Sep 03

Momotaro visita España. Cuentos del Japón Viejo

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , 3/09/2009

ukyoLas antologías de cuentos japoneses populares son relativamente abundantes en España. Hace años, este libropésico pudo calmar su ansia devoradora con las Tradiciones japonesas de Fukuyiro Wakatsuki -que aún se puede encontrar en librerías de viejo, dada la popularidad de la colección en que fue editado, Austral-. Este escueto librillo recogía de forma sistemática leyendas y mitos de la tradición nipona, agrupados bajo epígrafes consagrados a algunos elementos fundamentales de su cultura: el Sol, la Luna, la montaña, el mar, la nieve, la flor, el arroz, la seda, el ciruelo y el crisantemo. A mi modo de ver aún está por superar, al menos entre las que conozco. Recientemente, Alianza ha publicado también El espíritu del agua, una bella selección de cuentos, que dejan de lado la mitología y cosmogonía japonesas para consagrarse a la voz que susurraba alrededor del fuego, en las aldeas de todos los siglos. La traductora y editora, Kayoko Takagi, ha seleccionado treinta y dos cuentos como los más representativos, con una escritura clara y limpia, con el sabor de la tradición aunque con algunos arreglos que los acercan al lector occidental contemporáneo. Además, a cada cuento le precede una breve introducción que lo sitúa, histórica y etnográficamente.

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Dic 22

Ana Cristina Herreros: Libro de monstruos españoles

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 22/12/2008

Nuestros monstruos están en peligro. Ya nadie se acuerda de ellos, ni les teme. Iker Jiménez no les dedica ni un minuto de su tiempo. Sólo en el norte se les presta algo de  atención pero, ¿miedo? Ya ninguna doncella teme que el cuélebre le arrastre al fondo del mar, ni temen que las moras les roben las boronas recién cocidas. Los monstruos están enfermos de olvido. Durante incontables años, los monstruos han servido para explicar las zonas de sombra en el conocimiento inmediato del hombre sencillo. Las desapariciones en los caminos, o de niños; los objetos que caen sin que aparentemente nadie los toque, o los crujidos de una casa en la noche. Todo aquello que es nombrado, identificado, puede ser dominado. Pero es muy difícil que, conociendo el funcionamiento meteorológico de la atmósfera se la pueda dominar; ahora, si es un ser hasta cierto punto “de carne y hueso” el que decide dónde descarga la pedriza, las probabilidades aumentan. Ante la aparente imposibilidad de domeñar lo intangible, se recurre a lo tangible.

 

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Jun 28

José Antonio Ramírez Lozano: La oca de oro

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , 28/06/2008

Nadie sabe, a ciencia cierta, el origen del juego de la oca. Pudo ser un invento griego, y el disco de Phaistos, fechado en torno al 2000 a. C., podría ser uno de los primeros tableros. Otros atribuyen su origen a los caballeros templarios, que en seguida se hacen beneficiarios de todo misterio irresoluble. Ligada a esta teoría está la que atribuye un significado esotérico al infantil tablero; el juego de la oca sería una guía encriptada del Camino de Santiago, que debería hacerse siguiendo las marcas que los Maestros Constructores -templarios, claro- habrían ido dejando en el recorrido, en los monumentos y estructuras que levantaban, ya fueran catedrales o posadas. Y este viaje, que como todo viaje auténtico -no turístico- tiene una dimensión espiritual que, en el caso del Camino es más que evidente -en tanto que viaje al fin del mundo y, por tanto, simbólicamente, a la frontera del Más Allá-, es el que ha elegido José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950) para componer esta novela-fábula en torno a la palabra como sustancia espiritual, material y literaria.

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May 27

‘Los tres cerditos’ cumplen 75 años

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 27/05/2008

Tal día como hoy, hace tres cuartos de siglo, Walt Disney estrenaba la versión animada del cuento Los tres cerditos. Como solía hacer el genio ¿almeriense?, adaptó un cuento del folclore europeo, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, aunque las versiones ‘oficiales’ se remontan al siglo XVIII. Los fabuladores de la época explotaron bien la naturaleza moral del relato, que avisa sobre los perjuicios de la pereza y la imprevisión.

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Ene 05

Ben Okri: El mago de las estrellas

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 5/01/2008

Con El mago de las estrellas vuelve el nigeriano Ben Okri a nuestras librerías, tras Riquezas infinitas, editada en 2005 por El Cobre. Mientras, la novela que le valió el Booker 1991, La carretera hambrienta, sigue descatalogada a la espera de que sea reeditada en breve por La otra orilla, bajo el título de El camino hambriento. Okri es un claro ejemplo de hibridación de percepción africana y modos literarios occidentales, que sin embargo olvida en esta fábula de dimensiones folletinescas. Más africano que nunca, quiere contarnos su historia con la voz misma de África, que es la voz de los sueños, de los espíritus del bosque y de los antepasados. Por ello, Okri realiza un ejercicio de inmersión en el pasado étnico y mítico de Nigeria en busca de sus propias raíces, también familiares, porque el origen de esta novela está en las historias que su madre le contaba antes de dormir.

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Ene 06

Diane Tong (ed.): Cuentos populares gitanos

Escrito en El museo.
Etiquetas: , 6/01/2007

Puede que muchos desconozcan la riqueza de la tradición oral gitana pues, al margen de su música, la cultura gitana es poco conocida. La forma de presentar a la etnia gitana, a excepción de los medios especializados, es más bien tópica y despectiva o, en todo caso, deformada a fin de exhibir una -generalmente- falsa aceptación por parte del comunicante. Se suelen discriminar sus aspectos positivos obviando los negativos o viceversa. En todo caso, la presentación es sesgada y muy rara vez se muestra al gitano como realmente es o se siente. También se suele olvidar la variedad de sus tradiciones y costumbres, nada sorprendente si pensamos en su extraordinaria dispersión por todo el globo pues, aunque se les suele asociar a determinadas regiones del sur y el centro de Europa, los gitanos, desde su origen en la península india, han llegado a poblar lugares tan remotos como la Patagonia y Australia.

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Sep 08

José María Guelbenzu: La cabeza del durmiente

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 8/09/2006

Un relato de factura aparentemente encaminada para niños y jóvenes puede terminar haciéndose un hueco en las estanterías de los adultos, como ya hemos visto con el fenómeno Potter y otros anteriores como El mundo de Sofía. Eso quiere decir que no hay un abismo entre la infancia y la edad adulta, y que el niño sigue en nosotros tanto como el incipiente adulto ya está en el joven. Este tipo de novelas puente consiguen superar, al menos durante el tiempo que ocupa su lectura, el tan manido conflicto generacional y procurar una atmósfera de cohesión entre lectores de muy diversas edades y experiencias. Ello remite también a los antiguos cuentos, que no sólo eran leídos a los niños sino que los adultos los escuchaban con similar atención, pues todos ellos desgranaban claves de orientación que, en comunidades orales, eran el único método de cohesión entre generaciones y aún épocas.

Cuando Siruela encargó a José María Guelbenzu la edición de Cuentos populares españoles, éste retomó el contacto con aquella escritura sencilla pero profunda que había educado a incontables generaciones de antepasados nuestros y nació en él el deseo de escribir algo parecido para su hijo, a quien va dedicado el presente volumen. En este lúcido relato, dos hermanos se encuentran en una fase crítica de su desarrollo: Pedro -el hermano mayor- se adentra en la adolescencia, con sus luces y sombras, mientras que Claudia, unos años menor, ve peligrar la afectuosa y próxima relación que mantiene con su hermano. Juntos emprenderán un camino entre el sueño y la vigilia en el que la niña se enfrentará, de la mano de Pedro, a los temores que a éste le acosan en el momento de cambio que está viviendo.

La noche del solsticio hiemal, Claudia despierta asustada, pues ha oído quejidos y lamentos en la habitación de su hermano. Están solos en casa, así que la niña no puede recurrir a nadie más que a sí misma; lo encuentra tenso, retorciéndose en el lecho y farfullando aunque alcanza a distinguir una súplica de auxilio. Sólo la compañía y el contacto de su hermana lograrán tranquilizarlo en las sucesivas pesadillas, que irán creciendo en intensidad mientras que la niña irá encontrando dentro de sí el valor para seguir a su hermano al terreno de los sueños, donde libra una terrible batalla, dado que él también trata de encontrar su propio valor para acometer los retos a los que va a tener que enfrentarse. Entretanto, en el mundo de los sueños, otro Pedro se adentrará en el Bosque Tenebroso, viaje iniciático paralelo al anterior, para el que contará con la ayuda de una ninfa. La narración se desarrollará, pues, en dos planos, al modo de La historia interminable.

Este cuento pone en juego la tradición mítica que asocia a lo femenino con la noche y a lo masculino con el día. Es por ello que, sin la ayuda de su hermana, Pedro se muestra incapaz de superar sus pesadillas y cumplir la misión que le ha sido encomendada:

“-¿Cuál es mi naturaleza? – La vida –respondió ella- para mí es la noche y la noche para ti es el sueño; tu naturaleza aquí es la del sueño, no la de la vigilia. Te has internado equivocadamente en un lugar que no te reconoce tal como eres a la luz del día (p. 127).”

Así pues, Claudia, poder femenino/nocturno deberá introducirse en la cabeza del durmiente y orientarlo en el sueño, pues es su territorio, en el que goza de más poder. La situación del durmiente es siempre de debilidad. Ignorante de lo que ocurre a su alrededor, depende de vigías y protectores; más terrible es que la amenaza more en el mismo sueño, como nos descubrió Freddy Krueger y aquella horripilante cancioncilla -“Freddy está en mis sueños, también en los tuyos”-. La indefensión del durmiente impulsará a una niña a extraer valor del cariño, aunque no cuente con más ayuda que la de su extravagante abuelo. Esta es otra figura mítica, que tiene también su contrapartida en el sueño; el anciano sabio que orienta al héroe mediante acertijos, aunque aquí no sea infalible como no lo era el Merlín con el que se identifica.

Son muchos los ingredientes de la tradición mítica que Guelbenzu pone en este relato. La importancia del destino, simbolizado en la carta blanca o el anillo, es uno de ellos. Otro, muy importante, es la necesidad de rebasar los límites de lo permitido para alcanzar el conocimiento, aunque como bien sabe Adán, eso tenga un precio, generalmente altísimo. Ya se trate de adentrarse en un bosque prohibido o en terra incógnita, de quebrar las leyes de la mecánica newtoniana o de realzar un documento olvidado, para avanzar se deben violar algunas reglas. Ello parece ir contra el más elemental sentido común pero aunque haya que asumir riesgos sólo de esa manera la humanidad ha podido prosperar. Eso mismo ocurre en la travesía del desierto que es la adolescencia, algo que se refleja claramente en el personaje de Pedro y su actitud hostil hacia su familia.

Su victoria en el campo del sueño tendrá un precio: “Ciertas cosas se pierden cuando se ganan otras; la inocencia sólo nos la regalan durante una temporada: de ahí en adelante, la vida es otra cosa” (p. 272). El cambio es un proceso inevitable pero no por ello indeseado. Es el fundamento de la vida, mas hay que vivir para entenderlo -‘vivir’ entendido en sentido pleno-.

Guelbenzu ha construido una historia que, según dice, se lee con la imaginación. Una historia en la que niños y adultos encontrarán suficientes fragancias como para encontrarla satisfactoria. Un libro que se podrá regalar a hijos o sobrinos con la tranquilidad de ofrecer buena literatura, de la que abre la puerta a un mundo nuevo; pero convendría también que el adulto le echase un vistazo y recordara, sumergido en sus páginas, que se puede soñar y que las viejas historias y sus símbolos pueden abrir también en nosotros la posibilidad de cambio, pues los adultos también tenemos la posibilidad de cambiar y, así, continuar viviendo.

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