Ene 14

La bestia del corazón, de Herta Müller

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 14/01/2010

Herta MüllerNo es necesario recurrir a silogismos para deducir que el premio Nobel concedido a Herta Müller es injusto y polémico -partiendo de las premisas de que todo premio es injusto y también polémico-. Es claro que no es una autora influyente, y los tintes políticos de la concesión son más que evidentes -la Academia sueca siempre ha tenido ese concepto de la literatura-. También que el efecto Ladbrokes ha vuelto a teñir de sospechas la elección. A pesar de ello, ¡qué bien le sienta a la autora suaba el galardón! Müller es una escritora que posee todo aquello que consideramos imprescindible en un reconocimiento que aún conserva su aura de grandeza -merced de sus premios científicos- si asumimos que muchas veces reconoce, no a los autores más relevantes, sino a aquellos que merecen serlo.

Y Müller lo merece, aunque para muchos cada página suya resulte un trago amargo. No es fácil, ni complaciente, con el lector. Hay ascensiones duras, que exigen aplicar pies y manos, y hasta arañar el suelo con las uñas, mientras parece que vamos a reventar por las sienes y toda bocanada de aire es escasa. La lectura de Herta Müller puede ser así, tanto por la escritura compleja y rica en elementos simbólicos como por el horror que indefectiblemente sustenta su aparato poético. Mas, coronada la cima, el sufrimiento se disipa y tan sólo queda el amplio paisaje. Es una autora que convierte las penurias de su infancia -el padre- y su vida adulta -la persecución por la Securitate- en sustancia literaria pura, en poesía, también en sus cuentos y novelas. En Herta Müller todo es poesía, aunque narre acontecimientos, porque la voz lo devora todo, personajes, acciones, temas.

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Jun 18

Mirar al agua y El tesoro de Sierra Madre

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 18/06/2009

 

witkin1La creación como motivo. Mirar al agua. Javier Sáez de Ibarra

 

Todo libro, de cualquier género, que tenga que ver con el arte contemporáneo, debe empezar por el principio: el pasmo del espectador y un principio de entendimiento. Así ocurre en Mirar al agua, Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, que arranca con el relato que da nombre al conjunto y en el que el misterio del arte y del amor se funden para principiar una respuesta al divorcio existente entre el hombre común y el arte de nuestra época. Y es que, como destacó el jurado, no es muy habitual en nuestras letras el diálogo con las artes plásticas, como sin embargo sí lo es en las anglosajonas. El propio autor lo anuncia en uno de los lemas del libro –por otra parte muy cargado de éstos, todos significativos y orientativos-, una cita de Iván de la Nuez: “el arte le ofrece a la literatura la posibilidad de continuar, desde otras perspectivas, sus labores narrativas o sus tareas como cartero de la sabiduría. El choque entre ambos ámbitos producirá seguramente una nueva poética del siglo que empieza”…

 

La quimera del oro. El tesoro de Sierra Madre. B. Traven.

 

 

Hay novelas condenadas a sobrevivir por mor de sus descendientes fílmicos, que gozan de un mayor reconocimiento y, a veces, de una mejor factura. El caso más conocido es Lo que el viento se llevó, pero El tesoro de Sierra Madre es igualmente prototípico. La gran película de John Huston es uno de los clásicos del cine norteamericano de la edad dorada -y uno de los últimos- y, en muchos aspectos, supera a la novela de Bruno Traven, un escritor inquieto y enigmático que siempre huyó de la celebridad y el reconocimiento sembrando de pistas falsas su biografía y cambiando periódicamente de seudónimo -su nombre real es desconocido-…

 

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Dic 21

Heinz Janisch: Una nube en mi cama

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 21/12/2008

¿Si te encontraras un gorila en un árbol, qué le pedirías? Exacto, ayuda para los deberes. Y luego quizá escucharías con él la trompetita de los peces, en un mar anaranjado. Porque, a ojos de un niño lo imposible es lo más natural, lo natural es aburrido y es divertido lo impensable. Heinz Janisch e Isabel Pin nos lo recuerdan en el delgado pero suculento Una nube en mi cama, editado por Lóguez. Todo comienza cuando a una niña, vestida de rojo y verdes medias, le visita una nube en su habitación. Este suceso, que rompe con el flujo natural de las cosas, provoca una oleada de pensamientos que los adultos entendemos como poéticos pero que para un niño es, simplemente, lenguaje.

 

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Feb 02

Bernhard Schlinck: El regreso

Escrito en El museo.
Etiquetas: , 2/02/2008

Tras el arrollador éxito mundial de El lector, parecía desaparecido Bernhard Schlinck; su siguiente obra publicada en España -el libro de relatos Amores en fuga- pasó sin pena ni gloria, y ahora corre riesgo semejante porque estamos ante una novela irregular, árida y de pesada digestión pero filosóficamente interesante. En El regreso funde sus ámbitos laborales -es juez, profesor de historia del derecho y, evidentemente, escritor- para componer una novela que va creciendo en complejidad, desde la inocente primera parte hasta la cruda -casi parece de Chuck Palahniuk, aunque ni soñar puede el de Pasco la solidez reflexiva de la que hace gala Schlinck- parte tercera.

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Ago 18

Hertha Müller: El hombre es un gran faisán en el mundo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , 18/08/2007

Entre los muchos escritores que se oponen al totalitarismo, Herta Müller es de los pocos que puede decir que, realmente, ha sido víctima de la barbarie en sus propias carnes. Integrante del ‘Aktionsgruppe Banat’, su lucha por los derechos de la minoría alemana en Rumanía le valió la persecución de la Securitate, la policía política de Ceaucescu. Tras negarse a colaborar con ellos se le prohibió publicar y también viajar. Al final, tras años de calvario, logró emigrar a Alemania donde vive y escribe. En su obra retrata la vida cotidiana de las minorías de habla germana en la Rumanía rural. Dos buenos ejemplos de ello son estos En tierras bajas (en adelante, ’T’) y El hombre es un gran faisán en el mundo (en adelante, ‘F’), que acertadamente reedita ahora Siruela. En ‘Las cartas bebidas’ (F, 58 y ss.) hay una exposición diáfana del clima de corrupción y opresión de la minoría alemana. Ambos libros -el primero de ellos formado por quince relatos y el segundo, una novela episódica- comparten escenario y muchas otras características.

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Jun 15

Siempre quedará la novela

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 15/06/2007

Tras el relato y el ensayo, le llega e turno a la novela. Obras de Leonie Swann, Carlos Eugenio López,  y Myriam Satrústegui Guzmán y Alejandro González Martínez.

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Nov 25

Daniel Kehlmann: La medición del mundo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 25/11/2006

El ser humano siempre ha llenado su espacio de señales orientadoras, bien en un plano físico -miliarios, cruceros, balizas-, bien en un plano intelectual -mitos, sistemas filosóficos o teológicos, teorías científicas-. La medición y ordenación del mundo es una de las grandes labores de la humanidad, no sólo en cuanto a su practicidad sino, y especialmente, en cuanto a su valor intrínseco existencial. Si es difícil responder a la pregunta por nuestro origen, e imposible decir a dónde vamos, no lo es situarnos en el presente espacio-temporal y saber, al menos, dónde estamos. La historia de la cartografía desde los grabados de Bedolina hasta la moderna fotografía por satélite es una suerte de cómic que ilustra el desarrollo del conocimiento humano y sus herramientas de medición e interpretación del mundo. Y en esta historia, Gauss y Alexander von Humboldt suponen un capítulo de relieve tanto por sus aportaciones como, especialmente, por su condición paradigmática en cuanto ‘mundimensores’.

La novela de Daniel Kehlmann -y que viene avalada nada menos que por el exigente Reich-Ranicki – toma a estos dos personajes históricos como motivo para un cuadro en el que se representa el contexto intelectual de la Alemania ilustrada. La ciencia se encontraba entonces en un momento de ingenuidad infantil, con todo el campo por explorar –todo el mundo por medir- y sin haber sufrido aún desengaño serio alguno. Ambos presentan la insaciable necesidad de medir su entorno, porque “medir era un arte excelso, insistió Humboldt. Una responsabilidad que no podía tomarse a la ligera”, y “había que ser tan preciso que la irrupción del desorden fuera imposible”. De la misma manera que los mitos hablaban de la victoria de la razón -los dioses- sobre el caos -los titanes-, la medición del mundo desterraba para siempre el desorden de la ignorancia. Así, desconocer la medida exacta de un campo o la altura precisa de una colina “ofendía la razón y le inquietaba”, porque “las cifras desterraban el desorden, incluso el de la fiebre”.

Ahora bien, más allá de la narración del célebre viaje de Humboldt o de las explicaciones matemáticas de Gauss, Kehlmann profundiza en los personajes, en los que destaca su humanidad. Su composición psicológica es magnífica, y bastan las siete páginas del primer capítulo para presentar y definir a los personajes por sus actitudes, creando un nudo emocional que difícilmente se va a romper hasta que acabe la novela –quizá ni entonces se rompa-. La medición del mundo es también la peripecia humana de estos dos genios, de su inevitable y descorazonadora separación de la sociedad humana, bien porque van unos pasos por delante, o bien porque, en su ancianidad, se han quedado rezagados.

El lector padece con Gauss cuando empieza a advertir que la velocidad de su pensamiento se va ajustando a la de sus interlocutores, o con Humboldt cuando sus ayudantes miden con mayor precisión el Volga. Kehlmann emplea con solvencia las iteraciones para marcar el contraste entre el vigor juvenil de sus personajes y su provecta decadencia; buen ejemplo de ello es el paralelismo de Humbold con el avezado -y decrépito- montañero don Ramón Espelde, durante el ascenso al Jorullo y el posterior de la montaña magnética de Visokaya Gora.

Las vidas de ambos, físicamente opuestas, intelectuamente tan próximas; uno nómada, no ha vivido en el mismo lugar más de seis meses seguidos, el otro decididamente sedentario, cualquier viaje le afecta a la salud. Pero ambos afrontan los problemas del conocimiento desde la libertad, descargados de axiomas y prejuicios. Ambos revolucionaron la ciencia de su época, aunque a un alto precio porque “lo habían traído al mundo con una inteligencia que imposibilitaba casi cualquier rasgo de humanidad, a una época en la que cualquier empresa era difícil, esforzada y sucia. Habían querido burlarse de él” (p. 71).

Resulta fascinante leer los nombres de Gauss y Humboldt -ambos-, como los de Kant, Goethe, Daguerre, Franklin, La Mettrie, Herder o Schiller, en un entorno vivo, más allá de la fría tumba de las historias de la filosofía y de la ciencia. Aunque los personajes no siempre se topen con ellos, sabemos que están ahí, en alguna parte y que, tomando el carruaje más próximo, podríamos solicitar una visita de cortesía.

Esta novela, de aparente sencillez, es extraordinariamente profunda y compleja, desde su estructura al diseño de los personajes. Pese a algunos despistes, como la ilocalizable fuente árabe de Aranjuez, el autor profesa un gran respecto por el lector, no sólo por la cuidada documentación, también por los juegos intelectuales que propone y que provocan la tentación de cotejar la narración con biografías.

Kehlmann ha seguido con fidelidad el dictado aristotélico de divertir deleitando, tramando realidad y ficción con suma habilidad, haciendo que lo difícil parezca fácil y mezcla con maestría, sin costuras visibles, la biografía con el relato de viajes, el ensayo, el relato intelectual, la oratoria o el realismo mágico -pese al cientificismo de los protagonistas, creen en fantasmas y Humboldt asegura haberse criado entre ellos y saber cómo tratarlos-, añadiendo gotas de ironía metaliteraria -habla de “novelas que acababan convirtiéndose en cuentos mendaces porque el autor vinculaba sus patrañas a los nombres de personajes históricos” (p. 163)- todo ello sazonado con una deliciosa melancolía y escrito con un estilo tan vivo y claro que genera en el lector imágenes nítidas, como si estuviera viendo una película. Y sin olvidar los diálogos, justamente alabados. Una lectura deliciosa, en definitiva.

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