Veo Perdidos en la ciudad y no puedo borrarme la sonrisa de la cara. Resulta encantador verles disfrutar (y padecer) las maravillas de la civilización sin contaminarse con sus miasmas… Pero luego habrán de volver y no serán ya los mismos y quizá ya no sean capaces de ser simples salvajes c[...]
Archive for the ‘Zarpazo de velociraptor’ Category
Defensa del Dios, de Santiago Vilas
Cuando sepas que nunca… de María Sirvent, y Olive Kitteridge, de Elizabeth Strout
Publica ahora El Aleph un par de novelas que ponen su atención, aunque de manera diversa, en lo cotidiano. Literatura que prescinde de grandes conflictos, de grandes tragedias, porque el día a día tiene su propia fuerza dramática y porque, sin necesidad de Circes ni Escilas ni cantos de sirena, [...]
Bernardo Atxaga, nuevos narradores argentinos y Lola Beccaria
El paraíso aterrador. Siete casas en Francia, Bernardo Atxaga. Los paraísos siempre han sido motivo de reflexión acerca del infierno. Es difícil concebir, desde nuestras coordenadas culturales, el bien sin el mal, la belleza sin la fealdad. Y cuesta imaginar un lugar más paradisíaco que la [...]
Sergio Chejfec, Miguel-Anxo Murado y António Lobo Antunes
Un artista del mundo flotante. Mis dos mundos, Sergo Chejfec. Sin duda se trata de un título sumamente interesante que nos descubre a un autor notable que escribe en nuestra lengua y que, no obstante, nunca había sido publicado en España. Lo cual nos vuelve a hacer reflexionar sobre esta situa[...]
Stan Nicholls: Orcos
Quien leyera El señor de los anillos –y todos lo hemos leído– es difícil que no sintiera intriga por el orco, esa criatura cerduna, oscura, malcarada, hedionda y que, en fin, reúne todos los defectos imaginables, dado que se construyeron como opuesto de los elfos, seres cuasidivinos; seres i[...]
Eric G. Wilson: Contra la felicidad
“La tristeza nos concilia con la realidad. Nos arroja al fluir de la vida. Nos coloca en el borde afilado de la experiencia (p. 46). La mayor tragedia es vivir sin tragedia. Abrazar la felicidad es odiar la vida. Amar la paz es aborrecer el ser” (p. 50). Aunque nos priva del análisis de la [...[...]
