Nov 21

Juego de tronos, de George R. R. Martin

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , 21/11/2011

Las horas nocturnas son breves, oscuras y espesas, pero si todo lo que hay es noche, sólo queda apretar los dientes.

Hace unos días asistí a una curiosa conversación entre no demasiado jóvenes. Versaba sobre Canción de hielo y fuego, la saga de fantasy de moda, y en ella cada participante se posicionaba a favor de un clan, los Lannister, los Baratheon e, incluso, por los Hijos el Hierro (sorprendentemente, ninguno de ellos optó por los Stark de Invernalia). He leído su primer volumen, Juego de tronos, pero en momento alguno se me ha ocurrido identificarme con ninguno de los clanes. Me resulta más que sorprendente tal proceso emocional, al menos en este caso, y de ahí que la conversación me llamara la atención. Y supongo que no será un coloquio inhabitual.

Concibo, sí, la simpatía hacia un personaje determinado, incluso la identificación del lector con él; es uno de los procesos emocionales básicos de la experiencia lectora. Lo que no me extraña tanto es que aquel grupo se sintiera subyugado por el relato de Martin, pues pese a la mala fama crítica que sufre el género (las más de las veces, justificada), se trata de una gran novela de entretenimiento.

No, no es literatura, pero eso no es malo.

Una novela de entretenimiento tiene como único objetivo la satisfacción inmediata del lector. Éste suele aludir a ello diciendo que le ha “enganchado”. Pero, ese lector no se verá afectado profundamente por esa lectura, no será para él un hacha que rompa el mar de hielo que lleva dentro (Franz Kafka). Pasará el rato con ella, olvidará sus problemas o su tedio haciendo suyos los conflictos y emociones de los personajes y luego seguirá adelante con su vida, indemne. Hay quien no necesita hachas literarias, porque gasta de otro tipo, y hay quien alterna lecturas sesudas y profundas con otras sencillas o superficiales. También hay, y son muchos, quienes temen las esquirlas heladas y solamente dejan estar su glaciar, procurando mirarlo poco; en éstos no gastamos un latido neuronal.

Volvamos a Juego de tronos. Al no ser literatura auténtica, resultan absurdas las comparaciones que se hacen con la obra mayor de J. R. R. Tolkien, El señor de los anillos. Ésta sí lo es, y competente, por su ambición literaria. Quienes piensen que es una novela de aventuras, de acción o de fantasy, se equivocan. Es un poema épico en prosa inspirado en literatura muy antigua, y la prueba la lleva Aragorn en su vaina: recorre la peligrosa Tierra Media desarmado, con sólo los restos de una espada quebrada al cinto. Ésto no es propio de un héroe de acción pero sí de uno épico (Sigfrido). Además, a Martin le falta la riqueza poética y simbólica del surafricano (aunque le añade, por contra, violencia y sexo, es decir, contándose lo que se cuenta, realismo). El señor de los anillos tiene más que ver con las grandes epopeyas y poemas épicos del pasado y Canción de hielo y fuego con Los pilares de la Tierra o la saga de Harry Potter.

Juego de tronos, entonces. Una obra de entretenimiento, exigente y de calidad, que destaca por la complejidad de su trama y la abundancia de personajes (aunque sólo he leído, por ahora, el primer libro, sé que más adelante su número crecerá todavía). Es una gran historia, con una construcción ambiciosa, que si peca de escasa raíz, al menos tiene una copa ancha y muy ramificada, de denso follaje (lo que también puede desestabilizar al árbol). El componente mágico de este primer libro es escaso y remoto; aparecen, sí, esas extrañas criaturas irisadas que llaman sencillamente “los Otros” y que por solapamiento con la decepcionante Lost en la adaptación televisiva de Juego de tronos denominan “Caminantes Blancos”. Aunque se sugiere su capital importancia para el devenir de la saga, aparecen poco, y los retales de ambiente mágico son alusiones a un pasado remoto: los dragones se han extinguido, los “Niños del Bosque” han desaparecido y apenas aparecen nigromantes (sólo una mujer-oveja vengativa). El peso de la narración, pues, no recae sobre lo fantástico, sino sobre lo político.

Así es, Juego de tronos versa, como reza su título, sobre las ambiciones y mezquindades que rodean al Trono de Hierro de los Siete Reinos, y las diferentes tretas con las que los clanes de Poniente tratan de hacerse con el poder. Como ha reconocido el autor, esta parte del relato se inspira en la Guerra de las Dos Rosas, conflicto nobiliar inglés del siglo XV. Y es evidente, pues en dicho episodio se enfrentaron, por la corona de Inglaterra, los Lancaster (Lannister) con los York (Stark). La intriga política está manejada con destreza, si bien Martin no abandona los códigos del género y deja bien claro cuáles son “los buenos” (aunque habrá que ver el desarrollo posterior de la saga). Lord Eddard Stark es un modelo de héroe moral irreprochable, de no ser por esa mácula que supone su hijo bastardo Jon Nieve, aunque no se dejan de sugerir posibilidades que dejarían inmaculado el honor del Señor del Norte.

Aunque en general los personajes de esta historia son (o parecen) planos como Lord Stark (es casi inevitable que, en un catálogo tan amplio, abunden éstos), los hay más esponjosos. Martin se ha ocupado de insuflarles vida, lo que tampoco es normal en el género de fantasy ni en el más amplio del bestseller y la ficción de esparcimiento. Así tenemos personajes controvertidos como Catelyn Tully Stark o su oponente la reina Cersei, y otros que se caracterizan por estar “rotos” o “defectuosos”, como Tyrion (enano), Jon (bastardo) y Arya (mujer), que son los más carismáticos y atractivos y, presumiblemente, los que van a tener mayor peso en el relato. Sin olvidar a Daenerys Targaryen, cuya odisea rothraki me parece lo más frágil de la novela (así como la invención de este pueblo nómada guerrero, asimilable a los escitas o a los mongoles, aunque su divinidad mayor resulta ser femenina, estática y agraria, lo que creo un grave error antropológico) pero que apunta a clave de la saga.

En definitiva, no descubriré nada, pero Juego de tronos es una opción a valorar si lo que buscamos es un libro superficial pero exigente con el lector, que permita consumir horas sin dejar la sensación de tiempo perdido o burlado.

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Oct 18

Jon Bilbao, el narrador distante

Escrito en El T-rex que viene, El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , 18/10/2011

No sé si un escritor debe pedir disculpas a sus lectores por haberlos desatendido un tiempo. A buen seguro que debe enfadarse consigo mismo: culpa, reproche, propósito de enmienda, todo eso. No es que sirva de mucho, porque uno es como es y seguirá siéndolo. He vuelto, por ahora. ¡Aunque no he estado ocioso, que lo sepas!  

Por si acaso: ¡Lo siento! 

 

Haciendo poco ruido mediático, llamando escasamente la atención de la crítica (que desgraciadamente forma parte, aunque irrelevante, del circo mediático), Jon Bilbao ha ido construyendo su reputación a base de sumar lectores. El suyo es un caso no muy distinto al de Alberto Olmos o Juan Aparicio-Belmonte, la nueva generación de narradores (paralela a la nocillera, más promocionada, en proceso de disolución) que ha tenido que trabajarse el reconocimiento en galeras, casi sin ayuda, en sellos muy independientes y ocupando un lugar más que secundario en las góndolas de novedades. Pero los lectores, o al menos un sector suficiente y suficientemente creciente, han respondido. 

Bilbao ha escrito dos libros de relatos, Como una historia de terror y Bajo el influjo del cometa, ambos premiados, una novela también premiada, El hermano de las moscas y una novela corta o nouvelle, la más reciente Padres, hijos y primates. Como en este momento no estoy para cuentos, aparcaré por ahora los dos primeros títulos. En cuanto a sus novelas, son sólo dos y de muy diferente extensión, que no ambición, pero ya se vislumbra en ellas un patrón reconocible. 

  El hermano de las moscas, novela de evidente inspiración kafkiana (hasta el sujeto metamórfico se llama Grego) nos sitúa en una urbanización suburbana de renta elevada, un entorno muy cheeveriano. La aparición de lo sobrenatural, en forma de transformación en insectos (no uno, como en el caso de La metamorfosis, sino en un enjambre entero), nos aleja del ambiente ordinario del maestro norteamericano.

Por su parte, en Padres, hijos y primates no suceden acontecimientos fantásticos, sino extraordinarios, aunque la atmósfera alucinante se mantiene y, quizá, me parece, se instensifica. Sorprendido por un huracán durante una estancia en el Yucatán, Joanes, ingeniero y padre de familia (al igual que en Hermano…) se separa del grupo para encontrarse con una figura paterna, el profesor que, según cree, le arruinó la vida. 

En ambas novelas la naturaleza juega un papel primordial, en cuanto amenaza (en uno de sus cuentos la amenaza la encarnan ardillas, muchas ardillas). Siendo el núcleo familiar una unidad frágil, sujeta a tensiones tanto internas como externas, va a corresponder al padre, al cabeza de familia, el deber de protegerlo de cualquier agresión exterior, bien por parte de los suegros en cuanto “padres ajenos” (figura tópica que en Bilbao cobra una nueva dimensión), bien por parte de ese ente anónimo que es “la sociedad”, bien por parte del ente abstracto, con manifestaciones concretas, que resulta ser la naturaleza. Los ejemplos son numerosos. El mismo argumento de El hermano… manifiesta este temor por lo natural, cuando Grego, aparente sujeto de experimentación evolutiva (aunque no se aclara en ningún momento la causa de la metamorfosis, varios puntos en la novela sugieren que, más que de un hecho mágico, se trata de un hecho natural), comienza a sufrir transformaciones periódicas (una vez al año) en un enjambre de moscas, como preludio de su transformación definitiva en una nueva criatura, como si no lo fuera ya desde su primer episodio mutante. 

Dentro de esta misma novela, la aparición simbólica de la tortuga, atravesando la cerca e invadiendo el jardín propio, juega el papel de sibila. Lo mismo puede decirse, aunque tendrá una posterior incidencia en la trama, del surgimiento de un chimpancé (recordemos, una especie africana) de la selva mesoamericana, al que Joanes atropellará. Pero no sólo la naturaleza ejerce una influencia ominosa sobre el núcleo familiar, especialmente sobre su escudo, el padre (no siendo padre de Grego, sino hermano, Héctor cumple esa función dada la debilidad e indefensión del sujeto metamórfico, devenido en niño y, por ello, privado de libertad y decisión; ya antes de manifestarse su enfermedad era un sujeto infantil, voluble e irresponsable); también la tecnología (los constantes accidentes en la refinería donde trabaja Héctor, los problemas de comunicación y la explosión sufrida por el hijo del profesor en Hijos…) y la sociedad (los competidores en el negocio del aire acondicionado, las conspiraciones en la refinería, las habladurías en la urbanización, la intromisión de las otras figuras paternales).

Es, pues, el centro de la obra narrativa de Bilbao la familia nuclear y sus demonios, su fragilidad y el cúmulo de amenazas, y la oscuridad que ha de reconocer y abrazar el hombre para mantener a salvo lo único que de valor posee, al precio que sea, arriesgando lo demás (el éxito, la tranquilidad). Ese precio pueden ser mutilaciones o crímenes (en Padres, hijos… Joanes sufrirá unas, provocará otros), pero sobre todo su propia metamorfosis, pues ya nada será igual para el nuevo superhombre, la nueva especie humana.

Bilbao opta, acertadamente, por un estilo frío y distante, quirúrgico. No se compromete a nada con el lector, el cual recibe así un reconocimiento de su libertad. Por supuesto, pocos lectores están dispuestos a ser tan libres, por lo que la obra de Bilbao, pese a lo emocionante de la trama y lo impactante de las imágenes (la sorpresa, la violencia), está destinada a minorías. La suya es una narrativa de escenas, muy cinematográfica, en la que la escritura, al margen de la intencionada desnudez, no recibe un cuidado especial. La estructura, en cambio, sí recibe un cuidado especial (como no podía ser de otro modo en un ingeniero), siendo Padres, hijos… un ejemplo de concentración y El hermano… audaz y ambicioso en su construcción. Y hay que decir que, pese a ser un narrador de lo casual y lo inesperado (con un sentido mucho menos truculento que en el más famoso de los narradores de lo casual, Paul Auster), la estructura resiste bien estas tensiones que, por ser tan naturales (la velada cadena causa-efecto) parecen antinaturales.  

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Jul 29

El nombre del viento y Los duques de Windsor

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 29/07/2009

 

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Un fantástico bestseller. El nombre del viento. Patrick Rothfuss.

 Lo normal, cuando a un libro de fantasía le llueven los elogios, es volverse suspicaz. Si leemos la contracubierta y encontramos un texto extraordinariamente semejante al discurso del replicante Roy Batty en Blade Runner, las dudas aumentan. Pero nos ha dicho algún amigo en el que confiamos que merece la pena. Así que lo abrimos. Aparece un mapa casi calcado del de la Tierra Media, en el que sospechosamente el territorio donde viven los protagonistas se llama “la Mancomunidad”, un lugar alejado de los peligros del mundo donde viven gentes sencillas. Ése amigo ya no nos cae tan bien, pero leemos algunas páginas. Al parecer, al autor le ha llevado trece años escribir la novela, buscando la perfección, porque “si quieres hacer algo, mejor que lo hagas bien”. Encontramos un estilo ampuloso, elegíaco: “era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte”. Mas, ¡quién dijo miedo! Son sólo ochocientas páginas, que me han costado veintitrés euros, que en tiempos de crisis no es poca cosa. Si son tan pacientes quizá estén de enhorabuena. Porque, a partir de ahí…

Chismorreos históricos. Los Duques de Windsor. José Miguel Romaña

 El que brevemente fue Eduardo VIII despierta emociones contrapuestas, y si no él al menos su leyenda. Por una parte, su “abdicación por amor” provoca simpatía; por otra, sus inclinaciones nazis provocan rechazo y repugnancia. Parece difícil conciliar ambas posturas, pero detrás de la leyenda rosa siempre se esconde una verdad histórica que, aunque difícil de desenmarañar, revela un fondo mucho más compleja e interesante que el simple romance contra viento y marea. José Miguel Romaña separa y ordena sus hilos en las páginas de esta biografía, más del Duque que de la Duquesa, y que no puede dejar de lado un marco histórico que tiene especial significado en esta historia de amor. Y es que, en cuanto el autor abre un par de cortinas, tejidas por la mente calenturienta e ingenua de algunos devotos del cuché, encontramos a un Duque que nunca dejó de ser un adolescente, tanto física como mental y psicológicamente…

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Jul 09

Lady Mary, de Margaret Oliphant

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , 9/07/2009

Los buenos fantasmas

Unos años antes de que Oscar Wilde publicara el célebre cuento del pobre fantasma de Canterville, Margaret Oliphant ya le había dado la vuelta a la tortilla del relato gótico de apariciones. Ahora, el fantasma es el protagonista, y no el espectador de espectros. Escritora innovadora y delicada, cualidades que ornan Lady Mary, a esta breve novela sin embargo le falta tensión en una trama en la que la bondad y la fidelidad de una ahijada hacia su tutora arrastran a Lady Mary de vuelta al mundo de los vivos para reparar un despiste testamentario que dejó a la buena muchacha en la calle. Con este punto de partida no se explota un relato eminentemente benéfico, encantador y dulce, en el que la tensión viene impuesta por la incomunicación que ya padecía Lady Mary en vida y que se agrava por su ectoplasmática condición. Si buscan una lectura ligera, correcta y bella, ésta es la suya.

Ficha en El Nadir

Publicado originalmente en El Confidencial

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Mar 24

J. R. R. Tolkien: Cuentos desde el Reino Peligroso

Escrito en El gabinete del dr. Mantell.
Etiquetas: , , 24/03/2009

El británico –aunque nacido en Sudáfrica–  Ronald Tolkien dejó escritas centenares y centenares de páginas que amplían el mundo de El Señor de los Anillos y que, a día de hoy, siguen lanzándose a la imprenta gracias al esfuerzo de su hijo Christopher –en mayo se publicará, en Gran Bretaña, otra obra inédita, La Leyenda de Sigurd y Gudrún, en este caso perteneciente al ciclo de los Nibelungos–. Las piezas incluidas en estos Cuentos desde el Reino Peligroso ya se habían publicado con anterioridad, si bien no reunidas en un mismo volumen.  El criterio que Tom Shippey, editor de la obra, parece haber seguido para seleccionar estos cuentos es el de haberse desarrollado en el Reino Peligroso, el País de las Hadas. Aunque relatos como Hoja de Niggle difícilmente encaja en el mismo espacio literario que Egidio el granjero de Ham, y es de hecho una obra peregrina dentro del corpus tolkiniano, pero que dice mucho del autor, así como el apéndice, el ensayo “Sobre los cuentos de hadas”.

Quizá sorprenda que el País de las Hadas sea catalogado de “peligroso”. El peligro no es lo primero que nos viene al pensamiento cuando pensamos en hadas, mujeres aladas diminutas, mariposas con cuerpo de mujer.  Y es que Tolkien aborrecía a la típica Campanilla de influencia francesa que degradaba la imagen tradicional del elfo inglés y nórdico (un ser joven y bello, fuerte y poderoso, una suerte de superhumano o de humano no caído).  Y es que “los habitantes del País de las Hadas pueden no querer hacer daño, pero siguen siendo peligrosos para los mortales normales. Quienes se los encuentran pueden no volver a ser los mismos”. Este es el tema de El herrero de Wootton Mayor y del poema “La campana de mar”, el poder de Fantasía sobre el hombre. Porque no debemos cometer el error de pensar que los cuentos de hadas son “para niños”, eso es “un accidente de nuestra historia doméstica”.

Glorfindel lucha con el Balrog, por John Howe

En el colofón de este volumen, el ensayo “Sobre los cuentos de hadas” define e investiga el origen de la fantasía como género, así como sus efectos sobre los hombres, justificando además por qué considera el género como el más alto al que un escritor puede dedicarse, no sólo porque es el más difícil (si se hace bien: la imaginación desatada es fácil de lograr) sino porque es más cercano al papel creador de Dios, de ahí que hable de “subcreación” para definir el proceso constructivo del relato de fantasía. Y, ciertamente, esto es lo que hizo Tolkien: crear un universo completo (Eä) –sistemáticamente, no como otros autores menos dotados que se contentan con un mero agregado de héroes, culturas y acontecimientos–. La fantasía es como cualquier otro género literario, funciona según las mismas reglas que cualquier otro relato, aunque posea las suyas propias, como cualquier género. Pero no es uno aparte, segregado del tronco común de la literatura.

 “Sobre los cuentos de hadas” es una confesión y una auténtica poética de mucho más alcance de lo que reza el título. Es una creación muy personal en la que Tolkien desbarra sobre sus  amores y temores. Este libro contiene además otros dos textos fundamentales para la comprensión del arte narrativo del maestro del fantasy: Hoja de Niggle y El herrero de Wootton Mayor. Hoja de Niggle es el relato más extraño de la producción tolkiniana, aunque tan sólo lo es dentro de ese corpus. Fuera de él es de lo más común, una alegoría de los miedos y emociones profundas de su autor. En el cuento, Tolkien expresa su miedo a no poder terminar su magna obra (la mitología de Arda, ciertamente inacabada) y expone las causas de tal incapacidad. Tolkien, enfermo de ultracorrección, asistemático y, externamente, acosado por las obligaciones, dejó mucho por hacer. Pero esto también dice mucho de su grandeza: el desarrollo de su obra ha consumido también la vida de su hijo Christopher, y aún queda mucho por hacer. Después de todo, la subcreación de un universo es un trabajo ingente, hasta para el más dotado de los hombres.

Ancalagon. Fuente: Lord of the Rings Online

Las piezas que componen este volumen, en mayor o menor medida, son algunos aquellos cuadros que Niggle adosaba a la su gran pintura del Árbol. Ayudan a dar mayor profundidad a Eä y ayudan a conectar el mundo de Frodo, de Morgoth, de Glorfindel, con el nuestro. En ellos, pese a la aparente sencillez e infantilismo, “hay atisbos de cosas más antiguas, oscuras y profundas”. Sin embargo, no todos están dotados del buen pulso narrativo de Tolkien. Roverandom es un relato repleto de maravillas, con escenas de gran belleza, pero carente de ritmo y tensión. No es extraño que sólo se publicara en 1998, veinticinco años después de la muerte de su celebérrimo autor, 73 años después de ser escrito, 62 años después de la primera tentativa de publicación. Y en cuanto a los poemas de Tom Bombadil, como textos procedentes de diversos momentos de inspiración, agregados casi artificialmente en un único tomo, son francamente irregulares. No obstante, incluye joyas como “Errabundo” o “El tesoro”.

Egidio, el granjero de Ham es quizá el relato más conocido del volumen. Se trata de una leyenda bien tramada, divertida, más cercana en el tiempo que las aventuras de Bilbo, pues parece inscribirse en tiempos ya históricos, aunque todavía quedaban dragones y gigantes. Se trata un manifiesto conservador en el que “lo viejo y lo tradicional derrotan a lo académico y lo moderno”. Así, el trabuco de Egidio es confundido con “tábanos”, pero la mera presencia de Tajarrabos basta para someter al terrible dragón Crisófilax. De entre los cuentos de hadas tradicionales de Tolkien, quizá sea el mejor, en parte gracias al humor que lo recorre y vivifica.

http://animefrikirol.blogspot.com/2007_03_01_archive.html

Tolkien lleva décadas formando parte de la educación lectora de Occidente, aunque no siempre ha sido valorado justamente como escritor y tan sólo como renovador de un género muy concreto y como autor de un best–seller inmortal –algo parecido a Los tres mosqueteros–. Más allá de sus cualidades como renovador de géneros y de mitos, como constructor de universos –Mundo Secundario–, Tolkien debe ser reivindicado como literato, pues tal cosa se sentía, y no otra cosa es. En su obra se tratan, con gran profundidad, los grandes temas de la literatura, las grandes preocupaciones del hombre, y se abordan desde las relaciones entre personajes, y entre estos y el mundo que les rodea. Literatura pura. Y es cierto que escogió una forma arcaizante, que dificulta la percepción de matices, que hay dragones y duendes, que sus personajes se mueven por valores antiguos, y que “Fantasía no puede quedar atrapada en una red de palabras, porque una de sus cualidades es la de ser indescriptible, aunque no imperceptible”.  Todo son dificultades, pero la obra de Tolkien pervive y crece y ocupa un lugar propio en el corazón de sus lectores. Por algo será.

Ficha: Cuentos desde el Reino Peligroso, J. R. R. Tolkien. Editorial Minotauro, 2009. 400 páginas. 21.50 €

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Ene 10

Stan Nicholls: Orcos

Escrito en El museo, Zarpazo de velociraptor.
Etiquetas: , , 10/01/2009

Quien leyera El señor de los anillos –y todos lo hemos leído– es difícil que no sintiera intriga por el orco, esa criatura cerduna, oscura, malcarada, hedionda y que, en fin, reúne todos los defectos imaginables, dado que se construyeron como opuesto de los elfos, seres cuasidivinos; seres infernales, habitantes del inframundo, enemigos de la luz, una vacía representación del mal, pero tenían encanto. Costaba imaginarse su degenerada forma de vida, aunque algunos atisbos se ofrecían en El hobbit, por ejemplo. Por eso decepciona tanto la obra de Stan Nicholls –y no sólo por su divergencia con el maestro–, porque sus orcos han perdido todo el encanto. No se parecen nada a la imagen tradicional del orco; están retratados como neandertales –la nueva visión, más ajustada, de éstos– o como nativos americanos –algo muy envidente en los sueños de Stryke–. A Nicholls le ha faltado talento para meterse en la piel de los subseres y por ello ha tenido que cambiarlos. Nada que ver, pues, con Wicked, novela que invertía el cuento clásico de El mago de Oz manteniéndose dentro del cuento, aprovechándose con inteligencia del atractivo del relato original.

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Dic 23

Roderick Gordon y Brian Williams: Profundidades

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , , 23/12/2008

Cuando Will Burroughs partió en pos de su padre desaparecido, ni remotamente podía imaginar que su búsqueda le fuera a llevar tan lejos. Profundidades, el segundo tomo de la exitosa saga Túneles llevará al joven Will y a su inseparabe Chester hasta las profundas soledades del planeta, lugar habitado por los “coprolitas”, una raza humanoide que los colonos tratan con absoluto desprecio. Pero allí abajo hay mucho más: plantas asesinas, renegados de la Colonia, soldados de élite styx o más bien carniceros dedicados al exterminio de todo lo que se les cruza en el camino. Y, mientas Will trata de sobrevivir mientras continúa la búsqueda, los repulsivos styx están preparando su venganza sobre los odiados Seres de la Superficie, que no sospechan nada de lo que ocurre bajo sus pies.

 

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Dic 20

J. K. Rowling: Los cuentos de Beedle el Bardo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 20/12/2008

Desde siempre, los cuentos han dado a sus maravillados oyentes, o lectores, coordenadas morales que les ayudaban a convertirse en miembros de pleno derecho del grupo. Era difícil, en esas épocas pasadas, recibir un mínimo de educación de otro modo y los cuentos cumplían esa función demostrando que la inteligencia narrativa ocupa un lugar principal en la estructura cognitiva del ser humano. Y, si esto ocurre entre los muggles, lo mismo pasa entre los magos. Albus Dumbledore, uno de los más poderosos de nuestra época, se paseaba con un gastado ejemplar de Los cuentos de Beedle el Bardo, un personaje del siglo XV autor de algunos de los cuentos más célebres entre los niños magos. Dumbledore le regaló su incunable a Hermione Granger, quien vertió las runas al inglés, para luego ser J. K. Rowling quien lo publicara en el mundo muggle.

 

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Jun 28

José Antonio Ramírez Lozano: La oca de oro

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , 28/06/2008

Nadie sabe, a ciencia cierta, el origen del juego de la oca. Pudo ser un invento griego, y el disco de Phaistos, fechado en torno al 2000 a. C., podría ser uno de los primeros tableros. Otros atribuyen su origen a los caballeros templarios, que en seguida se hacen beneficiarios de todo misterio irresoluble. Ligada a esta teoría está la que atribuye un significado esotérico al infantil tablero; el juego de la oca sería una guía encriptada del Camino de Santiago, que debería hacerse siguiendo las marcas que los Maestros Constructores -templarios, claro- habrían ido dejando en el recorrido, en los monumentos y estructuras que levantaban, ya fueran catedrales o posadas. Y este viaje, que como todo viaje auténtico -no turístico- tiene una dimensión espiritual que, en el caso del Camino es más que evidente -en tanto que viaje al fin del mundo y, por tanto, simbólicamente, a la frontera del Más Allá-, es el que ha elegido José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950) para componer esta novela-fábula en torno a la palabra como sustancia espiritual, material y literaria.

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Jun 14

César Aira: Las aventuras de Barbaverde

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , 14/06/2008

La fascinación por el superhéroe, en el siglo XX, sólo encuentra parangón en la antigüedad clásica, con semidioses como Hércules que eran algo más que humanos, y que servían de ejemplo para quienes escuchaban al aedo cantar la cólera del pelida Aquiles. Algo parecido quiso hacer Stan Lee con Peter Parker, modelo de conducta para quienes nos criamos leyendo Amazing Spider-Man. No obstante, y a pesar de los tímidos intentos de novelizar las aventuras de las criaturas de Marvel a finales de la década de los ochenta, la relación del superhéroe con la literatura ha sido más bien tangencial, toda vez que los superhumanos la abandonaron por el cómic y, últimamente, por el cine y el videojuego.

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