Mar 12

El camino sin final. Adiós a Miguel Delibes

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , , 12/03/2010

La muerte de los escritores no es diferente de la de cualquier otra persona. Los hay que desaparecen por sorpresa, como Francisco Casavella, y otros que se van despidiendo poco a poco, como otro Francisco, Ayala, y hoy Miguel Delibes. Pero los escritores no son sólo personas, son también personajes. También hay muchas maneras de ser personaje. Se puede ser al estilo de Cela, llamativo y zumbón, o discreto y entrañable, como don Miguel.

Donde empieza la persona, termina el personaje. Yo no puedo compartir las emociones de sus amigos y su familia, porque no lo conocí, no conocí a la persona. En mí no puede desencadenar las mismas emociones de pérdida. Yo conocí al personaje, el trasunto cultural de la persona que lentamente paseaba por Valladolid y recibía el cariño de sus habitantes; un cariño que a don Miguel incomodaba, pero que acogía educadamente. Yo conozco al personaje, y lo aprecio sinceramente, mas no de manera diferente a como aprecio a otro don Miguel, muy anterior en el tiempo -la persona-. Ambos, como tantos otros, Cela incluso, son personajes de biografía, y hasta ahí puedo llegar emocionalmente.

No puedo llorar a un escritor, no me es posible. Ni con Salinger, ni con Updike ni con don Miguel. Tampoco con Calderón o Galdós, ni con Mishima o Kafka. Porque todos ellos, a quienes conozco y conocí, siguen ahi, esperando que les llame. Puedo seguir dialogando con ellos de la misma manera, da lo mismo que su trasunto físico viviera en el siglo XIII, o que ni siquiera hollara la tierra jamás, como Homero, o que haya muerto hace unas horas. Yo sólo soy un lector.

Pero yo, hoy, no he sufrido pérdida alguna. Si acaso, puedo sentir la picazón de la codicia, porque Miguel Delibes no escribirá más, no habrá nuevos libros suyos. En ese sentido, es el final del camino. Mas yo siempre podré encontrar al Delibes que conocí. Sólo tengo que dirigirme a la estantería y tomar El hereje, El camino, 377A, El príncipe destronado… Puedo charlar de naturaleza, de religión, del amor, de las cosas de las que hablan los buenos amigos. Siempre tenemos conversaciones diferentes, él siempre tiene algo nuevo que decirme, aunque parece que está ahí aburrido, rodeado de libros que seguramente no le parecen la mejor compañía.

Para nosotros el camino sigue y puedo pedir a don Miguel que me acompañe; con él vienen Pedro, el Nini, Quico, Gervasio de Lastra, Cipriano Salcedo, Paco el bajo y mi amigo de la infancia, el Mochuelo. Para un lector, el camino carece de final; la biblioteca es su camino y, deambulando por ella, quizá me encuentre a don Miguel, dando su paseo.

Ficha de don Miguel en la editorial Destino, con toda su obra, aquí.

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Dic 05

Figuras con paisaje, de Francisco Rico

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 5/12/2009

La celestina, de PicassoSuele decirse que el arte no se explica; que basta con sentirlo y, armado por esa emoción, el espectador alcanza a comprenderlo en sus capas más profundas. Otros lugares comunes que me pasan por la cabeza en el momento de reseñar Figuras con paisaje, del maestro Francisco Rico, son el del ensayo como investigación detectivesca -empleado por Muñoz Molina- o como viaje al interior de la cultura. Lugares comunes, mas no imprecisos, si bien el primero queda anulado por la mera existencia de este lúcido ensayo. Publicado por vez primera hace quince años, en Galaxia-Gutenberg, lo reedita ahora Destino con escasos añadidos -un par de ensayos, breves- y retoques.

Léelo completo en El Confidencial…

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Jul 29

El vendedor de pasados, José Eduardo Agualusa

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , 29/07/2009

El vendedor de pasados es una novela fragmentaria, narrada por un geco y protagonizada por un negro albino cuyo oficio es inventar pasados y para quien “Eça [de Queiroz] fue mi primera cuna”. Si su curiosidad no se ve ya un poco excitada no sé qué más les puedo decir. Esta obra ha recibido el Independent Foreign Fiction Prize (2007) y su autor, José Eduardo Agualusa, es uno de los principales representantes de la nueva literatura africana. Nacido en Angola, de familia portuguesa y brasileña, salta a la vista que el mestizaje va a jugar un papel relevante en su escritura que, si bebe literariamente de la tradición portuguesa –como justifica su protagonista, Félix Ventura, en la cita anterior–, se ve muy influida por la cultura angoleña –también confiesa, al final de la novela, que es animista–.

La novela es una exploración de la memoria y la ficción en relación con eso que convenimos en llamar “realidad” –y que, según los estudios de Jeffrey M. Zacks, se procesan en los mismos lugares del cerebro; ergo, como ya sabía Hegel, todo es espíritu–. Y ello se plantea, tanto en los sueños que Ventura sueña a través de su geco Eulálio –“hay verdad, aunque no haya verosimilitud, en todo lo que un hombre sueña”–, como con la invención de la vida de José Buchmann, como a través de la literatura que tan importante es en la vida del vendedor de pasados y en su reptil amigo, que en su vida previa humana, recibió de su madre el consejo de que “entre la vida y los libros, elige los libros”.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial

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Nov 29

Lorenzo Silva: El blog del inquisidor

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 29/11/2008

La Inqusición. Esa institución tan denostada, tan atractiva, que no deja de fascinar a propios y extraños. Estudiada hasta lo más ínfimo y desconocida absolutamente por la mayoría; se le imputan crímenes que no cometió y algunas de sus actuaciones son elevadas al plano de lo legendario. Buena parte del carácter español se ha forjado bajo la atenta mirada de los inquisidores, durante tres largos siglos de fisgoneo y denuncias anónimas, que la llevaron a convertirse en mero instrumento de venganzas personales de quienes tenían suficiente valor como para servirse de ella como instrumento. Un instrumento eminentemente racional que sirvió a la causa de la irracionalidad. Compleja, contradictoria, no había dado sin embargo el salto al hiperespacio. De alguna manera, esto lo ha llevado a cabo Lorenzo Silva en su nueva novela El blog del Inquisidor.

 

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Oct 18

Eduardo Lago: Ladrón de mapas

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 18/10/2008

Había gran espectación ante el nuevo trabajo de Eduardo Lago tras la asombrosa y espléndida Llámame Brooklyn, novela que disfrutó del aplauso unánime de la crítica y de buena parte del público lector. Dos años después aterriza, directamente desde la Ciudad de Nueva York, Ladrón de mapas, un volumen que navega de nuevo entre las aguas de la realidad y la ficción, y repite la indefinición genérica que ya acusaba su ópera prima. Si la obra  ganadora del Premio Nadal en 2006 –demostrando que, pese a algunos patinazos, sigue siendo uno de los certámenes más prestigiosos de este país– finalmente se resolvía como novela, en el caso de Ladrón de mapas la imprecisión es más radical, aunque su aspecto sea más el de un insólito volumen de relatos.

 

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Ene 01

Antonio Soler: El Camino de los Ingleses

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 1/01/2005

Antonio Soler (Málaga, 1956) le llueven los premios. Ha recibido el Andalucía, el Herralde, el Nacional de la Crítica (por Las bailarinas muertas), el Primavera y, ahora, el Nadal, que es posiblemente y junto con el Herralde, el más digno de cuantos se convocan en este ancho país, sobreabundante de galardones innecesarios. Porque un premio debe servir, ante todo, para dar a conocer al autor que lo gana y esto rara vez ocurre. A Soler le premian, ante todo, para revitalizar estos certámenes, para recuperar parte del fulgor perdido, porque la medalla se la cuelga más la institución que el escritor. Y él debe de concursar (estoy aventurando) para ajustar las fechas de escritura, por fijarse un horizonte claro para terminar; y, por qué no decirlo, para ver si consigue enganchar al remolón público, que no acaba de premiarle como merece, esto es, leyéndole.

Leí hace poco, en alguna parte, que en España hay dos tradiciones literarias; una tiene su ancestro más insigne en Cervantes, la otra en Quevedo. La primera, podría decirse, es la de los narradores puros, la segunda la de los juguetones del lenguaje, como el propio Quevedo, Valle, Cela o Umbral. La prosa de Soler es a ratos juguetona, poética, pero nunca descuida el aspecto narrativo, antes bien, la solidez de la narración está más que garantizadan y sobre ese armazón fiable puede permitirse filigranas líricas que derribarían las construcciones de novelistas menos hábiles. Al mismo tiempo, reflexiona sobre la muerte, la marginalidad, el amor, las esperanzas y los sueños, la juventud y el salto a la madurez sin que la sustancia narrativa se resienta. Hazañas así sólo están al alcance de unos pocos, de los mejores, porque ocurre muchas veces que la lírica, que la introspección, son maneras de disimular la torpeza narrativa, pero en este caso ocurre lo contrario, que son aspectos que contribuyen a enriquecer las novela y a hacer patente toda su fuerza narrativa.

En su obra, Antonio Soler emplea el manto poético para arropar a sus desgraciados personajes. Así, Amadeo Nunni el Babirusa, personaje melancólico y violento, imagina que su fugado padre «Desapareció aquella noche, como si nunca hubiera existido, como si fuese uno de aquellos granos minúsculos de hielo que se derretían apenas tocar el suelo y se fundían para siempre con el agua de lluvia. “Mi padre fue un fenómeno atmosférico”, repitió el Babirusa cada vez que se refirió a su progenitor. “Se fue como las ranas esas que se llevan las nubes y luego caen con la lluvia en otra parte, sólo que a mi padre todavía no lo han llovido”, y miraba al cielo el Babirusa sin importarle que no hubiera el menor rastro de una nube o estuviese en mitad de una noche cuajada de estrellas. Su padre siempre estaba a punto de caer del cielo». Los personajes cobran un nuevo valor con su visión poética de la realidad; marginados y desesperanzados, la poesía es su salvación, aunque esta salvación les sea entregada por el narrador que se comporta con ellos como un observador compasivo, especialmente en esta novela. Este es uno de los puntos que la aproximan más a Las bailarinas muertas. El narrador de ambas es el mismo, que sin salir del barrio en que sus personajes se aproximan a la desgracia está situado algo lejos (en Las bailarinas, parte de la acción se desarrollaba en un lejano cabaré). Pero la poesía sólo salva el recuerdo, no la carne; “el poeta que no escribió ningún verso” pretende que la poesía, que reduce a Dante, le salve del tedio y la monotonía sin esperanza de su vida; el Babirusa espera que su padre le llueva algún día; y entretanto, las cosas van pasando, los destinos cumpliéndose, y el narrador-observador viendo como el último verano de una época de sus vidas avanza hacia las lluvias otoñales que se llevan los sueños irrealizados.

Ya el primer párrafo de la novela nos devuelve a los iniciados al mundo de Las bailarinas muertas y El espiritista melancólico; Soler ha creado, a lo largo de su obra, un mundo propio que en parte encaja con Málaga, la Málaga que él conoce y vivió, en una recreación magistral de la existencia privada. Los ambientes sórdidos, canallescos, lo aproximan un poco más a la corriente «quevediana», pero también dan un punto de vista diferente de la literatura «maldita», que suelen retratar estos ambientes con toda crudeza, dejando de lado herramientas literarias que contribuyan al realzar la humanidad de los aparentemente inhumanos personajes. Soler nos recuerda que hasta el más degenerado tiene tristezas y angustias, aunque no justifiquen sus actos. Todos somos seres humanos, golpeados por la desgracia y la miseria. Ejemplos de ello son los enanos que aparecen en todas sus obras, en esta el enano musculoso Martínez, que siempre tienen que arrimarse a alguien más grande para que no les aplasten.

Esta novela nos devuelve la esperanza en la literatura, especialmente cuando la española está aquejada de esa enfermedad-tendencia que es la clonación. Nuestro monótono panorama literario cobra algo de vida gracias a autores como Soler que siguen a lo suyo mientras otros fotocopian y venden, que demuestra que el lenguaje puede ser algo más que políticamente correcto: puede ser maleable, generoso y sugerente. Espero que ello sea suficiente para que el público se abra a una experiencia literaria que, estoy seguro, merecerá la pena.

Lee el original en Cuánto y por qué tanto…

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