Dic 02

Escritores, ¿curritos o vividores?

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , , , , 2/12/2011

Una vez al año, hago cola. Y no sé muy bien por qué. Dos horas en pie, en el frío de la mañana, por algo en lo que no creo obtener beneficio. El año próximo, otra vez.

No me ha gustado nada. El libro de Daria Galateria, Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores, no me ha gustado nada (exagero y miento: sí me ha gustado, pero me ha dado rabia). No le falta interés, ciertamente, pero hay en él reproches velados que están fuera de lugar. Como lector, me importa poco si el escritor sufrió o gozó mientras escribía, si su infancia estuvo salpicada de violencia o de cariño, si tuvo que quemarse las pestañas estudiando o los éxitos académicos le llovieron suavemente, si los premios se los conceden o se los gana, si fue afortunado en el amor o en el juego, o desgraciado en ambos, y, en fin, si concentró sus esfuerzos en la escritura o bien precisó de un sostén económico ajeno al literario. Nada de eso me importa ni afecta a la valoración que he de hacer de una obra literaria. Sólo me importa la obra en sí y en absoluto una existencia áspera la hace mejor o más meritoria.

La posición de Galateria es la opuesta. El trabajo dignifica, el trabajo manual dignifica más y el escritor merece más respeto si pasó sus días en la oficina o las noches en la fábrica. Por supuesto, las obras de Gorki, de London o de Marsé (por citar a alguien que Galateria olvidó) no serían lo que son sin su experiencia laboral. Tanto influyó, creo, la opresión paterna en el joven Franz Kafka como sus lecturas de Von Kleist o las jornadas interminables en Assicurazioni Generali, en la conformación de su particular universo narrativo. Pero ya me dirán de qué le serviría a Vila-Matas su alistamiento en la industria química o a Álvaro Pombo su fichaje por la panadería de la esquina.

Indudablemente, se escribe desde la experiencia y diferentes experiencias conducen a diferentes estilos, intenciones y universos. Pero el oficio del escritor es valioso y meritorio en sí mismo. Que el autor, para sostenerse, sableara a sus conocidos, vampirizase a su pareja o dignamente fichara cada mañana en un taller de reparación de automóviles, o que por el contrario pasara hambre canina, son circunstancias que sirven al lector crítico para desentrañar el sentido último de su lectura, pero que por sí mismas no dicen nada del valor del escrito. Es el trabajo con las diferentes herramientas del escritor, las palabras, la sintaxis, las ideas, etc., lo que hemos de valorar y lo que otorgará méritos al esforzado escritor, porque escribir es un duro empeño, una pirueta sin red, una inversión a fondo perdido. Casi se puede decir, contra las tesis de Galateria, que quien busca un empleo al margen de la creación literaria opta por el camino fácil, pues sin reducir el empeño engancha una malla de seguridad bajo el cable tenso de la escritura. Pero también sabemos que no es así. Que son cosas que nada tienen que ver.

Así, negándole a Daria Galateria la mayor, concedámosle la menor: que ha escrito un libro ameno, repleto de curiosidades y anécdotas que no pueden dejar de interesar al lector curioso. Que los autores representados, algunos poco conocidos, se convierten en personajes en estas páginas, personajes carismáticos que estimulan la empatía del lector como ocurre con las reseñas biográficas de Maximo Gorki o Franz Kafka. Y que, si bien la escritura es algo deslavazada y el lector español echará en falta eso, españoles, no dejará de disfrutar esta lectura en la que los célebres, reverenciados, mitificados autores, aparecen con sus monos de trabajo manchados de grasa, el cabello desordenado, bolsas de cansancio bajo los ojos y las uñas llenas de mierda.

Escribir es un tic. Los métodos y las manías de los escritores. Francesco Piccolo, Ariel (2008) / Círculo de lectores (2009).

La escritura es una combinación original de devoción sagrada y mentalidad de empleado”. El librito de Piccolo es lo contrario que el anterior, y permítanme recomendárselo, encarecidamente. Frente a los “trabajos forzados” de Galateria, la cotidianidad del autor, sus rutinas de escritura, su método y sus manías. Aquí los escritores trabajan, con denuedo, en la escritura de libros. Creo que, si el libro de Galateria puede satisfacer algunos egos, éste puede acercar al escritor a sus lectores, lo humaniza y lo dignifica. Sí, el escritor se esfuerza día tras día. No, el escritor no se sienta en su escritorio cuando le apetece (cuando “está inspirado”) y escribe algunas páginas sin esfuerzo antes de regresar a su vida ociosa e, incluso, divina. Todo ello al margen de que pueda gozar con su oficio, claro. Eso sí ocurre, afortunadamente.

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Mar 25

Felipe II, de Ludwig Pfandl

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 25/03/2010

La editorial Áltera recupera una de las biografías clásicas de Felipe II, que aprovecha la traducción de 1942 de José Corts Grau -el original se publicó en alemán en 1938-, sólo que le han cambiado el subtítulo, ya no es -como resulta más apropiado, pues describe el contenido muy ajustadamente-, Bosquejo de una vida y una época, sino Su corona era la órbita del Sol, más poético y vacío.

La obra de Ludwig Pfandl, historiador alemán, discípulo de Vossler y de Menéndez Pelayo, es una de las primeras que, fuera de España, se propone rehabilitar la figura del gran monarca del Renacimiento español, un recorrido que comenzara W. H. Prescott en 1855, con buenas intenciones pero con un uso indiscriminado de fuentes de escasa confianza, la Apología de Orange y las Relaciones de Antonio Pérez. Pfandl subió un peldaño más en una escalera que ha salido de los negros sótanos de Motley, aunque hoy ha perdido los tonos rosáceos que el buen alemán le pintara.

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Dic 31

La emperatriz Isabel, de Antonio Villacorta

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 31/12/2009

Isabel de Portugal en el retrato de TizianoSe lamentaba hace una década Manuel Fernández Álvarez, en su monumental biografía de Carlos V (El César y el hombre, Espasa-Calpe), de la ausencia de biografías de valor de la emperatriz Isabel. A corregir este vacío se ha dispuesto Antonio Villacorta, autor de libros como Las mujeres de Lope de Vega o las biografías del rey don Sebastián de Portugal o Juana de Austria, la jesuita, que logró entrar en la Compañía de Jesús, vetada a mujeres, pronunciando los votos bajo el nombre de Mateo Sánchez. Salta a la vista que estos personajes tienen un interés propio, por su excentricidad o su relevancia histórica. Sin embargo, Isabel de Portugal parece cobrar importancia tan sólo por préstamo de su ilustre esposo, Carlos V de Alemania, I de España.

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Jul 29

El nombre del viento y Los duques de Windsor

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 29/07/2009

 

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Un fantástico bestseller. El nombre del viento. Patrick Rothfuss.

 Lo normal, cuando a un libro de fantasía le llueven los elogios, es volverse suspicaz. Si leemos la contracubierta y encontramos un texto extraordinariamente semejante al discurso del replicante Roy Batty en Blade Runner, las dudas aumentan. Pero nos ha dicho algún amigo en el que confiamos que merece la pena. Así que lo abrimos. Aparece un mapa casi calcado del de la Tierra Media, en el que sospechosamente el territorio donde viven los protagonistas se llama “la Mancomunidad”, un lugar alejado de los peligros del mundo donde viven gentes sencillas. Ése amigo ya no nos cae tan bien, pero leemos algunas páginas. Al parecer, al autor le ha llevado trece años escribir la novela, buscando la perfección, porque “si quieres hacer algo, mejor que lo hagas bien”. Encontramos un estilo ampuloso, elegíaco: “era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte”. Mas, ¡quién dijo miedo! Son sólo ochocientas páginas, que me han costado veintitrés euros, que en tiempos de crisis no es poca cosa. Si son tan pacientes quizá estén de enhorabuena. Porque, a partir de ahí…

Chismorreos históricos. Los Duques de Windsor. José Miguel Romaña

 El que brevemente fue Eduardo VIII despierta emociones contrapuestas, y si no él al menos su leyenda. Por una parte, su “abdicación por amor” provoca simpatía; por otra, sus inclinaciones nazis provocan rechazo y repugnancia. Parece difícil conciliar ambas posturas, pero detrás de la leyenda rosa siempre se esconde una verdad histórica que, aunque difícil de desenmarañar, revela un fondo mucho más compleja e interesante que el simple romance contra viento y marea. José Miguel Romaña separa y ordena sus hilos en las páginas de esta biografía, más del Duque que de la Duquesa, y que no puede dejar de lado un marco histórico que tiene especial significado en esta historia de amor. Y es que, en cuanto el autor abre un par de cortinas, tejidas por la mente calenturienta e ingenua de algunos devotos del cuché, encontramos a un Duque que nunca dejó de ser un adolescente, tanto física como mental y psicológicamente…

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Jun 19

Melchor Rodríguez, un anarquista ejemplar

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 19/06/2009

 

melchor21De un momento histórico como nuestra triste Guerra Civil, pocos ejemplos edificantes se pueden extraer. Entre militares y milicianos cegados por su misión destructiva, criminales de diversa laya y aterrorizadas víctimas, sólo enseñanzas negativas quedan al lector, aunque en la memoria de los cada vez más escasos supervivientes aparezca, surgiendo entre la sangre y la ruina, una mano amiga que se tendió, inesperada y fantástica, con socorro y consuelo. Manos de algunos hombres buenos que, a riesgo de su propia salud, a veces de su propia vida, cumplieron con valor el deber de todo ser humano de prestar ayuda al necesitado, fuera este amigo o adversario. Uno de aquellos hombres fue Melchor Rodríguez, anarquista, apodado “el ángel rojo” -y también, por los suyos, “el ángel traidor”, sin serlo-, el hombre que terminó con las sacas y paseos en el Madrid sitiado, por mor de unos ideales que no consentían la injusticia, ni la crueldad, y sí la humanidad y la justicia…

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May 25

Manuel Filiberto, el último príncipe del Renacimiento

Escrito en El museo.
Etiquetas: , 25/05/2009

 

testa_di_ferroPara el lector español, Manuel Filiberto de Saboya fue el general que dirigió la batalla de San Quintín, gran victoria que Felipe II sólo aprovechó para poner en marcha su magno proyecto funerario y palaciego: El Escorial. Pero, ¿qué hacía el duque de Saboya gobernando los Países Bajos en nombre del Monarca español y dirigiendo sus ejércitos? Saboya perdió su independencia en 1536, en el marco de las guerras italianas entre Francisco I y Carlos V. Todo el ducado fue ocupado y así comenzó su vida itinerante, alejada de sus estados. Saboya se había convertido en un trozo de tierra vital para los proyectos de las dos grandes potencias del Renacimiento. La biografía de Pierpaolo Merlin se centra en los años en que, tras recuperar Saboya, se ocupó de dotar de una estructura moderna el estado, aun medieval, y sus movimientos diplomáticos para conservar y ampliar su autonomía frente a España y Francia.

La cuestión de su neutralidad ha sido muy debatida. Para algunos fue neutral –e italianista–; para otros, filoespañol; para otros, filofrancés. Aunque siempre buscó la manera de ser independiente, sabía que por una parte Francia siempre ansiaría sus estados –como confirmaría la historia– y, aunque con matices, España era su aliado más seguro y menos peligroso –algo que no entendió su hijo–, dado que para los intereses hispanos Saboya-Piamonte sólo era una marca para Milán, así como un paso necesario para sus tropas, y la garantía de equilibrio en Italia, lo que más convenía a sus intereses. De todos modos, su relación con España estuvo llena de recelos, especialmente por el lado español, pues Felipe II –aparte de tener una buena relación personal con su primo, al que apreciaba sinceramente– y sus ministros temían un posible acercamiento a Francia que pusiera en peligro Milán.

 

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Ene 30

Peter Steinbach: Valquiria. La conspiración para matar a Hitler

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 30/01/2009

Las culturas antiguas se erigieron sobre mitos heroicos. La griega lo hizo sobre Heracles y su limpia de monstruos a lo largo y ancho del Mediterráneo –incluyendo la Península Ibérica-; en la nórdica, héroes como Beowulf o su equivalente cristiano, San Jorge, hicieron lo propio con quimeras y dragones. Los héroes eliminaban a las criaturas infernales que estorbaban la supervivencia del hombre y dejaban habitable un mundo con anterioridad tenebroso y mortal. Pero el ser humano quedó entonces a solas con su propia monstruosidad, más terrible, más cruel, que la de cualquier demonio. Y los héroes, en la vida real, muchas veces quedan atrapados en las fauces del lobo.

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Sep 06

Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca: El Gran Capitán

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 6/09/2008

El nuevo título de la colección Clío de la editorial Edaf, protagonizado por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, coincide en ambición con otros títulos ya reseñados aquí, realizados por Martínez Laínez en solitario –Una pica en Flandes- o, como es el caso, con Sánchez de TocaTercios de España-. Son títulos de vocación didáctica, de fácil lectura y un apartado gráfico amplio que incluye mapas, retratos, fotografías y desplegables, un glosario y una bibliografía comentada. Su apariencia es la de un libro de texto y su público eminentemente juvenil, pues un lector adulto quizá se sienta más inclinado a trabajos más completos como el de José Enrique Ruiz-Domènec –ed. Península- o José Antonio Vaca de Osma -ed. Espasa Calpe-.

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Sep 06

Miguel de Ferdinandy: Carlos V. Su alma y su política

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 6/09/2008

Originalmente publicada en Puerto Rico, en 1964 –y Áltera ha conservado la traducción de Salvador Giner-, Miguel de Ferndinandy se apoyó en las tesis de C. G. Jung para elaborar un completo retrato psicológico de Carlos V, el hombre más poderoso de su tiempo, un mito de la historia europea sobre el que han llovido cientos de estudios. El enfoque psicológico tampoco le es ajeno; de hecho, si hay un clan objeto de estudio paleopsicoanalítico ha sido la estirpe de los Habsburgos y sus antepasados.

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May 17

José Manuel Rodríguez: Blas de Lezo, el vasco que salvó al Imperio Español

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 17/05/2008

Se sorprende del autor de esta biografía de que “el almirante más condecorado de la historia de España tiene un monumento en… ¡Colombia!” (p. 12); en realidad, no es ninguna sorpresa. Primero, no se distingue este país por su ‘eugenia’; segundo, Blas de Lezo, ese militar tan condecorado, fue vilipendiado ya en su propia época; y tercero, hay varias razones para echar tierra sobre su hazaña más memorable, la victoria y salvación de Cartagena de Indias en 1742, en apabullante inferioridad numérica, ante la inmensa flota británica comandada por Lord Vernon, una verdadera ‘armada invencible’ concebida y publicitada como tal. En Madrid, por ejemplo, no hay siquiera una calle a su nombre, pero sí con el del cobarde y torpísimo almirante Cervera, que todavía hoy sigue gozando de muy buena prensa. Afortunadamente, en los últimos años se está intentando hacer justicia con este brillante marino que, quizá, fue quien prolongó en seis décadas la dominación española en América.

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