Nov 21

Juego de tronos, de George R. R. Martin

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , 21/11/2011

Las horas nocturnas son breves, oscuras y espesas, pero si todo lo que hay es noche, sólo queda apretar los dientes.

Hace unos días asistí a una curiosa conversación entre no demasiado jóvenes. Versaba sobre Canción de hielo y fuego, la saga de fantasy de moda, y en ella cada participante se posicionaba a favor de un clan, los Lannister, los Baratheon e, incluso, por los Hijos el Hierro (sorprendentemente, ninguno de ellos optó por los Stark de Invernalia). He leído su primer volumen, Juego de tronos, pero en momento alguno se me ha ocurrido identificarme con ninguno de los clanes. Me resulta más que sorprendente tal proceso emocional, al menos en este caso, y de ahí que la conversación me llamara la atención. Y supongo que no será un coloquio inhabitual.

Concibo, sí, la simpatía hacia un personaje determinado, incluso la identificación del lector con él; es uno de los procesos emocionales básicos de la experiencia lectora. Lo que no me extraña tanto es que aquel grupo se sintiera subyugado por el relato de Martin, pues pese a la mala fama crítica que sufre el género (las más de las veces, justificada), se trata de una gran novela de entretenimiento.

No, no es literatura, pero eso no es malo.

Una novela de entretenimiento tiene como único objetivo la satisfacción inmediata del lector. Éste suele aludir a ello diciendo que le ha “enganchado”. Pero, ese lector no se verá afectado profundamente por esa lectura, no será para él un hacha que rompa el mar de hielo que lleva dentro (Franz Kafka). Pasará el rato con ella, olvidará sus problemas o su tedio haciendo suyos los conflictos y emociones de los personajes y luego seguirá adelante con su vida, indemne. Hay quien no necesita hachas literarias, porque gasta de otro tipo, y hay quien alterna lecturas sesudas y profundas con otras sencillas o superficiales. También hay, y son muchos, quienes temen las esquirlas heladas y solamente dejan estar su glaciar, procurando mirarlo poco; en éstos no gastamos un latido neuronal.

Volvamos a Juego de tronos. Al no ser literatura auténtica, resultan absurdas las comparaciones que se hacen con la obra mayor de J. R. R. Tolkien, El señor de los anillos. Ésta sí lo es, y competente, por su ambición literaria. Quienes piensen que es una novela de aventuras, de acción o de fantasy, se equivocan. Es un poema épico en prosa inspirado en literatura muy antigua, y la prueba la lleva Aragorn en su vaina: recorre la peligrosa Tierra Media desarmado, con sólo los restos de una espada quebrada al cinto. Ésto no es propio de un héroe de acción pero sí de uno épico (Sigfrido). Además, a Martin le falta la riqueza poética y simbólica del surafricano (aunque le añade, por contra, violencia y sexo, es decir, contándose lo que se cuenta, realismo). El señor de los anillos tiene más que ver con las grandes epopeyas y poemas épicos del pasado y Canción de hielo y fuego con Los pilares de la Tierra o la saga de Harry Potter.

Juego de tronos, entonces. Una obra de entretenimiento, exigente y de calidad, que destaca por la complejidad de su trama y la abundancia de personajes (aunque sólo he leído, por ahora, el primer libro, sé que más adelante su número crecerá todavía). Es una gran historia, con una construcción ambiciosa, que si peca de escasa raíz, al menos tiene una copa ancha y muy ramificada, de denso follaje (lo que también puede desestabilizar al árbol). El componente mágico de este primer libro es escaso y remoto; aparecen, sí, esas extrañas criaturas irisadas que llaman sencillamente “los Otros” y que por solapamiento con la decepcionante Lost en la adaptación televisiva de Juego de tronos denominan “Caminantes Blancos”. Aunque se sugiere su capital importancia para el devenir de la saga, aparecen poco, y los retales de ambiente mágico son alusiones a un pasado remoto: los dragones se han extinguido, los “Niños del Bosque” han desaparecido y apenas aparecen nigromantes (sólo una mujer-oveja vengativa). El peso de la narración, pues, no recae sobre lo fantástico, sino sobre lo político.

Así es, Juego de tronos versa, como reza su título, sobre las ambiciones y mezquindades que rodean al Trono de Hierro de los Siete Reinos, y las diferentes tretas con las que los clanes de Poniente tratan de hacerse con el poder. Como ha reconocido el autor, esta parte del relato se inspira en la Guerra de las Dos Rosas, conflicto nobiliar inglés del siglo XV. Y es evidente, pues en dicho episodio se enfrentaron, por la corona de Inglaterra, los Lancaster (Lannister) con los York (Stark). La intriga política está manejada con destreza, si bien Martin no abandona los códigos del género y deja bien claro cuáles son “los buenos” (aunque habrá que ver el desarrollo posterior de la saga). Lord Eddard Stark es un modelo de héroe moral irreprochable, de no ser por esa mácula que supone su hijo bastardo Jon Nieve, aunque no se dejan de sugerir posibilidades que dejarían inmaculado el honor del Señor del Norte.

Aunque en general los personajes de esta historia son (o parecen) planos como Lord Stark (es casi inevitable que, en un catálogo tan amplio, abunden éstos), los hay más esponjosos. Martin se ha ocupado de insuflarles vida, lo que tampoco es normal en el género de fantasy ni en el más amplio del bestseller y la ficción de esparcimiento. Así tenemos personajes controvertidos como Catelyn Tully Stark o su oponente la reina Cersei, y otros que se caracterizan por estar “rotos” o “defectuosos”, como Tyrion (enano), Jon (bastardo) y Arya (mujer), que son los más carismáticos y atractivos y, presumiblemente, los que van a tener mayor peso en el relato. Sin olvidar a Daenerys Targaryen, cuya odisea rothraki me parece lo más frágil de la novela (así como la invención de este pueblo nómada guerrero, asimilable a los escitas o a los mongoles, aunque su divinidad mayor resulta ser femenina, estática y agraria, lo que creo un grave error antropológico) pero que apunta a clave de la saga.

En definitiva, no descubriré nada, pero Juego de tronos es una opción a valorar si lo que buscamos es un libro superficial pero exigente con el lector, que permita consumir horas sin dejar la sensación de tiempo perdido o burlado.

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Abr 10

Cuando sepas que nunca… de María Sirvent, y Olive Kitteridge, de Elizabeth Strout

Escrito en El museo, Zarpazo de velociraptor.
Etiquetas: , , , , 10/04/2010

Publica ahora El Aleph un par de novelas que ponen su atención, aunque de manera diversa, en lo cotidiano. Literatura que prescinde de grandes conflictos, de grandes tragedias, porque el día a día tiene su propia fuerza dramática y porque, sin necesidad de Circes ni Escilas ni cantos de sirena, toda vida pasa por momentos de gran intensidad emocional que son también susceptibles de ser tratados literariamente.

El debut de María Sirvent, tras el largo y sugerente título de Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio, presenta la más ordinaria de las situaciones: la vida de oficina. En ella, Ágata intenta, por todos los medios, que la echen. Sigue enamorada de su ex, a quien escribe correos que nunca envía y que constituyen el cuerpo del relato. Es asediada por un seductor de oficina, por el que siente una mezcla de atracción y asco, reflejo de las emociones que siente por sí misma.

Por su parte, Strout elige para su Olive Kitteridge -Premio Pulitzer 2008- el gran estilo, en consonancia con la gran literatura norteamericana del siglo XX, para describir las vidas de los habitantes de Crosby, un pueblecito de la costa de Maine, tan literaria. Sin embargo, su acercamiento a lo cotidiano es más relativo pues, aun reconociendo la peculiaridad y la violencia de las sociedades rurales estadounidenses, ocurren demasiados hechos extraordinarios -Olive y su marido Henry son tomados como rehenes; una familia vive encerrada en su casa por años, desde que su hijo asestara veintinueve puñaladas a una mujer; casi todos los personajes tienen un familiar próximo suicidado-. Esos hechos fuera de lo común, sin embargo, desarrollan sus consecuencias en el día a día, poniendo a prueba a los personajes, los muchos personajes de esta novela coral, construida como un agregado de relatos unidos por Olive Kitteridge y su familia.

Léelo completo en El Confidencial…

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Feb 15

La humillación, de Philip Roth

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 15/02/2010

Se ha vuelto un lugar común, cuando aterriza en España una nueva obra de Philip Roth -en torno al comienzo de la primavera, aunque los lectores más intrépidos habrán leído antes la edición en inglés-, buscar comparaciones y concluir que se trata de “obra menor” de un autor enorme. Es inevitable. Tras La mancha humana, Pastoral americana o El animal moribundo todo parece pequeño, aún La conjura contra América o Elegía. Y sin embargo Philip Roth sólo puede medirse con la medida Roth, y las obras breves de los últimos años, que a la vez son intensas, compactas, tienen poco de enanas si las medimos con la misma vara que al resto.

Ahora bien, La humillación viene precedida por una considerable polémica que desató tras su publicación en Estados Unidos, donde el sexo, que en esta novela es explícito y morboso, mueve mucho dinero y también a muchas agrupaciones aburridas -otra forma de mover dinero-, a las que se sumaron algunas feministas superficiales que, cegadas por lo sexualmente turbio -y aparentemente falocrático- del relato, fueron incapaces de entender lo que se les estaba diciendo.

Esta novela es una extensión de aquel aforismo memorable de la espléndida Elegía, “la vejez no es una batalla, la vejez es una masacre”, idea que impulsa buena parte de la obra rothiana desde El animal moribundo. La humillación narra la masacre que la edad comete en el cuerpo -su espalda siempre doliente, sin remedio; sus células testiculares ochocientas veces divididas- y la psique de Simon Axler, de sesenta y cinco años, un actor de teatro “encerrado en el papel de hombre privado de sí mismo, de su talento y de su lugar en el mundo, un hombre detestable que no era más que el inventario de sus defectos” (p. 15). Su actuación y fracaso en el Kennedy Center es el Día D, hora 0 que inicia su desmoronamiento completo. “Sí, el impredecible cambio total y el poder que tiene” (p. 26).

La novela, que es una tragedia que sigue la estructura clásica -y lo que tiene de truculento evoca los mismos ecos-, tiene un segundo acto, “La transformación”, en el que se encuentra con Pegeen Stapleford, hija de unos antiguos amigos compañeros de profesión, veinticinco años menor que él y lesbiana. Ese es un inesperado reencuentro con la vida: “Axler recordaba su imagen de bebé pegada al pecho materno. Tenía una presencia vibrante, era firme, sana, estaba rebosante de energía, y de pronto él dejó de tener la sensación de que, sin su talento, se hallaba solo en el mundo” (p. 64). De pronto, olvida que la vejez es una masacre y se convence de que es una batalla, una batalla de la que puede salir victorioso.

“La reconstrucción de una vida tenía que empezar por alguna parte, y para él había empezado por su enamoramiento de Pegeen Stapleford, que, de manera sorprendente, era la mujer apropiada para realizar la tarea” (p. 133). Axler se aferra a esa esperanza, a esa fuerza vital. El sexo -¿redentor?- entre ambos prende la chispa de un fuego fatuo. A pesar de las advertencias de una Pitia furiosa, se aferra a esa fuente de vida, se siente Pigmalión. Pero Pegeen  es una de esas personas-escorpión de existencia caótica, que necesitan de ranas para seguir adelante y que, al igual que en la fábula, no pueden traicionar su naturaleza venenosa; como toda tragedia, La humillación culmina en un tercer acto apoteósico, que cierra, unifica y realza una obra que comienza atolondrada, avanza errabunda, y finalmente exhibe las claves de su grandeza.

Publicado originalmente en: El Confidencial

Ficha en Mondadori

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Dic 24

ééééé, ééé, éééé, de Tao Lin

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 24/12/2009

Delfines, el terror del mundoTao Lin es un tipo peculiar, tanto como para titular una novela ééééé, ééé, éééé, que para quien no lo sepa, es la manera en que los delfines expresan sus emociones, ya sean de felicidad o tristeza, de satisfacción o abulia. También es un tipo lo bastante peculiar como para vender acciones sobre los beneficios de su próxima novela y para, a pesar de su nombre, ser perfectamente norteamericano, tanto por pasaporte como por estructura mental. Así pues, tenemos entre manos una novela peculiar, escrita por un tipo bien peculiar, con un título más que peculiar. Su tema, que no su argumento -pues carece de un argumento al uso-, es la depresión, la depresión inmotivada aunque refrendada por el estado de cosas del mundo.

Léelo completo en El Confidencial.com

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Oct 29

El tiempo, que todo lo cura: Cuatro hermanas, de Jetta Carleton

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 29/10/2009

Jessica, Leonie y Mary Jo viajan cada verano a la granja de sus padres, en Renfro, Misuri. Son las tres hermanas supervivientes de las cuatro que se criaron en aquellos campos. Cada año se reúnen allí, con alguna desgana, aunque en el fondo temen el día en que eso se acabe. En ese lugar, las pequeñas cosas, como el florecer de las damas de noche, cobran un significado especial, de redención. Cuatro hermanas, única novela de Jetta Carleton, tiene este comienzo anodino, como anodina es toda Arcadia que se precie. Pero el camino al paraíso es largo y casi nunca fácil. Volver al edén ha sido el objetivo de la humanidad desde sus comienzos, pero para entonces debe haberse redimido de sus pecados, debe haber alcanzado un conocimiento pleno de sí misma y de la divinidad. De otro modo, la entrada le será vedada. La novela, aparentemente un culebrón familiar benigno, se va revelando como una saga religiosa, una búsqueda de Dios a través de la historia de una familia. “Amo tu mundo” es la sentencia que redime a los personajes, al encontrar a Dios en su obra y no en el pecado o los castigos divinos.

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Ago 13

Zombi. Guía de supervivencia

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 13/08/2009

Niño Zombi, horror punk mexicanoEste libro recoge una serie de técnicas apropiadas para la defensa y caza del zombi, probadas en diversas ocasiones o deducidas de acontecimientos reales, no para la acción de los gobiernos y organizaciones estatales, que es de suponer que tengan sus propios equipos y protocolos, sino para el ciudadano de a pie. Que es el que, en primera instancia, se enfrenta al rechinar de dientes podridos cuando los muertos se levantan de la tumba -esto es una frase hecha; en realidad, los gules suelen salir de los hospitales-. Tras un primer capítulo de fisiología y etología del zombi, en el que desmonta los mitos hollywoodienses del supermuerto -los zombis no tienen más recursos que los del individuo infectado, sino menos, aunque destacan por su capacidad de concentración, dado que ya sólo son capaces de hacer una cosa-, la Guía de supervivencia evalúa las armas y técnicas de combate más efectivas para enfrentarse a la amenaza renqueante, la forma de preparar el propio hogar contra ataques, consejos para preparar la huida -si el brote se agrava, nuestro fuerte puede resultar insuficiente- y, para estómagos a prueba de ácidos, las diversas estrategias y precauciones para convertirse en un poderoso Van Helsing contra los muertos vivientes. Seguidamente viene el capítulo más descorazonador del libro: el que explica cómo sobrevivir en un mundo en el que los no muertos han suprimido la civilización y, quizá, la humanidad…

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Jun 04

Incombustible Philip Roth

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 4/06/2008

Philip Roth, que cumplió 75 años el pasado mes de marzo, publicará una nueva novela, la vigésimoquinta, el próximo otoño. La novela, que se titulará Indignation, ya cuenta con ficha en Amazon y, según Variety, sus derechos para el cine ya tienen propietario: Scott Rudin, productor de filmes como No es país para viejos, Closer o Las horas, entre muchas otras.

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Mar 01

Philip Roth: Sale el espectro

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 1/03/2008

Él se marcha. Se va para siempre”. Así concluye Sale el espectro, la última novela de Philip Roth y la postrera, se supone, de su heterónimo más interesante, Nathan Zuckerman. La gran creación de Roth es ahora un anciano de setenta años, impotente e incontinente cuya portentosa memoria empieza a ajarse. Ya en 2001, su otro “espejo”, Kepesh, se enfrentaba a la decrepitud y al acabamiento de forma bastante similar en El animal moribundo, pero más recientemente era el narrador innominado de Elegía quien se encontraba de frente con la mortalidad. Por su parte, Zuckerman ha afrontado, cree que exitosamente, la muerte social. Durante diez años ha vivido en el retiro de los Berkshires –uno de esos mágicos topoi literarios, como nuestra calle Huertas-, como antes lo hicieron Melville o Hawthorne o su maestro E. I. Lonoff.

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Dic 22

La Navidad es de los niños

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , , , , , , , 22/12/2007

La Navidad es de los niños, pero nunca hay que olvidar al que llevamos dentro. Como un cachorro curioso asoma cuando pasamos ante un escaparate repleto de juguetes, o en un parque de atracciones, o en Navidad. Ese niño interior es el que habrá de guiarnos a la hora de escoger un título que regalar a los jóvenes lectores, o de apuntar en la lista de peticiones para sus Majestades de Oriente. Esta selección es obra de nuestros niños interiores; son algunas de las historias que nos habría gustado haber leído hace algún tiempo. Algunas no nos las encontramos antes, otras sencillamente no habían sido escritas. Pero todas ellas son maravillosas aventuras para alimentar la imaginación de los más y los menos jóvenes, ahora que es Navidad, y la Navidad es de los niños.

Obras de Charles Kingsley, Roderick Gordon y Brian Williams, Jordi Sierra i Fabra y Diana Wynne Jones.

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Nov 24

Philip Roth: El profesor del deseo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 24/11/2007

Como aperitivo antes de que, en febrero, veamos impresa la última novela de Philip Roth, Mondadori reedita El profesor del deseo, segunda obra de la ‘Trilogía Kepesh’ -después de El pecho, también en Mondadori, y antes de El animal moribundo, en Alfaguara, que se hará película el año próximo, dirigida por Isabel Coixet y protagonizada por Ben Kingsley y Penélope Cruz-. En palabras de Baumgarten, ese personaje que habría sido Kepesh de no haber cedido a las presiones sociales, El profesor del deseo es “su investigación de las hipocresías, las beaterías y el aburrimiento del mundo literario y la tradición humanista”. David Kepesh, el narrador-protagonista de El profesor del deseo, es “un joven formal, solitario, más bien refinado, consagrado a la literatura europea y a los estudios lingüísticos” para quien los grandes escritores son los “arquitectos de mi mente” -en especial Chéjov y Kafka-. Pero, para los problemas que se le presentan, el mundillo académico e intelectual no es parte de la solución, sino parte del problema.

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