Nov 30

Empezamos a podar la selva: La Critipedia

Escrito en Mirada de troodon.
Etiquetas: , , 30/11/2011

Internet es una selva. Este es un lugar común, mas no por ello una falsedad o una exageración. La información fluye desbocada, y si algo falta en esta maravillosa realidad alternativa es un filtro, una poda, una ordenación de los contenidos. Los buscadores, hoy por hoy, no resuelven el problema suficientemente, pues no alcanzan a discriminar la calidad e importancia de un contenido y la ordenación de la información muchas veces resulta caprichosa. Aunque también es cierto que han mejorado mucho y que mejorarán aún más.

En el campo de la crítica literaria sufrimos el mismo problema. Un problema secundario al inmenso beneficio que supone el fácil acceso a nuevas herramientas de comunicación libre, abundante e inmediata, pero que a la postre, y por exitoso, ha resultado problemático. Confuso. Confundente. Por ello, iniciativas como la de La Critipedia son motivo de celebración.

A pesar de su nombre es un blog, no una enciclopedia. Es una sección de El Coherente (no sé quienes son, por sus hechos los conoceréis), “pasquín literario de ambigüedades” y es, “en esencia, una web de enlaces que busca, ordena y da visibilidad a las críticas, reseñas y comentarios que sobre el mundo de libros se publican en español”. Es decir, dan un paso más allá del buscador y facilitan al interesado el acceso al diferente material crítico que sobre una obra se ha vertido a la red.

Sin embargo, se echa en falta más elaboración, pues si bien “busca, ordena y da visibilidad” a los resultados que caulquier buscador arroja, se detiene ahí. Quizá debiera honrar más su propio nombre y tender a una forma “wikipédica”, en la que no sólo se ofrezcan listas sino también resúmenes, comentarios y valoraciones de los contenidos seleccionados.

Con sus limitaciones, se trata de un paso necesario, un comienzo que, ciertamente (lo he experimentado en carne propia) da visibilidad a nuestros humildes esfuerzos críticos.

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Nov 25

Día contra la violencia doméstica

Escrito en El dinosaurio que estaba allí, Mirada de troodon.
25/11/2010

“Indajit se enfureció al ver las fuerzas guerreras de los monos. Desenvainó su espada y cogió a Sītā del cabello, luego la abofeteó con fuerza frente a todos y ella gritó:

- ¡Oh, Rāma! ¡Rāma!

Hanumān estaba fuera de sí y reprendió con gran enfado a Indrajit.

-¡Infeliz rufián! ¡Malévola criatura! ¡Acabas de invocar tu propia destrucción al coger a Sītā del cabello! ¡Naciste en un linaje de sabios soberanos aunque hayas salido del útero de una rākṣasī! ¡Maldito seas! ¡Tus poderes están enraizados en la injusticia! ¿Quién si no el más vil y el más deshonesto haría algo así? ¡Sītā no tiene un hogar ni un rey, tampoco a Rāma! ¿Qué te ha hecho para que quisieras matarla? ¡Si matas a Sītā, morirás pronto, tu vida estará en mis manos! ¡Y mereces la muerte por esta terrible acción! ¡Morirás y acabarás en el infierno reservado a los asesinos de mujeres, aquellos infiernos son vilipendiados incluso por lo más bajo de lo bajo!”.

Rāmāyaṇa, edición de Atalanta (2010), pág. 507. Traducción de Roberto Frías según la versión inglesa de Arshia Sattar.

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Sep 24

Busco lectores: no se requiere experiencia

Escrito en Mirada de troodon.
24/09/2010

Es justo y necesario indicar la fuente de la idea.

Comparte y vota:

http://www.wikio.es

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Sep 10

Goethe ensillado

Escrito en Mirada de troodon.
Etiquetas: 10/09/2010

¿Alguien puede localizar la cita?

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Ago 05

Barbaridades: Hemingway sin reserva

Escrito en Mirada de troodon.
5/08/2010

Gustará o no la fría y gris reforma de la céntrica plaza madrileña de Callao -a mí no-, pero es indudable que el mostrenco de El Corte Inglés, con su ceño de caballero medieval, es un horror. Un engendro. En esta ocasión la ubicua cadena de grandes almacenes no es responsable de la fechoría, que otros lo hicieron antes. Y es que otrora se alzaba allí el Hotel Florida, un monumental edificio de Antonio Palacios. Más allá de su calidad arquitectónica, es la historia del edificio, refugio de los corresponsales extranjeros durante la Guerra Civil, lo que hizo de él un pedazo de nuestra cultura. Allí se alojaba Hemingway, también Dos Passos. En 1964 la especulación urbanística, unida a la desidia de todos, se lo cepilló. Lo que se alza en su solar nos recuerda lo que perdimos y difumina un fragmento de nuestra memoria cultural.

Enrique Fidel en su blog Urban Idade, Memorias de las redes urbanas, le dedica un buen post al extinto hotel.

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Jul 05

Inquietante ejército de monos, en el Rāmāyaṇa

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, Mirada de troodon.
5/07/2010

“Sugrīva se volvió hacia Hanumān, que estaba a su lado, y le dijo:

-Convoca a los monos de todos los rincones de la tierra por medio de regalos, de acuerdos y diplomacia. Sé que ya hemos enviado mensajeros, pero despacha más monos para que apremien a los anteriores. Quiero que todos los monos se presenten aquí, incluso los que estén entregados a hacer el amor y los que se sientan inclinados a la pereza. ¡Si no llegan aquí dentro de diez días, serán ejecutados por desobedecer al rey!

»Bajo mi mando hay miles de millones de monos; que todos vengan y se presenten ante mí. Envía a los monos inmensos que tienen el tamaño de las nubes y que tapan el cielo para que den a conocer mis órdenes. Envía a esos monos que saben dónde viven todos los otros monos de la tierra.

(…)

Trescientos millones de monos negros como el kohl vinieron de la montaña de Añjanā, cien millones de monos resplandecientes vinieron de las montañas del ocaso, cientos de millones de un pardo rojizo como la melena del león vinieron del monte Kailāsa, y mil millones que vivían de raíces y frutos vinieron de los Himālayas. Cientos de millones vinieron de los Vindhyas; eran feroces como Marte y capaces de cosas terribles. Un número incontable llegó de las orillas del océano de leche, donde vivían en bosques de palmas y se alimentaban de cocos. Las tropas de monos vinieron por colinas, valles y ríos bebiéndose el sol, por así decirlo.

(…)

Rāma contempló al enorme ejército de monos, que parecía un estanque de lotos, y quedó muy complacido. Alzó a Sugrīva, el rey de los monos, que se había postrado a sus pies, y le abrazó con afecto y respeto. Le pidió que tomara asiento y entonces le dijo:

- Un verdadero rey es aquel que divide su tiempo proporcionalmente entre los asuntos de estado y el placer. Aquel que persigue sólo el placer y descuida el dharma y los bienes materiales es como el hombre que se va a dormir a la copa del árbol y despierta cuando cae al suelo. Un rey que destruye a sus enemigos y se dedica al bienestar de sus amigos recoge los frutos de las tres metas de la vida. Vive de acuerdo con el dharma. ¡Ha llegado el momento de comenzar nuestra empresa, destructor de enemigos! ¡Consulta a tus ministros y consejeros!

-Gracias a ti he restituido mi fama y mi gloria, y he recobrado el antiguo reino de los monos -dijo Sugrīva-. Tú y tu poderoso hermano me habéis ayudado a conseguir esto, y aquel que no devuelve los favores es el peor de los hombres.

» Aquí tenemos cientos de monos que han traído a otros miles de monos desde todos los rincones de la tierra. Hay osos y monos con cola de vaca que saben abrirse paso en los bosques más inexpugnables. Hay monos que son hijos de dioses y de gandharvas y que pueden cambiar de forma a voluntad, acompañados de sus grandes ejércitos. Hay monos cuyo valor es comparable al de Indra, monos que viven en los Vindhyas y que tienen la estatura de las montañas Meru y Mandara, ¡cientos de miles de millones de monos que vienen en camino! ¡Matarán a Rāvana y a su familia y traerán de vuelta a Sīta!

(…)

En ese momento, se levantó una enorme nube de polvo que tapó los afilados y ardientes rayos del sol. Cubrió el cielo y lo oscureció en todas las direcciones. La tierra comenzó a temblar y muy pronto quedó cubierta por innumerables monos de fuerza inaudita, grandes como montañas, de afilados dientes y uñas. En cuestión de minutos, la zona quedó invadida por los jefes mono y sus millones de seguidores, los cuales podían cambiar de forma a voluntad. Había monos formidables y poderosos provenientes de los ríos, los mares y las montañas, así como aquellos que vivían en los bosques y cuyas voces rugían como el trueno. Los monos de toda lla tierra se habían reunido allí, gritaban y aullaban, daban saltos y brincos, y rodeaban a Sugrīva como las nubes roden al sol. La euforia de los monos se traducía en un estruendo terrible. Inclinaron su cabeza ante Sugrīva y comenzaron a presentarse. Algunos jefes, que eran más reservados, se acercaron a él para inclinarse con las palmas juntas. Y Sugrīva, que conocía el dharma, los presentó ante Rāma.

Rāmāyaṇa, edición de Atalanta (2010). Traducción de Roberto Frías según la versión inglesa de Arshia Sattar. Una espléndida revisión pues lo habitual es presentar un Rāmāyaṇa farragoso, arcaico. Tal y como dice Jesús Aguado (Babelia), “lejos de ser un monumento o un objeto de museo, defecto de la mayoría de las versiones occidentales mencionadas (incluida una en latín que refuerza todavía más esta sensación de antigualla venerable pero inservible y lejanísima), aparece como un texto vivo, actual, próximo y directo con el que uno, sin importar a qué región geográfica o mental del mundo pertenezca, puede dialogar sobre todo lo divino y lo humano”. Más que recomendable, aunque, como yo, ya tuvieran otra edición en casa.

Ficha en la editorial Atalanta →

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Nov 03

El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta

Escrito en Mirada de troodon.
Etiquetas: , , , 3/11/2009

Parece que El viaje íntimo de la locura fuera un libro fantasma: muchos creen en él -y lo han comprado o pretenden hacerlo-, pero pocos lo ha leído. Por lo menos, eso es lo que aparece en la red. Y sería injusto perseverar en esta actitud reverencial aunque pasiva, porque la primera novela de Roberto Iniesta, el alma de Extremoduro, no está nada mal. Por mi parte, llevaba algún tiempo sin escucharlos pues, aunque en sus últimos discos había algunos temas memorables -me encanta Stand By- estaba un poco cansado de tanta luna y tanta flor, y algo de eso hay aquí, en la novela -más sol que luna-.

Por el título -creo que inadecuado- y por la ilustración de la cubierta -es a un retrete a lo que se asoma el hombre del pelo enhiesto- uno podría imaginar que estamos ante un producto de la época que va de Rock transgresivo a Agíla, pero en el interior se desarrolla, como no podía ser de otro modo -la novela comenzó a escribirse en 2003-, una historia del ciclo de Canciones prohibidas en adelante. Es decir, de la época de las flores y las lunas, y no de las prisiones y las sobredosis. Pero este es, ante todo, un Robe auténtico, con el mismo fondo de siempre, el mismo mobiliario mental -algo tosco pero sólido, de madera noble- y el mismo ansia de expresar su mundo interior con esa rabia que a veces logra calmar la poesía.

El viaje íntimo de la locura

Ahora bien, nada más comenzar la lectura, a la altura del Prólogo, me invaden las sospechas. Las vísceras le van bien a las letras musicales, especialmente cuando son acompañadas por guitarras contundentes, pero no a la literatura que es, ante todo, contención.

Robe insiste en no desvelar la trama, y no seré yo quien lo haga. Hay que respetar los deseos del autor, aunque es cierto que, cuando lanza al público su obra, “aunque es parte de él, una vez que sale de sí, se aleja de su esencia como un hijo de un padre” (p. 220; aunque Robe se refiere, en las páginas del libro, a un zurullo), si es que lo tuvo alguna vez. Comprendo el sentimiento del novelista y haré lo que pueda por apoyarle en tan vano empeño. Sólo diré que el protagonista, don Severino, es un notario de provincias, chapado a la antigua, que habita las rutinas tanto como ellas le habitan en él, pero cuyo mundo comienza a cambiar cuando su despertador le falla -y para adquirirlo ya acometió un cambio-. Será ese tan sólo el principio de los trastornos, cuya suma arroja como resultado un viaje, que es el cuerpo de la novela. En algunos momentos me recuerda a Héctor Servadac, más que a Cinco semanas en globo. También tiene mucho de Robinson Crusoe, aunque resulta evidente y explícito. Es un viaje al interior de don Severino, aunque adopte una forma ambigüa y descabellada; pero es que el pobre notario llevaba toda la vida tratando de ignorarse, y no le va a ser fácil llegar al quid de sí mismo.

Las sospechas no cuajan. Robe lidia con la prosa narrativa tentando, aventurando, y comete errores de principiante: se repite, se explica en exceso -más al comienzo de la novela-, se expresa intencionadamente de manera rebuscada, y desarrolla en exceso subtramas accesorias; el manejo del ritmo es correcto, casi sin altibajos, pero se resiente de ello. De todos modos, los defectos técnicos no disminuyen el efecto que la novela ejerce sobre el lector, porque cuando hay cabeza, todo lo demás importa menos. El principal es que lo entretiene; El viaje íntimo es una novela divertidísima, irónica, con momentos muy buenos de humor. El otro es que, arrastrado por un personaje tan entrañable como don Severino y, participando de su metamorfosis, el lector se debe formular una serie de preguntas de índole moral -Roberto Iniesta podrá ser un inmoral, pero en absoluto es un amoral-. La lección, sin embargo, resulta inasumible.

El Robe de siempre, el autor de las letras de Extremoduro -uno de los grandes letristas de hoy-, aparece en fogonazos, en escenas como las del ataque aéreo al Papa y a la Reina de Inglaterra o en los monólogos de la lombriz -a mi juicio, un postizo que sólo aporta risa- y en las familiares reflexiones tan castizas como certeras que abundan en sus canciones. Esa sinceridad que le hace más artista que muchos otros con la cabeza llena de doctrina. O cabría decir, más adecuadamente, artesano; seguro que, por añadidura, le gusta más. No cuesta mucho imaginarle trabajando la prosa con mimo, raspándola, haciéndose callos en los dedos al tiempo que la materia va adoptando la forma que le impone su paciencia, aunque a veces ésta se le escape. A ver si le ha cogido gusto al oficio y, con mimbres más sólidos, vuelve a ofrecernos un fragmento de su íntima locura.

La cita:

“[Las primaveras se le escurrían] como si tuviera flojo el esfínter por donde se nos escapa el tiempo” (p. 18).

La ficha:

El viaje íntimo de la locura, Roberto Iniesta. El hombre del saco, Muxica, 2009. 310 páginas, 19 €.

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Mar 12

Atisbado en… El País: Letraproletarios

Escrito en Mirada de troodon.
Etiquetas: 12/03/2009

Si parece que a las editoriales la crisis no les iba a tratar del todo mal, parece que, al menos, a los escritores sí. No me abandonan Fobos ni Quentin Beck, y sigo asustado con el abismo que se abre en el futuro del escritor. Al final, la blogosfera va a terminar siendo la Tierra Seca de la escritura.

Letraproletarios

Por Manuel Rodríguez Rivero, El País, 11 de marzo de 2009.

Editores, distribuidores y libreros -entre otros agentes- forman parte esencial de la (todavía vigente) cadena del libro. Sin sus respectivas actividades y negocios se quebrarían los canales de comunicación que trasladan a la sociedad -es decir, a los lectores- las variadas creaciones literarias de los autores, que son quienes las imaginan y componen. Hasta aquí lo evidente. Pero seguramente uno podría imaginarse un mundo -en un futuro hipertecnológico, pero no necesariamente lejano- en el que todos ellos desaparecieran, o en el que sus respectivas funciones (producto de la división del trabajo del antiguo bibliópola) pudieran ser asumidas total o parcialmente por el elemento más creativo del conjunto.

Los autores -en el más amplio sentido, incluyendo a los traductores, o a los ilustradores en el caso de los libros infantiles-, en cambio, son imprescindibles: hasta donde puedo saber, todavía no se han inventado cyborgs con imaginación creadora y talento para expresarla por escrito. Ellos son, por tanto, la auténtica piedra angular de un sistema cuyas mercancías son también bienes culturales, y en el que las tensiones entre valor de uso y valor de cambio resultan particularmente significativas. En otras palabras, y más crudamente: sin autores no hay negocio, pero tampoco cultura escrita.

Pero, paradojas del capitalismo, también son el eslabón más débil de la cadena. Por supuesto, hay autores y autores. Y siempre los ha habido: no me refiero a su calidad o influencia (que también), sino a su papel como colectivo en el mercado. Desde que, a principios de los ochenta del siglo pasado, y en una coyuntura dinamizada por la progresiva eliminación de los corsés de la Dictadura, algunos escritores -al amparo de lo que se llamó “nueva narrativa”- consiguieron mayor visibilidad y un incipiente glamour avalado por el éxito económico y mediático, el público ha tendido a confundir como categoría lo que no deja de ser una anécdota: el hecho de que un grupo de escritores pueda vivir exclusivamente de su trabajo no significa que el conjunto no adolezca de una estrepitosa precariedad laboral.

Lo anterior me lo sugiere un reciente artículo de Le Magazine Littéraire titulado, muy a la francesa, Les écrivains, ces nouveaux prolétaires?, en el que se denuncia el alarmante deterioro económico del colectivo de escritores, alejado, en este caso, de todo glamour. Claro que existen instituciones -como, entre nosotros, Cedro (Centro español de derechos reprográficos)- que contemplan “ayudas asistenciales” para “situaciones de urgencia o necesidad”, pero lo cierto es que el oficio de escritor, por sus propias características, no participa automáticamente de los instrumentos de protección y cobertura de que gozan otras profesiones.

Y tampoco de las mismas oportunidades a la hora de participar en el reparto de la tarta que genera su trabajo. Ahí tienen, por ejemplo, el caso de Editis, uno de los gigantes editoriales (hasta hace poco) franceses. Cuando en 2008 Wendel se lo vendió a Planeta obtuvo una plusvalía de 350 millones de euros. Sus empleados consiguieron, tras las consabidas protestas y plantes, una “gratificación” a cuenta de los beneficios. Pero los autores -es decir, la materia prima del negocio- se quedaron igual que antes. Bueno, peor: cuando Wendel se hizo cargo de Editis (2004) sus directivos impusieron una política de austeridad y ahorro que afectó particularmente a los “colaboradores externos”, es decir, entre otros, a los autores.

Me llegan noticias, cada vez más abundantes, de que en el río revuelto de la omnipresente crisis-comodín muchos autores que no consiguen “el reconocimiento del mercado” en la misma medida que el núcleo minoritario de sus colegas más privilegiados, están viendo sustancialmente recortados anticipos, forfaits y regalías. Hay que hacer un esfuerzo (otro), les aseguran, porque los tiempos son duros. Pero para algunos mucho más que para otros, lo que tampoco es nuevo. Al menos en este oficio.

Lee el original en El País.

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