Oct 18

Jon Bilbao, el narrador distante

Escrito en El T-rex que viene, El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , 18/10/2011

No sé si un escritor debe pedir disculpas a sus lectores por haberlos desatendido un tiempo. A buen seguro que debe enfadarse consigo mismo: culpa, reproche, propósito de enmienda, todo eso. No es que sirva de mucho, porque uno es como es y seguirá siéndolo. He vuelto, por ahora. ¡Aunque no he estado ocioso, que lo sepas!  

Por si acaso: ¡Lo siento! 

 

Haciendo poco ruido mediático, llamando escasamente la atención de la crítica (que desgraciadamente forma parte, aunque irrelevante, del circo mediático), Jon Bilbao ha ido construyendo su reputación a base de sumar lectores. El suyo es un caso no muy distinto al de Alberto Olmos o Juan Aparicio-Belmonte, la nueva generación de narradores (paralela a la nocillera, más promocionada, en proceso de disolución) que ha tenido que trabajarse el reconocimiento en galeras, casi sin ayuda, en sellos muy independientes y ocupando un lugar más que secundario en las góndolas de novedades. Pero los lectores, o al menos un sector suficiente y suficientemente creciente, han respondido. 

Bilbao ha escrito dos libros de relatos, Como una historia de terror y Bajo el influjo del cometa, ambos premiados, una novela también premiada, El hermano de las moscas y una novela corta o nouvelle, la más reciente Padres, hijos y primates. Como en este momento no estoy para cuentos, aparcaré por ahora los dos primeros títulos. En cuanto a sus novelas, son sólo dos y de muy diferente extensión, que no ambición, pero ya se vislumbra en ellas un patrón reconocible. 

  El hermano de las moscas, novela de evidente inspiración kafkiana (hasta el sujeto metamórfico se llama Grego) nos sitúa en una urbanización suburbana de renta elevada, un entorno muy cheeveriano. La aparición de lo sobrenatural, en forma de transformación en insectos (no uno, como en el caso de La metamorfosis, sino en un enjambre entero), nos aleja del ambiente ordinario del maestro norteamericano.

Por su parte, en Padres, hijos y primates no suceden acontecimientos fantásticos, sino extraordinarios, aunque la atmósfera alucinante se mantiene y, quizá, me parece, se instensifica. Sorprendido por un huracán durante una estancia en el Yucatán, Joanes, ingeniero y padre de familia (al igual que en Hermano…) se separa del grupo para encontrarse con una figura paterna, el profesor que, según cree, le arruinó la vida. 

En ambas novelas la naturaleza juega un papel primordial, en cuanto amenaza (en uno de sus cuentos la amenaza la encarnan ardillas, muchas ardillas). Siendo el núcleo familiar una unidad frágil, sujeta a tensiones tanto internas como externas, va a corresponder al padre, al cabeza de familia, el deber de protegerlo de cualquier agresión exterior, bien por parte de los suegros en cuanto “padres ajenos” (figura tópica que en Bilbao cobra una nueva dimensión), bien por parte de ese ente anónimo que es “la sociedad”, bien por parte del ente abstracto, con manifestaciones concretas, que resulta ser la naturaleza. Los ejemplos son numerosos. El mismo argumento de El hermano… manifiesta este temor por lo natural, cuando Grego, aparente sujeto de experimentación evolutiva (aunque no se aclara en ningún momento la causa de la metamorfosis, varios puntos en la novela sugieren que, más que de un hecho mágico, se trata de un hecho natural), comienza a sufrir transformaciones periódicas (una vez al año) en un enjambre de moscas, como preludio de su transformación definitiva en una nueva criatura, como si no lo fuera ya desde su primer episodio mutante. 

Dentro de esta misma novela, la aparición simbólica de la tortuga, atravesando la cerca e invadiendo el jardín propio, juega el papel de sibila. Lo mismo puede decirse, aunque tendrá una posterior incidencia en la trama, del surgimiento de un chimpancé (recordemos, una especie africana) de la selva mesoamericana, al que Joanes atropellará. Pero no sólo la naturaleza ejerce una influencia ominosa sobre el núcleo familiar, especialmente sobre su escudo, el padre (no siendo padre de Grego, sino hermano, Héctor cumple esa función dada la debilidad e indefensión del sujeto metamórfico, devenido en niño y, por ello, privado de libertad y decisión; ya antes de manifestarse su enfermedad era un sujeto infantil, voluble e irresponsable); también la tecnología (los constantes accidentes en la refinería donde trabaja Héctor, los problemas de comunicación y la explosión sufrida por el hijo del profesor en Hijos…) y la sociedad (los competidores en el negocio del aire acondicionado, las conspiraciones en la refinería, las habladurías en la urbanización, la intromisión de las otras figuras paternales).

Es, pues, el centro de la obra narrativa de Bilbao la familia nuclear y sus demonios, su fragilidad y el cúmulo de amenazas, y la oscuridad que ha de reconocer y abrazar el hombre para mantener a salvo lo único que de valor posee, al precio que sea, arriesgando lo demás (el éxito, la tranquilidad). Ese precio pueden ser mutilaciones o crímenes (en Padres, hijos… Joanes sufrirá unas, provocará otros), pero sobre todo su propia metamorfosis, pues ya nada será igual para el nuevo superhombre, la nueva especie humana.

Bilbao opta, acertadamente, por un estilo frío y distante, quirúrgico. No se compromete a nada con el lector, el cual recibe así un reconocimiento de su libertad. Por supuesto, pocos lectores están dispuestos a ser tan libres, por lo que la obra de Bilbao, pese a lo emocionante de la trama y lo impactante de las imágenes (la sorpresa, la violencia), está destinada a minorías. La suya es una narrativa de escenas, muy cinematográfica, en la que la escritura, al margen de la intencionada desnudez, no recibe un cuidado especial. La estructura, en cambio, sí recibe un cuidado especial (como no podía ser de otro modo en un ingeniero), siendo Padres, hijos… un ejemplo de concentración y El hermano… audaz y ambicioso en su construcción. Y hay que decir que, pese a ser un narrador de lo casual y lo inesperado (con un sentido mucho menos truculento que en el más famoso de los narradores de lo casual, Paul Auster), la estructura resiste bien estas tensiones que, por ser tan naturales (la velada cadena causa-efecto) parecen antinaturales.  

Comentarios (0)

Mar 15

Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , , 15/03/2010

¿Qué decir que no se haya dicho ya de Las teorías salvajes de Pola Oloixarac, que hoy se publica en España? Ríos de tinta pixelada fluyen por el inabarcable océano digital que la ha acogido con el jolgorio del triunfo de los héroes. Se ha dicho mucho muy bueno y algo, poco, muy malo. A la novela, por el momento, se le ha concedido en Argentina el aura de “obra de culto”, en espera de que se la otorguen los laureles del clásico; en España, antes de su publicación, ha recibido grandes elogios de Javier Calvo y del siempre atento Vicente Luis Mora. No sólo eso; Oloixarac fue portada de la revista literaria Quimera el mes pasado, y del último número de EP3. Estamos en el momento en que todos quieren subirse a la ola de esta nueva -otra más- revolución de las letras castellanas.

La pregunta que cabe hacerse, la primera que nos viene a la cabeza es, ¿qué se ha dicho, además de alabar justamente la belleza de la autora? ¿es para tanto? Respecto de la primera, ahora vamos con eso. De la segunda, que se adentra en el territorio de la subjetividad por muchas categorías técnicas y argumentos teóricos que se empleen, respondo “sí”. La novela sorprende, arrastra, a ratos fascina, a ratos molesta, pero siempre mantiene el tono de reto intelectual, jugando borgeanamente con las teorías salvajes o no de una filosofía real o inventada; arrasando con su sátira mordaz el mundillo intelectual y académico bonaerense, así como a la izquierda acomodada -“Nada compite en asco con el capitalismo escénico desarrollado por las izquierdas para la comercialización de sus productos”-; y, finalmente, destripando con precisión quirúrgica y saña de barbero renacentista nuestro mundo digital actual y su microcosmos juvenil.

Léelo completo en El Confidencial…

Actualización (12:30): hoy, el mismo día de la publicación de Las teorías salvajes, la editorial Alpha Decay se ha visto dulcemente obligada a preparar una segunda tirada. La ola progresa, ya es tsunami.

Comentarios (0)

Ene 11

B, de Alberto Santamaría

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 11/01/2010

B“Acaba de aparecer un nuevo libro. Lo he titulado B y es un libro en prosa. Tal vez sea una novela”. Eso nos dice el poeta y crítico Alberto Santamaría, padre de la criatura. Se refiere a ello como algo “nuevo”, y lo es, no sólo en el sentido de “efímero ocupante del escaparate de una librería”, sino en el de “experimento”, una forma muy personal de narrar no muy alejada de su obra poética precedente. Es nuevo porque es su primera obra narrativa. Es nuevo porque se distingue de la narrativa general, no por aportar técnicas o estructuras novedosas, sino la mirada única del autor -algo que parece inevitable, pero no lo es-. El argumento es tan breve como la misma obra: B habla ante una cámara; se confiesa, pero no se explica, sino que narra aleatoriamente fragmentos de su vida, sabedor de que la muerte lo acecha. No como a cualquiera, en un horizonte indeterminado o lejano, sino presente: la muerte es su compañera desde que su hermano le disparara -¿accidentalmente?- en la rodilla. “La bala, como una cápsula terrorista, esparcirá por tu cuerpo todo su veneno”.

Léelo completo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Nov 27

El otro mundo, de Hilario J. Rodríguez

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 27/11/2009

Hilario J. Rodríguez -conocido crítico de cine en varios medios- es un libropésico peculiar, que tiene más de albañil que de caníbal. Los libros son para él ladrillos para construir “diques de contención contra el desorden de la vida”. El proceso de erección de ese dique lo narró en Construyendo Babel, una novela injustamente discreta por haber sido publicada en una pequeña editorial; selecta, pero pequeña. El otro mundo es una novela igualmente deliciosa, algo más nutrida de dolor, que tampoco merece ser ignorada. Me cuesta creer que un libro, como afirma Miguel Ángel Muñoz en su blog “El síndrome Chéjov” -desgraciadamente desaparecido de la red- sobre Mapa mudo -la “fuga literaria” de Rodríguez- pueda tener “vocación de secreto”. Quizá este tipo de literatura autoficcional tienda también a la reserva, pero puede provocar en los lectores un enorme caudal de emociones y pensamientos valiosos.

Lee el artículo completo en El confidencial…

Comentarios (0)

Nov 10

Flavia de los extraños talentos, de Alan Bradley

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , 10/11/2009

Con esta entretenidísima, inteligente e irónica novela, Alan Bradley obtuvo el Debut Dagger Award de la Crime Writer’s Association. Flavia de los extraños talentos es una novela de misterio, una investigación a la antigua usanza con algunos componentes de modernidad, tal como la protagonista, una niña dotada de “extraños talentos” -expresión que pertenece a la edición española, pero que es muy acertada y sugerente- y una personalidad no menos peculiar, que habita una vieja mansión junto a sus hermanas Ophelia y Daphne -a las que odia, sentimiento compartido por ellas-, su padre, ex militar aficionado a la filatelia y víctima de un oscuro pasado, el criado Dogger, con algún desequilibrio mental, y la cocinera sra. Mullet, autora de horrendas tartas de crema.

La vida transcurre allí monótona, opresiva, entre las ofensas mutuas y las consiguientes venganzas de las hermanas, el silencio reconcentrado del padre y la sombra de la madre desaparecida en extrañas circunstancias. Hasta que una mañana Flavia descubre un cadáver en el huerto de pepinos. Parece un desconocido, pero en seguida advierte que no lo es tanto. Así comienza a desplegar sus talentos en una carrera contra la policía por descubrir al autor del crimen, del que inmediatamente es acusado el padre.

Lee el artículo completo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Ago 06

Otra vuelta de tuerca: El estatus, de Alberto Olmos

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 6/08/2009

fantasmadaOtra vuelta de tuerca. El estatus. Alberto Olmos.

La nueva novela de Alberto Olmos tiene todos los ingedientes de una convencional narración de misterio. La protagonizan dos mujeres solas, madre e hija, que pasan a habitar un territorio que, para ellas, es inhóspito: el primer piso de Schmelgelme 34, donde aguardan la llegada del marido y padre. Han cambiado su cómoda villa campestre, repleta de criados, por ese retazo urbano y una criada inexperta y deslenguada, indiferente ante las diferencias de clase entre ella y su señora, que sin embargo las tiene muy bien presentes. La hija, Clarita, que está en la edad de las primeras menstruaciones, traba una peregrina amistad con el no menos extraño portero del inmueble, Jesualdo, un gigante discapacitado cuyas inclinaciones se hacen pronto evidentes. Junto a las nuevas inquilinas y su criada, parece ser el único habitante del edificio, en el que sin embargo pronto comienzan a suceder episodios inexplicables.

La apariencia de convencionalidad se disipa pronto. En seguida aparecen dos voces junto a la del narrador: la de las protagonistas, que dialogan desde algún lugar fuera del tiempo, y la del portero, un monólogo interior –recurso que emplea profusamente el autor, especialmente hacia el final del volumen– que evoca al Benjy Compson de Faulkner. Olmos hace, en cada uno de sus proyectos, algo nuevo, pero dentro de sus coordenadas narrativas y estéticas. Aquí emplea esos ingredientes del relato de fantasmas para cocinar un guiso que, conservando la atmósfera inquietante, da una vuelta de tuerca al género, explora la soledad que aqueja a unos personajes que, por mor de su estatus, permanecen aislados, incomunicados, aun madre e hija: “admitámoslo, en nuestra familia nunca ha sido costumbre quererse” (pág. 108). La desolación del edificio, que se va revelando por las excursiones de Clarita –un edificio que “por fuera es un palacio, pero por dentro es la ruina total”– es la extensión física de la propia desolación y descomposición emocional de los personajes. El ordenado piso que habitan no deja de ser un decorado que terminará por ser engullido por la nada circundante.

La novela tiene ese aire de la gran narrativa centroeuropea de principios del siglo XX y hace gala de una complejidad constructiva que, sin embargo, esconde sus andamios, ofreciendo un aspecto pulido, acabado. Es la mejor novela de Olmos hasta ahora, que redunda en sus mejores cualidades, a las que ya se hizo referencia en anteriores ocasiones, perfeccionándose en una progresión casi ininterrumpida que llena de expectación a quienes disfrutamos de su escritura.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial…

Comentarios (1)

Jun 18

Mirar al agua y El tesoro de Sierra Madre

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , 18/06/2009

 

witkin1La creación como motivo. Mirar al agua. Javier Sáez de Ibarra

 

Todo libro, de cualquier género, que tenga que ver con el arte contemporáneo, debe empezar por el principio: el pasmo del espectador y un principio de entendimiento. Así ocurre en Mirar al agua, Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, que arranca con el relato que da nombre al conjunto y en el que el misterio del arte y del amor se funden para principiar una respuesta al divorcio existente entre el hombre común y el arte de nuestra época. Y es que, como destacó el jurado, no es muy habitual en nuestras letras el diálogo con las artes plásticas, como sin embargo sí lo es en las anglosajonas. El propio autor lo anuncia en uno de los lemas del libro –por otra parte muy cargado de éstos, todos significativos y orientativos-, una cita de Iván de la Nuez: “el arte le ofrece a la literatura la posibilidad de continuar, desde otras perspectivas, sus labores narrativas o sus tareas como cartero de la sabiduría. El choque entre ambos ámbitos producirá seguramente una nueva poética del siglo que empieza”…

 

La quimera del oro. El tesoro de Sierra Madre. B. Traven.

 

 

Hay novelas condenadas a sobrevivir por mor de sus descendientes fílmicos, que gozan de un mayor reconocimiento y, a veces, de una mejor factura. El caso más conocido es Lo que el viento se llevó, pero El tesoro de Sierra Madre es igualmente prototípico. La gran película de John Huston es uno de los clásicos del cine norteamericano de la edad dorada -y uno de los últimos- y, en muchos aspectos, supera a la novela de Bruno Traven, un escritor inquieto y enigmático que siempre huyó de la celebridad y el reconocimiento sembrando de pistas falsas su biografía y cambiando periódicamente de seudónimo -su nombre real es desconocido-…

 

Sigue leyendo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Abr 30

No siempre lo peor es cierto; La torre de Hanói; Órbita

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , , 30/04/2009

lastimaNi malos ni buenos, sino todo lo contrario. No siempre lo peor es cierto. Carmen Iglesias

“Los hombres hacen la historia en unas condiciones, pero la hacen ellos mismos”. En esta frase se condensa buena parte del sentido de este volumen grueso pero no denso -en el sentido de intragable-. Hace referencia a la voluntad del hombre, porque la historia se compone de pequeñas elecciones que se hacen cada día a muy diversos niveles, y que determinan el futuro…

 

La realidad matemática. La torre de Hanói. Carlo Frabetti

La torre de Hanói es un juego basado en las matemáticas, que además da nombre a la última novela de Carlo Frabetti, autor italiano afincado en España y que escribe en castellano habitualmente. Siendo miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, no es extraño que las matemáticas formen una parte importante de su experiencia literaria. Y en este volumen toman cuerpo de novela…

Literatura de hoy. Órbita. Miguel Serrano.

En el libro de relatos del zaragozano Miguel Serrano, Órbita, las matemáticas aparecen casi en cada relato, bien la reformulación del álgebra, bien la prueba de la existencia de Dios -demostrable mediante las matrículas de los automóviles de un pueblo oscense y una clave dada por la Ministra de Agricultura durante un sueño-; y si no es la ciencia o sus manifestaciones -un contestador automático o la consistencia eléctrica del alma-…

 

Seguir leyendo en El Confidencial…

 

Comentarios (0)

Abr 16

Bernardo Atxaga, nuevos narradores argentinos y Lola Beccaria

Escrito en El T-rex que viene, El museo, Zarpazo de velociraptor.
Etiquetas: , , , 16/04/2009

 

mokele-mbembeEl paraíso aterrador. Siete casas en Francia, Bernardo Atxaga.

Los paraísos siempre han sido motivo de reflexión acerca del infierno. Es difícil concebir, desde nuestras coordenadas culturales, el bien sin el mal, la belleza sin la fealdad. Y cuesta imaginar un lugar más paradisíaco que la cuenca del Congo, la tierra de Mokèle-mbèmbé, del doctor Livingstone. Pero también el Estado Libre del Congo de Leopoldo II, de Henry Morton Stanley; el Zaire de Mobutu y la República Democrática de Kabila. Y es el Congo bajo domino belga el que atrae ahora a Bernardo Atxaga, quien en Siete casas en Francia retrata, desde un pequeño puesto militar de la Force Publique, los hechos ominosos de la explotación humana y la violencia.

Pisando fuerte. La joven guardia. Nueva narrativa argentina.

Si la semana pasada notábamos aquí a uno de los autores argentinos de mayor impacto en 2008, referimos ahora la aparición de una antología de cuentos que recoge a veintitrés “jóvenes escritores argentinos” -denominación en torno a la cual reflexiona el texto antologado de Juan Terranova-, menores de cuarenta años y que ya empiezan a destacar -alguno, como Andrés Neuman, desde hace ya tiempo-. Se trata de un elenco diverso, y esa diversidad es algo que el antólogo, Maximiliano Tomas, ha buscado transmitir.

Arriesgarse y fracasar. El arte de perder, Lola Beccaria.

¿Puede considerarse un arte la derrota? Los seguidores del Atlético de Madrid, sin duda, se la habrán formulado más de una vez. Pero, desde un punto de vista afectivo, dicha cuestión puede ser revolucionaria. Perder, en este contexto, significa intentarlo, luchar. Pierde el que lucha, el que no se deja dominar. En este caso, es resistirse a las convenciones en torno al amor. La protagonista de El arte de perder, novela de Lola Beccaria, defiende vivir un amor herido, un amor lisiado, pero auténtico, antes que renunciar a la emoción pura, real, o fingir que se tiene aquello que falta.

Sigue leyendo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Abr 08

Sergio Chejfec, Miguel-Anxo Murado y António Lobo Antunes

Escrito en El T-rex que viene, El museo, Zarpazo de velociraptor.
Etiquetas: , , , 8/04/2009

 

Finsbury Park. Fuente:librodearena.comUn artista del mundo flotante. Mis dos mundos, Sergo Chejfec.

Sin duda se trata de un título sumamente interesante que nos descubre a un autor notable que escribe en nuestra lengua y que, no obstante, nunca había sido publicado en España. Lo cual nos vuelve a hacer reflexionar sobre esta situación (que cambia lentamente) en la que el mundo hispanohablante vive culturalmente de espaldas a sí mismo. De todos modos, Chejfec es distinto a todos. Además de vivir al margen de la vida literaria –que nada tiene que ver con la literatura–, su escritura tiene mucho de germánica y muy poco de narrativa. Esta es una novela para lectores fascinados por los recovecos del pensamiento en cierto modo hegeliano, que se despliega y desenvuelve.

La fiebre, señora del mundo. El sueño de la fiebre, Miguel-Anxo Murado.

Quién no ha asistido asombrado a las fantasías de la fiebre, esas figuraciones del cerebro alterado por la enfermedad y el hervor, que se viven como una pesadilla de especial intensidad y de la que nos vemos incapaces de despertar. La calentura es mucho más que un aumento anormal de la temperatura del cuerpo, y más que una mera alteración del estado natural de consciencia. La fiebre está cargada de recuerdos y “tiene ese poder de evocar porque nos lleva al mismo rincón oscuro en el que estuvimos de niños, de jóvenes, de adultos. La fiebre es un lugar”.

El mal es insistir en el estilo. Mi nombre es Legión, António Lobo Antunes.

La narrativa de António Lobo Antunes tiene dos preocupaciones esenciales: la experiencia literaria de la violencia y la consecución de un estilo propio. Huelga decir que hace tiempo que cumplió ambos objetivos con creces, pero puede que haya entrado en su Caribdis particular, en la que el estilo fagocita tramas y personajes. Esta es la sensación que deja su última novela, Mi nombre es Legión, en la que el estilo Lobo Antunes, que ciertamente es ya un patrimonio para la cultura portuguesa, copa el relato de modo absoluto, ahogando al resto de elementos narrativos.

Seguir leyendo en El Confidencial…

Comentarios (0)