Feb 18

Electrónica para Clara, de Guillermo Aguirre

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 18/02/2010

Galardonada con el XV Premio Lengua de Trapo de Novela, Electrónica para Clara ha suscitado el interés inmediato de un círculo de escritores con gusto por lo arriesgado; unas coordenadas en las que se mueve la editorial dispensadora del premio, de lo que hemos dado una muestra aquí con títulos como Una revolución pequeña, La mujer calva -su predecesora en estos laureles- o la imprescindible El estatus. Quizá no estemos, en esta ocasión, ante una obra redonda, pero sí interesante; una obra que brilla por las virtudes de su búsqueda más que por sus hallazgos, aunque también los haya.

Jonás, narrador y protagonista, trata de resolver una pregunta fundamental; dos, quizá: “¿quién es Clara? ¿quiénes somos nosotros?”. Clara es su amor, su desamor y su condena, la mujer que le abandonó, reapareció casada con su mejor amigo, le olvidó, le recordó y que, finalmente, silenciada -“Quieta y muda, distante como las sombras humanas que quedaron impresas en las paredes de Hiroshima después de la catástrofe” (p. 42)- por un suceso traumático que sólo se revela hacia el final de la novela, es objeto tanto de sus cuidados -la cuida como el viejito a la viejita, con la misma ternura- como de sus cadenas. Hay en toda la novela una atmósfera de horror, de thriller psicológico, motivada por ese gran secreto que sólo lo es para Jonás y la tozuda mudez de Clara, prisionera de las atenciones y cuidados de su enamorado custodio.

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Ene 21

Una revolución pequeña, de Juan Aparicio Belmonte

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 21/01/2010

Juan Aparicio BelmonteLa cuarta novela de Juan Aparicio-Belmonte vuelve a dar la vuelta al mundo, y no en un sentido geográfico. El suyo es un realismo, casi costumbrismo, muy peculiar, que encontraba expresión en su aclamada anterior novela, El disparatado círculo de los pájaros borrachos: “si la realidad hoy en día es un disparate, toda novela realista tendrá que ser disparatada” (p. 127; Lengua de Trapo, 2006).

El autor ha hecho del humor disparatado su sello, que no se imprime sobre chistes vacíos sino sobre un fondo de crítica social centrada en el sistema judicial y penitenciario, así como en las peculiaridades políticas nacionales. Así ocurre en esta novela, Una revolución pequeña, en la que el abogado inocente acaba en prisión, los jueces asesinan… un mundo novelesco que subvierte la mirada convencional sin dejar de reseñar fielmente la realidad, aunque sea a través de los espejos deformantes del humor.

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Ene 11

B, de Alberto Santamaría

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 11/01/2010

B“Acaba de aparecer un nuevo libro. Lo he titulado B y es un libro en prosa. Tal vez sea una novela”. Eso nos dice el poeta y crítico Alberto Santamaría, padre de la criatura. Se refiere a ello como algo “nuevo”, y lo es, no sólo en el sentido de “efímero ocupante del escaparate de una librería”, sino en el de “experimento”, una forma muy personal de narrar no muy alejada de su obra poética precedente. Es nuevo porque es su primera obra narrativa. Es nuevo porque se distingue de la narrativa general, no por aportar técnicas o estructuras novedosas, sino la mirada única del autor -algo que parece inevitable, pero no lo es-. El argumento es tan breve como la misma obra: B habla ante una cámara; se confiesa, pero no se explica, sino que narra aleatoriamente fragmentos de su vida, sabedor de que la muerte lo acecha. No como a cualquiera, en un horizonte indeterminado o lejano, sino presente: la muerte es su compañera desde que su hermano le disparara -¿accidentalmente?- en la rodilla. “La bala, como una cápsula terrorista, esparcirá por tu cuerpo todo su veneno”.

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Dic 14

La previa muerte del lugarteniente Aloof, de Álvaro Pombo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 14/12/2009

Cada vez que me enfrento a la lectura de Álvaro Pombo encuentro menguada mi estatura. Tengo la sensación de lo alcanzar sus contenidos últimos, de hacer una lectura grata, pero insatisfactoria. Y, si además debo escribir de ello, de la leve frustración paso al terror. No es que cada semana me sienta a salvo de la picota, ni mucho menos, pero intentar someter a crítica un libro suyo es como ir a robar a una comisaría. En fin, alea iacta est.

“Alegrará a muchos saber que Álvaro Pombo, tras su experiencia sideral -que no infructuosa, al menos Virginia o el interior del mundo era una gran novela, pero fueron piezas menos ambiciosas, en las que optó por dejar tranquila la técnica narrativa-, ha regresado de su viaje con el ánimo renovado. Y vuelve a su casa, no sólo editorial -Anagrama, a la que ha dado sus mejores textos-, sino también literaria. Con La previa muerte del lugarteniente Aloof -un título plenamente pombiano- regresa a la senda de la pura invención narrativa. Esta breve novela es un monumento al juego literario“.

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Dic 05

Figuras con paisaje, de Francisco Rico

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 5/12/2009

La celestina, de PicassoSuele decirse que el arte no se explica; que basta con sentirlo y, armado por esa emoción, el espectador alcanza a comprenderlo en sus capas más profundas. Otros lugares comunes que me pasan por la cabeza en el momento de reseñar Figuras con paisaje, del maestro Francisco Rico, son el del ensayo como investigación detectivesca -empleado por Muñoz Molina- o como viaje al interior de la cultura. Lugares comunes, mas no imprecisos, si bien el primero queda anulado por la mera existencia de este lúcido ensayo. Publicado por vez primera hace quince años, en Galaxia-Gutenberg, lo reedita ahora Destino con escasos añadidos -un par de ensayos, breves- y retoques.

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Nov 27

El otro mundo, de Hilario J. Rodríguez

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 27/11/2009

Hilario J. Rodríguez -conocido crítico de cine en varios medios- es un libropésico peculiar, que tiene más de albañil que de caníbal. Los libros son para él ladrillos para construir “diques de contención contra el desorden de la vida”. El proceso de erección de ese dique lo narró en Construyendo Babel, una novela injustamente discreta por haber sido publicada en una pequeña editorial; selecta, pero pequeña. El otro mundo es una novela igualmente deliciosa, algo más nutrida de dolor, que tampoco merece ser ignorada. Me cuesta creer que un libro, como afirma Miguel Ángel Muñoz en su blog “El síndrome Chéjov” -desgraciadamente desaparecido de la red- sobre Mapa mudo -la “fuga literaria” de Rodríguez- pueda tener “vocación de secreto”. Quizá este tipo de literatura autoficcional tienda también a la reserva, pero puede provocar en los lectores un enorme caudal de emociones y pensamientos valiosos.

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Nov 03

El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta

Escrito en Mirada de troodon.
Etiquetas: , , , 3/11/2009

Parece que El viaje íntimo de la locura fuera un libro fantasma: muchos creen en él -y lo han comprado o pretenden hacerlo-, pero pocos lo ha leído. Por lo menos, eso es lo que aparece en la red. Y sería injusto perseverar en esta actitud reverencial aunque pasiva, porque la primera novela de Roberto Iniesta, el alma de Extremoduro, no está nada mal. Por mi parte, llevaba algún tiempo sin escucharlos pues, aunque en sus últimos discos había algunos temas memorables -me encanta Stand By- estaba un poco cansado de tanta luna y tanta flor, y algo de eso hay aquí, en la novela -más sol que luna-.

Por el título -creo que inadecuado- y por la ilustración de la cubierta -es a un retrete a lo que se asoma el hombre del pelo enhiesto- uno podría imaginar que estamos ante un producto de la época que va de Rock transgresivo a Agíla, pero en el interior se desarrolla, como no podía ser de otro modo -la novela comenzó a escribirse en 2003-, una historia del ciclo de Canciones prohibidas en adelante. Es decir, de la época de las flores y las lunas, y no de las prisiones y las sobredosis. Pero este es, ante todo, un Robe auténtico, con el mismo fondo de siempre, el mismo mobiliario mental -algo tosco pero sólido, de madera noble- y el mismo ansia de expresar su mundo interior con esa rabia que a veces logra calmar la poesía.

El viaje íntimo de la locura

Ahora bien, nada más comenzar la lectura, a la altura del Prólogo, me invaden las sospechas. Las vísceras le van bien a las letras musicales, especialmente cuando son acompañadas por guitarras contundentes, pero no a la literatura que es, ante todo, contención.

Robe insiste en no desvelar la trama, y no seré yo quien lo haga. Hay que respetar los deseos del autor, aunque es cierto que, cuando lanza al público su obra, “aunque es parte de él, una vez que sale de sí, se aleja de su esencia como un hijo de un padre” (p. 220; aunque Robe se refiere, en las páginas del libro, a un zurullo), si es que lo tuvo alguna vez. Comprendo el sentimiento del novelista y haré lo que pueda por apoyarle en tan vano empeño. Sólo diré que el protagonista, don Severino, es un notario de provincias, chapado a la antigua, que habita las rutinas tanto como ellas le habitan en él, pero cuyo mundo comienza a cambiar cuando su despertador le falla -y para adquirirlo ya acometió un cambio-. Será ese tan sólo el principio de los trastornos, cuya suma arroja como resultado un viaje, que es el cuerpo de la novela. En algunos momentos me recuerda a Héctor Servadac, más que a Cinco semanas en globo. También tiene mucho de Robinson Crusoe, aunque resulta evidente y explícito. Es un viaje al interior de don Severino, aunque adopte una forma ambigüa y descabellada; pero es que el pobre notario llevaba toda la vida tratando de ignorarse, y no le va a ser fácil llegar al quid de sí mismo.

Las sospechas no cuajan. Robe lidia con la prosa narrativa tentando, aventurando, y comete errores de principiante: se repite, se explica en exceso -más al comienzo de la novela-, se expresa intencionadamente de manera rebuscada, y desarrolla en exceso subtramas accesorias; el manejo del ritmo es correcto, casi sin altibajos, pero se resiente de ello. De todos modos, los defectos técnicos no disminuyen el efecto que la novela ejerce sobre el lector, porque cuando hay cabeza, todo lo demás importa menos. El principal es que lo entretiene; El viaje íntimo es una novela divertidísima, irónica, con momentos muy buenos de humor. El otro es que, arrastrado por un personaje tan entrañable como don Severino y, participando de su metamorfosis, el lector se debe formular una serie de preguntas de índole moral -Roberto Iniesta podrá ser un inmoral, pero en absoluto es un amoral-. La lección, sin embargo, resulta inasumible.

El Robe de siempre, el autor de las letras de Extremoduro -uno de los grandes letristas de hoy-, aparece en fogonazos, en escenas como las del ataque aéreo al Papa y a la Reina de Inglaterra o en los monólogos de la lombriz -a mi juicio, un postizo que sólo aporta risa- y en las familiares reflexiones tan castizas como certeras que abundan en sus canciones. Esa sinceridad que le hace más artista que muchos otros con la cabeza llena de doctrina. O cabría decir, más adecuadamente, artesano; seguro que, por añadidura, le gusta más. No cuesta mucho imaginarle trabajando la prosa con mimo, raspándola, haciéndose callos en los dedos al tiempo que la materia va adoptando la forma que le impone su paciencia, aunque a veces ésta se le escape. A ver si le ha cogido gusto al oficio y, con mimbres más sólidos, vuelve a ofrecernos un fragmento de su íntima locura.

La cita:

“[Las primaveras se le escurrían] como si tuviera flojo el esfínter por donde se nos escapa el tiempo” (p. 18).

La ficha:

El viaje íntimo de la locura, Roberto Iniesta. El hombre del saco, Muxica, 2009. 310 páginas, 19 €.

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Ago 27

El hombre soluble. Sal, de Manuel García Rubio

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 27/08/2009

Con razón esta novela ha maravillado a todos los que han tenido la paciencia de acabársela. Esto merece un comentario. Primero: la crítica española ha rendido inhabitual honor unánime a la séptima novela del escritor asturiano -aunque nacido en Uruguay- Manuel García Rubio. Segundo: es una obra redonda, repleta de matices, de ingenio, de ironía dulce y finalmente melancólica, con una absorbente y juguetona estructura y unos personajes tan entrañables como humanos. Tercero: su lectura requiere paciencia -generosamente recompensada-, pues hasta bien avanzado el libro, de más de quinientas páginas, el rumbo narrativo es errático -y no por descuido- y sólo la voz del narrador, su voz peculiar y plagada de errores de escritura, ata al lector al texto con un raro encantamiento. Y es que, bajo la mirada descuidada de los lectores y críticos vulgares, Sal es un compendio de todo lo que no debe ser una novela, una actitud superficial encarnada en “la Simondebovuá”, la amargada profesora de taller de escritura creativa que no consigue el puesto en la universidad que cree merecer.

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Ago 21

Amor contra el terror. El corrector, de Ricardo Menéndez Salmón

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 21/08/2009

cantabricoLa novela ocurre en un momento especialmente sensible de la historia contemporánea española como es la jornada del 11 de marzo de 2004. El relato se pretende narrado por alguien común, uno más entre la masa que aquél día asistía perpleja a lo que tenía que haber ocurrido lejos, en otro continente, como tantas veces antes. Pero no es así. El narrador no es un individuo cualquiera, y no puede pretender serlo. Aunque aluda a “nuestras pequeñas y esforzadas vidas”, en el momento del atentado trabaja sobre su “vieja mesa de fresno australiano”; este no es un dato en el que repare cualquiera, y no es cualquiera el español que se llama Vladimir. Ya desde el primer párrafo, Menéndez Salmón nos ubica ante un narrador que está lejos del “confiado universo de las terrazas diurnas” (p. 19). La impresión de que nos habla alguien poco común se acentúa conforme la novela avanza, atrayendo sus diversos “yoes”. Vladimir es un exescritor y ahora corrector, que habita entre las páginas de los libros, que fuera de su apartamento se encuentra envuelto en una irrealidad ajena.

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Ago 10

Acrollam, de Biel Mesquida

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 10/08/2009

 

Ocaso en Formentera. Fuente: Enfocado.com

Acrollam se construye, como nuestra vida cotidiana, sobre pecadillos veniales, aunque los mortales también están por ahí. Según el siempre certero Enrique Vila–Matas, Mesquida sigue el camino marcado por Joyce cuando dedujo que “la vida está hecha de cosas triviales”. En palabras del autor: “Escribir para no contar ninguna historia. El cronista se plantea semejante deber maravilloso una noche oscura y chejoviana […]. Ya sabes, Lector de los mil y un sexos del espíritu, que la bella y esforzada tarea de juntar palabras no siempre tiene por finalidad una historia, la narración de un relato, la peripecia de una fábula” (p. 173). Esquivo con los géneros, estos relatos son crónicas ficticias en las que no ocurre nada; nada más maravilloso que la vida misma, claro. Pero Mesquida continúa, ahora con Cortázar: “un relato literario recorta un fragmento de la realidad, fijándolo con determinados límites pero de manera tal que este recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad mucho más amplia” (p. 189). Esto es Acrollam, un caleidoscopio de “hechos sencillos” y de “la cotidianidad difícil del amor” (p. 193) en la Mallorca asfaltada, que ya ha probado el fruto del árbol prohibido.

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