Oct 13

Stephen Crane: La roja insignia del valor

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 13/10/2007

La Guerra de Secesión estadounidense es uno de los conflictos bélicos que más obra artística ha suscitado, al menos en cantidad. Norte y Sur (Elizabeth Gaskell), Lo que el viento se llevó (Margaret Mitchell), Cold Mountain (Charles Frazier) o Ángeles asesinos (Michael Shaara) son algunas de ellas, más o menos mediocres -aunque cosecharan algunos premios Pulitzer-, que además contaron con adaptación a la pantalla, pequeña o grande. Lo que sí acostumbran es a recaudar su buena cantidad de dinero, a mostrarse conciliadoras, abundantes y literariamente ambiciosas y grandilocuentes. Menos célebre en cambio es la breve novelita de Stephen Crane, de una intensidad apabullante -es recomendable leerla en una tarde, de un tirón; tanto su extensión como el ritmo narrativo lo permiten y acompañan-, para nada engolada sino, por el contrario, sencilla en la expresión pero contundente, como si fuera una crónica bélica real.

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Jul 21

Libros de verano

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , , , , 21/07/2007

Por fín ha llegado el momento de desempolvar la tumbona, la hamaca o la colchoneta, buscarse un rincón fresco o una piscina -sin niños- para poder dedicar las horas muertas a plácidas lecturas, que llevan aguardando semanas o meses. Aunque quizá, con el cambio climático, puede que su semana en Levante esté pasada por agua -y no la del Mediterráneo- y algo habrá que hacer, ¿no? Pues acérquese a una librería, que nosotros le aconsejamos siete buenas piezas para disfrutar de la lectura.

Trabajos de A.S. Byatt, Peter Ackroyd, Pablo Victoria y Terry Bisson.

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May 05

Peter Carey: Robo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 5/05/2007

Herbert Badgery, protagonista de El embaucador (Alfaguara, 1990), distinguía dos grupos de hombres, quienes saben mentir y quienes no; evidentemente, estos últimos ocupan un escalafón inferior. El australiano Peter Carey, dos veces ganador del premio Booker, pertenece al primer grupo y no sólo porque se dedique a escribir ficciones. Su nuevo libro, Robo, es una novela que juega con el lector, sembrada de trampas y triquiñuelas, desde la dispersión de perspectivas -emplea dos narradores- o el misterioso destinatario del discurso hasta la puesta en duda de conceptos como los de autoría o arte.

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Abr 21

Gregory Maguire: Wicked

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 21/04/2007

Especializado en restituir el honor a los villanos de los cuentos infantiles, Gregory Maguire sorprendió, a medidados de los 90, con esta interesante novela que cuenta la vida de Elphaba, la Malvada Bruja del Oeste -que se derrite al final de El Mago de Oz-. Hija de una aristócrata muchkin y un sacerdote unionista, Elphaba es una niña verde y dentellada, que viene al mundo de Oz antes de la llegada de Dorothy e, incluso, del Mago. Desde la cuna tiene que enfrentarse a estos lastres físicos y familiares -deberá cuidar de su hermanastra Nessarose, futura Malvada Bruja del Este, nacida sin brazos-, además de otros de índole político-religioso, como son la decadencia de la fe unionista -que provoca el exilio misionero de su padre en tierras de los Quadlings-, el golpe de estado del Mago y las diversas intrigas que surgen a su alrededor, o la persecución y exterminio de diversas razas humanas ‘inferiores’ y Animales, que la llevarán a convertirse en terrorista, proscrita y rebelde separatista winki.

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Dic 30

Ring Lardner Jr.: Me odiaría cada mañana

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 30/12/2006

Estamos ante unas memorias atípicas. Lo son no sólo por su escaso volumen, unas 250 páginas, sino porque en ellas el autor habla menos de sí mismo que de otros y de la época que le tocó vivir. Además, dedica escaso texto a justificarse y menos aún a venganzas particulares. Así las cosas, ¿qué interés podrían tener unas memorias que dejan de lado los habituales juegos de la autoexculpación y el desquite, que deja guardados los trapos sucios propios y ajenos en el cajón? -alguno airea, sin embargo-. Ring Lardner compone el retrato de una edad, si no dorada, sí brillante, que por extremismos políticos se malogró. En estas memorias se refleja cómo una sociedad puede llegar a corromperse hasta hacer de la libertad y de la democracia una farsa; y todo ello contado con una ironía sutil y elegante, y con la rara satisfacción de encontrarse a las puertas de la muerte con los deberes hechos y nada que reprocharse.

El autor fue acusado, en 1947, de pertenecer al Partido Comunista de EE. UU. por el Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC). Lardner perteneció, de hecho, a dicho partido, pero su concepción del comunismo difería radicalmente de que Stalin implantaba a machamartillo en aquellos años. Esto es importante tenerlo en cuenta para valorar adecuadamente la pertinencia de su respuesta a la inquisición del comisionado: “Podría responder, pero si lo hiciera me odiaría cada mañana”. Para él, el comunismo -más valdría decir socialismo- era más fiel a los postulados que los padres de la nación americana plasmaron en la Constitución de 1788 -con sus enmiendas de 1791, tan importantes o más que el texto básico- que la deriva capitalista que llevó a su país a la Gran Depresión, primero, y a la oligocracia empresarial, después.

El socialismo debería ser la continuación natural de la Revolución americana, para conseguir por fin realizar el ideal de justicia social. Otra razón mediante la cual justifica su filiación comunista es su conocimiento de la URSS anterior a la IIª Guerra Mundial, antes de las deportaciones masivas, las persecuciones y el fin de la esperanza soviética. Consideraba por todo ello que EE. UU. estaba mejor preparado que Rusia para alcanzar este objetivo por vías no traumáticas, debido a la experiencia democrática que al segundo le faltaba. Sin embargo, la sociedad americana degeneró hasta llegar a su punto más bajo con la HUAC a partir de los años cuarenta. Este es un claro ejemplo, espléndidamente apuntado en este libro, de cómo la democracia puede pervertirse hasta quedar relegada al plano de la apariencia, de la sombra en la pared de la caverna.

Con un estilo risueño e irónico, Lardner va revelando todo el cinismo de un proceso que en muchos tramos nos recordará al narrado por Franz Kafka: los testigos se tornan en acusados por acogerse a sus derechos fundamentales. En aquellos años, la valiente sociedad que fue la americana se volvió una sociedad aterrada que recurrió a una forma encubierta de dictadura. Los norteamericanos no volvieron inocentes de las ruinas de la Alemania nazi, pero afortunadamente la enorme masa crítica y la inercia democrática de una gran nación impidió, por el momento, el desastre total. A quienes se juzgó que amenazaban el carácter eterno de Estados Unidos se les aplicaron códigos tribales y no democráticos, toda vez que la sociedad había perdido la confianza en unas leyes que, creían, ya no les protegían suficientemente.

Así, el castigo más cruel que padecieron los Diez no fue la cárcel, sino la exclusión social: fueron degradados al nivel de parias, y su nombre se convirtió en una lacra. Como expresa el autor, con lúcido humor: “En Hollywood, la gente se desvivió por nosotros: unos pocos para expresar su apoyo, la mayoría para evitar nuestra presencia” (p. 24). Y ni aún así se consiguió silenciar a una generación mal llamada “perdida”. Muchos de ellos, a través de guiones encubiertos, consiguieron varios óscares. Es una de las más dolorosas paradojas del arte: en ambientes de opresión y angustia surgen los mejores creadores y la criba es más exigente. Quienes sobrevivieron -artísticamente- a la HUAC, a la lista negra, a la persecución de la Legión Católica de la Decencia, lo hicieron por su talento y tenacidad, mientras que los menos dotados abandonaron.

A excepción del capítulo penúltimo, en el que su crítica a la religión -cristiana- la lleva a cabo mediante argumentos demagógicos y en gran medida falaces -cuando le habría bastado recurrir a su propia experiencia vital para realizar una crítica legítima-, se trata de una lectura apasionante que, además de la política, incluye anécdotas del cine de los años cuarenta, una necesaria defensa del guionista y el recuerdo de su propio padre, Ring Lardner senior, quien fue uno de los grandes periodistas y cuentistas del primer tercio del siglo XX -pueden leer una antología de sus relatos en A algunos les gustan frías, Acantilado, 1995-. Tampoco se puede obviar la deficiente corrección que ha sufrido el texto – Barataria debería darle un repaso antes de la próxima reimpresión-.

Es de gran interés, para finalizar, advertir la semejanza entre aquella situación de crisis social con la situación presente, no sólo en EE. UU. ¿Es posible que haya nuevas listas negras? El autor cree que no, pero se sorprende por el “retorno de lo irracional a nuestra vida política y social en forma de fundamentalismo religioso”, ya antes del 11-S. Otros autores, como Kurt Vonnegut en otras atípicas memorias recientes, no lo ven tan claro y denuncian lo avanzado de un proceso que, de nuevo, puede levantar el espíritu de la caza de brujas.

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Ene 01

Philip Roth: Elegía

Escrito en El museo.
Etiquetas: , 1/01/2006

De qué extrañas maneras percibimos los humanos la muerte. Dicen los ‘expertos’ que los animales sí entienden que morir es algo natural; por eso era tan fácil cazar bisontes, no huían, no se asustaban cuando un compañero se desplomaba falto de vida. Los humanos, sin embargo, percibimos la muerte como una injusticia, aunque este concepto sea inaplicable al caso, dado que se trata de un hecho necesario y universal y no exclusivamente humano ni dependiente de una decisión -pero en algunos casos sí-. Así pues, quizá lo que percibimos como injusticia no sea el hecho de morir, sino la inanidad de la vida vivida. Esta es una de las tenebrosas reflexiones que despliega Philip Roth en Elegía, sucinta novela de consumación -por oposición a la Bildungsroman mucho más común-.

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Ene 01

Philip Roth: La conjura contra América

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 1/01/2006

Otro de los eternos aspirantes al premio Nobel, Philip Roth vuelve a deslumbrarnos con una novela que inaugura un nuevo capítulo en su ya dilatada y variada carrera literaria. Roth ha sabido moverse entre diversos géneros novelísticos, desde el drama urbano hasta la novela policíaca, pasando por la comedia y la fantasía, y ahora la ucronía o historia virtual. En la Conjura, Roth elucubra acerca de lo que habría ocurrido si los republicanos estadounidenses hubieran presentado, en 1940 al célebre piloto Lindbergh como candidato presidencial. La historia ficción, historia virtual o ucronía es un subgénero muy de moda, tanto en narrativa como en historiografía (y cómic: la serie What if…? de Marvel). ¿Y si un personaje carismático como el piloto del Espíritu de San Luis se hubiera enfrentado al no menos carismático Franklin Delano Roosevelt? ¿Y si hubiera ganado? Aunque existen dudas acerca de su verdadera posición ideológica ante el nazismo hitleriano, no cabe duda que Lindbergh coqueteó con el fascismo, llegando a aceptar una relevante condecoración, y tampoco cabe duda que el héroe resultó un activista antisemita, involucrado con la asociación América Primero.

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