Mar 04

Neutralia, de Evelyn Waugh

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 4/03/2010

Llega al fin la traducción de esta novelita que Evelyn Waugh escribiera en 1946, una vez digerido el gran éxito de Retorno a Brideshead -mejor el libro que la serie, mejor la serie que la película- y que parte de un viaje que el novelista hiciera a España, ese mismo año, invitado al III Centenario de Francisco de Vitoria, en calidad, suponemos, de católico célebre en un entorno hostil.

Conviene recordar que Waugh no era un buen viajero; cargaba, como cuenta Miguel Sánchez Ostiz en el prólogo de Una educación incompleta (Libros del Asteroide, 2007), con todos sus prejuicios de clase que, en el caso del autor de Los seres queridos, eran muchos. Su visión de España no es positiva, y no tiene que ver sólo con su rechazo de la dictadura, sino más bien con su conocido esnobismo. No obstante, muestra cierta conmiseración hacia Neutralia, la dictadura mediterránea -que no se corresponde exactamente con España, a pesar de todo, sino que es un “conglomerado”- en la que transcurre buena parte de la acción de la novelita: “Ha sufrido todo mal concebible que un estado pueda heredar. Guerras dinásticas, invasiones extranjeras, sucesiones disputadas, colonias sublevadas, sífilis endémicas, suelo empobrecido, intrigas masónicas, revoluciones, restauraciones, cábalas, juntas, pronunciamientos, liberaciones, constituciones, golpes de estado, dictaduras, asesinatos, reformas agrarias, elecciones populares, intervención extranjera, cancelación de préstamos, inflaciones de moneda, sindicatos, masacres, incendios, ateísmo, sociedades secretas… Complétese la lista, introdúzcanse tantas miserias personales como se desee, y se encontrará todo en los tres últimos siglos de historia neutraliana” (p. 28).

A ese país va a parar el oscuro profesor de clásicas de un colegio inglés cualquiera, Scott-King, “el viejo Scottie; toda una institución escolar, cuyas lamentaciones precisas y ligeramente nasales sobre la decadencia moderna inspiraban constantes parodias” (p. 25). El protagonista, que no llega a ser un trasunto del autor, teme, al igual que éste, la deriva que toma el mundo de la posguerra. El mundo moderno surgido al terminar la Segunda Guerra Mundial está haciendo tambalearse el bien erigido edificio de la civilización occidental, de raigambre británica, y que Waugh advertía en el avance del socialismo, y Scott-King, en la decadencia de los estudios clásicos, al encontrarse cada año con menos alumnos:  “Los padres ya no están interesados en formar al hombre completo. Quieren preparar a sus chicos para empleos en el mundo moderno” (p. 107).

Léelo completo en El Confidencial…

Llega al fin la traducción de esta novelita que Evelyn Waugh escribiera en 1946, una vez digerido el gran éxito de Retorno a Brideshead -mejor el libro que la serie, mejor la serie que la película- y que parte de un viaje que el novelista hiciera a España, ese mismo año, invitado al III Centenario de Francisco de Vitoria, en calidad, suponemos, de católico célebre en un entorno hostil.

Conviene recordar que Waugh no era un buen viajero; cargaba, como cuenta Miguel Sánchez Ostiz en el prólogo de Una educación incompleta (Libros del Asteroide, 2007), con todos sus prejuicios de clase que, en el caso del autor de Los seres queridos, eran muchos. Su visión de España no es positiva, y no tiene que ver sólo con su rechazo de la dictadura, sino más bien con su conocido esnobismo. No obstante, muestra cierta conmiseración hacia Neutralia, la dictadura mediterránea -que no se corresponde exactamente con España, a pesar de todo, sino que es un “conglomerado”- en la que transcurre buena parte de la acción de la novelita: “Ha sufrido todo mal concebible que un estado pueda heredar. Guerras dinásticas, invasiones extranjeras, sucesiones disputadas, colonias sublevadas, sífilis endémicas, suelo empobrecido, intrigas masónicas, revoluciones, restauraciones, cábalas, juntas, pronunciamientos, liberaciones, constituciones, golpes de estado, dictaduras, asesinatos, reformas agrarias, elecciones populares, intervención extranjera, cancelación de préstamos, inflaciones de moneda, sindicatos, masacres, incendios, ateísmo, sociedades secretas… Complétese la lista, introdúzcanse tantas miserias personales como se desee, y se encontrará todo en los tres últimos siglos de historia neutraliana” (p. 28).Llega al fin la traducción de esta novelita que Evelyn Waugh escribiera en 1946, una vez digerido el gran éxito de Retorno a Brideshead -mejor el libro que la serie, mejor la serie que la película- y que parte de un viaje que el novelista hiciera a España, ese mismo año, invitado al III Centenario de Francisco de Vitoria, en calidad, suponemos, de católico célebre en un entorno hostil.

Conviene recordar que Waugh no era un buen viajero; cargaba, como cuenta Miguel Sánchez Ostiz en el prólogo de Una educación incompleta (Libros del Asteroide, 2007), con todos sus prejuicios de clase que, en el caso del autor de Los seres queridos, eran muchos. Su visión de España no es positiva, y no tiene que ver sólo con su rechazo de la dictadura, sino más bien con su conocido esnobismo. No obstante, muestra cierta conmiseración hacia Neutralia, la dictadura mediterránea -que no se corresponde exactamente con España, a pesar de todo, sino que es un “conglomerado”- en la que transcurre buena parte de la acción de la novelita: “Ha sufrido todo mal concebible que un estado pueda heredar. Guerras dinásticas, invasiones extranjeras, sucesiones disputadas, colonias sublevadas, sífilis endémicas, suelo empobrecido, intrigas masónicas, revoluciones, restauraciones, cábalas, juntas, pronunciamientos, liberaciones, constituciones, golpes de estado, dictaduras, asesinatos, reformas agrarias, elecciones populares, intervención extranjera, cancelación de préstamos, inflaciones de moneda, sindicatos, masacres, incendios, ateísmo, sociedades secretas… Complétese la lista, introdúzcanse tantas miserias personales como se desee, y se encontrará todo en los tres últimos siglos de historia neutraliana” (p. 28).

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Ene 21

Una revolución pequeña, de Juan Aparicio Belmonte

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 21/01/2010

Juan Aparicio BelmonteLa cuarta novela de Juan Aparicio-Belmonte vuelve a dar la vuelta al mundo, y no en un sentido geográfico. El suyo es un realismo, casi costumbrismo, muy peculiar, que encontraba expresión en su aclamada anterior novela, El disparatado círculo de los pájaros borrachos: “si la realidad hoy en día es un disparate, toda novela realista tendrá que ser disparatada” (p. 127; Lengua de Trapo, 2006).

El autor ha hecho del humor disparatado su sello, que no se imprime sobre chistes vacíos sino sobre un fondo de crítica social centrada en el sistema judicial y penitenciario, así como en las peculiaridades políticas nacionales. Así ocurre en esta novela, Una revolución pequeña, en la que el abogado inocente acaba en prisión, los jueces asesinan… un mundo novelesco que subvierte la mirada convencional sin dejar de reseñar fielmente la realidad, aunque sea a través de los espejos deformantes del humor.

Léelo completo en El Confidencial…

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Nov 03

El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta

Escrito en Mirada de troodon.
Etiquetas: , , , 3/11/2009

Parece que El viaje íntimo de la locura fuera un libro fantasma: muchos creen en él -y lo han comprado o pretenden hacerlo-, pero pocos lo ha leído. Por lo menos, eso es lo que aparece en la red. Y sería injusto perseverar en esta actitud reverencial aunque pasiva, porque la primera novela de Roberto Iniesta, el alma de Extremoduro, no está nada mal. Por mi parte, llevaba algún tiempo sin escucharlos pues, aunque en sus últimos discos había algunos temas memorables -me encanta Stand By- estaba un poco cansado de tanta luna y tanta flor, y algo de eso hay aquí, en la novela -más sol que luna-.

Por el título -creo que inadecuado- y por la ilustración de la cubierta -es a un retrete a lo que se asoma el hombre del pelo enhiesto- uno podría imaginar que estamos ante un producto de la época que va de Rock transgresivo a Agíla, pero en el interior se desarrolla, como no podía ser de otro modo -la novela comenzó a escribirse en 2003-, una historia del ciclo de Canciones prohibidas en adelante. Es decir, de la época de las flores y las lunas, y no de las prisiones y las sobredosis. Pero este es, ante todo, un Robe auténtico, con el mismo fondo de siempre, el mismo mobiliario mental -algo tosco pero sólido, de madera noble- y el mismo ansia de expresar su mundo interior con esa rabia que a veces logra calmar la poesía.

El viaje íntimo de la locura

Ahora bien, nada más comenzar la lectura, a la altura del Prólogo, me invaden las sospechas. Las vísceras le van bien a las letras musicales, especialmente cuando son acompañadas por guitarras contundentes, pero no a la literatura que es, ante todo, contención.

Robe insiste en no desvelar la trama, y no seré yo quien lo haga. Hay que respetar los deseos del autor, aunque es cierto que, cuando lanza al público su obra, “aunque es parte de él, una vez que sale de sí, se aleja de su esencia como un hijo de un padre” (p. 220; aunque Robe se refiere, en las páginas del libro, a un zurullo), si es que lo tuvo alguna vez. Comprendo el sentimiento del novelista y haré lo que pueda por apoyarle en tan vano empeño. Sólo diré que el protagonista, don Severino, es un notario de provincias, chapado a la antigua, que habita las rutinas tanto como ellas le habitan en él, pero cuyo mundo comienza a cambiar cuando su despertador le falla -y para adquirirlo ya acometió un cambio-. Será ese tan sólo el principio de los trastornos, cuya suma arroja como resultado un viaje, que es el cuerpo de la novela. En algunos momentos me recuerda a Héctor Servadac, más que a Cinco semanas en globo. También tiene mucho de Robinson Crusoe, aunque resulta evidente y explícito. Es un viaje al interior de don Severino, aunque adopte una forma ambigüa y descabellada; pero es que el pobre notario llevaba toda la vida tratando de ignorarse, y no le va a ser fácil llegar al quid de sí mismo.

Las sospechas no cuajan. Robe lidia con la prosa narrativa tentando, aventurando, y comete errores de principiante: se repite, se explica en exceso -más al comienzo de la novela-, se expresa intencionadamente de manera rebuscada, y desarrolla en exceso subtramas accesorias; el manejo del ritmo es correcto, casi sin altibajos, pero se resiente de ello. De todos modos, los defectos técnicos no disminuyen el efecto que la novela ejerce sobre el lector, porque cuando hay cabeza, todo lo demás importa menos. El principal es que lo entretiene; El viaje íntimo es una novela divertidísima, irónica, con momentos muy buenos de humor. El otro es que, arrastrado por un personaje tan entrañable como don Severino y, participando de su metamorfosis, el lector se debe formular una serie de preguntas de índole moral -Roberto Iniesta podrá ser un inmoral, pero en absoluto es un amoral-. La lección, sin embargo, resulta inasumible.

El Robe de siempre, el autor de las letras de Extremoduro -uno de los grandes letristas de hoy-, aparece en fogonazos, en escenas como las del ataque aéreo al Papa y a la Reina de Inglaterra o en los monólogos de la lombriz -a mi juicio, un postizo que sólo aporta risa- y en las familiares reflexiones tan castizas como certeras que abundan en sus canciones. Esa sinceridad que le hace más artista que muchos otros con la cabeza llena de doctrina. O cabría decir, más adecuadamente, artesano; seguro que, por añadidura, le gusta más. No cuesta mucho imaginarle trabajando la prosa con mimo, raspándola, haciéndose callos en los dedos al tiempo que la materia va adoptando la forma que le impone su paciencia, aunque a veces ésta se le escape. A ver si le ha cogido gusto al oficio y, con mimbres más sólidos, vuelve a ofrecernos un fragmento de su íntima locura.

La cita:

“[Las primaveras se le escurrían] como si tuviera flojo el esfínter por donde se nos escapa el tiempo” (p. 18).

La ficha:

El viaje íntimo de la locura, Roberto Iniesta. El hombre del saco, Muxica, 2009. 310 páginas, 19 €.

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Oct 08

Manual del temporero literario: España, aparta de mí esos premios, de Fernando Iwasaki

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 8/10/2009

Toda localidad española tiene ya, junto a las fiestas del patrón, el dulce típico y el tipo popular -el tonto’l pueblo-, la convocatoria de su premio literario como una de las circunstancias señeras de la vida comunitaria. Certámenes cuya superfluidad es lugar común, tanto como las obras que premian, tantas veces firmadas por parientes de los jueces o de miembros del consistorio. Mas, como ya sabíamos por Roberto Bolaño, para muchos escritores son el pan de cada día, y no conviene, cuando se trata de sobrevivir, andarse con miramientos.

Cubierta de España, aparta de mí esos premiosConfesaba el tristemente desaparecido escritor chileno que incumplía adrede algunos puntos de las bases, en especial aquel que exige novedad al relato. Bolaño enviaba el mismo cuento a varios premios y la condición de estos queda revelada en que nunca fue descubierto: hasta el último gran escritor iberoamericano fue ignorado muchas veces por los incorruptibles jueces. Fernando Iwasaki, más comedido, recomienda en el Decálogo del concursante consuetudinario que cierra este volumen de cuentos que el temporero literario puede meramente escribir “un cuento que sea como una «célula madre» literaria que puedas clonar para cada concurso” (p. 155).

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Nov 22

Javier Serrano: Papá, el niño también es tuyo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 22/11/2008

Sudor, temblores… Así reaccionan muchos hombres ante el rostro de felicidad contenida que suelen ofrecer las mujeres cuando anuncian su preñez. Por supuesto, esto es un cliché. Uno moderno, pero cliché. A muchos les hace una ilusión tremenda saber que van a ser padres. Y ya no está tan claro que cojamos al crío como si de porcelana china se tratase. Muchos se manchan las manos, literalmente, cuando es necesario refrescar al bebé. Pero otros siguen restringiendo su relación paterno-filial a ámbitos tradicionales, como el ocio o el castigo. A veces la iniciativa de alejamiento procede del progenitor; otras, es la progenitora la que marca el territorio, porque el bestia de su compañero “no sabe” o “no le interesa”.

 

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