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	<title>El dinosaurio que estaba allí</title>
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	<description>Literatura y vida de un cerebro reptil</description>
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		<title>Definiciones III. No tan eróticos</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Feb 2013 12:21:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Cincuenta sombras de Grey, E.L. James, Grijalbo Trilogía gordísima de E. L. James, que es una mujer, que supuestamente inaugura el género del “porno para mamás” y que ha alcanzado el que es, probablemente, el más inesperado y asombroso fenómeno editorial de lo que llevamos de siglo. Aunque las novelas de Harlequín y variantes* [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img class="aligncenter" title="Boris Kustodiev" src="http://i48.tinypic.com/8xsjgk.jpg" alt="" width="320" height="174" /></p>
<p><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/X349980/trilogia-cincuenta-sombras-cincuenta-sombras-de-grey-cincuenta-sombras-mas-oscuras-cincuenta-sombras-liberadas">Cincuenta sombras de Grey, E.L. James, Grijalbo</a></p>
<p>Trilogía gordísima de E. L. James, que es una mujer, que supuestamente inaugura el género del “porno para mamás” y que ha alcanzado el que es, probablemente, el más inesperado y asombroso fenómeno editorial de lo que llevamos de siglo. Aunque las novelas de Harlequín y variantes* llevan décadas explotando las necesidades pornográficas de mamás y amas de casa aburridas, James, según parece, explora tendencias amatorias poco exploradas en la novela romántica convencional: cuerdas, esposas y látigos. Y digo “según parece” porque no logré pasar del 1% del primer tomo, abrumado ante la torpeza, la estupidez y la superficialidad, de la sucesión de tópicos ridículos; en cuanto Anastasia cae de bruces en el despacho del tal Grey, apagué. Una de las ventajas de no dedicarme ya profesionalmente a la crítica literaria es poder desechar un libro en cuanto atisbo su mediocridad, y la de estas cincuenta sombrillas me abofeteó muy rápido. Aunque, según parece, el gran hallazgo literario de James es el repelente para hombres por lo que, en cuanto hombre, no puedo ser ecuánime.</p>
<p><span style="font-size: xx-small;">*Se reconocen por la ilustración de portada: <em>Lo que el viento se llevó </em>con un Clark Gable desnudo, sin ridículo bigotín y bien pasado por el gimnasio.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.amazon.es/¿Dormimos-juntos-relato-erótico-ebook/dp/B0094XSF7Y">¿Dormimos juntos?, Andrea Hoyos, Amazon</a></p>
<p>Breve relato de intención erotizante y quizá literaria. Se escribe, como tantos otros, al hilo del éxito de Grey y sus sombrillas, sólo que, en este caso, dice “Andrea Hoyos” que es fruto de la indignación ante la miseria literaria del tocho de James. La trilogía de moda tiene la virtud de que todo lector, al leerla, siente la convicción de que podría hacerlo mejor. Hasta una ardilla, si pudiera leerla, sentiría también el aguijón de la emulación. Lo que no quiere decir que pudiera conseguir algo mejor. Ni la ardilla ni “Andrea Hoyos”. <em>Dormimos juntos</em> es, como poco, tan superficial, estúpida y aliteraria como su indignante referente, pero tiene muchas, muchísimas páginas menos. Eso, que parece un favor de la “autora” digno de toda nuestra gratitud, es una trampa: es tan breve que al final la leí entera, desperdiciando mucho más tiempo que con las cincuenta sombrillas. Más que de obra literaria, este relato tiene pinta de experimento publicitario-sociológico (con la colaboración consciente de El País), de burla al lector corriente o, simplemente, de estafa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/ERF97469/98-sexo">98% sexo, Alberto Olmos, Mondadori</a></p>
<p>Apuntes de novela o colección de relatos que, contradictoriamente, sugieren un contenido erótico mayor del que realmente se encuentra. ¿Por qué titularlo <em>98% sexo</em> cuando podría haberse titulado <em>98% amor </em>o <em>2% sexo</em>? Se trata de un relato (o <em>nouvelle</em>) romántico aunque, como se sabe, la gente enamorada usualmente folla, entre otras cosas que hace como ir a las rebajas o de vacaciones. Pero, al ser Alberto Olmos un erotómano público y notorio, las mentes calenturientas pueden sentir algo de hambre. Es menos perturbadora de lo que nos tiene acostumbrados y sorprendentemente romántica. Aunque tiene aspecto de desechado rescatado, contiene más de un buen momento y algunos tramos auténticamente Olmos la convierte en una lectura satisfactoria, tanto en el plano literario como en el emocional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.catedra.com/fichaGeneral/ficha.php?obrcod=653806&amp;web=01">La mujer y el pelele, Pierre Louÿs, Cátedra</a></p>
<p>Novela “española” de Pierre Louÿs, más psicológica que erótica, que aborda el viejísimo tema de la mujer fatal y, quizá por primera vez en la literatura contemporánea, el de la “lolita” (aunque seguramente me equivoque). El argumento es archiconocido, aunque la novela no tanto como sus diversas adaptaciones al cine: Buñuel, von Sternberg o Camus, entre otros, aprovecharon el poder visual de la obra de Louÿs. Escenas eróticas, lo que se dice eróticas, son pocas; sólo me vienen el paseo entre cuerpos desnudos en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla y el baile de Concha ante los ingleses. Pero el tema, tan manido, de Salomé, es una pantalla. En realidad no hay únicamente un proceso de “denegación fálica” de don Mateo, sino una degradación de ambos personajes, Conchita y Mateo, víctimas de su deseo, de la pasión. Pareciera que Louÿs, como hombre, se resistiera a admitir la victoria de la diablesa o bien que, con una perspectiva asombrosamente moderna reconociera que aún el diablo es una víctima de su propia naturaleza. En cualquier caso, <em>La mujer y el pelele</em> es una obra que sigue suscitando interés, un interés que se encuentra perfecta y exhaustivamente explicado y justificado en la amplia introducción crítica de Ana González Salvador.
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		<title>Un vaso medio vacío: la colección Tus Libros</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Dec 2012 12:23:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[Anaya]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando era crío, los clásicos de la colección Tus Libros de Anaya, de pastas blancas y duras, eran la élite de los libros. Poseían hasta una capacidad disuasoria, porque uno llegaba a pensar, de tan especiales que eran, que se trataba ediciones para niños listos, no para niños corrientillos como podía ser uno mismo. No [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" title="www.todocoleccion.net" src="http://i50.tinypic.com/qrda36.jpg" alt="" width="460" height="345" /></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-family: 'Times New Roman', serif;">Cuando era crío, los clásicos de la colección Tus Libros de Anaya, de pastas blancas y duras, eran la élite de los libros. Poseían hasta una capacidad disuasoria, porque uno llegaba a pensar, de tan especiales que eran, que se trataba ediciones para niños listos, no para niños corrientillos como podía ser uno mismo. No llegué a tener ninguno de crío. Los que tuve el honor de leer – <em>Frankenstein</em>, <em>Drácula</em> – los saqué de la biblioteca con el temblor de encontrarme rechazado por la bibliotecaria: “eso no es para ti, coge mejor un tebeo” (que era lo que solía retirar de los estantes: Astérix, Tintín, la historia de España en cómic). <em>El hombre que compró un automóvil</em> fue el primero que no tuve que devolver, cuando ya no fui más un niño y me sentí suficientemente digno de poseerlo. </span></p>
<p> La colección Tus Libros imagino que la compraban sobre todo padres y familiares con iniciativa educadora. Un niño que, por voluntad propia y sin temor, pidiese expresamente un ejemplar o lo comprase con sus ahorros, debía ser un monstruito formidable. No digo que no hubiera de éstos, pero seguro que eran los menos. Como los puzzles o los juegos de Educa, era el regalo del pariente rarito que aparecía una vez al año diciendo que no podía reconocerte de lo grande que estabas y que, al entregar algo “educativo”, trataba de paliar su comprensible y disculpable ausencia el resto del año. Mis pocos clásicos infantiles me llegaron por esa vía, incluyendo un <em>Lord Jim</em> que se descompuso antes de que intentara siquiera leerlo y una edición abreviada de <em>Robinson Crusoe</em> que tardó demasiado, porque nuestro padre nos había leído la versión íntegra durante el verano.</p>
<p>Aquellos libros tenían notas a pie de página, introducciones históricas y biográficas y explicaciones literarias del contenido. Aún eran libros ilustrados y, por tanto, infantiles o juveniles. <em>La guerra de los botones</em>, <em>El tulipán negro </em>o <em>El castillo de Otranto</em> enseñaron a leer de verdad a un par de generaciones de niños valientes o provistos de parientes discontinuos. Las traducciones, los estudios y las ilustraciones se habían realizado con gran mimo, con respeto por el lector, que era niño pero, como suele pasar, algún día dejaría de serlo. De repente se nos aparecía el misterio de la literatura. Nos dábamos cuenta de que los autores no escribían las escenas porque sí, porque quedaban bien o sólo porque eran interesantes, sino que el proceso creativo era mucho más complejo y rico. Era como conseguir una recomendación para entrar en una secta molona, era un rito de iniciación.</p>
<p>Lamentablemente, esa colección ha desaparecido. Ya no hay rito, ni misterio. En su lugar, han lanzado una versión degradada de lo que Tus Libros era (la han llamado “Tus Libros Selección”). El blanco pulquérrimo de las pastas se ha tiznado de negro. Las mismas pastas se han ablandado. Ignoro si han conservado las traducciones (sería lo lógico y económico) o si las han reblandecido también. Como el estudio crítico, bien remojado y adelgazado, y finalmente sustituido por “un apéndice de ficción, a cargo de prestigiosos autores actuales, descubre, a través de un artificio literario, algunas de las claves para la interpretación de la obra”. También han perdido encanto las ilustraciones.</p>
<p>Por supuesto, si no hubiera existido la elitista e inseminadora colección original, lo que ha lanzado Anaya sería digno de celebración. Pero, al lado de aquella, arroja un reflejo de decadencia y desesperanza. Ya sé que todo esto apesta a ese deplorable mecanismo psicológico de la edad dorada, en el que sé que caigo tantas veces, pero no se trata de eso (aunque no anda muy lejos de aquí). Pensándolo bien, quizá todo se deba a una causa social, por ejemplo la desaparición del pariente discontinuo en las nuevas familias. Si digo que hay una decadencia social general, levanto la liebre de nuevo y, además, no lo creo del todo.</p>
<p>Es posible que haya un desinterés creciente hacia los clásicos (si es que alguna vez hubo interés, siquiera menguado), por igual entre pequeños y mayores, y aun entre escritores aunque a veces sea una pose (tanto en el afecto como en el desafecto). Pero mucho me temo que, si empezamos a leer en serio con J. K. Rowling en vez de con Bram Stoker, Walter Scott o incluso J. R. R. Tolkien, la sensación de estar persiguiendo un cáliz secreto y poderoso puede que no llegue a aparecer.
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		<title>Westwood, de Stella Gibbons</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Oct 2012 09:09:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>
		<category><![CDATA[literatura británica]]></category>
		<category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Stella Gibbons]]></category>

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		<description><![CDATA[De vez en cuando es conveniente hacer un alto y escuchar. Eso puede hacer que recuperes el pulso del camino o que adviertas el desvío. Un oráculo o un edicto son excesivos, pero un gesto y una sonrisa resultan suficientes. Por supuesto, después es el peregrino quien debe esforzarse por continuar, eso es sólo es [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>De vez en cuando es conveniente hacer un alto y escuchar. Eso puede hacer que recuperes el pulso del camino o que adviertas el desvío. Un oráculo o un edicto son excesivos, pero un gesto y una sonrisa resultan suficientes. Por supuesto, después es el peregrino quien debe esforzarse por continuar, eso es sólo es su responsabilidad/necesidad/placer. El ideal es el individuo solo, aislado y autosuficiente, pero al superhombre lo pisotearon unos caballos desbocados. </em></p>
<p><em>***</em></p>
<p>Escribiré sólo un ramillete de impresiones, eso es, un montón de ideas sin desarrollar ni ordenar, acerca de <em>Westwood</em>, la novela esta vez irregular – después de la sublime <em>La hija de Robert Poste</em> y la paupérrima <em>Flora Poste y los artistas</em> – de Stella Gibbons. ¿Por qué tan escaso esfuerzo? Después de mucho pensar – o no tanto – he llegado a la conclusión de que la “crítica” que a mi me gusta hacer carece de sitio en este mundo. Tras las diferentes “revoluciones” de nuestro tiempo, principalmente la democratización de la cultura y la revolución tecnológica, no es momento de engendros intermedios, sino de apostar claramente por uno de los extremos: academicismo estricto o superficialidad popular. Como no me interesa ninguna de esas fórmulas, tanto por sus excesos como por sus defectos, no me queda más que ir extinguiéndome, poco a poco, mientras viene el asteroide que me envíe al infierno de una vez por todas.</p>
<p>Después de este alegre prefacio, vamos al punto, que diría un yanqui.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i45.tinypic.com/4r5evk.jpg" alt="" width="460" height="245" /></p>
<p>“Westwood” es el nombre de una mansión o edificio – dos, en realidad: haga por su cuenta el lector de la novela las pertinentes comparaciones y analogías – habitado por Gerard Challis, afamado dramaturgo británico, al que la protagonista del relato, Margaret Streggles – o Mutt, “boba”, o Struggles, “la que lucha” o “la que se esfuerza”, como la apodan el resto de personajes – admira, idolatra y, quizá, ama, si bien su amor sería superficial y juvenil. Margaret, que pertenece a una familia corriente y moliente de clase media, se mueve por la fascinación que el mundo de la alta cultura ejerce sobre ella y cuando, debido a una casualidad, logra establecer contacto con las élites culturales, hará lo que sea por mantenerse en su órbita, pese a las humillaciones a las que es sometida por estas deslumbrantes encarnaciones del <em>kalós kai agathós</em>. El “otro” Westwood es el adosado ocupado por el cansado amigo del padre de Margaret, su hija discapacitada intelectual y la posesiva cuidadora de ésta. Evidentemente, quizá demasiado, la clave de la novela está en este dúplice Westwood.</p>
<p>Aunque es una forma de hacer crítica pasada de moda, ineficiente y muchas veces o casi siempre injusta, resulta inevitable intentar una prospección psicológica de la autora. Los constantes desprecios y burlas que sufre Margaret a lo largo del relato, por su visión fantasiosa no tanto de la realidad como de la realidad del mundillo artístico e intelectual, hacen pensar en la identificación de la autora con su personaje. Pero aquí no hay una heroína como Flora Poste que resuelva todos los entuertos. Sólo Challis recibe su merecido. Incluso Hilda, la frívola, alegre y confiable amiga de Margaret recibe sólo un dulce correctivo al caer presa en su propia trampa. Margaret sigue recibiendo <em>jabs</em> con la guardia baja hasta que al final se le sugiere la idea de Dios. Esto es importante, dado que quien lo hace es Lady Challis que, siguiendo con la nefanda actitud psicologista, es el personaje que Gibbons <em>querría ser</em>. Pero como uno tiende a considerar que Dios supone para el hombre una rendición de su dignidad y de su responsabilidad, y como Margaret sólo toma en consideración esa idea sin tomar partido por ella, avisándonos que le rondará durante años, este uno no sabe muy bien si la pobre Struggles, por quien es inevitable sentir algo de afecto y una punzadita de deseo, recibió al fin el <em>uppercut</em> que la dejó sonada para siempre.</p>
<p>La novela, sin embargo, me ha producido una sensación de imperfección, como si le faltase una revisión. No he investigado sobre ello, así que no puedo aportar prueba alguna de ello. Pero tengo mis argumentos, claro, aunque sean endebles. Por una parte está la obviedad de los dos Westwood. Por otra, la principal, el cambio de actitud del narrador omnisciente a lo largo de la novela, que hacia el último tramo se hace exageradamente presente, con intervenciones y comentarios que durante la mayor parte del relato no hace. Y por último, aunque bien puede ser intencional e irónico, las muy británicas y cargantes descripciones de flores, jardines y campiñas, que a uno le dan ganas de entrar en plan orco a esos parterres y hacer una escabechina. Comprendo y admiro la afición inglesa por la jardinería, pero a veces se pasan un pelo.</p>
<p>No quiero terminar sin mostrar mi admiración por el orgullo inglés, que en esta novela luce y reluce, esa maravillosa fuerza humana nacida del egocentrismo que permitió a los londinenses continuar con su vida – el té de las cinco, la vida cultural, las fiestas – bajo los bombardeos de la Luftwaffe como si se tratara de un molesto chaparrón que sabían pasajero e inocuo.
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		<title>Artista rico, artista pobre</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Aug 2012 06:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>

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		<description><![CDATA[Los buenos inversores, esa tan escasa ralea de personajes a medio camino entre el aristócrata y el gurú hambriento y levitador, suelen decir que los momentos de crisis son los momentos en que los audaces encuentran el éxito. Audentes Fortuna iuvat, dice Virgilio. No hay por qué hacer la lectura más negativa, aunque ahora que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los buenos inversores, esa tan escasa ralea de personajes a medio camino entre el aristócrata y el gurú hambriento y levitador, suelen decir que los momentos de crisis son los momentos en que los audaces encuentran el éxito. <em>Audentes Fortuna iuvat</em>, dice Virgilio. No hay por qué hacer la lectura más negativa, aunque ahora que estamos en uno de esos momentos tenemos la epidermis algo sensible. Pues bien, todo apunta a que, en lo relativo a los oficios de la cultura, también es el momento de los audaces (pero audacia sin perseverancia equivale a fracaso).</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i46.tinypic.com/34rygl1.jpg" alt="" width="372" height="216" /></p>
<p>Los viejos métodos, que tan bien han funcionado durante décadas al amparo del crecimiento económico posterior a la II Guerra Mundial, empiezan a perder eficacia. Por citar un ejemplo arbitrario, pero no vano, leía hace poco un artículo sobre la lectura en <em>ereaders</em>, que permitía al lector esconder lo leído. Ello permitía a muchos leer libros que, en otras circunstancias, la vergüenza impediría abrir en público. Pero no sólo eso, sino que uno de los medios de difusión de una obra más efectivos era precisamente ese: la exhibición de una cubierta chula. Tengo para mí que <em>El código da Vinci</em> se habría leído bastante menos si no se hubieran visto tantos ejemplares en el metro; pero si se leen en un <em>ereader</em>, nadie se entera y nadie imita.</p>
<p>Hay nuevos métodos, aunque los antiguos perduran. Y aunque la “sobreabundancia de miedo” que decía Amador Fernández-Savater (el de la ética) nos lleve a posiciones catastrofistas sobre ese mundo nuevo que comienza, lo que ha pasado y pasará siempre en el albor de una etapa (junto con la añoranza de la ficticia edad de oro que termina), parece cierto que a río revuelto ganancia de pescadores y que la fortuna ayuda a los audaces.</p>
<p>Ganarse la vida en el arte, la literatura o la música nunca ha sido fácil, ni aún en los cincuenta o sesenta años en que “abundaban” los artistas ricos, pues tampoco deben olvidarse los muchos cadáveres que dejaron en su camino. En cualquier negocio o proyecto hay una cierta cuota de imprevisibilidad, por muchos estudios de mercado y de viabilidad que se realicen, pero en el caso de la creación, sea del tipo que sea, roza lo absoluto, tanto si pensamos en sus posibilidades artísticas como en las económicas.</p>
<p>No es difícil imaginar la cara del bancario al que pidamos un crédito para escribir una novela, a saber, manutención durante un año, materiales, promoción. O, peor todavía, “voy a componer una ópera”.</p>
<p>Un escritor no puede presentar un proyecto, no puede perseguir créditos. Puede solicitar una beca, pero eso tiene siempre algo de turbio y no me viene a la cabeza ninguna obra decente con origen en fondos públicos (bueno, quizá alguna obra musical; los músicos son distintos). Nadie da un duro, real o metafórico, por una obra no escrita o por un lienzo en blanco, al menos hasta que el autor se haya consagrado, y aun entonces se paga el nombre, no la obra.</p>
<p>Aún después, con la obra realizada en los descansos del trabajo alimenticio, la mano voluble de la fortuna se muestra con demasiada intensidad. A Kafka, uno de los pilares de la literatura contemporánea, no le rentó su genio en vida, mientras autores mediocres y ya perfectamente olvidados gozaban de fama y riqueza, y eso no pertenece sólo a tiempos pasados. Hay que estar en el lugar indicado en el momento oportuno, estar un poco a la izquierda o a la derecha, haber pasado cinco minutos antes o cinco minutos después, hace que te lo pierdas. La chica de tus sueños cogió otro autobús. Sigues solo.</p>
<p>A pesar de todo, creadores ha habido que se las han arreglado muy bien y eso nos recuerda <em><a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/ganarse-la-vida-en-el-arte,-la-literatura-y-la-m%C3%BAsica.aspx" target="_blank">Ganarse la vida en el arte, la literatura y la música</a></em>, dirigida por Javier Gomá. El desarrollo del concepto que plantea en la introducción, y que tiene su origen en el artículo <a href="http://elpais.com/diario/2010/03/20/babelia/1269047546_850215.html">“Ganarse la vida”</a>, lo deja en manos de autoridades competentes en cada campo; tenemos un “ganarse la vida” para cada campo de la creación, seguida de un ejemplo concreto, tres creadores, uno por campo. Llama la atención que junto a dos gigantes del arte y la música como son Rubens y Beethoven siente a un liliputiense como Blasco Ibáñez, pero es sencillamente capricho del autor correspondiente.</p>
<p>En ellos, mayores y menor, encontramos un denominador común: eran tanto creadores como empresarios. Eso es algo que se escamotea, normalmente. Acostumbramos a imaginar al artista en su taller (en su torre de marfil), consagrado a su arte, ajeno al efecto económico de su obra. De algunos teníamos nociones, como Picasso, Dalí o Cela, o como el recientemente fallecido Gore Vidal, pero lo suyo era más un espectáculo; la imagen que ofrecían era de <em>showman</em> y no de empresario. Sin embargo, como casi todo en el mundo del arte, es apariencia. Es inevitable que alrededor del mundo de la creación artística se creen mitos pantalla, es lo suyo.</p>
<p>Dice Gomá en el artículo que da pie a este libro: “¿Es irrelevante para su creación que el artista pueda permitirse vivir de las rentas heredadas (Lord Byron, Tolstói), case con una mujer que las tenga (Thomas Mann) o se las cedan admiradoras (Rilke), o que, por el contrario, se vea obligado a desarrollar una actividad productiva, socialmente pautada y no orientada al cultivo de su mundo interior?”</p>
<p>El concepto romántico del creador es pura ficción, señala Joan Oleza (p. 117): “El poeta-artista se concibe a sí mismo, en el Romanticismo europeo, como un ser aparte, diferente del resto de los mortales, dotado de una potestad más alta que la de los gobernantes, como guardián que es del espíritu”. El creador se convierte en un sacerdote y el arte en lo sagrado. Pero esto ocurre precisamente en el momento en que se somete por entero al mercado. El mercado incipiente, que llevaba siglos amenazando con brotar, lo hace a lo largo del siglo XIX junto con las revoluciones burguesas. Los burgueses de entonces querían los mismos refinamientos que los aristócratas de antaño y crearon el mercado del arte para conseguirlos.</p>
<p>Eso ya se acabó, por supuesto. Las clases que ahora ocupan ese nicho social ya saben, después de exponerse y sufrir varios timos, que no necesitan y no quieren la cultura para nada.</p>
<p>Quizá podíamos haber resumido todo esto en un par de líneas: los creadores de la manifestación artística que sea, y ya sean burgueses o bohemios, necesitan comer y, en cualquier caso, persiguen la fama y la fama, en nuestro mundo, se cifra en premios y los premios, en cheques.
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		<title>La mano cortada</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Aug 2012 06:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribir estas líneas me está costando un poco. Un dedo molesta a otro, pulsa teclas indeseadas y las deseadas quedan indemnes. No es una dificultad creativa, sino física. Tengo un punto en un dedo y pavor a verlo desgarrado. Mi mano izquierda ha dicho “O. K.” durante dos días. No es gran cosa, es verdad. [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Escribir estas líneas me está costando un poco. Un dedo molesta a otro, pulsa teclas indeseadas y las deseadas quedan indemnes. No es una dificultad creativa, sino física. Tengo un punto en un dedo  y pavor a verlo desgarrado. Mi mano izquierda ha dicho “O. K.” durante dos días.</p>
<p>No es gran cosa, es verdad. Un punto, nada más, sin afectación de huesos ni tendones, ni apenas del tejido muscular. Un corte desafortunado o más bien estúpido, en una zona incómoda y en un vaso activo. No es precisamente una mutilación. Un compañero del colegio, por un descuido de la dirección, recibió un buen corte en la mano. Se le veía el hueso, aunque apenas sangraba. Si hubiera ocurrido hoy, el colegio habría sufrido una demanda terrible (un hierro oxidado y cortante en un patio de juego), pero eran otros tiempos. Eso fue una herida. Mi hermano se cascó la pierna. Chillaba como un gorrino, seguramente con razón. Pero lo mío no es gran cosa, sólo es incómodo.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i50.tinypic.com/264ny88.jpg" alt="" width="320" height="326" /></p>
<p>Es que no estoy familiarizado con el dolor físico. Me resulta tan ajeno como el miedo a volar o el placer del agotamiento, como el que experimentan los aficionados a correr. Suelo hacer transcurrir mi vida sin sobresaltos, evitando en lo posible todo aquello que implique sufrimiento físico. En nuestra época, por alguna razón que se me escapa, en cambio, se persigue. Tatuajes, <em>piercings</em>, gimnasios, depilación laser o tradicional, no parece que el dolor físico sea una de las preocupaciones de mis coetáneos. Muchos lo buscan o lo exageran para recabar afectos, compasión  y compañía. Por mi parte, prefiero evitarlo o, de sentirlo, me resulta muy vergonzoso y prefiero disimular.</p>
<p>Marguerite Yourcennar (“la tan babeante como luego babeada”, según Javier Marías) insistía en que la insistente persecución del dolor por parte de Yukio Mishima coincidía con la persecución de una suerte de confirmación de su propia existencia, de su presencia real en el mundo, de su materialidad. No lo recuerdo bien, pero creo que el doctor Vallejo-Nájera estaba de acuerdo. En ese sentido, el placer valdría lo mismo, creo yo, y es cierto que, en algunos seres humanos, ambas experiencias se confunden. Inmediatamente nos viene a la mente el Marqués de Sade, de quien no sé demasiado, aunque me vienen a la memoria órganos humanos (y no precisamente los sexuales) empleados como consolador. O, en palabras de Frida Kalho: “La angustia y el dolor, el placer y la muerte, no son más que un proceso para existir”.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i49.tinypic.com/24mfjno.jpg" alt="" width="320" height="250" /></p>
<p>Esa relación inextricable entre dolor y placer ha preocupado intensamente a la humanidad, pues no sólo pertenece a personalidades retorcidas o artísticas, sino a cualquiera, pues ¿qué amante no ha dado, al menos, unos azotes o unos mordisquitos o unos pellizcos, siquiera inocentes y castos? Por supuesto, hay abundante literatura metafísica (impagable Julius Evola) y psicológica al respecto, y la base fisiológica es bien conocida. Todo eso, miles de años de reflexión y poesía, el inevitable “lado oscuro” del alma, la conciencia del cosmos y del abismo que procura el dolor, todo eso lo aparto de mí: creo que me siento bastante vivo y completo sin necesidad de sentir cómo una aguja y su cola de nylon se abren paso a través de mi carne.
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		<title>En verano, una isla</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Aug 2012 10:28:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Verne]]></category>

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		<description><![CDATA[Parece un juego de ilusionista a punto de realizarse. Desde cierto punto de vista, y si me atreviera con el estilo meloso de un Carlos del Amor, lo es. Pero es verano, es Verne, es el momento de sacar la cabeza del abismo y buscar un poco de luz. No demasiada, el sol es nocivo. [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://i47.tinypic.com/35d2jr5.jpg" alt="" width="267" height="345" /></p>
<p>Parece un juego de ilusionista a punto de realizarse. Desde cierto punto de vista, y si me atreviera con el estilo meloso de un Carlos del Amor, lo es. Pero es verano, es Verne, es el momento de sacar la cabeza del abismo y buscar un poco de luz. No demasiada, el sol es nocivo. La justa, la que hace reverdecer, la que calienta a la serpiente entumecida por la mucha sombra. No puede faltar el ritual, inherente a toda celebración de la vida. No hay que ofender a los dioses, que no dejan de observar, rayo o saeta en mano, con ánimo pendenciero y soberbio.  Me aguardan maravillas.
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		<title>Definiciones, II</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 07:20:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Alba]]></category>
		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Orejudo]]></category>
		<category><![CDATA[David Peace]]></category>
		<category><![CDATA[Emecé]]></category>
		<category><![CDATA[literatura británica]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura policíaca]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Vargas Llosa]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XXI]]></category>
		<category><![CDATA[Tusquets]]></category>
		<category><![CDATA[Yasunari Kawabata]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Vivimos un momento histórico o sólo un momento? Es de sentido común que ambas cosas ocurren siempre, simultáneamente, pero el sentido de mi pregunta es claro. ¿Se recordará el 15M como se recuerda hoy Mayo del 68, las tiendas de Sol como las barricadas de París, el &#8220;ellos nos necesitan, nosotros a ellos no&#8221; como [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>¿Vivimos un momento histórico o sólo un momento? Es de sentido común que ambas cosas ocurren siempre, simultáneamente, pero el sentido de mi pregunta es claro. ¿Se recordará el 15M como se recuerda hoy Mayo del 68, las tiendas de Sol como las barricadas de París, el &#8220;ellos nos necesitan, nosotros a ellos no&#8221; como el &#8220;prohibido prohibir&#8221;? ¿Lamentaré en un futuro mi escepticismo hacia los movimientos sociales (o más bien hacia su efectividad), lamentaré no haber estado allí aunque lo tuve tan cerca, o mentiré como tantos otros: yo también corrí delante de los grises?</em></p>
<p>1. <em>1974</em>, David Peace, Alba.</p>
<p>Novela criminal protagonizada o más bien sufrida por el periodista (algo verde) Edward Dunford. Tras cubrir una noticia rutinaria, la desaparición de una niña de diez años, se verá envuelto en una trama oscura, cruel, dolorosa (sobre todo para él, a quien zurran varias veces a lo largo de la novela). Es verdad, como se ha dicho, que la investigación de Dunford sirve a Peace para diseccionar la sociedad británica de los setenta en sus aspectos político, económico, social, moral (Dunford aprenderá, a su pesar, que en el norte hacen lo que les da la gana) y criminal pero, al margen de eso, estamos ante una narración poderosa, cruda (hasta lo desagradable) e intensa, escrita con un estilo contemporáneo, tan poético como oral y duro. Gran acierto de Alba el ofrecerla en Kindle Flash al precio de 2,74€: ahora he de leer, necesariamente, el resto de The Red Diding Quartet, publicado por la misma editorial (ya sin descuento). Más sobre Peace, <a href="http://www.culturaimpopular.com/2010/09/david-peace-exhumando-el-pasado.html"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">aquí</span></span></span></span></a>.</p>
<p>2. <em>Lo bello y lo triste</em>, Kawabata Yasunari, Emecé.</p>
<p>Novela de intriga psicológica y tragedia moral, escrita en 1964 por el Premio Nobel japonés Kawabata Yasunari. Si la obra de este autor se caracteriza por su sensualidad, en esta breve novela la acción dramática, un torbellino derivando hacia una conclusión trágica, logra una fuerte impresión también, como las imágenes de brazos intercambiados de aquél otro relato suyo. Ese torbellino tiene su ojo en Oki quien, a pesar de su inocente nombre de impresora, aparece como un villano que hace caer todo a su alrededor, cuya cobardía produce un conflicto moral que la familia asume, aún cuando su prosperidad se funda sobre el dolor de Otoko. Así pues tenemos viejos escritores sensuales, erotismo, culpa, venganza, estética japonesa (la acción transcurre entre Kioto y Kamakura, nada menos que dos capitales imperiales) y conflicto con la modernidad: puro Kawabata.</p>
<p>3. <em>La civilización del espectáculo</em>, Mario Vargas Llosa, Alfaguara.</p>
<p>Ensayo de historia de la cultura o del fin de la historia del fin de la cultura. La cultura ha muerto, fue asesinada por la actual civilización del espectáculo y sus actores principales: los medios de comunicación, la publicidad, los extravíos de algunas corrientes de pensamiento y de algunos intelectuales. No se trata tanto de un análisis en profundidad de la cultura actual como de una elegía por la alta cultura tradicional e ilustrada (muy mitificada), por un intelectual melancólico (Jordi, verbigracia). Constituye, en esencia, una crítica de la posmodernidad (¿y de la post-posmodernidad?) como destructora de la cultura libresca, como aniquiladora de la palabra (que sustituye por la imagen), como abaratadora de los valores tradicionales del esfuerzo, la excelencia y la trascendencia (imponiéndose la liviandad, la frivolidad y lo efímero), llevando todo ello a una degeneración de la vida democrática y, en fin, del ser humano tal y como se entendía hasta ahora. Este ensayo debe leerse junto a <em>El lectoespectador</em> de Vicente Luis Mora, de más difícil digestión, por cierto.</p>
<p>4. <em>Ventajas de viajar en tren</em>, Antonio Orejudo, Alfaguara.</p>
<p>Novela psicológica, espiriforme, muñequirrusa y doppelgängerosa. La había leído, tiempo ha, sin que me llamara la atención, y la había olvidado. Empecé a leer y oír luego abundantemente el nombre de Antonio Orejudo, que no me sugirió nada. Pero tanto lo oí y leí que me interesé y recordé <em>Ventajas&#8230; </em>¿Ese era el fabuloso autor que todos me dicen que lea? Alguien estaba errado, seguramente yo, como acostumbro. Miré mi catálogo y lo encontré: <em>Ventajas&#8230;</em> y, junto a él, <em>Reconstrucción </em>(un ejemplar que robé a mi madre o a mi hermana, pero ahora es mío y no se devuelve). Ahora sí que no entiendo nada. ¿Una novela histórica de sectas, enigmas religiosos  y libros prohibidos? Pero, tente, prejuicioso corazón: ¿no dices siempre que más vale lo que con los materiales se hace que los materiales mismos? ¿que cualquier historia vive o muere según cómo sea contada? <em>Reconstrucción</em>.</p>
<p>5. <em>Reconstrucción</em>, Antonio Orejudo, Tusquets (o Círculo de lectores)</p>
<p>Novela histórica que no es novela histórica, sino que supone una reconstrucción del quehacer literario (lo que, en pedante, se dice “metaliteratura”) y una reflexión sobre el poder de la palabra y del libro. Podemos decir que homenajea a <em>El nombre de la rosa</em> y que, como Cervantes hiciera con las novelas de caballerías, Orejudo se mofa de la literatura de pacotilla de los bestseller de sectas y misterios religiosos mientras su Pfister peina Francia buscando al autor de cierto herético libro mientras trata de ocultar su “verdadera” identidad, con la morfosintaxis como “la única herramienta que Pfister tiene a su alcance para explicarse precariamente el mundo, para orientarse en el caos y para tratar de ser en él medianamente justo”. De lo mejorcito que se ha escrito en nuestro país en los últimos tiempos.
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		<title>Sopa de autor (I): Pasándose al enemigo</title>
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		<pubDate>Tue, 01 May 2012 23:34:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[futuro del libro]]></category>
		<category><![CDATA[libro electrónico]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[Con tanta sopa, sindes y megapiratas, con la guerra de ipades, kindles y androides, no sé ya si leo a Quino o a Ballard, si estoy viendo One Piece o Mentiras y gordas, si lo que tengo es un libro, un ebook o una aplicación que me llena la pantalla de extraños símbolos negros. Parece [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con tanta sopa, sindes y megapiratas, con la guerra de ipades, kindles y androides, no sé ya si leo a Quino o a Ballard, si estoy viendo <em>One Piece </em>o <em>Mentiras y gordas</em>, si lo que tengo es un libro, un ebook o una aplicación que me llena la pantalla de extraños símbolos negros. Parece raro que mezcle de esta manera conflictos tan dispares pero no lo son tanto cuando hablamos de libros, pues uno de las excusas para el atraso digital en el mundo editorial es el temor a la piratería que, al menos en el primer mundo, era hasta tiempos muy recientes un fenómeno casi desconocido y, si nos referimos al conocido, las fotocopias, era casi ventaja para la industria que así se permitía cobrarse cánones y prebendas por productos que nunca iba a vender.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i49.tinypic.com/5ob12g.jpg" alt="" width="340" height="305" /></p>
<p>Hemos de pensar bien en ambos procesos, que parece ser uno (la piratería) consecuencia del otro (la digitalización) pero que en realidad se hallan interconectados de muchas maneras. En el campo editorial, es la piratería la que está impulsando la digitalización, al menos en este momento, y aunque la causa sea bastarda, la consecuencia es positiva y necesaria, fuera de nostalgias y manías. Quiero decir que, hace mucho (me parece una eternidad) escribía aquí los miedos que me producía la digitalización del libro y la supervivencia del autor en un mundo en el que su trabajo está al alcance de cualquiera sin que se le pague por él (Kindle Killed the Writer Star, en un ingés probablemente incorrecto, ¿lo sería más Kindle Killed the Star Writer? Este verano me pongo a ello, quizá). Esos temores no han desaparecido, y si acaso han aumentado por la intención de algunos editores, que entonces ignoraba, de cobrar a los autores por publicar sus obras y no al revés, como se venía haciendo. Sin embargo, tal y como reza el título de este post, uno empieza a ver las virtudes del enemigo, no sólo sus defectos, y creo que el proceso de disolución del papel (que no su aniquilación) en beneficio de la pantalla tiene más aspectos positivos que negativos, sin contar con que es un proceso inevitable. Es el signo de los tiempos, y el tiempo corre pese a quien pese.</p>
<p>Existe un bibliófilo rechazo por el ebook, que comparto hasta cierto punto. Es cierto que, como se dice, ningún libro digital puede ofrecer la experiencia sensitiva que depara la lectura de un libro tradicional que además de contenidos puede ofecer un continente atractivo y bello. Un ebook no puede ofrecernos el tacto sedoso de un buen papel, ni la fragancia de las mejores tintas, ni tampoco la mera y sensual corporeidad del libro que llena las manos de manera casi erótica. El deleite que produce un libro bien editado es insustituible. Ahora bien, no nos dejemos engañar, no todos los libros de papel producen ese placer. La mayor parte de ellos son productos de consumo, con un papel corriente, con una tinta nada fragante (a veces pestilente) y una fofez o amorfidad carentes de todo sex-appeal. No todas las editoriales modelan como Atalanta, Nórdica o Impedimenta. Lo normal es fabricar como Alfaguara, Planeta o Anagrama (por no citar las peores ediciones), cuyas obras pueden ser valiosas pero el objeto que las recoge, no. Y qué decir del libro de bolsillo, artefacto siempre defectuoso que amarillea a ojos vista y no resiste un segundo uso, durante el cual comienza a descomponerse, casi como el villano codicioso de <em>La última cruzada</em>.</p>
<p>Es a esta publicación de consumo (ojo, el calificativo sólo se refiere al continente) a la que se enfrenta el libro digital y creo que la bate sin dificultades. La otra, la publicación sensual *, cumple sus propios objetivos y, por ahora, sin competencia. En cuanto al libro de bolsillo, merecería desaparecer ya (ahora hablaremos de los precios relativos) por innecesario e ineficaz. El libro digital tiene ventajas de espacio y de precio, dos asuntos que nos interesan mucho, pues en un mismo dispositivo lector se pueden almacenar miles de títulos, y más si permite la expansión con tarjetas de memoria (se podría cargar la Biblioteca del Congreso en un bolsillo); los libros digitales se venden, de media, un 25% más baratos que sus hermanos sólidos, aunque el precio justo, según tengo entendido, debería reducirse en un 40% (tal es el lema de la agrupación de editoriales independientes Librosinlibro); por otro lado, las editoriales, pícaras ellas, calculan ese coste en función de la edición más cara, es decir, tapa dura y papel de buen gramaje, en vez de, por ejemplo, el coste de la edición de bolsillo; así se da la paradoja de que, en ocasiones, el mismo título es más caro en su versión digital que en la de bolsillo. Supongo que este absurdo se irá corrigiendo con el tiempo. Por otra parte, también existen iniciativas como <a href="http://www.amazon.es/KindleFlash">Kindle Flash</a> que ponen, durante tiempo limitado, buenos títulos a precios irrisorios; y no es menos cierto que los libros digitales bajan su precio al cabo del tiempo, cosa que no ocurre con sus hermanos sólidos.</p>
<p>Estas ventajas prácticas no son las únicas, también en cuanto a funcionalidades (por utilizar jerga informática) superan los ebooks a cualquier libro tradicional. Resulta imposible tomar notas o marcar texto en un libro de papel sin estropearlo, sin darle un aspecto astroso (incluso sin llegar a los extremos de los salvajes que emplean bolígrafo o subrayador); pero en un libro digital podemos anotar y subrayar de manera limpia y ordenada, sin que el “original” sufra desperfectos. La posibilidad de buscar texto, que sobre el papel es casi imposible o al menos agotadora, es facilísima sobre la pantalla. Y la comodidad de los diccionarios integrados (ahora que Amazon nos ha concedido el DRAE, y a ver cuándo el Moliner, aún cuando leo un libro tradicional lo hago con el ereader al lado y su diccionario abierto), no sólo de nuestra propia lengua, sino de cualesquiera otras (lo que facilita el estudio de otros idiomas), el acceso inmediato a enciclopedias, la inclusión de animaciones o vídeos (muy útiles para según qué libros), etc. Y si tenemos en cuenta las posibilidades de la nube (léase, para empezar, a <a href="http://vicenteluismora.blogspot.com.es/2010/11/la-critica-por-las-nubes-si-ya-no-todos.html">Vicente Luis Mora</a>), caeremos en la cuenta de qué transformación (y yo diría que avance, al menos potencial) supone el libro digital en materia de lectura, difusión del conocimiento y creatividad.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://lillybook.blogspot.com.es/2012/01/2011-review.html"><img class="aligncenter" src="http://i45.tinypic.com/157v5w.jpg" alt="" width="360" height="284" /></a></p>
<p>Todo ello ha hecho que me pase al enemigo y hace meses que empleo mi Kindle a destajo, especialmente desde que se volvieran accesibles los libros digitales españoles. No por ello voy a abandonar nuestro viejo y querido libro de papel, un artefacto tan bien diseñado que es difícil que desaparezca. A sus bondades sensuales, ya referidas, hemos de añadir la facilidad de manejo que hace que bebés de cinco meses sean capaces de utilizarlos, lo que hace su uso casi instintivo. Pero el lector de libros digitales es un aparato tremendamente útil, que ofrece una lectura cómoda (las nuevas pantallas cumplen su cometido a la perfección, al menos las basadas en tinta electrónica: no me veo leyendo cuatro horas seguidas en un iPad) y de manejar; con el libro digital, se acabó la tiranía de la novedad y la frustración del descatalogado (al menos en teoría) pues ya no hay necesidad de mantener costosos almacenes y el título se puede mantener vivo por tiempo indefinido. Tiene también sus defectos, por supuesto, como la escasez de títulos (el botón &#8220;me gustaría leer este libro en Kindle&#8221; va camino de ser más popular que el &#8220;me gusta&#8221; del Facebook, según <a href="http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2012/01/otra-reflexion-en-torno-al-kindle-y-la.html">Tongoy</a>) y la deficiente edición de muchos de ellos (y no sólo de los gratuitos **), o la imposibilidad de cambiar la tipografía (me refiero al Kindle, no sé si otros facilitan tales adecuaciones), si bien la empleada es aceptable y se puede modificar su tamaño.</p>
<p>Por supuesto que hasta ahora no he sido exhaustivo (y no pretendo serlo), y la transformación que la digitalización supone para la cultura merece una amplia y profunda reflexión. Ahora está al alcance de cualquiera publicar un libro (o sus comentarios, valoraciones y opiniones) sin pasar por el corte de los ceñudos editores y eso, al tiempo que una liberación, puede suponer un ensanchamiento masivo del ya saturado mundo editorial. Ello implicará una reforma del sistema de filtrado y de las formas de recepción y promoción: de la intermediación, en suma. Y en seguida me referiré a otro de los fantasmas de la digitalización, ese que está en boca de todos en estos días, la piratería. Pero habrá de ser mañana (u otro día).</p>
<p><span style="font-size: x-small;">*En palabras de Vicente Molina Foix: &#8220;El tacto y la inmanencia de los libros son, para el <em>amateur,</em> variaciones del erotismo del cuerpo <em>trabajado</em> y manoseado, una manera de amar tradicional que, justo es reconocerlo,  no pocas personas rechazan, prefiriendo el contacto sexual con aparatos,  figuras de holograma y voces pregrabadas, lo que antes se conocía como <em>telephone sex</em> y pronto será, no lo dudo, <em>digital sex,</em> seguramente operado, como la telefonía móvil de alta gama, sin manos.&#8221; En<a href="http://elpais.com/diario/2011/12/03/opinion/1322866804_850215.html" target="_blank"> El País, 3 de diciembre de 2011</a>.<br />
</span></p>
<p><span style="font-size: x-small;">**Uno de los grandes descuidos (a la vez que <a href="http://noticiasdelebook.blogspot.com.es/2012/03/amazon-y-la-autoedicion-kindle-direct.html">bazas</a>) de Amazon es la autoedición (<a href="https://kdp.amazon.com/self-publishing/signin/183-3429450-8909536">Kindle Direct Publishing</a>). A priori de sumo interés, la realidad es que muchos de los libros autoeditados son de una calidad bajísima. Los clásicos que se ofertan gratuitos, incluso los que se venden a bajo precio, presentan errores ortotipográficos y de maquetación a veces monstruosos. Algunos vivillos han publicado clásicos por su cuenta, presentándolos como ediciones críticas o anotadas, cuando sus comentarios y presentaciones rebasan en simpleza a cualquier trabajo infantil. Pero no sólo son particulares vagos o aprovechados, sino las mismas editoriales las que descuidan sus ediciones. Uno de los primeros libros que compré en Kindle Store fue </span><span style="font-size: x-small;"><em>La España estratégica</em></span><span style="font-size: x-small;">, de Sílex, una historia de España desde el punto de vista de la estrategia. Lo había tomado prestado en la biblioteca y me pareció un buen libro, así que, siendo entonces uno de los pocos libros accesibles en español, no dudé en comprarlo, si bien el precio no era precisamente bajo, 13 euros. La edición es lamentable, peor incluso que las gratuitas; por decir sólo una cosa, han eliminado imágenes y gráficos del original en papel, pero han dejado los pies, que aparecen intercalados en el texto. Bien es cierto que Sílex, si no publica malos contenidos, sí los cuida poco, y debí sospechar algo. He aquí uno de los aspectos que Amazon, y el resto de plataformas de publicación y comercialización, deben cuidar más, pues sí, es responsabilidad suya que el producto que ponen a la venta esté en buenas condiciones.</span>
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		<title>Definiciones, I</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Mar 2012 08:34:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[barroco]]></category>
		<category><![CDATA[Candaya]]></category>
		<category><![CDATA[Cátedra]]></category>
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		<category><![CDATA[historia de España]]></category>
		<category><![CDATA[historia militar]]></category>
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		<category><![CDATA[Joseph Conrad]]></category>
		<category><![CDATA[literatura hispanoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura italiana]]></category>
		<category><![CDATA[novela histórica]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuesta salir de la burbuja o cascarón cuando uno está convencido de la inviolabilidad de sus cerrojos. No son tan firmes, empero. Mas al guardián le place pensar que se mantiene firme en su puesto, aunque los galos hayan invadido el Capitolio por otra puerta. No me hagáis caso. Mientras tanto, ando completamente desconectado de [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Cuesta salir de la burbuja o cascarón cuando uno está convencido de la inviolabilidad de sus cerrojos. No son tan firmes, empero. Mas al guardián le place pensar que se mantiene firme en su puesto, aunque los galos hayan invadido el Capitolio por otra puerta. No me hagáis caso. Mientras tanto, ando completamente desconectado de la actualidad literaria (no la echo de menos), algo desencantado (más) con el fútbol (no quiero regalos para ellos, tampoco para nosotros), se me acaba </em>The Walking Dead<em> y hago algunos progresos, lentos, pero habituales.</em> <em>Cada vez estoy más cerca.</em></p>
<p><em>Vamos a definir (cuestión de tiempo).</em></p>
<p>1. <em>Las guardianas del tabú</em>, Javier Lorenzo, Planeta (2007)</p>
<p>Novela pseudohistórica, bien editada, bien impresa y bien encuadernada. Intenta narrar la última rebelión de los cántabros antes de que, como pueblo, se sumieran en las sombras de la historia. Honor (vergüenza), valor (temeridad) y audacia (estupidez) guían a sus personajes principales contra las águilas de Roma en dos escenarios principales, Cantabria, escenario bélico, y Córcega, donde el autor intenta imaginar una conversación entre Agripa (general romano encargado del genocidio cántabro) y Estrabón (geógrafo griego, autor del casi único retrato etnográfico contemporáneo de los cántabros); ambos personajes están, pese a su historicidad, igual de mal construidos que los imaginarios. Continuacióa histórica de <em>El último soldurio</em>, no tuvo, ni remotamente, la misma aceptación ni el mismo éxito. Debo añadir que la presencia de algunas notas a pie de página insisten en romper el sueño de la ficción, pero el relato mismo también lo consigue.</p>
<p>2. <em>La gran Armada</em>, Geoffrey Parker, Planeta (2011)</p>
<p>Monografía de historia militar sobre la famosa Armada Invencible, menos extenso que voluminoso (gracias, Planeta, por acordarte de los cortos de vista, pero malhaya, Planeta, por olvidar sus bolsillos), que se presenta como estudio definitivo del acontecimiento. Su tesis es la siguiente: todos los españoles, menos Felipe II, sabían que se dirigían a la derrota. En cambio, los ingleses no estaban muy seguros, pero acaban percatándose de ello. Luego, se crea o no en divinidades parciales e interesadas como árbitros, la desgracia se cebó con los supervivientes del combate arrojándolos al fondo marino o a las rocas y arrecifes británicos, bien a las cárceles inglesas, bien a la rapacidad de los salvajes irlandeses. Por una vez a Geoffrey Parker se le escapan algunos momentos de alborozo patriótico, pero permitámosle esos ocasionales asomos de humanidad a tan grande historiador. Lo mejor, el periplo de quienes, a pesar de todo, lograron volver, tras muchas e interesantes peripecias.</p>
<p>3. <em>Baroni, un viaje, </em>Sergio Chejfec, Candaya (2010)</p>
<p>Novela de autoficción o de docuficción, más bien participa de ambas etiquetas, pues el narrador “coincide” con el autor y el objeto del relato, la escultora venezolana Rafaela Baroni, es un ser de existencia real, física. La editorial, inspirada en el eslogan de una conocida marca de cervezas, sostiene que esta es, probablemente, la mejor novela de Sergio Chejfec; <em>Baroni, un viaje</em>, es básicamente lo mismo que <em>Mis dos mundos:</em> mismo estilo, misma técnica, mismo narrador, misma estructura. Un crítico convencional habría concluido, probablemente, que <em>Baroni </em>es, de nuevo (aunque sea anterior), una maravilla<sup>*</sup>. En cuanto a la escritura, Chejfec es un portento. La riqueza de su prosa, su amplitud sintáctica, la perspicacia de sus ideas y la persistencia de sus obsesiones; todo eso se mantiene. Sin embargo, encuentro <em>Baroni</em> falto de vida. Quizá es que la atmósfera del romántico parque brasilero resultaba más cautivadora que los descampados andinos del estado de Trujillo. Quizá es una falta de equilibrio, pesando más ahora el estatismo y la descripción externa que la interna: Chejfec es más un descriptor que un narrador. Describe objetos, paisajes, pero también estados mentales y aún acciones, anécdotas. Uno se pregunta, ¿por qué tengo que seguir leyendo esto? ¿A qué viene? Pero no viene por nada, sólo está ahí.</p>
<p>* Para este definidor, la crítica responde también, necesariamente (como la lectura, en general), a estados de ánimo, a momentos interiores.</p>
<p>4. Introducción a <em>El agente secreto </em>de Joseph Conrad, por Dámaso López García, Cátedra (1995)</p>
<p>Ineficaz y extraviada introducción que, sólo de costado y a disgusto explica lo que debe explicarse: por qué <em>El agente secreto</em> de Conrad sigue editándose, leyéndose y siendo objeto de estudio y fascinación. En escasas ocasiones se habrá errado más a la hora de encargar una edición, pues es evidente que al profesor López esta novela, y aún el mismo Conrad, le desagradan. Tanto rechazo parte de una supuesta falta de sutileza por parte del anglopolaco, que presentó al anarquismo como una trágica estupidez, como si la novela tuviera que ser necesariamente un estudio de filosofía política. Y en tan desafortunado empeño no podía faltar el teletubbie morado: al profesor López le parece una “insinuación suficientemente clara” de incesto el que Winnie se llevase al niño Stevie a su cama cuando éste estaba aterrorizado, cuando si Conrad insiste en algo es en la relación de índole maternofilial entre ambos.</p>
<p>5. <em>La isla del día de antes</em>, Umberto Eco, Círculo de lectores (1997)</p>
<p>Exhibicón lingüística y filosófica y erudita, que sin embargo pierde vigor por una acusada irregularidad en el ritmo narrativo. Un narrador escasamente fiable – asegura haber encontrado los papeles de Roberto, aunque no puede justificar su origen ni autenticidad ni cómo llegaron a sus manos; cuando le conviene, reconstruye o inventa un texto tan inseguro y arcano como el supuesto original: “No consigo explicar, y un poco me lo invento&#8230;” (p. 286) – reconstruye el mundo intelectual barroco, desde el lenguaje a la filosofía, sin obviar el tema fundamental del momento: la consistencia de la realidad, que aparece tanto en la reflexión metaliteraria, abundantísima, como en el tema reiterado del doble. Siento tanta angustia como envidia por la traductora, pues ha debido pasarlo en grande con esta novela, aunque haya sido un proceso durísimo. La lectura es algo menos difícil, lo que no significa que sea fácil, ni mucho menos, pero sí es en cambio gratificante y estimulante.
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		<title>Picnic en Hanging Rock, de Joan Lindsay</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 07:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>
		<category><![CDATA[Joan Lindsay]]></category>
		<category><![CDATA[literatura australiana]]></category>
		<category><![CDATA[misterio]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes de nada, ¡feliz 2012 y que los augurios escatológicos no se cumplan aún! Hacía años que no escribía un cuento. Ahora no quiero leerlo, porque si lo hago seguro que encontraré errores, defectos y necedades sin cuento y quiero conservar la sensación de escritura satisfactoria que rara vez me acompaña. En general, la acogida [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Antes de nada, ¡feliz 2012 y que los augurios escatológicos no se cumplan aún!</em></p>
<p><em>Hacía años que no escribía un cuento. Ahora no quiero leerlo, porque si lo hago seguro que encontraré errores, defectos y necedades sin cuento y quiero conservar la sensación de escritura satisfactoria que rara vez me acompaña. En general, la acogida ha sido fría. He recibido comentarios parcos, “me ha gustado”, “no me ha gustado”, pero al menos una persona se ha conmovido con su lectura. Negativamente, pero algo ha removido mi ángel en su interior. Juzgo que eso es bueno. </em></p>
<p><em>Años, años y años sin hacerlo y ahora he escrito dos.  Aunque no tengo mucha experiencia al respecto: la redacción de relatos depende de momentos de intuición fugaz, de estados de ánimo; la expresión “obra de largo aliento” referida a la novela es muy atinada y la “inspiración” no parece tener mucho que ver. Cada día se aprende algo nuevo, normalmente cosas que todos los demás ya saben; no hay que quedarse demasiado atrás. </em></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i41.tinypic.com/29e6fro.jpg" alt="" width="461" height="241" /></p>
<p>Escribo estas líneas porque algo había que escribir. Hace tiempo que leí esta novela, al poco de recuperarla Impedimenta. Con lo flaca que es mi memoria creo que habré de inventar demasiado, pero peor será para el dinosaurio un sueño demasiado largo. No había visto la película y sólo la vi después. Es un clásico, dicen. Una obra de culto, etiqueta dúctil que sirve tanto para obras maestras como para fracasos entrañables. La novela es mejor. Hablo de <em>Picnic en Hanging Rock</em>.</p>
<p>Sólo con que la novela nos ahorre esa setentera flauta de Pan de la adaptación de Peter Weir (director que por otra parte me encanta, y <em>Master &amp; Commander </em>es una de mis preferidas; de <em>El club de los poetas muertos</em> él no tiene toda la culpa) ya sería preferible, los restantes méritos de la película, que los hay, son insuficientes frente a ese pitido agudo. La obra de Lindsay, en cambio, carece de defectos, o no los recuerdo, es magnífica en cuanto a intensidad, originalidad y sobriedad.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i42.tinypic.com/21cwpe0.jpg" alt="" width="150" height="227" />Otros han descrito y reseñado bien la novela, hace “mucho” que se publicó (el mercado editorial computa el tiempo de manera propia, la novedad dura un par de meses, la vejez llega de poco después). Todos coinciden en lo buena que es y la llaman clásica y obra de culto y aluden a la película que también es ambas cosas y seguro que no mienten ni exageran, es conveniente leerla y disfrutarla. Hala, está dicho. Sin embargo, aún faltan cosas que decir en cuanto a su recepción.</p>
<p>Es exagerado considerarla un clásico porque no es tan conocida ni tan permanente y se recuerda más la película que la novela, no siendo excesivo decir que la consecuencia sostiene a la causa y no al revés. Es más bien lo que se llama un <em>long seller</em>, una categoría inferior a la del clásico. Si debo proponer un motivo, y es así porque de otro modo ni habría comenzado, es que Joan Lindsay fue autora de una única obra relevante. En la cubierta, su nombre está impreso en una tipografía mucho menor que la de el título. Y, a la hora de convertirse en clásico, es tan importante o más el autor que la obra. La historia de la literatura no es justa, pero nadie va a escuchar nuestras quejas.</p>
<p>Su condición de <em>long seller</em>, justamente lograda, descansa sobre un sustrato erróneo. Se alude (correctamente) a la ambigüedad del relato, a su relativa oscuridad, al misterio de la trama desarrollada realistamente pero en medio de una atmósfera fantasmagórica, heredera de la novela gótica. Generaciones de lectores han fantaseado con la idea de que ha de estar basada, necesariamente, en hechos reales. Eso es gran mérito de la autora, sin duda alguna, y un demérito enorme por parte de esas generaciones de lectores inmaduros incapaces de separar realidad de ficción. Toda la investigación en torno a la desaparición de las niñas, y de la profesora (esa iluminación fabulosa, genial), en la novela es registrada por periodistas y autoridades, por lo que no sería difícil encontrar los recortes e informes correspondientes. No es así, así que no cabe la menor duda de que todo es inventado, pero muchos lectores siguen albergando dudas. ¡Qué grande Joan Lindsay! ¿Cómo es que fue autora de una única novela reseñable, más que eso, espléndida? Ese es el gran misterio, y no el destino de las muchachas del Appleyard.</p>
<p><a href="http://www.lahijadelacomodador.com/2011/02/picnic-en-hanging-rock-la-inquietante.html" target="_blank">Palabra de María José Sánchez Mayo (La hija del acomodador)</a></p>
<p>“Joan Lindsay es la mejor guía posible para un relato de misterio propio de oscuras mansiones y bosques ingleses, de una historia de un autor decimonónico, y, sin embargo, llevado a la luz cegadora de las antípodas y concebido en 1967.”</p>
<p><a href="http://www.librosyliteratura.es/picnic-en-hanging-rock.html" target="_blank">Palabra de Javier BR (Libros y Literaturas)</a></p>
<p>“¿Dónde reside la fascinación que produce esta historia? Está en lo que no se cuenta, en lo que Joan Lindsay sugiere y el lector imagina. Gracias a un magistral dominio del ritmo de la narración, el lector cae atrapado desde la primera página y ya no puede zafarse hasta el final.  Lo más sorprendente es que la autora no recurre a ninguno de los recursos habituales para crear suspense; a ella le basta con salpicar una narración perfecta con unos pocos detalles aparentemente intrascendentes, apenas perceptibles, que siembran la inquietud en el lector y abren las puertas de su imaginación.”</p>
<p><a href="http://mundoparanormal.com/docs/enigmas/hanging_rock.html" target="_blank">¡Misterio, misterio!</a></p>
<p>“Se ha sugerido que las chicas fueron misteriosamente atrapadas por un vehículo espacial. Ciertamente, la roca es lo suficientemente peculiar como para servir de faro intergaláctico, como la Torre del Diablo que aparece en la película Encuentros en la tercera fase (1977). La presencia de un OVNI podría explicar el hecho de que los relojes se parasen. Cuando Edith contaba que había visto a miss McCraw, dijo que había percibido una misteriosa nube rosa hacia aquella hora; ¿es esto una prueba de que pudiese haber extraños objetos volantes en el espacio?”</p>
<p><a href="http://impedimenta.es/libros.php/picnic-en-hanging-rock" target="_blank">Ficha en la editorial Impedimenta</a></p>
<p>“Lo que empieza siendo una inocente comida campestre se torna en tragedia cuando tres niñas y una profesora desaparecen misteriosamente entre los recovecos de Hanging Rock, un imponente conjunto de rocas rodeado de la salvaje y asfixiante vegetación australiana. La única chica que logra regresar, presa de la histeria, no recuerda nada de lo sucedido. Considerada una de las más desazonantes novelas de culto de la literatura anglosajona, Picnic en Hanging Rock dio lugar a una aclamadísima película de Peter Weir, que contribuyó a incrementar el éxito de una obra ya mítica. Jamás se reveló si los hechos narrados fueron reales o no, y ese ambiguo e intrigante juego alentó la aparición de una legión de seguidores que afirmaban conocer lo ocurrido aquel aciago día de San Valentín en el sobrecogedor paisaje de Hanging Rock.”
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		<title>¡Feliz Navidad!</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 13:35:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Pasitos de diplodocus]]></category>
		<category><![CDATA[Bob Clark]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Truman Capote]]></category>

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		<description><![CDATA[A pesar de todo, adoro estas fechas. Creo que puedo hacerlo porque conservo intacto mi niño interior y, si bien sa las hago pasar canutas durante casi todo el año, en navidades deshago sus cadenas y le dejo campar a sus anchas. Me lo paso como un enano decorando el árbol y, hasta hace poco, [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A pesar de todo, adoro estas fechas. Creo que puedo hacerlo porque conservo intacto mi niño interior y, si bien sa las hago pasar canutas durante casi todo el año, en navidades deshago sus cadenas y le dejo campar a sus anchas. Me lo paso como un enano decorando el árbol y, hasta hace poco, componiendo la maqueta temporal de la aldea de Belén, año cero de nuestra era.  Problemas de espacio me han privado de ese placer.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i39.tinypic.com/33f9dvo.jpg" alt="" width="460" height="261" /></p>
<p>La Navidad es algo folclórico que sólo con mucho esfuerzo puede impregnarse de sentido religioso. Hay que estar dotado de una inmensa capacidad de abstracción para conseguirlo, me parece. La Navidad es para los niños, para su goce ingenuo y despreocupado, y los adultos debemos consagrarnos a su felicidad o, si como yo aún podemos, replegarnos a los siete u ocho años y gozar nosotros mismos. Porque luego de esa edad hacemos el Descubrimiento y la infancia comienza a disolverse. Los adultos tenemos el deber de afrontar la realidad de manera crítica, al menos durante cincuenta semanas al año.</p>
<p>Como adulto, hay un par de obras de ficción poco ficcionales que me gusta revisitar cada Navidad. No me refiero a las ineludibles <em>Canción de Navidad</em> y <em>¡Qué bello es vivir!</em>, que también (aunque es curioso anotar que si ésta última es obligada se debe a un error legal que la dejó, durante años, libre de derechos), y ahora disfruto con mi hija de Jorge el Curioso y de la infinidad de especiales de Disney. Me refiero a un relato autobiográfico de Truman Capote, <em>Una navidad</em> y a la película <em>A Christmas Story</em> (<em>Historias de Navidad</em>) dirigida por Bob Clark.</p>
<p>Capote era más personaje que autor y, quizá por ello, ese recuerdo navideño de su propia infancia es una de sus mejores piezas. Lo tengo en una edición de Círculo de Lectores, ilustrada por Hans Hillmann, que sisé a mi madre hace años y que no pienso devolver jamás. Dice Matthias Wegner que es &#8220;una de las historias de navidad más conmovedoras de la literatura moderna&#8221; y he de estar plenamente de acuerdo con él. El relato navideño abunda en mediocridades e imposturas (y, como verán al final del presente texto, yo también voy a contribuir a ensuciar su buen nombre), pero el relato de Capote es sincero, veraz y melancólico. Capote niño solitario, abandonado, nos cuenta cómo Sook, su niñera, salvó su Navidad y su corazón infantil. Está tan bien contado que el personaje de la niñera negra cobra una intensidad emocional tal que lo reconstruye y aísla del tópico.</p>
<p>También es memorística la película de Clark, un director que aquí deja los mejores momentos de su filmografía. La vi de niño, cuando comenzaban las televisiones privadas, enfermos mi hermano y yo, en un pequeño televisor sin colores en nuestra habitación. Desde entonces, no he podido volver a cazarla, sino que me he tenido que conformar con la versión original, pues en Estados Unidos sí goza de cierta fama. Narra la entrañable infancia, durante los años cuarenta, de un niño que desea por Navidad la carabina de aire comprimido que promociona su personaje favorito, un cowboy de la radio. Son, sencillamente, las aventurillas de un niño corriente con una familia algo estrafalaria. A pesar del tiempo transcurrido, no eran hechos tan distintos a los que un niño español pudo vivir en los primeros ochenta, antes de que el siglo XX penetrara completamente en nuestro país.</p>
<p>Si tienen la ocasión de acceder a estas obras maestras navideñas, no lo duden. No hay empalago y sí emoción, no hay milagros ni gordos barbudos y sí ojos de niño abiertos al mundo, desde el suyo propio.</p>
<p>El Dinosaurio que estaba allí les desea felices fiestas. Quiero celebrarlo con un regalo para mis lectores, un cuento navideño, escrito por mi yo adulto, es decir, trágico. En cuanto obsequio se parece a lo que nos atiza el amigo invisible, algo que no queremos ni necesitamos y que seguramente nos hará perder el tiempo. Y aun siendo yo invisible no soy intangible y puedo recibir sus reproches y, en su caso, sus bofetadas. Pido disculpas por adelantado por sus seguros errores, defectos y estupideces.</p>
<p><em><a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/wp-content/Cuento-de-navidad-tragedia.pdf">DESCARGA Cuento de navidad (tragedia)</a><br />
</em>(En formato PDF de 6&#8243;, cómodamente legible en sus dispositivos electrónicos.)
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		<item>
		<title>Némesis, de Philip Roth</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Dec 2011 07:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[culpa]]></category>
		<category><![CDATA[enfermedad]]></category>
		<category><![CDATA[Mondadori]]></category>
		<category><![CDATA[Philip Roth]]></category>

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		<description><![CDATA[Parece que me ha mirado un tuerto, nada me sale bien. Siempre estoy cansado. He recuperado unas grasas que sólo debí perder. Mi ordenador, después de un rato de uso, huele a chamusquina. Tampoco ganamos al Barça. Ana Botella será mi alcaldesa. No entiendo la poesía latina, ni qué tiene de bueno (excepto Las metamorfosis, [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Parece que me ha mirado un tuerto, nada me sale bien. Siempre estoy cansado. He recuperado unas grasas que sólo debí perder. Mi ordenador, después de un rato de uso, huele a chamusquina. Tampoco ganamos al Barça. Ana Botella será mi alcaldesa. No entiendo la poesía latina, ni qué tiene de bueno (excepto </em>Las metamorfosis<em>, Catulo y poco más). He olvidado aquello.  Sigo sin controlar eso.  No llamo a mis amigos. La mente está embotada, ella sabrá. Por favor, que me mire un águila, un lince me vale también.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em><a href="http://www.bridgeandtunnelclub.com/bigmap/outoftown/newjersey/essexcounty/newark/philiprothhouse/index.htm"><img class="aligncenter" src="http://i44.tinypic.com/1zdrz9e.jpg" alt="" width="448" height="280" /></a></em></p>
<p>La impresión general ante la obra reciente de Philip Roth es la de un autor en decadencia. Un autor en sus años provectos que, aun con mucho que decir todavía (la experiencia del envejecimiento, de la disolución, de la proximidad de la muerte) ve agotada su capacidad creativa y no alcanza a plasmar ese material reflexivo y emocional de manera literariamente imponente, como antaño. Un autor que, a pesar de ello y puesto en la balanza junto con sus contemporáneos suele salir airoso, tan corto se escribe ahora o tan bien lo hace, a pesar de todo, el anciano, o ambas; mas, si debe pesarse con su yo pasado, sale indefectiblemente derrotado, ampliamente derrotado. <em>La contravida, La mancha humana, Pastoral americana, El animal moribundo, El mal de Portnoy, Operación Shylock o El teatro de Sabbath</em> no han tenido competencia desde que en 2004 publicara <em>La conjura contra América </em>(que tampoco es su mejor obra, aunque es bien sólida). Hasta <em>Némesis </em>(que, debe decirse, tampoco es su obra maestra).</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i43.tinypic.com/15qvtpt.jpg" alt="" width="150" height="255" />En <em>Némesis </em>volvemos a “su” Newark natal (pero es una Newark literaria, recuérdese, y es bien triste tener que recordarlo) durante un caluroso verano de los años cuarenta, cerca del final de la II Guerra Mundial, en el que se declara una epidemia sin precedentes de poliomielitis. La polio, como la tos ferina, fueron enfermedades terribles, como puede constatar cualquiera preguntando a sus abuelos. A la mía le causaban verdadero pavor, pese a estar ya erradicadas en el primer mundo. Y a los habitantes de Newark les provocaba semejante reacción. Conforme los niños van enfermando y van siendo conectados a “pulmones de acero” y finalmente muriendo, la población entera va sumiéndose en la desesperación y la locura. Pues, por añadidura, la ignorancia respecto de este mal era casi absoluta: no sabían curarla, pero tampoco cómo se transmitía y por tanto cómo podían evitar el contagio. Se culpaba al aire maloliente que el viento traía de las granjas de cerdos de una población cercana, o a los gargajos de los enfermos (la atmósfera antisemita de la época se plasma en la visita de una pandilla de italianos al barrio judío, con la ingenua intención de transmitirles la polio, que entonces en el barrio italiano, más pobre, causaba estragos, y entre los judíos todavía no), o se culpaba a los perritos calientes del bar, o al exceso de ejercicio físico, o al apretón de manos que exigía quien en España habría sido “el tonto del pueblo”.</p>
<p>Roth, como es habitual en su mejor producción economiza medios, se sirve de los recursos más tradicionales y, aparentemente, escribe una novela sencilla (aunque no deja de atisbarse la tramoya), y lo es en la superficie. Aquí el narrador es uno de esos niños enfermos, que al cabo de los años se encuentra con quien fuera su monitor de verano en la escuela, un héroe para aquellos niños. Éste le narra a él, y él a nosotros, cómo lidió con la enfermedad y finalmente la contrajo. Indudablemente, el narrador ya adulto (no es ninguno de los célebres de Roth) pone bastante material literario, no cabe imaginar que Bucky, como efectivamente apodaban a este héroe atlético pero corto de vista, narrara los hechos de la manera en que los leemos. Aquí la interposición de este narrador aleja el punto de vista y permite un relativo enjuiciamiento de los hechos y de las acciones y decisiones (¡ay, las decisiones!) del protagonista, al precio de restar inmediatez al relato. En la obra reciente de Philip Roth no hemos de esperar una estética de vanguardia, ni un empleo audaz de recursos novedosos (aunque en el pasado sí lo hizo mejora cuanto más sobrio), sino la residencia permanente en un universo propio (con Newark y Nueva York como capitales), la reelaboración, según la experiencia de la edad, de unos temas fijos (la necesidad del sexo, la enfermedad y muerte, los males de una sociedad en exceso vigilante y represiva, la impotencia y exposición del ser humano) y un oficio literario fuera de toda duda (<a href="http://www.nytimes.com/2006/05/21/books/review/scott-essay.html?ex=1149134400&amp;en=2b8a4ddd55fa9cae&amp;ei=5070" target="_blank">de las veintidós mejores novelas estadounidenses entre 1980 y 2005 nada menos que seis son suyas</a>).</p>
<p>En <em>Elegía </em>escribió que “la vejez no es una batalla, es una masacre”, y en <em>Némesis </em>encontramos una ampliación del aforismo. Aquí son masacrados los niños y los jóvenes como Bucky, que no fue aceptado por el ejército pero es un portento físico y un hombre querido y admirado por la comunidad por su valentía, su nobleza y su determinación. Sin embargo, frente a la enfermedad todo se desmorona, también el héroe, que huye de la ciudad a un campamento en el que trabaja su novia, un edén de paz, salud y vida natural, tan lejos de los pulmones de acero que mantienen vivos a los niños de Newark. Acostumbrado a sobreponerse a cualquier revés, Bucky sucumbe ante la imparable potencia de la enfermedad, y lo hace, a partir de ese momento, ante la culpa tanto como ante la polio. He aquí la raíz más profunda de la literatura de Roth, la indefensión del ser humano frente a los hechos, ya sea una enfermedad sin cura o la vejez o una sociedad que decide arrinconar a uno de sus miembros. El individuo puede indignarse, sentirse humillado, enloquecer; puede luchar, enfrentarse, combatir; pero, finalmente, será destruido. También puede rendirse, recluírse, arrinconarse por propia decisión. El optimismo de <em>La conjura contra América</em> ha desaparecido.</p>
<p>Aun con una dosis tal de pesimismo, <em>Némesis</em> supone la recuperación de Philip Roth, que vuelve a dar con un relato capaz de sostener su reflexión y un personaje capaz de fijarla, encarnarla, vivirla y sufrirla de modo memorable. Bucky no es Kepesh ni Zuckerman ni Portnoy, pero casi los alcanza en su condición de héroe trágico, abatido y aniquilado por un rival al que no podía vencer.</p>
<p><a href="http://ellamentodeportnoy.blogspot.com/2011/09/nemesis-de-philip-roth.html" target="_blank">Palabra de Javier Avilés (El lamento de Portnoy)</a></p>
<p>&#8220;No sé si he sacado alguna experiencia positiva de la lectura de Némesis. Pero sigo a Zenón y contemplo la gran obra de Roth.&#8221;</p>
<p>(Es claro que disentimos en cuanto a la valoración de esta novela, pero el experto en Roth es él, no yo: háganle más caso, siempre.)</p>
<p><a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28845/Nemesis" target="_blank">Palabra de Rafael Narbona (El Cultural)</a></p>
<p>&#8220;Nos encontramos con el mejor Philip Roth, narrador ágil e intuitivo, capaz de crear personajes y ensartarlos en una trama donde no hay elementos innecesarios ni digresiones que afecten a la unidad del relato.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/Philip_Roth/culpa/destino/elpepuculbab/20110312elpbabpor_13/Tes" target="_blank">Palabra de José María Guelbenzu (Babelia)</a></p>
<p>&#8220;El narrador se descubre a media novela y será decisivo -muestra de la gran sabiduría narrativa de Roth a estas alturas de su vida de escritor- para poder elevar el relato a su mayor altura y poder exponerlo en toda su dimensión trágica.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.ellectorperdido.com/2011/05/04/nemesis-philip-roth/" target="_blank">Palabra de Silvia Bardelás (El lector perdido)</a></p>
<p>&#8220;Se ve al autor construyendo, manejando el suspense, buscando soluciones, colocando una imagen que arregla un exceso de discurso, utilizando el diálogo para informar. Es difícil entender que Roth haya sido encumbrado como autor universal.&#8221;</p>
<p>(Sin desperdicio. Hay que enviársela al Roth, contiene valiosos consejos que le permitirán adecentar su obra y acercarse, al fin, al Nobel.)</p>
<p><a href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2011/04/nemesis-philip-roth.html" target="_blank">Palabra de Juan Marqués (La tormenta en un vaso)</a></p>
<p>&#8220;Su grandeza está en el modo en el que aborda un tema que a otro novelista <span style="text-decoration: underline;">aparentemente</span> más ambicioso le habría llevado a una novela mucho más gruesa, poliédrica y generalista.&#8221;</p>
<p>(El subrayado es mío.)</p>
<p><a href="http://www.elimparcial.es/libros/philip-roth-nemesis-91672.html" target="_blank">Palabra de José Lasaga (El imparcial)</a></p>
<p>&#8220;Me atrevería a sugerir que hay un hilo conductor que unifica sus cuatro últimas novelas. Es como si después de haber examinado el valor y sentido de las vidas humanas en su existencia histórica, por ejemplo, en la <em>Trilogía americana</em>, hubiera dado un paso más para adentrarse hacia la desnudez de esas mismas vidas haciendo que sus personajes se enfrenten con las fuerzas últimas que las gobiernan desde su nacimiento: por supuesto, el envejecimiento y la muerte en <em>Elegía</em> (2006) (…); el azar que golpea a ciegas y destruye una vida, no importa lo inmerecido que resulte (<em>Indignación</em>, 2008); la vejez como causa de disolución de la confianza en sí [en uno] mismo (…) (<em>La humillación</em>, 2009) y finalmente esta <em>Némesis</em> (2010), crónica de una “venganza” (…).&#8221;</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/mejor/Philip/Roth/vuelta/elpepicul/20101102elpepicul_1/Tes" target="_blank">Palabra de Eduardo Lago (El País)</a></p>
<p>&#8220;Llegó octubre de 2010, volvió a sonar su nombre, como cada otoño, entre los candidatos al Nobel. Una vez más, no se le concedió. Lo que sí llegó con la puntualidad de siempre fue una nueva novela, <em>Nemesis</em>, y con ella la sorpresa. A Roth le queda mucho por decir.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/GM23332/nemesis" target="_blank">Ficha de la novela en la editorial Mondadori</a></p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/golpes/martillo/elpepuculbab/20110423elpbabpor_3/Tes" target="_blank">Entrevista con Philip Roth (El País)</a>
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		<title>Real Coyote</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Dec 2011 20:41:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[dibujos animados]]></category>
		<category><![CDATA[fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando era niño, aunque no nos permitían pasar mucho tiempo ante el televisor, sí que había algunos programas de dibujos animados familiarmente aceptados. Todo lo que fuera Disney, o Looney Tunes (para nosotros, siempre, el Conejo de la Suerte, aunque no apareciera en el episodio), o Tom y Jerry. Ello dejaba fuera de la legalidad cualquier japonismo que no fueran Heidi o Marco o La abeja maya, es decir, Mazinger Z o Comando G, de los que otros niños nos hablaban en el colegio, pero que yo no pude ver jamás. De entre aquellos no sujetos a censura, había algunos que me irritaban. Del mismo modo que era intolerable que los indios consiguieran abatir al vaquero, parecía inadmisible que el Correcaminos derrotara incansablemente al Coyote, o que Jerry hiciera lo propio con el gato Tom. Y era así no por esquivar el esquema corriente, el flujo natural de las cosas, sino porque aquello olía mal. Había trampa en aquella invencibilidad de los supuestos débiles. Una mano negra.</p>
<p>Tanto el felino como el cánido, tradicionales opositores, coincidían en ver frustradas sus biológicas ansias de carnicería (si bien en ocasiones Tom demostraba tener mejor corazón que el infame roedor), y no porque sus rivales poseyeran recursos, poderes o talentos superiores. Sencillamente, les aguardaba la derrota hicieran lo que hicieran. Si, por ejemplo, Jerry para huir del gato se enroscaba en el casquillo de una lámpara, nada le ocurría, pero al ponerle Tom la zarpa encima, recibía este una terrible descarga eléctrica. Y el roedor indemne. Si, como solía, Coyote erigía un recio muro interrumpiendo la carretera y sobre él dibujaba una estampa del paisaje que acababa de bloquear, al llegar el ave a toda velocidad recorría el camino ficticio como si, para él, no hubiera distinción entre fantasía y realidad, entre simulacro y verdad. Por supuesto, si el Coyote intentaba hacer lo mismo se estampaba en la sólida, auténtica pared de ladrillos.</p>
<p>Lo más frustrante de todo esto era que (especialmente Wile E. Coyote) los perdedores demostraban tenacidad, ingenio e inteligencia, todos ellos valores y habilidades admirables, deseables, que los adultos deseaban inculcar a los niños pero que, incomprensiblemente, se nos mostraban como inútiles, como propias del fracasado y no del triunfante. Triunfante porque sí, pues el Correcaminos nada hacía para salirse con la suya. Su superioridad, además de inmerecida, era insultante, era injusta y se debía más a una intercesión cuasidivina que a la velocidad o la astucia del campeón. Aunque el plan y los cachivaches Acme fueran perfectos, los niños sabíamos de antemano el resultado final del empeño.</p>
<p>Hoy, como seguidor del Real Madrid, sufro de similar impotencia. Comenzamos a advertir los madridistas, como aquellos niños de entonces, que sin importar el esfuerzo, la planificación, el arte desplegado, saldremos derrotados en los enfrentamientos frente al Barça. Que, aun cuando se logre neutralizar su juego fabuloso de toque, movimiento y penetración, saldremos derrotados. Que, aun cuando nos adelantemos en el marcador en el primer minuto, saldremos derrotados. Que, aun cuando suframos un comportamiento antideportivo, con fingimientos, engaños y vilezas, saldremos derrotados (y además, incomprensiblemente, señalados como villanos). Que, aun cuando nuestro juego ciertamente más tosco y feo acogote y domine, saldremos derrotados. Porque hay una ley no escrita que dicta el resultado de estos partidos, y sean Xavi o Messi o Iniesta inspirados, sean Pepe o Sergio Ramos o Cristiano despistados, sean los rebotes siempre favorecedores al rival o los árbitos casi siempre parciales y sañudos (presas, igual que tantos aficionados desde que Florentino tomara las riendas del club, y más aún con la llegada arrolladora de Mourinho, de un antimadridismo cerril), sea lo que sea, al final, el Coyote se verá cayendo al abismo, preguntándose qué ha hecho él para merecer el topetazo y qué demonios puede hacer para, en la siguiente ocasión, salir imposiblemente triunfante.</p>
<p><em>Dedicado a mis amigos culés, siervos del mal y devotos de inmundas ratas y sucios pajarracos pero afortunados de poder sentir como propio un fútbol tan maravilloso.</em>
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		<title>Escritores, ¿curritos o vividores?</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Dec 2011 07:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Ariel]]></category>
		<category><![CDATA[biografía]]></category>
		<category><![CDATA[Círculo de lectores]]></category>
		<category><![CDATA[Daria Galateria]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Francesco Piccolo]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>

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		<description><![CDATA[Una vez al año, hago cola. Y no sé muy bien por qué. Dos horas en pie, en el frío de la mañana, por algo en lo que no creo obtener beneficio. El año próximo, otra vez. No me ha gustado nada. El libro de Daria Galateria, Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores, [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Una vez al año, hago cola. Y no sé muy bien por qué. Dos horas en pie, en el frío de la mañana, por algo en lo que no creo obtener beneficio. El año próximo, otra vez. </em></p>
<p style="text-align: center;"><em><a href="http://karenmrider.blogspot.com/"><img class="aligncenter" src="http://i41.tinypic.com/2s76xvs.jpg" alt="" width="460" height="335" /></a></em></p>
<p>No me ha gustado nada. El libro de Daria Galateria, <a href="http://impedimenta.es/libros.php/trabajos-forzados" target="_blank"><em>Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores</em></a>, no me ha gustado nada (exagero y miento: sí me ha gustado, pero me ha dado rabia). No le falta interés, ciertamente, pero hay en él reproches velados que están fuera de lugar. Como lector, me importa poco si el escritor sufrió o gozó mientras escribía, si su infancia estuvo salpicada de violencia o de cariño, si tuvo que quemarse las pestañas estudiando o los éxitos académicos le llovieron suavemente, si los premios se los conceden o se los gana, si fue afortunado en el amor o en el juego, o desgraciado en ambos, y, en fin, si concentró sus esfuerzos en la escritura o bien precisó de un sostén económico ajeno al literario. Nada de eso me importa ni afecta a la valoración que he de hacer de una obra literaria. Sólo me importa la obra en sí y en absoluto una existencia áspera la hace mejor o más meritoria.</p>
<p>La posición de Galateria es la opuesta. El trabajo dignifica, el trabajo manual dignifica más y el escritor merece más respeto si pasó sus días en la oficina o las noches en la fábrica. Por supuesto, las obras de Gorki, de London o de Marsé (por citar a alguien que Galateria olvidó) no serían lo que son sin su experiencia laboral. Tanto influyó, creo, la opresión paterna en el joven Franz Kafka como sus lecturas de Von Kleist o las jornadas interminables en Assicurazioni Generali, en la conformación de su particular universo narrativo. Pero ya me dirán de qué le serviría a Vila-Matas su alistamiento en la industria química o a Álvaro Pombo su fichaje por la panadería de la esquina.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i44.tinypic.com/ajpg6s.jpg" alt="" width="150" height="229" />Indudablemente, se escribe desde la experiencia y diferentes experiencias conducen a diferentes estilos, intenciones y universos. Pero el oficio del escritor es valioso y meritorio en sí mismo. Que el autor, para sostenerse, sableara a sus conocidos, vampirizase a su pareja o dignamente fichara cada mañana en un taller de reparación de automóviles, o que por el contrario pasara hambre canina, son circunstancias que sirven al lector crítico para desentrañar el sentido último de su lectura, pero que por sí mismas no dicen nada del valor del escrito. Es el trabajo con las diferentes herramientas del escritor, las palabras, la sintaxis, las ideas, etc., lo que hemos de valorar y lo que otorgará méritos al esforzado escritor, porque escribir es un duro empeño, una pirueta sin red, una inversión a fondo perdido. Casi se puede decir, contra las tesis de Galateria, que quien busca un empleo al margen de la creación literaria opta por el camino fácil, pues sin reducir el empeño engancha una malla de seguridad bajo el cable tenso de la escritura. Pero también sabemos que no es así. Que son cosas que nada tienen que ver.</p>
<p>Así, negándole a Daria Galateria la mayor, concedámosle la menor: que ha escrito un libro ameno, repleto de curiosidades y anécdotas que no pueden dejar de interesar al lector curioso. Que los autores representados, algunos poco conocidos, se convierten en personajes en estas páginas, personajes carismáticos que estimulan la empatía del lector como ocurre con las reseñas biográficas de Maximo Gorki o Franz Kafka. Y que, si bien la escritura es algo deslavazada y el lector español echará en falta eso, españoles, no dejará de disfrutar esta lectura en la que los célebres, reverenciados, mitificados autores, aparecen con sus monos de trabajo manchados de grasa, el cabello desordenado, bolsas de cansancio bajo los ojos y las uñas llenas de mierda.</p>
<p><strong>Escribir es un tic. Los métodos y las manías de los escritores<em>. </em></strong>Francesco Piccolo, Ariel (2008) / Círculo de lectores (2009).</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i41.tinypic.com/1t3mfr.jpg" alt="" width="150" height="236" />“<span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;">La escritura es una combinación original de devoción sagrada y mentalidad de empleado”. El <a href="http://www.planetadelibros.com/escribir-es-un-tic-libro-15668.html" target="_blank">librito de Piccolo</a> es lo contrario que el anterior, y permítanme recomendárselo, encarecidamente. Frente a los “trabajos forzados” de Galateria, la cotidianidad del autor, sus rutinas de escritura, su método y sus manías. Aquí los escritores trabajan, con denuedo, en la escritura de libros. Creo que, si el libro de Galateria puede satisfacer algunos egos, éste puede acercar al escritor a sus lectores, lo humaniza y lo dignifica. Sí, el escritor se esfuerza día tras día. No, el escritor no se sienta en su escritorio cuando le apetece (cuando “está inspirado”) y escribe algunas páginas sin esfuerzo antes de regresar a su vida ociosa e, incluso, divina. Todo ello al margen de que pueda gozar con su oficio, claro. Eso sí ocurre, afortunadamente.</span></span>
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		<title>Empezamos a podar la selva: La Critipedia</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2011 07:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mirada de troodon]]></category>
		<category><![CDATA[crítica literaria]]></category>
		<category><![CDATA[futuro del libro]]></category>
		<category><![CDATA[internet]]></category>

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		<description><![CDATA[Internet es una selva. Este es un lugar común, mas no por ello una falsedad o una exageración. La información fluye desbocada, y si algo falta en esta maravillosa realidad alternativa es un filtro, una poda, una ordenación de los contenidos. Los buscadores, hoy por hoy, no resuelven el problema suficientemente, pues no alcanzan a [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://i44.tinypic.com/1731uf.jpg" alt="" width="465" height="217" /></p>
<p>Internet es una selva. Este es un lugar común, mas no por ello una falsedad o una exageración. La información fluye desbocada, y si algo falta en esta maravillosa realidad alternativa es un filtro, una poda, una ordenación de los contenidos. Los buscadores, hoy por hoy, no resuelven el problema suficientemente, pues no alcanzan a discriminar la calidad e importancia de un contenido y la ordenación de la información muchas veces resulta caprichosa. Aunque también es cierto que han mejorado mucho y que mejorarán aún más.</p>
<p>En el campo de la crítica literaria sufrimos el mismo problema. Un problema secundario al inmenso beneficio que supone el fácil acceso a nuevas herramientas de comunicación libre, abundante e inmediata, pero que a la postre, y por exitoso, ha resultado problemático. Confuso. Confundente. Por ello, iniciativas como la de <a href="http://lacritipedia.wordpress.com/" target="_blank">La Critipedia</a> son motivo de celebración.</p>
<p>A pesar de su nombre es un blog, no una enciclopedia. Es una sección de <a href="http://elcoherente.wordpress.com/" target="_blank">El Coherente</a> (no sé quienes son, por sus hechos los conoceréis), “pasquín literario de ambigüedades” y es, “en esencia, una web de enlaces que busca, ordena y da visibilidad a las críticas, reseñas y comentarios que sobre el mundo de libros se publican en español”. Es decir, dan un paso más allá del buscador y facilitan al interesado el acceso al diferente material crítico que sobre una obra se ha vertido a la red.</p>
<p>Sin embargo, se echa en falta más elaboración, pues si bien “busca, ordena y da visibilidad” a los resultados que caulquier buscador arroja, se detiene ahí. Quizá debiera honrar más su propio nombre y tender a una forma “wikipédica”, en la que no sólo se ofrezcan listas sino también resúmenes, comentarios y valoraciones de los contenidos seleccionados.</p>
<p>Con sus limitaciones, se trata de un paso necesario, un comienzo que, ciertamente (lo he experimentado en carne propia) da visibilidad a nuestros humildes esfuerzos críticos.
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