Jul 05

Inquietante ejército de monos, en el Rāmāyaṇa

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, Mirada de troodon.
5/07/2010

“Sugrīva se volvió hacia Hanumān, que estaba a su lado, y le dijo:

-Convoca a los monos de todos los rincones de la tierra por medio de regalos, de acuerdos y diplomacia. Sé que ya hemos enviado mensajeros, pero despacha más monos para que apremien a los anteriores. Quiero que todos los monos se presenten aquí, incluso los que estén entregados a hacer el amor y los que se sientan inclinados a la pereza. ¡Si no llegan aquí dentro de diez días, serán ejecutados por desobedecer al rey!

»Bajo mi mando hay miles de millones de monos; que todos vengan y se presenten ante mí. Envía a los monos inmensos que tienen el tamaño de las nubes y que tapan el cielo para que den a conocer mis órdenes. Envía a esos monos que saben dónde viven todos los otros monos de la tierra.

(…)

Trescientos millones de monos negros como el kohl vinieron de la montaña de Añjanā, cien millones de monos resplandecientes vinieron de las montañas del ocaso, cientos de millones de un pardo rojizo como la melena del león vinieron del monte Kailāsa, y mil millones que vivían de raíces y frutos vinieron de los Himālayas. Cientos de millones vinieron de los Vindhyas; eran feroces como Marte y capaces de cosas terribles. Un número incontable llegó de las orillas del océano de leche, donde vivían en bosques de palmas y se alimentaban de cocos. Las tropas de monos vinieron por colinas, valles y ríos bebiéndose el sol, por así decirlo.

(…)

Rāma contempló al enorme ejército de monos, que parecía un estanque de lotos, y quedó muy complacido. Alzó a Sugrīva, el rey de los monos, que se había postrado a sus pies, y le abrazó con afecto y respeto. Le pidió que tomara asiento y entonces le dijo:

- Un verdadero rey es aquel que divide su tiempo proporcionalmente entre los asuntos de estado y el placer. Aquel que persigue sólo el placer y descuida el dharma y los bienes materiales es como el hombre que se va a dormir a la copa del árbol y despierta cuando cae al suelo. Un rey que destruye a sus enemigos y se dedica al bienestar de sus amigos recoge los frutos de las tres metas de la vida. Vive de acuerdo con el dharma. ¡Ha llegado el momento de comenzar nuestra empresa, destructor de enemigos! ¡Consulta a tus ministros y consejeros!

-Gracias a ti he restituido mi fama y mi gloria, y he recobrado el antiguo reino de los monos -dijo Sugrīva-. Tú y tu poderoso hermano me habéis ayudado a conseguir esto, y aquel que no devuelve los favores es el peor de los hombres.

» Aquí tenemos cientos de monos que han traído a otros miles de monos desde todos los rincones de la tierra. Hay osos y monos con cola de vaca que saben abrirse paso en los bosques más inexpugnables. Hay monos que son hijos de dioses y de gandharvas y que pueden cambiar de forma a voluntad, acompañados de sus grandes ejércitos. Hay monos cuyo valor es comparable al de Indra, monos que viven en los Vindhyas y que tienen la estatura de las montañas Meru y Mandara, ¡cientos de miles de millones de monos que vienen en camino! ¡Matarán a Rāvana y a su familia y traerán de vuelta a Sīta!

(…)

En ese momento, se levantó una enorme nube de polvo que tapó los afilados y ardientes rayos del sol. Cubrió el cielo y lo oscureció en todas las direcciones. La tierra comenzó a temblar y muy pronto quedó cubierta por innumerables monos de fuerza inaudita, grandes como montañas, de afilados dientes y uñas. En cuestión de minutos, la zona quedó invadida por los jefes mono y sus millones de seguidores, los cuales podían cambiar de forma a voluntad. Había monos formidables y poderosos provenientes de los ríos, los mares y las montañas, así como aquellos que vivían en los bosques y cuyas voces rugían como el trueno. Los monos de toda lla tierra se habían reunido allí, gritaban y aullaban, daban saltos y brincos, y rodeaban a Sugrīva como las nubes roden al sol. La euforia de los monos se traducía en un estruendo terrible. Inclinaron su cabeza ante Sugrīva y comenzaron a presentarse. Algunos jefes, que eran más reservados, se acercaron a él para inclinarse con las palmas juntas. Y Sugrīva, que conocía el dharma, los presentó ante Rāma.

Rāmāyaṇa, edición de Atalanta (2010). Traducción de Roberto Frías según la versión inglesa de Arshia Sattar. Una espléndida revisión pues lo habitual es presentar un Rāmāyaṇa farragoso, arcaico. Tal y como dice Jesús Aguado (Babelia), “lejos de ser un monumento o un objeto de museo, defecto de la mayoría de las versiones occidentales mencionadas (incluida una en latín que refuerza todavía más esta sensación de antigualla venerable pero inservible y lejanísima), aparece como un texto vivo, actual, próximo y directo con el que uno, sin importar a qué región geográfica o mental del mundo pertenezca, puede dialogar sobre todo lo divino y lo humano”. Más que recomendable, aunque, como yo, ya tuvieran otra edición en casa.

Ficha en la editorial Atalanta →

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Jul 01

Vampiros, por el Conde de Siruela

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , 1/07/2010

Ayer fue el primer día sin Mundial en semanas. Fue una privación demasiado brusca, tras tantos días viendo fútbol -es un decir-, así que estuve repasando vídeos de mis jugadores favoritos, el Buitre y su suspensión del espacio-tiempo, Éric Cantona -un tipo tan grande que me hizo apoyar a un equipo dirigido por Alex Ferguson-, los pases imposibles de Michael Laudrup, la casta de Bakero o Raúl, la suprema elegancia de Zizou. Pelé o Maradona no despiertan emoción alguna en mí -en el caso del argentino positiva no, desde luego-. Me siento algo culpable, porque en estos días leo poco. Selecciono más, en todo caso. Era inevitable, al recibir de Atalanta la nueva edición de Vampiros, elegirla como lectura privilegiada. Ya había padecido/gozado, hace años, El vampiro, la versión que Jacobo Siruela adaptó para el Círculo de lectores. Me duró apenas un día y medio de verano, demasiado poco, demasiado intenso. Recuerdo haber sentido el primer escalofrío durante una lectura, y eso que el sol lucía bien alto, y bien fuerte. Había golondrinas en el cielo y olía a hierba secándose. No era el ambiente para aterrorizarse con un cuento, pero ocurrió. Era La habitación de la torre de Edward Frederick Benson, autor tan ignoto entonces como ahora, para mí. Entonces coronaba el libro, un colofón perfecto. Vampiros, pues, lo empecé por ahí, por la cámara tenebrosa y el cuadro semoviente y sediento del texto del olvidado Benson. Fue una noche tórrida de verano, la calle alborozada por la clasificación de España para octavos de final. Estaba en mi casa, en mi propio hogar dispuesto y organizado a mi gusto. Y volví a temblar.

Lee mi reseña de Vampiros en El Confidencial →

El texto de la editorial:

“Esta antología, que ahora se reedita ampliada con tres cuentos inéditos –la más completa y documentada que existe hasta el momento en español– reúne los mejores textos cortos de vampiros que se han escrito desde principios del siglo XIX hasta casi finales del siglo XX. En cualquiera de sus variantes, ya sea en su aspecto más primitivo, como «reviniente» inspirado en el folclore eslavo, o como noble perverso con un irresistible magnetismo erótico para las mujeres, o bien como bella y cruel vampiresa, instigadora de la fatalidad de los hombres, todas estas muestras de la «tempestuosa belleza del terror» siguen fascinando a través de los siglos, pues en ella se funden el deseo más tenebroso de la sexualidad con el más profundo miedo a la muerte, dos ingredientes que nunca dejarán de cautivar a la imaginación.

Publicada por primera vez en 1993; y reeditada mas tarde en 2001 con nuevos cuentos y una introducción más larga de Jacobo Siruela, esta tercera entrega del 2010, publicada ahora en Atalanta, añade tres cuentos nuevos del siglo XX. August Derleth, (editor de Arckham House), introduce una nueva variante con su vampiro de la nieve; Richard Matheson (el autor de «Soy leyenda») inserta el vampirismo en la cotidianedad contemporánea; y Robert Aickman, considerado el más grande escritor inglés de cuentos sobrenaturales de la segunda mitad del siglo pasado.”

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Jun 14

Abe Kôbô y Dazai Osamu: visiones de lo humano

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , , 14/06/2010

Esta reseña tiene su origen en mi torpeza con los nombres. Siempre he creído que los nombres son importantes. Yo no sería como soy si tuviera uno más común, y dudo que Stendhal hubiera pasado a la historia como Henri Beyle, y mucho menos George Sand como Amandine Aurore Lucile Dupin. ¿Cherilyn Sarkisian? ¿Saul Hudson? ¿Habría sido Napoleón lo que fue de haberse llamado Cacalovo? Mas, siendo importantes los nombres, éstos se pierden en las circunvalaciones de mi cerebro. Hace mucho que quería leer Indigno de ser humano, la breve novela autobiográfica de Dazai Osamu, cuya adaptación al anime había visto recientemente -con diseños de Takeshi Obata, autor de Death Note-. Cuando Candaya, una editoral que me gusta especialmente -todo lo que publican es, al menos, interesante-, publicó Idéntico al ser humano, pensé, “vaya, la traducción correcta de Ningen Shikkaku es esa, entonces”. Que el autor hubiera cambiado no me llamó la atención, así que inmediatamente me puse en contacto con la editorial. Luego ya me di cuenta de que el argumento era completamente distinto y entonces, sólo entonces, descubrí que no era la misma obra. Era de Abe, el autor de La mujer de arena que publicara Siruela. La casualidad quiso que, casi simultáneamente, ahora sí, Sajalín publicara la novelita de Dazai. Por fortuna, no todos los despistes resultan desgraciados. Dicen que el queso se inventó gracias a uno y convendrán conmigo en que la humanidad es mucho más feliz desde entonces.

Lee mi reseña de Indigno de ser humano e Idéntico al ser humano en El Confidencial →

Candaya, sobre su Idéntico al ser humano:

“La noticia de que acaba de despegar un cohete espacial con destino a Marte llena de zozobra al creador del programa radiofónico “Hola, marciano”. El temor de que la realidad pueda desbaratar su universo de ficción y poner en peligro el modesto modus vivendi con el que intenta asegurar la estabilidad de su familia, hace tambalear el precario equilibrio del periodista, cada vez más paralizado por la angustia y la pérdida de la autoestima.

La inesperada visita de un oyente que asegura ser un marciano “idéntico al ser humano” desencadena un desconcertante e incómodo diálogo en el que, al modo beckettiano, se transita fácilmente de la lucidez al delirio. Con un impecable manejo de la alegoría y de la sátira, Kobo Abe se servirá de las irritantes palabras de estos dos seres extraviados para enfrentar al lector a algunas de las obsesiones que lo han emparentado con Kafka o Camus: el problema de la identidad y el desasosiego de no saber quién se es ni quién es el otro, el cuestionamiento de la noción de realidad o la crisis de supervivencia del ser humano frente a las estructuras dislocadas y caóticas del mundo contemporáneo. El lector, magnetizado por la tensión dramática, espera, como en un relato policial, que el suspense vaya cediendo hasta revelar el desenlace: “¿todo esto será la consecuencia de la fábula vencida por la realidad o de la realidad vencida por la fábula?”.

Con Idéntico al ser humano, Kobo Abe se distancia del color local que caracteriza la tradición literaria japonesa e incorpora a algunos de los grandes temas de la modernidad, como la ficción científica, la seducción por el lenguaje de las matemáticas y los sistemas clasificatorios o la reflexión sobre la convivencia en  las ciudades impersonales, vertiginosas e inhumanas de nuestro tiempo.”

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Sajalín, sobre su Indigno de ser humano:

“Publicada por primera vez en 1948, Indigno de ser humano es una de las novelas más célebres de la literatura japonesa contemporánea. Su polémico y brillante autor, Osamu Dazai, incorporó numerosos episodios de su turbulenta vida a los tres cuadernos que conforman esta novela y que narran, en primera persona y de forma descarnada, el progresivo declive como ser humano de Yozo, joven estudiante de provincias que lleva una vida disoluta en Tokio.

Repudiado por su familia tras un intento de suicidio e incapaz de vivir en armonía con sus hipócritas semejantes, Yozo malvive como dibujante de historietas y subsiste gracias a la ayuda de mujeres que se enamoran de él pese a su alcoholismo y adicción a la morfina. Sin embargo, tras el despiadado retrato que Yozo hace de su vida, Dazai cambia repentinamente de punto de vista y nos muestra, mediante la voz de una de las mujeres con las que Yozo convivió, una semblanza muy distinta del trágico protagonista de esta perturbadora historia. Indigno de ser humano se ha convertido, con el paso de los años, en una de las obras más populares de la literatura japonesa, superando los diez millones de ejemplares vendidos desde su primera publicación en 1948.”

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Nov 13

El caballo amarillo, de Boris Savinkov

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , 13/11/2009

Impedimenta reedita, traducido por primera vez del ruso –Andreu Nin lo hizo en 1931, pero desde el francés–, El caballo amarillo. Diario de un terrorista ruso, una suerte de memorias disfrazadas de novela escritas por el asesino revolucionario Boris Savinkov en 1917, durante su exilio en París. Allí, Apollinaire se refería a él como “notre ami l’assassin”, y es que, ante todo, Savinkov fue eso, un asesino, que narra en esta breve novela, estructurada con la apariencia de un diario, por un lado los preparativos para el asesinato del gobernador general de Moscú, el Gran Duque Sergei Alexandrovich –magnicidio acaecido el 4 de febrero de 1905, en la novela el 18 de agosto–, y por otro el “amor” adúltero del protagonista por Yelena.

Propangando la anarquía

La ideología, para George –trasunto de Savinkov; Nin consideraba esta novela un retrato “de cuerpo entero”, mientras que para James Womack, traductor y prologuista de esta edición, es una “caricatura de sí mismo”–, es menos que secundaria. George/Savinkov mata sin motivo, mata por matar, por la acción de matar, y por la muerte: “El amor no existe en el mundo, ni la paz, ni la vida. Sólo existe la muerte. La muerte constituye tanto nuestro halo de santidad como nuestra corona de espinas” (p. 108). La obra entera, que es en esencia una indagación –sin conclusiones– en la propia personalidad, trata de decirle al autor quién es en realidad. Pero los devaneos de George no llevan a lugar alguno. George es un psicópata que se ha topado con la vía revolucionaria y hace uso de ella para sus propios fines, para probarse, como Raskolnikov, y encontrarse.

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Sep 03

Momotaro visita España. Cuentos del Japón Viejo

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , 3/09/2009

ukyoLas antologías de cuentos japoneses populares son relativamente abundantes en España. Hace años, este libropésico pudo calmar su ansia devoradora con las Tradiciones japonesas de Fukuyiro Wakatsuki -que aún se puede encontrar en librerías de viejo, dada la popularidad de la colección en que fue editado, Austral-. Este escueto librillo recogía de forma sistemática leyendas y mitos de la tradición nipona, agrupados bajo epígrafes consagrados a algunos elementos fundamentales de su cultura: el Sol, la Luna, la montaña, el mar, la nieve, la flor, el arroz, la seda, el ciruelo y el crisantemo. A mi modo de ver aún está por superar, al menos entre las que conozco. Recientemente, Alianza ha publicado también El espíritu del agua, una bella selección de cuentos, que dejan de lado la mitología y cosmogonía japonesas para consagrarse a la voz que susurraba alrededor del fuego, en las aldeas de todos los siglos. La traductora y editora, Kayoko Takagi, ha seleccionado treinta y dos cuentos como los más representativos, con una escritura clara y limpia, con el sabor de la tradición aunque con algunos arreglos que los acercan al lector occidental contemporáneo. Además, a cada cuento le precede una breve introducción que lo sitúa, histórica y etnográficamente.

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May 21

Un veraneante en la literatura. Logaritmo, de Antonio Botín Polanco.

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , 21/05/2009

No sé cuántas novelas habrá dedicadas a “las playas del mundo”. Seguramente, muy pocas. También llaman la atención los apellidos del autor de esta peculiar novela, que sí, era pariente de los botines aunque por lo que se lee en Logaritmo, no parece que apreciara demasiado a la rama bancaria de la familia. Antonio Botín Polanco fue uno de los personajes de aquel Santander de los Baños de Ola, cultural y regio que recientemente ha retratado Álvaro Pombo y que el Consistorio quiere recuperar con vistas a 2016. Un entorno que se prestaba a una severa mirada crítica de la que hace uso abundante y brillante en esta novela, publicada originalmente en 1933, bajo la influencia de Ramón Gómez de la Serna y de José Ortega y Gasset, cuya amistad cultivó.

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Como se lee en la espléndida introducción de Alberto Santamaría “la presencia de Ramón en su obra es palpable en la búsqueda de un humor narrativo -no exento de lirismo-, o en su incesante transformación de la realidad a través del lenguaje” (p. 17-18). La presencia de Ortega y Gasset no es menor: desde el propio título de la novela, que hace referencia a la noción orteguiana de las palabras como “logaritmos de las cosas”, al uso de la ironía o las citas explícitas del capítulo XVI, sin mencionar el pensamiento sociológico que recorre toda la obra y que es el de Ortega. Simplificando groseramente, ve el mundo como el filósofo madrileño y lo escribe como Gómez de la Serna. Podríamos deducir de ello que Botín Polanco era escasamente original. Podríamos decirlo, y así parece. O que estaba en un estadio previo a la originalidad -la llamada voz propia- que no llegó a desarrollar, pues después de 1935 apenas escribió.

No son los personajes los que protagonizan el relato, sólo lo conducen: los protagonistas son pensamiento y lenguaje, Ortega y Ramón. Un pensamiento y un lenguaje aplicados a unas circunstancias históricas concretas, los años 30 -desde el final de la Monarquía hasta mediada la República-, y a unos puntos geográficos determinados, una ciudad costera de provincias, Madrid, París. Y pensamiento y lenguaje se aplican de forma crítica e irónica, inmisericorde: “una crítica fundamentalmente dirigida a la moral y a los valores de una burguesía abocada a una forma insustancial de vida” (p. 29), cebándose especialmente sobre la burguesía provinciana, a la que dedica agudas observaciones -”el matrimonio burgués, que ayunta a san Pablo con Adam Smith“-.

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La novela narra el enamoramiento de Carlos, evidente álter ego del autor, un vividor -”se había limitado a disfrutar los dineros que encontró bajo el cubierto que le correspondió en la comida”-, un señorito -en sentido orteguiano-, un espectador -”un invitado en la vida”-, y un cascarrabias a quien todo parece mal. Su voz se confunde con la del narrador, con quien coincide perfectamente en su cosmovisión -y lo mismo la enamorada, Mechita-. Los tres forman un club, al parecer selecto -no entra nadie más- frente a un mundo en el que imperan la vanidad, la codicia, la necedad, en todas las clases y orientaciones políticas -sólo se salvan los pescadores y algunos artistas-. Carlos y Mechita se enamoran de golpe, aunque ya se conocían, por sus dientes: “Ninguno de los dos era guapo. Pero los dos tenían los dientes limpios y blancos. Y estuvieron sonriéndose un rato, porque se tienen dientes, mitad para morder, mitad para enseñarlos”.

Domina la reflexión sobre la acción. Como novela en sentido tradicional sufre un poco, pero no es una novela tradicional. Al margen de los géneros el texto triunfa, fluye. Poco importa la inexistencia de una trama, de unos personajes tal y como aparecen en las novelas decimonónicas, por la viveza del lenguaje -”el azul del cielo se columpiaba sobre la mar, que respondía a las cosquillas de la hélice con una risa blanca”-, por el ritmo de la prosa -se lee como un poema; toda la novela es un largo romance en prosa-, por la hondura de la reflexión, por la sagaz ironía, por la ternura y el lirismo de los dos amantes -”los besos son rosas del deseo, carne del amor, espuma de sollozos cuando en lo fugaz clava su espina lo eterno”-. Botín Polanco es un escritor totalmente olvidado, aun en Santander. Hay novelas que, sin saberse la causa, se mueren; quizá porque, siendo bellas y fuertes, nadie las supo querer.

Logaritmo. Ed. Quálea. 232 págs. 17,95€.

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Mar 26

Lev Tolstói: El padre Sergio

Escrito en El gabinete del dr. Mantell.
Etiquetas: , , 26/03/2009

 

Lev Tolstói por Ilia Efimovich Repin. Fuente: WikipediaTenía pensado un artículo comparando El padre Sergio con su Confesión, del mismo modo que con Los cosacos tracé líneas hacia los Diarios. Pero como eso ya lo ha hecho, y muy bien, Almudena Guzmán en ABC, pues me la envaino y procuraré en el futuro ser más rápido y que sean otros los que tengan que abrirse la cabeza buscando un enfoque original. No obstante sigo poseído por la fiebre parangonera (que transmite el mosquito de Auerbach). Así que, recordando sus memorias noveladas, Infancia, Adolescencia, Juventud, me vinieron a la nuez (recuerden mi reptiliana condición) dos personajes de la niñez de Tolstói, el peregrino Grisha, cargado de cadenas, y la abnegada criada Natalia Sávishna. Ambos personajes me recuerdan, mucho, al padre Sergio y a su ángel redentor, Páshenka.

Grisha es un peregrino, de ésos tan habituales en las novelas rusas, que recorren los caminos confiando en su santidad como sostén, no sólo moral, sino también físico. Los ricos les alojan, y así aparece Grisha en la vida de Tolstói, a la sazón un niño de diez años. El peregrino pasa unos días en la dacha familiar, en la aldea de Petróvskoie, invitado por la madre. Los niños quedaron  muy impresionados por su aspecto: “un hombre de unos cincuenta años, con el rostro pálido y picado de viruelas, el cabello largo, canoso, y una barba rala y rojiza. Era tan alto que para cruzar la puerta no sólo tenía que agachar la cabeza, sino doblar el cuerpo. Estaba vestido con algo raído parecido a un caftán y a una sotanilla; sostenía en la mano un enorme cayado, con el que golpeó el suelo con todas sus fuerzas al entrar. Frunció el ceño y, abriendo desmesuradamente la boca, se echó a reír del modo más horroroso y antinatural. Era tuerto y la pupila, cubierta por una nube, saltaba incesantemente y añadía a su rostro -feo de por sú- una expresión aún más repugnante” (Infancia. Ed. Alianza, pág. 35. Trad. de Víctor Andresco).

Tan impresionados quedaron, que decidieron esconderse en un armario para espiarle y ver, por sí mismos, las cadenas que se rumoreaba llevaba el santón enrolladas alrededor de su cuerpo. Entonces el joven Tolstói observó la pura fe del peregrino, que clama, como el padre Sergio durante su retiro, “¡Perdóname, Señor, enséñame lo que debo hacer…; enséñame lo que debo hacer, Señor!”, y manifiesta que “la impresión y el sentimiento que despertó en mí no desaparecerán de mi memoria”. No desapareció, a juzgar por lo que leemos en El padre Sergio, sus constantes súplicas de socorro a Dios ante las coacciones de la lujuria y la zapa de la duda.

Kurskaya korennaya por Iliá Repin. Fuente: Wikipedia

En cuanto a Páshenka, era una niña algo boba aunque seguramente más por falta carácter que por falta de intelecto, de la que Kasatski, junto con muchos otros niños, se reía. Mas luego descubre en ella la verdadera fe, el auténtico servicio a Dios a través del servicio al prójimo. Enseñanza por la que, obviamente, también se empeñó Tolstói, su perenne empeño por redimir al campesinado ruso. Por su parte, la Natalia Sávishna de su infancia, “no vivía más que para el bienestar de los señores (…). No sólo no hablaba de sí misma, sino que, al parecer, ni pensaba en su existencia. Todo en su vida era amor y sacrificio”.

Es interesante leer el artículo Tolstoi: El hermano mayor de Dios, pues rara vez se lee una versión tan crítica (quizá excesivamente virulenta y agresiva) de alguien generalmente alabado por su grandeza moral y su humanismo. Se le interpreta como ególatra, vanidoso y exhibicionista, algo que encaja muy bien con el padre Sergio, que es igual hasta su definitiva transformación. Tolstói, entonces, conocería el camino pero no cómo seguirlo. En el cuento, Tolstói escribe sus propios conflictos espirituales, se retrata en un Kasatski que, en todo cuanto emprende, busca el reconocimiento y el halago público. En ambos, la existencia es una permanente lucha contra el sentimiento de culpa, contra el orgullo aferrado a su naturaleza.

Ficha: El padre Sergio. Trad. Bela Martinova. Rey Lear. 112 págs. 9,95 €

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Mar 25

Lev Tolstói: Los cosacos

Escrito en El gabinete del dr. Mantell.
Etiquetas: , , 25/03/2009

 

joven-tolstoiHemos leído Guerra y paz, Anna Karenina, La muerte de Ivan Illich o Sonata a Kreutzer, las obras mayores -junto con Resurrección y Hadyi Murad- de ese gran novelista que fue Lev Tolstói, la cara de la literatura rusa -la cruz es Fíodor Dostoyevski-. Hemos visto a Greta Garbo como Karenina, a Mel Ferrer como el príncipe Andrei Bolkonsky. Hemos leído, o visionado, la obra de Tolstói y, haciéndolo, hemos conocido a Tolstói mismo, pues buena parte de su obra es autobiográfica, como lo es la de todo autor que se precie. En el plazo de un mes ha sido reeditadas dos obras quizá menores, pero no por ello menos relevantes, profundamente íntimas, Los cosacos, obra de juventud, y El padre Sergio, obra de madurez. La primera expresa sus anhelos de libertad y los vicios de la lujuria que la estorban, junto con los males de la sociedad corrupta; la segunda, el ansia de espiritualidad y, de nuevo, la lujuria hostigadora y condenadora: “Tengo la impresión de que predominan en mí tres pasiones insanas: el juego, la lujuria y la vanidad”.

Los cosacos fue publicada finalmente en 1863 pero fue escrita tiempo antes, aunque no de manera continua, durante su vida militar. Tolstói sirvió primero en el Cáucaso, el escenario de la novela, y luego en el Danubio, durante la terrible guerra de Crimea en la que obtuvo honores. Los paralelismos entre el Olenin de la novela y Tolstói son abundantes. La novela comienza con la despedida del protagonista de sus camaradas de parranda, en Moscú. Olenin ha elegido un destino militar en el Cáucaso, la frágil frontera sur del imperio, siempre amenazada por los abreks, nómadas insumisos. Pero, al mismo tiempo, pretende escapar de una vida vacía, vulgar y rastrera, la vida de un “joven ocioso”, aunque en realidad huye de sus muchas deudas, de una mujer a la que no ama y no sabe amar y de su propia inanidad. En las salvajes estepas, donde cabalgan libres los cosacos -aunque es una forma de libertad que habría que cubrir de matices-, aspira a encontrar el estímulo que despierte la grandeza que habita, dormida, en su interior.

No se sintió atraído por la vida militar el gran escritor. Su padre había llegado a teniente coronel, y en cierto modo era obligado seguir este camino. Lo hizo primero su hermano Nikolái, quien servía en las inestables fronteras del Cáucaso, amenazadas en el XIX como en la Edad Media por los pueblos de las estepas. A la edad de veintitrés años acompaña a su hermano a la guerra, aunque no como soldado, eso vendría después. Huye de las numerosas deudas de juego que deja en la capital, deudas que irán aumentando durante su vida militar. Anota en su diario personal el 7 de julio de 1854, refiriéndose a sí mismo en una distante tercera persona: “Se exilió en el Cáucaso para huir de las deudas y, sobre todo, de sus hábitos”.

La caballería cosaca. Fuente: Art and Faith.

Durante ese viaje en trineo que lo aleja de la civilización, Olenin se pregunta por su incapacidad de amar. Lo vemos reflejado en el diario el 8 junio de 1851, época en la que el autor viajaba hacia el Cáucaso: “No sé a qué llaman los hombres amor. Si el amor es lo que he leído y he oído decir que es, entonces no lo he sentido jamás”; y el 19 de octubre de 1852: “El amor no existe. Existe una necesidad carnal de comunicación y una necesidad racional de un compañero para la vida”. Tales son los pensamientos de ambos “ociosos”. El viaje a la frontera es, para ambos, un viaje interior, una búsqueda de sí mismos que, finalmente, sólo resolverá el alter ego físico, consagrando su vida a la escritura aunque, como es sabido, nunca renunciará del todo a su destino mesiánico en la sociedad rusa. La novela opone la vida licenciosa que lleva Olenin en Moscú -20 de marzo de 1852: “A lo largo del diario se ve una idea principal y un deseo: librarme de la vanidad que me asfixiaba y que arruinaba todos los placeres, y buscar los medios para librarme de ella”- y la vida sencilla, salvaje y libre de los cosacos. Que, sin embargo, también le está vedada porque él mismo no es puro, debido a su lujuria, algo de lo que Tolstói se queja constantemente en su diario, lamentándolo, como de la afición al juego (que no comparte con su personaje).

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La novela está construida con los recuerdos y experiencias y conversaciones que atesoró durante aquel exilio voluntario a la frontera, durante aquella huida hacia su interior -diario, 12 de junio de 1851: “Sigo buscando  no sé qué estado de ánimo, un punto de vista sobre las cosas, un modo de vida que no puedo ni encontrar ni definir”-. La construye con los relatos de Yepishka, su casero, que en la novela se convertirá en el tío Yéroshka: 10 de agosto de 1851: “La personalidad de Marka, quien en realidad se llama Luká, es tan interesante y tan típicamente cosaca que vale la pena ocuparse de ella. Mi casero, Yepishka, un anciano de la época de Yermólov, un cosaco sinvergüenza y bromista, lo llamó Marka en virtud de que, como él dice, son tres los apóstoles: Lucas, Marcos y Nikita mártir, y da igual uno que otro”.  Lukashka se convertirá también en personaje de la novela, conservando el nombre, al igual que Márenka, a la que conoce en Goriachevodsk y se convierte en la Mariánka, que descubre la amargura del amor a Olenin.

En cualquier caso, creo que es un error considerar que Tolstói apreciara o admirara a los cosacos. Tolstói no quiere ser cosaco y de ahí el fracaso del sueño romántico de Olenin. Valoraba de ellos algunas actitudes, algunos valores, pero en general muestra claro desprecio por un pueblo cruel y bárbaro. Es su vida en la naturaleza, su cercanía a la tierra, lo que valora. Tolstói quería y admiraba a los campesinos y su condición telúrica, su abnegación, su austera sencillez. La quería para sí, al tiempo que de alguna manera la despreciaba; no podía desprenderse de su espíritu de clase, aunque también era consciente de lo despreciable que era, y así lo manifestaba. La contradicción es común entre los grandes hombres y uno de los motores del arte, y el motor de Tolstói, basado en el sentimiento de culpa derivado de estas y otras contradicciones -como su lujuria y su recato-, era uno muy potente.

Los cosacos por Scheloumoff. Fuente: George's Pictures

Estoy de acuerdo con Guillermo Urbizu en que Los cosacos nos devuelve el antiguo, puro placer de la lectura. Es lo primero que pensé cuando hube leído el primer capítulo de la novela, El fugitivo. Es esa ingenuidad narrativa del joven Tolstói, que prefigura al enorme autor de la Karenina, esa ingenuidad fascinante que sobrevivió a las posteriores correcciones y que era connatural al texto. Anota en su diario: “Corregí Los cosacos: terriblemente débil. Seguramente al público por eso le gustará”. Expresión que contiene un ligero desprecio por sus lectores, que sin embargo perciben esa debilidad y la aprecian; sí, es su debilidad la que hace de Los cosacos una lectura deliciosa, que se disfruta, salvando las distancias, como el cine de serie B que se entrega, desnudo y simplicísimo, al espectador.

Ficha: Los cosacos. Ed. Atalanta. 232 págs. 19 €.

Nota: las citas del Diario(1847-1894) se han extraído de la edición de Acantilado, traducida por Selma Ancira.

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Mar 24

J. R. R. Tolkien: Cuentos desde el Reino Peligroso

Escrito en El gabinete del dr. Mantell.
Etiquetas: , , 24/03/2009

El británico –aunque nacido en Sudáfrica–  Ronald Tolkien dejó escritas centenares y centenares de páginas que amplían el mundo de El Señor de los Anillos y que, a día de hoy, siguen lanzándose a la imprenta gracias al esfuerzo de su hijo Christopher –en mayo se publicará, en Gran Bretaña, otra obra inédita, La Leyenda de Sigurd y Gudrún, en este caso perteneciente al ciclo de los Nibelungos–. Las piezas incluidas en estos Cuentos desde el Reino Peligroso ya se habían publicado con anterioridad, si bien no reunidas en un mismo volumen.  El criterio que Tom Shippey, editor de la obra, parece haber seguido para seleccionar estos cuentos es el de haberse desarrollado en el Reino Peligroso, el País de las Hadas. Aunque relatos como Hoja de Niggle difícilmente encaja en el mismo espacio literario que Egidio el granjero de Ham, y es de hecho una obra peregrina dentro del corpus tolkiniano, pero que dice mucho del autor, así como el apéndice, el ensayo “Sobre los cuentos de hadas”.

Quizá sorprenda que el País de las Hadas sea catalogado de “peligroso”. El peligro no es lo primero que nos viene al pensamiento cuando pensamos en hadas, mujeres aladas diminutas, mariposas con cuerpo de mujer.  Y es que Tolkien aborrecía a la típica Campanilla de influencia francesa que degradaba la imagen tradicional del elfo inglés y nórdico (un ser joven y bello, fuerte y poderoso, una suerte de superhumano o de humano no caído).  Y es que “los habitantes del País de las Hadas pueden no querer hacer daño, pero siguen siendo peligrosos para los mortales normales. Quienes se los encuentran pueden no volver a ser los mismos”. Este es el tema de El herrero de Wootton Mayor y del poema “La campana de mar”, el poder de Fantasía sobre el hombre. Porque no debemos cometer el error de pensar que los cuentos de hadas son “para niños”, eso es “un accidente de nuestra historia doméstica”.

Glorfindel lucha con el Balrog, por John Howe

En el colofón de este volumen, el ensayo “Sobre los cuentos de hadas” define e investiga el origen de la fantasía como género, así como sus efectos sobre los hombres, justificando además por qué considera el género como el más alto al que un escritor puede dedicarse, no sólo porque es el más difícil (si se hace bien: la imaginación desatada es fácil de lograr) sino porque es más cercano al papel creador de Dios, de ahí que hable de “subcreación” para definir el proceso constructivo del relato de fantasía. Y, ciertamente, esto es lo que hizo Tolkien: crear un universo completo (Eä) –sistemáticamente, no como otros autores menos dotados que se contentan con un mero agregado de héroes, culturas y acontecimientos–. La fantasía es como cualquier otro género literario, funciona según las mismas reglas que cualquier otro relato, aunque posea las suyas propias, como cualquier género. Pero no es uno aparte, segregado del tronco común de la literatura.

 “Sobre los cuentos de hadas” es una confesión y una auténtica poética de mucho más alcance de lo que reza el título. Es una creación muy personal en la que Tolkien desbarra sobre sus  amores y temores. Este libro contiene además otros dos textos fundamentales para la comprensión del arte narrativo del maestro del fantasy: Hoja de Niggle y El herrero de Wootton Mayor. Hoja de Niggle es el relato más extraño de la producción tolkiniana, aunque tan sólo lo es dentro de ese corpus. Fuera de él es de lo más común, una alegoría de los miedos y emociones profundas de su autor. En el cuento, Tolkien expresa su miedo a no poder terminar su magna obra (la mitología de Arda, ciertamente inacabada) y expone las causas de tal incapacidad. Tolkien, enfermo de ultracorrección, asistemático y, externamente, acosado por las obligaciones, dejó mucho por hacer. Pero esto también dice mucho de su grandeza: el desarrollo de su obra ha consumido también la vida de su hijo Christopher, y aún queda mucho por hacer. Después de todo, la subcreación de un universo es un trabajo ingente, hasta para el más dotado de los hombres.

Ancalagon. Fuente: Lord of the Rings Online

Las piezas que componen este volumen, en mayor o menor medida, son algunos aquellos cuadros que Niggle adosaba a la su gran pintura del Árbol. Ayudan a dar mayor profundidad a Eä y ayudan a conectar el mundo de Frodo, de Morgoth, de Glorfindel, con el nuestro. En ellos, pese a la aparente sencillez e infantilismo, “hay atisbos de cosas más antiguas, oscuras y profundas”. Sin embargo, no todos están dotados del buen pulso narrativo de Tolkien. Roverandom es un relato repleto de maravillas, con escenas de gran belleza, pero carente de ritmo y tensión. No es extraño que sólo se publicara en 1998, veinticinco años después de la muerte de su celebérrimo autor, 73 años después de ser escrito, 62 años después de la primera tentativa de publicación. Y en cuanto a los poemas de Tom Bombadil, como textos procedentes de diversos momentos de inspiración, agregados casi artificialmente en un único tomo, son francamente irregulares. No obstante, incluye joyas como “Errabundo” o “El tesoro”.

Egidio, el granjero de Ham es quizá el relato más conocido del volumen. Se trata de una leyenda bien tramada, divertida, más cercana en el tiempo que las aventuras de Bilbo, pues parece inscribirse en tiempos ya históricos, aunque todavía quedaban dragones y gigantes. Se trata un manifiesto conservador en el que “lo viejo y lo tradicional derrotan a lo académico y lo moderno”. Así, el trabuco de Egidio es confundido con “tábanos”, pero la mera presencia de Tajarrabos basta para someter al terrible dragón Crisófilax. De entre los cuentos de hadas tradicionales de Tolkien, quizá sea el mejor, en parte gracias al humor que lo recorre y vivifica.

http://animefrikirol.blogspot.com/2007_03_01_archive.html

Tolkien lleva décadas formando parte de la educación lectora de Occidente, aunque no siempre ha sido valorado justamente como escritor y tan sólo como renovador de un género muy concreto y como autor de un best–seller inmortal –algo parecido a Los tres mosqueteros–. Más allá de sus cualidades como renovador de géneros y de mitos, como constructor de universos –Mundo Secundario–, Tolkien debe ser reivindicado como literato, pues tal cosa se sentía, y no otra cosa es. En su obra se tratan, con gran profundidad, los grandes temas de la literatura, las grandes preocupaciones del hombre, y se abordan desde las relaciones entre personajes, y entre estos y el mundo que les rodea. Literatura pura. Y es cierto que escogió una forma arcaizante, que dificulta la percepción de matices, que hay dragones y duendes, que sus personajes se mueven por valores antiguos, y que “Fantasía no puede quedar atrapada en una red de palabras, porque una de sus cualidades es la de ser indescriptible, aunque no imperceptible”.  Todo son dificultades, pero la obra de Tolkien pervive y crece y ocupa un lugar propio en el corazón de sus lectores. Por algo será.

Ficha: Cuentos desde el Reino Peligroso, J. R. R. Tolkien. Editorial Minotauro, 2009. 400 páginas. 21.50 €

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Feb 21

Antonio Machado, 70 años en la memoria

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , 21/02/2009

 

camposcastillaEl 22 de febrero de 1936, “la aurora asomaba / lejana y siniestra”. Don Antonio Machado, agotado su corazón, agonizaba; los dolores (en español, el dolor se debe sentir en plural) le tratan “como a una muralla vieja: / quieren derribarlo, y pronto, / al golpe de la piqueta”. Ya no son “como agua de noria / que va regando una huerta”, sino como “agua de torrente / que arranca el limo a la tierra”. Lejos de España, de la “tierra triste y noble” de su Castilla y los “olivares polvorientos” de su Andalucía, se extingue en el Languedoc pese a que tiene “una gran aversión a todo lo francés”. Allí, sin embargo, encontró su último refugio; allí le respetaban porque, según les habían dicho, Machado era para España lo que Valéry era para Francia. Mientras, en España se le buscaba, mas no para mostrarle respeto.

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