May 27

Algo elemental, de Eliot Weinberger

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 27/05/2010

Con la Tierra plana y la globalización en marcha, aún con todo eso, Oriente sigue siendo misterioso. El éxito de China, el prestigio de Japón, el desarrollo de Corea del Sur o India no han cambiado eso. Oriente sigue siendo un misterio, aunque se conduzca un Tata, un Hyundai o un Toyota. Aunque acabes de comprar un mezcla salsas “Made in China” que en un par de días se irá al fondo del armario. O quizá por eso, también. En estas sociedades tan organizadas en las que vivimos tenemos hambre de misterio -y sólo por eso Iker Jiménez no sólo tiene trabajo, sino éxito- y de conexión telúrica y cósmica. Por debajo del asfalto sigue habiendo tierra, latiendo. Por encima del champiñón de contaminación sigue habiendo cielo, respirando. Y, a pesar del nuevo HTC o del nuevo iPad, con todos sus circuitos y superconductores y billones de colores en pantalla, tiene que haber algo más. Ese algo, que los hombres y las culturas de todas las épocas han nombrado de muy diferentes maneras, es el misterio. Ese algo es lo que nos cuenta, con un susurro cómplice -y una sonrisa irónica, la prueba es exigente- Eliot Weinberger en Algo elemental.

Lee mi reseña de Algo elemental en  El Confidencial →

El texto de la solapa:

“Con este libro, Eliot Weinberger ha llevado el ensayo a territorios inexplorados, en las fronteras entre la poesía y la narrativa; su única exigencia es que la información aportada sea verificable. Weinberger ha creado un ensayo serial de carácter único cuyas piezas individuales convergen en una increíble variedad de temas: el viento, los rinocerontes, los santos católicos, los aztecas, la antigua cultura china, los mandeos iraníes, el desierto peruano, los tigres, Empédocles, Valmiki, la vida de Mahoma, el vórtice o las estrellas…”

Algo elemental, editorial Atalanta

Sobre el autor:

“De nacionalidad «neoyorquina», Eliot Weinberger, nacido en 1949, es uno de los ensayistas y traductores más reputados en su país. Editor de la selección de poesía estadounidense más importante de las últimas décadas, ha traducido la poesía de Borges, Octavio Paz, Huidobro, Villaurrutia o Bei Dao. Es autor de tres ensayos: Invenciones de papel (Vuelta, 1990), Outside stories (1992) y Rastros kármicos (Emecé, 2002). Sus artículos políticos reunidos en el volumen What Happened Here: Bush Cronicles han sido traducidos al español en dos ediciones: 12 de septiembre. Cartas de Nueva York (Era, 2003) y «Lo que oí sobre Irak (Lom, 2006). Fue finalista del Premio de la Crítica de Estados Unidos. ”

Entrevista en Letras libres →

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May 07

Fanatismo, microcuentos y terrorismo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 7/05/2009

 

arbol_locoPequeña gran literatura. Cazadores de letras. Ana María Shua.

Aún hoy, la mayoría de quienes toman en sus manos un libro de minicuentos se hacen la misma pregunta: ¿y esto qué es? Sobre este género tan contemporáneo se ha escrito más que en él. Se han formulado teorías de todo tipo, convocado congresos y reuniones, pronunciado disquisiciones bizantinas sobre algo que no importa demasiado. Dejando a estos sexadores de pollos al margen, los demás estamos para disfrutar de la lectura, sea cual sea su impronta. Por decir algo, los minicuentos son comparables a los platos de la nueva cocina. Ya saben, esas raciones minúsculas perdidas en la inmensidad del plato, pero plenas de sabores delicados, insinuantes, compactos…

Con los zapatos del revés. La rebelión del sentido común. Emilio Marat.

Es este un libro extraño y paradójico, cuyo paso por la imprenta desmiente parte de su contenido. Un contenido que es la voz misma de una parte, cada vez mayor, de ciudadanos. Una manifestación del descontento, de la desconfianza creciente ante la falta de respuestas eficaces, o el desacuerdo con las propuestas, en un mundo sujeto a permanente cambio, ante retos a veces nuevos, a veces de dimensiones sin precedentes. Es extraño por muchas cosas, también porque su título ocupa menos espacio en la cubierta que la frase: “¿es usted un fanático?”…

No sólo de personajes vive la novela. No hay que morir dos veces. Francisco González Ledesma.

El policía Méndez, que nunca llegará a comisario, está ante varios casos, aparentemente inconexos, cuya relación puede cambiar el curso de la historia de España. Él, un policía de los viejos tiempos, acostumbrado a las calles del Barrio Chino, a los delincuentes de poca monta, se encuentra sin saberlo, en los márgenes de una conspiración terrorista. Aunque sólo quiere recorrer sus calles e interesarse por sus pequeñas existencias, y si acaso que alguien le preste un libro, se va a encontrar de morros con los problemas del gran mundo… 

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Abr 19

Ole Martin Hoystad: Historia del corazón

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 19/04/2008

Los labios no son los únicos músculos –orbicular, risorio, cigomático…– relacionados con los sentimientos; de hecho, la cultura europea identifica a uno como fuente de toda emoción: el corazón. O así era hasta que la neurociencia comenzó a identificar las partes del cerebro responsables de las emociones.

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Abr 19

Alain Montandon: El beso

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 19/04/2008

Dice la Wikipedia –y si lo dice, será verdad– que la canción de Consuelo Velázquez, Bésame mucho, es la “más cantada y más grabada, fuera de los villancicos y canciones de cumpleaños”. Sin duda, todos la hemos tarareado alguna vez, aunque nuestros gustos musicales vayan más por la vereda un poco guarra del punk; es inevitable.

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Abr 12

Lorenzo Silva: El derecho en la obra de Kafka

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 12/04/2008

Franz Kafka es, casi con toda seguridad, el escritor que más estudios ha suscitado, desde un sinnúmero de campos, y sin embargo todavía no se ha agotado críticamente su obra. Parece que, cuantos más frentes se abren, más aparecen por abrir. El novelista Lorenzo Silva escribió este ensayo durante su último año de carrera, para la asignatura de Filosofía del Derecho; hoy reconoce disentir de la forma, aunque reivindica el fondo.

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Feb 02

Fernando Sánchez Dragó: Y si habla mal de España… es español

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 2/02/2008

El pasado 23 de enero se presentó, en el restaurante ‘El currito’, el último libro de Fernando Sánchez Dragó. El acto, como habrán imaginado, se desarrolló durante un almuerzo de periodistas, amigos y personalidades. Pocos, y es raro, con lo hambrienta que es la cultura. Feliz y tranquilo, arropado por su familia y las escoltas de Planeta, desgranó para los presentes el contenido de este libro que quiere engrosar la bibliografía sobre el “problema de España”. A lo que parece, quiso escribir “un libro que trate de España -de la idea de España, del concepto de España-”, pero se le ha quedado en un libro que trata “del ser [Dragó] y del sentirse [Dragó] (o no) español”. El título es prometedor y el tema, está demostrado, interesa, pero el desarrollo puede resultar desalentador para todos aquellos que no sean fans de Dragó.

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Dic 15

Tom Burns Marañón: La monarquía necesaria

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 15/12/2007

En los últimos tiempos parece habérsele perdido el respeto a la Corona. Las muestras de desafección a la Corona se ven por doquier. Las banderas republicanas en las manifestaciones contra el apoyo español a la guerra de Iraq fueron una muestra de ello y, más recientemente, el desafío de la revista satítica El Jueves o la quema de retratos del Rey en Cataluña. Cuando parecía que la misión de don Juan Carlos -respecto de la Corona- estaba cumplida, empiezan a vérsele grietas. Esta misión, según el decidido monárquico y periodista angloespañol Tom Burns Marañón, era hacer inteligible la Institución para sus súbditos.

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Jun 16

Marion Copeland: Cucaracha

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 16/06/2007

Seguramente, todos hemos despachurrado alguna sin sentir el menor remordimiento, es más, con alivio, con satisfacción. No en vano, la cucaracha es “la menos querida de las criaturas” (p. 73), que simboliza lo insalubre y lo ruin. Es por ello que “la cucaracha es el animal emblemático para todos los humanos que se ven relegados a las catacumbas de la cultura pese a sus cualidades y virtudes” (p. 106), de ahí que los artistas y poetas underground la tengan como musa y modelo. Aunque este es un punto de vista netamente occidental, donde representa la lucha por superar la situación de naturaleza, la incivilización, la suciedad y la enfermedad, otras culturas no lo hacen así, como las culturas mesoamericanas, que asociaban a las curianas con el maíz sagrado y la consideraban “uno de los poderes primordiales del ciclo natural” (p. 153).

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Mar 31

James Lovelock: La venganza de la Tierra

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 31/03/2007

Si hemos de creer a James Lovelock, nuestro mundo se encuentra en el filo de la navaja y no debido al choque de civilizaciones. Gaia se ha cansado de la humanidad y parece dispuesta a desahuciar a tan molestos inquilinos. Ante esta situación, Lovelock adopta el papel de un Churchill, denunciando el error de la actitud apaciguadora de políticos y verdes y apostando por la acción decidida, pues “el tratado de Kyoto se parece mucho al de Munich” (p. 29). Su “visión personal del ecologismo” (p. 197 y ss.) puede resultar chocante, acostumbrados como estamos a un ecologismo de brocha gorda; la audaz metáfora de Gaia no es un emotivo alegato encabezado por el discurso del jefe Seattle, sino una muy pensada teoría, fruto de décadas de investigación y que comienza a ser reconocida como válida por la comunidad científica.

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Sep 30

Kurt Vonnegut: Un hombre sin patria

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 30/09/2006

Este es un libro sobre socialismo, pero a la antigua usanza: aquel llamado utópico, aunque bien podía denominarse heroico. Porque el socialismo es un humanismo, cuyo último pensador relevante fue Marx –no Engels, no- y que tuvo su origen, como casi todo, en Jesucristo, el filósofo estoico. El autor, Kurt Vonnegut, es presidente de la Asociación Humanista Americana, además de novelista y ensayista, humorista y ácido reprobador de la actual oligarquía norteamericana.

Una reclamación reiterada a lo largo de su obra es la necesidad de una limitación constitucional de la riqueza individual; los Padres de la Nación no pudieron prever que toda la riqueza iba a acumularse en tan pocas manos y la consecuencia ha sido la tremenda desigualdad social de la primera potencia. “Tanto el cristianismo como el socialismo propugnan una sociedad consagrada al principio de que todos los hombres, mujeres y niños son creados en igualdad y no deben pasar hambre” (p. 28). Sin embargo, en la sociedad norteamericana esto ya no se contempla, pese al cacareado cristianismo de Bush y su gobierno. KV reivindica a socialistas como Carl Sandburg, Eugene V. Debs o Powers Hapgood y, como ellos, encuentra su inspiración en el Sermón de la montaña sin el cual confiesa que habría preferido no ser humano.

Esta oligarquía ‘cristiana’ que controla los designios de EE. UU. y, por ende, los del mundo entero, es denominada “golpistas de opereta, cristianos con ‘k’ y personalidades psicopátas”. Son los ‘conjeturadores’, personajes que rechazan la información y el conocimiento y conjeturan partiendo de sus intereses privados, los cuales imponen a todos los demás con una actitud inflexible y displicente. Sus conjeturas provocan la deshumanización de propios y extraños -en Iraq no es sólo metafísica- y sin embargo el pueblo se echa en sus brazos -la norteamericana es una sociedad en la que hasta los pobres tienen sobrepeso-. De ahí que sea un hombre sin patria, que reniegue de ella aunque no de la gente. Al menos, el país que amaba no ha desaparecido: sobrevive en los estantes de las bibliotecas, guardado por frágiles pero empecinados bibliotecarios.

KV se vale del humor para aligerar la carga de un mensaje crítico inmisericorde. “A lo único que he aspirado es a propiorcionar a los demás el alivio de la risa” (p. 154); su humor es irónico o sarcástico, casi siempre ácido y pesimista, pues “muy pocos sueñan con un mundo para sus nietos”. Junto a la crítica social aparece su lamento por un planeta que se descompone por el abuso de la tecnología nuclear y de los combustibles fósiles; es un autor escatológico que ha destruído el mundo varias veces -congelado, por ejemplo, en Cuna de gato-. En la página 61 radiografía nuestra época: “todos somos adictos a los combustibles fósiles y nos negamos a reconocerlo. Y como tantos otros adictos al afrontar el mono, nuestros dirigentes cometen ahora crímenes violentos para conseguir lo poco que queda de lo que nos tiene enganchados”.

“Voy a ser artista. Voy a amar a esos americanos desheredados aunque sean inútiles y poco atractivos. Esa va a ser mi obra de arte”, proclama Eliot Rosewater en Dios le bendiga, Mr. Rosewater. Un autor debe estar irrevocablemente comprometido con la sociedad en que vive, y KV lo está, sin duda, de ahí su voz reprensiva y lacerante. Esta actitud gusta mucho al público europeo, que mantiene un complejo de inferioridad mal digerido respecto de los Estados Unidos. Y, sin embargo, la suya sigue siendo la sociedad más dinámica y creativa y también la más crítica consigo misma. En el ejercicio de la autocrítica está muy por encima de la media de Europa, tan encantada de haberse conocido –Francia como paradigma-. Un feroz ejemplo de ello es KV. Cristiano, ateo y humanista, no se calla y lo hace con gracia y hondura.

Un hombre sin patria se lee en un instante, y luego se aprovechan otros instantes para volverlo a leer. KV es un viejo gruñón a quien sin remedio acudimos a escuchar. Su ingenio, perspicacia e inteligencia, su mala leche y su vanidad, en la línea de Mark Twain o Groucho Marx, hacen de él un autor invencible que siempre nos proporcionará una jugosa idea o una sabrosa chanza con la que alimentar nuestro famélico intelecto. Y, además, la edición de Del Bronce es excelente.

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