Jul 08

Memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski, gentilhombre polaco

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 8/07/2010

Esta semana me costó decidirme. Había varios títulos en la recámara, mas ninguno suficientemente certero. Pasa a menudo. Y sí, he vuelto a trabajar a destajo, ahora que el Mundial da un respiro -y un ahogo: ¡estamos en la final!-, sin contar con que ha sido un empacho de partidos, que no de fútbol -creo que el primer buen encuentro del campeonato se vio ayer- y ya van entrando ganas de otras cosas. Si elegí las memorias de Boruwlaski fue por su curiosidad. Lo mismo que el personaje fue una rareza llamativa en su época, lo son sus memorias en las góndolas de novedades en la nuestra. Quizá lo más llamativo sea, sin olvidar la descripción de los viajes polacos durante el Antiguo Régimen -echando a latigazos a los campesinos de sus casas para alojar en ellas a los viajeros-, la correspondencia “amorosa” de Boruwlaski y su mujer. ¡Menudo tiranuelo! La simpatía que el personaje pudiera despertar se esfuma durante el acoso epistolar, felizmente resuelto a su favor. Y es que ser enano en aquel entonces era jodido, pero ser mujer resulta que era aún peor.

Lee mi reseña de Memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski en El Confidencial →

Comentario de la editorial:

“Leer las memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski, nacido en Polonia en 1739 y muerto en Inglaterra en 1837, es recorrer las cortes europeas acompañado de un personaje inigualable, un observador privilegiado que vivió en su cuerpecito (no llegó al metro de altura) los avatares de un mundo que se debatía entre el Antiguo Régimen y el Siglo de las Luces. Viena, París, Londres… son algunos de los escenarios donde Joseph Boruwlaski encandiló a su público —entre el que se contó el Príncipe de Gales, la futura reina de Francia María Antonieta o los últimos reyes de Polonia— con sus habilidades: músico, hábil conversador, de trato elegante y con un escogido y refinado comportamiento. Su encanto fue mucho más que ser enano, que ser un cortesano en miniatura; su triunfo fue ser un alma en extremo sensible tanto para acompañar y divertir como para empatizar con sus protectores, enamorarse y enamorar. Estas memorias, este viaje, son un tratado sobre la dignidad humana, sobre la superación personal sin patetismos ni fórmulas insulsas.”

Ficha →

Pequeña biografía:

“Joseph Boruwlaski (1739-1837) perdió a su padre con nueve años, por lo que su madre lo entregó como acompañante y entretenimiento de aristócratas. Después de una ajetreada vida entre cortes y espectáculos con él como protagonista, se retiró a Durham, donde murió a la edad de noventa y ocho años. Afamado fenómeno de su época, aparece citado en la definición de «Enano» de la Enciclopedia de Diderot.”

“El enano polaco que se enamoró de Durham”, por David Simpson

“Su majestad enana”, en The Human Marvels

Comentarios (0)

Jun 03

De La Habana un barco, de Hotel Postmoderno

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 3/06/2010

Cada vez que me “toca” reseñar un libro de esa corriente cuasirrevolucionaria afterpop, nocillera o mutante, me entran sudores. No sólo porque a la segunda metí la pata, por prisas e ignorancia, sino porque, pese a los ensayos de Eloy Fernández Porta o Viente Luis Mora, no termino de pillar la diferencia entre pop y afterpop, ni la alteridad de posmoderinidad y pos-posmodernidad (como de hecho no me parece la posmodernidad sino una fase más de la modernidad, convicción surgida cuando estudiaba la pesante filosofía de la que ahora huyo). Pero uno, que es un sacrificado currante, está obligado a hacer este tipo de cosas; y además, De La Habana un barco no fue una lectura del todo desagradable. Bien es cierto que no terminan de convencerme estas estéticas canallescas o su irreverencia literaria, o más bien el aspecto de su irreverencia. Pero por momentos es una lectura grata e inteligente, aunque se adivina una mano mejor que las otras, creo saber de quién es, espero poder confirmarlo (huelga decir, por tanto, que para mí lo más relevante de la literatura es la autoría, que HP trata de borrar: lo único real es el individuo).

Lee mi reseña de De La Habana un barco en El Confidencial →

Lo que dice la editorial:

“15 de febrero de 1898: Por causas desconocidas, el U. S. Maine explota en las costas de Santiago de Cuba. En España, José Chico, un patriota, alfonsino, anticarlista, descarga sus pulsiones sexuales con Aurèlie, una prostituta tuberculosa y francesa amante de Lucas Rodríguez, un palmero que tenía sal en los ojos y limón en la sonrisa (hasta que es enviado a la guerra que comienza). La meretriz le escribe cartas a un amado que no puede leer. En su nombre, responde Sebastián de Unamuno, autoexiliado a Cuba por culpa de su primo Miguel. En la isla, los ánimos de independencia movilizan a Horacio, un ex esclavo con poderes mágicos. Vivirá para Neema, su mujer, la más bella de Cuba, guerrera con aptitudes caníbales. Mochina, una niña prostituta, dispone para la muerte a aquellos que se muestran por La Habana mientras acaricia su lugar en el mundo bendecida por los orishas. José Martí muere en batalla como tenía previsto. En las costas cubanas, el almirante Cervera confunde el honor y la muerte innecesaria, el general Pareja defiende Guantánamo y Moisés, un soldado ciego, es el único de su batallón que ve lo que sucede. (En 2015, Eduardo Punset visita al físico Paul Davies, en Australia, quien acaba de adquirir el DeLorean de Regreso al futuro. Juntos, contra sus pronósticos y por un error en la novela, romperán la ley del espacio-tiempo y aperecerán en Cuba, a bordo del U. S. Maine, el 15 de febrero de 1898). ¿Podía imaginar el abuelo de George Bush tener un nieto así? ¿Hubiera tenido el mismo éxito Regreso al futuro sin la participación de Michael J. Fox? Esto, y mucho más (como la aparición especial de Ramón del Valle-Inclán, en el papel de sí mismo pero con las dos manos), forma parte de la última ocurrencia genial de Hotel Postmoderno, De La Habana un barco, una aventura histórica extraordinaria, desopilante y única que no solo le hará pasar una lectura inolvidable, sino que, además de revivir un momento fundamental de la historia de España, le enseñará a armar un barco dentro de una botella. (Esta edición especial incluye textos extra de los autores).”

Ficha del libro en Lengua de trapo →

¿Qué es Hotel Postmoderno?

““Hotel Postmoderno” es el resultado de un proceso de trabajo a cuatro manos. Cuatro escritores y creadores valencianos decidieron poner en marcha un blog compartido y, tomando como punto de encuentro de las historias un hotel, comenzaron lo que ellos mismos califican como “la primera travesura literaria del primer grupo literario Post”. En este blog, los capítulos que más tarde integrarían la novela “Hotel Postmoderno” (Ed. Inéditor) aparecían sin firmar, y ni siquiera los propios “post” sabían quién era su verdadero autor; perder el concepto de autoría era una de sus reglas, y lo habían conseguido. Ni los personajes ni sus relatos pertenecían a nadie. De este modo, los protagonistas pasaban de una mano a otra y sus historias daban giros inesperados (a veces debidos a venganzas o disputas personales entre los autores, otras veces a razones estrictamente literarias), lo que dio sorpresa y dinamismo a una novela divertidísima de leer, que no deja de sorprender hasta la última página.”

Bitácora del grupo literario Hotel Postmoderno →

Comentarios (0)

May 09

Novela once, obra dieciocho, de Dag Solstad

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 9/05/2010

Con un título como el que lleva impreso (Novela once, obra dieciocho) es imposible no sentirse picado por la curiosidad -como aquel El último libro de Sergi Pàmies- y abrir esta novela sorprendente, cálida y heladora a un mismo tiempo. Articulada en torno a tres personajes, es una introspección en los dramas pequeños pero profundos de un hombre contemporáneo, habitante de una de las regiones consideradas modélicas de Occidente.

Como buena parte de la narrativa escandinava -dejando de lado a los muchos Larsson-, Dag Solstad es un autor por descubrir. Y como muchos de ellos, se empeña en demostrar que el paraíso no lo es tanto, aunque lo parezca. Con una prosa que se ovilla, que se reencuentra consigo misma una y otra vez, Solstad hurga en los corazones aparentemente helados de los ordenados descendientes de los furibundos vikingos. La voz en off va llevando al lector sin perdirle nada, sin que tenga que hacer esfuerzo alguno, tan sólo dejarse llevar.

Léelo completo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Feb 18

Electrónica para Clara, de Guillermo Aguirre

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 18/02/2010

Galardonada con el XV Premio Lengua de Trapo de Novela, Electrónica para Clara ha suscitado el interés inmediato de un círculo de escritores con gusto por lo arriesgado; unas coordenadas en las que se mueve la editorial dispensadora del premio, de lo que hemos dado una muestra aquí con títulos como Una revolución pequeña, La mujer calva -su predecesora en estos laureles- o la imprescindible El estatus. Quizá no estemos, en esta ocasión, ante una obra redonda, pero sí interesante; una obra que brilla por las virtudes de su búsqueda más que por sus hallazgos, aunque también los haya.

Jonás, narrador y protagonista, trata de resolver una pregunta fundamental; dos, quizá: “¿quién es Clara? ¿quiénes somos nosotros?”. Clara es su amor, su desamor y su condena, la mujer que le abandonó, reapareció casada con su mejor amigo, le olvidó, le recordó y que, finalmente, silenciada -“Quieta y muda, distante como las sombras humanas que quedaron impresas en las paredes de Hiroshima después de la catástrofe” (p. 42)- por un suceso traumático que sólo se revela hacia el final de la novela, es objeto tanto de sus cuidados -la cuida como el viejito a la viejita, con la misma ternura- como de sus cadenas. Hay en toda la novela una atmósfera de horror, de thriller psicológico, motivada por ese gran secreto que sólo lo es para Jonás y la tozuda mudez de Clara, prisionera de las atenciones y cuidados de su enamorado custodio.

Léelo completo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Ene 21

Una revolución pequeña, de Juan Aparicio Belmonte

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 21/01/2010

Juan Aparicio BelmonteLa cuarta novela de Juan Aparicio-Belmonte vuelve a dar la vuelta al mundo, y no en un sentido geográfico. El suyo es un realismo, casi costumbrismo, muy peculiar, que encontraba expresión en su aclamada anterior novela, El disparatado círculo de los pájaros borrachos: “si la realidad hoy en día es un disparate, toda novela realista tendrá que ser disparatada” (p. 127; Lengua de Trapo, 2006).

El autor ha hecho del humor disparatado su sello, que no se imprime sobre chistes vacíos sino sobre un fondo de crítica social centrada en el sistema judicial y penitenciario, así como en las peculiaridades políticas nacionales. Así ocurre en esta novela, Una revolución pequeña, en la que el abogado inocente acaba en prisión, los jueces asesinan… un mundo novelesco que subvierte la mirada convencional sin dejar de reseñar fielmente la realidad, aunque sea a través de los espejos deformantes del humor.

Léelo completo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Dic 21

Aritmofobia (El juego de la ciencia, de Carlo Frabetti)

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , , , 21/12/2009

Más que al coco, al monstruo de debajo de la cama o al sacamantecas, el temor más extendido entre los niños es el miedo a las matemáticas. No deja de ser sorprendente, en una civilización que debe buena parte de su desarrollo a los números, este pavor, que Carlo Frabetti denomina “aritmofobia”. Lo hace en su último libro -que en realidad no es tal, pero lo es, sin dejar de no serlo-, El juego de la ciencia. Aunque se refiere a los adultos y, más aún, a una actitud “cultural” -en realidad, “anticultural”- de todo nuestro mundo occidental.

Cubierta de El juego de la cienciaSi bien desde que se nos enseñan los primeros rudimentos del conocimiento se insiste en la importancia del número y la vida numérica, es cierto que queda fuera del ámbito de la cultura. La cultura es el arte, la literatura, la historia, en fin, todo aquello susceptible de ser narrado o preguntado en una partida de Trivial Pursuit. Las matemáticas, entonces, quedan del lado de los saberes prácticos, como la cocina o la ebanistería, donde ocupa la cúspide.

La ciencia matemática es un saber práctico, tanto como teórico. Se estudian matemáticas para algo, para hacer algo con ellas. La cultura, por el contrario, se obtiene por su valor intrínseco. ¿Es realmente así? Cuando de niños aprendemos las operaciones básicas, se nos señala su utilidad cotidiana; cuando, algo más creciditos, nos ilustran acerca de operaciones complejas, como cálculo probabilístico o trigonometría, la practicidad de estos conocimientos está ligada a posibilidades laborales o de progresión en los estudios. Sin embargo, no se dan razones por las que haya que conocer el esfumato de Leonardo, el monólogo de Segismundo o la fecha de las Navas de Tolosa. Son saberes valiosos, y punto.

Ello lleva a una separación bastarda entre “ciencias” y “letras”, saberes mutuamente excluyentes y hostiles entre sí. El de “letras” difícilmente reconocerá la importancia de la geometría fractal -al margen de sus representaciones plásticas- y el de ciencias negará rotundamente que el conocimiento de las Partidas de Alfonso X, en cuanto código normativo extinto, sea relevante. Por eso, individuos híbridos como Frabetti, tanto en su faceta narrativa como ensayística o periodística, son tan necesarios. Esa fractura debe ser reparada, porque es absurda, porque es nociva.

Ya no estamos en una época en la que un individuo pueda acaparar todo el conocimiento humano. El último de esos individuos, según dicen los anglosajones, fue John Stuart Mill -aunque en realidad este tipo de ser humano no existió jamás, ni puede existir; y, en el sentido que se le da a la expresión, seguramente fue Goethe-. Pero eso no quiere decir que podamos rechazar parcelas tan amplias, y relevantes, del mundo. Porque “quienes dan la espalda al pensamiento cuantitativo se pierden nada menos que la posibilidad de leer el Libro del Universo, que como dijo Galileo, y antes que él Leonardo, está escrito en el lenguaje de los números” (p.58).

Aunque El juego de la ciencia es un libro interesantísimo por muchos motivos, a mí me parece que la aritmofobia es el gran enemigo a batir. Y soy reo de ella, lo he sido siempre. Me resulta reconfortante que Frabetti culpe al sistema educativo, pero no puedo menos que reconocer mi porción de responsabilidad. Los animales se paralizan ante las amenazas, pero el ser humano tiene el deber de enfrentarse a sus miedos, y vencerlos. Mas, no sólo es por orgullo de especie dominante. El conocimiento de la ciencia -y la ciencia también entra con letra- está lleno de momentos satisfactorios, de misterios tan emocionantes como los que pueden saltar mientras exploramos un viejo archivo.

Quizá la mayor dificultad sea idiomática: la ciencia se escribe en ese idioma tan imponente que son las matemáticas, que tan diferente es de nuestra lengua materna. Por fortuna, toda lengua puede ser aprendida -la lengua de la ciencia, como la lengua del arte, incluso la lengua de los chinos-. Y,como sabemos, otra de las asignaturas que más hostilidad produce es la del segundo idioma; como las matemáticas, se estudia poco y se aprende mal. ¿Será cierto que la causa de todo es la mala disposición del sistema educativo?

¿Que por qué El juego de la ciencia es un libro y no lo es? Esto es una tontería, es un libro, un sólido compuesto de celulosa, gomas y tinta, con páginas, cubiertas; con letras, con números. Pero tiene, también, una existencia incorpórea, digital. El juego de la ciencia es la columna que Carlo Frabetti tiene en Público (http://blogs.publico.es/ciencias/tag/frabetti), cuyos primeros 44 artículos se han recogido en un volumen, aunque “No creo que tenga mucho sentido publicar recopilaciones de artículos periodísticos, y menos aún si todos proceden de un mismo periódico y están disponibles en su página web”. Para felicidad de su editor, Frabetti no sólo encuentra innecesario el libro, sino que da las indicaciones necesarias para leerlo gratis.

Entonces, ¿por qué aceptó publicarlo? La respuesta la he hallado en la página 51; dijo Isaac Asimov que el dispositivo de lectura ideal debía: consumir la menor cantidad de energía posible, activarse con la mirada, adaptarse automáticamente al ritmo de lectura del usuario, ser barato, ser fácilmente transportable, resistir los golpes, etc. Es decir, el libro. De la misma manera que es absurda la guerra de los sexos, o la guerra de las ciencias y las letras, lo es la guerra entre internet y el libro. Sólo son formas de lo mismo.

El juego de la ciencia, Carlo Frabetti. Lengua de trapo, Madrid, 2009. 208 páginas, 18,60 €.

Comentarios (0)

Dic 17

Lento vals, de Robert Haasnoot

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 17/12/2009

AncientNYLa historia del fraude, la estafa y el timo de la estampita se remontará, salvo corrección de experto veterotestamentario, a la invención fenicia del dinero. Por tanto, no puede sorprender haber hallado a un Madoff en los tiempos en que el capitalismo caníbal comenzaba a enrocarse en los centros de poder y decisión, en la segunda mitad del siglo XIX. Eso es lo que ha hecho Robert Haasnoot, un autor con buen ojo para elegir los temas de sus novelas y que en este caso nos cuenta la historia de Lodewijk Pincoffs, judío holandés causante del auge económico de Róterdam -la idea del gran Europoort fue suya- y el nacimiento de Feyenoord, y a quien nos presenta huido en Estados Unidos, tras haberse descubierto ciertas argucias contables que mostraban a sus arruinadas compañías como florecientes.

Léelo completo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Nov 26

Alberto Olmos, Premio Ojo Crítico 2009

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , 26/11/2009

En España no son muchos los premios “limpios”, es decir, aquéllos que se dan a obras ya publicadas y obviando intereses comerciales. Esta modalidad, más popular en países de tradición lectora más arraigada -lo nuestro es nuevo, vamos con un par de siglos de retraso, casi-, esta modalidad es la que ayuda a orientar al lector entre la muchedumbre de autores más o menos valiosos que asaltan las librerías cada semana con sus novedades. Pues bien, uno de esos premios se lo acaba de llevar Alberto Olmos, el Ojo Crítico, que festeja así por todo lo alto sus veinte años de existencia. Y es que Olmos es uno de los escritores “jóvenes” -si es que esta laxa nominación vale para alguien con siete novelas a las espaldas- que apunta una trayectoria más alta en nuestro país y en lengua castellana.

Alberto OlmosLas razones del jurado -integrado por, entre otros, Isaac Rosa y Nuria Azancot-, con las que no puedo menos que coincidir, se refieren a “la capacidad narrativa que el autor plasma en todas sus novelas”, su dominio de la técnica narrativa y su “capacidad para reinventarse de una novela a otra”, sin olvidar lo más importante en la escritura de ficción:  “la habilidad de Alberto Olmos para atrapar al lector en la solidez de la trama y en la credibilidad de los personajes”. Sin eso, no hay técnica ni originalidad que valga.

Hoy encabeza su blog con una escéptica cita de Houllebeq -”Hay tantos premios que alguno me tenían que dar”-, y que sólo corresponde al autor francés porque llegó antes; Olmos es suspicaz ante estos avatares de la vida literaria, porque para él, lo importante, es la escritura. Hay pocos autores, jóvenes o no, que tengan un compromiso tan firme y exclusivo con la literatura. Un compromiso que muchos lectores reconocen y aprecian ya, y pronto serán legión. Yo me honro en ser uno de ellos.

Enhorabuena, Alberto.

Obras reseñadas para El confidencial:

El estatusEl estatus, Lengua de trapo, 2009
 

 

Algunas ideas buenísimas...Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, Caballo de Troya, 2009
 

 

TatamiTatami, Lengua de trapo, 2008
 

 

El talento de los demásEl talento de los demás, Lengua de trapo, 2007
 

 

Trenes hacia TokioTrenes hacia Tokio, 2006
 

 

Comentarios (0)

Ago 06

Otra vuelta de tuerca: El estatus, de Alberto Olmos

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 6/08/2009

fantasmadaOtra vuelta de tuerca. El estatus. Alberto Olmos.

La nueva novela de Alberto Olmos tiene todos los ingedientes de una convencional narración de misterio. La protagonizan dos mujeres solas, madre e hija, que pasan a habitar un territorio que, para ellas, es inhóspito: el primer piso de Schmelgelme 34, donde aguardan la llegada del marido y padre. Han cambiado su cómoda villa campestre, repleta de criados, por ese retazo urbano y una criada inexperta y deslenguada, indiferente ante las diferencias de clase entre ella y su señora, que sin embargo las tiene muy bien presentes. La hija, Clarita, que está en la edad de las primeras menstruaciones, traba una peregrina amistad con el no menos extraño portero del inmueble, Jesualdo, un gigante discapacitado cuyas inclinaciones se hacen pronto evidentes. Junto a las nuevas inquilinas y su criada, parece ser el único habitante del edificio, en el que sin embargo pronto comienzan a suceder episodios inexplicables.

La apariencia de convencionalidad se disipa pronto. En seguida aparecen dos voces junto a la del narrador: la de las protagonistas, que dialogan desde algún lugar fuera del tiempo, y la del portero, un monólogo interior –recurso que emplea profusamente el autor, especialmente hacia el final del volumen– que evoca al Benjy Compson de Faulkner. Olmos hace, en cada uno de sus proyectos, algo nuevo, pero dentro de sus coordenadas narrativas y estéticas. Aquí emplea esos ingredientes del relato de fantasmas para cocinar un guiso que, conservando la atmósfera inquietante, da una vuelta de tuerca al género, explora la soledad que aqueja a unos personajes que, por mor de su estatus, permanecen aislados, incomunicados, aun madre e hija: “admitámoslo, en nuestra familia nunca ha sido costumbre quererse” (pág. 108). La desolación del edificio, que se va revelando por las excursiones de Clarita –un edificio que “por fuera es un palacio, pero por dentro es la ruina total”– es la extensión física de la propia desolación y descomposición emocional de los personajes. El ordenado piso que habitan no deja de ser un decorado que terminará por ser engullido por la nada circundante.

La novela tiene ese aire de la gran narrativa centroeuropea de principios del siglo XX y hace gala de una complejidad constructiva que, sin embargo, esconde sus andamios, ofreciendo un aspecto pulido, acabado. Es la mejor novela de Olmos hasta ahora, que redunda en sus mejores cualidades, a las que ya se hizo referencia en anteriores ocasiones, perfeccionándose en una progresión casi ininterrumpida que llena de expectación a quienes disfrutamos de su escritura.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial…

Comentarios (1)

May 28

Los borrachos de mi vida, de Nuria Labari

Escrito en El dinosaurio que estaba allí, El museo.
Etiquetas: , , 28/05/2009

Mostrarse frío y aun cruel, oponer siempre el espejo deformador es fácil, sólo hay que dejarse llevar. Buscar los pequeños gestos de dulzura, de esperanza, es mucho más dífícil, y al artista muchas veces lo aproxima al descrédito. Este es el gran mérito de Nuria Labari a la hora de componer estos relatos que se mueven en el universo cotidiano de la búsqueda del amor, de la realización personal, de la raigambre. Esa mirada delicada, pero no por ello temerosa –sino por el contrario más valiente– permite a la autora observar la vida cotidiana y encontrar leyes, no por evidentes más fácilmente visibles, como que los divorcios duran toda una vida o que la tristeza, en algunos estados de decaimiento, puede resultar un premio, o que hay quien es tan pobre que ni siquiera puede permitirse el miedo.

Los personajes de este fresco pueden ser cualquiera de nosotros, y esa empatía, que acerca al lector a las criaturas, hace aún más de agradecer la ternura del narrador, la suave textura de la escritura, en la cual el lector se siente comprendido y aun mimado. Y eso a pesar de lo poco que nos ayuda el entorno, material o inmaterial: “cuando abortas cuatro veces ni siquiera una rayita se difumina un poco con el paso de los días para que resulte más sencillo deshacerse al menos de uno de los plásticos”. Mas los personajes de Labari encuentran dentro de sí una fuerza secreta, la misma que pese a la anodina sucesión de los días nos hace levantarnos cada mañana: a veces la costumbre, otras la esperanza.

Ficha del libro en Lengua de Trapo

Publicado originalmente en El Confidencial

Comentarios (0)