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	<title>El dinosaurio que estaba allí &#187; Memoria de estegosaurio</title>
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	<description>Lecturas, pasiones y recuerdos de un cerebro reptil</description>
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		<title>Real Coyote</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Dec 2011 20:41:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Cuando era niño, aunque no nos permitían pasar mucho tiempo ante el televisor, sí que había algunos programas de dibujos animados familiarmente aceptados. Todo lo que fuera Disney, o Looney Tunes (para nosotros, siempre, el Conejo de la Suerte, aunque no apareciera en el episodio), o Tom y Jerry. Ello dejaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p>Cuando era niño, aunque no nos permitían pasar mucho tiempo ante el televisor, sí que había algunos programas de dibujos animados familiarmente aceptados. Todo lo que fuera Disney, o Looney Tunes (para nosotros, siempre, el Conejo de la Suerte, aunque no apareciera en el episodio), o Tom y Jerry. Ello dejaba fuera de la legalidad cualquier japonismo que no fueran Heidi o Marco o La abeja maya, es decir, Mazinger Z o Comando G, de los que otros niños nos hablaban en el colegio, pero que yo no pude ver jamás. De entre aquellos no sujetos a censura, había algunos que me irritaban. Del mismo modo que era intolerable que los indios consiguieran abatir al vaquero, parecía inadmisible que el Correcaminos derrotara incansablemente al Coyote, o que Jerry hiciera lo propio con el gato Tom. Y era así no por esquivar el esquema corriente, el flujo natural de las cosas, sino porque aquello olía mal. Había trampa en aquella invencibilidad de los supuestos débiles. Una mano negra.</p>
<p>Tanto el felino como el cánido, tradicionales opositores, coincidían en ver frustradas sus biológicas ansias de carnicería (si bien en ocasiones Tom demostraba tener mejor corazón que el infame roedor), y no porque sus rivales poseyeran recursos, poderes o talentos superiores. Sencillamente, les aguardaba la derrota hicieran lo que hicieran. Si, por ejemplo, Jerry para huir del gato se enroscaba en el casquillo de una lámpara, nada le ocurría, pero al ponerle Tom la zarpa encima, recibía este una terrible descarga eléctrica. Y el roedor indemne. Si, como solía, Coyote erigía un recio muro interrumpiendo la carretera y sobre él dibujaba una estampa del paisaje que acababa de bloquear, al llegar el ave a toda velocidad recorría el camino ficticio como si, para él, no hubiera distinción entre fantasía y realidad, entre simulacro y verdad. Por supuesto, si el Coyote intentaba hacer lo mismo se estampaba en la sólida, auténtica pared de ladrillos.</p>
<p>Lo más frustrante de todo esto era que (especialmente Wile E. Coyote) los perdedores demostraban tenacidad, ingenio e inteligencia, todos ellos valores y habilidades admirables, deseables, que los adultos deseaban inculcar a los niños pero que, incomprensiblemente, se nos mostraban como inútiles, como propias del fracasado y no del triunfante. Triunfante porque sí, pues el Correcaminos nada hacía para salirse con la suya. Su superioridad, además de inmerecida, era insultante, era injusta y se debía más a una intercesión cuasidivina que a la velocidad o la astucia del campeón. Aunque el plan y los cachivaches Acme fueran perfectos, los niños sabíamos de antemano el resultado final del empeño.</p>
<p>Hoy, como seguidor del Real Madrid, sufro de similar impotencia. Comenzamos a advertir los madridistas, como aquellos niños de entonces, que sin importar el esfuerzo, la planificación, el arte desplegado, saldremos derrotados en los enfrentamientos frente al Barça. Que, aun cuando se logre neutralizar su juego fabuloso de toque, movimiento y penetración, saldremos derrotados. Que, aun cuando nos adelantemos en el marcador en el primer minuto, saldremos derrotados. Que, aun cuando suframos un comportamiento antideportivo, con fingimientos, engaños y vilezas, saldremos derrotados (y además, incomprensiblemente, señalados como villanos). Que, aun cuando nuestro juego ciertamente más tosco y feo acogote y domine, saldremos derrotados. Porque hay una ley no escrita que dicta el resultado de estos partidos, y sean Xavi o Messi o Iniesta inspirados, sean Pepe o Sergio Ramos o Cristiano despistados, sean los rebotes siempre favorecedores al rival o los árbitos casi siempre parciales y sañudos (presas, igual que tantos aficionados desde que Florentino tomara las riendas del club, y más aún con la llegada arrolladora de Mourinho, de un antimadridismo cerril), sea lo que sea, al final, el Coyote se verá cayendo al abismo, preguntándose qué ha hecho él para merecer el topetazo y qué demonios puede hacer para, en la siguiente ocasión, salir imposiblemente triunfante.</p>
<p><em>Dedicado a mis amigos culés, siervos del mal y devotos de inmundas ratas y sucios pajarracos pero afortunados de poder sentir como propio un fútbol tan maravilloso.</em>
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		<title>Memoria y perseverancia</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2011/11/19/memoria-y-perseverancia/</link>
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		<pubDate>Sat, 19 Nov 2011 00:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[Adachi Mitsuru]]></category>
		<category><![CDATA[anime y manga]]></category>
		<category><![CDATA[Japón]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Recientemente he podido revisitar, sacando minutos de donde no los había, la serie de anime Touch! (Bateadores en España; originalmente era un manga de Adachi Mitsuru, que no he leído ¡Gracias, Santa Claus!). Había en ella dos escenas que, particularmente, me impresionaron en su momento, cuando de niño la vi por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p>Recientemente he podido revisitar, sacando minutos de donde no los había, la serie de anime  <a href="http://www.cosasquecontar.com/2010/03/touch-bateadores/"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><em><span style="text-decoration: underline;">Touch! </span></em></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">(</span></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><em><span style="text-decoration: underline;">Bateadores </span></em></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">en España; originalmente era un manga de Adachi Mitsuru, <span style="text-decoration: line-through;">que no he leído</span> ¡Gracias, Santa Claus!)</span></span></span></span></a>. Había en ella dos escenas que, particularmente, me impresionaron en su momento, cuando de niño la vi por televisión. Yo era un crío bastante romántico y la historia me atrajo lo suficiente como para que, años después y en un momento bastante inapropiado, volviera a verla. Esas escenas eran, claro, románticas. En la primera, Minami (en España recibió el absurdo nombre de Bárbara) buscaba bajo la almohada de Tatsuya (absurdamente Carlos) el libro de <em>Juan Salvador Gaviota</em>, pues Tatchan utiliza los libros para dormir con la cabeza bien alta. Dado que él duerme en la litera superior, aprovecha para mirar debajo de las faldas de su preciosa vecina. Debido a esta escena leí la novela de Bach, que por cierto es un tostón mayúsculo: Tatchan le dio un uso apropiado.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i41.tinypic.com/hui1c1.jpg" alt="" width="460" height="227" />La segunda escena hizo que este revisionado me resultara algo frustrante. Porque no la encontré. Es cierto que me salté los resúmenes que preparó Telecinco, pero creo que el resto del metraje lo atendí completamente. Mi memoria es tan flaca como una actriz casi famosa y considero la posibilidad de que perteneciera a otra serie, quizá <em>Kimagure Orange Road </em>(absurdamente <em>Johnny y sus amigos</em>) de la misma época; aunque estoy bastante seguro de que era de <em>Touch!</em>. En esa escena desmemoriada Tatsuya y Minami presenciaban, en la orilla inclinada de un río, un espectáculo de fuegos artificiales, probablemente de algún festival veraniego, y sentados en una manta, compartían comida, puede que Minami le pusiera porciones en la boca a su amigo de la infancia y enamorado inconfesado. No estoy seguro de si había alguien más, por ejemplo la madre de Tatsuya. Pero sí recuerdo la emoción romántica que suscitó en mi joven corazón. Toda la historia, béisbol al margen (hay que reconocer el mérito de haber logrado hacer emocionante ese deporte), está impregnada de esa emoción, tanto la competición entre los hermanos, como la condición de vecinos de los protagonistas, como el carácter dulce y servicial de Minami y el antiheroísmo de Tatsuya.</p>
<p>Pero no conseguí ver esa escena.</p>
<p>También evoqué otra emoción que el anime actual no consigue despertarme pues Japón como el resto de naciones se ha vuelto más cínico y despreocupado. Desde muy pequeño el anime japonés me animó a mejorar. De hecho, es un género entero dentro de la ficción popular japonesa, el de superación. Puede ser de temática deportiva<em>,</em> romántica, musical o combativa, entre otras (incluyendo la panadería), pero siempre funciona de manera similar: el personaje debe <a href="http://www.kirainet.com/perseverancia/"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">dar su mejor esfuerzo (</span></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><em><span style="text-decoration: underline;">ganbarimasu!</span></em></span></span></span><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">), perseverar</span></span></span></span></a> superando no al rival, que también, sino prioritariamente a uno mismo. Ello siempre renta, y también se consigue a la chica. No es que me llegaran a cambiar profundamente, pero me impulsaban temporalmente: yo también quería ser mejor, al menos mientras me durasen los efectos.</p>
<p>Bueno, quizá no entendí perfectamente bien aquello de “dar el mejor esfuerzo”, cosas del choque de civilizaciones y culturas.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i41.tinypic.com/2jbs5s5.jpg" alt="" width="150" height="237" />Ahora, si quiero recuperar aquella escena, debo esforzarme al máximo. No puedo fiarme demasiado de mi memoria, que es como debió de ser la del estegosaurio, del tamaño de una nuez. A veces consigo rellenar lagunas, asumiendo que el relleno puede ser ficticio o sólo aproximado. Otras veces acierto. <a href="../2010/11/12/tardes-de-lluvia-y-pixeles-i/"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">Aquella primera videoconsola que evocaba hace un año</span></span></span></span></a>, también entre tinieblas, fue hallada finalmente: <a href="http://www.old-computers.com/museum/computer.asp?c=726&amp;st=2"><span style="color: #000080;"><span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;"><span style="text-decoration: underline;">Interton VC-4000</span></span></span></span></a>, una máquina de gran éxito en Francia y Alemania y nula distribución en España, no sé cómo mis primos la consiguieron. A punto estuve de comprármela en Ebay, pero mi cuenta corriente logró contenerme (si alguien quiere verme derramar alguna lagrimilla de felicidad, ya sabe qué regalarme, ejem). Pero el caso de la Interton es una excepción. Rara vez puedo reconstruir tan perfectamente un recuerdo, de hecho debería llamarlos olvidos. Soy consciente de que la mayor parte de la humanidad lo experimentará de manera similar, pero tengo un hermano, y algún amigo, con ese tipo de memoria irracional que resguarda todo tipo de datos irrelevantes, horas, fechas, números, colores, todo. La envidia hace su aparición y, aunque sé que debería dar mi mejor esfuerzo, mejorar mis recuerdos y fortalecer mi memoria de estegosaurio, me diluyo y abato y prefiero quejarme y maldecir. Pero así, dentro de un tiempo, cuando ya haya olvidado la totalidad de <em>Touch!</em>, a excepción de un par de escenas, podré volver a verla y seguir buscando mis fuegos de artificio y románticos bocados. Y la redescubriré como si nunca la hubiera visto, o sólo aquellas escenas, por casualidad y sin detenerme.
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		<title>Tardes de lluvia y píxeles (II)</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2010/11/13/tardes-de-lluvia-y-pixeles-ii/</link>
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		<pubDate>Fri, 12 Nov 2010 23:02:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[videojuegos]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés El duelo no se podía evitar a no ser que contaras con la simpatía del barman, pero eso no era suficiente. Los abusones de recreativa, si eran rápidos, en vez de poner la moneda la echaban por la ranura y entonces el dueño del bar se encogía de hombros, lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p>El duelo no se podía evitar a no ser que contaras con la simpatía del barman, pero eso no era suficiente. Los abusones de recreativa, si eran rápidos, en vez de poner la moneda la echaban por la ranura y entonces el dueño del bar se encogía de hombros, lo que universalmente significa, bien “no puedo hacer nada”, bien “me importa una higa, que también ha pagado”. A veces podías ganarles, claro, pero esos chicos siempre tenían más dinero que tú y volvían a la carga. La única salida era entrenar mucho y ser mejor que ellos, lo cual era harto difícil, porque no sólo eran hábiles y tenían recursos sino que además siempre estaban acechando. Por suerte eran hombres de un sólo título y cambiando de arcade te librabas del acoso. O lo cambiabas por otro, aunque esta especie de abusón solía especializarse en máquinas de lucha o en aquella de cuenta atrás de Nintendo. Como no frecuentaba los salones no puedo decir que sea un experto en abusones. Yo era un jugón de bar, mayormente, aunque ahora lamento no haber conocido bien aquella jungla generalmente tenebrosa que llevaba a la catacumba de los billares, a donde sólo llegué algo más mayor.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="El inmortal Pac-Man" src="http://i51.tinypic.com/2z4cnbs.jpg" alt="" width="319" height="385" /></p>
<p>Como éramos chicos pacíficos y como en Santander llueve bastante pasábamos más tiempo con nuestras consolas. La primera que tuve, bien chico, fue una que no sé cómo se llamaba y seguro que era una clónica de otra. Tenía unos mandos como calculadoras, solo que donde debía ir la pantalla tenían un stick largo, y en las teclas no había números; sólo uno de ellos difería, que era rojo. Juegos teníamos pocos y si no recuerdo mal todos en el mismo cartucho: uno de boxeo, otro de payasos que se tiraban a unos balancines, otro de sumas y restas y otro que, sobre una pantalla azul, había que hacer un corre que te pillo entre un coche rojo y un asteroide blanco. Con tan poco pasamos muchas horas divertidas. No sé qué fue de ella, pero la echo de menos, leñe. Mientras, algunos amigos tenían ya la Atari 2600, en la que podías jugar al fútbol o al hockey, pero sobre todo a <em>Space Invaders, Pacman</em> y <em>Donkey Kong</em>, uno de los más divertidos que jamás se han programado. Controlabas a “Jumpman”, un carpintero, que con los años mudaría de oficio y de nombre, haciéndose fontanero (da mucha más pasta y prestigio) y nombrándose Mario. No se rompieron mucho la cabeza, porque lo más que podías hacer era avanzar y saltar para tratar de liberar a Pauline de las garras del gorila (al prosperar la dejó por una princesa), que ya entonces despertaba más simpatía que “fat plumber” (Sonic Rules!).</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="Jumpman consigue a su chica ante los morros de Donkey Kong" src="http://i55.tinypic.com/29qfb80.jpg" alt="" width="321" height="379" /></p>
<p>La historia de Jumpman es la historia con la que todo adolescente sueña: liberar a la bella amada de las garras del sucio rival, degradado a la altura de un primate escalador. Como la vida real era mucho menos halagueña y las recreativas abundaban en leones, el débil protoadulto se conformaba con esquivar barriles y trepar escaleras, dejando correr la imaginación con el reencuentro de los enamorados. El componente erótico, insoslayable a esas edades, estaba muy velado en aquellos juegos, y sólo se insinuaba apenas  en las felicitaciones de tu “novia”. Muchas veces las mujeres en los juegos, tan raramente protagonistas (al menos hasta <em>Tomb Rider</em>), eran más bien compañeras, como Blaze en <em>Streets of Rage</em>, o rivales, como Chun Li. Siempre me llamó la anteción, entonces, que algunos de mis amigos eligieran reiteradamente jugar con personajes femeninos. Ahora ya no me sorprende tanto, pues sé muchas más cosas de casi todo. Mas, con las hormonas disparadas, no podíamos cerrar los ojos a los encantos de aquellas mujeres sin curvas, pixeladas. Hoy puedes jugar a <em>GTA</em>, entrar en un bar de alterne y pagar a una prostituta para que alivie las tensiones de tu muñeco, pero entonces tales cosas quedaban reservadas para algunos juegos de ordenador.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="Axel pelea solo en Streets of Rage II" src="http://i54.tinypic.com/1zwc9zl.jpg" alt="" width="445" height="303" /></p>
<p>Había, no sé si ahora también, dos tipos de persona: la que jugaba en la consola y la que jugaba en el ordenador. Bien es cierto que entre la Atari y la Nintendo sólo hubo ordenadores, como Spectrum, Amstrad, Amiga, Commodore o MSX (<a href="http://www.msx.org/">¡que sigue vivo!</a>), pero eran en realidad videoconsolas, porque raro era que alguien no soviético programara algo en ellos (por entonces enseñaban BASIC en las escuelas; se llama así porque es tan simple que no servía para nada más que para hacer que un payaso guiñara los ojos) y porque se enchufaban al televisor familiar, para enfado de nuestros padres en una época en la que no todo el mundo tenía dos aparatos de televisión. ¡Amo mi viejo Spectrum!, aunque lo vendí por mil duretes, en una transacción habilísima (estaba roto) que no he sido capaz de repetir después, gastadas todas mis energías comerciales en tamaña traición. Los que optaban por pasar sus ratos ante el ordenador (y me refiero al PC y otros formatos que por entonces se daban, allá por el pleistoceno del ordenador personal) solían disponer de acceso a juegos eróticos, algo pardillos, de todos modos. Esta gente, antisociales todos, mucho más que los consoleros, jugaba a marranadas como <em>Emmanuelle</em>, <em>Superdot</em> (un juego tontísimo), pero también a <em>Leisure Suit Larry</em>, que era bastante jugable.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="Jim la lombriz, también detrás de su chica" src="http://i52.tinypic.com/qssh39.jpg" alt="" width="368" height="207" /></p>
<p>Claro que los muy degenerados contaban con joyas como <em>La abadía del crimen</em>, que me hizo leer <em>El nombre de la rosa</em> además de hacerme pasar buenos ratos, o <em>The Incredible Machine. </em>Por razones de salud, en el PC había que jugar a estáticas aventuras gráficas o a simuladores. A éstos debo maldecirles, sólo tuve uno y jamás conseguí despegar. Pero aventuras gráficas sí tuve alguna, como <em>Discworld</em>, <em>El día del tentáculo </em>o <em>Alone in the Dark </em>(que no es exactamente una aventura gráfica), inspirado en la obra de H. P. Lovecraft (vale, lo reconozco: yo también jugué en el ordenador). Éste juego es el primero del género <em>survival horror</em> que tanta famahizo con <em>Resident Evil</em>, al que también jugué lo mío en la Playstation, siendo uno de los pocos juegos que lograron provocarme taquicardias. Si las aventuras gráficas de las que nacieron eran para gente con asma (y la mayoría de los jugones de ordenador tenían un inhalador a mano), este tipo de aventura ya no, ya no se puede jugar tranquilamente sentado. De todos modos, cuando salió la Play las cosas estaban cambiando y la barrera entre las dos especies empezaba a difuminarse, así como mi devoción hacia los videojuegos.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="El primer zombi de la casa y uno de los últimos grandes momentos de los videojuegos" src="http://i56.tinypic.com/x42m2t.jpg" alt="" width="322" height="241" /></p>
<p>Hoy, los mismos juegos que corren en una videoconsola se pueden correr en el PC, y ¡oh traición!, los cartuchos de mis píxeles de mis entrañas pueden jugarse también en el ordenador, en ese birloque llamado “emulador”. Ahora yo también juego en el ordenador, para no estropear mi vieja Megadrive y porque con imprevisión me deshice de alguna de ellas. ¿Dónde estarás, innominada consola, dónde tus boxeadores y tus payasos? ¿Conseguiste, F., hacer funcionar mi Spectrum? ¡Cartucho de <em>Streets of Rage 2</em>, te intercambié por <em>Golden Axe </em>y nunca me lo perdonaste! ¿Qué fue de ti, matón de arcade? ¿Te hiciste profesional de <em>Street Fighter</em> y recorres el mundo embolsándote millones con tu pericia? Tardes de otoño, tardes de Sonic y Mario, de Tetris y Columns, seguid  lloviendo, yo seguiré jugando.</p>
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<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">El duelo no se podía evitar a no ser que contaras con la simpatía del barman, pero eso no era suficiente. Los abusones de recreativa, si eran rápidos, en vez de poner la moneda la echaban por la ranura y entonces el dueño del bar se encogía de hombros, lo que universalmente significa, bien “no puedo hacer nada”, bien “me importa una higa, que ha pagado como tú”. A veces podías ganarles, claro, pero esos chicos siempre tenían más dinero que tú y volvían a la carga. La única salida era entrenar mucho y ser mejor que ellos, lo cual era harto difícil, porque no sólo eran hábiles y tenían recursos, sino que además siempre estaban acechando. Por suerte, eran hombres de un sólo título, y cambiando de arcade te librabas del acoso. O lo cambiabas por otro, aunque esta especie de abusón solía especializarse en máquinas de lucha, o en aquella de cuenta atrás de Nintendo. Como no frecuentaba los salones, no puedo decir que sea un experto en abusones. Yo era un jugón de bar, mayormente, aunque ahora lamento no haber conocido bien aquella jungla generalmente tenebrosa que llevaba a la catacumba de los billares, a donde sólo llegué algo más mayor.</p>
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<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">***</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Como éramos chicos pacíficos, y como en Santander llueve bastante, pasábamos más tiempo con nuestras consolas. La primera que tuve, bien chico, fue una que no sé cómo se llamaba y seguro que era una clónica de otra. Tenía unos mandos como calculadoras, solo que donde debía ir la pantalla tenían un stick largo, y en las teclas no había números, sólo uno de ellos difería, que era rojo. Juegos teníamos pocos, y si no recuerdo mal todos en el mismo cartucho: uno de boxeo, otro de payasos que se tiraban a unos balancines, otro de sumas y restas y otro que, sobre una pantalla azul, había que hacer un corre que te pillo entre un coche rojo y un asteroide blanco. Con tan poco pasamos muchas horas divertidas. No sé qué fue de ella, pero la echo de menos, leñe. Mientras, algunos amigos tenían ya la Atari 2600, en la que podías jugar al fútbol o al hockey, pero sobre todo a </span><em>Space Invaders, Pacman</em><span style="font-style: normal;"> y </span><em>Donkey Kong</em><span style="font-style: normal;">, uno de los más divertidos que jamás se han programado. Controlabas a “Jumpman”, un carpintero, que con los años mudaría de oficio y de nombre, haciéndose fontanero (da mucha más pasta y prestigio) y nombrándose Mario. No se rompieron mucho la cabeza, porque lo más que podías hacer era avanzar y saltar para tratar de liberar a Pauline de las garras del gorila (al prosperar la dejó por una princesa), que ya entonces despertaba más simpatía que “fat plumber” (Sonic Rules!). </span></p>
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<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">***</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">La historia de Jumpman es la historia con la que todo adolescente sueña: liberar a la bella amada de las garras del sucio rival, degradado a la altura de un primate escalador. Como la vida real era mucho menos halagueña y las recreativas abundaban en leones, el débil protoadulto se conformaba con esquivar barriles y trepar escaleras, dejando correr la imaginación con el reencuentro de los enamorados. El componente erótico, insoslayable a esas edades, estaba muy velado en aquellos juegos, sólo apenas insinuado en las felicitaciones de tu “novia”. Muchas veces las mujeres en los juegos, tan raramente protagonistas (al menos hasta </span><em>Tomb Rider</em><span style="font-style: normal;">), eran más bien compañeras, como Blaze en </span><em>Streets of Rage</em><span style="font-style: normal;">, o rivales, como Chun Li. Siempre me llamó la anteción, entonces, que algunos de mis amigos eligieran reiteradamente jugar con personajes femeninos. Ahora ya no me sorprende tanto, pues se muchas más cosas de casi todo. Mas, con las hormonas disparadas, no podíamos cerrar los ojos a los encantos de aquellas mujeres sin curvas, pixeladas. Hoy puedes jugar a </span><em>GTA</em><span style="font-style: normal;">, entrar en un bar de alterne y pagar a una prostituta para que alivie las tensiones de tu muñeco, pero entonces tales cosas quedaban reservadas para algunos juegos de ordenador. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">***</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Había, no sé si ahora también, dos tipos de persona: la que jugaba en la consola y la que jugaba en el ordenador. Bien es cierto que entre la Atari y la Nintendo sólo hubo ordenadores, como Spectrum, Amstrad, Amiga, Commodore o MSX (<a href="http://www.msx.org/">¡que sigue vivo!</a>), pero eran en realidad videoconsolas, porque raro era que alguien no soviético programara algo en ellos (por entonces enseñaban BASIC en las escuelas; se llama así porque es tan simple que no servía para nada más que para hacer que un payaso guiñara los ojos) y porque se enchufaban al televisor familiar, para enfado de nuestros padres en una época en la que no todo el mundo tenía dos aparatos de televisión. ¡Amo mi viejo Spectrum!, aunque lo vendí por mil duretes, en una transacción habilísima (estaba roto) que no he sido capaz de repetir después, gastadas todas mis energías comerciales en tamaña traición. Los que optaban por pasar sus ratos ante el ordenador (y me refiero al PC y otros formatos que por entonces se daban, allá por el pleistoceno del ordenador personal) solían disponer de acceso a juegos eróticos, algo pardillos, de todos modos. Esta gente, antisociales todos, mucho más que los consoleros, jugaba a marranadas como </span><em>Emmanuel</em><span style="font-style: normal;">, </span><em>Superdot</em><span style="font-style: normal;"> (un juego tontísimo), pero también a </span><em>Leisure Suit Larry</em><span style="font-style: normal;">, que era bastante jugable. </span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">***</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Claro que los muy degenerados contaban con joyas como </span><em>La abadía del crimen</em><span style="font-style: normal;">, que me hizo leer </span><em>El nombre de la rosa</em><span style="font-style: normal;"> además de hacerme pasar buenos ratos, o </span><em>The Incredible Machine. </em><span style="font-style: normal;">En general, en el PC había que jugar a estáticas aventuras gráficas o a simuladores. A éstos debo maldecirles, sólo tuve uno y jamás conseguí despegar. Pero aventuras gráficas sí tuve alguna, como </span><em>Discworld</em><span style="font-style: normal;">, </span><em>El día del tentáculo </em><span style="font-style: normal;">o </span><em>Alone in the Dark, </em><span style="font-style: normal;">inspirado en la obra de H. P. Lovecraft (vale, lo reconozco: yo también jugué en el ordenador). Éste es el inventor del género </span><em>survival horror</em><span style="font-style: normal;"> que hizo fama con </span><em>Resident Evil</em><span style="font-style: normal;">, al que también jugué lo mío en la Playstation, siendo uno de los pocos juegos que lograron provocarme taquicardias. Si las aventuras gráficas de las que nacieron eran para gente con asma (y la mayoría de los jugones de ordenador tenían un inhalador a mano), este tipo de aventura ya no, ya no se puede jugar tranquilamente sentado. De todos modos, cuando salió la Play las cosas estaban cambiando y la barrera entre las dos especies empezaba a difuminarse, así como mi devoción hacia los videojuegos. </span></p>
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<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">***</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Hoy, los mismos juegos que corren en una videoconsola se pueden correr en el PC, y ¡oh traición!, los cartuchos de mis píxeles de mis entrañas pueden jugarse también en el ordenador, en ese birloque llamado “emulador”. Ahora yo también juego en el ordenador, para no estropear mi vieja Megadrive y porque con imprevisión me deshice de alguna de ellas. ¿Dónde estarás, innominada consola, dónde tus boxeadores y tus payasos? ¿Conseguiste, F., hacer funcionar mi Spectrum? ¡Cartucho de </span><em>Streets of Rage 2</em><span style="font-style: normal;">, te intercambié por </span><em>Golden Axe </em><span style="font-style: normal;">y nunca me lo perdonaste! ¿Qué fue de ti, matón de arcade? ¿Te hiciste profesional de </span><em>Street Fighter</em><span style="font-style: normal;"> y recorres el mundo embolsándote millones con tu pericia? Tardes de otoño, tardes de Sonic y Mario, de Tetris y Columns, seguid  lloviendo, yo seguiré jugando. </span></p>
</div>
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		<title>Tardes de lluvia y píxeles (I)</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Nov 2010 23:31:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[videojuegos]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés En estos días, Taranis ha estado muy afanado desplomando el cielo sobre nuestras cabezas y Poseidón, buen amigo, aprovechando el desconcierto para intentar apropiarse de algunas parcelillas, que planes urbanísticos previos le arrebataron. Pero ya se calman los viejos dioses en este mundo descreído en el que han perdido la voz [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p>En estos días, Taranis ha estado muy afanado desplomando el cielo sobre nuestras cabezas y Poseidón, buen amigo, aprovechando el desconcierto para intentar apropiarse de algunas parcelillas, que planes urbanísticos previos le arrebataron. Pero ya se calman los viejos dioses en este mundo descreído en el que han perdido la voz y se retiran apesadumbrados a su nube y su abismo, cuando han visto en las noticias que no han sido ellos y su furia sino una tal “ciclogénesis” la causante del desaguisado. Nos basta una etiqueta científica para quitarle poesía al asunto, ni tempestad (“¡Vientos, mientras haya mar abierta, reventad soplando!”) ni galerna (“¡Jesús, y adentro!”), sino circulación ciclónica, y la borrasca deja de evocar toda una literatura de rayos, truenos y centellas (“Era una noche de ciclogénesis, en la que sistemas conectivos de mesoescala produjeron las bajas presiones que atrajeron la perturbación sobre los muros del viejo castillo, en cuya puerta resonaron tres golpes temblorosos&#8230;”).  Contra los dioses vivíamos mejor.</p>
<p>A mí me importa poco que dioses, nuberos o sistemas de presiones provoquen la lluvia, me basta con que llueva al otro lado del cristal, ¡que caigan chuzos de punta o turbonadas! No hay momento mejor que una fría tarde de otoño, plúmbea y lluviosa, con una buena perspectiva ventanal (un frenesí de paraguas en la calle, tropezándose en un baile aturullado), pies calientes y café recién hecho, o incluso chocolate espeso, de ese que hace volar a los personajes de García Márquez. También se puede salir; no en Madrid, claro: en la capital, la lluvia provoca un histerismo semejante al que sufriríamos bajo una erupción volcánica o un terremoto. Pero en una pequeña ciudad del norte, habituada a estos cataclismos, bastan unas buenas botas y un paraguas cumplidor (y una gabardina leal, como un viejo perro, algún día) para chapotear a gusto. Mas lo ideal, en estos casos, es atrincherarse en casa.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="El mítico Space Invaders." src="http://i54.tinypic.com/2v0hfyd.jpg" alt="" width="368" height="324" /></p>
<p>Pueden hacerse algunas cosas. Se puede leer; ahora estoy con <em>Nieve de primavera</em>, que no lo hacía desde la universidad. No ha sido intencionado. Lo saqué de su estante porque me lo habían pedido, pero luego el reclamante no se lo llevó y no pude resistir la tentación; hacía tiempo que quería releerlo y lo tenía en la mano. Es un libro apropiado para el otoño, también para el invierno, por su melancólica belleza, por su culto a la muerte del ser hermoso, como en el solsticio se venera al sol muerto y se reza para su resurrección. En la primera lectura me pareció la menos Mishima de sus novelas, pero no me lo parece ahora, es sólo que dejó sus filosofías para otros papeles y el relato gana en agilidad y frescura. Si alguien quiere iniciarse en el mejor escritor nipón, es el título iniciático correcto.</p>
<p>Leer no es, en cambio, lo que más me apetece. Para mí, la lluvia evoca píxeles. Y no sólo por una analogía evidente: no cuesta imaginar nubes pixeladas lloviendo pequeños cuadradillos azules. Es más bien que la nostalgia, esa que emana del follaje moribundo y el capote gris del cielo, de las tardes oscuras y breves, de la lluvia (por supuesto), es que esa nostalgia otoñal que nadie va a descubrir ahora me devuelve a épocas pasadas, a mi infancia jugona, pixelada y consolera. El resto del año no siento el menor interés por los videojuegos, pero entre septiembre y diciembre es casi mi primera necesidad. Peregrinaba entonces a casa de mis amigos con una bolsita de gominolas, que ahora me destrozan el estómago (justicia todo menos poética: no compartía nunca, o de mala gana), y pasábamos esas tardes lúgubres saltando de plataforma en plataforma, abatiendo cazas enemigos o intentando sacar esa “magia” condenada que podía resolver cualquier situación.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" title="Escena de Sonic the Hedgehog, para Megadrive." src="http://i51.tinypic.com/jahr3d.jpg" alt="" width="448" height="303" /></p>
<p>Si juego, lo hago con los viejos, no con los nuevos. Las consolas de séptima generación son máquinas maravillosas, y si ahora fuera adolescente probablemente lograrían arrancarme de la literatura y no sé si de todo lo demás. Pero a estos viejos huesos, tendones y músculos le hacen sus juegos un nudo imposible de desanudar. Es evidente con los simuladores de fútbol, antes arcades de fútbol. Tenía uno en el Spectrum, no recuerdo cómo se llamaba (de vez en cuando el encuentro era interrumpido por un <em>streaker</em> perseguido por su respectivo <em>bobby</em>), que era tan sonso que a las pocas partidas aprendías que desde cierto ángulo del área entraba siempre. Te gastabas dos mil pelas en una cinta, que sabías que iba a durar poco, y tras pasarte diez o quince minutos escuchando chirridos el juego no resultaba ni un reto ni nada, cada partido era una victoria a no ser que fallara la ventosa del joystick, que era lo único que añadía algo de incertidumbre. Por contra, en los actuales, sean de la franquicia FIFA de EA Sports o de Konami (no sé si hay más, en todo caso no cuentan), un treintañero puede sufrir varias luxaciones dactilares antes de ganar un partido, mientras gira 360º el stick en sentido contrario a las agujas del reloj pulsando a la vez triángulo y círculo y repetidamente los gatillos, tan sólo para lograr un control orientado o una ruleta. Ni tanto, ni tan calvo.</p>
<p>Los arcades cumplen el objetivo de cualquier videojuego. Basta una idea sencilla y un desarrollo de dificultad creciente para conseguir un entretenimiento prolongado. Lo puede hacer una lumbrera solitaria, no hace falta un enorme equipo de diseñadores, programadores y qué se yo cuánta gente. Excepto en juegos flash como los que se encuentran abundantemente en Internet, cuesta imaginar a un Sandy White pergeñando un juegazo como <em>Ant Attack</em>; el camino desde su Antescher hasta el Afganistán de <em>Call of Duty Modern Warfare 2</em> no lo puede recorrer un soñador solo, ni siquiera acompañado por su novia programadora. Es la diferencia entre una obra de arte y una obra de ingenieros, con todo el respeto para los concienzudos tiralíneas. Me cuesta creer que siga habiendo algún Shigeru Miyamoto destacando entre una pléyade de tecleadores, aunque seguro que los hay.</p>
<p><img class="aligncenter" title="Escena de Ant Attack, editado por Quicksilva en 1983" src="http://i56.tinypic.com/x0zqm9.jpg" alt="" width="400" height="298" /></p>
<p>A veces no nos quedábamos en casa, sobre todo si no llovía. Entre otros entretenimientos inocentes, que éramos niños buenos casi todo el tiempo, nos gastábamos parte de la paga en máquinas recreativas (mis dientes lo agradecían, ahora sé que mi estómago también). Aquello era ya una toma de contacto con la sociedad, pues implicaba recorrer el barrio de bar en bar en pos del juego deseado, ya fuera <em>Street Fighter II </em>en sus muchas versiones o <em>Fatal Fury</em>, o <em>Sunset Riders</em>, o <em>Willow</em>, o <em>Blues Journey </em>(que se podía jugar en aquella consola pija que fue la Neo Geo y que nadie que yo conozca tuvo jamás). Este circuito lo reproducirían años después los mismos niños, ya crecidos, con fines algo distintos (no así en mi caso, que me fui a vivir a otra ciudad y tuve que incorporarme a circuitos que no contribuí a crear). También, saliéndonos del área pixel, podías echar un duro en aquel gravitatorio pasarratos de Recreativos Franco, tan difícil; pero esto sólo ocurría a fin de mes. En aquellos rincones de vino y tabaco ya no estabas en territorio seguro, como era tu propio salón o el de tu amigo (según las madres podía dejar de ser seguro, pero yo tuve suerte), sino que podías enfrentarte a un conflicto nada virtual. De repente llegaba alguien por tu espalda y te ponía una moneda sobre la máquina: te acababan de exigir una satisfacción. Si era mejor que tú,  y solía ser, ya te podías ir buscando otro juego.</p>
<p>Mañana, la interesante continuación de esta apasionante aventura&#8230;
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		<title>Una visitante indeseada</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Aug 2009 05:46:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Habría venido del prado sobre la colina de hierba recién cortada, muy encima del suelo que crepitaba bajo las ruedas del volquete (así llamaba mi abuelo a su carro, que sin embargo era un carro cualquiera, verde y rojo, aunque con ruedas de coche, de un R5, aunque pensándolo bien habrían [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p>Habría venido del prado sobre la colina de hierba recién cortada, muy encima del suelo que crepitaba bajo las ruedas del volquete (así llamaba mi abuelo a su carro, que sin embargo era un carro cualquiera, verde y rojo, aunque con ruedas de coche, de un R5, aunque pensándolo bien habrían sido demasiado pequeñas). Ella había venido escondida entre la carga, esperando el momento de salir o bien atrapada bajo todo aquel peso verde. La Rubia tiraba de nosotros con aparente facilidad, con los músculos tensos bajo el espeso pelaje castaño, algo sucio. Era un día cualquiera de verano, cuando pasábamos muchos en casa del abuelo, acompañándole en sus labores aunque (o porque) era bastante gruñón (hoy su carácter se ha dulcificado mucho, y a veces reconoce no tener razón). Yo prefería acompañarle a recoger las vacas, que llevaba cada día a un prado distinto, pero siempre cerca de la casa; entonces me permitía atizarles con la vara de avellano en las ancas mientras les hacía <em>ñek, ñek</em> con la lengua. Por supuesto, no me hacían el menor caso, ni a mí ni a mi vara, pero daba igual. Me convertía en un conductor de ganado, en un <em>cowboy</em>, y eso era suficiente.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">La casa de los abuelos es enorme. Tanto, que está partida en dos, y en ella vive también otra familia. La hierba la iba dejando ante la cuadra, situada en la parte de atrás, en un edificio anexo bajo sajado por una larga ventana horizontal que se abría directamente sobre el pesebre. Resultaba entonces muy cómodo levantar los postigos y arrojar brazadas de hierba justo bajo las bocas del ganado, que eran vacas de leche -la tan habitual estampa blanquinegra de los prados del norte-. Aquella cuadra olía a leche y a mierda, y sonaba a liga de fútbol a través del transistor del abuelo, que radiaba toda la tarde mientras ponía todo en orden, limpiaba el canal de mierda -y a pesar de ello las vacas siempre se rebozaban bien rebozadas en sus propios excrementos- y ordeñaba un líquido espumoso, fragante y cálido que no nos dejaban beber hasta que la abuela lo hervía en grandes potes.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">La leche tiene mejor olor que sabor, o al menos así me parece. Sólo he sido capaz de tomármela sola, sin cacao, ya de mayor, y sólo si está muy fría y estoy muy desesperado y perezoso como para salir a comprar algo más sabroso. El pan también despide un aroma que, luego, decepciona, porque rara vez sabe tan bien como huele, especialmente con el pan congelado que se vende ahora. Entonces tampoco se comía un pan mejor, aunque te lo traían a casa. A mis abuelos se lo dejaban en una bolsa sobre la verja, y yo creo que era de gallofa, porque no pesaba nada y la miga estaba seca como la gomaespuma. Tampoco importaba mucho, porque como mi abuela cocinaba tan bien, el pan se quedaba en poco más que un aperitivo irritante e insignificante, mientras llegaba la gran olla de pollo frito o las hamburguesas con tomate, que son platos sencillos que jamás he vuelto a probar tan ricos, y cuyo sabor aún me impregna evocadoramente las papilas gustativas, llevándome a una melancólica frustración cada vez que los pruebo menos excelentes.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Después de comer salí a jugar, como hacía siempre pese a las advertencias. Teníamos una canasta de alambre, sobre la tejavana de atrás. Era suficiente para un niño de mi edad, que no podía lanzar pesadas pelotas de baloncesto, y debía conformarme con una pequeña, amarilla, que hoy me cabría en la mano. Allí estaba, reptando hacia mí. Aún entonces me pareció pequeña, apenas un hilo grueso, pero era una serpiente, y debía tener veneno. Una picadura y una helada muerte me invadiría. Sudaría la vida que había en mí, como había visto en tantas películas del oeste cuando la terrible cascabel espanta al caballo y muerde, casi siempre en la pierna, al cowboy derribado. Y yo era un cowboy. Me iba a picar aquel monstruo enano, pero terrible, de panza roja y cabeza también encarnada, desmesurada, con cuatro colmillos bestiales que sobresalían como si llevara puesta una dentadura postiza. Venía hacia mí, arrastrándose fría, imperturbable, silenciosa. Muy despacio, porque me habría elegido y no quería alterarme, pero yo también la había visto, viscosa y amenazadora. No conseguí moverme. Sólo la veía crecer, acercarse, con los ojos fijos en mí, sus ojos vacíos amarillos, contoneando su lomo negro reluciente. Su lengua bífida asomando, midiendo, emponzoñando el aire a su alrededor.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Al fin logré desembarazarme de su mirada hipnótica. Se me cayó la pelota y eso me liberó por completo. Entré a la carrera, y ya había empezado a sudar la vida que tenía aunque aún no me había mordido la bicha. Como suele pasar, los mayores no se tomaron muy en serio las tribulaciones de un niño. Pero el monstruo estaba ahí, ahí. Aunque era un crío asustadizo, no solía ver cosas. No había monstruos en mi armario, ni bajo la cama. Pero sabía que estaban en alguna parte, y que cualquier día podían aparecer, como en una pesadilla. Mi tío reaccionó, pero más divertido que otra cosa. Supuso, como ahora me parece evidente, que la serpiente había venido en la hierba, tan cerca de mí, podía haberme picado entonces. Tan próximo a la muerte. Fue a buscar un machete, que me pareció casi como una katana, como los que en la pantalla usaban para abrirse paso en la jungla y trocear grandes constrictores y aún tigres. Eso me infundió algo de valor, pero en realidad no era más que un cuchillo de caza, con las cachas de hueso, que debía emplear para desollar las piezas cobradas.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">La venenosa criatura seguía allí, como si me hubiera estado esperando. Yo iba detrás del tío, que le mordiera a él primero aunque era tan pequeña y escurridiza que bien se le podía colar entre las piernas e ir a por mí antes, aunque esperé que fuera suficientemente lista: era él quien iba armado, no yo. Con mucha sangre fría, se le acercó tanto que yo me quedé atrás; se le puso al lado y, apoyando el filo tras la cabeza, murmuró: Es sólo una culebra. Y apretó el cuchillo tan fuerte que la cabeza se separó con un muy leve chasquido, y se quedó fija con las mandíbulas abiertas, mientras la cola, o cuerpo, se retorcía salpicando muy poca sangre, muy poca, durante poco rato, hasta que sólo temblaba levemente, y por fin se detuvo. Mi tío lo pinchó todo con el puñal, primero el cuerpo y luego la cabeza, que quedó ahí ensartada. Para asustarme, me la puso ante las narices pero, por alguna razón, aunque sus colmillos goteaban brillante ponzoña, ya no tuve más miedo. Su mirada ya no era fría y vacía, sino triste, y creí ver algo allí, el asomo de un alma.</p>
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		<title>¿Qué libro ha marcado mi vida?</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Apr 2008 23:22:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[D. H. Lawrence]]></category>
		<category><![CDATA[literatura británica]]></category>
		<category><![CDATA[literatura erótica]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY, D. H. Lawrence Seguro que, al elegir un título, estoy obrando de manera injusta porque habré olvidado el que realmente marcó mi vida, pues la forma de pensar o interpretar la realidad se adquiere de forma sutil, casi imperceptible y de muy diversas fuentes. Pero si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><strong>EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY</strong>, D. H. Lawrence</p>
<p>Seguro que, al elegir un título, estoy obrando de manera injusta porque habré olvidado el que realmente marcó mi vida, pues la forma de pensar o interpretar la realidad se adquiere de forma sutil, casi imperceptible y de muy diversas fuentes. Pero si tengo que elegir uno habrá de ser <em>El amante de Lady Chatterley</em> <a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=1696" target="blank"><strong><span style="text-decoration: underline;">(comprar libro)</span></strong></a>, de <strong>David Herbert Lawrence</strong>, pues su lectura me ligó, indefectiblemente, a la literatura. No acudí a él, sin embargo, por motivos estrictamente literarios; en plena edad del pavo buscaba más su erotismo o, en rigor, las <em>guarradas</em>. Pero las tribulaciones de Constance no tardaron en desviar mi atención, obligándome a leer algunas páginas atrás, y luego otras más –creo que es la única novela que he leído al revés– buscando la raíz de su renuncia al sacrificio, de su camino de liberación espiritual a través del cuerpo, seducido por la poderosa metafísica del sexo de Lawrence, su profundidad psicológica y su vivísima prosa: “¡El tiempo es ido! ¡Se ha agotado el tiempo de Sir John y la pequeña Lady Jane! ¡Poneos la túnica, Lady Chatterley! Podrías ser cualquiera así como estás, sin nada encima y con sólo algunos harapos de flores”.</p>
<p><a title="¿Qué libro ha marcado mi vida?" href="http://www.elconfidencial.com/cache/2008/04/23/86_libro_marcado.html" target="_blank">Seguir leyendo&#8230;</a>
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		<title>Nos ha dejado el Nene</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2005/05/05/nos-ha-dejado-el-nene/</link>
		<comments>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2005/05/05/nos-ha-dejado-el-nene/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 05 May 2005 13:38:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El museo]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria de estegosaurio]]></category>
		<category><![CDATA[personaje popular]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/?p=496</guid>
		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés En toda ciudad hay ciertos tipos populares, personajes que forman parte del paisaje urbano tanto como los monumentos, que forman parte de la tradición común tanto como el barquillero o el fabricante de botijos (más específicamente, ésos que lucen el miembro de la benemérita); personajes puede que contrahechos, siempre con el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p>En toda ciudad hay ciertos tipos populares, personajes que forman parte del paisaje urbano tanto como los monumentos, que forman parte de la tradición común tanto como el barquillero o el fabricante de botijos (más específicamente, ésos que lucen el miembro de la benemérita); personajes puede que contrahechos, siempre con el rostro desencajado, mostrando cicatrices más interiores que exteriores; personajes provinentes de ignotos pozos de marginalidad o que han caído en ellos accidentalmente (recordándonos de paso que nadie está a salvo de un traspiés); personajes que, en definitiva, nos muestran que el hombre es frágil, la sociedad cruel, y la naturaleza traicionera, y que pese a todo ello podemos encontrar consuelo en una sonrisa y una muestra de afecto. Famosos eran los tipos populares del XIX santanderinos, cantados por José María de Pereda y su plano costumbrismo, «El Pulga» y «Pichucas el del muelle» (que ha legado a la posteridad la expresión despectiva «ser más tonto que Pichucas»), pero como ellos los sigue habiendo, en la ciudad de mis paisanos y en otras, los hubo ayer y los habrá mañana.</p>
<p>Hay uno que compra cada día                                                    una botella de agua, la vacía,                                                    la corta por la mitad, llena                                                    la improvisada hucha de dinero                                                    y se lanza a la consecución                                                    de monedas de euro (antes eran                                                    de a ciento, sólo acepta                                                    lo que pide, de a ciento o,                                                    desde el cambio europeo, de                                                    a euro; no acepta otra participación                                                    en su manía). Hay otro                                                    que se disfraza con lo que pilla                                                    en la basura y ofrece caramelos                                                    a los niños, o estuches                                                    para lápices que, fuera                                                    de su mente, son carátulas                                                    vacías de obsoletas cintas                                                    de vídeo; éste                                                    es más sórdido                                                    que el otro, cuenta con denuncias                                                    por pederastia (aunque yo lo                                                    recuerdo más bien inofensivo,                                                    los crueles niños le                                                    escupíamos desde las                                                    escaleras del colegio, que no                                                    se atrevía a subir; sin                                                    moco, pues aún no sabíamos).</p>
<p>Pero no todos                                                    son ricos excéntricos,                                                    supuestos villanos o borrachuzos                                                    impenitentes; los hay que son,                                                    sencillamente, parte entreñable                                                    del alma urbana, personas a                                                    quienes la vida no trató                                                    bien o no gozaron de buena fortuna                                                    o de afecto incondicionado cuando                                                    lo precisaron. Personas cuya                                                    única extravagancia es                                                    no hallarse sumidos en la monotonía                                                    cotidiana del trabajar para                                                    vivir tranquilo y un poquito                                                    de ocio y preparar el terreno                                                    para una aceptable jubilación.                                                    De ellos, cuyos rostros nos                                                    son tan familiares, apenas sabemos                                                    nada; se rumorea sobre su vida,                                                    su pasado, cómo llegaron                                                    a ese desconsuelo plácido;                                                    sabemos muchas veces de dónde                                                    sacan el dinero para vivir,                                                    y dónde viven; pero desconocemos                                                    qué hacen tras los muros                                                    de su hogar, si lloran o permanecen                                                    risueños también                                                    cuando están solos, y                                                    cómo es su casa, si limpia                                                    y ordenada o vacía y                                                    desconchada.</p>
<p>Intenté                                                    escribir un articulejo sobre                                                    el querido «Nene»,                                                    personaje o tipo popular santanderino,                                                    que hace poco nos dejó.                                                    Quise decir mucho sobre él,                                                    pero en seguida me di cuenta                                                    de que ya estaba dicho, y mucho                                                    mejor, en el emilio que me fue                                                    enviado al exilio madrileño                                                    por mi amigo Miki Arriola, quizá                                                    quien más afecto sentía                                                    por el «Nene» o                                                    «Perro» o «Niño»                                                    (tenía muchos nombres).                                                    Esto le ocurre muchas veces                                                    a los aspirantes a escritores,                                                    que se sienten inmensos por                                                    sus «cualidades»                                                    pero muchas veces deben admitir                                                    que los sentimientos puros siempre                                                    acabarán venciendo a                                                    su supuesta y más deseada                                                    que obtenida pericia lingüística.                                                    Por eso, y con tu permiso, tomo                                                    prestadas tus palabras y las                                                    reproduzco aquí:</p>
<p>«A las                                                    duras y a las maduras. De las                                                    cosas feas también se                                                    debe hablar.</p>
<p>»Pues                                                    no es broma, no. Ese pequeño                                                    ser que tanto nos ha aportado,                                                    sea amplia parte de nuestro,                                                    cada vez mas triste, vocabulario,                                                    sean unas simples risas una                                                    de tantas noches de alcohol                                                    y drogas, nos ha dejado para                                                    siempre.</p>
<p>»Personalmente                                                    creo que nos seguirá                                                    vigilando desde lo alto (o lo                                                    bajo, o lo medio, o lo que fuere)                                                    señalándonos con                                                    ese dedo índice amenazador,                                                    como para hacerle un piquete                                                    de ojos a San Pedro en las mismas                                                    puertas, si es que no le deja                                                    entrar en el bar nebuloso que                                                    regenta, a tomarse un chupito                                                    de avellana de esos que le privan,                                                    por no llevar zapatos, no medir                                                    lo suficiente, o llevar calcetines                                                    blancos con tomates. Pues mejor.                                                    Ojalá no te dejen entrar                                                    Nene Perro, y así te                                                    vuelves con los que ya te echamos                                                    en falta.</p>
<p>»Realmente                                                    creo que es la única                                                    persona que he conocido en mi                                                    vida de la que jamás                                                    he oído hablar mal, ni                                                    siquiera regular. Y es que es                                                    realmente imposible que nadie                                                    lo hiciera, pues de la que se                                                    te cuelga del cuello notas al                                                    instante el enorme peso que,                                                    pienso, no solamente viene de                                                    su prominencia estomacal sino                                                    también de un alma (o                                                    lo que sea eso que llevamos                                                    dentro) realmente bonita y verdaderamente                                                    cálida como unas bravas                                                    de La Rana Verde.</p>
<p>»No                                                    sé qué pensaréis                                                    vosotros que estáis lejos                                                    y metidos en vuestros asuntos,                                                    pero yo estuve con él                                                    hace bien poco y de verdad que                                                    desde hace tres días                                                    apenas me sale nuestro “¡neneee!”                                                    de la boca.</p>
<p>»No                                                    os pido que recéis por                                                    él porque sinceramente                                                    no creo que lo vaya a oír,                                                    pero sí estaría                                                    bien que cada uno recuerde un                                                    momento de nuestro Nene. Y es                                                    que cada uno tiene alguna historia                                                    con el Nene. Ahí estaba                                                    su gracia. Cada uno le llamaba                                                    a su manera y le trataba como                                                    le parecía. Él,                                                    en cambio, trataba a todos igual.                                                    No vi nunca que no cediese su                                                    dedo cómplice a quien                                                    le incitase, incluso después                                                    de haberle quemado a lo perra                                                    varias veces él te venía                                                    otra vez a prestarte su más                                                    preciado tesoro, su dedo índice.                                                    Y es que no sé si habéis                                                    visto la pintura de La Creación,                                                    ésa en la que se da a                                                    entender que la vida se creó                                                    con el dedo índice de                                                    Dios; pues que cada uno saque                                                    sus conclusiones. La mía                                                    es que, aún siendo más                                                    ateo que el mayor de ellos,                                                    por una vez, creo que un cuadro                                                    de este tipo nos muestra una                                                    clara realidad: el Nene va a                                                    llegar al cielo y le va a decir                                                    a Dios: “¡Neneeee!”.                                                    Con saludo de índices                                                    incluido, claro. Entonces Dios                                                    le mirará, se descojonará                                                    un rato y, tras invitarle a                                                    un trago de ese licor de avellana                                                    dirá: “¡Ese                                                    Neneee!”. A partir de                                                    aquí todo empezará                                                    a ir mejor, puesto que Dios                                                    no va a dejar nunca que el Niño                                                    Perro se vaya de su lado; contrato                                                    indefinido. Y ya se sabe, cuatro                                                    ojos ven mas que dos, con lo                                                    cual el mundo estará                                                    mucho mejor vigilado porque                                                    Dios se ha hecho de un fiel                                                    servidor, un pequeño                                                    Sancho Panza, llegado de la                                                    lejana Tierruca».</p>
<p><a title="Nos ha dejado el Nene" href="http://www.cuantoyporquetanto.com/htm/zoom/noshadejadoelnene.htm" target="_blank">Léelo en Cuanto y por qué tanto&#8230;</a>
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