque de atracciones, o en Navidad. Ese niño interior es el que habrá de guiarnos a la hora de escoger un título que regalar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Navidad es de los niños, pero nunca hay que olvidar al que llevamos dentro. Como un cachorro curioso asoma cuando pasamos ante un escaparate repleto de juguetes, o en un parque de atracciones, o en Navidad. Ese niño interior es el que habrá de guiarnos a la hora de escoger un título que regalar a los jóvenes lectores, o de apuntar en la lista de peticiones para sus Majestades de Oriente. Esta selección es obra de nuestros niños interiores; son algunas de las historias que nos habría gustado haber leído hace algún tiempo. Algunas no nos las encontramos antes, otras sencillamente no habían sido escritas. Pero todas ellas son maravillosas aventuras para alimentar la imaginación de los más y los menos jóvenes, ahora que es Navidad, y la Navidad es de los niños.</p>
<p>Obras de <strong>Charles Kingsley</strong>, <strong>Roderick Gordon</strong> y <strong>Brian Williams</strong>, <strong>Jordi Sierra i Fabra</strong> y <strong>Diana Wynne Jones</strong>.</p>
<p><a title="La Navidad es de los niños" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2007/12/22/55_especial_juvenil.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a>
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		<title>Arthur Conan Doyle: El signo de los cuatro</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2005/01/01/arthur-conan-doyle-el-signo-de-los-cuatro/</link>
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		<pubDate>Sat, 01 Jan 2005 13:27:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Alianza]]></category>
		<category><![CDATA[Arthur Conan Doyle]]></category>
		<category><![CDATA[detectives]]></category>
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		<category><![CDATA[literatura decimonónica]]></category>
		<category><![CDATA[literatura infantil y juvenil]]></category>
		<category><![CDATA[Sherlock Holmes]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada mirada vuelta atrás, es decir, hacia los clásicos, resulta un ejercicio de asombro. Asombro por muchos motivos, entre ellos una vigencia en las formas especialmente en las obras de género. Las formas del relato de misterio las dejó ya sentadas Poe, y Conan Doyle se aplicó en no salirse nunca del camino marcado pues [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" style="margin-left: 5px; border: 0px;" src="http://img255.imageshack.us/img255/1623/conandoy.png" alt="" width="150" height="188" />Cada mirada vuelta atrás, es decir, hacia los clásicos, resulta un ejercicio de asombro. Asombro por muchos motivos, entre ellos una vigencia en las formas especialmente en las obras de género. Las formas del relato de misterio las dejó ya sentadas Poe, y Conan Doyle se aplicó en no salirse nunca del camino marcado pues era suficientemente efectivo. Tanto, que las más modernas tramas policíacas siguien contando con crímenes enigmáticos, sin solución aparente, pero que a través de una investigación lógica y científica, terminan por revelar los más inopinados secretos. Ahí tenemos a los CSI, o a mi predilecto Monk, adalides respectivamente de la investigación científica y lógico-deductiva. Pero esto comenzó a tener verdadero éxito con Sherlock Holmes, protagonista de <em>El signo de los cuatro</em>, novela policíaca que, aunque hoy nos pueda parecer algo ingenua, sigue conservando todo el sabor del buen género negro y que, además, preludia un subgénero: el de la persecución fluvial al más puro estilo <em>Corrupción en Miami</em> (aunque en lanchas de vapor, pelín más lentas).</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://img820.imageshack.us/img820/4266/vs3k7efs.png" alt="" width="150" height="239" />Sherlock Holmes es uno de los grandes                            héroes de la ficción, de todos los tiempos                            y de todo el mundo. Y, no obstante, se me hace un personaje                            desagradable, tan frío y altanero, aunque solitario                            y seguro de sí mismo como un Sam Spade (que,                            sin embargo, tenía ese punto irónico y                            socarrón que al severo Holmes le falta). Es un                            digno representante de la sociedad a la que perteneció,                            la sociedad que se creó bajo los auspicios de                            Victoria I de Inglaterra, una reimpresión de                            Isabel I, ambas más o menos vírgenes,                            más o menos gruñonas y más o menos                            desquiciadas. La sociedad victoriana muestra sus sombras                            más claramente en Dickens, y en el mundo de                            Sherlock Holmes aparecen veladas pero encarnadas en el personaje. Los de Dickens pueden ser                            bien verdugos, símbolo de los defectos de la                            sociedad, bien víctimas; pero en Holmes se cruzan                            los defectos y las virtudes de la sociedad que marcaría                            los derroteros del siglo XX: es un adalid de la ciencia,                            la tecnología y la lógica, en las que                            muestra una confianza sin fisuras, pero al mismo tiempo                            carece de verdaderos sentimientos (en apariencia), se                            comporta cruelmente con quienes le rodean (e incluso                            con quienes le profesan sincero afecto, como Watson,                            al que desprecia e insulta muchas veces), es un engreído,                            etc. En este relato, y para sorpresa de muchos, se desvela                            además como un yonqui adicto a la cocaína.                            La afición a las drogas fue una de las señas                            de la época, no en vano los ingleses desataron                            una guerra en China por el control del mercado del opio,                            y no olvidemos que la heroína fue un invento                            de la época (de Bayer, creo) para ayudar a los                            soldados de la Gran Guerra (de ahí su nombre)                            a superar la adicción a los mórficos (que                            se les administraban para calmar el dolor, pero muchos                            eran adictos ya antes, para superar dolores menos físicos).                            El propio Conan Doyle era adicto a la cocaína                            inyectada en los años de publicación de                            la novela (1889-1890), y aprovecha para utilizar al                            personaje para mantener un diálogo consigo mismo                            y con la sociedad acerca de esta afición. Aunque                            en esta ocasión parece que la droga resulta victoriosa,                            no volverá a aparecer en posteriores relatos                            protagonizados por Holmes (como no apareció en                            el anterior, <em>Estudio en escarlata</em>).</p>
<p>Este es uno de los                            datos acerca de Holmes que lo humanizan, muestran un                            lado frágil, apenas insinuado, que quizá                            es lo que nos permite admirar al héroe, en principio                            tan distante, con tantos aires de superioridad. Su método                            es imponente, pero eso resulta insuficiente para erigir                            una estatua en su honor y convertir un edificio de la                            auténtica Baker Street en un Museo Sherlock Holmes.                            Holmes necesita la estimulación de la droga para                            no derrumbarse, pero no sólo se sustenta de ciencia                            (en este caso, química), necesita también                            de afecto. Watson, su amigo del alma, opera como contrapunto                            aparente (en Conan Doyle, como gran escritor que es,                            todo son apariencias, insinuaciones) lleno de humanidad,                            de limitaciones, fascinado por el detective; y sin embargo                            Holmes necesita más a Watson que éste                            a aquél. Holmes necesita reconocimiento público,                            aunque generalmente demuestre desprecio: sin las narraciones                            de su amigo doctor (siempre «inexactas»),                            los clientes no irían a solicitarlo, ni tendría                            el reconocimiento de las autoridades (la policía                            suele arrogarse en sus informes el éxito en las                            misiones), pero también lo necesita por su propio                            ego, porque aunque se siente especial, ¿qué                            sería de él si los demás no lo                            supieran? De forma más egoísta, las comunes                            habilidades de Watson hacen parecer las suyas más                            deslumbrantes. Así, a través de detalles,                            insinuaciones, y rapsodias interpretadas virtuosamente                            en las cuatro cuerdas de un violín, vemos a un                            ser humano donde antes sólo había héroe.                            Un hombre que necesita esconderse para poder mantenerse                            a salvo pero que, gracias a la amistad infalible de                            Watson, permanece firmemente adherido al mundo que tanto                            teme.</p>
<p>Por otro lado, un rápido apunte                            acerca del título de la obra. El signo «cuatro»                            es tradicionalmente misterioso, mágico. Los indios                            lakota agrupan todo cuanto existe en cuartetos: las                            plantas están formadas de raíz, tallo,                            hojas y frutos; sobre la tierra hay sol, luna, cielo                            y estrellas; los animales de clasifican en aquellos                            que se arrastran, aquellos que vuelan, los que caminan                            a cuatro patas y los que lo hacen sobre dos; y el tiempo,                            días, noches, lunas y años. El «4»                            representa a lo que existe. Cuatro eran también                            los elementos constitutivos de la realidad para Empédocles                            (tierra, agua, aire, fuego), en la que fue la elaboración                            más refinada de la teoría presocrática                            de los elementos. No estoy ducho en elementos mágicos,                            pero tanto la mística siux como la presocrática                            (eran más místicos que filósofos)                            nos sugieren una atmósfera cabalística                            o alquímica, un mundo en el que los números                            tienen «algo más», un secreto poder,                            un significado oculto, una clave para entender el sentido                            de la existencia y de lo que pueda haber más                            allá de ella. Desconozco la biografía                            de Conan Doyle hasta el punto de saber si era dado a                            los arcanos, como sí lo fue, por ejemplo, Victor                            Hugo, pero parece que, en este caso, la única                            magia capaz de mover el mundo es la ambición,                            o quizá el amor. La respuesta, en la novela.</p>
<p><a title="Arthur Conan Doyle: El signo de los cuatro" href="http://www.cuantoyporquetanto.com/htm/libros/libros_elsignodeloscuatro.htm" target="_blank">Léelo en Cuanto y por qué tanto&#8230;</a></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://img412.imageshack.us/img412/1319/thames.png" alt="" width="475" height="254" /></p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 0px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">
<p>Sherlock Holmes es uno de los grandes                            héroes de la ficción, de todos los tiempos                            y de todo el mundo. Y, no obstante, se me hace un personaje                            desagradable, tan frío y altanero, aunque solitario                            y seguro de sí mismo como un Sam Spade (que,                            sin embargo, tenía ese punto irónico y                            socarrón que al severo Holmes le falta). Es un                            digno representante de la sociedad a la que perteneció,                            la sociedad que se creó bajo los auspicios de                            Victoria I de Inglaterra, una reimpresión de                            Isabel I, ambas más o menos vírgenes,                            más o menos gruñonas y más o menos                            desquiciadas. La sociedad victoriana muestra sus sombras                            más claramente en Dickens, pero en el mundo de                            Sherlock Holmes aparecen veladas pero encarnadas en                            este personaje. Los personajes de Dickens pueden ser                            bien verdugos, símbolo de los defectos de la                            sociedad, bien víctimas; pero en Holmes se cruzan                            los defectos y las virtudes de la sociedad que marcaría                            los derroteros del siglo XX, es un adalid de la ciencia,                            la tecnología y la lógica, en las que                            muestra una confianza sin fisuras, pero al mismo tiempo                            carece de verdaderos sentimientos (en apariencia), se                            comporta cruelmente con quienes le rodean (e incluso                            con quienes le profesan sincero afecto, como Watson,                            al que desprecia e insulta muchas veces), es un engreído,                            etc. En este relato, y para sorpresa de muchos, se desvela                            además como un yonqui, adicto a la cocaína.                            La afición a las drogas fue una de las señas                            de la época, no en vano los ingleses desataron                            una guerra en China por el control del mercado del opio,                            y no olvidemos que la heroína fue un invento                            de la época (de Bayer, creo) para ayudar a los                            soldados de la Gran Guerra (de ahí su nombre)                            a superar la adicción a los mórficos (que                            se les administraban para calmar el dolor, pero muchos                            eran adictos ya antes, para superar dolores menos físicos).                            El propio Conan Doyle era adicto a la cocaína                            inyectada en los años de publicación de                            la novela (1889-1890), y aprovecha para utilizar al                            personaje para mantener un diálogo consigo mismo                            y con la sociedad acerca de esta afición. Aunque                            en esta ocasión parece que la droga resulta victoriosa,                            no volverá a aparecer en posteriores relatos                            protagonizados por Holmes (como no apareció en                            el anterior, Estudio en escarlata). Este es uno de los                            datos acerca de Holmes que lo humanizan, muestran un                            lado frágil, apenas insinuado, que quizá                            es lo que nos permite admirar al héroe, en principio                            tan distante, con tantos aires de superioridad. Su método                            es imponente, pero eso resulta insuficiente para erigir                            una estatua en su honor y convertir un edificio de la                            auténtica Baker Street en un Museo Sherlock Holmes.                            Holmes necesita la estimulación de la droga para                            no derrumbarse, pero no sólo se sustenta de ciencia                            (en este caso, química), necesita también                            de afecto. Watson, su amigo del alma, opera como contrapunto                            aparente (en Conan Doyle, como gran escritor que es,                            todo son apariencias, insinuaciones) lleno de humanidad,                            de limitaciones, fascinado por el detective; y sin embargo                            Holmes necesita más a Watson que éste                            a aquél. Holmes necesita reconocimiento público,                            aunque generalmente demuestre desprecio: sin las narraciones                            de su amigo doctor (siempre «inexactas»),                            los clientes no irían a solicitarlo, ni tendría                            el reconocimiento de las autoridades (la policía                            suele arrogarse en sus informes el éxito en las                            misiones), pero también lo necesita por su propio                            ego, porque aunque se siente especial, ¿qué                            sería de él si los demás no lo                            supieran? De forma más egoísta, las comunes                            habilidades de Watson hacen parecer las suyas más                            deslumbrantes. Así, a través de detalles,                            insinuaciones, y rapsodias interpretadas virtuosamente                            en las cuatro cuerdas de un violín, vemos a un                            ser humano donde antes sólo había héroe.                            Un hombre que necesita esconderse para poder mantenerse                            a salvo pero que, gracias a la amistad infalible de                            Watson, permanece firmemente adherido al mundo que tanto                            teme.</p>
<p>Por otro lado, un rápido apunte                            acerca del título de la obra. El signo «cuatro»                            es tradicionalmente misterioso, mágico. Los indios                            lakota agrupan todo cuanto existe en cuartetos: las                            plantas están formadas de raíz, tallo,                            hojas y frutos; sobre la tierra hay sol, luna, cielo                            y estrellas; los animales de clasifican en aquellos                            que se arrastran, aquellos que vuelan, los que caminan                            a cuatro patas y los que lo hacen sobre dos; y el tiempo,                            días, noches, lunas y años. El «4»                            representa a lo que existe. Cuatro eran también                            los elementos constitutivos de la realidad para Empédocles                            (tierra, agua, aire, fuego), en la que fue la elaboración                            más refinada de la teoría presocrática                            de los elementos. No estoy ducho en elementos mágicos,                            pero tanto la mística siux como la presocrática                            (eran más místicos que filósofos)                            nos sugieren una atmósfera cabalística                            o alquímica, un mundo en el que los números                            tienen «algo más», un secreto poder,                            un significado oculto, una clave para entender el sentido                            de la existencia y de lo que pueda haber más                            allá de ella. Desconozco la biografía                            de Conan Doyle hasta el punto de saber si era dado a                            los arcanos, como sí lo fue, por ejemplo, Victor                            Hugo, pero parece que, en este caso, la única                            magia capaz de mover el mundo es la ambición,                            o quizá el amor. La respuesta, en la novela.</p>
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		<title>Roald Dahl: Historias extraordinarias</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Jan 2005 13:20:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>
		<category><![CDATA[literatura británica]]></category>
		<category><![CDATA[literatura fantástica]]></category>
		<category><![CDATA[literatura infantil y juvenil]]></category>
		<category><![CDATA[Roald Dahl]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay libros de verano, aunque no siempre coincidan con los aparecidos en catálogos con dicha etiqueta; son libros que, quizá, evocan lecturas de infancia o adolescencia, recuerdos gratos del nacimiento lector, del descubrimiento de la literatura. Y hay autores que pueden ser singularmente veraniegos, aunque no lo hayan pretendido. A mí me ocurre todo esto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay libros de verano, aunque no siempre coincidan con los aparecidos en catálogos con dicha etiqueta; son libros que, quizá, evocan lecturas de infancia o adolescencia, recuerdos gratos del nacimiento lector, del descubrimiento de la literatura. Y hay autores que pueden ser singularmente veraniegos, aunque no lo hayan pretendido. A mí me ocurre todo esto con Roald Dahl, el autor inglés que «inventó» a los gremlins, una célebre fábrica de chocolate, o bien nos hizo estremecer con sus relatos de suspense, muchos de los cuales adaptó Hitchcock para su serie de TV. Mi primer contacto con Roald Dahl fue a finales de un curso de la ya olvidada EGB, en clase de inglés; debía ser junio, por lo que sólo tendríamos clases de mañana y las tardes las pasaríamos en la playa o el muelle (puede que pescando, puede que escrutando la salida de los colectores de la ciudad). Era un relato muy intenso que teníamos que traducir, la experiencia de un hombre que estaba en el trópico y, al despertar de una siesta, descubría que tenía, enroscada sobre su estómago, dormida, una serpiente, probablemente una mamba.</p>
<p><a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/User:David.Monniaux"><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://img842.imageshack.us/img842/9153/mambab.png" alt="" width="200" height="176" /></a>Dahl fue un gran viajero, conocía                            bien los trópicos y en más de una ocasión                            ha escrito sobre las mambas. Para quien no las conozca,                            son <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dendroaspis_angusticeps" target="_blank">unas serpientes venenosísimas, las más                            peligrosas que hay en tierra</a>. Las hay verdes y negras,                            pero ambas tienen ciertas peculiaridades: pueden morder                            repetidas veces (la mayor parte de las serpientes agotan                            su veneno con un mordisco) y persiguen a sus presas.                            Su mordedura es mortal en cuestión de minutos,                            por lo que no hay antídoto, y además habitan                            en los árboles, dejándose caer de vez                            en cuando sobre viajeros incautos. Todo ello hace de                            estos reptiles el ser, probablemente, más desagradable                            del mundo (después del mosquito, se la tengo                            jurada), aunque también hay que reconocer a la                            mamba cierta belleza y elegancia. Así que dicho                            lo dicho, podemos imaginarnos perfectamente lo que podría                            sentir un tipo que, al despertar viese a una mamba tumbada                            sobre su tripita, y temiendo que un movimiento suyo,                            o un ruido ajeno a su acción, viniera a despertarla.</p>
<p>Roald Dahl es un maestro del suspense,                            como reconoció el otro maestro del suspense inglés,                            Hitchcock. Y es, además, un portento de imaginación,                            como reconoció el imaginativo Disney. Pero nuestro                            autor no necesitó de padrinos tan renombrados                            para hacerse célebre, le bastó con tales                            cualidades y un pulso narrativo magistral. Escribía                            obras para niños, con las que muchos se han criado,                            y también para adultos, con las que muchos se                            han tensionado. <em>Historias extraordinarias</em> pertenece                            a este segundo grupo, aunque tiene algunos toques infantiles.                            Afortunadamente, los buenos lectores saben que esa frontera                            entre la narrativa infantil y la narrativa para adultos                            es difusa, y puede cruzarse (en más de un sentido),                            como ocurre con el fenómeno Potter (que, aprovecho                            para decirlo, va perdiendo fuelle con cada libro). El                            primer relato es claramente infantil, porque los protagonistas                            son un niño y una tortuga, pero el adulto es                            invitado de manera hábil, dado que el narrador                            lo es. Un adulto puede razonar cosas que el niño                            sólo siente, y este relato es una buena ocasión                            para reflexionar sobre nuestra relación con el                            mundo animal (y, además, desde una posición                            más amable que la del cuento anteriormente descrito),                            y también sobre nuestra relación, como                            ex-niños, con los aún-niños. No                            son temas baladís, sino que forman parte de una                            cosmovisión compleja que en Dahl se mantiene                            firme a lo largo de toda su obra, infantil y adulta.</p>
<p>Ahora bien, no esperemos sermones. Como todo buen narrador,                            y siguiendo a Conrad, Dahl sólo escribe la mitad                            del libro, nos apunta los temas y los viste de humanidad                            para que los lectores puedan, si lo desean, reflexionar.                            Y si no, al menos habremos pasado un buen rato, animados                            no sólo por la humanidad del relato, no sólo                            por la imaginación vertida, sino también                            por el ya destacado pulso narrativo, que muchas veces                            es lo que nos hace seguir adelante. Esta es una cualidad                            normalmente despreciada por la crítica, y aún                            por el público esnobizado por la crítica.                            Y, sin embargo, es la vida de toda narración,                            más que las ideas vertidas o que la imaginación                            empleada. Los narradores ingleses son consumados maestros,                            y Dahl no traiciona su tradición (aunque era                            medio escandinavo, según creo).</p>
<p><img class="alignright" style="margin-left: 5px; border: 0px;" src="http://www.cuantoyporquetanto.com/images/libros/historiasextraordinarias.jpg" alt="" width="200" height="310" />Los siguientes relatos varían,                            de lo infantil a lo adulto, desde el relato bélico                            con evocación de <em>El principito</em> (es una sensación                            mía) al reportaje periodístico o la narración                            autobiográfica con solución inesperada                            aunque genial. Estos relatos son medicina, por su sencillez,                            frescura y originalidad. Uno se siente recompuesto,                            bajo el sol ya robusto de junio, de las penurias de                            un largo y seco invierno. Si bien Roald Dahl no será                            un descubrimiento para nadie, porque es de sobra conocido,                            no está demás redescubrirlo de vez en                            cuando, como a los buenos escritores. Y, ¿qué                            mejor momento que el verano? Así como en invierno                            apetece redescubrir a Dickens, en otoño a Kafka                            o en primavera a Mishima (sigo hablando de mí,                            cada cual tendrá organizado el año a su                            manera), en verano quizá podamos hacerlo con                            Dahl, o con Dumas, o Ferlosio, o Julio Verne&#8230;</p>
<p><a title="Roald Dahl: Historias extraordinarias" href="http://www.cuantoyporquetanto.com/htm/libros/libros_historiasextraordinarias.htm" target="_blank">Lee el original en Cuanto y por qué tanto&#8230;</a>
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