May 17

Yasutaka Tsutsui: Hombres salmonela en el planeta porno

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 17/05/2008

No es muy conocido el nombre de Yasutaka Tsutsui en España, excepto para devotos del anime –les sonará Paprika, llevada al cine por Satoshi Kon–, pero es difícil resistirse a un libro con un título como Hombres salmonela en el planeta Porno. El relato que presta su nombre a la recopilación es una pieza de pura ciencia ficción, con el sello que imprime Tsutsui a sus escritos y que lo distinguen de muchos otros autores del género: el humor. El relato cuenta el viaje de un grupo de científicos hacia una ciudad de hippies alienígenas en la esperanza de que puedan ayudarles con un problema que ha surgido en su grupo: la única mujer de la expedición fue violada por una planta –una imagen típicamente hentai– y se encuentra embarazada. Pero el planeta Porno está lleno de peligros: animales y plantas están totalmente desinhibidos sexualmente –¿qué autor nipón puede obviar el tema de la represión sexual?–, y no distinguen entre sexos ni especies a la hora de satisfacer su pasión erótica.

El gran valor de este autor es el humor casi sádico, que es más que un tono o recurso, es el alma de su literatura: “la existencia es un gran escenario cómico y todos los seres humanos son actores y personajes de una ópera bufa” (p. 179). Si lo habitual en narrativa es que la lógica guíe la acción, o el absurdo en los autores surrealistas –que tanto han influido a Tsutsui–, o la emotividad, para este japonés obcecado con la libertad es el humor lo que imprime el sentido de las acciones y la psicología de los personajes aunque, como demuestra en El límite de la felicidad, también puede ser tétricamente serio.

En este relato reflexiona sobre uno de sus temas fundamentales: la degeneración del hombre contemporáneo, condenado a morir de éxito; la humanidad, al modo de los lemmings, avanza hacia el mar ahogándose sin remisión y al igual que los roedores “no tienen la intención de restaurar el equilibrio de la naturaleza poniendo freno al exceso de población, yo tampoco reflexionaba sobre la prosperidad anormal, la paz anormal o la felicidad anormal de la raza humana” (p. 59). En este relato aparece la atmósfera surreal –las familias empujándose unas a otras hacia la orilla, las mujeres subidas a los árboles–, la crueldad obscena de la madre asesinando a su propio hijo, pero falta el humor que define su obra. Este relato es, pues, más ballardiano, pero es que Tsutsui comparte con el británico un mismo espíritu rebelde, pesimista y profético, además de ser ambos brillantes y muy particulares autores de ciencia ficción.

En El mundo se inclina, que se puede leer en clave profética pesimista tanto como misógina –aunque el autor no se tenga por tal–, el humor está presente de manera casi sólida. Tsutsui exhibe su ausencia de esperanza en la humanidad porque todo progreso está motivado por intereses espurios: la utopía siempre deviene en distopía. Así, el sueño de la ciudad feminista de la alcaldesa Tomoe está motivado tanto por el odio a su marido como por la aversión al juego del pachinko, pero en escasa medida por verdaderas convicciones igualitarias que, en cualquier caso, devienen en totalitarias. Tomoe consigue hacer prohibir el pachinko en todo el país, y reutiliza las 11.705.844.000 bolas ahora inútiles como lastre para su imaginada ciudad flotante. Evidentemente, el proyecto está viciado desde el inicio y, pese a la vigilancia de hordas de amas de casa báquicas el proyecto se resolverá en un hilarante fracaso.

En este relato, como en muchos otros, aparece el tema de las pretensiones totalitarias de determinados grupos, quizá minoritarios pero en todo caso capaces de coartar las libertades del individuo. En 1993, la Asociación de Epilépticos del Japón protestó por ciertas expresiones que Tsutsui había escrito en uno de sus libros. La persecución que sufrió por parte de los medios de comunicación le levó a dejar de publicar, como forma de protesta ante un linchamiento que consideraba injusto. Esta experiencia la refleja en El último fumador, en la que el narrador es, como él, un escritor de éxito que se resiste a dejar de fumar pese a los ataques de las ligas antitabaco, y rememora, instantes antes de ser abatido por las Fuerzas de Autodefensa, cómo el tabaco llegó a convertirse en el tabú por excelencia y cómo el fanatismo totalitario es la consecuencia de la modernidad, del sueño de la razón.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial

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Mar 15

Leopoldo María Panero: Cuentos completos

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 15/03/2008

Son ya muchos años de retiro de Leopoldo María Panero, el último maldito de las letras españolas, pero no ha descansado ni detenido su escritura; si acaso, ha trabajado más aún. Ahora, Páginas de Espuma presenta sus cuentos completos, una extensión poco conocida de su reconocida poética, editados por Túa Blesa, principal experto en la obra del mediano de los Panero. Aunque no es un narrador fascinante, ha sabido crear un mundo fascinador y terrible, del que estas piezas no dejan de ser una interesante curiosidad. Quienes estén familiarizados con su obra poética se encontrarán en territorio conocido, aunque no por ello agradable.

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Dic 22

La Navidad es de los niños

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , , , , , , , 22/12/2007

La Navidad es de los niños, pero nunca hay que olvidar al que llevamos dentro. Como un cachorro curioso asoma cuando pasamos ante un escaparate repleto de juguetes, o en un parque de atracciones, o en Navidad. Ese niño interior es el que habrá de guiarnos a la hora de escoger un título que regalar a los jóvenes lectores, o de apuntar en la lista de peticiones para sus Majestades de Oriente. Esta selección es obra de nuestros niños interiores; son algunas de las historias que nos habría gustado haber leído hace algún tiempo. Algunas no nos las encontramos antes, otras sencillamente no habían sido escritas. Pero todas ellas son maravillosas aventuras para alimentar la imaginación de los más y los menos jóvenes, ahora que es Navidad, y la Navidad es de los niños.

Obras de Charles Kingsley, Roderick Gordon y Brian Williams, Jordi Sierra i Fabra y Diana Wynne Jones.

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Abr 21

Gregory Maguire: Wicked

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 21/04/2007

Especializado en restituir el honor a los villanos de los cuentos infantiles, Gregory Maguire sorprendió, a medidados de los 90, con esta interesante novela que cuenta la vida de Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste -que se derrite al final de El Mago de Oz-. Hija de una aristócrata muchkin y un sacerdote unionista, Elphaba es una niña verde y dentellada, que viene al mundo de Oz antes de la llegada de Dorothy e, incluso, del Mago. Desde la cuna tiene que enfrentarse a estos lastres físicos y familiares -deberá cuidar de su hermanastra Nessarose, futura Malvada Bruja del Este, nacida sin brazos-, además de otros de índole político-religioso, como son la decadencia de la fe unionista -que provoca el exilio misionero de su padre en tierras de los Quadlings-, el golpe de estado del Mago y las diversas intrigas que surgen a su alrededor, o la persecución y exterminio de diversas razas humanas ‘inferiores’ y Animales, que la llevarán a convertirse en terrorista, proscrita y rebelde separatista winki.

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Mar 24

Juan Antonio Molina Foix (ed.): Álter ego. Cuentos de dobles

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 24/03/2007

Acostumbra Siruela a regalar a los lectores excelentes antologías, construidas sobre un armazón generalmente temático. Memorable es aquella compilada por Ítalo Calvino, Cuentos fantásticos del siglo XIX, una de las mejor estructuradas y elegidas que se han publicado en nuestro país en los últimos años -de 1987, fue reeditada por última vez en 2005-. La presente Álter ego. Cuentos de dobles recuerda por su sabor a aquélla, con la que comparte autores, temas y calidad. La edición de Juan Antonio Molina Foix -no confundir con Vicente- es también espléndida, con una introducción general histórica -además de las particulares que preceden cada relato- en la que recopila el antiquísimo concepto del doble y su uso en la literatura de todas las épocas, aunque se consolida y conforma en el romanticismo alemán.

Incluye cuentos de E. T. A. Hoffmann, Nathaniel Hawthorne, Robert L. Stevenson, Guy de Maupassant o Joseph Conrad, entre otros.

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Ene 01

Max Beerbohm: Enoch Soames

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 1/01/2006

Ocurre con algunos autores que se ven superados, en el transcurrir de los tiempos, por su propia obra. Así, Cervantes y Don Quijote de la Mancha pueden situarse al mismo nivel, o Tolstoi y Guerra y paz –uno siempre referirá a la otra, y viceversa-, pero a otros autores la obra les elimina. Suele ocurrir con cuentistas, como John Cheever y su relato El nadador, o a Max Beerbohm con Enoch Soames. En el caso del norteamericano, Burt Lancaster ha tenido algo que ver –el público ha recibido la historia a través del cine-, pero para el polifacético Beerbohm la sombra se la hace un cuento mayúsculo, inmenso, “perfecto” como le denominó Bolaño. Es Enoch Soames que se interpone y le roba el protagonismo, de manera harto irónica, como se verá.

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Ene 01

Manuel Mújica Láinez: El escarabajo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 1/01/2006

Un outsider literario puede serlo por su incorrección política o por su auténtico carácter de solitario de las letras, inasimilable por las corrientes vigentes en su época. El primero va a tener éxito, aunque su único valor sea el apuntado. El segundo lo tendrá difícil aunque sus virtudes sean grandes, pero es probable que a la larga perdure y termine por hacerse un hueco fijo en la constelación artística. Tal es el caso de Manuel Mújica Láinez.

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Ene 01

Roald Dahl: Historias extraordinarias

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 1/01/2005

Hay libros de verano, aunque no siempre coincidan con los aparecidos en catálogos con dicha etiqueta; son libros que, quizá, evocan lecturas de infancia o adolescencia, recuerdos gratos del nacimiento lector, del descubrimiento de la literatura. Y hay autores que pueden ser singularmente veraniegos, aunque no lo hayan pretendido. A mí me ocurre todo esto con Roald Dahl, el autor inglés que «inventó» a los gremlins, una célebre fábrica de chocolate, o bien nos hizo estremecer con sus relatos de suspense, muchos de los cuales adaptó Hitchcock para su serie de TV. Mi primer contacto con Roald Dahl fue a finales de un curso de la ya olvidada EGB, en clase de inglés; debía ser junio, por lo que sólo tendríamos clases de mañana y las tardes las pasaríamos en la playa o el muelle (puede que pescando, puede que escrutando la salida de los colectores de la ciudad). Era un relato muy intenso que teníamos que traducir, la experiencia de un hombre que estaba en el trópico y, al despertar de una siesta, descubría que tenía, enroscada sobre su estómago, dormida, una serpiente, probablemente una mamba.

Dahl fue un gran viajero, conocía bien los trópicos y en más de una ocasión ha escrito sobre las mambas. Para quien no las conozca, son unas serpientes venenosísimas, las más peligrosas que hay en tierra. Las hay verdes y negras, pero ambas tienen ciertas peculiaridades: pueden morder repetidas veces (la mayor parte de las serpientes agotan su veneno con un mordisco) y persiguen a sus presas. Su mordedura es mortal en cuestión de minutos, por lo que no hay antídoto, y además habitan en los árboles, dejándose caer de vez en cuando sobre viajeros incautos. Todo ello hace de estos reptiles el ser, probablemente, más desagradable del mundo (después del mosquito, se la tengo jurada), aunque también hay que reconocer a la mamba cierta belleza y elegancia. Así que dicho lo dicho, podemos imaginarnos perfectamente lo que podría sentir un tipo que, al despertar viese a una mamba tumbada sobre su tripita, y temiendo que un movimiento suyo, o un ruido ajeno a su acción, viniera a despertarla.

Roald Dahl es un maestro del suspense, como reconoció el otro maestro del suspense inglés, Hitchcock. Y es, además, un portento de imaginación, como reconoció el imaginativo Disney. Pero nuestro autor no necesitó de padrinos tan renombrados para hacerse célebre, le bastó con tales cualidades y un pulso narrativo magistral. Escribía obras para niños, con las que muchos se han criado, y también para adultos, con las que muchos se han tensionado. Historias extraordinarias pertenece a este segundo grupo, aunque tiene algunos toques infantiles. Afortunadamente, los buenos lectores saben que esa frontera entre la narrativa infantil y la narrativa para adultos es difusa, y puede cruzarse (en más de un sentido), como ocurre con el fenómeno Potter (que, aprovecho para decirlo, va perdiendo fuelle con cada libro). El primer relato es claramente infantil, porque los protagonistas son un niño y una tortuga, pero el adulto es invitado de manera hábil, dado que el narrador lo es. Un adulto puede razonar cosas que el niño sólo siente, y este relato es una buena ocasión para reflexionar sobre nuestra relación con el mundo animal (y, además, desde una posición más amable que la del cuento anteriormente descrito), y también sobre nuestra relación, como ex-niños, con los aún-niños. No son temas baladís, sino que forman parte de una cosmovisión compleja que en Dahl se mantiene firme a lo largo de toda su obra, infantil y adulta.

Ahora bien, no esperemos sermones. Como todo buen narrador, y siguiendo a Conrad, Dahl sólo escribe la mitad del libro, nos apunta los temas y los viste de humanidad para que los lectores puedan, si lo desean, reflexionar. Y si no, al menos habremos pasado un buen rato, animados no sólo por la humanidad del relato, no sólo por la imaginación vertida, sino también por el ya destacado pulso narrativo, que muchas veces es lo que nos hace seguir adelante. Esta es una cualidad normalmente despreciada por la crítica, y aún por el público esnobizado por la crítica. Y, sin embargo, es la vida de toda narración, más que las ideas vertidas o que la imaginación empleada. Los narradores ingleses son consumados maestros, y Dahl no traiciona su tradición (aunque era medio escandinavo, según creo).

Los siguientes relatos varían, de lo infantil a lo adulto, desde el relato bélico con evocación de El principito (es una sensación mía) al reportaje periodístico o la narración autobiográfica con solución inesperada aunque genial. Estos relatos son medicina, por su sencillez, frescura y originalidad. Uno se siente recompuesto, bajo el sol ya robusto de junio, de las penurias de un largo y seco invierno. Si bien Roald Dahl no será un descubrimiento para nadie, porque es de sobra conocido, no está demás redescubrirlo de vez en cuando, como a los buenos escritores. Y, ¿qué mejor momento que el verano? Así como en invierno apetece redescubrir a Dickens, en otoño a Kafka o en primavera a Mishima (sigo hablando de mí, cada cual tendrá organizado el año a su manera), en verano quizá podamos hacerlo con Dahl, o con Dumas, o Ferlosio, o Julio Verne…

Lee el original en Cuanto y por qué tanto…

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