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	<title>El dinosaurio que estaba allí</title>
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	<description>Lecturas, pasiones y recuerdos de un cerebro reptil</description>
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		<title>Definiciones, II</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 07:20:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Vivimos un momento histórico o sólo un momento? Es de sentido común que ambas cosas ocurren siempre, simultáneamente, pero el sentido de mi pregunta es claro. ¿Se recordará el 15M como se recuerda hoy Mayo del 68, las tiendas de Sol como las barricadas de París, el &#8220;ellos nos necesitan, nosotros a ellos no&#8221; como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>¿Vivimos un momento histórico o sólo un momento? Es de sentido común que ambas cosas ocurren siempre, simultáneamente, pero el sentido de mi pregunta es claro. ¿Se recordará el 15M como se recuerda hoy Mayo del 68, las tiendas de Sol como las barricadas de París, el &#8220;ellos nos necesitan, nosotros a ellos no&#8221; como el &#8220;prohibido prohibir&#8221;? ¿Lamentaré en un futuro mi escepticismo hacia los movimientos sociales (o más bien hacia su efectividad), lamentaré no haber estado allí aunque lo tuve tan cerca, o mentiré como tantos otros: yo también corrí delante de los grises?</em></p>
<p>1. <em>1974</em>, David Peace, Alba.</p>
<p>Novela criminal protagonizada o más bien sufrida por el periodista (algo verde) Edward Dunford. Tras cubrir una noticia rutinaria, la desaparición de una niña de diez años, se verá envuelto en una trama oscura, cruel, dolorosa (sobre todo para él, a quien zurran varias veces a lo largo de la novela). Es verdad, como se ha dicho, que la investigación de Dunford sirve a Peace para diseccionar la sociedad británica de los setenta en sus aspectos político, económico, social, moral (Dunford aprenderá, a su pesar, que en el norte hacen lo que les da la gana) y criminal pero, al margen de eso, estamos ante una narración poderosa, cruda (hasta lo desagradable) e intensa, escrita con un estilo contemporáneo, tan poético como oral y duro. Gran acierto de Alba el ofrecerla en Kindle Flash al precio de 2,74€: ahora he de leer, necesariamente, el resto de The Red Diding Quartet, publicado por la misma editorial (ya sin descuento). Más sobre Peace, <a href="http://www.culturaimpopular.com/2010/09/david-peace-exhumando-el-pasado.html"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">aquí</span></span></span></span></a>.</p>
<p>2. <em>Lo bello y lo triste</em>, Kawabata Yasunari, Emecé.</p>
<p>Novela de intriga psicológica y tragedia moral, escrita en 1964 por el Premio Nobel japonés Kawabata Yasunari. Si la obra de este autor se caracteriza por su sensualidad, en esta breve novela la acción dramática, un torbellino derivando hacia una conclusión trágica, logra una fuerte impresión también, como las imágenes de brazos intercambiados de aquél otro relato suyo. Ese torbellino tiene su ojo en Oki quien, a pesar de su inocente nombre de impresora, aparece como un villano que hace caer todo a su alrededor, cuya cobardía produce un conflicto moral que la familia asume, aún cuando su prosperidad se funda sobre el dolor de Otoko. Así pues tenemos viejos escritores sensuales, erotismo, culpa, venganza, estética japonesa (la acción transcurre entre Kioto y Kamakura, nada menos que dos capitales imperiales) y conflicto con la modernidad: puro Kawabata.</p>
<p>3. <em>La civilización del espectáculo</em>, Mario Vargas Llosa, Alfaguara.</p>
<p>Ensayo de historia de la cultura o del fin de la historia del fin de la cultura. La cultura ha muerto, fue asesinada por la actual civilización del espectáculo y sus actores principales: los medios de comunicación, la publicidad, los extravíos de algunas corrientes de pensamiento y de algunos intelectuales. No se trata tanto de un análisis en profundidad de la cultura actual como de una elegía por la alta cultura tradicional e ilustrada (muy mitificada), por un intelectual melancólico (Jordi, verbigracia). Constituye, en esencia, una crítica de la posmodernidad (¿y de la post-posmodernidad?) como destructora de la cultura libresca, como aniquiladora de la palabra (que sustituye por la imagen), como abaratadora de los valores tradicionales del esfuerzo, la excelencia y la trascendencia (imponiéndose la liviandad, la frivolidad y lo efímero), llevando todo ello a una degeneración de la vida democrática y, en fin, del ser humano tal y como se entendía hasta ahora. Este ensayo debe leerse junto a <em>El lectoespectador</em> de Vicente Luis Mora, de más difícil digestión, por cierto.</p>
<p>4. <em>Ventajas de viajar en tren</em>, Antonio Orejudo, Alfaguara.</p>
<p>Novela psicológica, espiriforme, muñequirrusa y doppelgängerosa. La había leído, tiempo ha, sin que me llamara la atención, y la había olvidado. Empecé a leer y oír luego abundantemente el nombre de Antonio Orejudo, que no me sugirió nada. Pero tanto lo oí y leí que me interesé y recordé <em>Ventajas&#8230; </em>¿Ese era el fabuloso autor que todos me dicen que lea? Alguien estaba errado, seguramente yo, como acostumbro. Miré mi catálogo y lo encontré: <em>Ventajas&#8230;</em> y, junto a él, <em>Reconstrucción </em>(un ejemplar que robé a mi madre o a mi hermana, pero ahora es mío y no se devuelve). Ahora sí que no entiendo nada. ¿Una novela histórica de sectas, enigmas religiosos  y libros prohibidos? Pero, tente, prejuicioso corazón: ¿no dices siempre que más vale lo que con los materiales se hace que los materiales mismos? ¿que cualquier historia vive o muere según cómo sea contada? <em>Reconstrucción</em>.</p>
<p>5. <em>Reconstrucción</em>, Antonio Orejudo, Tusquets (o Círculo de lectores)</p>
<p>Novela histórica que no es novela histórica, sino que supone una reconstrucción del quehacer literario (lo que, en pedante, se dice “metaliteratura”) y una reflexión sobre el poder de la palabra y del libro. Podemos decir que homenajea a <em>El nombre de la rosa</em> y que, como Cervantes hiciera con las novelas de caballerías, Orejudo se mofa de la literatura de pacotilla de los bestseller de sectas y misterios religiosos mientras su Pfister peina Francia buscando al autor de cierto herético libro mientras trata de ocultar su “verdadera” identidad, con la morfosintaxis como “la única herramienta que Pfister tiene a su alcance para explicarse precariamente el mundo, para orientarse en el caos y para tratar de ser en él medianamente justo”. De lo mejorcito que se ha escrito en nuestro país en los últimos tiempos.
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		<title>Sopa de autor (I): Pasándose al enemigo</title>
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		<pubDate>Tue, 01 May 2012 23:34:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[futuro del libro]]></category>
		<category><![CDATA[libro electrónico]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[Con tanta sopa, sindes y megapiratas, con la guerra de ipades, kindles y androides, no sé ya si leo a Quino o a Ballard, si estoy viendo One Piece o Mentiras y gordas, si lo que tengo es un libro, un ebook o una aplicación que me llena la pantalla de extraños símbolos negros. Parece [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con tanta sopa, sindes y megapiratas, con la guerra de ipades, kindles y androides, no sé ya si leo a Quino o a Ballard, si estoy viendo <em>One Piece </em>o <em>Mentiras y gordas</em>, si lo que tengo es un libro, un ebook o una aplicación que me llena la pantalla de extraños símbolos negros. Parece raro que mezcle de esta manera conflictos tan dispares pero no lo son tanto cuando hablamos de libros, pues uno de las excusas para el atraso digital en el mundo editorial es el temor a la piratería que, al menos en el primer mundo, era hasta tiempos muy recientes un fenómeno casi desconocido y, si nos referimos al conocido, las fotocopias, era casi ventaja para la industria que así se permitía cobrarse cánones y prebendas por productos que nunca iba a vender.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i49.tinypic.com/5ob12g.jpg" alt="" width="340" height="305" /></p>
<p>Hemos de pensar bien en ambos procesos, que parece ser uno (la piratería) consecuencia del otro (la digitalización) pero que en realidad se hallan interconectados de muchas maneras. En el campo editorial, es la piratería la que está impulsando la digitalización, al menos en este momento, y aunque la causa sea bastarda, la consecuencia es positiva y necesaria, fuera de nostalgias y manías. Quiero decir que, hace mucho (me parece una eternidad) escribía aquí los miedos que me producía la digitalización del libro y la supervivencia del autor en un mundo en el que su trabajo está al alcance de cualquiera sin que se le pague por él (Kindle Killed the Writer Star, en un ingés probablemente incorrecto, ¿lo sería más Kindle Killed the Star Writer? Este verano me pongo a ello, quizá). Esos temores no han desaparecido, y si acaso han aumentado por la intención de algunos editores, que entonces ignoraba, de cobrar a los autores por publicar sus obras y no al revés, como se venía haciendo. Sin embargo, tal y como reza el título de este post, uno empieza a ver las virtudes del enemigo, no sólo sus defectos, y creo que el proceso de disolución del papel (que no su aniquilación) en beneficio de la pantalla tiene más aspectos positivos que negativos, sin contar con que es un proceso inevitable. Es el signo de los tiempos, y el tiempo corre pese a quien pese.</p>
<p>Existe un bibliófilo rechazo por el ebook, que comparto hasta cierto punto. Es cierto que, como se dice, ningún libro digital puede ofrecer la experiencia sensitiva que depara la lectura de un libro tradicional que además de contenidos puede ofecer un continente atractivo y bello. Un ebook no puede ofrecernos el tacto sedoso de un buen papel, ni la fragancia de las mejores tintas, ni tampoco la mera y sensual corporeidad del libro que llena las manos de manera casi erótica. El deleite que produce un libro bien editado es insustituible. Ahora bien, no nos dejemos engañar, no todos los libros de papel producen ese placer. La mayor parte de ellos son productos de consumo, con un papel corriente, con una tinta nada fragante (a veces pestilente) y una fofez o amorfidad carentes de todo sex-appeal. No todas las editoriales modelan como Atalanta, Nórdica o Impedimenta. Lo normal es fabricar como Alfaguara, Planeta o Anagrama (por no citar las peores ediciones), cuyas obras pueden ser valiosas pero el objeto que las recoge, no. Y qué decir del libro de bolsillo, artefacto siempre defectuoso que amarillea a ojos vista y no resiste un segundo uso, durante el cual comienza a descomponerse, casi como el villano codicioso de <em>La última cruzada</em>.</p>
<p>Es a esta publicación de consumo (ojo, el calificativo sólo se refiere al continente) a la que se enfrenta el libro digital y creo que la bate sin dificultades. La otra, la publicación sensual *, cumple sus propios objetivos y, por ahora, sin competencia. En cuanto al libro de bolsillo, merecería desaparecer ya (ahora hablaremos de los precios relativos) por innecesario e ineficaz. El libro digital tiene ventajas de espacio y de precio, dos asuntos que nos interesan mucho, pues en un mismo dispositivo lector se pueden almacenar miles de títulos, y más si permite la expansión con tarjetas de memoria (se podría cargar la Biblioteca del Congreso en un bolsillo); los libros digitales se venden, de media, un 25% más baratos que sus hermanos sólidos, aunque el precio justo, según tengo entendido, debería reducirse en un 40% (tal es el lema de la agrupación de editoriales independientes Librosinlibro); por otro lado, las editoriales, pícaras ellas, calculan ese coste en función de la edición más cara, es decir, tapa dura y papel de buen gramaje, en vez de, por ejemplo, el coste de la edición de bolsillo; así se da la paradoja de que, en ocasiones, el mismo título es más caro en su versión digital que en la de bolsillo. Supongo que este absurdo se irá corrigiendo con el tiempo. Por otra parte, también existen iniciativas como <a href="http://www.amazon.es/KindleFlash">Kindle Flash</a> que ponen, durante tiempo limitado, buenos títulos a precios irrisorios; y no es menos cierto que los libros digitales bajan su precio al cabo del tiempo, cosa que no ocurre con sus hermanos sólidos.</p>
<p>Estas ventajas prácticas no son las únicas, también en cuanto a funcionalidades (por utilizar jerga informática) superan los ebooks a cualquier libro tradicional. Resulta imposible tomar notas o marcar texto en un libro de papel sin estropearlo, sin darle un aspecto astroso (incluso sin llegar a los extremos de los salvajes que emplean bolígrafo o subrayador); pero en un libro digital podemos anotar y subrayar de manera limpia y ordenada, sin que el “original” sufra desperfectos. La posibilidad de buscar texto, que sobre el papel es casi imposible o al menos agotadora, es facilísima sobre la pantalla. Y la comodidad de los diccionarios integrados (ahora que Amazon nos ha concedido el DRAE, y a ver cuándo el Moliner, aún cuando leo un libro tradicional lo hago con el ereader al lado y su diccionario abierto), no sólo de nuestra propia lengua, sino de cualesquiera otras (lo que facilita el estudio de otros idiomas), el acceso inmediato a enciclopedias, la inclusión de animaciones o vídeos (muy útiles para según qué libros), etc. Y si tenemos en cuenta las posibilidades de la nube (léase, para empezar, a <a href="http://vicenteluismora.blogspot.com.es/2010/11/la-critica-por-las-nubes-si-ya-no-todos.html">Vicente Luis Mora</a>), caeremos en la cuenta de qué transformación (y yo diría que avance, al menos potencial) supone el libro digital en materia de lectura, difusión del conocimiento y creatividad.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://lillybook.blogspot.com.es/2012/01/2011-review.html"><img class="aligncenter" src="http://i45.tinypic.com/157v5w.jpg" alt="" width="360" height="284" /></a></p>
<p>Todo ello ha hecho que me pase al enemigo y hace meses que empleo mi Kindle a destajo, especialmente desde que se volvieran accesibles los libros digitales españoles. No por ello voy a abandonar nuestro viejo y querido libro de papel, un artefacto tan bien diseñado que es difícil que desaparezca. A sus bondades sensuales, ya referidas, hemos de añadir la facilidad de manejo que hace que bebés de cinco meses sean capaces de utilizarlos, lo que hace su uso casi instintivo. Pero el lector de libros digitales es un aparato tremendamente útil, que ofrece una lectura cómoda (las nuevas pantallas cumplen su cometido a la perfección, al menos las basadas en tinta electrónica: no me veo leyendo cuatro horas seguidas en un iPad) y de manejar; con el libro digital, se acabó la tiranía de la novedad y la frustración del descatalogado (al menos en teoría) pues ya no hay necesidad de mantener costosos almacenes y el título se puede mantener vivo por tiempo indefinido. Tiene también sus defectos, por supuesto, como la escasez de títulos (el botón &#8220;me gustaría leer este libro en Kindle&#8221; va camino de ser más popular que el &#8220;me gusta&#8221; del Facebook, según <a href="http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2012/01/otra-reflexion-en-torno-al-kindle-y-la.html">Tongoy</a>) y la deficiente edición de muchos de ellos (y no sólo de los gratuitos **), o la imposibilidad de cambiar la tipografía (me refiero al Kindle, no sé si otros facilitan tales adecuaciones), si bien la empleada es aceptable y se puede modificar su tamaño.</p>
<p>Por supuesto que hasta ahora no he sido exhaustivo (y no pretendo serlo), y la transformación que la digitalización supone para la cultura merece una amplia y profunda reflexión. Ahora está al alcance de cualquiera publicar un libro (o sus comentarios, valoraciones y opiniones) sin pasar por el corte de los ceñudos editores y eso, al tiempo que una liberación, puede suponer un ensanchamiento masivo del ya saturado mundo editorial. Ello implicará una reforma del sistema de filtrado y de las formas de recepción y promoción: de la intermediación, en suma. Y en seguida me referiré a otro de los fantasmas de la digitalización, ese que está en boca de todos en estos días, la piratería. Pero habrá de ser mañana (u otro día).</p>
<p><span style="font-size: x-small;">*En palabras de Vicente Molina Foix: &#8220;El tacto y la inmanencia de los libros son, para el <em>amateur,</em> variaciones del erotismo del cuerpo <em>trabajado</em> y manoseado, una manera de amar tradicional que, justo es reconocerlo,  no pocas personas rechazan, prefiriendo el contacto sexual con aparatos,  figuras de holograma y voces pregrabadas, lo que antes se conocía como <em>telephone sex</em> y pronto será, no lo dudo, <em>digital sex,</em> seguramente operado, como la telefonía móvil de alta gama, sin manos.&#8221; En<a href="http://elpais.com/diario/2011/12/03/opinion/1322866804_850215.html" target="_blank"> El País, 3 de diciembre de 2011</a>.<br />
</span></p>
<p><span style="font-size: x-small;">**Uno de los grandes descuidos (a la vez que <a href="http://noticiasdelebook.blogspot.com.es/2012/03/amazon-y-la-autoedicion-kindle-direct.html">bazas</a>) de Amazon es la autoedición (<a href="https://kdp.amazon.com/self-publishing/signin/183-3429450-8909536">Kindle Direct Publishing</a>). A priori de sumo interés, la realidad es que muchos de los libros autoeditados son de una calidad bajísima. Los clásicos que se ofertan gratuitos, incluso los que se venden a bajo precio, presentan errores ortotipográficos y de maquetación a veces monstruosos. Algunos vivillos han publicado clásicos por su cuenta, presentándolos como ediciones críticas o anotadas, cuando sus comentarios y presentaciones rebasan en simpleza a cualquier trabajo infantil. Pero no sólo son particulares vagos o aprovechados, sino las mismas editoriales las que descuidan sus ediciones. Uno de los primeros libros que compré en Kindle Store fue </span><span style="font-size: x-small;"><em>La España estratégica</em></span><span style="font-size: x-small;">, de Sílex, una historia de España desde el punto de vista de la estrategia. Lo había tomado prestado en la biblioteca y me pareció un buen libro, así que, siendo entonces uno de los pocos libros accesibles en español, no dudé en comprarlo, si bien el precio no era precisamente bajo, 13 euros. La edición es lamentable, peor incluso que las gratuitas; por decir sólo una cosa, han eliminado imágenes y gráficos del original en papel, pero han dejado los pies, que aparecen intercalados en el texto. Bien es cierto que Sílex, si no publica malos contenidos, sí los cuida poco, y debí sospechar algo. He aquí uno de los aspectos que Amazon, y el resto de plataformas de publicación y comercialización, deben cuidar más, pues sí, es responsabilidad suya que el producto que ponen a la venta esté en buenas condiciones.</span>
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		<title>Definiciones, I</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Mar 2012 08:34:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Cuesta salir de la burbuja o cascarón cuando uno está convencido de la inviolabilidad de sus cerrojos. No son tan firmes, empero. Mas al guardián le place pensar que se mantiene firme en su puesto, aunque los galos hayan invadido el Capitolio por otra puerta. No me hagáis caso. Mientras tanto, ando completamente desconectado de la actualidad literaria (no la echo de menos), algo desencantado (más) con el fútbol (no quiero regalos para ellos, tampoco para nosotros), se me acaba </em>The Walking Dead<em> y hago algunos progresos, lentos, pero habituales.</em> <em>Cada vez estoy más cerca.</em></p>
<p><em>Vamos a definir (cuestión de tiempo).</em></p>
<p>1. <em>Las guardianas del tabú</em>, Javier Lorenzo, Planeta (2007)</p>
<p>Novela pseudohistórica, bien editada, bien impresa y bien encuadernada. Intenta narrar la última rebelión de los cántabros antes de que, como pueblo, se sumieran en las sombras de la historia. Honor (vergüenza), valor (temeridad) y audacia (estupidez) guían a sus personajes principales contra las águilas de Roma en dos escenarios principales, Cantabria, escenario bélico, y Córcega, donde el autor intenta imaginar una conversación entre Agripa (general romano encargado del genocidio cántabro) y Estrabón (geógrafo griego, autor del casi único retrato etnográfico contemporáneo de los cántabros); ambos personajes están, pese a su historicidad, igual de mal construidos que los imaginarios. Continuacióa histórica de <em>El último soldurio</em>, no tuvo, ni remotamente, la misma aceptación ni el mismo éxito. Debo añadir que la presencia de algunas notas a pie de página insisten en romper el sueño de la ficción, pero el relato mismo también lo consigue.</p>
<p>2. <em>La gran Armada</em>, Geoffrey Parker, Planeta (2011)</p>
<p>Monografía de historia militar sobre la famosa Armada Invencible, menos extenso que voluminoso (gracias, Planeta, por acordarte de los cortos de vista, pero malhaya, Planeta, por olvidar sus bolsillos), que se presenta como estudio definitivo del acontecimiento. Su tesis es la siguiente: todos los españoles, menos Felipe II, sabían que se dirigían a la derrota. En cambio, los ingleses no estaban muy seguros, pero acaban percatándose de ello. Luego, se crea o no en divinidades parciales e interesadas como árbitros, la desgracia se cebó con los supervivientes del combate arrojándolos al fondo marino o a las rocas y arrecifes británicos, bien a las cárceles inglesas, bien a la rapacidad de los salvajes irlandeses. Por una vez a Geoffrey Parker se le escapan algunos momentos de alborozo patriótico, pero permitámosle esos ocasionales asomos de humanidad a tan grande historiador. Lo mejor, el periplo de quienes, a pesar de todo, lograron volver, tras muchas e interesantes peripecias.</p>
<p>3. <em>Baroni, un viaje, </em>Sergio Chejfec, Candaya (2010)</p>
<p>Novela de autoficción o de docuficción, más bien participa de ambas etiquetas, pues el narrador “coincide” con el autor y el objeto del relato, la escultora venezolana Rafaela Baroni, es un ser de existencia real, física. La editorial, inspirada en el eslogan de una conocida marca de cervezas, sostiene que esta es, probablemente, la mejor novela de Sergio Chejfec; <em>Baroni, un viaje</em>, es básicamente lo mismo que <em>Mis dos mundos:</em> mismo estilo, misma técnica, mismo narrador, misma estructura. Un crítico convencional habría concluido, probablemente, que <em>Baroni </em>es, de nuevo (aunque sea anterior), una maravilla<sup>*</sup>. En cuanto a la escritura, Chejfec es un portento. La riqueza de su prosa, su amplitud sintáctica, la perspicacia de sus ideas y la persistencia de sus obsesiones; todo eso se mantiene. Sin embargo, encuentro <em>Baroni</em> falto de vida. Quizá es que la atmósfera del romántico parque brasilero resultaba más cautivadora que los descampados andinos del estado de Trujillo. Quizá es una falta de equilibrio, pesando más ahora el estatismo y la descripción externa que la interna: Chejfec es más un descriptor que un narrador. Describe objetos, paisajes, pero también estados mentales y aún acciones, anécdotas. Uno se pregunta, ¿por qué tengo que seguir leyendo esto? ¿A qué viene? Pero no viene por nada, sólo está ahí.</p>
<p>* Para este definidor, la crítica responde también, necesariamente (como la lectura, en general), a estados de ánimo, a momentos interiores.</p>
<p>4. Introducción a <em>El agente secreto </em>de Joseph Conrad, por Dámaso López García, Cátedra (1995)</p>
<p>Ineficaz y extraviada introducción que, sólo de costado y a disgusto explica lo que debe explicarse: por qué <em>El agente secreto</em> de Conrad sigue editándose, leyéndose y siendo objeto de estudio y fascinación. En escasas ocasiones se habrá errado más a la hora de encargar una edición, pues es evidente que al profesor López esta novela, y aún el mismo Conrad, le desagradan. Tanto rechazo parte de una supuesta falta de sutileza por parte del anglopolaco, que presentó al anarquismo como una trágica estupidez, como si la novela tuviera que ser necesariamente un estudio de filosofía política. Y en tan desafortunado empeño no podía faltar el teletubbie morado: al profesor López le parece una “insinuación suficientemente clara” de incesto el que Winnie se llevase al niño Stevie a su cama cuando éste estaba aterrorizado, cuando si Conrad insiste en algo es en la relación de índole maternofilial entre ambos.</p>
<p>5. <em>La isla del día de antes</em>, Umberto Eco, Círculo de lectores (1997)</p>
<p>Exhibicón lingüística y filosófica y erudita, que sin embargo pierde vigor por una acusada irregularidad en el ritmo narrativo. Un narrador escasamente fiable – asegura haber encontrado los papeles de Roberto, aunque no puede justificar su origen ni autenticidad ni cómo llegaron a sus manos; cuando le conviene, reconstruye o inventa un texto tan inseguro y arcano como el supuesto original: “No consigo explicar, y un poco me lo invento&#8230;” (p. 286) – reconstruye el mundo intelectual barroco, desde el lenguaje a la filosofía, sin obviar el tema fundamental del momento: la consistencia de la realidad, que aparece tanto en la reflexión metaliteraria, abundantísima, como en el tema reiterado del doble. Siento tanta angustia como envidia por la traductora, pues ha debido pasarlo en grande con esta novela, aunque haya sido un proceso durísimo. La lectura es algo menos difícil, lo que no significa que sea fácil, ni mucho menos, pero sí es en cambio gratificante y estimulante.
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		<title>Picnic en Hanging Rock, de Joan Lindsay</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 07:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>
		<category><![CDATA[Joan Lindsay]]></category>
		<category><![CDATA[literatura australiana]]></category>
		<category><![CDATA[misterio]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de nada, ¡feliz 2012 y que los augurios escatológicos no se cumplan aún! Hacía años que no escribía un cuento. Ahora no quiero leerlo, porque si lo hago seguro que encontraré errores, defectos y necedades sin cuento y quiero conservar la sensación de escritura satisfactoria que rara vez me acompaña. En general, la acogida [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Antes de nada, ¡feliz 2012 y que los augurios escatológicos no se cumplan aún!</em></p>
<p><em>Hacía años que no escribía un cuento. Ahora no quiero leerlo, porque si lo hago seguro que encontraré errores, defectos y necedades sin cuento y quiero conservar la sensación de escritura satisfactoria que rara vez me acompaña. En general, la acogida ha sido fría. He recibido comentarios parcos, “me ha gustado”, “no me ha gustado”, pero al menos una persona se ha conmovido con su lectura. Negativamente, pero algo ha removido mi ángel en su interior. Juzgo que eso es bueno. </em></p>
<p><em>Años, años y años sin hacerlo y ahora he escrito dos.  Aunque no tengo mucha experiencia al respecto: la redacción de relatos depende de momentos de intuición fugaz, de estados de ánimo; la expresión “obra de largo aliento” referida a la novela es muy atinada y la “inspiración” no parece tener mucho que ver. Cada día se aprende algo nuevo, normalmente cosas que todos los demás ya saben; no hay que quedarse demasiado atrás. </em></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i41.tinypic.com/29e6fro.jpg" alt="" width="461" height="241" /></p>
<p>Escribo estas líneas porque algo había que escribir. Hace tiempo que leí esta novela, al poco de recuperarla Impedimenta. Con lo flaca que es mi memoria creo que habré de inventar demasiado, pero peor será para el dinosaurio un sueño demasiado largo. No había visto la película y sólo la vi después. Es un clásico, dicen. Una obra de culto, etiqueta dúctil que sirve tanto para obras maestras como para fracasos entrañables. La novela es mejor. Hablo de <em>Picnic en Hanging Rock</em>.</p>
<p>Sólo con que la novela nos ahorre esa setentera flauta de Pan de la adaptación de Peter Weir (director que por otra parte me encanta, y <em>Master &amp; Commander </em>es una de mis preferidas; de <em>El club de los poetas muertos</em> él no tiene toda la culpa) ya sería preferible, los restantes méritos de la película, que los hay, son insuficientes frente a ese pitido agudo. La obra de Lindsay, en cambio, carece de defectos, o no los recuerdo, es magnífica en cuanto a intensidad, originalidad y sobriedad.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i42.tinypic.com/21cwpe0.jpg" alt="" width="150" height="227" />Otros han descrito y reseñado bien la novela, hace “mucho” que se publicó (el mercado editorial computa el tiempo de manera propia, la novedad dura un par de meses, la vejez llega de poco después). Todos coinciden en lo buena que es y la llaman clásica y obra de culto y aluden a la película que también es ambas cosas y seguro que no mienten ni exageran, es conveniente leerla y disfrutarla. Hala, está dicho. Sin embargo, aún faltan cosas que decir en cuanto a su recepción.</p>
<p>Es exagerado considerarla un clásico porque no es tan conocida ni tan permanente y se recuerda más la película que la novela, no siendo excesivo decir que la consecuencia sostiene a la causa y no al revés. Es más bien lo que se llama un <em>long seller</em>, una categoría inferior a la del clásico. Si debo proponer un motivo, y es así porque de otro modo ni habría comenzado, es que Joan Lindsay fue autora de una única obra relevante. En la cubierta, su nombre está impreso en una tipografía mucho menor que la de el título. Y, a la hora de convertirse en clásico, es tan importante o más el autor que la obra. La historia de la literatura no es justa, pero nadie va a escuchar nuestras quejas.</p>
<p>Su condición de <em>long seller</em>, justamente lograda, descansa sobre un sustrato erróneo. Se alude (correctamente) a la ambigüedad del relato, a su relativa oscuridad, al misterio de la trama desarrollada realistamente pero en medio de una atmósfera fantasmagórica, heredera de la novela gótica. Generaciones de lectores han fantaseado con la idea de que ha de estar basada, necesariamente, en hechos reales. Eso es gran mérito de la autora, sin duda alguna, y un demérito enorme por parte de esas generaciones de lectores inmaduros incapaces de separar realidad de ficción. Toda la investigación en torno a la desaparición de las niñas, y de la profesora (esa iluminación fabulosa, genial), en la novela es registrada por periodistas y autoridades, por lo que no sería difícil encontrar los recortes e informes correspondientes. No es así, así que no cabe la menor duda de que todo es inventado, pero muchos lectores siguen albergando dudas. ¡Qué grande Joan Lindsay! ¿Cómo es que fue autora de una única novela reseñable, más que eso, espléndida? Ese es el gran misterio, y no el destino de las muchachas del Appleyard.</p>
<p><a href="http://www.lahijadelacomodador.com/2011/02/picnic-en-hanging-rock-la-inquietante.html" target="_blank">Palabra de María José Sánchez Mayo (La hija del acomodador)</a></p>
<p>“Joan Lindsay es la mejor guía posible para un relato de misterio propio de oscuras mansiones y bosques ingleses, de una historia de un autor decimonónico, y, sin embargo, llevado a la luz cegadora de las antípodas y concebido en 1967.”</p>
<p><a href="http://www.librosyliteratura.es/picnic-en-hanging-rock.html" target="_blank">Palabra de Javier BR (Libros y Literaturas)</a></p>
<p>“¿Dónde reside la fascinación que produce esta historia? Está en lo que no se cuenta, en lo que Joan Lindsay sugiere y el lector imagina. Gracias a un magistral dominio del ritmo de la narración, el lector cae atrapado desde la primera página y ya no puede zafarse hasta el final.  Lo más sorprendente es que la autora no recurre a ninguno de los recursos habituales para crear suspense; a ella le basta con salpicar una narración perfecta con unos pocos detalles aparentemente intrascendentes, apenas perceptibles, que siembran la inquietud en el lector y abren las puertas de su imaginación.”</p>
<p><a href="http://mundoparanormal.com/docs/enigmas/hanging_rock.html" target="_blank">¡Misterio, misterio!</a></p>
<p>“Se ha sugerido que las chicas fueron misteriosamente atrapadas por un vehículo espacial. Ciertamente, la roca es lo suficientemente peculiar como para servir de faro intergaláctico, como la Torre del Diablo que aparece en la película Encuentros en la tercera fase (1977). La presencia de un OVNI podría explicar el hecho de que los relojes se parasen. Cuando Edith contaba que había visto a miss McCraw, dijo que había percibido una misteriosa nube rosa hacia aquella hora; ¿es esto una prueba de que pudiese haber extraños objetos volantes en el espacio?”</p>
<p><a href="http://impedimenta.es/libros.php/picnic-en-hanging-rock" target="_blank">Ficha en la editorial Impedimenta</a></p>
<p>“Lo que empieza siendo una inocente comida campestre se torna en tragedia cuando tres niñas y una profesora desaparecen misteriosamente entre los recovecos de Hanging Rock, un imponente conjunto de rocas rodeado de la salvaje y asfixiante vegetación australiana. La única chica que logra regresar, presa de la histeria, no recuerda nada de lo sucedido. Considerada una de las más desazonantes novelas de culto de la literatura anglosajona, Picnic en Hanging Rock dio lugar a una aclamadísima película de Peter Weir, que contribuyó a incrementar el éxito de una obra ya mítica. Jamás se reveló si los hechos narrados fueron reales o no, y ese ambiguo e intrigante juego alentó la aparición de una legión de seguidores que afirmaban conocer lo ocurrido aquel aciago día de San Valentín en el sobrecogedor paisaje de Hanging Rock.”
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		<title>¡Feliz Navidad!</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 13:35:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Pasitos de diplodocus]]></category>
		<category><![CDATA[Bob Clark]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Truman Capote]]></category>

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		<description><![CDATA[A pesar de todo, adoro estas fechas. Creo que puedo hacerlo porque conservo intacto mi niño interior y, si bien sa las hago pasar canutas durante casi todo el año, en navidades deshago sus cadenas y le dejo campar a sus anchas. Me lo paso como un enano decorando el árbol y, hasta hace poco, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A pesar de todo, adoro estas fechas. Creo que puedo hacerlo porque conservo intacto mi niño interior y, si bien sa las hago pasar canutas durante casi todo el año, en navidades deshago sus cadenas y le dejo campar a sus anchas. Me lo paso como un enano decorando el árbol y, hasta hace poco, componiendo la maqueta temporal de la aldea de Belén, año cero de nuestra era.  Problemas de espacio me han privado de ese placer.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i39.tinypic.com/33f9dvo.jpg" alt="" width="460" height="261" /></p>
<p>La Navidad es algo folclórico que sólo con mucho esfuerzo puede impregnarse de sentido religioso. Hay que estar dotado de una inmensa capacidad de abstracción para conseguirlo, me parece. La Navidad es para los niños, para su goce ingenuo y despreocupado, y los adultos debemos consagrarnos a su felicidad o, si como yo aún podemos, replegarnos a los siete u ocho años y gozar nosotros mismos. Porque luego de esa edad hacemos el Descubrimiento y la infancia comienza a disolverse. Los adultos tenemos el deber de afrontar la realidad de manera crítica, al menos durante cincuenta semanas al año.</p>
<p>Como adulto, hay un par de obras de ficción poco ficcionales que me gusta revisitar cada Navidad. No me refiero a las ineludibles <em>Canción de Navidad</em> y <em>¡Qué bello es vivir!</em>, que también (aunque es curioso anotar que si ésta última es obligada se debe a un error legal que la dejó, durante años, libre de derechos), y ahora disfruto con mi hija de Jorge el Curioso y de la infinidad de especiales de Disney. Me refiero a un relato autobiográfico de Truman Capote, <em>Una navidad</em> y a la película <em>A Christmas Story</em> (<em>Historias de Navidad</em>) dirigida por Bob Clark.</p>
<p>Capote era más personaje que autor y, quizá por ello, ese recuerdo navideño de su propia infancia es una de sus mejores piezas. Lo tengo en una edición de Círculo de Lectores, ilustrada por Hans Hillmann, que sisé a mi madre hace años y que no pienso devolver jamás. Dice Matthias Wegner que es &#8220;una de las historias de navidad más conmovedoras de la literatura moderna&#8221; y he de estar plenamente de acuerdo con él. El relato navideño abunda en mediocridades e imposturas (y, como verán al final del presente texto, yo también voy a contribuir a ensuciar su buen nombre), pero el relato de Capote es sincero, veraz y melancólico. Capote niño solitario, abandonado, nos cuenta cómo Sook, su niñera, salvó su Navidad y su corazón infantil. Está tan bien contado que el personaje de la niñera negra cobra una intensidad emocional tal que lo reconstruye y aísla del tópico.</p>
<p>También es memorística la película de Clark, un director que aquí deja los mejores momentos de su filmografía. La vi de niño, cuando comenzaban las televisiones privadas, enfermos mi hermano y yo, en un pequeño televisor sin colores en nuestra habitación. Desde entonces, no he podido volver a cazarla, sino que me he tenido que conformar con la versión original, pues en Estados Unidos sí goza de cierta fama. Narra la entrañable infancia, durante los años cuarenta, de un niño que desea por Navidad la carabina de aire comprimido que promociona su personaje favorito, un cowboy de la radio. Son, sencillamente, las aventurillas de un niño corriente con una familia algo estrafalaria. A pesar del tiempo transcurrido, no eran hechos tan distintos a los que un niño español pudo vivir en los primeros ochenta, antes de que el siglo XX penetrara completamente en nuestro país.</p>
<p>Si tienen la ocasión de acceder a estas obras maestras navideñas, no lo duden. No hay empalago y sí emoción, no hay milagros ni gordos barbudos y sí ojos de niño abiertos al mundo, desde el suyo propio.</p>
<p>El Dinosaurio que estaba allí les desea felices fiestas. Quiero celebrarlo con un regalo para mis lectores, un cuento navideño, escrito por mi yo adulto, es decir, trágico. En cuanto obsequio se parece a lo que nos atiza el amigo invisible, algo que no queremos ni necesitamos y que seguramente nos hará perder el tiempo. Y aun siendo yo invisible no soy intangible y puedo recibir sus reproches y, en su caso, sus bofetadas. Pido disculpas por adelantado por sus seguros errores, defectos y estupideces.</p>
<p><em><a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/Cuento-de-navidad-tragedia.pdf">DESCARGA Cuento de navidad (tragedia)</a><br />
</em>(En formato PDF de 6&#8243;, cómodamente legible en sus dispositivos electrónicos.)
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		<title>Némesis, de Philip Roth</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2011/12/15/nemesis-de-philip-roth/</link>
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		<pubDate>Thu, 15 Dec 2011 07:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[culpa]]></category>
		<category><![CDATA[enfermedad]]></category>
		<category><![CDATA[Mondadori]]></category>
		<category><![CDATA[Philip Roth]]></category>

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		<description><![CDATA[Parece que me ha mirado un tuerto, nada me sale bien. Siempre estoy cansado. He recuperado unas grasas que sólo debí perder. Mi ordenador, después de un rato de uso, huele a chamusquina. Tampoco ganamos al Barça. Ana Botella será mi alcaldesa. No entiendo la poesía latina, ni qué tiene de bueno (excepto Las metamorfosis, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Parece que me ha mirado un tuerto, nada me sale bien. Siempre estoy cansado. He recuperado unas grasas que sólo debí perder. Mi ordenador, después de un rato de uso, huele a chamusquina. Tampoco ganamos al Barça. Ana Botella será mi alcaldesa. No entiendo la poesía latina, ni qué tiene de bueno (excepto </em>Las metamorfosis<em>, Catulo y poco más). He olvidado aquello.  Sigo sin controlar eso.  No llamo a mis amigos. La mente está embotada, ella sabrá. Por favor, que me mire un águila, un lince me vale también.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em><a href="http://www.bridgeandtunnelclub.com/bigmap/outoftown/newjersey/essexcounty/newark/philiprothhouse/index.htm"><img class="aligncenter" src="http://i44.tinypic.com/1zdrz9e.jpg" alt="" width="448" height="280" /></a></em></p>
<p>La impresión general ante la obra reciente de Philip Roth es la de un autor en decadencia. Un autor en sus años provectos que, aun con mucho que decir todavía (la experiencia del envejecimiento, de la disolución, de la proximidad de la muerte) ve agotada su capacidad creativa y no alcanza a plasmar ese material reflexivo y emocional de manera literariamente imponente, como antaño. Un autor que, a pesar de ello y puesto en la balanza junto con sus contemporáneos suele salir airoso, tan corto se escribe ahora o tan bien lo hace, a pesar de todo, el anciano, o ambas; mas, si debe pesarse con su yo pasado, sale indefectiblemente derrotado, ampliamente derrotado. <em>La contravida, La mancha humana, Pastoral americana, El animal moribundo, El mal de Portnoy, Operación Shylock o El teatro de Sabbath</em> no han tenido competencia desde que en 2004 publicara <em>La conjura contra América </em>(que tampoco es su mejor obra, aunque es bien sólida). Hasta <em>Némesis </em>(que, debe decirse, tampoco es su obra maestra).</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i43.tinypic.com/15qvtpt.jpg" alt="" width="150" height="255" />En <em>Némesis </em>volvemos a “su” Newark natal (pero es una Newark literaria, recuérdese, y es bien triste tener que recordarlo) durante un caluroso verano de los años cuarenta, cerca del final de la II Guerra Mundial, en el que se declara una epidemia sin precedentes de poliomielitis. La polio, como la tos ferina, fueron enfermedades terribles, como puede constatar cualquiera preguntando a sus abuelos. A la mía le causaban verdadero pavor, pese a estar ya erradicadas en el primer mundo. Y a los habitantes de Newark les provocaba semejante reacción. Conforme los niños van enfermando y van siendo conectados a “pulmones de acero” y finalmente muriendo, la población entera va sumiéndose en la desesperación y la locura. Pues, por añadidura, la ignorancia respecto de este mal era casi absoluta: no sabían curarla, pero tampoco cómo se transmitía y por tanto cómo podían evitar el contagio. Se culpaba al aire maloliente que el viento traía de las granjas de cerdos de una población cercana, o a los gargajos de los enfermos (la atmósfera antisemita de la época se plasma en la visita de una pandilla de italianos al barrio judío, con la ingenua intención de transmitirles la polio, que entonces en el barrio italiano, más pobre, causaba estragos, y entre los judíos todavía no), o se culpaba a los perritos calientes del bar, o al exceso de ejercicio físico, o al apretón de manos que exigía quien en España habría sido “el tonto del pueblo”.</p>
<p>Roth, como es habitual en su mejor producción economiza medios, se sirve de los recursos más tradicionales y, aparentemente, escribe una novela sencilla (aunque no deja de atisbarse la tramoya), y lo es en la superficie. Aquí el narrador es uno de esos niños enfermos, que al cabo de los años se encuentra con quien fuera su monitor de verano en la escuela, un héroe para aquellos niños. Éste le narra a él, y él a nosotros, cómo lidió con la enfermedad y finalmente la contrajo. Indudablemente, el narrador ya adulto (no es ninguno de los célebres de Roth) pone bastante material literario, no cabe imaginar que Bucky, como efectivamente apodaban a este héroe atlético pero corto de vista, narrara los hechos de la manera en que los leemos. Aquí la interposición de este narrador aleja el punto de vista y permite un relativo enjuiciamiento de los hechos y de las acciones y decisiones (¡ay, las decisiones!) del protagonista, al precio de restar inmediatez al relato. En la obra reciente de Philip Roth no hemos de esperar una estética de vanguardia, ni un empleo audaz de recursos novedosos (aunque en el pasado sí lo hizo mejora cuanto más sobrio), sino la residencia permanente en un universo propio (con Newark y Nueva York como capitales), la reelaboración, según la experiencia de la edad, de unos temas fijos (la necesidad del sexo, la enfermedad y muerte, los males de una sociedad en exceso vigilante y represiva, la impotencia y exposición del ser humano) y un oficio literario fuera de toda duda (<a href="http://www.nytimes.com/2006/05/21/books/review/scott-essay.html?ex=1149134400&amp;en=2b8a4ddd55fa9cae&amp;ei=5070" target="_blank">de las veintidós mejores novelas estadounidenses entre 1980 y 2005 nada menos que seis son suyas</a>).</p>
<p>En <em>Elegía </em>escribió que “la vejez no es una batalla, es una masacre”, y en <em>Némesis </em>encontramos una ampliación del aforismo. Aquí son masacrados los niños y los jóvenes como Bucky, que no fue aceptado por el ejército pero es un portento físico y un hombre querido y admirado por la comunidad por su valentía, su nobleza y su determinación. Sin embargo, frente a la enfermedad todo se desmorona, también el héroe, que huye de la ciudad a un campamento en el que trabaja su novia, un edén de paz, salud y vida natural, tan lejos de los pulmones de acero que mantienen vivos a los niños de Newark. Acostumbrado a sobreponerse a cualquier revés, Bucky sucumbe ante la imparable potencia de la enfermedad, y lo hace, a partir de ese momento, ante la culpa tanto como ante la polio. He aquí la raíz más profunda de la literatura de Roth, la indefensión del ser humano frente a los hechos, ya sea una enfermedad sin cura o la vejez o una sociedad que decide arrinconar a uno de sus miembros. El individuo puede indignarse, sentirse humillado, enloquecer; puede luchar, enfrentarse, combatir; pero, finalmente, será destruido. También puede rendirse, recluírse, arrinconarse por propia decisión. El optimismo de <em>La conjura contra América</em> ha desaparecido.</p>
<p>Aun con una dosis tal de pesimismo, <em>Némesis</em> supone la recuperación de Philip Roth, que vuelve a dar con un relato capaz de sostener su reflexión y un personaje capaz de fijarla, encarnarla, vivirla y sufrirla de modo memorable. Bucky no es Kepesh ni Zuckerman ni Portnoy, pero casi los alcanza en su condición de héroe trágico, abatido y aniquilado por un rival al que no podía vencer.</p>
<p><a href="http://ellamentodeportnoy.blogspot.com/2011/09/nemesis-de-philip-roth.html" target="_blank">Palabra de Javier Avilés (El lamento de Portnoy)</a></p>
<p>&#8220;No sé si he sacado alguna experiencia positiva de la lectura de Némesis. Pero sigo a Zenón y contemplo la gran obra de Roth.&#8221;</p>
<p>(Es claro que disentimos en cuanto a la valoración de esta novela, pero el experto en Roth es él, no yo: háganle más caso, siempre.)</p>
<p><a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28845/Nemesis" target="_blank">Palabra de Rafael Narbona (El Cultural)</a></p>
<p>&#8220;Nos encontramos con el mejor Philip Roth, narrador ágil e intuitivo, capaz de crear personajes y ensartarlos en una trama donde no hay elementos innecesarios ni digresiones que afecten a la unidad del relato.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/Philip_Roth/culpa/destino/elpepuculbab/20110312elpbabpor_13/Tes" target="_blank">Palabra de José María Guelbenzu (Babelia)</a></p>
<p>&#8220;El narrador se descubre a media novela y será decisivo -muestra de la gran sabiduría narrativa de Roth a estas alturas de su vida de escritor- para poder elevar el relato a su mayor altura y poder exponerlo en toda su dimensión trágica.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.ellectorperdido.com/2011/05/04/nemesis-philip-roth/" target="_blank">Palabra de Silvia Bardelás (El lector perdido)</a></p>
<p>&#8220;Se ve al autor construyendo, manejando el suspense, buscando soluciones, colocando una imagen que arregla un exceso de discurso, utilizando el diálogo para informar. Es difícil entender que Roth haya sido encumbrado como autor universal.&#8221;</p>
<p>(Sin desperdicio. Hay que enviársela al Roth, contiene valiosos consejos que le permitirán adecentar su obra y acercarse, al fin, al Nobel.)</p>
<p><a href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2011/04/nemesis-philip-roth.html" target="_blank">Palabra de Juan Marqués (La tormenta en un vaso)</a></p>
<p>&#8220;Su grandeza está en el modo en el que aborda un tema que a otro novelista <span style="text-decoration: underline;">aparentemente</span> más ambicioso le habría llevado a una novela mucho más gruesa, poliédrica y generalista.&#8221;</p>
<p>(El subrayado es mío.)</p>
<p><a href="http://www.elimparcial.es/libros/philip-roth-nemesis-91672.html" target="_blank">Palabra de José Lasaga (El imparcial)</a></p>
<p>&#8220;Me atrevería a sugerir que hay un hilo conductor que unifica sus cuatro últimas novelas. Es como si después de haber examinado el valor y sentido de las vidas humanas en su existencia histórica, por ejemplo, en la <em>Trilogía americana</em>, hubiera dado un paso más para adentrarse hacia la desnudez de esas mismas vidas haciendo que sus personajes se enfrenten con las fuerzas últimas que las gobiernan desde su nacimiento: por supuesto, el envejecimiento y la muerte en <em>Elegía</em> (2006) (…); el azar que golpea a ciegas y destruye una vida, no importa lo inmerecido que resulte (<em>Indignación</em>, 2008); la vejez como causa de disolución de la confianza en sí [en uno] mismo (…) (<em>La humillación</em>, 2009) y finalmente esta <em>Némesis</em> (2010), crónica de una “venganza” (…).&#8221;</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/mejor/Philip/Roth/vuelta/elpepicul/20101102elpepicul_1/Tes" target="_blank">Palabra de Eduardo Lago (El País)</a></p>
<p>&#8220;Llegó octubre de 2010, volvió a sonar su nombre, como cada otoño, entre los candidatos al Nobel. Una vez más, no se le concedió. Lo que sí llegó con la puntualidad de siempre fue una nueva novela, <em>Nemesis</em>, y con ella la sorpresa. A Roth le queda mucho por decir.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/GM23332/nemesis" target="_blank">Ficha de la novela en la editorial Mondadori</a></p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/golpes/martillo/elpepuculbab/20110423elpbabpor_3/Tes" target="_blank">Entrevista con Philip Roth (El País)</a>
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		<title>Real Coyote</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Dec 2011 20:41:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[dibujos animados]]></category>
		<category><![CDATA[fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando era niño, aunque no nos permitían pasar mucho tiempo ante el televisor, sí que había algunos programas de dibujos animados familiarmente aceptados. Todo lo que fuera Disney, o Looney Tunes (para nosotros, siempre, el Conejo de la Suerte, aunque no apareciera en el episodio), o Tom y Jerry. Ello dejaba fuera de la legalidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando era niño, aunque no nos permitían pasar mucho tiempo ante el televisor, sí que había algunos programas de dibujos animados familiarmente aceptados. Todo lo que fuera Disney, o Looney Tunes (para nosotros, siempre, el Conejo de la Suerte, aunque no apareciera en el episodio), o Tom y Jerry. Ello dejaba fuera de la legalidad cualquier japonismo que no fueran Heidi o Marco o La abeja maya, es decir, Mazinger Z o Comando G, de los que otros niños nos hablaban en el colegio, pero que yo no pude ver jamás. De entre aquellos no sujetos a censura, había algunos que me irritaban. Del mismo modo que era intolerable que los indios consiguieran abatir al vaquero, parecía inadmisible que el Correcaminos derrotara incansablemente al Coyote, o que Jerry hiciera lo propio con el gato Tom. Y era así no por esquivar el esquema corriente, el flujo natural de las cosas, sino porque aquello olía mal. Había trampa en aquella invencibilidad de los supuestos débiles. Una mano negra.</p>
<p>Tanto el felino como el cánido, tradicionales opositores, coincidían en ver frustradas sus biológicas ansias de carnicería (si bien en ocasiones Tom demostraba tener mejor corazón que el infame roedor), y no porque sus rivales poseyeran recursos, poderes o talentos superiores. Sencillamente, les aguardaba la derrota hicieran lo que hicieran. Si, por ejemplo, Jerry para huir del gato se enroscaba en el casquillo de una lámpara, nada le ocurría, pero al ponerle Tom la zarpa encima, recibía este una terrible descarga eléctrica. Y el roedor indemne. Si, como solía, Coyote erigía un recio muro interrumpiendo la carretera y sobre él dibujaba una estampa del paisaje que acababa de bloquear, al llegar el ave a toda velocidad recorría el camino ficticio como si, para él, no hubiera distinción entre fantasía y realidad, entre simulacro y verdad. Por supuesto, si el Coyote intentaba hacer lo mismo se estampaba en la sólida, auténtica pared de ladrillos.</p>
<p>Lo más frustrante de todo esto era que (especialmente Wile E. Coyote) los perdedores demostraban tenacidad, ingenio e inteligencia, todos ellos valores y habilidades admirables, deseables, que los adultos deseaban inculcar a los niños pero que, incomprensiblemente, se nos mostraban como inútiles, como propias del fracasado y no del triunfante. Triunfante porque sí, pues el Correcaminos nada hacía para salirse con la suya. Su superioridad, además de inmerecida, era insultante, era injusta y se debía más a una intercesión cuasidivina que a la velocidad o la astucia del campeón. Aunque el plan y los cachivaches Acme fueran perfectos, los niños sabíamos de antemano el resultado final del empeño.</p>
<p>Hoy, como seguidor del Real Madrid, sufro de similar impotencia. Comenzamos a advertir los madridistas, como aquellos niños de entonces, que sin importar el esfuerzo, la planificación, el arte desplegado, saldremos derrotados en los enfrentamientos frente al Barça. Que, aun cuando se logre neutralizar su juego fabuloso de toque, movimiento y penetración, saldremos derrotados. Que, aun cuando nos adelantemos en el marcador en el primer minuto, saldremos derrotados. Que, aun cuando suframos un comportamiento antideportivo, con fingimientos, engaños y vilezas, saldremos derrotados (y además, incomprensiblemente, señalados como villanos). Que, aun cuando nuestro juego ciertamente más tosco y feo acogote y domine, saldremos derrotados. Porque hay una ley no escrita que dicta el resultado de estos partidos, y sean Xavi o Messi o Iniesta inspirados, sean Pepe o Sergio Ramos o Cristiano despistados, sean los rebotes siempre favorecedores al rival o los árbitos casi siempre parciales y sañudos (presas, igual que tantos aficionados desde que Florentino tomara las riendas del club, y más aún con la llegada arrolladora de Mourinho, de un antimadridismo cerril), sea lo que sea, al final, el Coyote se verá cayendo al abismo, preguntándose qué ha hecho él para merecer el topetazo y qué demonios puede hacer para, en la siguiente ocasión, salir imposiblemente triunfante.</p>
<p><em>Dedicado a mis amigos culés, siervos del mal y devotos de inmundas ratas y sucios pajarracos pero afortunados de poder sentir como propio un fútbol tan maravilloso.</em>
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		<title>Escritores, ¿curritos o vividores?</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Dec 2011 07:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Ariel]]></category>
		<category><![CDATA[biografía]]></category>
		<category><![CDATA[Círculo de lectores]]></category>
		<category><![CDATA[Daria Galateria]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Francesco Piccolo]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>

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		<description><![CDATA[Una vez al año, hago cola. Y no sé muy bien por qué. Dos horas en pie, en el frío de la mañana, por algo en lo que no creo obtener beneficio. El año próximo, otra vez. No me ha gustado nada. El libro de Daria Galateria, Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Una vez al año, hago cola. Y no sé muy bien por qué. Dos horas en pie, en el frío de la mañana, por algo en lo que no creo obtener beneficio. El año próximo, otra vez. </em></p>
<p style="text-align: center;"><em><a href="http://karenmrider.blogspot.com/"><img class="aligncenter" src="http://i41.tinypic.com/2s76xvs.jpg" alt="" width="460" height="335" /></a></em></p>
<p>No me ha gustado nada. El libro de Daria Galateria, <a href="http://impedimenta.es/libros.php/trabajos-forzados" target="_blank"><em>Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores</em></a>, no me ha gustado nada (exagero y miento: sí me ha gustado, pero me ha dado rabia). No le falta interés, ciertamente, pero hay en él reproches velados que están fuera de lugar. Como lector, me importa poco si el escritor sufrió o gozó mientras escribía, si su infancia estuvo salpicada de violencia o de cariño, si tuvo que quemarse las pestañas estudiando o los éxitos académicos le llovieron suavemente, si los premios se los conceden o se los gana, si fue afortunado en el amor o en el juego, o desgraciado en ambos, y, en fin, si concentró sus esfuerzos en la escritura o bien precisó de un sostén económico ajeno al literario. Nada de eso me importa ni afecta a la valoración que he de hacer de una obra literaria. Sólo me importa la obra en sí y en absoluto una existencia áspera la hace mejor o más meritoria.</p>
<p>La posición de Galateria es la opuesta. El trabajo dignifica, el trabajo manual dignifica más y el escritor merece más respeto si pasó sus días en la oficina o las noches en la fábrica. Por supuesto, las obras de Gorki, de London o de Marsé (por citar a alguien que Galateria olvidó) no serían lo que son sin su experiencia laboral. Tanto influyó, creo, la opresión paterna en el joven Franz Kafka como sus lecturas de Von Kleist o las jornadas interminables en Assicurazioni Generali, en la conformación de su particular universo narrativo. Pero ya me dirán de qué le serviría a Vila-Matas su alistamiento en la industria química o a Álvaro Pombo su fichaje por la panadería de la esquina.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i44.tinypic.com/ajpg6s.jpg" alt="" width="150" height="229" />Indudablemente, se escribe desde la experiencia y diferentes experiencias conducen a diferentes estilos, intenciones y universos. Pero el oficio del escritor es valioso y meritorio en sí mismo. Que el autor, para sostenerse, sableara a sus conocidos, vampirizase a su pareja o dignamente fichara cada mañana en un taller de reparación de automóviles, o que por el contrario pasara hambre canina, son circunstancias que sirven al lector crítico para desentrañar el sentido último de su lectura, pero que por sí mismas no dicen nada del valor del escrito. Es el trabajo con las diferentes herramientas del escritor, las palabras, la sintaxis, las ideas, etc., lo que hemos de valorar y lo que otorgará méritos al esforzado escritor, porque escribir es un duro empeño, una pirueta sin red, una inversión a fondo perdido. Casi se puede decir, contra las tesis de Galateria, que quien busca un empleo al margen de la creación literaria opta por el camino fácil, pues sin reducir el empeño engancha una malla de seguridad bajo el cable tenso de la escritura. Pero también sabemos que no es así. Que son cosas que nada tienen que ver.</p>
<p>Así, negándole a Daria Galateria la mayor, concedámosle la menor: que ha escrito un libro ameno, repleto de curiosidades y anécdotas que no pueden dejar de interesar al lector curioso. Que los autores representados, algunos poco conocidos, se convierten en personajes en estas páginas, personajes carismáticos que estimulan la empatía del lector como ocurre con las reseñas biográficas de Maximo Gorki o Franz Kafka. Y que, si bien la escritura es algo deslavazada y el lector español echará en falta eso, españoles, no dejará de disfrutar esta lectura en la que los célebres, reverenciados, mitificados autores, aparecen con sus monos de trabajo manchados de grasa, el cabello desordenado, bolsas de cansancio bajo los ojos y las uñas llenas de mierda.</p>
<p><strong>Escribir es un tic. Los métodos y las manías de los escritores<em>. </em></strong>Francesco Piccolo, Ariel (2008) / Círculo de lectores (2009).</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i41.tinypic.com/1t3mfr.jpg" alt="" width="150" height="236" />“<span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;">La escritura es una combinación original de devoción sagrada y mentalidad de empleado”. El <a href="http://www.planetadelibros.com/escribir-es-un-tic-libro-15668.html" target="_blank">librito de Piccolo</a> es lo contrario que el anterior, y permítanme recomendárselo, encarecidamente. Frente a los “trabajos forzados” de Galateria, la cotidianidad del autor, sus rutinas de escritura, su método y sus manías. Aquí los escritores trabajan, con denuedo, en la escritura de libros. Creo que, si el libro de Galateria puede satisfacer algunos egos, éste puede acercar al escritor a sus lectores, lo humaniza y lo dignifica. Sí, el escritor se esfuerza día tras día. No, el escritor no se sienta en su escritorio cuando le apetece (cuando “está inspirado”) y escribe algunas páginas sin esfuerzo antes de regresar a su vida ociosa e, incluso, divina. Todo ello al margen de que pueda gozar con su oficio, claro. Eso sí ocurre, afortunadamente.</span></span>
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		<title>Empezamos a podar la selva: La Critipedia</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2011 07:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mirada de troodon]]></category>
		<category><![CDATA[crítica literaria]]></category>
		<category><![CDATA[futuro del libro]]></category>
		<category><![CDATA[internet]]></category>

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		<description><![CDATA[Internet es una selva. Este es un lugar común, mas no por ello una falsedad o una exageración. La información fluye desbocada, y si algo falta en esta maravillosa realidad alternativa es un filtro, una poda, una ordenación de los contenidos. Los buscadores, hoy por hoy, no resuelven el problema suficientemente, pues no alcanzan a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://i44.tinypic.com/1731uf.jpg" alt="" width="465" height="217" /></p>
<p>Internet es una selva. Este es un lugar común, mas no por ello una falsedad o una exageración. La información fluye desbocada, y si algo falta en esta maravillosa realidad alternativa es un filtro, una poda, una ordenación de los contenidos. Los buscadores, hoy por hoy, no resuelven el problema suficientemente, pues no alcanzan a discriminar la calidad e importancia de un contenido y la ordenación de la información muchas veces resulta caprichosa. Aunque también es cierto que han mejorado mucho y que mejorarán aún más.</p>
<p>En el campo de la crítica literaria sufrimos el mismo problema. Un problema secundario al inmenso beneficio que supone el fácil acceso a nuevas herramientas de comunicación libre, abundante e inmediata, pero que a la postre, y por exitoso, ha resultado problemático. Confuso. Confundente. Por ello, iniciativas como la de <a href="http://lacritipedia.wordpress.com/" target="_blank">La Critipedia</a> son motivo de celebración.</p>
<p>A pesar de su nombre es un blog, no una enciclopedia. Es una sección de <a href="http://elcoherente.wordpress.com/" target="_blank">El Coherente</a> (no sé quienes son, por sus hechos los conoceréis), “pasquín literario de ambigüedades” y es, “en esencia, una web de enlaces que busca, ordena y da visibilidad a las críticas, reseñas y comentarios que sobre el mundo de libros se publican en español”. Es decir, dan un paso más allá del buscador y facilitan al interesado el acceso al diferente material crítico que sobre una obra se ha vertido a la red.</p>
<p>Sin embargo, se echa en falta más elaboración, pues si bien “busca, ordena y da visibilidad” a los resultados que caulquier buscador arroja, se detiene ahí. Quizá debiera honrar más su propio nombre y tender a una forma “wikipédica”, en la que no sólo se ofrezcan listas sino también resúmenes, comentarios y valoraciones de los contenidos seleccionados.</p>
<p>Con sus limitaciones, se trata de un paso necesario, un comienzo que, ciertamente (lo he experimentado en carne propia) da visibilidad a nuestros humildes esfuerzos críticos.
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		<title>Paprika, de Tsutsui Yasutaka</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2011/11/28/paprika-de-tsutsui-yasutaka/</link>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 16:30:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[anime y manga]]></category>
		<category><![CDATA[Atalanta]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia-ficción]]></category>
		<category><![CDATA[literatura japonesa]]></category>
		<category><![CDATA[sueños]]></category>
		<category><![CDATA[Yasutaka Tsutsui]]></category>

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		<description><![CDATA[El otoño vivifica. Será el frío, el aroma de leña en los Austrias, o la luz madura y melancólica, calmada su agresividad estival. También se ha de condensar el ansia en días más cortos, más intensos. Enseguida vendrán las prisas, los agobios, la desesperación; por suerte, eso encoge. Ojos de niño se abren despacio. Junto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>El otoño vivifica. Será el frío, el aroma de leña en los Austrias, o la luz madura y melancólica, calmada su agresividad estival. También se ha de condensar el ansia en días más cortos, más intensos. Enseguida vendrán las prisas, los agobios, la desesperación; por suerte, eso encoge. Ojos de niño se abren despacio.</em></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i44.tinypic.com/s1oidy.jpg" alt="" width="460" height="212" /></p>
<p>Junto con Miyazaki Hayao, fue Kon Satoshi el director de animación más célebre que ha dado Japón al mundo (con permiso de otros grandes como Otomo Katsuhiro o Anno Hideaki o Takahata Isao); el mundo ficcional de Kon es mucho más amargo y duro que el de Miyazaki y su público más adulto. A Kon le interesaba ese fondo oscuro de la mente humana, ignoto y muchas veces tenebroso, y si en <a href="http://www.blogdecine.com/cine-animacion/perfect-blue-la-obra-maestra-de-satoshi-kon" target="_blank"><em>Perfect Blue</em> </a>abordaba el asunto de la personalidad doble, en <a href="http://www.zonafandom.com/series/paranoia-agent-un-bate-y-sus-circunstancias-especial-satoshi-kon" target="_blank"><em>Paranoia Agent</em></a> el sentimiento de culpa reprimido. Así pues, <a href="http://www.blogdecine.com/sitges/paprika-la-ultima-joya-de-satoshi-kon" target="_blank">no es raro que fijara su atención en <em>Paprika</em></a>, la esperadísima (al menos por mí) novela de Tsutsui Yasutaka <em>sensei</em>. La adaptación de Kon ha tenido una aceptable difusión en Occidente, la mejor del malogrado director nipón, mas quienes se conformen con visionar la (por otra parte excelente) versión animada, se van a perder una experiencia fantástica, en todos los sentidos del término.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i41.tinypic.com/24l4npz.jpg" alt="" width="150" height="243" />Sin embargo, <em>Paprika</em>, la novela, ha de enfrentarse a varios obstáculos para ser reconocida en su justa medida por el público español. Uno de ellos, arriba mencionado, es la existencia de una versión animada (para 2013 se espera otra adaptación cinematográfica, a cargo del desacreditado  Wolfgang Petersen). Ello implica una sospecha de infantilismo, totalmente infundada, que acompaña habitualmente a la ficción popular japonesa: en occidente, y en España con mayor intensidad, los dibujos animados y los tebeos (y más si son nipones) son cosa de niños, adolescentes y peterpanes y frikis. Sin contar con que potenciales lectores, perezosos, renuncien a la lectura de la obra madre y se conformen con la adaptación. Pero <em>Paprika </em>no tiene nada de superficial. Maneja temas profundos y complejos, tanto como la dimensión psicológica humana, y la escritura de Tsutsui-sensei tampoco es precisamente infantil. Por otro lado, Kon realizó una adaptación libre, y de la novela apenas conserva el título, una síntesis general y la abrumadora belleza de la protagonista. Todo lo demás pertenece al mundo ficcional de Kon.</p>
<p>Tampoco la ciencia ficción ha contado, tradicionalmente (aunque eso está cambiando), con un reconocimiento cultural apropiado. Se la tiene por un género menor y juvenil, pues el grueso de su producción lo es sin la menor duda. No se mide por el contrario por el mismo rasero a la novela romántica, que sufre similar engordamiento por obras mediocres, pero cuando una novela romántica “seria” hace su aparición se la mantiene a salvo de sus parientes tontos y recibe un juicio ajustado a sus méritos (hablando en general, claro). A pesar de todo, la ciencia ficción ha demostrado ser capaz de enfrentar algunos de los conflictos contemporáneos más graves, especialmente los relacionados con la sobretecnologización de las sociedades industriales desarrolladas, pero también otros de índole política o psicológica. Es cierto que no suelen ser novelas de personajes (en las que la acción depende de los procesos internos de ellos, y no al revés) pero eso es una característica, no un defecto. Los personajes no son ajenos al entorno, lo afrontan y sufren y resultan afectados por él.</p>
<p style="text-align: left;"><img class="aligncenter" style="border: 0px none;" src="http://i39.tinypic.com/epky0.jpg" alt="" width="250" height="194" /> <em></em></p>
<p style="text-align: left;"><em>Paprika</em> no es pues una obra sencilla y superficial, sino compleja y profunda, y la índole de esta complejidad será otro de los obstáculos de su camino, pues los temas que trata resultan ajenos al lector profundo convencional: son asuntos científicos y psíquicos, cuando éste se encuentra más habituado a asuntos filosóficos y emocionales, es decir, “de letras”. Pero ya sabemos que la distinción artificial entre “ciencias” y “letras” está muerta. Dejémosla pudrirse. Si bien la raíz de la crítica de <em>Paprika </em>es sociológica, es la complejidad y el (des)conocimiento de la psique humana el motor y principal reclamo de la novela.</p>
<p>No he ofrecido una sinopsis de la obra. Los doctores Chiba Atsuko y Tokita Kosaku del Instituto de Investigación Psiquiátrica de Tokio están a punto de recibir el Premio Nobel por sus investigaciones de los trastornos mentales mediante una nueva tecnología que permite penetrar en los sueños de los pacientes, verlos, grabarlos e, incluso, intervenir en ellos. Sin embargo, el problema científico no es el único al que se enfrentan. Cuando les roban el nuevo y poderosísimo dispositivo conocido como Mini DC salen a la luz los movimientos conspiratorios con los que algunos miembros del Instituto tratan de hacerse con su control, para desde ahí imponer su visión de la ciencia y del mundo. La doble vida de la doctora Chiba, que actúa como detective de los sueños bajo la identidad secreta de Paprika, complica la situación, pues dichas actividades son delictivas y puede ser denunciada en cualquier momento (con lo que debería renunciar tanto al Premio como a sus investigaciones), pero al mismo tiempo su relación con varios personajes poderosos, a los que curó como detective de los sueños, la protegen de cualquier ataque de este tipo y resultarán claves en el enfrentamiento con el villano doctor Inui.</p>
<p>La raíz sociológica a la que me refería es esa confrontación de las dos cosmovisiones opuestas (con sus respectivas concepciones de la ciencia) de Chiba y Inui. Aunque su origen sea filosófico, se manifiesta de varias formas. No sólo las consabidas envidia, codicia, ambición y ansia de poder, que saltan rápidamente del individuo al grupo, primero la pareja (Inui y Osanai), luego el caudillo y sus acólitos, por fin el líder y la masa; también se manifiesta en el duelo sexual entre la doctora Chiba y el doctor Inui, con sus amantes en la trinchera, y no menos claramente en la dimensión onírica, en los sueños. Porque esta es una novela que se desenvuelve a medias en la vigilia, a medias en el sueño y, al fin, en un territorio mixto. He ahí el origen de su encanto, aunque el <em>thriller</em> y el erotismo cumplan su parte admirablemente.</p>
<p>En el mundo de los sueños, que lejos de la realidad compartimentada individualmente que imaginamos resulta ser un cosmos amplio, compartido, Chiba e Inui se comportan de maneras divergentes. Paprika lo recorre con curiosidad y generosidad, y como premio recibe satisfacciones no sólo cognitivas. El doctor Inui, en cambio, persigue en todo momento su satisfacción individual. El sueño, nuestro talón de Aquiles como bien sabía Freddy Krueger (porque ahí aún somos niños de teta), es explotado por Inui y sus seguidores para sus bellaquerías, y a través de él su maldad se desborda revelando la endeblez del  mundo de la vigila, meramente subsidiario del onírico.</p>
<p>Y finalmente, el desenlace godzillesco, muy japonés. Ah, y salen sociedades secretas.</p>
<p><a href="http://www.atalantaweb.com/libro.php?id=68" target="_blank">Ficha en la editorial Atalanta</a>.</p>
<p><a href="http://www.revistaseda.com.ar/articulos/entrevista-a-yasutaka-tsutsui.php" target="_blank">Entrevista con Tsutsui-sensei</a>.
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		<title>Juego de tronos, de George R. R. Martin</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 07:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[George R. R. Martin]]></category>
		<category><![CDATA[Gigamesh]]></category>
		<category><![CDATA[literatura estadounidense]]></category>
		<category><![CDATA[literatura fantástica]]></category>

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		<description><![CDATA[Las horas nocturnas son breves, oscuras y espesas, pero si todo lo que hay es noche, sólo queda apretar los dientes. Hace unos días asistí a una curiosa conversación entre no demasiado jóvenes. Versaba sobre Canción de hielo y fuego, la saga de fantasy de moda, y en ella cada participante se posicionaba a favor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Las horas nocturnas son breves, oscuras y espesas, pero si todo lo que hay es noche, sólo queda apretar los dientes.</em></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i42.tinypic.com/29vhxjl.jpg" alt="" width="460" height="207" /></p>
<p>Hace unos días asistí a una curiosa conversación entre no demasiado jóvenes. Versaba sobre <em>Canción de hielo y fuego</em>, la saga de <em>fantasy</em> de moda, y en ella cada participante se posicionaba a favor de un clan, los Lannister, los Baratheon e, incluso, por los Hijos el Hierro (sorprendentemente, ninguno de ellos optó por los Stark de Invernalia). He leído su primer volumen, <a href="http://www.gigamesh.com/libro014juegodetronos%20(2a%20ed).html" target="_blank"><em>Juego de tronos</em></a>, pero en momento alguno se me ha ocurrido identificarme con ninguno de los clanes. Me resulta más que sorprendente tal proceso emocional, al menos en este caso, y de ahí que la conversación me llamara la atención. Y supongo que no será un coloquio inhabitual.</p>
<p>Concibo, sí, la simpatía hacia un personaje determinado, incluso la identificación del lector con él; es uno de los procesos emocionales básicos de la experiencia lectora. Lo que no me extraña tanto es que aquel grupo se sintiera subyugado por el relato de Martin, pues pese a la mala fama crítica que sufre el género (las más de las veces, justificada), se trata de una gran novela de entretenimiento.</p>
<p>No, no es literatura, pero eso no es malo.</p>
<p>Una novela de entretenimiento tiene como único objetivo la satisfacción inmediata del lector. Éste suele aludir a ello diciendo que le ha “enganchado”. Pero, ese lector no se verá afectado profundamente por esa lectura, no será para él un hacha que rompa el mar de hielo que lleva dentro (Franz Kafka). Pasará el rato con ella, olvidará sus problemas o su tedio haciendo suyos los conflictos y emociones de los personajes y luego seguirá adelante con su vida, indemne. Hay quien no necesita hachas literarias, porque gasta de otro tipo, y hay quien alterna lecturas sesudas y profundas con otras sencillas o superficiales. También hay, y son muchos, quienes temen las esquirlas heladas y solamente dejan estar su glaciar, procurando mirarlo poco; en éstos no gastamos un latido neuronal.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i39.tinypic.com/xba1ag.jpg" alt="" width="150" height="227" />Volvamos a <em>Juego de tronos. </em>Al no ser literatura auténtica, resultan absurdas las comparaciones que se hacen con la obra mayor de <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/tag/j-r-r-tolkien/" target="_blank"> J. R. R. Tolkien</a>, <em>El señor de los anillos. </em>Ésta sí lo es, y competente, por su ambición literaria. Quienes piensen que es una novela de aventuras, de acción o de <em>fantasy</em>, se equivocan. Es un poema épico en prosa inspirado en literatura muy antigua, y la prueba la lleva Aragorn en su vaina: recorre la peligrosa Tierra Media desarmado, con sólo los restos de una espada quebrada al cinto. Ésto no es propio de un héroe de acción pero sí de uno épico (Sigfrido). Además, a Martin le falta la riqueza poética y simbólica del surafricano (aunque le añade, por contra, violencia y sexo, es decir, contándose lo que se cuenta, realismo). <em>El señor de los anillos</em> tiene más que ver con las grandes epopeyas y poemas épicos del pasado y <em>Canción de hielo y fuego</em> con <em>Los pilares de la Tierra</em> o la saga de Harry Potter.</p>
<p><em>Juego de tronos</em>, entonces. Una obra de entretenimiento, exigente y de calidad, que destaca por la complejidad de su trama y la abundancia de personajes (aunque sólo he leído, por ahora, el primer libro, sé que más adelante su número crecerá todavía). Es una gran historia, con una construcción ambiciosa, que si peca de escasa raíz, al menos tiene una copa ancha y muy ramificada, de denso follaje (lo que también puede desestabilizar al árbol). El componente mágico de este primer libro es escaso y remoto; aparecen, sí, esas extrañas criaturas irisadas que llaman sencillamente “los Otros” y que por solapamiento con la decepcionante <em>Lost</em> en la <a href="http://www.hbo.com/game-of-thrones/index.html" target="_blank">adaptación televisiva  de </a><em><a href="http://www.hbo.com/game-of-thrones/index.html" target="_blank">Juego de tronos</a> </em>denominan “Caminantes Blancos”. Aunque se sugiere su capital importancia para el devenir de la saga, aparecen poco, y los retales de ambiente mágico son alusiones a un pasado remoto: los dragones se han extinguido, los “Niños del Bosque” han desaparecido y apenas aparecen nigromantes (sólo una mujer-oveja vengativa). El peso de la narración, pues, no recae sobre lo fantástico, sino sobre lo político.</p>
<p>Así es, <em>Juego de tronos</em> versa, como reza su título, sobre las ambiciones y mezquindades que rodean al Trono de Hierro de los Siete Reinos, y las diferentes tretas con las que los clanes de Poniente tratan de hacerse con el poder. Como ha reconocido el autor, esta parte del relato se inspira en la Guerra de las Dos Rosas, conflicto nobiliar inglés del siglo XV. Y es evidente, pues en dicho episodio se enfrentaron, por la corona de Inglaterra, los Lancaster (Lannister) con los York (Stark). La intriga política está manejada con destreza, si bien Martin no abandona los códigos del género y deja bien claro cuáles son “los buenos” (aunque habrá que ver el desarrollo posterior de la saga). Lord Eddard Stark es un modelo de héroe moral irreprochable, de no ser por esa mácula que supone  su hijo bastardo Jon Nieve, aunque no se dejan de sugerir posibilidades que dejarían inmaculado el  honor del Señor del Norte.</p>
<p>Aunque en general los personajes de esta historia son (o parecen) planos como Lord Stark (es casi inevitable que, en un catálogo tan amplio, abunden éstos), los hay más esponjosos. Martin se ha ocupado de insuflarles vida, lo que tampoco es normal en el género de <em>fantasy</em> ni en el más amplio del <em>bestseller</em> y la ficción de esparcimiento. Así tenemos personajes controvertidos como Catelyn Tully Stark o su oponente la reina Cersei, y otros que se caracterizan por estar “rotos” o “defectuosos”, como Tyrion (enano), Jon (bastardo) y Arya (mujer), que son los más carismáticos y atractivos y, presumiblemente, los que van a tener mayor peso en el relato. Sin olvidar a Daenerys Targaryen, cuya odisea rothraki me parece lo más frágil de la novela (así como la invención de este pueblo nómada guerrero, asimilable a los escitas o a los mongoles, aunque su divinidad mayor resulta ser femenina, estática y agraria, lo que creo un grave error antropológico) pero que apunta a clave de la saga.</p>
<p>En definitiva, no descubriré nada, pero <em>Juego de tronos </em>es una opción a valorar si lo que buscamos es un libro superficial pero exigente con el lector, que permita consumir horas sin dejar la sensación de tiempo perdido o burlado.
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		<title>Memoria y perseverancia</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Nov 2011 00:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[Adachi Mitsuru]]></category>
		<category><![CDATA[anime y manga]]></category>
		<category><![CDATA[Japón]]></category>

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		<description><![CDATA[Recientemente he podido revisitar, sacando minutos de donde no los había, la serie de anime Touch! (Bateadores en España; originalmente era un manga de Adachi Mitsuru, que no he leído ¡Gracias, Santa Claus!). Había en ella dos escenas que, particularmente, me impresionaron en su momento, cuando de niño la vi por televisión. Yo era un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recientemente he podido revisitar, sacando minutos de donde no los había, la serie de anime  <a href="http://www.cosasquecontar.com/2010/03/touch-bateadores/"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><em><span style="text-decoration: underline;">Touch! </span></em></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">(</span></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><em><span style="text-decoration: underline;">Bateadores </span></em></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">en España; originalmente era un manga de Adachi Mitsuru, <span style="text-decoration: line-through;">que no he leído</span> ¡Gracias, Santa Claus!)</span></span></span></span></a>. Había en ella dos escenas que, particularmente, me impresionaron en su momento, cuando de niño la vi por televisión. Yo era un crío bastante romántico y la historia me atrajo lo suficiente como para que, años después y en un momento bastante inapropiado, volviera a verla. Esas escenas eran, claro, románticas. En la primera, Minami (en España recibió el absurdo nombre de Bárbara) buscaba bajo la almohada de Tatsuya (absurdamente Carlos) el libro de <em>Juan Salvador Gaviota</em>, pues Tatchan utiliza los libros para dormir con la cabeza bien alta. Dado que él duerme en la litera superior, aprovecha para mirar debajo de las faldas de su preciosa vecina. Debido a esta escena leí la novela de Bach, que por cierto es un tostón mayúsculo: Tatchan le dio un uso apropiado.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i41.tinypic.com/hui1c1.jpg" alt="" width="460" height="227" />La segunda escena hizo que este revisionado me resultara algo frustrante. Porque no la encontré. Es cierto que me salté los resúmenes que preparó Telecinco, pero creo que el resto del metraje lo atendí completamente. Mi memoria es tan flaca como una actriz casi famosa y considero la posibilidad de que perteneciera a otra serie, quizá <em>Kimagure Orange Road </em>(absurdamente <em>Johnny y sus amigos</em>) de la misma época; aunque estoy bastante seguro de que era de <em>Touch!</em>. En esa escena desmemoriada Tatsuya y Minami presenciaban, en la orilla inclinada de un río, un espectáculo de fuegos artificiales, probablemente de algún festival veraniego, y sentados en una manta, compartían comida, puede que Minami le pusiera porciones en la boca a su amigo de la infancia y enamorado inconfesado. No estoy seguro de si había alguien más, por ejemplo la madre de Tatsuya. Pero sí recuerdo la emoción romántica que suscitó en mi joven corazón. Toda la historia, béisbol al margen (hay que reconocer el mérito de haber logrado hacer emocionante ese deporte), está impregnada de esa emoción, tanto la competición entre los hermanos, como la condición de vecinos de los protagonistas, como el carácter dulce y servicial de Minami y el antiheroísmo de Tatsuya.</p>
<p>Pero no conseguí ver esa escena.</p>
<p>También evoqué otra emoción que el anime actual no consigue despertarme pues Japón como el resto de naciones se ha vuelto más cínico y despreocupado. Desde muy pequeño el anime japonés me animó a mejorar. De hecho, es un género entero dentro de la ficción popular japonesa, el de superación. Puede ser de temática deportiva<em>,</em> romántica, musical o combativa, entre otras (incluyendo la panadería), pero siempre funciona de manera similar: el personaje debe <a href="http://www.kirainet.com/perseverancia/"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">dar su mejor esfuerzo (</span></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><em><span style="text-decoration: underline;">ganbarimasu!</span></em></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">), perseverar</span></span></span></span></a> superando no al rival, que también, sino prioritariamente a uno mismo. Ello siempre renta, y también se consigue a la chica. No es que me llegaran a cambiar profundamente, pero me impulsaban temporalmente: yo también quería ser mejor, al menos mientras me durasen los efectos.</p>
<p>Bueno, quizá no entendí perfectamente bien aquello de “dar el mejor esfuerzo”, cosas del choque de civilizaciones y culturas.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i41.tinypic.com/2jbs5s5.jpg" alt="" width="150" height="237" />Ahora, si quiero recuperar aquella escena, debo esforzarme al máximo. No puedo fiarme demasiado de mi memoria, que es como debió de ser la del estegosaurio, del tamaño de una nuez. A veces consigo rellenar lagunas, asumiendo que el relleno puede ser ficticio o sólo aproximado. Otras veces acierto. <a href="../2010/11/12/tardes-de-lluvia-y-pixeles-i/"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">Aquella primera videoconsola que evocaba hace un año</span></span></span></span></a>, también entre tinieblas, fue hallada finalmente: <a href="http://www.old-computers.com/museum/computer.asp?c=726&amp;st=2"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">Interton VC-4000</span></span></span></span></a>, una máquina de gran éxito en Francia y Alemania y nula distribución en España, no sé cómo mis primos la consiguieron. A punto estuve de comprármela en Ebay, pero mi cuenta corriente logró contenerme (si alguien quiere verme derramar alguna lagrimilla de felicidad, ya sabe qué regalarme, ejem). Pero el caso de la Interton es una excepción. Rara vez puedo reconstruir tan perfectamente un recuerdo, de hecho debería llamarlos olvidos. Soy consciente de que la mayor parte de la humanidad lo experimentará de manera similar, pero tengo un hermano, y algún amigo, con ese tipo de memoria irracional que resguarda todo tipo de datos irrelevantes, horas, fechas, números, colores, todo. La envidia hace su aparición y, aunque sé que debería dar mi mejor esfuerzo, mejorar mis recuerdos y fortalecer mi memoria de estegosaurio, me diluyo y abato y prefiero quejarme y maldecir. Pero así, dentro de un tiempo, cuando ya haya olvidado la totalidad de <em>Touch!</em>, a excepción de un par de escenas, podré volver a verla y seguir buscando mis fuegos de artificio y románticos bocados. Y la redescubriré como si nunca la hubiera visto, o sólo aquellas escenas, por casualidad y sin detenerme.
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		<title>Los enamoramientos, de Javier Marías</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Nov 2011 07:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Alfaguara]]></category>
		<category><![CDATA[apariencia y verdad]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Marías]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>

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		<description><![CDATA[Fiesta de reencuentros. Sonrisas amigas, muchas; alguna enemiga. Abundantes abrazos, sentidos (los hay inauténticos, pero es de gran ruindad); escasas palabras, en general (y repetidas). Confesiones: histórico-fantástica (¡son muy insistentes!). Despedida de oprobio e insatisfacción. Cultivas una pequeña flor que, de tan endeble, no aguanta hasta la siguiente primavera. (A veces, la primavera no llega [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;"><em>Fiesta de reencuentros. Sonrisas amigas, muchas; alguna enemiga. Abundantes abrazos, sentidos (los hay inauténticos, pero es de gran ruindad); escasas palabras, en general (y repetidas). Confesiones: histórico-fantástica (¡son muy insistentes!). Despedida de oprobio e insatisfacción. Cultivas una pequeña flor que, de tan endeble, no aguanta hasta la siguiente primavera. (A veces, la primavera no llega nunca.) Si no eres buen jardinero, ¿para qué plantar una semilla que has de ver morir? Antes de sucumbir floreció bellamente: ese recuerdo es un tesoro. </em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><img class="aligncenter" title="Cerca de aquí, el crimen" src="http://i44.tinypic.com/jzftpf.jpg" alt="" width="460" height="213" /></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Escribo ahora estas líneas, pero acudí ovinamente a la librería el mismo día en que esta novela se ponía a la venta. Cinco minutos después de abiertas sus puertas, ya tenía mi ejemplar en la mano. Dos días después (quizá alguno más) ya la había leído. No me senté a escribir sin más. Pasé notas, elaboré un dossier, aguardé las primeras críticas y valoraciones. Tampoco entonces me puse a escribir. </span><em>Los enamoramientos</em><span style="font-style: normal;"> me ha dejado una sensación contradictoria, pese al aplauso general (con algunos gruñidos discordantes).</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Escribí: “Alcanza una brillantez absoluta en dos de las mejores novelas del siglo XX -y no sólo en lengua castellana-, </span><em>Corazón tan blanco</em><span style="font-style: normal;"> y </span><em>Mañana en la batalla piensa en mí</em><span style="font-style: normal;">” (22 de julio de 2007) y cuatro años más tarde no me retracto. Creo que Javier Marías es uno de los grandes autores de nuestra época, pero no ha entrado bien en el siglo XXI. </span><a href="../?p=193"><em>Tu rostro mañana</em><span style="font-style: normal;">, a falta de ser revisitada, me decepcionó</span></a><span style="font-style: normal;">, y en parte lo mismo me ha ocurrido con </span><em>Los enamoramientos</em><span style="font-style: normal;">, aunque por motivos diferentes y de forma menos clara.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Recibí con gran disgusto un comentario suyo realizado, como de pasada, en una entrevista promocional de </span><em>Tu rostro  mañana, </em><span style="font-style: normal;">en el cual sugería que ya no escribiría más novelas porque ya no le quedaba nada que decir. Su magna novela triple no me gustó, quizá porque comparé la emoción que sentí al leer sus obras previas con el resultado pasivo de ésta. Aún así, confiaba en ver incumplida la amenaza, que  achacaba al cansancio de tantos años recreando un universo tan desolador. Al enterarme de la existencia de </span><em>Los enamoramientos</em><span style="font-style: normal;"> me preparé para recuperar a mi autor. Es por eso que, contra mi costumbre, aguardé ansioso su publicación y quise ser de los primeros en leerla, como ya lo fui de </span><em>Veneno y sombra y adiós</em><span style="font-style: normal;"> (aunque entonces la editorial me lo envió incluso antes de su comercialización, y si no recuerdo mal publicamos la reseña antes que nadie, el mismo día de su publicación o sólo muy poco más tarde). En cierto modo, no mentía en aquella remota entrevista: su nueva novela no dice nada nuevo, aunque haya encontrado un engranaje que le permite poner en marcha, otra vez, sus viejas obsesiones (filosóficas, estilísticas, estéticas, personales). Y fueron esas obsesiones las que me hicieron rogar a Alfaguara por la premura en el envío allá por 2007, y las que me hicieron correr a la librería (Méndez, por supuesto) el pasado abril. Como lo harán en un futuro cuando se anuncie su siguiente trabajo, pues ahora no ha proferido amenazas.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;"><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i44.tinypic.com/2mhvnu9.jpg" alt="" width="150" height="240" />La recepción crítica de </span><em>Los enamoramientos</em><span style="font-style: normal;"> ha sido, en general, excelente. Los lectores también han respondido, como suelen. Algún comentario superficial, que pone en evidencia más al lector que al autor (es aburrido, se enrrolla), es todo lo que, por negativo, ha sufrido la novela. A Juan Mal-herido no le ha gustado. Dice: </span><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">“Un colín con mucha levadura: eso es </span></span><em><span lang="es-MX">Los enamoramientos</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">”. Y también que es: “como volver a casas del pasado ahora mal decoradas y con los muebles muy baratos, pero con pilares y paredes que parece que aguantan”. Ya sabemos que Juan es un gruñón, y muchas veces superficial, pero en esto último estoy de acuerdo. Pero también lo estoy con quienes, como Ángel Basanta o Justo Serna o Domingo Ródenas han visto en ella una novela brillante, uno de los mejores exponentes de la narrativa contemporánea, por lo ya sabido: “La </span></span><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">prosa demorada</span></span></span><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">, de período amplio y de sintaxis retorcida, con su ritmo envolvente y quebrado, su discurrir parsimonioso, sus divagaciones, sus rodeos, sus amplificaciones” (Serna); y la complejidad temática y reflexiva (“La que parecía una obra sobre el amor, la amistad, las relaciones de pareja, el azar, la muerte, la memoria y la culpa, lo cual ya es mucho, ensancha su sentido hasta convertirse en una novela sobre la radical inaprehensibilidad de la realidad, la impunidad y la extrema dificultad de conocer la verdad”, Basanta).</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Ya dije que andaba algo confundido.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Tengo claro que la urdimbre supera al acabado. Un único narrador tiñe con su voz las voces de todos los personajes, haciéndose monótono su narrar. Esta rutina estilística (que no recuerdo haber sentido antes, tampoco en </span></span><em><span lang="es-MX">Tu rostro mañana</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">) sólo se quiebra con las apariciones de Francisco Rico y de Ruibérriz de Torres, con su deje canalla. Pero Marías insiste en ponerse canalla cuando no le va nada, sus macarras son puros impostores, graduados en Eton que gustan de soltar un taco para sentir la suciedad de la tierra antes de volver a elevarse (y obligar al servicio a eliminar la mácula de realidad). La trama, aunque mínima y bajo capas y capas de discurso, no está nada mal. Y el discurso, tampoco. La prosa hipnótica de Marías ya no me hipnotiza (ya no puedo reunir las condiciones para caer en el frenesí lector y parece que tal acción desbocada y gozosa perteneciera a un pasado remotísimo y, como tal, inaccesible), pero aún me fascina. En realidad, no puedo aportar casi nada a lo que ya se ha dicho de <em>Los enamoramientos</em>, y más abajo listo una serie de enlaces apropiados.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">No sé si les ocurre a todos sus lectores, o a alguno más, pero cuando leo cualquier novela suya, especialmente desde </span></span><em><span lang="es-MX">El siglo</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">, acostumbro a ver el rostro de Javier Marías en sus narradores. Es igual que visiten a un viejo profesor oxoniense, que huyan al sentir la piel helada de su amante muerta o que, vistiendo gabardina, compren discos de Henry Mancini para hacer tiempo o para disimular. Siempre es Javier Marías. Ahora ese narrador es una mujer, pero la impresión no cambia. Es su rostro el que vi ayer, cuando leí </span></span><em><span lang="es-MX">Los enamoramientos</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">, en el cuerpo de María Dolz. Sobre el debate memo de si la psicología de la narradora es femenina o masculina no diré más. Pero sí diré que también vi el rostro de Marías, en seguida, en otro personaje tocayo suyo de la novela, Javier Díaz-Varela. Cuando lo describe físicamente, evoqué de inmediato otra descripción, muy similar, en otro de sus libros que más disfruto, </span></span><em><span lang="es-MX">Miramientos. </span></em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Dice de Díaz-Varela: </span></span><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">“Era varonil, calmado y bien parecido, aquel Javier Díaz-Varela. Aunque afeitado con esmero, se le adivinaba la barba, una sombra brevemente azulada, sobre todo a la altura del mentón enérgico, como de héroe de tebeo (según el ángulo y como le diera la luz, se le veía o no partido). Tenía pelo en el pecho, le asomaba un poco por la camisa con el botón superior abierto, no llevaba corbata (&#8230;). Las facciones eran delicadas, con ojos rasgados de expresión miope o soñadora, pestañas bastante largas y una boca carnosa y firme muy bien dibujada, tanto que sus labios parecían los de una mujer trasplantados a una cara de hombre” (</span></span></span><em><span lang="es-MX"><span style="font-weight: normal;">Los enamoramientos, </span></span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">p. 110).</span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">“<span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">Autorretrato farsante” en </span></span></span><em><span lang="es-MX"><span style="font-weight: normal;">Miramientos</span></span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">: “Con la mirada perdida en el infinito y las pestañas bien visibles y vueltas, la boca de mujer que contrasta con la sombra de cerrada barba (quizá una barba azulada) (&#8230;). El mentón más decidido que enérgico y fantasmalmente partido, pero esos labios femeninos siguen restando veracidad a la representación elegida (&#8230;). Se adivina mejor la miopía innegable (&#8230;). Lo ayuda un poco la cerrada, azulada barba”.</span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">Así, Marías nos ha regalado, mediante la cervantina técnica de la interpolación, un nuevo capítulo de su autorretrato, que entonces detuvo en los cuarenta y cinco años y ahora actualiza con cincuenta y nueve. Es claro que el Marías de papel, unitario por lo común, se ha desdoblado en esta novela, en Javier y en María, y no resulta tan extraño ya que discurseen de forma tan semejante, prolongada y  retocida. Sus mundos morales, empero, confrontan y disputan y quizá evoquen las mismas confrontaciones internas del autor, que como todos nosotros las tendrá. Esa confrontación lleva a María a varias reflexiones, pero la central es una vieja conocida en nuestras letras, ya desde el siglo XVII: apariencia y verdad, añadiéndole la cuestión moderna de la imposibilidad del acceso a ésta última. Y no quiero olvidar, que por algo la novela comienza con un finado (como tantas otras de Marías), el contenido reflexivo acerca de la muerte, el más profundo y sentido de los muchos que maneja (como, claro está, el enamoramiento) y que, si bien continúa procesos permanentes en su obra, tengo para mí que el lamentado deceso de su padre impulsó muchos de estos pensamientos. Termino citando un párrafo al respecto, pág. 160:</span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">“<span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">Nos permitimos añorarlos porque vamos sobre seguro con ellos: perdimos a tal persona, y como sabemos que no va a presentarse ni a reclamar el lugar que dejó vacante y que ha sido rápidamente ocupado, somos libres de anhelar con todas nuestras fuerzas su vuelta. La echamos de menos con la tranquilidad de que jamás van a cumplirse nuestros proclamados deseos y de que no hay posible retorno, de que ya no va a intervenir en nuestra existencia ni en los asuntos del mundo, de que ya no va a intimidarnos ni a cohibirnos ni tan siquiera a hacernos sombra, de que ya nunca más será mejor que nosotros. Lamentamos sinceramente su marcha, y es cierto que cuando se produjo queríamos que hubiera seguido viviendo; que se hizo un hueco espantoso, y aún un abismo por el que nos tentó despeñarnos tras ellos, momentáneamente”. </span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Ahora mismo siento el impulso irrefrenable, y no lo voy a reprimir, de leer </span></span><em><span lang="es-MX">Corazón tan blanco</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/escenarios/ver-sospechar-y-callar_573517.html" target="_blank">Ver, sospechar, callar, por Domingo Ródenas</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://elmardeletras.blogspot.com/2011/04/los-enamoramientos-javier-marias.html" target="_blank">Blog El mar de letras</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28975/Los_enamoramientos" target="_blank">Crítica de Ángel Basanta en El Cultural</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4025" target="_blank">Crítica de Justo Serna en Ojos de papel</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/los-enamoramientos-de-javier-marias" target="_blank">Crítica de Edmundo Paz Soldán en Letras Libres</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://lector-malherido.blogspot.com/search/label/Los%20enamoramientos " target="_blank">Andanada en Lector Mal-herido</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Hay muchas más <a href="http://javiermariasblog.wordpress.com/category/los-enamoramientos/" target="_blank">aquí</a><br />
</span></span></p>
<div id="_mcePaste" style="left: -10000px; top: 0px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden; position: absolute;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">El fútbol ya no está reñido con las artes; <span style="color: #000000;"><a href="http://joseantoniogalloso.blogspot.com/2006/06/los-intelectuales-y-el-futbol.html" target="_blank">el intelectual hará bien en dejarse de bromas superficiales</a></span> -“¿El fútbol? Unos millonarios en calzoncillos pateando una tripa de  cerdo”, o cualquier otro grotesco chascarrillo, como los que gustaban a <span style="color: #000000;"><a href="http://webarticulista.net.free.fr/zr200616060706.html" target="_blank">Borges</a></span> o a Cabrera Infante- y reconocer, aun mintiendo, su afición y su  filiación futbolera. Atrás quedaron los tiempos en los que, como cuenta  Javier Marías que recordó García Hortelano (págs. 85 a 87), se  encontraron éste, Querejeta, Benet y Javier Pradera en un estadio para  presenciar un Real Madrid–Real Sociedad y tuvieron que inventar un  sinnúmero de excusas para no reconocer lo que hoy reconocen tantos y  tantos escritores. Algo que no suele darse a la inversa: los futbolistas  no suelen hacer gala de su afición lectora. Esto lo contaba <strong>Marías en un artículo allá por 1995, y poco después aparecía en Alemania </strong><em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.alfaguara.com/es/libro/salvajes-y-sentimentales/" target="_blank">Salvajes y sentimentales</a></span> </em>(<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=34356" target="_blank">Comprar libro</a></span>; 17, 50 €)<strong>, una memorable recopilación de los artículos futbolísticos</strong> -tanto como <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.sigloxxieditores.com/catalogo/el-futbol-a-sol-y-sombra-1207.html" target="_blank">El fútbol a sol y sombra</a></span></em> de Eduardo Galeano, reeditado varias veces- que el madridista confeso publicaba irregularmente, a veces picado por el diario <em>El País</em> para contestar, el día del derbi por antonomasia, al culé Vázquez  Montalbán. Alfaguara publica ahora una edición revisada y ampliada,  gracias a lo cual recoge aquel impagable artículo <em>Un cuento para releer</em>,  escrito tras la final de Alemania 2006, cuando el “archiconocido  archivillano Materazzi” recibió un merecido e insuficiente cabezazo de  Zinedine Zidane.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><img style="margin: 5px 5px 3px; border: #d3d5d4 3px solid;" src="http://www.elconfidencial.com/fotos/2010060974futbol_librodel.jpg" border="1" alt="" align="left" />“Cuanto  se recuerda en la vida adquiere con el tiempo, precisamente por ser  recordado, un carácter narrativo, y acaba viéndose, según el caso, como  una película, una novela o un relato” (p. 277). Este enfoque permitió al  autor de <em>Corazón tan blanco</em> interpretar aquella escena de manera  muy diferente a la mayoría, indignada por la reacción del rey caído en  desgracia. Con el mismo accidente o hazaña culmina <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.451editores.es/catalogo/1960/libro_del_futbol">Libro del fútbol</a></span></em> (<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=58077" target="_blank">Comprar libro</a></span>; 22,50€), que en 451 edita el argentino Pablo Nacach. <strong>La  narración corresponde ahora a Santiago Segurola, que sin embargo no  sobrevuela la exégesis común del último remate del francoargelino</strong>.  Y es que, si Segurola ve las cosas como pocos, Marías las ve como  nadie, con esa perspicacia que hace de él uno de los grandes novelistas  de todos los tiempos -en un artículo balompédico se deben permitir  machadas, segunda acepción-.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">Si  el volumen que cierra el texto del mítico corresponsal se hubiera  limitado a una antología de cuentos futbolísticos la comparación con la <span style="color: #000000;"><a href="http://www.elboomeran.com/autor/44/jorge-valdano/" target="_blank">antología de Jorge Valdano</a></span> habría sido inevitable; pero Nacach, de quien <span style="color: #000000;"><a href="http://www.elconfidencial.com/buscador_2008/noticia.asp?sec=49&amp;id=2569&amp;fecha=07/07/2006" target="_blank">ya reseñamos aquí <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La vida en domingo</em></a></span>,  se ha propuesto otra cosa. Es una demostración de que el divorcio entre  arte y fútbol nunca ha sido tal; que ni siquiera duermen en camas  separadas, sino que mantienen una vida íntima atlética y creativa, como  recomiendan las revistas femeninas. <strong>El libro reúne textos -aunque hace una pequeña trampa: bajo el título de <em>Libro de fútbol</em> se esconde, en pequeñito, <em>y otros juegos de pelota</em>- desde Homero a Vázquez Montalbán, pasando por Nabokov -que fue portero, como Chillida y Albert Camus-</strong> pasando por Calderón y Shakespeare. A tan egregios autores les  acompañan estampas de arte mueble de diverso origen y material,  fotografías, óleos, grabados, bajorrelieves. Sólo faltaría un CD con  música -quizá Los Sencillos, quizá Gerry and The Peacemakers- y alguna  película -desde <em>Evasión o victoria </em>a <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.elconfidencial.com/cine/buscando-a-eric-cantona-loach-20091127.html" target="_blank">Buscando a Eric</a></span></em>- para refrendar la pasión artística por el deporte rey.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><img style="margin: 5px 5px 3px; border: #d3d5d4 3px solid;" src="http://www.elconfidencial.com/fotos/2010060916futbol_historia.jpg" border="1" alt="" align="right" />No  sólo el arte, también la Historia está del lado del balompié, aunque es  triste escuchar a muchos profesionales una absoluta ignorancia respecto  del pasado de su oficio y pasión. J.A. Bueno Álvarez y Miguel Ángel  Mateo han escrito una voluminosa <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.edaf.net/es/libro.asp?producto=1805" target="_blank">Historia del fútbol</a></span></em>, (<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=58076" target="_blank">Comprar libro</a></span>;  33 €) publicada por Edaf. El tomazo recoge toda la historia, incluyendo  biografías y fichas de partidos, del noble deporte que naciera el 26 de  octubre de 1863 en la Freemason’s Tavern de Londes (p. 9). <strong>No  descuida aquellos orígenes remotos, en los que no se distinguía apenas  del rugby, hasta que se introdujo la regla del fuera de juego, verdadero  nervio de este deporte</strong> y muestra de su carácter ético original: se apuntó porque un <em>gentleman</em> no se aprovecha del esfuerzo de sus compañeros -el “palomero” no es un  caballero, recuérdelo para las pachangas-. Y es que, en sus orígenes, el  fútbol era un juego elitista, como indica el nombre de uno de los  primeros grandes, el <em>Old Etonians</em>. La narración avanza, el fútbol  sale de las Islas y se hace universal; llegan Sindelar, Di Stéfano,  Pelé, Cruyff y Maradona. El Real Madrid gana cinco Copas de Europa.  Brasil, cinco mundiales. Desde aquel remoto 1863 hasta hoy la historia  del fútbol, al menor detalle, junto con anécdotas intrascendentes y  jugosas, se recoge en las 800 páginas -engañosas, las dos columnas y el  tamaño de la letra sugieren un equivalente de 1500- de este libro que  ningún aficionado se debe perder. Y no se olviden navegar por <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Youtube</em>, donde hasta se pueden ver goles que nunca se filmaron. Es el complemento perfecto.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><img style="margin: 5px 5px 3px; border: #d3d5d4 3px solid;" src="http://www.elconfidencial.com/fotos/2010060986futbol_relano.jpg" border="1" alt="" align="left" />Con más sencillez y la apariencia de un almanaque, Alfredo Relaño, director del diario deportivo <em>As</em>, firma <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.planetadelibros.com/366-historias-del-futbol-mundial-que-deberias-saber-libro-39549.html" target="_blank">366 historias del fútbol mundial</a></span> </em>(<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=57976" target="_blank">Comprar libro</a></span>; 22,50 €)<em>. </em><strong>Una  anécdota para cada día del año, incluyendo Navidad, fecha en la que se  han jugado algunos partidos, como aquel que enfrentó a alemanes e  ingleses en 1914</strong> ante sus respectivas trincheras -demostrando  que aquella guerra nada tenía que ver con los que sin embargo morían,  sino con quienes estaban bien lejos-. El 15 de octubre de 1967, la  estrella del Torino -un club maldito-, Gigi Meroni, moría atropellado.  El involuntario homicida, como luego confirmaría el juicio, fue,  paradójicamente, un gran fan de Meroni, cuya estética imitaba. Hasta  llevaba una foto de su ídolo en el manillar de la moto que acabó con su  vida. Los hechos cayeron en el olvido, pero hace diez años, tal día como  hoy, aquel joven mismo, ya <em style="mso-bidi-font-style: normal;">talludito</em>,  accedía a la presidencia del Torino. Es entonces cuando revive el  fantasma de Meroni, la que fuera novia de éste acusa al club de haber  olvidado a su figura y la hinchada no deja de recordarle aquel infausto  día cada vez que el <em>Toro</em> no hace las cosas como debe. Así son las  historias que Relaño recoge en un libro que, lamentablemente, tendrán  que modificar pronto: en el capítulo correspondiente al 11 de julio  tendrán que incluir la victoria, al fin, de España en un Mundial. ¡Qué  falta de previsión!</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p><img style="margin: 5px 5px 3px; border: #d3d5d4 3px solid;" src="http://www.elconfidencial.com/fotos/2010060939futbol_juegosucio.jpg" border="1" alt="" align="right" />Pero no todo es fiesta en el fútbol; más allá de los hechos extrafutbolísticos -como los <em>hooligans</em> y otras violencias que sólo tienen en los estadios un escenario-, la  propia estructura del fútbol profesional arroja sombras, como se ha  encargado de descubrir Declan Hill en un ensayo que ha dado mucho que  hablar ya antes de ser publicado, <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.albaeditorial.es/php/sl.php?shop.showprod&amp;numusr=7455/496991&amp;lang=1&amp;m=Eur&amp;ref=97884-84285717&amp;fldr=0" target="_blank">Juego sucio</a></span></em> (<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=58078" target="_blank">Comprar libro</a></span>; 22 €). Y no sólo ha dado palabras. <strong>Investigaciones, sanciones y escándalos, de esos que salpican eventualmente el mundo futbolístico</strong>;  tradicionalmente en Italia, pero ésta vez todo empezó en Alemania y sus  ramas y raíces llegan incluso a tapar el sol que más brilla: el de los  mundiales, citando explícitamente el Ghana-Brasil de la Copa del Mundo  2006. De España se ocupa poco, mas como advierte que todas las  competiciones internacionales cuentan con partidos amañados y árbitros  sobornados -suelen animarles con prostitutas-, aunque sea indirectamente  cae un velo de sospecha. La UEFA se ha apresurado a organizar un  departamento anticorrupción, pero la FIFA ha ignorado complacientemente  las advertencias. Ojalá en este Mundial sólo haya deporte y Hill tenga  que pasar a ocuparse de otros asuntos, derrotado éste por  incomparecencia.</p>
</div>
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		<title>I Want to be British: Solar, de Ian McEwan</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Nov 2011 07:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>
		<category><![CDATA[cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Ian McEwan]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora lo sé. El infierno, ese no-lugar que tanto ha inquietado a la humanidad desde que la Iglesia católica diera con la tecla que garantizaba su futuro; ya sé lo que es. Consiste en llevar un automóvil, buscando un hueco en el que aparcar, esto es, descansar. No hay prisión mayor. No puedes dejarlo en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Ahora lo sé. El infierno, ese no-lugar que tanto ha inquietado a la humanidad desde que la Iglesia católica diera con la tecla que garantizaba su futuro; ya sé lo que es. Consiste en llevar un automóvil, buscando un hueco en el que aparcar, esto es, descansar. No hay prisión mayor. No puedes dejarlo en cualquier parte, porque una policía verdaderamente atenta te obligará a retirarte, aunque te hayas escondido, siendo especialmente brusca si lo has hecho. Con cada vuelta que das a la llameante manzana, sabes que decrecen tus oportunidades, porque es menos probable que alguien se marche y deje su plaza al vehículo que, entre impaciente, atemorizado e iracundo, conduces. No hay escape, no hay perspectiva de salvación. Un tormento eterno. Y, entonces, un destello intermitente, unas ruedas que rompen a rodar justo delante tuyo. Sólo era, esta vez, el purgatorio.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em></p>
<p style="text-align: center;"><img class=" aligncenter" title="http://www.nature.org/ourinitiatives/urgentissues/climatechange/index.htm" src="http://i43.tinypic.com/2lapo8y.jpg" alt="" width="460" height="235" /></p>
<p></em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Qué rabia, rabia, dan los narradores británicos. Qué bien lo hacen, los cabrones. Los demás sólo pueden envidiarles, porque ellos están en el secreto y la suya es una organización que no admite iniciados. Sencillamente se es uno de ellos. Nadie puede hacerse narrador británico.</p>
<p>Pensaba en esto mientras leía otro de mis muchos libros postergados, <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_771" target="_blank"><em>Solar</em></a>, de Ian McEwan. Su apellido es de origen escocés, pero él no lo es. Es inglés, la raza aria de los narradores británicos. Y sí, la forma de narrar de un narrador británico es una forma de totalitarismo, porque (valga la redunciancia) totalizan las virtudes narrativas y las acaparan y privan de ellas a quienes, por lo que fuere, sufren la desgracia de no ser británicos. Joder. Coño.</p>
<p>Es verdad, no hay que nacer inglés, basta con criarse en la isla del té de las cinco. Los hay que nacen en la India y son narradores británicos. Algunos hasta tienen la ocurrencia de nacer en Nagasaki, y a pesar de ello, también pertenecen a la cofradía. Perdón: son de la cofradía. Ello nos lleva a sospechar que el veneno, o virus, capaz de alterar su ADN, se contagia durante los años de formación, que es una cuestión educativa. Puede ser. Pienso en la educación que he recibido o padecido. Claro, siendo español es muy difícil ser narrador británico. Ni siquiera los angloaburridos lo consiguieron, porque se dejaban influenciar y estaban muy satisfechos de confesarse influídos, pero cada uno resultó ser un poco de su casa y  otro poco de sí mismo. Ya sabemos algo: ser español te impide ser un narrador británico. Pero esta hipótesis no informa acerca del tema que nos preocupa: cómo lo hacen para narrar como lo hacen.</p>
<p>A ver, ellos como yo nos hemos criado leyendo a Enid Blyton, y a Dickens de mayores. Seguramente, ellos también se han contaminado leyendo a franceses y a norteamericanos. ¿Entonces? Como español, es difícil no sentir la tentación de achacar la lectura de españoles e hispanoamericanos como causa de nuestra incapacidad para ser narradores británicos. Pero a los franceses, que sólo se leen entre ellos y a los británicos en secreto, les ocurre lo mismo. Los pobres sólo pueden ser narradores franceses. Eso les vale, como a nosotros, para escribir bien, cuando lo hacen, pero nada más. Y los ingleses leen el <em>Quijote, </em>bien directamente, bien a través de otros, pero ello no les perturba en lo absoluto. De hecho, probablemente los narradores británicos brotan de Cervantes, antes que de Shakespeare.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i40.tinypic.com/5cg2hc.jpg" alt="" width="150" height="235" /></p>
<p>Volvemos a <em>Solar</em>, para encontrarnos esa novela total, fabulosa, que sólo desde una perspectiva estética cerrada puede ser juzgada como anticuada. Narrada en tercera persona, según un esquema estructural y cronológico tradicionales, con algunas alteraciones ocasionales poco llamativas y una concesión en el punto de vista, al hacer equisciente a ese narrador. Maneja temas actuales, como el cambio climático o el envejecimiento (literariamente, es lo que se puede decir un tema de moda), y en un nivel inferior el poder de los medios y la frialdad de la ciencia, mientras que en capas profundas nos encontramos con una acendrada crítica social y una valoración de la existencia humana, lo que vienen siendo los temas capitales de la literatura, junto con el amor, también presente. En fin, lo normal. Se ha dicho que es una novela humorística, pero maldita la gracia. Hay algún <em>sketch </em>macabro, muy propio del autor, pero eso es todo lo que encontramos próximo a la comicidad.</p>
<p>En cuanto que narrador británico, y además inglés, McEwan es capaz de plasmar narrativamente una visión del mundo en la que todo tiene profundidad, relieve, textura. Hasta los personajes más nimios, aquellos que aparecen un instante antes de desaparecer entre bastidores, parecen tener un rico pasado y una personalidad definida. Es decir, no nos dicen nada de ellos, pero como con las personas con las que nos topamos en situaciones semejantes, en la vida real, sabemos, estamos seguros, de que ellos también son individuos plenos, personas o seres humanos de pleno derecho.</p>
<p>En <em>Solar</em>, seguimos al doctor Beard, eminente físico, premio Nobel, burócrata aburrido y mujeriego impenitente. No es un antihéroe, es un villano siempre a punto de recibir su merecido, aunque no le faltan desgracias. Así, uno de los personajes le suelta: “Te mereces casi todo lo que te ha sucedido. Así que jódete”. La construcción de este fascinante villano, por encima de la flemática ironía marca de la casa, o del ritmo vivo, o de la reflexión a contracorriente, es lo que hace de esta novela tan sabrosa, tan interesante y tan sugestiva. Sin Michael Beard y sus lorzas, su inmoralidad, su torpeza y su mala suerte, <em>Solar </em>sería una obra errática, con episodios excéntricos y fatuos y hasta resabida. Pero con él es un novelón. Todo cobra sentido, viveza e interés, y hasta nos creemos que sedujera a una mujer con poesía y con el viejo truco de averiguar sus aficiones y afecciones. Hasta aceptamos el cierre rocambolesco y forzado. Porque todo eso le ocurre a Beard.</p>
<p>Es un truco de magia miserable, y maravilloso. Propio de un narrador británico. Qué bien lo hacen. Cómo lo hacen. Cabrones.</p>
<p><a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_771" target="_blank">Ficha del libro en Anagrama</a>.</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/negocio/sera/util/cambio/climatico/bondad/elpepusoceps/20110320elpepspor_8/Tes" target="_blank">Entrevista con el autor</a>.
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		<title>Ejército enemigo, de Alberto Olmos</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Oct 2011 07:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Olmos]]></category>
		<category><![CDATA[Mondadori]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[Ordenando notas hasta las tantas, escribiendo aún más tarde. Mi cerebro ya no está para estos trotes, por eso escribí tanto. Es imposible resumir a las tres de la madrugada: ¿cómo lo hacía en la universidad? ¡Ay juventud, brevísimo defecto! Ayer terminé de releer Trenes hacia Tokio. Puede que no sea la mejor novela de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">
<p><em>Ordenando notas hasta las tantas, escribiendo aún más tarde. Mi cerebro ya no está para estos trotes, por eso escribí tanto. Es imposible resumir a las tres de la madrugada: ¿cómo lo hacía en la universidad? ¡Ay juventud, brevísimo defecto!</em></p>
<p><em><img class="aligncenter" src="http://i40.tinypic.com/2m4w31g.jpg" alt="" width="460" height="195" /></em></p>
<p>Ayer terminé de releer <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/?p=106"><em>Trenes hacia Tokio</em></a>. Puede que no sea la mejor novela de <a href="http://hkkmr.blogspot.com/" target="_blank">Alberto Olmos </a>(signifique eso lo que signifique), pero sigue siendo mi preferida. Hay novelas que me gustan y olvido y novelas que me disgustan y olvido y novelas que me dejan indiferente y olvido (la mayoría), pero muy pocas me emocionan y recuerdo. <em>Trenes hacia Tokio</em> está entre estas últimas. Está entre mis novelas preferidas, así, en bruto. <a href="http://www.megustaleer.com/ficha/GM24636/ejercito-enemigo" target="_blank"><em>Ejército enemigo</em></a> me gusta, a ratos me emociona (aún es pronto para olvidarla o recordarla); no está entre mis novelas preferidas, aunque eso sólo me importe a mí.</p>
<p>Los lectores de <a href="lector-malherido.blogspot.com" target="_blank">Juan Mal-herido</a> recordarán que amenazó, tiempo ha, con escribir una novela. Pues es ésta. Como sabrán esos mismos lectores, Alberto Olmos no es sino la máscara que Mal-herido se calza para salir al mundo exterior sin armar (demasiado) alboroto. Él es un <em>hikikomori</em> confeso, radical; y su aspecto es inquietante, como el de los villanos de las películas de chinos.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i51.tinypic.com/5zoabq.jpg" alt="" width="150" height="256" /></p>
<p>Al final escribió su novela, que no ha resultado pornográfica, aunque su narrador, Santiago, consuma buena parte de sus energías ya no tan juveniles en sites porno (como es sabido, por encima de los treinta sólo los escritores son jóvenes, mientras los futbolistas ya son ancianos; Santiago es publicista). No por ello <em>Ejército enemigo</em> va a circular por nuestras librerías en paz, pues es posible que vean, en manifestaciones y asambleas, pancartas con el rostro público de su autor tachado junto al de banqueros, especuladores y políticos. Es pura elucubración, claro. Pero es verdad que ha soliviantado a algunos de nuestros rebeldes con causa, si bien su dardo tenía como objetivo a quienes carecen de ellas (o quizá a todos y yo me dejé llevar por la bondad). Si no lo creen, lean algunos de los comentarios que le han dejado en su blog. Alberto Olmos ha preferido publicarlos, aunque podría haberlos dejado flotando en el limbo digital, nadie lo habría sabido. Juan Mal-herido no deja comentar en su blog; él es descortés y grosero, pero no se le puede partir la cara.</p>
<p>El lema de la novela, la frase que sirve de eje a la acción superficial del relato, escuece. “La solidaridad ha fracasado”. En estos días la prensa ha exhibido el rostro de un joven estudiante italiano, de buena familia, al que han convertido en emblema de los disturbios ocurridos en Roma durante una manifestación de indignados. Daniel, amigo de Santiago, parece un presagio del fulano incendiario, aunque con una fortuna bien distinta. A <a href="http://www.larazon.es/noticia/6730-de-joven-violento-a-respetable-politico" target="_blank">Er Pelliccia</a> lo han detenido, sí, pero en cambio se ha hecho famoso, ya puede trabajar para Berlusconi seguramente sin menoscabo de su ideología.  En cambio, Daniel es brutalmente asesinado. Daniel había cambiado tras una conversación con Santiago, fulminado por la sentencia mencionada, proferida un poco a la ligera: esa metamorfosis le encaminará hacia a la muerte (más bien apresurará su paso). Poco a poco la zarza de la culpa enraíza y engancha en Santiago y la muerte de Daniel es el detonante de una serie de cambios en su anodina y deprimente existencia, paralela a la de su propio barrio: ambos se descomponen al paso, mas no para renacer como algo distinto, sino en todo similar a lo anterior.</p>
<p>Si con <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/08/06/el-estatus-olmos/" target="_blank"><em>El estatus</em></a> Alberto Olmos demostró su capacidad para narrar una intriga psicológica, con <em>Ejército enemigo</em>, que puede acometer una trama detectivesca. Es lo que se dice un autor versátil. Relacionando todas sus novelas, la similitud del narrador más reciente con el primero, aquél de <em>A bordo del naufragio</em>, parece evidente y así se ha señalado. Es la rabia. La rabia, sin embargo, nunca ha abandonado a Alberto Olmos. Juan Mal-herido rabia siempre, hasta cuando lee algo que le gusta. David, narrador de <em>Trenes hacia Tokio</em>, también rabiaba, aunque algo menos: le podía la melancolía y la desidia. La rabia motiva a Santiago y le conecta con su barrio, con la tierra, es su enlace telúrico: “Ver la tierra, ver que nuestras vidas se desarrollaban a ciegas a la tierra, ver de lo que estaba hecho mi barrio, de lo mismo de lo que estaba hecho el asentamiento de una tribu salvaje, de lo mismo de lo que estaba hecho un campo de batalla, de tierra y de rabia (…). La rabia nos había traído la tierra” (p. 138).</p>
<p>Tierra y rabia; tribu. Este párrafo alude a una suerte de naturaleza literaria, cierta autenticidad que recopiló y editó en <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/03/07/algunas-ideas-buenisimas/" target="_blank"><em>Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder</em></a>. Literatura en estado adánico, por elaborar, el germen de la literatura. <em>A bordo del naufragio</em> era así, un discurso incontenible, genuino. En <em>Trenes hacia Tokio</em> se contuvo un poco, con el tipo de contención que un karateka aplica a su pierna en una <em>Mawashi geri.</em> En <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/?p=204" target="_blank"><em>El talento de los demás</em></a>, en la distancia, encuentro demasiado empeño literario (eso es algo distinto de “voluntad de estilo”; por otra parte, quizá me falle la memoria). <em>El estatus</em> es pura contención. Es su mejor novela. Redonda, perfecta, una obra maestra (esa expresión vacía). Y <em>Ejército enemigo</em> tiene defectos: le sobra crónica, ensayo, cita&#8230; y vuelve a ser salvaje, tanto como una estampida de búfalos que se tomara un respiro de vez en cuando. ¿Es un paso atrás desde <em>El estatus</em>? Lo cierto es que tiene un buen puñado de páginas de auténtica literatura, con algunos de los mejores momentos de su obra: los dedicados a su barrio, en especial la persecución final, obra de un gran narrador y no sólo de un gran escritor: “Yo no podía oír otra respiración que la mía, ese aire que tomaba y devolvía, que tramitaba y desechaba, lúbrico y penúltimo”(P230).</p>
<p>Con tanto búfalo, patada y tribu rabiosa podríamos dudar de que Alberto Olmos tenga su corazoncito. Léase <em>Trenes hacia Tokio</em>: lo tiene. Pero no malgasta sensibilidad. El mundo que retrata <em>Ejército enemigo</em> (una novela en la que la realidad se puede mascar, nada que ver con el experimento centroeuropeo de <em>El estatus</em>) está hipersensibilizado, y para hablar de ello se interpone Santiago, un personaje al que identificamos como un caníbal ya en la primera página. Reconoceremos su ácida voz, que no su biografía: tiene el mismo timbre que el narrador innominado de <em>A bordo del naufragio</em>, pero ahora ostenta nombre y apellidos, y hasta pasado. Lo que no está tan claro es que tenga futuro, aunque la novela termina con algo que parece (o he querido que parezca) un destello de esperanza, algo inédito en la obra de Olmos (quizá no tanto: Yuka y Moe le dan a David chocolate de compromiso, pero ésta es esperanza para el mundo; yo me refiero a esperanza para el personaje).</p>
<p>Volviendo a Santiago, es un gilipollas (Alberto Olmos dice que es un hijo de puta; también David de <em>Trenes </em>dice serlo, pero no es verdad). Erotómano, narcisista, cobarde, ingenioso, cínico (“Nunca aportas nada. Sólo quemas”, p. 20, Daniel a Santiago), paranoico (los narradores de Alberto Olmos lo son, por <em>hikikomoris</em>). Para medir cuán odioso puede ser, piénsese en su oficio: es el encargado de llenar nuestras cuentas de correo de anuncios absurdos e innecesarios (es decir: de anuncios). Dice: “Me gusta que mis expectativas de éxito sean casi indistinguibles de mis posibilidades de fracaso” (p. 21).</p>
<p>En ese (este) mundo hipersensibilizado, “la solidaridad ha fracasado” porque “la solidaridad es una forma de ocio, una ficción para el puro entretenimiento de personas con mucho tiempo libre” (p. 77). Quien ha de acarrear cajas sin chistar porque, de otro modo, su familia se muere de hambre, no puede permitirse sentarse tres días en una plaza inventando consignas ni acampar con refugiados a cien mil kilómetros de casa. Aquí se concreta uno de los temas capitales de la narrativa de Olmos, la hipocresía, ahora la de quienes rellenan su vacío con las desgracias ajenas (como en <em>El talento de los demás </em>eran las camarillas de “talentosos” que usan la literatura como excusa de su abulia).</p>
<p>Otra preocupación de Olmos, que ocupa aquí largas páginas, es la modernidad. El ser moderno. Es célebre su artículo <a href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=%22por%20qu%C3%A9%20no%20leer%20a%20los%20cl%C3%A1sicos%22&amp;source=web&amp;cd=1&amp;ved=0CBwQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fhkkmr.blogspot.com%2F2010%2F08%2Fpor-que-no-leer-los-clasicos.html&amp;ei=fj6vTpWHH5SO4gT6o-CmAQ&amp;usg=AFQjCNEcPQDpvv6tmHTK4GIfOdkZlw53ug&amp;cad=rja" target="_blank"><em>Por qué no leer a los clásicos</em></a>, en el que defendía su lectura, pese a lo que diga el título, pero anteponiendo la obra más contemporánea, aquella que dialoga con el presente (pero los clásicos lo son porque, pese a su vejera, aún nos hablan a los lectores de hoy; de otro modo, pese a los intentos de resucitarlos al estilo von Frankenstein, se olvidan). En <em>Trenes hacia Tokio </em>se citaban artefactos tecnológicos al uso en el País del Sol Naciente, pero que al lector español casi le sonaban a ciencia ficción. En <em>Ejército enemigo</em> la reflexión sobre cómo nos ha cambiado internet, en concreto nuestros conceptos de intimidad y pudor, se hace a través del hábito pornógrafo de Santiago, de su inserción en redes sociales (<span style="text-decoration: line-through;">una de invención olmesca, pero no descabellada, ChatChinko</span>; la perturbadora <a href="http://chatroulette.com/" target="_blank">ChatRoulette</a>) y de su obsesión acosadora, al intentar reventar los correos electrónicos de sus conocidos.</p>
<p>Esta preocupación por la modernidad también se observa en el lenguaje. Su habitual cuidado estilístico, la excelencia de su sintaxis y la riqueza de su expresión le han valido el reconocimiento de Ricardo Senabre en sus entrañables codas gramaticales. En este aspecto, <em>Ejército enemigo </em>no es diferente al resto de su obra, si bien sí se aprecia un perfeccionamiento progresivo del que ésta más reciente se beneficia. Nunca le ha temblado el pulso a la hora de escribir términos urbanos, contemporáneos, quizá perecederos, cuando tantos escritores toleran sólo lo inmanente. Creo que Alberto Olmos es el único escritor del mundo que ha empleado el término <em>colajet</em> en una novela: lo he comprobado en Google Books, si me equivoco es su culpa. Este atrevimiento entra ahora en ebullición: mailmarketing, in, on, cool, fashion, friki, trendy, postpunk, putting edge, trash, bukake, bondage, forward, nickname, microblog, photolog, start ups, newsletter, MDMA, raccord, prepa, strapon, denim, storytelling, hoodie, asl, teoría queer, sin olvidarnos de las consabidas marcas (Nike, Adidas, Converse, Reebok). Por supuesto, el asunto de la solidaridad es tan actual como que se ha desbordado después de haber sido escrita la novela.</p>
<p>Sin embargo, los temas apuntados me parecen superficiales; no que hayan sido tratados superficialmente, sino que me parece encontrar otro más íntimo y permanente, la soledad. Santiago es, ante todo, un solitario. Quizá el más radicalmente solitario sea el narrador de <em>A bordo del naufragio</em>, pero los narradores de Alberto Olmos son solitarios, padecen soledad, y quizá de ahí la rabia y el cinismo y el atrincheramiento. Como la psicología no es lo mío, lo dejaré aquí, no sin antes apuntar un lamento de Santiago, página 102: “Su intimidad muerta puede a mi intimidad viva”.</p>
<p>Este larguísimo ensayo ha llegado a su fin (debo comprarme unas tijeras mentales).</p>
<p><strong>Actualización, 1 de noviembre de 2011</strong>: Me dices que habiéndome gustado y emocionado, no parece que me haya hecho pensar. Que una buena novela debe hacer reflexionar, y nada he dicho sobre eso.  Es obvio que una novela que plantea temas candentes como ésta excita el pensamiento, y no es necesario ser muy explícito al respecto. Ya has visto el papiro que me ha salido siendo muy general, como para ir concretando. Cuando me encarguen la edición crítica, sólo entonces, lo haré.</p>
<p>Como habrás leído por ahí, se trata de una novela polémica en el plano reflexivo que  propone un replanteamiento de lo que entendemos como conciencia social, solidaridad y, aunque el movimiento no existía cuando la novela se escribió,  de la indignación popular suscitada por la crisis. Sin duda,  son éstas cuestiones sobre las que he estado día a día, no he necesitado leer <em>Ejército enemigo</em> para caer en ello, como tampoco tú, aunque es posible que las ideas expuestas te provoquen rechazo, al contrario que a mí, que soy parcialmente coincidente (mejor hacer algo que nada, sean cuales sean los motivos que mueven a la acción; la calidad de esos motivos puede afectar a la valoración de los actos). Quizá sí debí aclarar que las reflexiones &#8220;políticamente incorrectas&#8221; de la novela pueden producir, antes que un debate, un repliegue del lector. Como cuando tocas a un caracol. Pero eso no es culpa del autor, cuya misión es plantear la cuestión, no resolverla.</p>
<p><a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/29890/Alberto_Olmos" target="_blank">Entrevista con Alberto Olmos (El Cultural de El Mundo)</a>
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