Mar 10

Sobre la redondez en las artes

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: 10/03/2010

Recientemente ha aparecido una etiqueta que viene a lidiar con la de best-seller pero que, dado que aún carece de entrada en Wikipedia, no se puede considerar establecida oficialmente. Long-seller, el corredor de fondo de la producción editorial, la obra que sin alcanzar el marchamo de clásico se sigue reeditando y vendiendo de manera constante. Es el sudoroso hermano menor de Guerra y paz, el envidiado y honesto currante a quien envidia “el libro más vendido del año xxxx”. Además, el concepto tiene una ventaja añadida, a efectos de prestigio social; no es lo mismo citar el superventas del año como último leído, que nombrar un clásico, que pronunciar el título de un long-seller cuando se responde a la pregunta «¿qué estás leyendo?». Al responder «El túnel», el afortunado lector empezará a desprender un brillo apolíneo, cegador para miradas menos preparadas, lectoras de premios y recomendaciones de revista semanal. En el mundo de la música y el cine es algo que lleva muchísimos años en pie, pero la literatura acaba de descubrirlo. Paradójicamente, da menos vergüenza decir que se está leyendo El símbolo perdido que anunciar que te acabas de comprar el último compacto de Bisbal. Así que, si tus gustos musicales van por esos senderos, quizá puedas redondear tu figura con Océano mar o El infierno. Si, en vez de eso, escuchas a The Kinks y tienes DVD’s de Éric Rohmer, más que redondo, eres esférico, como el ser ideal de Platón.

Comentarios (0)

Dic 21

Aritmofobia (El juego de la ciencia, de Carlo Frabetti)

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , , 21/12/2009

Más que al coco, al monstruo de debajo de la cama o al sacamantecas, el temor más extendido entre los niños es el miedo a las matemáticas. No deja de ser sorprendente, en una civilización que debe buena parte de su desarrollo a los números, este pavor, que Carlo Frabetti denomina “aritmofobia”. Lo hace en su último libro -que en realidad no es tal, pero lo es, sin dejar de no serlo-, El juego de la ciencia. Aunque se refiere a los adultos y, más aún, a una actitud “cultural” -en realidad, “anticultural”- de todo nuestro mundo occidental.

Cubierta de El juego de la cienciaSi bien desde que se nos enseñan los primeros rudimentos del conocimiento se insiste en la importancia del número y la vida numérica, es cierto que queda fuera del ámbito de la cultura. La cultura es el arte, la literatura, la historia, en fin, todo aquello susceptible de ser narrado o preguntado en una partida de Trivial Pursuit. Las matemáticas, entonces, quedan del lado de los saberes prácticos, como la cocina o la ebanistería, donde ocupa la cúspide.

La ciencia matemática es un saber práctico, tanto como teórico. Se estudian matemáticas para algo, para hacer algo con ellas. La cultura, por el contrario, se obtiene por su valor intrínseco. ¿Es realmente así? Cuando de niños aprendemos las operaciones básicas, se nos señala su utilidad cotidiana; cuando, algo más creciditos, nos ilustran acerca de operaciones complejas, como cálculo probabilístico o trigonometría, la practicidad de estos conocimientos está ligada a posibilidades laborales o de progresión en los estudios. Sin embargo, no se dan razones por las que haya que conocer el esfumato de Leonardo, el monólogo de Segismundo o la fecha de las Navas de Tolosa. Son saberes valiosos, y punto.

Ello lleva a una separación bastarda entre “ciencias” y “letras”, saberes mutuamente excluyentes y hostiles entre sí. El de “letras” difícilmente reconocerá la importancia de la geometría fractal -al margen de sus representaciones plásticas- y el de ciencias negará rotundamente que el conocimiento de las Partidas de Alfonso X, en cuanto código normativo extinto, sea relevante. Por eso, individuos híbridos como Frabetti, tanto en su faceta narrativa como ensayística o periodística, son tan necesarios. Esa fractura debe ser reparada, porque es absurda, porque es nociva.

Ya no estamos en una época en la que un individuo pueda acaparar todo el conocimiento humano. El último de esos individuos, según dicen los anglosajones, fue John Stuart Mill -aunque en realidad este tipo de ser humano no existió jamás, ni puede existir; y, en el sentido que se le da a la expresión, seguramente fue Goethe-. Pero eso no quiere decir que podamos rechazar parcelas tan amplias, y relevantes, del mundo. Porque “quienes dan la espalda al pensamiento cuantitativo se pierden nada menos que la posibilidad de leer el Libro del Universo, que como dijo Galileo, y antes que él Leonardo, está escrito en el lenguaje de los números” (p.58).

Aunque El juego de la ciencia es un libro interesantísimo por muchos motivos, a mí me parece que la aritmofobia es el gran enemigo a batir. Y soy reo de ella, lo he sido siempre. Me resulta reconfortante que Frabetti culpe al sistema educativo, pero no puedo menos que reconocer mi porción de responsabilidad. Los animales se paralizan ante las amenazas, pero el ser humano tiene el deber de enfrentarse a sus miedos, y vencerlos. Mas, no sólo es por orgullo de especie dominante. El conocimiento de la ciencia -y la ciencia también entra con letra- está lleno de momentos satisfactorios, de misterios tan emocionantes como los que pueden saltar mientras exploramos un viejo archivo.

Quizá la mayor dificultad sea idiomática: la ciencia se escribe en ese idioma tan imponente que son las matemáticas, que tan diferente es de nuestra lengua materna. Por fortuna, toda lengua puede ser aprendida -la lengua de la ciencia, como la lengua del arte, incluso la lengua de los chinos-. Y,como sabemos, otra de las asignaturas que más hostilidad produce es la del segundo idioma; como las matemáticas, se estudia poco y se aprende mal. ¿Será cierto que la causa de todo es la mala disposición del sistema educativo?

¿Que por qué El juego de la ciencia es un libro y no lo es? Esto es una tontería, es un libro, un sólido compuesto de celulosa, gomas y tinta, con páginas, cubiertas; con letras, con números. Pero tiene, también, una existencia incorpórea, digital. El juego de la ciencia es la columna que Carlo Frabetti tiene en Público (http://blogs.publico.es/ciencias/tag/frabetti), cuyos primeros 44 artículos se han recogido en un volumen, aunque “No creo que tenga mucho sentido publicar recopilaciones de artículos periodísticos, y menos aún si todos proceden de un mismo periódico y están disponibles en su página web”. Para felicidad de su editor, Frabetti no sólo encuentra innecesario el libro, sino que da las indicaciones necesarias para leerlo gratis.

Entonces, ¿por qué aceptó publicarlo? La respuesta la he hallado en la página 51; dijo Isaac Asimov que el dispositivo de lectura ideal debía: consumir la menor cantidad de energía posible, activarse con la mirada, adaptarse automáticamente al ritmo de lectura del usuario, ser barato, ser fácilmente transportable, resistir los golpes, etc. Es decir, el libro. De la misma manera que es absurda la guerra de los sexos, o la guerra de las ciencias y las letras, lo es la guerra entre internet y el libro. Sólo son formas de lo mismo.

El juego de la ciencia, Carlo Frabetti. Lengua de trapo, Madrid, 2009. 208 páginas, 18,60 €.

Comentarios (0)

Nov 20

Libropesía y otras adicciones

Escrito en El museo, K-Saurus.
Etiquetas: , , 20/11/2009

Todo amante de la lectura, ame o no al libro, pasará por momentos de fiebre lectora, por fases más o menos agudas de libropesía. Y otros momentos en los que se preguntará, como Alberto Manguel,  ¿Por qué leer? (p. 9). Le responde Gustave Flaubert, “Para vivir” -y asiente Bioy Casares, en silencio-.

libreroPara estos aquejados de libropesía o bibliomanía o furor libresco debe evitarse el tratamiento de choque -relatado por Cervantes en el capítulo VI de la Primera Parte de Don Quijote, y de nulos efectos en el paciente- y probar, mejor, con píldoras como Libropesía y otras adicciones, que publica Libros del Silencio como “ofrenda en forma de libro para los amantes y los enfermos del libro”; la variedad de sus principios activos y su sabor, delicado y lleno de matices, hacen de éste remedio una grata elección, aunque de filo doble: se sabe que hay quien ha visto agravarse la enfermedad, lanzándose a devorar tomo tras tomo.

Lee el artículo completo en El Confidencial…

Comentarios (0)

Nov 15

El otoño otra vez, en seco

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , 15/11/2009

Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas
los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.

Así le cantaba Keats al otoño. La primavera es la estación predilecta de los poetas, y el otoño, con sus tinieblas, su frío, su echarse a dormir, parece ser un preludio del fin de los días propios. Un presagio de muerte.

Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.

rain-on-table-480_225x316Rosas blancas desencadenaba el otoño en el corazón de Federico García Lorca. Pero prefiero, con mucho, la mirada tierna de Keats, que supo encontrar las bondades de la estación de las castañas. El otoño es una estación de recuerdos, aunque el recuerdo esté empañado de dolor -el recuerdo habita el pasado, y el pasado quedó definitivamente atrás-. Somos una consecuencia de decisiones y fracasos, no podemos olvidar eso sin mutilarnos gravemente. Dejemos entonces que el abrazo nostálgico de noviembre nos infunda su frescor cargado de rumores.

Pero el recuerdo viene disuelto en agua. No concibo un otoño de secano. Miro al cielo, busco los nimbostratos cargados de los besos azules de Lorca, y sólo está la frente despejada del frío. La lluvia no llega. El tiempo, en Madrid, es indiferente. Es verdad lo que decía Borges, que la lluvia sucede en el pasado. Recuerdo aquéllas tardes de otoño, el frío fuera y yo dentro, mirando el diluvio que enseñoreaba el mundo al otro lado del cristal; hombres, animales y vehículos, bajo su poderoso ejército, retrocedían y en su huída se enfangaban, ¡se rendían! Había fuego en la estufa que, voraz, no dejaba de pedir alimento. Tenía mis libros, mi videoconsola, mi ordenador -soy un hombre de mi tiempo-. Era la pluviosa Montaña y allí sigue manando, aunque, ¿qué me importa a mí que caiga ése solitario árbol?

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

(…)

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

(…)

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

(…)

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

Era Lorca de nuevo, que sabía que el Leteo es un cauce seco.

Comentarios (0)

May 17

Qué difícil es…

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , 17/05/2009

 … mantener actualizado un blog, encontrar ideas y energías para darle lo que reclama, en forma de palabras, con la continuidad que precisa para no morir de sed (es como una planta).

Uno abre este cuerno de Amaltea pensando en los premios que de él van a salir, pero no imagina, durante el mágico momento de la concepción, que Audrey Jr. reclamará su alimento. Al principio son sólo unas gotas de sangre, apenas el sobrante que a veces se va solo por las narices, en la noche. Y se da con gusto, viéndola crecer, engordar. Las visitas de los diversos insectos, de alas más o menos brillantes, coloreadas (a veces con un perverso aguijón), son una fiesta de orgullo paternal.

this-is-audrey-jr- Lo estoy criando yo solo, con mi propia sangre.

Mas, pronto la criatura exige un sacrificio mayor. Frankenstein lo sabe bien. No basta con crear: el acto de la creación no es estático, sino constante. Las hordas de aldeanos asaltarán el castillo y querrán desmembrarlo. Después de todo, rechazó a aquella niña tan hermosa. El monstruo debe satisfacer a las hijas de todos, incluso las que sólo aguardan para burlarlo. Para algo se le dotó de tan titánica virtud. Y las niñas del pueblo siempre quieren más, persiguen al monstruo que, estorbado por las raíces, apenas les puede dar esquinazo fingiéndose alcornoque o membrillo.

Quizá un alma anémica como la mía no debería haber plantado nunca esta semilla, pero ¿es esa acaso una opción? ¿Eligió Seymur cultivar la planta? No, fue el amor por Audrey lo que le empujó a sus execrables crímenes. ¿Acaso no fue Boris Karloff el que obligó al buen Víctor a construirlo, para vengarse de Bela Lugosi?

Dice el famoso proverbio del poeta chino Gustave Flaubert, “Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas”. Pero si no te has atado a tiempo al mástil de tu navío, ya no te queda sino danzar.

Comentarios (1)