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	<title>El dinosaurio que estaba allí &#187; El dinosaurio que estaba allí</title>
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	<description>Lecturas, pasiones y recuerdos de un cerebro reptil</description>
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		<title>Picnic en Hanging Rock, de Joan Lindsay</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 07:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>
		<category><![CDATA[Joan Lindsay]]></category>
		<category><![CDATA[literatura australiana]]></category>
		<category><![CDATA[misterio]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Antes de nada, ¡feliz 2012 y que los augurios escatológicos no se cumplan aún! Hacía años que no escribía un cuento. Ahora no quiero leerlo, porque si lo hago seguro que encontraré errores, defectos y necedades sin cuento y quiero conservar la sensación de escritura satisfactoria que rara vez me acompaña. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Antes de nada, ¡feliz 2012 y que los augurios escatológicos no se cumplan aún!</em></p>
<p><em>Hacía años que no escribía un cuento. Ahora no quiero leerlo, porque si lo hago seguro que encontraré errores, defectos y necedades sin cuento y quiero conservar la sensación de escritura satisfactoria que rara vez me acompaña. En general, la acogida ha sido fría. He recibido comentarios parcos, “me ha gustado”, “no me ha gustado”, pero al menos una persona se ha conmovido con su lectura. Negativamente, pero algo ha removido mi ángel en su interior. Juzgo que eso es bueno. </em></p>
<p><em>Años, años y años sin hacerlo y ahora he escrito dos.  Aunque no tengo mucha experiencia al respecto: la redacción de relatos depende de momentos de intuición fugaz, de estados de ánimo; la expresión “obra de largo aliento” referida a la novela es muy atinada y la “inspiración” no parece tener mucho que ver. Cada día se aprende algo nuevo, normalmente cosas que todos los demás ya saben; no hay que quedarse demasiado atrás. </em></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i41.tinypic.com/29e6fro.jpg" alt="" width="461" height="241" /></p>
<p>Escribo estas líneas porque algo había que escribir. Hace tiempo que leí esta novela, al poco de recuperarla Impedimenta. Con lo flaca que es mi memoria creo que habré de inventar demasiado, pero peor será para el dinosaurio un sueño demasiado largo. No había visto la película y sólo la vi después. Es un clásico, dicen. Una obra de culto, etiqueta dúctil que sirve tanto para obras maestras como para fracasos entrañables. La novela es mejor. Hablo de <em>Picnic en Hanging Rock</em>.</p>
<p>Sólo con que la novela nos ahorre esa setentera flauta de Pan de la adaptación de Peter Weir (director que por otra parte me encanta, y <em>Master &amp; Commander </em>es una de mis preferidas; de <em>El club de los poetas muertos</em> él no tiene toda la culpa) ya sería preferible, los restantes méritos de la película, que los hay, son insuficientes frente a ese pitido agudo. La obra de Lindsay, en cambio, carece de defectos, o no los recuerdo, es magnífica en cuanto a intensidad, originalidad y sobriedad.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i42.tinypic.com/21cwpe0.jpg" alt="" width="150" height="227" />Otros han descrito y reseñado bien la novela, hace “mucho” que se publicó (el mercado editorial computa el tiempo de manera propia, la novedad dura un par de meses, la vejez llega de poco después). Todos coinciden en lo buena que es y la llaman clásica y obra de culto y aluden a la película que también es ambas cosas y seguro que no mienten ni exageran, es conveniente leerla y disfrutarla. Hala, está dicho. Sin embargo, aún faltan cosas que decir en cuanto a su recepción.</p>
<p>Es exagerado considerarla un clásico porque no es tan conocida ni tan permanente y se recuerda más la película que la novela, no siendo excesivo decir que la consecuencia sostiene a la causa y no al revés. Es más bien lo que se llama un <em>long seller</em>, una categoría inferior a la del clásico. Si debo proponer un motivo, y es así porque de otro modo ni habría comenzado, es que Joan Lindsay fue autora de una única obra relevante. En la cubierta, su nombre está impreso en una tipografía mucho menor que la de el título. Y, a la hora de convertirse en clásico, es tan importante o más el autor que la obra. La historia de la literatura no es justa, pero nadie va a escuchar nuestras quejas.</p>
<p>Su condición de <em>long seller</em>, justamente lograda, descansa sobre un sustrato erróneo. Se alude (correctamente) a la ambigüedad del relato, a su relativa oscuridad, al misterio de la trama desarrollada realistamente pero en medio de una atmósfera fantasmagórica, heredera de la novela gótica. Generaciones de lectores han fantaseado con la idea de que ha de estar basada, necesariamente, en hechos reales. Eso es gran mérito de la autora, sin duda alguna, y un demérito enorme por parte de esas generaciones de lectores inmaduros incapaces de separar realidad de ficción. Toda la investigación en torno a la desaparición de las niñas, y de la profesora (esa iluminación fabulosa, genial), en la novela es registrada por periodistas y autoridades, por lo que no sería difícil encontrar los recortes e informes correspondientes. No es así, así que no cabe la menor duda de que todo es inventado, pero muchos lectores siguen albergando dudas. ¡Qué grande Joan Lindsay! ¿Cómo es que fue autora de una única novela reseñable, más que eso, espléndida? Ese es el gran misterio, y no el destino de las muchachas del Appleyard.</p>
<p><a href="http://www.lahijadelacomodador.com/2011/02/picnic-en-hanging-rock-la-inquietante.html" target="_blank">Palabra de María José Sánchez Mayo (La hija del acomodador)</a></p>
<p>“Joan Lindsay es la mejor guía posible para un relato de misterio propio de oscuras mansiones y bosques ingleses, de una historia de un autor decimonónico, y, sin embargo, llevado a la luz cegadora de las antípodas y concebido en 1967.”</p>
<p><a href="http://www.librosyliteratura.es/picnic-en-hanging-rock.html" target="_blank">Palabra de Javier BR (Libros y Literaturas)</a></p>
<p>“¿Dónde reside la fascinación que produce esta historia? Está en lo que no se cuenta, en lo que Joan Lindsay sugiere y el lector imagina. Gracias a un magistral dominio del ritmo de la narración, el lector cae atrapado desde la primera página y ya no puede zafarse hasta el final.  Lo más sorprendente es que la autora no recurre a ninguno de los recursos habituales para crear suspense; a ella le basta con salpicar una narración perfecta con unos pocos detalles aparentemente intrascendentes, apenas perceptibles, que siembran la inquietud en el lector y abren las puertas de su imaginación.”</p>
<p><a href="http://mundoparanormal.com/docs/enigmas/hanging_rock.html" target="_blank">¡Misterio, misterio!</a></p>
<p>“Se ha sugerido que las chicas fueron misteriosamente atrapadas por un vehículo espacial. Ciertamente, la roca es lo suficientemente peculiar como para servir de faro intergaláctico, como la Torre del Diablo que aparece en la película Encuentros en la tercera fase (1977). La presencia de un OVNI podría explicar el hecho de que los relojes se parasen. Cuando Edith contaba que había visto a miss McCraw, dijo que había percibido una misteriosa nube rosa hacia aquella hora; ¿es esto una prueba de que pudiese haber extraños objetos volantes en el espacio?”</p>
<p><a href="http://impedimenta.es/libros.php/picnic-en-hanging-rock" target="_blank">Ficha en la editorial Impedimenta</a></p>
<p>“Lo que empieza siendo una inocente comida campestre se torna en tragedia cuando tres niñas y una profesora desaparecen misteriosamente entre los recovecos de Hanging Rock, un imponente conjunto de rocas rodeado de la salvaje y asfixiante vegetación australiana. La única chica que logra regresar, presa de la histeria, no recuerda nada de lo sucedido. Considerada una de las más desazonantes novelas de culto de la literatura anglosajona, Picnic en Hanging Rock dio lugar a una aclamadísima película de Peter Weir, que contribuyó a incrementar el éxito de una obra ya mítica. Jamás se reveló si los hechos narrados fueron reales o no, y ese ambiguo e intrigante juego alentó la aparición de una legión de seguidores que afirmaban conocer lo ocurrido aquel aciago día de San Valentín en el sobrecogedor paisaje de Hanging Rock.”
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		<title>Némesis, de Philip Roth</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Dec 2011 07:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[culpa]]></category>
		<category><![CDATA[enfermedad]]></category>
		<category><![CDATA[Mondadori]]></category>
		<category><![CDATA[Philip Roth]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Parece que me ha mirado un tuerto, nada me sale bien. Siempre estoy cansado. He recuperado unas grasas que sólo debí perder. Mi ordenador, después de un rato de uso, huele a chamusquina. Tampoco ganamos al Barça. Ana Botella será mi alcaldesa. No entiendo la poesía latina, ni qué tiene de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Parece que me ha mirado un tuerto, nada me sale bien. Siempre estoy cansado. He recuperado unas grasas que sólo debí perder. Mi ordenador, después de un rato de uso, huele a chamusquina. Tampoco ganamos al Barça. Ana Botella será mi alcaldesa. No entiendo la poesía latina, ni qué tiene de bueno (excepto </em>Las metamorfosis<em>, Catulo y poco más). He olvidado aquello.  Sigo sin controlar eso.  No llamo a mis amigos. La mente está embotada, ella sabrá. Por favor, que me mire un águila, un lince me vale también.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em><a href="http://www.bridgeandtunnelclub.com/bigmap/outoftown/newjersey/essexcounty/newark/philiprothhouse/index.htm"><img class="aligncenter" src="http://i44.tinypic.com/1zdrz9e.jpg" alt="" width="448" height="280" /></a></em></p>
<p>La impresión general ante la obra reciente de Philip Roth es la de un autor en decadencia. Un autor en sus años provectos que, aun con mucho que decir todavía (la experiencia del envejecimiento, de la disolución, de la proximidad de la muerte) ve agotada su capacidad creativa y no alcanza a plasmar ese material reflexivo y emocional de manera literariamente imponente, como antaño. Un autor que, a pesar de ello y puesto en la balanza junto con sus contemporáneos suele salir airoso, tan corto se escribe ahora o tan bien lo hace, a pesar de todo, el anciano, o ambas; mas, si debe pesarse con su yo pasado, sale indefectiblemente derrotado, ampliamente derrotado. <em>La contravida, La mancha humana, Pastoral americana, El animal moribundo, El mal de Portnoy, Operación Shylock o El teatro de Sabbath</em> no han tenido competencia desde que en 2004 publicara <em>La conjura contra América </em>(que tampoco es su mejor obra, aunque es bien sólida). Hasta <em>Némesis </em>(que, debe decirse, tampoco es su obra maestra).</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i43.tinypic.com/15qvtpt.jpg" alt="" width="150" height="255" />En <em>Némesis </em>volvemos a “su” Newark natal (pero es una Newark literaria, recuérdese, y es bien triste tener que recordarlo) durante un caluroso verano de los años cuarenta, cerca del final de la II Guerra Mundial, en el que se declara una epidemia sin precedentes de poliomielitis. La polio, como la tos ferina, fueron enfermedades terribles, como puede constatar cualquiera preguntando a sus abuelos. A la mía le causaban verdadero pavor, pese a estar ya erradicadas en el primer mundo. Y a los habitantes de Newark les provocaba semejante reacción. Conforme los niños van enfermando y van siendo conectados a “pulmones de acero” y finalmente muriendo, la población entera va sumiéndose en la desesperación y la locura. Pues, por añadidura, la ignorancia respecto de este mal era casi absoluta: no sabían curarla, pero tampoco cómo se transmitía y por tanto cómo podían evitar el contagio. Se culpaba al aire maloliente que el viento traía de las granjas de cerdos de una población cercana, o a los gargajos de los enfermos (la atmósfera antisemita de la época se plasma en la visita de una pandilla de italianos al barrio judío, con la ingenua intención de transmitirles la polio, que entonces en el barrio italiano, más pobre, causaba estragos, y entre los judíos todavía no), o se culpaba a los perritos calientes del bar, o al exceso de ejercicio físico, o al apretón de manos que exigía quien en España habría sido “el tonto del pueblo”.</p>
<p>Roth, como es habitual en su mejor producción economiza medios, se sirve de los recursos más tradicionales y, aparentemente, escribe una novela sencilla (aunque no deja de atisbarse la tramoya), y lo es en la superficie. Aquí el narrador es uno de esos niños enfermos, que al cabo de los años se encuentra con quien fuera su monitor de verano en la escuela, un héroe para aquellos niños. Éste le narra a él, y él a nosotros, cómo lidió con la enfermedad y finalmente la contrajo. Indudablemente, el narrador ya adulto (no es ninguno de los célebres de Roth) pone bastante material literario, no cabe imaginar que Bucky, como efectivamente apodaban a este héroe atlético pero corto de vista, narrara los hechos de la manera en que los leemos. Aquí la interposición de este narrador aleja el punto de vista y permite un relativo enjuiciamiento de los hechos y de las acciones y decisiones (¡ay, las decisiones!) del protagonista, al precio de restar inmediatez al relato. En la obra reciente de Philip Roth no hemos de esperar una estética de vanguardia, ni un empleo audaz de recursos novedosos (aunque en el pasado sí lo hizo mejora cuanto más sobrio), sino la residencia permanente en un universo propio (con Newark y Nueva York como capitales), la reelaboración, según la experiencia de la edad, de unos temas fijos (la necesidad del sexo, la enfermedad y muerte, los males de una sociedad en exceso vigilante y represiva, la impotencia y exposición del ser humano) y un oficio literario fuera de toda duda (<a href="http://www.nytimes.com/2006/05/21/books/review/scott-essay.html?ex=1149134400&amp;en=2b8a4ddd55fa9cae&amp;ei=5070" target="_blank">de las veintidós mejores novelas estadounidenses entre 1980 y 2005 nada menos que seis son suyas</a>).</p>
<p>En <em>Elegía </em>escribió que “la vejez no es una batalla, es una masacre”, y en <em>Némesis </em>encontramos una ampliación del aforismo. Aquí son masacrados los niños y los jóvenes como Bucky, que no fue aceptado por el ejército pero es un portento físico y un hombre querido y admirado por la comunidad por su valentía, su nobleza y su determinación. Sin embargo, frente a la enfermedad todo se desmorona, también el héroe, que huye de la ciudad a un campamento en el que trabaja su novia, un edén de paz, salud y vida natural, tan lejos de los pulmones de acero que mantienen vivos a los niños de Newark. Acostumbrado a sobreponerse a cualquier revés, Bucky sucumbe ante la imparable potencia de la enfermedad, y lo hace, a partir de ese momento, ante la culpa tanto como ante la polio. He aquí la raíz más profunda de la literatura de Roth, la indefensión del ser humano frente a los hechos, ya sea una enfermedad sin cura o la vejez o una sociedad que decide arrinconar a uno de sus miembros. El individuo puede indignarse, sentirse humillado, enloquecer; puede luchar, enfrentarse, combatir; pero, finalmente, será destruido. También puede rendirse, recluírse, arrinconarse por propia decisión. El optimismo de <em>La conjura contra América</em> ha desaparecido.</p>
<p>Aun con una dosis tal de pesimismo, <em>Némesis</em> supone la recuperación de Philip Roth, que vuelve a dar con un relato capaz de sostener su reflexión y un personaje capaz de fijarla, encarnarla, vivirla y sufrirla de modo memorable. Bucky no es Kepesh ni Zuckerman ni Portnoy, pero casi los alcanza en su condición de héroe trágico, abatido y aniquilado por un rival al que no podía vencer.</p>
<p><a href="http://ellamentodeportnoy.blogspot.com/2011/09/nemesis-de-philip-roth.html" target="_blank">Palabra de Javier Avilés (El lamento de Portnoy)</a></p>
<p>&#8220;No sé si he sacado alguna experiencia positiva de la lectura de Némesis. Pero sigo a Zenón y contemplo la gran obra de Roth.&#8221;</p>
<p>(Es claro que disentimos en cuanto a la valoración de esta novela, pero el experto en Roth es él, no yo: háganle más caso, siempre.)</p>
<p><a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28845/Nemesis" target="_blank">Palabra de Rafael Narbona (El Cultural)</a></p>
<p>&#8220;Nos encontramos con el mejor Philip Roth, narrador ágil e intuitivo, capaz de crear personajes y ensartarlos en una trama donde no hay elementos innecesarios ni digresiones que afecten a la unidad del relato.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/Philip_Roth/culpa/destino/elpepuculbab/20110312elpbabpor_13/Tes" target="_blank">Palabra de José María Guelbenzu (Babelia)</a></p>
<p>&#8220;El narrador se descubre a media novela y será decisivo -muestra de la gran sabiduría narrativa de Roth a estas alturas de su vida de escritor- para poder elevar el relato a su mayor altura y poder exponerlo en toda su dimensión trágica.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.ellectorperdido.com/2011/05/04/nemesis-philip-roth/" target="_blank">Palabra de Silvia Bardelás (El lector perdido)</a></p>
<p>&#8220;Se ve al autor construyendo, manejando el suspense, buscando soluciones, colocando una imagen que arregla un exceso de discurso, utilizando el diálogo para informar. Es difícil entender que Roth haya sido encumbrado como autor universal.&#8221;</p>
<p>(Sin desperdicio. Hay que enviársela al Roth, contiene valiosos consejos que le permitirán adecentar su obra y acercarse, al fin, al Nobel.)</p>
<p><a href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2011/04/nemesis-philip-roth.html" target="_blank">Palabra de Juan Marqués (La tormenta en un vaso)</a></p>
<p>&#8220;Su grandeza está en el modo en el que aborda un tema que a otro novelista <span style="text-decoration: underline;">aparentemente</span> más ambicioso le habría llevado a una novela mucho más gruesa, poliédrica y generalista.&#8221;</p>
<p>(El subrayado es mío.)</p>
<p><a href="http://www.elimparcial.es/libros/philip-roth-nemesis-91672.html" target="_blank">Palabra de José Lasaga (El imparcial)</a></p>
<p>&#8220;Me atrevería a sugerir que hay un hilo conductor que unifica sus cuatro últimas novelas. Es como si después de haber examinado el valor y sentido de las vidas humanas en su existencia histórica, por ejemplo, en la <em>Trilogía americana</em>, hubiera dado un paso más para adentrarse hacia la desnudez de esas mismas vidas haciendo que sus personajes se enfrenten con las fuerzas últimas que las gobiernan desde su nacimiento: por supuesto, el envejecimiento y la muerte en <em>Elegía</em> (2006) (…); el azar que golpea a ciegas y destruye una vida, no importa lo inmerecido que resulte (<em>Indignación</em>, 2008); la vejez como causa de disolución de la confianza en sí [en uno] mismo (…) (<em>La humillación</em>, 2009) y finalmente esta <em>Némesis</em> (2010), crónica de una “venganza” (…).&#8221;</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/mejor/Philip/Roth/vuelta/elpepicul/20101102elpepicul_1/Tes" target="_blank">Palabra de Eduardo Lago (El País)</a></p>
<p>&#8220;Llegó octubre de 2010, volvió a sonar su nombre, como cada otoño, entre los candidatos al Nobel. Una vez más, no se le concedió. Lo que sí llegó con la puntualidad de siempre fue una nueva novela, <em>Nemesis</em>, y con ella la sorpresa. A Roth le queda mucho por decir.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/GM23332/nemesis" target="_blank">Ficha de la novela en la editorial Mondadori</a></p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/golpes/martillo/elpepuculbab/20110423elpbabpor_3/Tes" target="_blank">Entrevista con Philip Roth (El País)</a>
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		<title>Escritores, ¿curritos o vividores?</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Dec 2011 07:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Ariel]]></category>
		<category><![CDATA[biografía]]></category>
		<category><![CDATA[Círculo de lectores]]></category>
		<category><![CDATA[Daria Galateria]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Francesco Piccolo]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Una vez al año, hago cola. Y no sé muy bien por qué. Dos horas en pie, en el frío de la mañana, por algo en lo que no creo obtener beneficio. El año próximo, otra vez. No me ha gustado nada. El libro de Daria Galateria, Trabajos forzados. Los otros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Una vez al año, hago cola. Y no sé muy bien por qué. Dos horas en pie, en el frío de la mañana, por algo en lo que no creo obtener beneficio. El año próximo, otra vez. </em></p>
<p style="text-align: center;"><em><a href="http://karenmrider.blogspot.com/"><img class="aligncenter" src="http://i41.tinypic.com/2s76xvs.jpg" alt="" width="460" height="335" /></a></em></p>
<p>No me ha gustado nada. El libro de Daria Galateria, <a href="http://impedimenta.es/libros.php/trabajos-forzados" target="_blank"><em>Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores</em></a>, no me ha gustado nada (exagero y miento: sí me ha gustado, pero me ha dado rabia). No le falta interés, ciertamente, pero hay en él reproches velados que están fuera de lugar. Como lector, me importa poco si el escritor sufrió o gozó mientras escribía, si su infancia estuvo salpicada de violencia o de cariño, si tuvo que quemarse las pestañas estudiando o los éxitos académicos le llovieron suavemente, si los premios se los conceden o se los gana, si fue afortunado en el amor o en el juego, o desgraciado en ambos, y, en fin, si concentró sus esfuerzos en la escritura o bien precisó de un sostén económico ajeno al literario. Nada de eso me importa ni afecta a la valoración que he de hacer de una obra literaria. Sólo me importa la obra en sí y en absoluto una existencia áspera la hace mejor o más meritoria.</p>
<p>La posición de Galateria es la opuesta. El trabajo dignifica, el trabajo manual dignifica más y el escritor merece más respeto si pasó sus días en la oficina o las noches en la fábrica. Por supuesto, las obras de Gorki, de London o de Marsé (por citar a alguien que Galateria olvidó) no serían lo que son sin su experiencia laboral. Tanto influyó, creo, la opresión paterna en el joven Franz Kafka como sus lecturas de Von Kleist o las jornadas interminables en Assicurazioni Generali, en la conformación de su particular universo narrativo. Pero ya me dirán de qué le serviría a Vila-Matas su alistamiento en la industria química o a Álvaro Pombo su fichaje por la panadería de la esquina.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i44.tinypic.com/ajpg6s.jpg" alt="" width="150" height="229" />Indudablemente, se escribe desde la experiencia y diferentes experiencias conducen a diferentes estilos, intenciones y universos. Pero el oficio del escritor es valioso y meritorio en sí mismo. Que el autor, para sostenerse, sableara a sus conocidos, vampirizase a su pareja o dignamente fichara cada mañana en un taller de reparación de automóviles, o que por el contrario pasara hambre canina, son circunstancias que sirven al lector crítico para desentrañar el sentido último de su lectura, pero que por sí mismas no dicen nada del valor del escrito. Es el trabajo con las diferentes herramientas del escritor, las palabras, la sintaxis, las ideas, etc., lo que hemos de valorar y lo que otorgará méritos al esforzado escritor, porque escribir es un duro empeño, una pirueta sin red, una inversión a fondo perdido. Casi se puede decir, contra las tesis de Galateria, que quien busca un empleo al margen de la creación literaria opta por el camino fácil, pues sin reducir el empeño engancha una malla de seguridad bajo el cable tenso de la escritura. Pero también sabemos que no es así. Que son cosas que nada tienen que ver.</p>
<p>Así, negándole a Daria Galateria la mayor, concedámosle la menor: que ha escrito un libro ameno, repleto de curiosidades y anécdotas que no pueden dejar de interesar al lector curioso. Que los autores representados, algunos poco conocidos, se convierten en personajes en estas páginas, personajes carismáticos que estimulan la empatía del lector como ocurre con las reseñas biográficas de Maximo Gorki o Franz Kafka. Y que, si bien la escritura es algo deslavazada y el lector español echará en falta eso, españoles, no dejará de disfrutar esta lectura en la que los célebres, reverenciados, mitificados autores, aparecen con sus monos de trabajo manchados de grasa, el cabello desordenado, bolsas de cansancio bajo los ojos y las uñas llenas de mierda.</p>
<p><strong>Escribir es un tic. Los métodos y las manías de los escritores<em>. </em></strong>Francesco Piccolo, Ariel (2008) / Círculo de lectores (2009).</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i41.tinypic.com/1t3mfr.jpg" alt="" width="150" height="236" />“<span style="font-family: Times New Roman,serif;"><span style="font-size: small;">La escritura es una combinación original de devoción sagrada y mentalidad de empleado”. El <a href="http://www.planetadelibros.com/escribir-es-un-tic-libro-15668.html" target="_blank">librito de Piccolo</a> es lo contrario que el anterior, y permítanme recomendárselo, encarecidamente. Frente a los “trabajos forzados” de Galateria, la cotidianidad del autor, sus rutinas de escritura, su método y sus manías. Aquí los escritores trabajan, con denuedo, en la escritura de libros. Creo que, si el libro de Galateria puede satisfacer algunos egos, éste puede acercar al escritor a sus lectores, lo humaniza y lo dignifica. Sí, el escritor se esfuerza día tras día. No, el escritor no se sienta en su escritorio cuando le apetece (cuando “está inspirado”) y escribe algunas páginas sin esfuerzo antes de regresar a su vida ociosa e, incluso, divina. Todo ello al margen de que pueda gozar con su oficio, claro. Eso sí ocurre, afortunadamente.</span></span>
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		<title>Paprika, de Tsutsui Yasutaka</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 16:30:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[anime y manga]]></category>
		<category><![CDATA[Atalanta]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia-ficción]]></category>
		<category><![CDATA[literatura japonesa]]></category>
		<category><![CDATA[sueños]]></category>
		<category><![CDATA[Yasutaka Tsutsui]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés El otoño vivifica. Será el frío, el aroma de leña en los Austrias, o la luz madura y melancólica, calmada su agresividad estival. También se ha de condensar el ansia en días más cortos, más intensos. Enseguida vendrán las prisas, los agobios, la desesperación; por suerte, eso encoge. Ojos de niño [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>El otoño vivifica. Será el frío, el aroma de leña en los Austrias, o la luz madura y melancólica, calmada su agresividad estival. También se ha de condensar el ansia en días más cortos, más intensos. Enseguida vendrán las prisas, los agobios, la desesperación; por suerte, eso encoge. Ojos de niño se abren despacio.</em></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i44.tinypic.com/s1oidy.jpg" alt="" width="460" height="212" /></p>
<p>Junto con Miyazaki Hayao, fue Kon Satoshi el director de animación más célebre que ha dado Japón al mundo (con permiso de otros grandes como Otomo Katsuhiro o Anno Hideaki o Takahata Isao); el mundo ficcional de Kon es mucho más amargo y duro que el de Miyazaki y su público más adulto. A Kon le interesaba ese fondo oscuro de la mente humana, ignoto y muchas veces tenebroso, y si en <a href="http://www.blogdecine.com/cine-animacion/perfect-blue-la-obra-maestra-de-satoshi-kon" target="_blank"><em>Perfect Blue</em> </a>abordaba el asunto de la personalidad doble, en <a href="http://www.zonafandom.com/series/paranoia-agent-un-bate-y-sus-circunstancias-especial-satoshi-kon" target="_blank"><em>Paranoia Agent</em></a> el sentimiento de culpa reprimido. Así pues, <a href="http://www.blogdecine.com/sitges/paprika-la-ultima-joya-de-satoshi-kon" target="_blank">no es raro que fijara su atención en <em>Paprika</em></a>, la esperadísima (al menos por mí) novela de Tsutsui Yasutaka <em>sensei</em>. La adaptación de Kon ha tenido una aceptable difusión en Occidente, la mejor del malogrado director nipón, mas quienes se conformen con visionar la (por otra parte excelente) versión animada, se van a perder una experiencia fantástica, en todos los sentidos del término.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i41.tinypic.com/24l4npz.jpg" alt="" width="150" height="243" />Sin embargo, <em>Paprika</em>, la novela, ha de enfrentarse a varios obstáculos para ser reconocida en su justa medida por el público español. Uno de ellos, arriba mencionado, es la existencia de una versión animada (para 2013 se espera otra adaptación cinematográfica, a cargo del desacreditado  Wolfgang Petersen). Ello implica una sospecha de infantilismo, totalmente infundada, que acompaña habitualmente a la ficción popular japonesa: en occidente, y en España con mayor intensidad, los dibujos animados y los tebeos (y más si son nipones) son cosa de niños, adolescentes y peterpanes y frikis. Sin contar con que potenciales lectores, perezosos, renuncien a la lectura de la obra madre y se conformen con la adaptación. Pero <em>Paprika </em>no tiene nada de superficial. Maneja temas profundos y complejos, tanto como la dimensión psicológica humana, y la escritura de Tsutsui-sensei tampoco es precisamente infantil. Por otro lado, Kon realizó una adaptación libre, y de la novela apenas conserva el título, una síntesis general y la abrumadora belleza de la protagonista. Todo lo demás pertenece al mundo ficcional de Kon.</p>
<p>Tampoco la ciencia ficción ha contado, tradicionalmente (aunque eso está cambiando), con un reconocimiento cultural apropiado. Se la tiene por un género menor y juvenil, pues el grueso de su producción lo es sin la menor duda. No se mide por el contrario por el mismo rasero a la novela romántica, que sufre similar engordamiento por obras mediocres, pero cuando una novela romántica “seria” hace su aparición se la mantiene a salvo de sus parientes tontos y recibe un juicio ajustado a sus méritos (hablando en general, claro). A pesar de todo, la ciencia ficción ha demostrado ser capaz de enfrentar algunos de los conflictos contemporáneos más graves, especialmente los relacionados con la sobretecnologización de las sociedades industriales desarrolladas, pero también otros de índole política o psicológica. Es cierto que no suelen ser novelas de personajes (en las que la acción depende de los procesos internos de ellos, y no al revés) pero eso es una característica, no un defecto. Los personajes no son ajenos al entorno, lo afrontan y sufren y resultan afectados por él.</p>
<p style="text-align: left;"><img class="aligncenter" style="border: 0px none;" src="http://i39.tinypic.com/epky0.jpg" alt="" width="250" height="194" /> <em></em></p>
<p style="text-align: left;"><em>Paprika</em> no es pues una obra sencilla y superficial, sino compleja y profunda, y la índole de esta complejidad será otro de los obstáculos de su camino, pues los temas que trata resultan ajenos al lector profundo convencional: son asuntos científicos y psíquicos, cuando éste se encuentra más habituado a asuntos filosóficos y emocionales, es decir, “de letras”. Pero ya sabemos que la distinción artificial entre “ciencias” y “letras” está muerta. Dejémosla pudrirse. Si bien la raíz de la crítica de <em>Paprika </em>es sociológica, es la complejidad y el (des)conocimiento de la psique humana el motor y principal reclamo de la novela.</p>
<p>No he ofrecido una sinopsis de la obra. Los doctores Chiba Atsuko y Tokita Kosaku del Instituto de Investigación Psiquiátrica de Tokio están a punto de recibir el Premio Nobel por sus investigaciones de los trastornos mentales mediante una nueva tecnología que permite penetrar en los sueños de los pacientes, verlos, grabarlos e, incluso, intervenir en ellos. Sin embargo, el problema científico no es el único al que se enfrentan. Cuando les roban el nuevo y poderosísimo dispositivo conocido como Mini DC salen a la luz los movimientos conspiratorios con los que algunos miembros del Instituto tratan de hacerse con su control, para desde ahí imponer su visión de la ciencia y del mundo. La doble vida de la doctora Chiba, que actúa como detective de los sueños bajo la identidad secreta de Paprika, complica la situación, pues dichas actividades son delictivas y puede ser denunciada en cualquier momento (con lo que debería renunciar tanto al Premio como a sus investigaciones), pero al mismo tiempo su relación con varios personajes poderosos, a los que curó como detective de los sueños, la protegen de cualquier ataque de este tipo y resultarán claves en el enfrentamiento con el villano doctor Inui.</p>
<p>La raíz sociológica a la que me refería es esa confrontación de las dos cosmovisiones opuestas (con sus respectivas concepciones de la ciencia) de Chiba y Inui. Aunque su origen sea filosófico, se manifiesta de varias formas. No sólo las consabidas envidia, codicia, ambición y ansia de poder, que saltan rápidamente del individuo al grupo, primero la pareja (Inui y Osanai), luego el caudillo y sus acólitos, por fin el líder y la masa; también se manifiesta en el duelo sexual entre la doctora Chiba y el doctor Inui, con sus amantes en la trinchera, y no menos claramente en la dimensión onírica, en los sueños. Porque esta es una novela que se desenvuelve a medias en la vigilia, a medias en el sueño y, al fin, en un territorio mixto. He ahí el origen de su encanto, aunque el <em>thriller</em> y el erotismo cumplan su parte admirablemente.</p>
<p>En el mundo de los sueños, que lejos de la realidad compartimentada individualmente que imaginamos resulta ser un cosmos amplio, compartido, Chiba e Inui se comportan de maneras divergentes. Paprika lo recorre con curiosidad y generosidad, y como premio recibe satisfacciones no sólo cognitivas. El doctor Inui, en cambio, persigue en todo momento su satisfacción individual. El sueño, nuestro talón de Aquiles como bien sabía Freddy Krueger (porque ahí aún somos niños de teta), es explotado por Inui y sus seguidores para sus bellaquerías, y a través de él su maldad se desborda revelando la endeblez del  mundo de la vigila, meramente subsidiario del onírico.</p>
<p>Y finalmente, el desenlace godzillesco, muy japonés. Ah, y salen sociedades secretas.</p>
<p><a href="http://www.atalantaweb.com/libro.php?id=68" target="_blank">Ficha en la editorial Atalanta</a>.</p>
<p><a href="http://www.revistaseda.com.ar/articulos/entrevista-a-yasutaka-tsutsui.php" target="_blank">Entrevista con Tsutsui-sensei</a>.
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		<title>Juego de tronos, de George R. R. Martin</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 07:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[George R. R. Martin]]></category>
		<category><![CDATA[Gigamesh]]></category>
		<category><![CDATA[literatura estadounidense]]></category>
		<category><![CDATA[literatura fantástica]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Las horas nocturnas son breves, oscuras y espesas, pero si todo lo que hay es noche, sólo queda apretar los dientes. Hace unos días asistí a una curiosa conversación entre no demasiado jóvenes. Versaba sobre Canción de hielo y fuego, la saga de fantasy de moda, y en ella cada participante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Las horas nocturnas son breves, oscuras y espesas, pero si todo lo que hay es noche, sólo queda apretar los dientes.</em></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i42.tinypic.com/29vhxjl.jpg" alt="" width="460" height="207" /></p>
<p>Hace unos días asistí a una curiosa conversación entre no demasiado jóvenes. Versaba sobre <em>Canción de hielo y fuego</em>, la saga de <em>fantasy</em> de moda, y en ella cada participante se posicionaba a favor de un clan, los Lannister, los Baratheon e, incluso, por los Hijos el Hierro (sorprendentemente, ninguno de ellos optó por los Stark de Invernalia). He leído su primer volumen, <a href="http://www.gigamesh.com/libro014juegodetronos%20(2a%20ed).html" target="_blank"><em>Juego de tronos</em></a>, pero en momento alguno se me ha ocurrido identificarme con ninguno de los clanes. Me resulta más que sorprendente tal proceso emocional, al menos en este caso, y de ahí que la conversación me llamara la atención. Y supongo que no será un coloquio inhabitual.</p>
<p>Concibo, sí, la simpatía hacia un personaje determinado, incluso la identificación del lector con él; es uno de los procesos emocionales básicos de la experiencia lectora. Lo que no me extraña tanto es que aquel grupo se sintiera subyugado por el relato de Martin, pues pese a la mala fama crítica que sufre el género (las más de las veces, justificada), se trata de una gran novela de entretenimiento.</p>
<p>No, no es literatura, pero eso no es malo.</p>
<p>Una novela de entretenimiento tiene como único objetivo la satisfacción inmediata del lector. Éste suele aludir a ello diciendo que le ha “enganchado”. Pero, ese lector no se verá afectado profundamente por esa lectura, no será para él un hacha que rompa el mar de hielo que lleva dentro (Franz Kafka). Pasará el rato con ella, olvidará sus problemas o su tedio haciendo suyos los conflictos y emociones de los personajes y luego seguirá adelante con su vida, indemne. Hay quien no necesita hachas literarias, porque gasta de otro tipo, y hay quien alterna lecturas sesudas y profundas con otras sencillas o superficiales. También hay, y son muchos, quienes temen las esquirlas heladas y solamente dejan estar su glaciar, procurando mirarlo poco; en éstos no gastamos un latido neuronal.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i39.tinypic.com/xba1ag.jpg" alt="" width="150" height="227" />Volvamos a <em>Juego de tronos. </em>Al no ser literatura auténtica, resultan absurdas las comparaciones que se hacen con la obra mayor de <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/tag/j-r-r-tolkien/" target="_blank"> J. R. R. Tolkien</a>, <em>El señor de los anillos. </em>Ésta sí lo es, y competente, por su ambición literaria. Quienes piensen que es una novela de aventuras, de acción o de <em>fantasy</em>, se equivocan. Es un poema épico en prosa inspirado en literatura muy antigua, y la prueba la lleva Aragorn en su vaina: recorre la peligrosa Tierra Media desarmado, con sólo los restos de una espada quebrada al cinto. Ésto no es propio de un héroe de acción pero sí de uno épico (Sigfrido). Además, a Martin le falta la riqueza poética y simbólica del surafricano (aunque le añade, por contra, violencia y sexo, es decir, contándose lo que se cuenta, realismo). <em>El señor de los anillos</em> tiene más que ver con las grandes epopeyas y poemas épicos del pasado y <em>Canción de hielo y fuego</em> con <em>Los pilares de la Tierra</em> o la saga de Harry Potter.</p>
<p><em>Juego de tronos</em>, entonces. Una obra de entretenimiento, exigente y de calidad, que destaca por la complejidad de su trama y la abundancia de personajes (aunque sólo he leído, por ahora, el primer libro, sé que más adelante su número crecerá todavía). Es una gran historia, con una construcción ambiciosa, que si peca de escasa raíz, al menos tiene una copa ancha y muy ramificada, de denso follaje (lo que también puede desestabilizar al árbol). El componente mágico de este primer libro es escaso y remoto; aparecen, sí, esas extrañas criaturas irisadas que llaman sencillamente “los Otros” y que por solapamiento con la decepcionante <em>Lost</em> en la <a href="http://www.hbo.com/game-of-thrones/index.html" target="_blank">adaptación televisiva  de </a><em><a href="http://www.hbo.com/game-of-thrones/index.html" target="_blank">Juego de tronos</a> </em>denominan “Caminantes Blancos”. Aunque se sugiere su capital importancia para el devenir de la saga, aparecen poco, y los retales de ambiente mágico son alusiones a un pasado remoto: los dragones se han extinguido, los “Niños del Bosque” han desaparecido y apenas aparecen nigromantes (sólo una mujer-oveja vengativa). El peso de la narración, pues, no recae sobre lo fantástico, sino sobre lo político.</p>
<p>Así es, <em>Juego de tronos</em> versa, como reza su título, sobre las ambiciones y mezquindades que rodean al Trono de Hierro de los Siete Reinos, y las diferentes tretas con las que los clanes de Poniente tratan de hacerse con el poder. Como ha reconocido el autor, esta parte del relato se inspira en la Guerra de las Dos Rosas, conflicto nobiliar inglés del siglo XV. Y es evidente, pues en dicho episodio se enfrentaron, por la corona de Inglaterra, los Lancaster (Lannister) con los York (Stark). La intriga política está manejada con destreza, si bien Martin no abandona los códigos del género y deja bien claro cuáles son “los buenos” (aunque habrá que ver el desarrollo posterior de la saga). Lord Eddard Stark es un modelo de héroe moral irreprochable, de no ser por esa mácula que supone  su hijo bastardo Jon Nieve, aunque no se dejan de sugerir posibilidades que dejarían inmaculado el  honor del Señor del Norte.</p>
<p>Aunque en general los personajes de esta historia son (o parecen) planos como Lord Stark (es casi inevitable que, en un catálogo tan amplio, abunden éstos), los hay más esponjosos. Martin se ha ocupado de insuflarles vida, lo que tampoco es normal en el género de <em>fantasy</em> ni en el más amplio del <em>bestseller</em> y la ficción de esparcimiento. Así tenemos personajes controvertidos como Catelyn Tully Stark o su oponente la reina Cersei, y otros que se caracterizan por estar “rotos” o “defectuosos”, como Tyrion (enano), Jon (bastardo) y Arya (mujer), que son los más carismáticos y atractivos y, presumiblemente, los que van a tener mayor peso en el relato. Sin olvidar a Daenerys Targaryen, cuya odisea rothraki me parece lo más frágil de la novela (así como la invención de este pueblo nómada guerrero, asimilable a los escitas o a los mongoles, aunque su divinidad mayor resulta ser femenina, estática y agraria, lo que creo un grave error antropológico) pero que apunta a clave de la saga.</p>
<p>En definitiva, no descubriré nada, pero <em>Juego de tronos </em>es una opción a valorar si lo que buscamos es un libro superficial pero exigente con el lector, que permita consumir horas sin dejar la sensación de tiempo perdido o burlado.
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		<title>Los enamoramientos, de Javier Marías</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Nov 2011 07:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Alfaguara]]></category>
		<category><![CDATA[apariencia y verdad]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Marías]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Fiesta de reencuentros. Sonrisas amigas, muchas; alguna enemiga. Abundantes abrazos, sentidos (los hay inauténticos, pero es de gran ruindad); escasas palabras, en general (y repetidas). Confesiones: histórico-fantástica (¡son muy insistentes!). Despedida de oprobio e insatisfacción. Cultivas una pequeña flor que, de tan endeble, no aguanta hasta la siguiente primavera. (A veces, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p style="margin-bottom: 0cm;"><em>Fiesta de reencuentros. Sonrisas amigas, muchas; alguna enemiga. Abundantes abrazos, sentidos (los hay inauténticos, pero es de gran ruindad); escasas palabras, en general (y repetidas). Confesiones: histórico-fantástica (¡son muy insistentes!). Despedida de oprobio e insatisfacción. Cultivas una pequeña flor que, de tan endeble, no aguanta hasta la siguiente primavera. (A veces, la primavera no llega nunca.) Si no eres buen jardinero, ¿para qué plantar una semilla que has de ver morir? Antes de sucumbir floreció bellamente: ese recuerdo es un tesoro. </em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><img class="aligncenter" title="Cerca de aquí, el crimen" src="http://i44.tinypic.com/jzftpf.jpg" alt="" width="460" height="213" /></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Escribo ahora estas líneas, pero acudí ovinamente a la librería el mismo día en que esta novela se ponía a la venta. Cinco minutos después de abiertas sus puertas, ya tenía mi ejemplar en la mano. Dos días después (quizá alguno más) ya la había leído. No me senté a escribir sin más. Pasé notas, elaboré un dossier, aguardé las primeras críticas y valoraciones. Tampoco entonces me puse a escribir. </span><em>Los enamoramientos</em><span style="font-style: normal;"> me ha dejado una sensación contradictoria, pese al aplauso general (con algunos gruñidos discordantes).</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Escribí: “Alcanza una brillantez absoluta en dos de las mejores novelas del siglo XX -y no sólo en lengua castellana-, </span><em>Corazón tan blanco</em><span style="font-style: normal;"> y </span><em>Mañana en la batalla piensa en mí</em><span style="font-style: normal;">” (22 de julio de 2007) y cuatro años más tarde no me retracto. Creo que Javier Marías es uno de los grandes autores de nuestra época, pero no ha entrado bien en el siglo XXI. </span><a href="../?p=193"><em>Tu rostro mañana</em><span style="font-style: normal;">, a falta de ser revisitada, me decepcionó</span></a><span style="font-style: normal;">, y en parte lo mismo me ha ocurrido con </span><em>Los enamoramientos</em><span style="font-style: normal;">, aunque por motivos diferentes y de forma menos clara.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;">Recibí con gran disgusto un comentario suyo realizado, como de pasada, en una entrevista promocional de </span><em>Tu rostro  mañana, </em><span style="font-style: normal;">en el cual sugería que ya no escribiría más novelas porque ya no le quedaba nada que decir. Su magna novela triple no me gustó, quizá porque comparé la emoción que sentí al leer sus obras previas con el resultado pasivo de ésta. Aún así, confiaba en ver incumplida la amenaza, que  achacaba al cansancio de tantos años recreando un universo tan desolador. Al enterarme de la existencia de </span><em>Los enamoramientos</em><span style="font-style: normal;"> me preparé para recuperar a mi autor. Es por eso que, contra mi costumbre, aguardé ansioso su publicación y quise ser de los primeros en leerla, como ya lo fui de </span><em>Veneno y sombra y adiós</em><span style="font-style: normal;"> (aunque entonces la editorial me lo envió incluso antes de su comercialización, y si no recuerdo mal publicamos la reseña antes que nadie, el mismo día de su publicación o sólo muy poco más tarde). En cierto modo, no mentía en aquella remota entrevista: su nueva novela no dice nada nuevo, aunque haya encontrado un engranaje que le permite poner en marcha, otra vez, sus viejas obsesiones (filosóficas, estilísticas, estéticas, personales). Y fueron esas obsesiones las que me hicieron rogar a Alfaguara por la premura en el envío allá por 2007, y las que me hicieron correr a la librería (Méndez, por supuesto) el pasado abril. Como lo harán en un futuro cuando se anuncie su siguiente trabajo, pues ahora no ha proferido amenazas.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;"><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i44.tinypic.com/2mhvnu9.jpg" alt="" width="150" height="240" />La recepción crítica de </span><em>Los enamoramientos</em><span style="font-style: normal;"> ha sido, en general, excelente. Los lectores también han respondido, como suelen. Algún comentario superficial, que pone en evidencia más al lector que al autor (es aburrido, se enrrolla), es todo lo que, por negativo, ha sufrido la novela. A Juan Mal-herido no le ha gustado. Dice: </span><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">“Un colín con mucha levadura: eso es </span></span><em><span lang="es-MX">Los enamoramientos</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">”. Y también que es: “como volver a casas del pasado ahora mal decoradas y con los muebles muy baratos, pero con pilares y paredes que parece que aguantan”. Ya sabemos que Juan es un gruñón, y muchas veces superficial, pero en esto último estoy de acuerdo. Pero también lo estoy con quienes, como Ángel Basanta o Justo Serna o Domingo Ródenas han visto en ella una novela brillante, uno de los mejores exponentes de la narrativa contemporánea, por lo ya sabido: “La </span></span><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">prosa demorada</span></span></span><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">, de período amplio y de sintaxis retorcida, con su ritmo envolvente y quebrado, su discurrir parsimonioso, sus divagaciones, sus rodeos, sus amplificaciones” (Serna); y la complejidad temática y reflexiva (“La que parecía una obra sobre el amor, la amistad, las relaciones de pareja, el azar, la muerte, la memoria y la culpa, lo cual ya es mucho, ensancha su sentido hasta convertirse en una novela sobre la radical inaprehensibilidad de la realidad, la impunidad y la extrema dificultad de conocer la verdad”, Basanta).</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Ya dije que andaba algo confundido.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Tengo claro que la urdimbre supera al acabado. Un único narrador tiñe con su voz las voces de todos los personajes, haciéndose monótono su narrar. Esta rutina estilística (que no recuerdo haber sentido antes, tampoco en </span></span><em><span lang="es-MX">Tu rostro mañana</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">) sólo se quiebra con las apariciones de Francisco Rico y de Ruibérriz de Torres, con su deje canalla. Pero Marías insiste en ponerse canalla cuando no le va nada, sus macarras son puros impostores, graduados en Eton que gustan de soltar un taco para sentir la suciedad de la tierra antes de volver a elevarse (y obligar al servicio a eliminar la mácula de realidad). La trama, aunque mínima y bajo capas y capas de discurso, no está nada mal. Y el discurso, tampoco. La prosa hipnótica de Marías ya no me hipnotiza (ya no puedo reunir las condiciones para caer en el frenesí lector y parece que tal acción desbocada y gozosa perteneciera a un pasado remotísimo y, como tal, inaccesible), pero aún me fascina. En realidad, no puedo aportar casi nada a lo que ya se ha dicho de <em>Los enamoramientos</em>, y más abajo listo una serie de enlaces apropiados.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">No sé si les ocurre a todos sus lectores, o a alguno más, pero cuando leo cualquier novela suya, especialmente desde </span></span><em><span lang="es-MX">El siglo</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">, acostumbro a ver el rostro de Javier Marías en sus narradores. Es igual que visiten a un viejo profesor oxoniense, que huyan al sentir la piel helada de su amante muerta o que, vistiendo gabardina, compren discos de Henry Mancini para hacer tiempo o para disimular. Siempre es Javier Marías. Ahora ese narrador es una mujer, pero la impresión no cambia. Es su rostro el que vi ayer, cuando leí </span></span><em><span lang="es-MX">Los enamoramientos</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">, en el cuerpo de María Dolz. Sobre el debate memo de si la psicología de la narradora es femenina o masculina no diré más. Pero sí diré que también vi el rostro de Marías, en seguida, en otro personaje tocayo suyo de la novela, Javier Díaz-Varela. Cuando lo describe físicamente, evoqué de inmediato otra descripción, muy similar, en otro de sus libros que más disfruto, </span></span><em><span lang="es-MX">Miramientos. </span></em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Dice de Díaz-Varela: </span></span><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">“Era varonil, calmado y bien parecido, aquel Javier Díaz-Varela. Aunque afeitado con esmero, se le adivinaba la barba, una sombra brevemente azulada, sobre todo a la altura del mentón enérgico, como de héroe de tebeo (según el ángulo y como le diera la luz, se le veía o no partido). Tenía pelo en el pecho, le asomaba un poco por la camisa con el botón superior abierto, no llevaba corbata (&#8230;). Las facciones eran delicadas, con ojos rasgados de expresión miope o soñadora, pestañas bastante largas y una boca carnosa y firme muy bien dibujada, tanto que sus labios parecían los de una mujer trasplantados a una cara de hombre” (</span></span></span><em><span lang="es-MX"><span style="font-weight: normal;">Los enamoramientos, </span></span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">p. 110).</span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">“<span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">Autorretrato farsante” en </span></span></span><em><span lang="es-MX"><span style="font-weight: normal;">Miramientos</span></span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">: “Con la mirada perdida en el infinito y las pestañas bien visibles y vueltas, la boca de mujer que contrasta con la sombra de cerrada barba (quizá una barba azulada) (&#8230;). El mentón más decidido que enérgico y fantasmalmente partido, pero esos labios femeninos siguen restando veracidad a la representación elegida (&#8230;). Se adivina mejor la miopía innegable (&#8230;). Lo ayuda un poco la cerrada, azulada barba”.</span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">Así, Marías nos ha regalado, mediante la cervantina técnica de la interpolación, un nuevo capítulo de su autorretrato, que entonces detuvo en los cuarenta y cinco años y ahora actualiza con cincuenta y nueve. Es claro que el Marías de papel, unitario por lo común, se ha desdoblado en esta novela, en Javier y en María, y no resulta tan extraño ya que discurseen de forma tan semejante, prolongada y  retocida. Sus mundos morales, empero, confrontan y disputan y quizá evoquen las mismas confrontaciones internas del autor, que como todos nosotros las tendrá. Esa confrontación lleva a María a varias reflexiones, pero la central es una vieja conocida en nuestras letras, ya desde el siglo XVII: apariencia y verdad, añadiéndole la cuestión moderna de la imposibilidad del acceso a ésta última. Y no quiero olvidar, que por algo la novela comienza con un finado (como tantas otras de Marías), el contenido reflexivo acerca de la muerte, el más profundo y sentido de los muchos que maneja (como, claro está, el enamoramiento) y que, si bien continúa procesos permanentes en su obra, tengo para mí que el lamentado deceso de su padre impulsó muchos de estos pensamientos. Termino citando un párrafo al respecto, pág. 160:</span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">“<span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">Nos permitimos añorarlos porque vamos sobre seguro con ellos: perdimos a tal persona, y como sabemos que no va a presentarse ni a reclamar el lugar que dejó vacante y que ha sido rápidamente ocupado, somos libres de anhelar con todas nuestras fuerzas su vuelta. La echamos de menos con la tranquilidad de que jamás van a cumplirse nuestros proclamados deseos y de que no hay posible retorno, de que ya no va a intervenir en nuestra existencia ni en los asuntos del mundo, de que ya no va a intimidarnos ni a cohibirnos ni tan siquiera a hacernos sombra, de que ya nunca más será mejor que nosotros. Lamentamos sinceramente su marcha, y es cierto que cuando se produjo queríamos que hubiera seguido viviendo; que se hizo un hueco espantoso, y aún un abismo por el que nos tentó despeñarnos tras ellos, momentáneamente”. </span></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Ahora mismo siento el impulso irrefrenable, y no lo voy a reprimir, de leer </span></span><em><span lang="es-MX">Corazón tan blanco</span></em><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/escenarios/ver-sospechar-y-callar_573517.html" target="_blank">Ver, sospechar, callar, por Domingo Ródenas</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://elmardeletras.blogspot.com/2011/04/los-enamoramientos-javier-marias.html" target="_blank">Blog El mar de letras</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28975/Los_enamoramientos" target="_blank">Crítica de Ángel Basanta en El Cultural</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4025" target="_blank">Crítica de Justo Serna en Ojos de papel</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/los-enamoramientos-de-javier-marias" target="_blank">Crítica de Edmundo Paz Soldán en Letras Libres</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;"><a href="http://lector-malherido.blogspot.com/search/label/Los%20enamoramientos " target="_blank">Andanada en Lector Mal-herido</a></span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span lang="es-MX"><span style="font-style: normal;">Hay muchas más <a href="http://javiermariasblog.wordpress.com/category/los-enamoramientos/" target="_blank">aquí</a><br />
</span></span></p>
<div id="_mcePaste" style="left: -10000px; top: 0px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden; position: absolute;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">El fútbol ya no está reñido con las artes; <span style="color: #000000;"><a href="http://joseantoniogalloso.blogspot.com/2006/06/los-intelectuales-y-el-futbol.html" target="_blank">el intelectual hará bien en dejarse de bromas superficiales</a></span> -“¿El fútbol? Unos millonarios en calzoncillos pateando una tripa de  cerdo”, o cualquier otro grotesco chascarrillo, como los que gustaban a <span style="color: #000000;"><a href="http://webarticulista.net.free.fr/zr200616060706.html" target="_blank">Borges</a></span> o a Cabrera Infante- y reconocer, aun mintiendo, su afición y su  filiación futbolera. Atrás quedaron los tiempos en los que, como cuenta  Javier Marías que recordó García Hortelano (págs. 85 a 87), se  encontraron éste, Querejeta, Benet y Javier Pradera en un estadio para  presenciar un Real Madrid–Real Sociedad y tuvieron que inventar un  sinnúmero de excusas para no reconocer lo que hoy reconocen tantos y  tantos escritores. Algo que no suele darse a la inversa: los futbolistas  no suelen hacer gala de su afición lectora. Esto lo contaba <strong>Marías en un artículo allá por 1995, y poco después aparecía en Alemania </strong><em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.alfaguara.com/es/libro/salvajes-y-sentimentales/" target="_blank">Salvajes y sentimentales</a></span> </em>(<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=34356" target="_blank">Comprar libro</a></span>; 17, 50 €)<strong>, una memorable recopilación de los artículos futbolísticos</strong> -tanto como <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.sigloxxieditores.com/catalogo/el-futbol-a-sol-y-sombra-1207.html" target="_blank">El fútbol a sol y sombra</a></span></em> de Eduardo Galeano, reeditado varias veces- que el madridista confeso publicaba irregularmente, a veces picado por el diario <em>El País</em> para contestar, el día del derbi por antonomasia, al culé Vázquez  Montalbán. Alfaguara publica ahora una edición revisada y ampliada,  gracias a lo cual recoge aquel impagable artículo <em>Un cuento para releer</em>,  escrito tras la final de Alemania 2006, cuando el “archiconocido  archivillano Materazzi” recibió un merecido e insuficiente cabezazo de  Zinedine Zidane.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><img style="margin: 5px 5px 3px; border: #d3d5d4 3px solid;" src="http://www.elconfidencial.com/fotos/2010060974futbol_librodel.jpg" border="1" alt="" align="left" />“Cuanto  se recuerda en la vida adquiere con el tiempo, precisamente por ser  recordado, un carácter narrativo, y acaba viéndose, según el caso, como  una película, una novela o un relato” (p. 277). Este enfoque permitió al  autor de <em>Corazón tan blanco</em> interpretar aquella escena de manera  muy diferente a la mayoría, indignada por la reacción del rey caído en  desgracia. Con el mismo accidente o hazaña culmina <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.451editores.es/catalogo/1960/libro_del_futbol">Libro del fútbol</a></span></em> (<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=58077" target="_blank">Comprar libro</a></span>; 22,50€), que en 451 edita el argentino Pablo Nacach. <strong>La  narración corresponde ahora a Santiago Segurola, que sin embargo no  sobrevuela la exégesis común del último remate del francoargelino</strong>.  Y es que, si Segurola ve las cosas como pocos, Marías las ve como  nadie, con esa perspicacia que hace de él uno de los grandes novelistas  de todos los tiempos -en un artículo balompédico se deben permitir  machadas, segunda acepción-.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">Si  el volumen que cierra el texto del mítico corresponsal se hubiera  limitado a una antología de cuentos futbolísticos la comparación con la <span style="color: #000000;"><a href="http://www.elboomeran.com/autor/44/jorge-valdano/" target="_blank">antología de Jorge Valdano</a></span> habría sido inevitable; pero Nacach, de quien <span style="color: #000000;"><a href="http://www.elconfidencial.com/buscador_2008/noticia.asp?sec=49&amp;id=2569&amp;fecha=07/07/2006" target="_blank">ya reseñamos aquí <em style="mso-bidi-font-style: normal;">La vida en domingo</em></a></span>,  se ha propuesto otra cosa. Es una demostración de que el divorcio entre  arte y fútbol nunca ha sido tal; que ni siquiera duermen en camas  separadas, sino que mantienen una vida íntima atlética y creativa, como  recomiendan las revistas femeninas. <strong>El libro reúne textos -aunque hace una pequeña trampa: bajo el título de <em>Libro de fútbol</em> se esconde, en pequeñito, <em>y otros juegos de pelota</em>- desde Homero a Vázquez Montalbán, pasando por Nabokov -que fue portero, como Chillida y Albert Camus-</strong> pasando por Calderón y Shakespeare. A tan egregios autores les  acompañan estampas de arte mueble de diverso origen y material,  fotografías, óleos, grabados, bajorrelieves. Sólo faltaría un CD con  música -quizá Los Sencillos, quizá Gerry and The Peacemakers- y alguna  película -desde <em>Evasión o victoria </em>a <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.elconfidencial.com/cine/buscando-a-eric-cantona-loach-20091127.html" target="_blank">Buscando a Eric</a></span></em>- para refrendar la pasión artística por el deporte rey.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><img style="margin: 5px 5px 3px; border: #d3d5d4 3px solid;" src="http://www.elconfidencial.com/fotos/2010060916futbol_historia.jpg" border="1" alt="" align="right" />No  sólo el arte, también la Historia está del lado del balompié, aunque es  triste escuchar a muchos profesionales una absoluta ignorancia respecto  del pasado de su oficio y pasión. J.A. Bueno Álvarez y Miguel Ángel  Mateo han escrito una voluminosa <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.edaf.net/es/libro.asp?producto=1805" target="_blank">Historia del fútbol</a></span></em>, (<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=58076" target="_blank">Comprar libro</a></span>;  33 €) publicada por Edaf. El tomazo recoge toda la historia, incluyendo  biografías y fichas de partidos, del noble deporte que naciera el 26 de  octubre de 1863 en la Freemason’s Tavern de Londes (p. 9). <strong>No  descuida aquellos orígenes remotos, en los que no se distinguía apenas  del rugby, hasta que se introdujo la regla del fuera de juego, verdadero  nervio de este deporte</strong> y muestra de su carácter ético original: se apuntó porque un <em>gentleman</em> no se aprovecha del esfuerzo de sus compañeros -el “palomero” no es un  caballero, recuérdelo para las pachangas-. Y es que, en sus orígenes, el  fútbol era un juego elitista, como indica el nombre de uno de los  primeros grandes, el <em>Old Etonians</em>. La narración avanza, el fútbol  sale de las Islas y se hace universal; llegan Sindelar, Di Stéfano,  Pelé, Cruyff y Maradona. El Real Madrid gana cinco Copas de Europa.  Brasil, cinco mundiales. Desde aquel remoto 1863 hasta hoy la historia  del fútbol, al menor detalle, junto con anécdotas intrascendentes y  jugosas, se recoge en las 800 páginas -engañosas, las dos columnas y el  tamaño de la letra sugieren un equivalente de 1500- de este libro que  ningún aficionado se debe perder. Y no se olviden navegar por <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Youtube</em>, donde hasta se pueden ver goles que nunca se filmaron. Es el complemento perfecto.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><img style="margin: 5px 5px 3px; border: #d3d5d4 3px solid;" src="http://www.elconfidencial.com/fotos/2010060986futbol_relano.jpg" border="1" alt="" align="left" />Con más sencillez y la apariencia de un almanaque, Alfredo Relaño, director del diario deportivo <em>As</em>, firma <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.planetadelibros.com/366-historias-del-futbol-mundial-que-deberias-saber-libro-39549.html" target="_blank">366 historias del fútbol mundial</a></span> </em>(<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=57976" target="_blank">Comprar libro</a></span>; 22,50 €)<em>. </em><strong>Una  anécdota para cada día del año, incluyendo Navidad, fecha en la que se  han jugado algunos partidos, como aquel que enfrentó a alemanes e  ingleses en 1914</strong> ante sus respectivas trincheras -demostrando  que aquella guerra nada tenía que ver con los que sin embargo morían,  sino con quienes estaban bien lejos-. El 15 de octubre de 1967, la  estrella del Torino -un club maldito-, Gigi Meroni, moría atropellado.  El involuntario homicida, como luego confirmaría el juicio, fue,  paradójicamente, un gran fan de Meroni, cuya estética imitaba. Hasta  llevaba una foto de su ídolo en el manillar de la moto que acabó con su  vida. Los hechos cayeron en el olvido, pero hace diez años, tal día como  hoy, aquel joven mismo, ya <em style="mso-bidi-font-style: normal;">talludito</em>,  accedía a la presidencia del Torino. Es entonces cuando revive el  fantasma de Meroni, la que fuera novia de éste acusa al club de haber  olvidado a su figura y la hinchada no deja de recordarle aquel infausto  día cada vez que el <em>Toro</em> no hace las cosas como debe. Así son las  historias que Relaño recoge en un libro que, lamentablemente, tendrán  que modificar pronto: en el capítulo correspondiente al 11 de julio  tendrán que incluir la victoria, al fin, de España en un Mundial. ¡Qué  falta de previsión!</p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;">
<p><img style="margin: 5px 5px 3px; border: #d3d5d4 3px solid;" src="http://www.elconfidencial.com/fotos/2010060939futbol_juegosucio.jpg" border="1" alt="" align="right" />Pero no todo es fiesta en el fútbol; más allá de los hechos extrafutbolísticos -como los <em>hooligans</em> y otras violencias que sólo tienen en los estadios un escenario-, la  propia estructura del fútbol profesional arroja sombras, como se ha  encargado de descubrir Declan Hill en un ensayo que ha dado mucho que  hablar ya antes de ser publicado, <em style="mso-bidi-font-style: normal;"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.albaeditorial.es/php/sl.php?shop.showprod&amp;numusr=7455/496991&amp;lang=1&amp;m=Eur&amp;ref=97884-84285717&amp;fldr=0" target="_blank">Juego sucio</a></span></em> (<span style="color: #000000;"><a href="http://www.libreriacastellana45.es/anadir_carrito.asp?cod=58078" target="_blank">Comprar libro</a></span>; 22 €). Y no sólo ha dado palabras. <strong>Investigaciones, sanciones y escándalos, de esos que salpican eventualmente el mundo futbolístico</strong>;  tradicionalmente en Italia, pero ésta vez todo empezó en Alemania y sus  ramas y raíces llegan incluso a tapar el sol que más brilla: el de los  mundiales, citando explícitamente el Ghana-Brasil de la Copa del Mundo  2006. De España se ocupa poco, mas como advierte que todas las  competiciones internacionales cuentan con partidos amañados y árbitros  sobornados -suelen animarles con prostitutas-, aunque sea indirectamente  cae un velo de sospecha. La UEFA se ha apresurado a organizar un  departamento anticorrupción, pero la FIFA ha ignorado complacientemente  las advertencias. Ojalá en este Mundial sólo haya deporte y Hill tenga  que pasar a ocuparse de otros asuntos, derrotado éste por  incomparecencia.</p>
</div>
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		<title>I Want to be British: Solar, de Ian McEwan</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Nov 2011 07:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[K-Saurus]]></category>
		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>
		<category><![CDATA[cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[Ian McEwan]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Ahora lo sé. El infierno, ese no-lugar que tanto ha inquietado a la humanidad desde que la Iglesia católica diera con la tecla que garantizaba su futuro; ya sé lo que es. Consiste en llevar un automóvil, buscando un hueco en el que aparcar, esto es, descansar. No hay prisión mayor. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Ahora lo sé. El infierno, ese no-lugar que tanto ha inquietado a la humanidad desde que la Iglesia católica diera con la tecla que garantizaba su futuro; ya sé lo que es. Consiste en llevar un automóvil, buscando un hueco en el que aparcar, esto es, descansar. No hay prisión mayor. No puedes dejarlo en cualquier parte, porque una policía verdaderamente atenta te obligará a retirarte, aunque te hayas escondido, siendo especialmente brusca si lo has hecho. Con cada vuelta que das a la llameante manzana, sabes que decrecen tus oportunidades, porque es menos probable que alguien se marche y deje su plaza al vehículo que, entre impaciente, atemorizado e iracundo, conduces. No hay escape, no hay perspectiva de salvación. Un tormento eterno. Y, entonces, un destello intermitente, unas ruedas que rompen a rodar justo delante tuyo. Sólo era, esta vez, el purgatorio.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em></p>
<p style="text-align: center;"><img class=" aligncenter" title="http://www.nature.org/ourinitiatives/urgentissues/climatechange/index.htm" src="http://i43.tinypic.com/2lapo8y.jpg" alt="" width="460" height="235" /></p>
<p></em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Qué rabia, rabia, dan los narradores británicos. Qué bien lo hacen, los cabrones. Los demás sólo pueden envidiarles, porque ellos están en el secreto y la suya es una organización que no admite iniciados. Sencillamente se es uno de ellos. Nadie puede hacerse narrador británico.</p>
<p>Pensaba en esto mientras leía otro de mis muchos libros postergados, <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_771" target="_blank"><em>Solar</em></a>, de Ian McEwan. Su apellido es de origen escocés, pero él no lo es. Es inglés, la raza aria de los narradores británicos. Y sí, la forma de narrar de un narrador británico es una forma de totalitarismo, porque (valga la redunciancia) totalizan las virtudes narrativas y las acaparan y privan de ellas a quienes, por lo que fuere, sufren la desgracia de no ser británicos. Joder. Coño.</p>
<p>Es verdad, no hay que nacer inglés, basta con criarse en la isla del té de las cinco. Los hay que nacen en la India y son narradores británicos. Algunos hasta tienen la ocurrencia de nacer en Nagasaki, y a pesar de ello, también pertenecen a la cofradía. Perdón: son de la cofradía. Ello nos lleva a sospechar que el veneno, o virus, capaz de alterar su ADN, se contagia durante los años de formación, que es una cuestión educativa. Puede ser. Pienso en la educación que he recibido o padecido. Claro, siendo español es muy difícil ser narrador británico. Ni siquiera los angloaburridos lo consiguieron, porque se dejaban influenciar y estaban muy satisfechos de confesarse influídos, pero cada uno resultó ser un poco de su casa y  otro poco de sí mismo. Ya sabemos algo: ser español te impide ser un narrador británico. Pero esta hipótesis no informa acerca del tema que nos preocupa: cómo lo hacen para narrar como lo hacen.</p>
<p>A ver, ellos como yo nos hemos criado leyendo a Enid Blyton, y a Dickens de mayores. Seguramente, ellos también se han contaminado leyendo a franceses y a norteamericanos. ¿Entonces? Como español, es difícil no sentir la tentación de achacar la lectura de españoles e hispanoamericanos como causa de nuestra incapacidad para ser narradores británicos. Pero a los franceses, que sólo se leen entre ellos y a los británicos en secreto, les ocurre lo mismo. Los pobres sólo pueden ser narradores franceses. Eso les vale, como a nosotros, para escribir bien, cuando lo hacen, pero nada más. Y los ingleses leen el <em>Quijote, </em>bien directamente, bien a través de otros, pero ello no les perturba en lo absoluto. De hecho, probablemente los narradores británicos brotan de Cervantes, antes que de Shakespeare.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i40.tinypic.com/5cg2hc.jpg" alt="" width="150" height="235" /></p>
<p>Volvemos a <em>Solar</em>, para encontrarnos esa novela total, fabulosa, que sólo desde una perspectiva estética cerrada puede ser juzgada como anticuada. Narrada en tercera persona, según un esquema estructural y cronológico tradicionales, con algunas alteraciones ocasionales poco llamativas y una concesión en el punto de vista, al hacer equisciente a ese narrador. Maneja temas actuales, como el cambio climático o el envejecimiento (literariamente, es lo que se puede decir un tema de moda), y en un nivel inferior el poder de los medios y la frialdad de la ciencia, mientras que en capas profundas nos encontramos con una acendrada crítica social y una valoración de la existencia humana, lo que vienen siendo los temas capitales de la literatura, junto con el amor, también presente. En fin, lo normal. Se ha dicho que es una novela humorística, pero maldita la gracia. Hay algún <em>sketch </em>macabro, muy propio del autor, pero eso es todo lo que encontramos próximo a la comicidad.</p>
<p>En cuanto que narrador británico, y además inglés, McEwan es capaz de plasmar narrativamente una visión del mundo en la que todo tiene profundidad, relieve, textura. Hasta los personajes más nimios, aquellos que aparecen un instante antes de desaparecer entre bastidores, parecen tener un rico pasado y una personalidad definida. Es decir, no nos dicen nada de ellos, pero como con las personas con las que nos topamos en situaciones semejantes, en la vida real, sabemos, estamos seguros, de que ellos también son individuos plenos, personas o seres humanos de pleno derecho.</p>
<p>En <em>Solar</em>, seguimos al doctor Beard, eminente físico, premio Nobel, burócrata aburrido y mujeriego impenitente. No es un antihéroe, es un villano siempre a punto de recibir su merecido, aunque no le faltan desgracias. Así, uno de los personajes le suelta: “Te mereces casi todo lo que te ha sucedido. Así que jódete”. La construcción de este fascinante villano, por encima de la flemática ironía marca de la casa, o del ritmo vivo, o de la reflexión a contracorriente, es lo que hace de esta novela tan sabrosa, tan interesante y tan sugestiva. Sin Michael Beard y sus lorzas, su inmoralidad, su torpeza y su mala suerte, <em>Solar </em>sería una obra errática, con episodios excéntricos y fatuos y hasta resabida. Pero con él es un novelón. Todo cobra sentido, viveza e interés, y hasta nos creemos que sedujera a una mujer con poesía y con el viejo truco de averiguar sus aficiones y afecciones. Hasta aceptamos el cierre rocambolesco y forzado. Porque todo eso le ocurre a Beard.</p>
<p>Es un truco de magia miserable, y maravilloso. Propio de un narrador británico. Qué bien lo hacen. Cómo lo hacen. Cabrones.</p>
<p><a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_771" target="_blank">Ficha del libro en Anagrama</a>.</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/negocio/sera/util/cambio/climatico/bondad/elpepusoceps/20110320elpepspor_8/Tes" target="_blank">Entrevista con el autor</a>.
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		<title>Ejército enemigo, de Alberto Olmos</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Oct 2011 07:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Olmos]]></category>
		<category><![CDATA[Mondadori]]></category>
		<category><![CDATA[temas del siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Ordenando notas hasta las tantas, escribiendo aún más tarde. Mi cerebro ya no está para estos trotes, por eso escribí tanto. Es imposible resumir a las tres de la madrugada: ¿cómo lo hacía en la universidad? ¡Ay juventud, brevísimo defecto! Ayer terminé de releer Trenes hacia Tokio. Puede que no sea [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p style="text-align: left;">
<p><em>Ordenando notas hasta las tantas, escribiendo aún más tarde. Mi cerebro ya no está para estos trotes, por eso escribí tanto. Es imposible resumir a las tres de la madrugada: ¿cómo lo hacía en la universidad? ¡Ay juventud, brevísimo defecto!</em></p>
<p><em><img class="aligncenter" src="http://i40.tinypic.com/2m4w31g.jpg" alt="" width="460" height="195" /></em></p>
<p>Ayer terminé de releer <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/?p=106"><em>Trenes hacia Tokio</em></a>. Puede que no sea la mejor novela de <a href="http://hkkmr.blogspot.com/" target="_blank">Alberto Olmos </a>(signifique eso lo que signifique), pero sigue siendo mi preferida. Hay novelas que me gustan y olvido y novelas que me disgustan y olvido y novelas que me dejan indiferente y olvido (la mayoría), pero muy pocas me emocionan y recuerdo. <em>Trenes hacia Tokio</em> está entre estas últimas. Está entre mis novelas preferidas, así, en bruto. <a href="http://www.megustaleer.com/ficha/GM24636/ejercito-enemigo" target="_blank"><em>Ejército enemigo</em></a> me gusta, a ratos me emociona (aún es pronto para olvidarla o recordarla); no está entre mis novelas preferidas, aunque eso sólo me importe a mí.</p>
<p>Los lectores de <a href="lector-malherido.blogspot.com" target="_blank">Juan Mal-herido</a> recordarán que amenazó, tiempo ha, con escribir una novela. Pues es ésta. Como sabrán esos mismos lectores, Alberto Olmos no es sino la máscara que Mal-herido se calza para salir al mundo exterior sin armar (demasiado) alboroto. Él es un <em>hikikomori</em> confeso, radical; y su aspecto es inquietante, como el de los villanos de las películas de chinos.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i51.tinypic.com/5zoabq.jpg" alt="" width="150" height="256" /></p>
<p>Al final escribió su novela, que no ha resultado pornográfica, aunque su narrador, Santiago, consuma buena parte de sus energías ya no tan juveniles en sites porno (como es sabido, por encima de los treinta sólo los escritores son jóvenes, mientras los futbolistas ya son ancianos; Santiago es publicista). No por ello <em>Ejército enemigo</em> va a circular por nuestras librerías en paz, pues es posible que vean, en manifestaciones y asambleas, pancartas con el rostro público de su autor tachado junto al de banqueros, especuladores y políticos. Es pura elucubración, claro. Pero es verdad que ha soliviantado a algunos de nuestros rebeldes con causa, si bien su dardo tenía como objetivo a quienes carecen de ellas (o quizá a todos y yo me dejé llevar por la bondad). Si no lo creen, lean algunos de los comentarios que le han dejado en su blog. Alberto Olmos ha preferido publicarlos, aunque podría haberlos dejado flotando en el limbo digital, nadie lo habría sabido. Juan Mal-herido no deja comentar en su blog; él es descortés y grosero, pero no se le puede partir la cara.</p>
<p>El lema de la novela, la frase que sirve de eje a la acción superficial del relato, escuece. “La solidaridad ha fracasado”. En estos días la prensa ha exhibido el rostro de un joven estudiante italiano, de buena familia, al que han convertido en emblema de los disturbios ocurridos en Roma durante una manifestación de indignados. Daniel, amigo de Santiago, parece un presagio del fulano incendiario, aunque con una fortuna bien distinta. A <a href="http://www.larazon.es/noticia/6730-de-joven-violento-a-respetable-politico" target="_blank">Er Pelliccia</a> lo han detenido, sí, pero en cambio se ha hecho famoso, ya puede trabajar para Berlusconi seguramente sin menoscabo de su ideología.  En cambio, Daniel es brutalmente asesinado. Daniel había cambiado tras una conversación con Santiago, fulminado por la sentencia mencionada, proferida un poco a la ligera: esa metamorfosis le encaminará hacia a la muerte (más bien apresurará su paso). Poco a poco la zarza de la culpa enraíza y engancha en Santiago y la muerte de Daniel es el detonante de una serie de cambios en su anodina y deprimente existencia, paralela a la de su propio barrio: ambos se descomponen al paso, mas no para renacer como algo distinto, sino en todo similar a lo anterior.</p>
<p>Si con <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/08/06/el-estatus-olmos/" target="_blank"><em>El estatus</em></a> Alberto Olmos demostró su capacidad para narrar una intriga psicológica, con <em>Ejército enemigo</em>, que puede acometer una trama detectivesca. Es lo que se dice un autor versátil. Relacionando todas sus novelas, la similitud del narrador más reciente con el primero, aquél de <em>A bordo del naufragio</em>, parece evidente y así se ha señalado. Es la rabia. La rabia, sin embargo, nunca ha abandonado a Alberto Olmos. Juan Mal-herido rabia siempre, hasta cuando lee algo que le gusta. David, narrador de <em>Trenes hacia Tokio</em>, también rabiaba, aunque algo menos: le podía la melancolía y la desidia. La rabia motiva a Santiago y le conecta con su barrio, con la tierra, es su enlace telúrico: “Ver la tierra, ver que nuestras vidas se desarrollaban a ciegas a la tierra, ver de lo que estaba hecho mi barrio, de lo mismo de lo que estaba hecho el asentamiento de una tribu salvaje, de lo mismo de lo que estaba hecho un campo de batalla, de tierra y de rabia (…). La rabia nos había traído la tierra” (p. 138).</p>
<p>Tierra y rabia; tribu. Este párrafo alude a una suerte de naturaleza literaria, cierta autenticidad que recopiló y editó en <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2009/03/07/algunas-ideas-buenisimas/" target="_blank"><em>Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder</em></a>. Literatura en estado adánico, por elaborar, el germen de la literatura. <em>A bordo del naufragio</em> era así, un discurso incontenible, genuino. En <em>Trenes hacia Tokio</em> se contuvo un poco, con el tipo de contención que un karateka aplica a su pierna en una <em>Mawashi geri.</em> En <a href="http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/?p=204" target="_blank"><em>El talento de los demás</em></a>, en la distancia, encuentro demasiado empeño literario (eso es algo distinto de “voluntad de estilo”; por otra parte, quizá me falle la memoria). <em>El estatus</em> es pura contención. Es su mejor novela. Redonda, perfecta, una obra maestra (esa expresión vacía). Y <em>Ejército enemigo</em> tiene defectos: le sobra crónica, ensayo, cita&#8230; y vuelve a ser salvaje, tanto como una estampida de búfalos que se tomara un respiro de vez en cuando. ¿Es un paso atrás desde <em>El estatus</em>? Lo cierto es que tiene un buen puñado de páginas de auténtica literatura, con algunos de los mejores momentos de su obra: los dedicados a su barrio, en especial la persecución final, obra de un gran narrador y no sólo de un gran escritor: “Yo no podía oír otra respiración que la mía, ese aire que tomaba y devolvía, que tramitaba y desechaba, lúbrico y penúltimo”(P230).</p>
<p>Con tanto búfalo, patada y tribu rabiosa podríamos dudar de que Alberto Olmos tenga su corazoncito. Léase <em>Trenes hacia Tokio</em>: lo tiene. Pero no malgasta sensibilidad. El mundo que retrata <em>Ejército enemigo</em> (una novela en la que la realidad se puede mascar, nada que ver con el experimento centroeuropeo de <em>El estatus</em>) está hipersensibilizado, y para hablar de ello se interpone Santiago, un personaje al que identificamos como un caníbal ya en la primera página. Reconoceremos su ácida voz, que no su biografía: tiene el mismo timbre que el narrador innominado de <em>A bordo del naufragio</em>, pero ahora ostenta nombre y apellidos, y hasta pasado. Lo que no está tan claro es que tenga futuro, aunque la novela termina con algo que parece (o he querido que parezca) un destello de esperanza, algo inédito en la obra de Olmos (quizá no tanto: Yuka y Moe le dan a David chocolate de compromiso, pero ésta es esperanza para el mundo; yo me refiero a esperanza para el personaje).</p>
<p>Volviendo a Santiago, es un gilipollas (Alberto Olmos dice que es un hijo de puta; también David de <em>Trenes </em>dice serlo, pero no es verdad). Erotómano, narcisista, cobarde, ingenioso, cínico (“Nunca aportas nada. Sólo quemas”, p. 20, Daniel a Santiago), paranoico (los narradores de Alberto Olmos lo son, por <em>hikikomoris</em>). Para medir cuán odioso puede ser, piénsese en su oficio: es el encargado de llenar nuestras cuentas de correo de anuncios absurdos e innecesarios (es decir: de anuncios). Dice: “Me gusta que mis expectativas de éxito sean casi indistinguibles de mis posibilidades de fracaso” (p. 21).</p>
<p>En ese (este) mundo hipersensibilizado, “la solidaridad ha fracasado” porque “la solidaridad es una forma de ocio, una ficción para el puro entretenimiento de personas con mucho tiempo libre” (p. 77). Quien ha de acarrear cajas sin chistar porque, de otro modo, su familia se muere de hambre, no puede permitirse sentarse tres días en una plaza inventando consignas ni acampar con refugiados a cien mil kilómetros de casa. Aquí se concreta uno de los temas capitales de la narrativa de Olmos, la hipocresía, ahora la de quienes rellenan su vacío con las desgracias ajenas (como en <em>El talento de los demás </em>eran las camarillas de “talentosos” que usan la literatura como excusa de su abulia).</p>
<p>Otra preocupación de Olmos, que ocupa aquí largas páginas, es la modernidad. El ser moderno. Es célebre su artículo <a href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=%22por%20qu%C3%A9%20no%20leer%20a%20los%20cl%C3%A1sicos%22&amp;source=web&amp;cd=1&amp;ved=0CBwQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fhkkmr.blogspot.com%2F2010%2F08%2Fpor-que-no-leer-los-clasicos.html&amp;ei=fj6vTpWHH5SO4gT6o-CmAQ&amp;usg=AFQjCNEcPQDpvv6tmHTK4GIfOdkZlw53ug&amp;cad=rja" target="_blank"><em>Por qué no leer a los clásicos</em></a>, en el que defendía su lectura, pese a lo que diga el título, pero anteponiendo la obra más contemporánea, aquella que dialoga con el presente (pero los clásicos lo son porque, pese a su vejera, aún nos hablan a los lectores de hoy; de otro modo, pese a los intentos de resucitarlos al estilo von Frankenstein, se olvidan). En <em>Trenes hacia Tokio </em>se citaban artefactos tecnológicos al uso en el País del Sol Naciente, pero que al lector español casi le sonaban a ciencia ficción. En <em>Ejército enemigo</em> la reflexión sobre cómo nos ha cambiado internet, en concreto nuestros conceptos de intimidad y pudor, se hace a través del hábito pornógrafo de Santiago, de su inserción en redes sociales (<span style="text-decoration: line-through;">una de invención olmesca, pero no descabellada, ChatChinko</span>; la perturbadora <a href="http://chatroulette.com/" target="_blank">ChatRoulette</a>) y de su obsesión acosadora, al intentar reventar los correos electrónicos de sus conocidos.</p>
<p>Esta preocupación por la modernidad también se observa en el lenguaje. Su habitual cuidado estilístico, la excelencia de su sintaxis y la riqueza de su expresión le han valido el reconocimiento de Ricardo Senabre en sus entrañables codas gramaticales. En este aspecto, <em>Ejército enemigo </em>no es diferente al resto de su obra, si bien sí se aprecia un perfeccionamiento progresivo del que ésta más reciente se beneficia. Nunca le ha temblado el pulso a la hora de escribir términos urbanos, contemporáneos, quizá perecederos, cuando tantos escritores toleran sólo lo inmanente. Creo que Alberto Olmos es el único escritor del mundo que ha empleado el término <em>colajet</em> en una novela: lo he comprobado en Google Books, si me equivoco es su culpa. Este atrevimiento entra ahora en ebullición: mailmarketing, in, on, cool, fashion, friki, trendy, postpunk, putting edge, trash, bukake, bondage, forward, nickname, microblog, photolog, start ups, newsletter, MDMA, raccord, prepa, strapon, denim, storytelling, hoodie, asl, teoría queer, sin olvidarnos de las consabidas marcas (Nike, Adidas, Converse, Reebok). Por supuesto, el asunto de la solidaridad es tan actual como que se ha desbordado después de haber sido escrita la novela.</p>
<p>Sin embargo, los temas apuntados me parecen superficiales; no que hayan sido tratados superficialmente, sino que me parece encontrar otro más íntimo y permanente, la soledad. Santiago es, ante todo, un solitario. Quizá el más radicalmente solitario sea el narrador de <em>A bordo del naufragio</em>, pero los narradores de Alberto Olmos son solitarios, padecen soledad, y quizá de ahí la rabia y el cinismo y el atrincheramiento. Como la psicología no es lo mío, lo dejaré aquí, no sin antes apuntar un lamento de Santiago, página 102: “Su intimidad muerta puede a mi intimidad viva”.</p>
<p>Este larguísimo ensayo ha llegado a su fin (debo comprarme unas tijeras mentales).</p>
<p><strong>Actualización, 1 de noviembre de 2011</strong>: Me dices que habiéndome gustado y emocionado, no parece que me haya hecho pensar. Que una buena novela debe hacer reflexionar, y nada he dicho sobre eso.  Es obvio que una novela que plantea temas candentes como ésta excita el pensamiento, y no es necesario ser muy explícito al respecto. Ya has visto el papiro que me ha salido siendo muy general, como para ir concretando. Cuando me encarguen la edición crítica, sólo entonces, lo haré.</p>
<p>Como habrás leído por ahí, se trata de una novela polémica en el plano reflexivo que  propone un replanteamiento de lo que entendemos como conciencia social, solidaridad y, aunque el movimiento no existía cuando la novela se escribió,  de la indignación popular suscitada por la crisis. Sin duda,  son éstas cuestiones sobre las que he estado día a día, no he necesitado leer <em>Ejército enemigo</em> para caer en ello, como tampoco tú, aunque es posible que las ideas expuestas te provoquen rechazo, al contrario que a mí, que soy parcialmente coincidente (mejor hacer algo que nada, sean cuales sean los motivos que mueven a la acción; la calidad de esos motivos puede afectar a la valoración de los actos). Quizá sí debí aclarar que las reflexiones &#8220;políticamente incorrectas&#8221; de la novela pueden producir, antes que un debate, un repliegue del lector. Como cuando tocas a un caracol. Pero eso no es culpa del autor, cuya misión es plantear la cuestión, no resolverla.</p>
<p><a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/29890/Alberto_Olmos" target="_blank">Entrevista con Alberto Olmos (El Cultural de El Mundo)</a>
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		<title>Cuaderno de noche de Inka Martí. Guía de lectura</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Oct 2011 07:35:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Atalanta]]></category>
		<category><![CDATA[Inka Martí]]></category>
		<category><![CDATA[sueños]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Me abruma la cantidad de trabajo atrasado. Miro por la ventana, deseo escapar. No lo hago. Sigo un poco más, en realidad me lo estoy pasando bien. Enseguida me tomo un descanso. Pero ojeo las notas acumuladas, los libros por leer, y vuelvo a mirar por la ventana. Sigo escribiendo. Reseñar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Me abruma la cantidad de trabajo atrasado. Miro por la ventana, deseo escapar. No lo hago. Sigo un poco más, en realidad me lo estoy pasando bien. Enseguida me tomo un descanso. Pero ojeo las notas acumuladas, los libros por leer, y vuelvo a mirar por la ventana. Sigo escribiendo.</em></p>
<p><img class="aligncenter" title="http://mapmagazine.com/face-2-face-presents-a-midsummer-nights-dream/" src="http://i52.tinypic.com/2nkrses.jpg" alt="" width="460" height="348" /></p>
<p>Reseñar un libro de sueños es parecido a reseñar un diario. ¿No? ¿Es lo mismo? Es algo como poco tan extraordinariamente íntimo, quizá más, pues cuando anotamos, al final del día, los sentimientos y reflexiones que los hechos vividos nos han susctiado, somos conscientes de que alguien puede leerlo. Es un fetiche habitual, con su candadito dorado, y pocos se pueden resistir a echarle una ojeada si se presenta la ocasión. En cambio, cuando soñamos estamos seguros de que nadie podrá intervenir ni espiar. Ni nosotros mismos, generalmente, podemos – porque no controlamos lo que sucede, porque lo olvidamos –. Por eso, a nada que Inka Martí se haya limitado a trasladar, sin aditamentos, sus sueños al papel, podemos estar seguros que nos entrega un pedazo muy secreto de su corazón. Y eso es material delicado, muy delicado.</p>
<p>Aquí no compete evaluar el interés o la intención. Nadie obliga a leer un libro así, ni siquiera el crítico puede sentirse obligado, por ser una obra que se sale tanto de lo común – aunque no es única –. Podemos considerar indecente el ejercicio, pero deberíamos guardarnos esa opinión para nosotros, alejándonos del libro. No es que sus sueños se emitan en horario de máxima audiencia. Es sólo un libro más, entre una miríada de novedades y piezas de fondo. Acceder a él y abrirlo, leerlo, supone asumir un acuerdo especial, diferente al de cualquier otro libro. Al hacerlo, renunciamos a una serie de privilegios corrientes en el pacto entre autor y lector, y asumimos otros.</p>
<p>El primero es la sinceridad. No podemos pedirle a ningún autor que sea sincero, ni siquiera en sus diarios; suelen bastar un par de páginas para advertir que, cuando los escribía, el famoso novelista o reconocido poeta ponía sus ojos en los potenciales lectores, no en el sagrado acto de trasladar su yo al papel. El quid de la literatura es la insinceridad, aunque se haya escrito bella palabrería al respecto. Sin embargo, al abrir <em>Cuaderno de noche</em> contamos con que su autora haya sido sincera. Lo contrario sería traición.</p>
<p>Hemos de renunciar al derecho que siempre asiste al lector de criticar la obra, analizarla y evaluarla. Lo cual no quiere decir que los sueños carezcan de contenido o significado. Sólo si, expresamente se nos solicita, podemos hacer tal cosa con una confesión íntima. Un lector, olvídense de la bella palabrería, no es un confidente.</p>
<p>No es necesario leerlo de cabo a rabo, ni de una sentada, y un alma poética, verdaderamente poética, se limitaría a conservarlo, a atesorarlo sin abrirlo, sin retirar su retractilado. Como un cofre del tesoro, emanando misterio por los siglos de los siglos.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i52.tinypic.com/m7ckgj.jpg" alt="" width="150" height="237" />Cuando leemos una novela, o un libro de cualquier tipo, no se nos exige una participación especial. Con ello quiero decir, si soy capaz, es que no se nos pone en la tesitura de idear nosotros mismos una historia  o investigar un acontecimiento o lo que sea, como si fuera una cadena de relevos. Tampoco se nos exige lo contrario. En cambio, la lectura de <em>Cuaderno de noche</em> sí exige, al menos, una autoexploración onírica, si bien no su escritura y publicación. Exige que el lector, a la luz del ejemplo recibido, se replantee la relación con los propios sueños y los resitúe en la escala de valores. Y que sueñe, o que sea consciente de hacerlo.</p>
<p>No nos es lícito envidiar. Sí lo es, en cambio, hacerlo con la capacidad de un autor para expresar emociones con color, pensamientos con claridad y acciones con fluidez, así como envidiar su talento para crear belleza con palabras. Resulta absurdo envidiar la hermosura de los sueños ajenos.</p>
<p>El lector debe agradecer. No cabe hacerlo con obra alguna de autor alguno, pues se escribe por motivos egoístas – nuevamente, dejemos de lado la bella palabrería –. Sin embargo, debemos agradecer a Inka Martí que nos haya hecho partícipes de su mundo onírico, del rincón más secreto de su corazón.</p>
<p><a href="http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=69" target="_blank">Cuaderno de noche, editorial Atalanta</a></p>
<p><a href="http://www.empordaguia.com/es/cultura/entrevistas/70-entrevistas/184-inka-marti-y-su-cuaderno-de-noche.html" target="_blank">Entrevista con Inka Martí</a>
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		<title>Jon Bilbao, el narrador distante</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Oct 2011 07:24:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El T-rex que viene]]></category>
		<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Bilbao]]></category>
		<category><![CDATA[literatura fantástica]]></category>
		<category><![CDATA[Salto de Página]]></category>
		<category><![CDATA[terror]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés No sé si un escritor debe pedir disculpas a sus lectores por haberlos desatendido un tiempo. A buen seguro que debe enfadarse consigo mismo: culpa, reproche, propósito de enmienda, todo eso. No es que sirva de mucho, porque uno es como es y seguirá siéndolo. He vuelto, por ahora. ¡Aunque no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>No sé si un escritor debe pedir disculpas a sus lectores por haberlos desatendido un tiempo. A buen seguro que debe enfadarse consigo mismo: culpa, reproche, propósito de enmienda, todo eso. No es que sirva de mucho, porque uno es como es y seguirá siéndolo. He vuelto, por ahora. ¡Aunque no he estado ocioso, que lo sepas! </em> </p>
<p><em>Por si acaso: ¡Lo siento!</em> </p>
<p><img class="alignnone" src="http://i53.tinypic.com/15q98hs.jpg" alt="" width="460" height="460" /> </p>
<p>Haciendo poco ruido mediático, llamando escasamente la atención de la crítica (que desgraciadamente forma parte, aunque irrelevante, del circo mediático), <a title="Blog de Jon Bilbao" href="http://jonbilbao.wordpress.com/" target="_blank">Jon Bilbao</a> ha ido construyendo su reputación a base de sumar lectores. El suyo es un caso no muy distinto al de Alberto Olmos o Juan Aparicio-Belmonte, la nueva generación de narradores (paralela a la nocillera, más promocionada, en proceso de disolución) que ha tenido que trabajarse el reconocimiento en galeras, casi sin ayuda, en sellos muy independientes y ocupando un lugar más que secundario en las góndolas de novedades. Pero los lectores, o al menos un sector suficiente y suficientemente creciente, han respondido. </p>
<p>Bilbao ha escrito dos libros de relatos, <em><a href="http://www.saltodepagina.com/libro/como_una_historia_de_terror-12/" target="_blank">Como una historia de terror</a></em> y <em><a href="http://www.saltodepagina.com/libro/bajo_el_influjo_del_cometa-25/" target="_blank">Bajo el influjo del cometa</a></em>, ambos premiados, una novela también premiada, <em><a href="http://www.saltodepagina.com/libro/el_hermano_de_las_moscas-7/" target="_blank">El hermano de las moscas</a></em> y una novela corta o <em>nouvelle</em>, la más reciente <em><a href="http://www.saltodepagina.com/libro/padres_hijos_y_primates-35/" target="_blank">Padres, hijos y primates</a></em>. Como en este momento no estoy para cuentos, aparcaré por ahora los dos primeros títulos. En cuanto a sus novelas, son sólo dos y de muy diferente extensión, que no ambición, pero ya se vislumbra en ellas un patrón reconocible. </p>
<p> <img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i51.tinypic.com/23uewz9.jpg" alt="" width="150" height="226" /> <em>El hermano de las moscas</em>, novela de evidente inspiración kafkiana (hasta el sujeto metamórfico se llama Grego) nos sitúa en una urbanización suburbana de renta elevada, un entorno muy cheeveriano. La aparición de lo sobrenatural, en forma de transformación en insectos (no uno, como en el caso de La metamorfosis, sino en un enjambre entero), nos aleja del ambiente ordinario del maestro norteamericano.</p>
<p>Por su parte, en <em>Padres, hijos y primates</em> no suceden acontecimientos fantásticos, sino extraordinarios, aunque la atmósfera alucinante se mantiene y, quizá, me parece, se instensifica. Sorprendido por un huracán durante una estancia en el Yucatán, Joanes, ingeniero y padre de familia (al igual que en <em>Hermano&#8230;</em>) se separa del grupo para encontrarse con una figura paterna, el profesor que, según cree, le arruinó la vida. </p>
<p>En ambas novelas la naturaleza juega un papel primordial, en cuanto amenaza (en uno de sus cuentos la amenaza la encarnan ardillas, muchas ardillas). Siendo el núcleo familiar una unidad frágil, sujeta a tensiones tanto internas como externas, va a corresponder al padre, al cabeza de familia, el deber de protegerlo de cualquier agresión exterior, bien por parte de los suegros en cuanto &#8220;padres ajenos&#8221; (figura tópica que en Bilbao cobra una nueva dimensión), bien por parte de ese ente anónimo que es &#8220;la sociedad&#8221;, bien por parte del ente abstracto, con manifestaciones concretas, que resulta ser la naturaleza. Los ejemplos son numerosos. El mismo argumento de <em>El hermano&#8230;</em> manifiesta este temor por lo natural, cuando Grego, aparente sujeto de experimentación evolutiva (aunque no se aclara en ningún momento la causa de la metamorfosis, varios puntos en la novela sugieren que, más que de un hecho mágico, se trata de un hecho natural), comienza a sufrir transformaciones periódicas (una vez al año) en un enjambre de moscas, como preludio de su transformación definitiva en una nueva criatura, como si no lo fuera ya desde su primer episodio mutante.<span lang="ES-MODERN"><em><img class="alignright" style="margin-left: 5px; border: 0px;" src="http://i55.tinypic.com/v5fhch.jpg" alt="" width="150" height="228" /></em></span> </p>
<p>Dentro de esta misma novela, la aparición simbólica de la tortuga, atravesando la cerca e invadiendo el jardín propio, juega el papel de sibila. Lo mismo puede decirse, aunque tendrá una posterior incidencia en la trama, del surgimiento de un chimpancé (recordemos, una especie africana) de la selva mesoamericana, al que Joanes atropellará. Pero no sólo la naturaleza ejerce una influencia ominosa sobre el núcleo familiar, especialmente sobre su escudo, el padre (no siendo padre de Grego, sino hermano, Héctor cumple esa función dada la debilidad e indefensión del sujeto metamórfico, devenido en niño y, por ello, privado de libertad y decisión; ya antes de manifestarse su enfermedad era un sujeto infantil, voluble e irresponsable); también la tecnología (los constantes accidentes en la refinería donde trabaja Héctor, los problemas de comunicación y la explosión sufrida por el hijo del profesor en <em>Hijos&#8230;</em>) y la sociedad (los competidores en el negocio del aire acondicionado, las conspiraciones en la refinería, las habladurías en la urbanización, la intromisión de las otras figuras paternales).</p>
<p>Es, pues, el centro de la obra narrativa de Bilbao la familia nuclear y sus demonios, su fragilidad y el cúmulo de amenazas, y la oscuridad que ha de reconocer y abrazar el hombre para mantener a salvo lo único que de valor posee, al precio que sea, arriesgando lo demás (el éxito, la tranquilidad). Ese precio pueden ser mutilaciones o crímenes (en <em>Padres, hijos&#8230;</em> Joanes sufrirá unas, provocará otros), pero sobre todo su propia metamorfosis, pues ya nada será igual para el nuevo superhombre, la nueva especie humana.</p>
<p>Bilbao opta, acertadamente, por un estilo frío y distante, quirúrgico. No se compromete a nada con el lector, el cual recibe así un reconocimiento de su libertad. Por supuesto, pocos lectores están dispuestos a ser tan libres, por lo que la obra de Bilbao, pese a lo emocionante de la trama y lo impactante de las imágenes (la sorpresa, la violencia), está destinada a minorías. La suya es una narrativa de escenas, muy cinematográfica, en la que la escritura, al margen de la intencionada desnudez, no recibe un cuidado especial. La estructura, en cambio, sí recibe un cuidado especial (como no podía ser de otro modo en un ingeniero), siendo <em>Padres, hijos&#8230;</em> un ejemplo de concentración y <em>El hermano&#8230;</em> audaz y ambicioso en su construcción. Y hay que decir que, pese a ser un narrador de lo casual y lo inesperado (con un sentido mucho menos truculento que en el más famoso de los narradores de lo casual, Paul Auster), la estructura resiste bien estas tensiones que, por ser tan naturales (la velada cadena causa-efecto) parecen antinaturales.<span lang="ES-MODERN"><em> </em> </p>
<p></span>
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		<title>Arrancad las semillas, fusilad a los niños de Ôe Kenzaburô</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jun 2011 14:48:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>
		<category><![CDATA[literatura japonesa]]></category>
		<category><![CDATA[Ôe Kenzaburo]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Esta es la tercera novela de Ôe Kenzaburô que tengo la oportunidad de leer. De las anteriores tengo poco que decir. De La presa guardo algunos recuerdos vagos, poco más que la sinopsis y la impresión general, marcada por esa poderosa imagen del soldado negro enjaulado en lo profundo del bosque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p>Esta es la tercera novela de <a title="Ficha del autor en El País" href="http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Kenzaburo/Oe/5620/" target="_blank">Ôe Kenzaburô</a> que tengo la oportunidad de leer. De las anteriores tengo poco que decir. De <a title="Ficha en Anagrama" href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_316" target="_blank"><em>La presa</em></a> guardo algunos recuerdos vagos, poco más que la sinopsis y la impresión general, marcada por esa poderosa imagen del soldado negro enjaulado en lo profundo del bosque nipón, vigilado por unos campesinos para quienes los habitantes del valle vecino ya son repugnantes extranjeros y bandidos. De <a title="Ficha en Anagrama" href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_151" target="_blank"><em>Una cuestión personal</em></a>, nada en absoluto. Creo recordar que narra algo relacionado con la enfermedad del hijo (Ôe Hikari padece diversas discapacidades desde su nacimiento, y los médicos trataron de convencer a los Ôe de que lo dejaran morir), pero seguramente es un conocimiento obtenido de terceras lecturas (no me equivocaba, lo acabo de comprobar).</p>
<p><a href="http://chestofbooks.com/travel/japan/John-Stoddard-Lectures/Japan-Part-18.html"><img class="aligncenter" title="La acción transcurre en una aldea japonesa." src="http://i52.tinypic.com/2uy2g7a.jpg" alt="" width="400" height="314" /></a></p>
<p>Huelga decir, pues, que el Premio Nobel de literatura del año 1994, no es uno de mis autores preferidos. Tampoco siento inclinación alguna hacia los catálogos de horrores que con tanta facilidad se confunden con la buena literatura, o con el buen cine. Sin embargo, he leído <em>Arrancad las semillas&#8230;</em> con interés e intensidad, pese a los horrores tan minuciosamente descritos, algunas veces espurios, “error” de novato para escandalizar o exaltar al lector.</p>
<p>El resumen de la acción es de sobra conocido. Hacia el final de la II Guerra Mundial, un grupo de muchachos de un reformatorio es conducido hacia el interior del Japón (un viaje al corazón de las tinieblas), a una remota aldea donde estarán a salvo de los bombardeos norteamericanos. Mas, lo que inicialmente fue entendido por los adolescentes como una ocasión de libertad no tarda en revelarse como una prisión más severa y cruel que la anterior, pues los campesinos con los que se encuentran por el camino les odian con fanático vigor; escapar es imposible, están cercados por una barrera invisible. No mejora su situación al llegar a la aldea, pues no bien el celador parte en busca del siguiente grupo, los aldeanos les encierran sin agua ni comida, y cuando ésta llega resulta ser poco más que deshechos.</p>
<p>Cuando se declara el brote epidémico, los campesinos, siguiendo una costumbre ancestral, parten a una aldea vecina, pero dejan atrás a los muchachos, bloqueándoles el paso para que no puedan seguirles. Pasada la desesperación inicial, advierten que es una ocasión inmejorable para crearse un mundo a su medida. Al igual que en <em>El señor de las moscas</em> el empeño será en vano, aunque por motivos diversos a los reseñados por Golding. Oê parece un firme defensor del mito del buen salvaje, quizá en parte por su hijo enfermo, pero también porque recoge de la tradición intelectual japonesa el rechazo a la “sociedad” como ente abstracto, coercitivo y violento. No resulta incomprensible cuando la cultura japonesa privilegia al grupo sobre el individuo, mientras que la actividad artística es eminentemente individual. Es cuando los chicos deciden celebrar el festival de la caza, cuando al fin se constituyen como una sociedad tribal, cuando sobreviene la desgracia definitiva.</p>
<p><em>Arrancad las semillas&#8230;</em> es una novela que, con sus (escasos) defectos de principiante a cuestas, logra sujetar al lector, o al menos a éste, por la contundencia de sus imágenes y el vigor de la escritura. Obra abierta, de pura acción, que deja al lector toda labor especulativa y no por ello acusa falta de fondo reflexivo, muy en sintonía con la creación literaria japonesa del siglo XX marcada por la brutalidad del capitalismo y del imperialismo impuestos desde arriba, y por la destrucción absoluta de la guerra y la quiebra del sistema de valores de la posguerra. Volveré a leer lo leído, y lo seguiré leyendo; a fin de cuentas, viene avalado por el mismísimo Mishima.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i55.tinypic.com/30tjrqp.jpg" alt="" width="150" height="230" /><a title="Ficha en Anagrama" href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_422" target="_blank">Editorial Anagrama</a></p>
<p>Ôe Kenzaburô, 1958</p>
<p><em>Arrancad las semillas, fusilad a los niños</em> (<em>Memushiri kouchi</em>,芽むしり仔撃ち)
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		<title>Defensa del Dios, de Santiago Vilas</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2011/05/24/defensa-del-dios-de-santiago-vilas/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 May 2011 06:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Zarpazo de velociraptor]]></category>
		<category><![CDATA[El Nadir]]></category>
		<category><![CDATA[literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[Santiago Vilas]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Veo Perdidos en la ciudad y no puedo borrarme la sonrisa de la cara. Resulta encantador verles disfrutar (y padecer) las maravillas de la civilización sin contaminarse con sus miasmas&#8230; Pero luego habrán de volver y no serán ya los mismos y quizá ya no sean capaces de ser simples salvajes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Veo </em><a href="http://www.cuatro.com/perdidos-en-la-ciudad/" target="_blank">Perdidos en la ciudad</a> <em>y no puedo borrarme la sonrisa de la cara. Resulta encantador verles disfrutar (y padecer) las maravillas de la civilización sin contaminarse con sus miasmas&#8230; Pero luego habrán de volver y no serán ya los mismos y quizá ya no sean capaces de ser simples salvajes con su vida sencilla y suficiente (se habrán contagiado, entonces), al menos los jóvenes, que los mayores se blindan más fácilmente. Son personas con las emociones a flor de piel, no impostadas como nosotros (todos esos abrazos y besos que es moda compartir, como el llanto diarreico de los futbolistas), se aterrorizan en el museo de cera, se enamoran con suma facilidad, se indignan con nuestras incoherencias.</em></p>
<p><em>Incoherencias que también aquí han desatado la indignación. No he estado en Sol, no me gustan las aglomeraciones, aunque simpatizo con el movimiento que no funcionará. Los españoles somos inconstantes y tampoco esta justa indignación tiene visos de perdurar. Además, el movimiento nace marcado por la ineficacia: un sistema sólo puede quebrarse desde fuera con sangre, y nadie quiere eso. Cuánto mejor hacerlo desde dentro, como un virus; aunque se precisa una cepa resistente, el organismo a destruir está más que acostumbrado a desarrollar anticuerpos y vacunas y no bastará la mera infiltración, presión, empuje para batirlo. Por contradictorio que parezca, la forma de cambiar el sistema partidista es mediante la creación de un partido firme y sólido.</em></p>
<p><em>**</em></p>
<p><em>No es raro que albergue inquietudes a la hora de reseñar un libro. No tanto en lo que se refiere a mi capacidad crítica, claro, o a la pertinencia de mis opiniones, que también, sino que mi inquieta la necesidad de ofrecer valoraciones negativas, quizá debidas a gustos subjetivos, como suele ser, y no tanto a errores o defectos. Recuerdo que muchas novelas malas o mediocres son fruto de una grande y honesta dedicación y me tiembla el pulso a la hora de tijeretear el trabajo ajeno. Al menos, antes me pagaban por ello y el dinero era la justificación. Ya no es así y quisiera poder ser malvado, como <a title="Lector Mal-herido" href="http://lector-malherido.blogspot.com/?zx=315934465232ede2" target="_blank">Juan Mal-herido</a>, pero no me sale, me tengo que esforzar mucho y ni por ésas. </em></p>
<p><em>Pero debo hacerlo.</em></p>
<p><em><a href="http://www.enfocado.com/?foto=78"><img class="aligncenter" title="Santa Maria della Salute, foto de Enfocado.com" src="http://i53.tinypic.com/2q9vpy9.jpg" alt="" width="460" height="307" /></a></em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">Si buscan otras reseñas de esta novela, no encontrarán nada. Y si las encuentran, ¡enhorabuena!, son mejores cazadores que yo. Un escritor lo tiene difícil si nadie quiere “escuchar” lo que tiene que decir; al menos, “escúchenlo” antes de rechazarlo. Hay miles de reseñas de novelas horrorosas, y muchas reciben atenciones y miramientos excesivos. Esta descompensación, consecuencia de la mercantilización de la cultura (ya están viniendo los libros digitales para terminar con eso), totalmente ajena a la calidad real de la obra, es sumamente peligrosa. Crea confusión en el lector, que confía intuitivamente en el pedigrí de la novela más publicitada; y no me vengan con que el nuestro criterio nos pone a salvo: ese criterio no puede formarse sin una orientación adecuada (aunque es cierto que también hay quien nace con talento para eso, para formarse su propio criterio; pero son los menos, aunque nos gustaría creer lo contrario).</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">Me he decidido a escribir acerca de <em>Defensa del Dios</em> precisamente por eso, porque nadie lo ha hecho (que yo sepa, reitero). Aunque no me ha gustado. No me gusta, pero no me atrevo (no es suficiente) a decir que es mala. El autor, Santiago Vilas, ha tomado opciones que me hacen más incómoda la lectura, pero eran las que él deseaba para su relato. El punto de partida, así como su referente, son interesantes. Con <em>Los papeles de Aspern</em> de Henry James como modelo y varios temas en el tintero, la novela narra la conspiración de un productor de cine para conseguir, de manos de una reticente viuda, la última obra de un afamado director de documentales. Para ello recurre tanto al espionaje de la criada como a la infiltración de un guionista, admirador irredento de “nuestro documentalista más internacional”. Mas, a diferencia de la obra de James, el protagonista se encontrará con una atractiva lolita, en vez de una siesa solterona, a la que intentará seducir para obtener de sus manos la soñada cinta.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">Son muchos los temas con los que Vilas nutre la trama, aunque la relación entre apariencia y verdad es, a mi juicio, el más relevante. Además de los que ya tocara James, y de los que se beneficia <em>Defensa del Dios</em>, se añaden la mercantilización de la cultura o el amor pedófilo (no podemos dejar de observar el paralelismo entre el protagonista, enamorado de una adolescente, y su héroe, devoto de los niños, y cómo ambos se van solapando hasta confundirse al final), ideas éstas que quizá contribuyan a hacer la novela “ocultable” (p. 216-218). A lo largo de toda la novela encontramos el juego de apariencia y verdad: en la criada, a la vez espía, aunque el guionista lo ignora; en el propio narrador, que se presenta como un escritor que busca un lugar tranquilo para trabajar (lo que no es del todo falso); en la propia imagen pública del director mitificado y en sus películas, etc. El único que se presenta sin doblez es el productor codicioso y mezquino tras la recia máscara de su soez capitalismo.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">Con todo este bagaje la novela apunta a una gran complejidad y riqueza, lo que en buena parte se alcanza, pero el equipaje que debería recorgerlo y llevarlo no lo logra. La escritura falla, tanto en el estilo como en la estructura. Ya en las primeras páginas se acogota al lector atropellando y repitiendo la información, explicitando lo implícito, con demasiadas prisas por situar el comienzo de la acción y fijar los antecedentes. Al lector le costará encontrar un resquicio en esta novela que prioriza el decir sobre el mostrar, y aún reitera lo que ya ha mostrado. Aunque la prosa no es mala cuando narra (a pesar de algunos despistes), resulta pesante (más prolija que minuciosa) cuando explica, cuando divaga (p. 190, 191) y cuando divulga, contenido éste que no es ocasional sino habitual, especialmente en las páginas que dedica a desgranar la versión de <em>Batman</em> filmada por Tim Burton en 1989 (y que sirve para situar la acción de la novela en el tiempo). Estas seis páginas (págs. 158 a 164) resultan especialmente arduas, no sólo por lo innecesariamente divulgativas, sino también por ubicarnos en un mundo en el que seducir a una Lolita resulta extraordinariamente sencillo, cuando no debería serlo ni aún atormentada la muchacha por una tía diabólica y moribunda.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">Y así llegamos a la principal falla de la novela, la caracterización de personajes, todos ellos demasiado ficcionales, es decir, poco creíbles. El comportamiento del protagonista, aunque lo tiene todo a su favor para seducir a la muchacha, es escasamente seductor, conduciéndose como un  “carroza” escasamente elocuente, y ese sospechoso “¿ya no somos amigos?” que pondría en guardia a cualquiera. Quizá sea posible, hoy como en el siglo XIX, seducir a una mujer llevándola en góndola por el Gran Canal o paseando por la Plaza de San Marcos (siempre y cuando no esté todo atestado de turistas o no haya <em>acqua</em> alta), pero es extremadamente difícil seducir a una adolescente utilizando <em>Batman </em>como gancho<em>,</em> aunque sea una gran película. Durante todo el visionado las reacciones de Tina resultan impostadas porque no, una jovencita de finales del siglo XX no se asustaba viendo esas imágenes. El autor ha querido deslumbrar con su análisis del filme, pero no lo ha elegido adecuadamente para hacerlo útil a la trama.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;">No elegir adecuadamente ha llevado a una novela que partía de buenos mimbres a extraviarse y perder legibilidad. Y si podemos asignar el loable propósito del narrador a su autor (“Mi obra será limpia y coherente, tendrá una razón de ser y podrá servir de algo a alguien”, p. 62), deberemos aguardar un nuevo intento.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;"><strong>Ficha</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;"><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://www.elnadir.es/_cms/components/com_virtuemart/shop_image/product/Defensa_del_dios_4d6552c8e020c.jpg" alt="" width="167" height="252" /></p>
<p>&#8220;&lt;&lt;Defensa del dios&gt;&gt; sigue la trama de &lt;&lt;Los papeles de Aspern&gt;&gt; de Henry  James, como guion del que se propusiera extraer nuevos significados en  esta versión más desinhibida. Bajo la apariencia de una entretenida  novela de subido tono erótico, Santiago Vila escudriña en las complejas  relaciones entre maestro y discípulo, la norma y lo prohibido, realidad y  fantasía con gran habilidad y hondura. El famoso director de cine  Javier Espert ha ocultado las escenas finales de su última película. Un  discípulo fascinado por el maestro intentará recuperar las imágenes que  esconderían lo mejor de su arte. Pero su viuda, y una seductora  adolescente, sobrina del director, guardan celosamente la cinta y para  recuperarla, Santiago Vila conduce al lector a una aventura donde no  existen trabas ni límites para acceder al secreto&#8221;.</p>
<p><a href="http://www.elnadir.es/_cms/index.php?option=com_virtuemart&amp;page=shop.product_details&amp;flypage=flypage.tpl&amp;product_id=67&amp;Itemid=1&amp;vmcchk=1&amp;Itemid=1" target="_blank">Vea la ficha en la editorial El Nadir</a></p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 0px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em>Veo </em><span style="font-style: normal;">Perdidos en la ciudad </span><em>y no puedo borrarme la sonrisa de la cara. Resulta encantador verles disfrutar (y padecer) las maravillas de la civilización sin contaminarse con sus miasmas&#8230; Pero luego habrán de volver y no serán ya los mismos y quizá ya no sean capaces de ser simples salvajes con su vida sencilla y suficiente (se habrán contagiado, entonces), al menos los jóvenes, que los mayores se blindan más fácilmente. Son personas con las emociones a flor de piel, no impostadas como nosotros (todos esos abrazos y besos que es moda compartir, como el llanto diarreico de los futbolistas), se aterrorizan en el museo de cera, se enamoran con suma facilidad, se indignan con nuestras incoherencias.</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em>Incoherencias que también aquí han desatado la indignación. No he estado en Sol, no me gustan las aglomeraciones, aunque simpatizo con el movimiento que no funcionará. Los españoles somos inconstantes y tampoco esta justa indignación tiene visos de perdurar. Además, el movimiento nace marcado por la ineficacia: un sistema sólo puede quebrarse desde fuera con sangre, y nadie quiere eso. Cuánto mejor hacerlo desde dentro, como un virus; aunque se precisa una cepa resistente, el organismo a destruir está más que acostumbrado a desarrollar anticuerpos y vacunas y no bastará la mera infiltración, presión, empuje para batirlo. Por contradictorio que parezca, la forma de cambiar el sistema partidista es mediante la creación de un partido firme y sólido.</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em>**</em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em>No es raro que albergue inquietudes a la hora de reseñar un libro. No tanto en lo que se refiere a mi capacidad crítica, claro, o a la pertinencia de mis opiniones, que también, sino que mi inquieta la necesidad de ofrecer valoraciones negativas, quizá debidas a gustos subjetivos, como suele ser, y no tanto a errores o defectos. Recuerdo que muchas novelas malas o mediocres son fruto de una grande y honesta dedicación y me tiembla el pulso a la hora de tijeretear el trabajo ajeno. Al menos, antes me pagaban por ello y el dinero era la justificación. Ya no es así y quisiera poder ser malvado, como Juan Mal-herido, pero no me sale, me tengo que esforzar mucho y ni por ésas. </em></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><em>Pero debo hacerlo.</em></p>
</div>
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		<item>
		<title>Los autores irreverentes&#8230; o no tanto</title>
		<link>http://www.eldinosaurioqueestabaalli.com/2011/05/03/autores-irreverentes/</link>
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		<pubDate>Tue, 03 May 2011 09:53:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[El gabinete del dr. Mantell]]></category>
		<category><![CDATA[Christopher Moore]]></category>
		<category><![CDATA[Impedimenta]]></category>
		<category><![CDATA[La Factoría de Ideas]]></category>
		<category><![CDATA[literatura humorística]]></category>
		<category><![CDATA[Mark Twain]]></category>
		<category><![CDATA[religión]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Tras tanto clásico (Real Madrid C. F. – F. C. Barcelona) despistante mas escasamente deslumbrante, por parte de ambos contendientes, y a la espera del último y más importante de los encuentros, ya va tocando el retorno a la vida real. Y nunca, como en este momento, ha sido tan palpable [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Tras tanto clásico (Real Madrid C. F. – F. C. Barcelona)  despistante mas escasamente deslumbrante, por parte de ambos  contendientes, y a la espera del último y más importante de los  encuentros, ya va tocando el retorno a la vida real. Y nunca, como en  este momento, ha sido tan palpable la atmósfera ficticia del fútbol.  Cuatro son muchos partidos y, si el fútbol es siempre un espectáculo  dramático, en esta miniserie se perciben varios aspectos narrativos que  refuerzan este carácter teatral, que tan bien han representado Alves y  Busquets. Hay una evolución de personajes, incluso, y hemos visto al  héroe envilecerse y al villano adquirir trazas de doliente humanidad. Si  hace unas semanas el Barça debía ganar por el bien del fútbol, se han  vuelto las tornas y el Real Madrid, si bien no alcanza a representar la  excelencia deportiva (con Mourinho es imposible), pone rostro  estupefacto al Juego Limpio que reclaman los organismos futbolísticos,  aunque no les guste y no hagan nada por conseguirlo. El cruce de  denuncias, parte relevante de esta intensa película (no falta ni un Al  Pacino vociferando y sobreactuando ante el jurado), se ha saldado con  más injusticia, más dramatismo y más daño a este espectáculo que un día  surgió del deporte. Vuelvo a recomendar la lectura de </em>Juego sucio, <em>y  qué certero Declan Hill al advertir el poco ánimo de responsables y  aficionados a la hora de reconocer que el fútbol está corrompido hasta  lo más hondo; ahora bien, sigue pareciéndome imposible apagar la tele y  alejar de mí este fraude tan flagrante en el que el vencedor está  decidido de antemano</em>.<em> Lo intentaré pero, Mr. Hill, no puedo prometer nada.</em> <em> </em></p>
<p><em>Y ahora vamos con libros, que también tienen alguna importancia.</em></p>
<p><img class="aligncenter" title="Auto de fe en Lima" src="http://i56.tinypic.com/5pfwop.jpg" alt="" width="460" height="219" /></p>
<p><strong>Los escritos irreverentes, de Mark Twain</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="Los escritos irreverentes, Mark Twain" src="http://i52.tinypic.com/nmz4op.jpg" alt="" width="150" height="231" />Él no creyó que se pudiera publicar, y su hija Clara no creyó que debiera publicarse, pero hete aquí  la sátira bíblica de Mark Twain, y hasta bien traducida al castellano por gentileza de Gabriela Bustelo y Enrique Redel, editor de la magnífica Impedimenta. <em>Los escritos irreverentes</em> no son un conjunto uniforme sino, pese a los esfuerzos de Bernard DeVoto (responsable de la primera edición en inglés que sigue Impedimenta) un irregular amasijo de textos paródicos que padece esta situación tanto como disfruta de la rutilante inteligencia de su creador.</p>
<p>No podía faltar, en la obra del gran satírico de un siglo eminentemente puritano, la demoledora burla de las flagrantes incoherencias religiosas; mas, bien por temor a la reacción del público o por dedicación insuficiente, alumbró Twain una obra inacabada, fragmentaria y, a ratos, mediocre. Por pasar ya el mal trago, el libro se estructura en tres partes (sin contar con la correcta Introducción a cargo de la traductora) de longitud, aspecto y alcance desigual: “Las cartas de Satán desde la Tierra”, “Los apuntes de la familia de Adán” y “Carta desde el Cielo”, siendo la mediana la medianía, a excepción de “La autobiografía de Eva”. Referida ya la sección que podemos esquivar, sin más explicaciones (fíense de mi criterio o pierdan el tiempo, a su elección), pasemos a las partes que hacen pertinente esta traducción y la presencia del título en los catálogos editoriales más allá de la celebridad del autor.</p>
<p>Satán, un personaje tantas veces simpático aunque tan sólo sea por llevar la contraria, es bajo la pluma de Twain un sarcástico subalterno de Dios, primo lejano del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cartas_persas" target="_blank">Usbek</a> de Montesquieu. Ha viajado a la Tierra para conocer de primera mano el último capricho del Señor: el hombre. Desde nuestro mundo escribe cartas a sus colegas arcángeles, sin perder comba a la hora de burlarse de las prácticas y creencias piadosas del hombre, desde la recreación de un Cielo carente de todos los placeres humanos pero abundante en tormentos, a su idea de Dios, un ser que les fustiga con incansable crueldad pero a quien ellos se resisten a culpabilizar y, por el contrario, idealizan en la forma benéfica que todos conocemos. Es la pieza más demoledora y explícita del conjunto, en la que el recurso a la lógica presta argumentos al ángel caído, que mantiene el pasmo página tras página ante la tozuda ingenuidad humana.</p>
<p>“La autobiografía de Eva” es la parte salvable de una sección acertadamente denominada “Apuntes”, sin que por ello se libre de la fragmentariedad. En ella no sólo se burla de la lógica, ciencia que acababa de utilizar para aniquilar los postulados de la religión cristiana, sino también de la ciencia y del machismo que deja a la mujer en casa, con la pata quebrada. Ella y su marido no son sólo los primeros humanos, también (necesariamente) los primeros científicos, si bien su método es aún imperfecto y concluyen que el agua está formada por átomos de hidrógeno, oxígeno y leche. Aunque el objetivo dde Twain sigue siendo desnudar la incoherencia religiosa y el mito del Edén, al reseñar la sorpresa de la pareja original cuando descubren, en el curso de una de sus investigaciones, que los leones y los tigres son carnívoros, sólo que en el Paraíso están obligados a atiborrarse “de fresas y cebollas”, que no terminan de sentarles bien del todo.</p>
<p>Remata el conjunto una curiosa e hilarante carta celestial que la burocracia angelical dirige a Abner Scofield, “comerciante de carbones”. En ella se le informa del estado de sus cuentas morales con el cielo, con los premios y concesiones que el Cielo tiene con quien parece un buen cristiano (un “cristiano profesional”, de hecho). Se trata de una pieza brillante de paródico estilo administrativo, que centra ahora sus dardos no en la religión, sino en el falso creyente que pretende servirse de la oración para obtener ventajas y beneficios. Sin embargo, como toda sátira, esta carece de toda intención reformista. La sátira se destina al correligionario, que es quien puede reírse con esas bromas, pero carece de efecto sobre el blanco de las saetas. Nadie que sea objeto de burla, aunque tal burla tenga un objeto educativo, va a reconocerse en ella, y por ello el esfuerzo de Twain fue inútil, o en todo caso onanista. Twain afiló su ironía con el tajador de la lógica, pero ante la lógica la religión interpone el muro infranqueable de la Fe. Así pues, la obrita de Twain es ilustrada, pero no irreverente, porque en materia de religión no cabe la irreverencia, ni la blasfemia, si no las lleva a cabo un creyente insatisfecho.</p>
<p><a title="Ficha de Los escritos irreverentes" href="http://www.impedimenta.es/ficha.php?id=56" target="_blank">Ficha del libro en Impedimenta</a></p>
<p><strong>Cordero, de Christopher Moore</strong></p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" title="Cordero, de Christopher Moore" src="http://i55.tinypic.com/2rxwozt.jpg" alt="" width="150" height="233" />La nueva novela de Moore, que narra los años desconocidos u oscuros de Jesús (entre su nacimiento y su muerte, como se sabe) es francamente divertida. Todas las novelas de Moore son sólo eso, francamente divertidas. Pero me gusta el efecto que produce un hombre adulto y barbado riéndose a carcajadas, en un lugar público, con un libro en la mano. Si hay un acto inconformista que uno pueda hacer sin jugarse el pescuezo, es este.</p>
<p>La irreverencia de Moore se reduce a meterse con los ángeles (o con uno de ellos), pero eso ya lo ha hecho antes (<a href="http://www.lafactoriadeideas.es/catalogo/libro.asp?referencia=LFL20007" target="_blank"><em>El ángel más tonto del mundo</em></a>); en cambio, su imagen de Jesús es bastante convencional, aunque aprenda artes marciales y faquirismo. La anécdota de la novela es el viaje de Jesús y su mejor amigo Colleja a Oriente en pos de una respuesta a una pregunta muy humana: ¿para qué estoy aquí? El irreverente, de los dos, es Colleja, quien es resucitado en nuestra época para que escriba su Evangelio, dado lo insatisfactorio de los cuatro aprobados por la Iglesia (Evangelios canónicos). Pero no vaya a esperar el lector un Jesús <a href="http://www.decine21.com/Peliculas/La-ultima-tentacion-de-Cristo-4087" target="_blank">libidinoso</a>, violento o, como sostienen algunos, <a href="http://veritas-49.blogspot.com/2010/06/los-secretos-del-golgota.html" target="_blank">terrorista (zelote)</a>; ni siquiera es el Jesús de los <a href="http://es.catholic.net/temacontrovertido/161/1581/articulo.php?id=5508" target="_blank">Evangelios apócrifos</a>, casado y con hijos (aunque sí tiene hermanos).</p>
<p>Concentrando la irreverencia en Colleja, Morre escribe una novela irreverente que deja a salvo a Jesús de Nazaret, no tanto a las iglesias que dicen representarlo, y crea en el fiel amigo de Cristo un personaje entrañable, no tan gilipollas como le consideran los demás y superlativamente gracioso. Como el mismo autor reconoce, no pretende inducir la duda en las convicciones de nadie, no espera que ocurra y, si ocurre, no será tanto culpa suya como del lector inseguro de su fe. Lector que haría bien en tomarse esto como un buen chiste bien contado, porque no hay mucho más, aunque se le pudiera pedir.</p>
<p><a title="Ficha de Cordero" href="http://www.lafactoriadeideas.es/catalogo/libro.asp?referencia=LFL20041" target="_blank">Ficha del libro en La Factoría de Ideas</a></p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 420px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal;"><strong>Los escritos irreverentes, de Mark Twain</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">Él no creyó que se pudiera publicar, y su hija Clara no creyó que debiera publicarse, pero hete aquí  la sátira bíblica de Mark Twain, y hasta bien traducida al castellano por gentileza de Gabriela Bustelo y Enrique Redel, editor de la magnífica Impedimenta. </span></span><em><span style="font-weight: normal;">Los escritos irreverentes</span></em><span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;"> no son un conjunto uniforme sino, pese a los esfuerzos de Bernard DeVoto (responsable de la primera edición en inglés que sigue Impedimenta) un irregular amasijo de textos paródicos que padece esta situación tanto como disfruta de la rutilante inteligencia de su creador.</span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;">No podía faltar, en la obra del gran satírico de un siglo eminentemente puritano, la demoledora burla de las flagrantes incoherencias religiosas; mas, bien por temor a la reacción del público o por dedicación insuficiente, alumbró Twain una obra inacabada, fragmentaria y, a ratos, mediocre. Por pasar ya el mal trago, el libro se estructura en tres partes (sin contar con la correcta Introducción a cargo de la traductora) de longitud, aspecto y alcance desigual: “Las cartas de Satán desde la Tierra”, “Los apuntes de la familia de Adán” y “Carta desde el Cielo”, siendo la mediana la medianía, a excepción de “La autobiografía de Eva”. Referida ya la sección que podemos esquivar, sin más explicaciones (fíense de mi criterio o pierdan el tiempo, a su elección), pasemos a las partes que hacen pertinente esta traducción y la presencia del título en los catálogos editoriales más allá de la celebridad del autor.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;">Satán, un personaje tantas veces simpático aunque tan sólo sea por llevar la contraria, es bajo la pluma de Twain un sarcástico subalterno de Dios, primo lejano del Usbek de Montesquieu. Ha viajado a la Tierra para conocer de primera mano el último capricho del Señor: el hombre. Desde nuestro mundo escribe cartas a sus colegas arcángeles, sin perder comba a la hora de burlarse de las prácticas y creencias piadosas del hombre, desde la recreación de un Cielo carente de todos los placeres humanos pero abundante en tormentos, a su idea de Dios, un ser que les fustiga con incansable crueldad pero a quien ellos se resisten a culpabilizar y, por el contrario, idealizan en la forma benéfica que todos conocemos. Es la pieza más demoledora y explícita del conjunto, en la que el recurso a la lógica presta argumentos al ángel caído, que mantiene el pasmo página tras página ante la tozuda ingenuidad humana.</p>
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<p style="margin-bottom: 0cm;">“<span style="font-style: normal;"><span style="font-weight: normal;">La autobiografía de Eva” es la parte salvable de una sección acertadamente denominada “Apuntes”, sin que por ello se libre de la fragmentariedad. En ella no sólo se burla de la lógica, ciencia que acababa de utilizar para aniquilar los postulados de la religión cristiana, sino también de la ciencia y del machismo que deja a la mujer en casa, con la pata quebrada. Ella y su marido no son sólo los primeros humanos, también (necesariamente) los primeros científicos, si bien su método es aún imperfecto y concluyen que el agua está formada por átomos de hidrógeno, oxígeno y leche. Aunque el objetivo dde Twain sigue siendo desnudar la incoherencia religiosa y el mito del Edén, al reseñar la sorpresa de la pareja original cuando descubren, en el curso de una de sus investigaciones, que los leones y los tigres son carnívoros, sólo que en el Paraíso están obligados a atiborrarse “de fresas y cebollas”, que no terminan de sentarles bien del todo. </span></span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;">
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;">Remata el conjunto una curiosa e hilarante carta celestial que la burocracia angelical dirige a Abner Scofield, “comerciante de carbones”. En ella se le informa del estado de sus cuentas morales con el cielo, con los premios y concesiones que el Cielo tiene con quien parece un buen cristiano (un “cristiano profesional”, de hecho). Se trata de una pieza brillante de paródico estilo administrativo, que centra ahora sus dardos no en la religión, sino en el falso creyente que pretende servirse de la oración para obtener ventajas y beneficios. Sin embargo, como toda sátira, esta carece de toda intención reformista. La sátira se destina al correligionario, que es quien puede reírse con esas bromas, pero carece de efecto sobre el blanco de las saetas. Nadie que sea objeto de burla, aunque tal burla tenga un objeto educativo, va a reconocerse en ella, y por ello el esfuerzo de Twain fue inútil, o en todo caso onanista. Twain afiló su ironía con el tajador de la lógica, pero ante la lógica la religión interpone el muro infranqueable de la Fe. Así pues, la obrita de Twain es ilustrada, pero no irreverente, porque en materia de religión no cabe la irreverencia, ni la blasfemia, si no las lleva a cabo un creyente insatisfecho.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;">
</div>
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		<title>El mundo bajo los párpados, de Jacobo Siruela</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Apr 2011 09:11:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>
		<category><![CDATA[Atalanta]]></category>
		<category><![CDATA[ensayo]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Jacobo Siruela]]></category>
		<category><![CDATA[literatura y ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[sueños]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Siempre están ocurriendo cosas, eso es indudable, pero pareciera que en este comienzo de 2011 se han acumulado hechos históricos como para una buena temporada. Y no me refiero sólo a la sobreabundancia de Clásicos, que arrancan este sábado, sino a las revueltas libertarias del mundo árabe (a las que no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Siempre están ocurriendo cosas, eso es indudable, pero pareciera que en este comienzo de 2011 se han acumulado hechos históricos como para una buena temporada. Y no me refiero sólo a la sobreabundancia de Clásicos, que arrancan este sábado, sino a las revueltas libertarias del mundo árabe (a las que no estamos prestando la atención debida) y al maremoto de Japón o al Anuncio de Zapatero. Si el mundo se termina el año próximo, como dicen los mayas, debe estar entrenándose para la inusitada actividad que deberá acometer en apenas unos meses. Mientras el fin llega me inquietan más mis crisis intrahistóricas, mi inadecuada gestión del tiempo; me lo advirtieron, que los bebés no aman la literatura, pero no lo creí suficientemente. Ahora lo pago con angustia, pero de alguna extraña manera compensa. El misterio de la paternidad.</em></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://i54.tinypic.com/25yvyfn.jpg" alt="" width="465" height="349" /><br />
<strong>El mundo bajo los párpados</strong></p>
<p>Todos tenemos uno, o dos, sueños recurrentes, que se nos presentan bajo apariencias diversas mientras dormimos o durante la vigilia. Soñamos con ese objeto o esa persona que nos obsesiona, con ese recuerdo lejano, ya casi olvidado, con ese futuro que no, no puede ser verdad. Estamos familiarizados con los sueños, porque todos, más o menos, soñamos. Sin embargo, nuestra conciencia moderna tiende a menospreciarlos. Nos han enseñado que los sueños vienen a ser los pedos de la digestión del cerebro, que, como el <em>déjà vu</em>, consisten meramente en errores del sistema nervioso y no dicen apenas nada de lo que somos, o de lo que nos rodea. Pero no siempre fue así. Los sueños guiaron los pasos de los imperios del pasado, y son conocidos los casos de científicos que soñaron la respuesta a sus problemas, como Kekulé; muchos individuos en el mundo antiguo y no tan antiguo se guardaban de dar un paso sin antes haberlo soñado, pues los sueños eran mensajes divinos que había que atender necesariamente, porque los dioses no hablan solo por parlotear, como un familiar al teléfono.</p>
<p><em>El mundo bajo los párpados </em>es un ensayo que acerca información por lo general de difícil acceso, iniciando el recorrido  precisamente en el olvido general del sueño como vía de conocimiento de la naturaleza humana. Renombrados autores, desde George Steiner o Walter Benjamin hasta Borges, han pedido una historia de los sueños que, sin embargo, está por hacer (y no es lo que se propone Siruela, sino más concretamente una “fenomenología de los sueños”); y eso que ya Hegel decía que “si reuniéramos los sueños de un momento histórico determinado veríamos surgir una exactísima imagen del espíritu de ese periodo” (p. 14). Material para acometer tal empresa abunda, nada más hay que reparar en la extensa bibliografía manejada por el autor, pero el problema es de índole epistemológica: no se concede al sueño derecho a formar parte de las fuentes del conocimiento.</p>
<p>Estamos dejando de lado uno de los caminos junto con la experiencia sensible, las emociones y la razón, de acercarnos a la complejidad de lo real y, especialmente, a nuestra propia complejidad. Así pues, los sueños vendrían a ser una ventana, durante largos años ciega, a nuestro interior y, a través de ahí, a la vastedad del cosmos. Hoy sabemos (creemos) que el universo es multidimensional y que el tiempo puede ser simultáneo, y eso no son fantasías cuartomilenarias de locos o necios o estafadores, sino “verdades” de la ciencia más avanzada. Y el mundo onírico tiene algo que decir al respecto. En la parte cuarta del ensayo Siruela hace referencia a los sueños premonitorios, uno de los fenómenos oníricos que todos queremos probar por cuanto tiene de fantástico y misterioso (y todos querríamos que Hipnos dictara los números del Euromillón, pero resulta que no funciona así). La precognición onírica está abundantemente documentada, pero el racionalismo grosero ha insistido en arrinconarla bajo el epígrafe de “hechos debidos al mero azar”. Sin embargo, grandes cabezas como la de Schopenhauer o la de Jung reconocieron que se daban con suficiente asiduidad como para intentar, al menos, explicar su existencia. Los sueños premonitorios informan acerca de la estructura del tiempo, si queremos creerlo.</p>
<p>La fenomenología del sueño muestra casos numerosos de sueños premonitorios, pero también de sueños compartidos y de de sueños inspiradores. Ello “nos sumerge en una especie de &lt;&lt;realidad poética&gt;&gt; que borra los límites habituales del mundo” (p. 28). El escéptico, sin embargo, tiene todas las armas del mundo contra esta aseveración. Por cada Cromwell que soñó, de niño, que sería rey de Inglaterra, un millar de Smiths también lo soñaron (pero, al seguir de herrero toda su vida, nunca trascendió); por cada dios que contó en sueños a Aníbal la gran estrategia de su ataque, diez generales le aconsejaron  que informara de sus planes a las tropas como si hubiera soñado, a fin de que lo tuvieran en mayor consideración. A pesar de todo, ante un cambio de paradigma (que se viene esperando desde hace cien años pero no termina de llegar) el escéptico, es decir el inamovible, suele disponer de los mejores arsenales para acabar repitiendo la hazaña de Saigón. Siruela, en la línea de Jung y de otros autores citados en el libro, propone iluminar de nuevo el mundo con una luz quizá espectral, pero perfectamente natural en cuanto que surge de nuestro yo más íntimo (y con la que los antiguos se alumbraron sin menoscabo). “Sin embargo, nuestra cultura extrovertida vuelve la espalda a este hecho y deja que la inmensa riqueza que atesora la noche se pierda en la intempestiva sombra del olvido” (p. 64).</p>
<p>El volumen consta de cinco partes, pero a donde parece querer llegar el autor es a la última. La muerte es el territorio ignoto por antonomasia, el lugar inaccesible que todos quieren explorar, eso sí, con billete de retorno. Desde los tiempos más antiguos se asocia el dormir y el morir; así, en la mitología griega el sueño (Hipnos) y la muerte (Tánato) son gemelos, subterráneos y vecinos. A todos nos ha asaltado alguna vez la inquietud ante un rostro dormido, por la semejanza del durmiente con el muerto. Y es que el sueño (como el orgasmo, <em>la petite mort</em>, léase a Julius Evola si hay valor) es, analógicamente, un “morir en vida”, algo que formaba parte de la experiencia vital de los antiguos y les facilitaba el tránsito hacia el más allá.</p>
<p style="padding-left: 30px;">“La huida constante de la muerte es la evidencia más sangrante del fracaso existencial del mundo moderno. El gran espíritu extrovertido, impulsor de las más brillantes conquistas del conocimiento, contrasta vivamente con la falta de sentido que se respira en todo el mundo que ha creado, y el punto en el que confluyen todas las coordenadas de esa dolorosa pérdida de significado se condensa en la ansiedad que produce esperar la muerte. Sin una visión espiritual de nuestra condición perecedera, la vida gira ciegamente sin eje. Los sueños del ego crecen, se multiplican, y se hacen tan grandes y ocupan tanto lugar que no dejan ningún espacio de silencio para iniciar siquiera un diálogo con nuestro ser interior, que se encuentra en la otra orilla, allí desde donde brotan los mitos, los sueños y las experiencias íntimas con la <em>otredad</em>. Vestigios de una consciencia opaca, subyacente y atemporal. Nada de lo que cuenta ésta ofrece la más mínima certidumbre empírica, sin embargo, está llena de <em>sentido</em>, pues proclama una verdad interior que sólo el alma puede entender” (p. 307).</p>
<p style="padding-left: 30px;">
<p>Las ideas expuestas en <em>El mundo bajo los párpados me </em>han resultado tan impactantes como sugerentes. Por un lado me resisto a abandonar posturas que reconozco como sencillamente cómodas. Es cierto que la ciencia deja espacios ignotos en donde no puede ofrecer respuesta. No obstante, ha acreditado su capacidad de responder a las inquietudes del ser humano, ocupando progresivamente los viejos agujeros, mientras en su expansión va creando nuevas oquedades que, temporalmente, se rellenan con otras explicaciones. Por otro lado, la necesidad emocional de encontrar un “algo más” a la realidad, que comparto, se ve satisfecha con la propuesta no dogmática ni fantástica, sino racional, flexible y equilibrada, que Jacobo Siruela desgrana en este ejercicio de erudición e ilusión que no puedo menos que recomendar a toda mente inquieta y no monolítica.</p>
<p><strong>Sobre el libro:</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0.5cm;">Elegido entre los diez mejores libros 2010 de la revista &#8220;Qué leer&#8221;.<br />
Elegido en segundo lugar en el apartado de ensayo de los mejores diez del 10, de &#8220;Babelia&#8221;, El País.<br />
En séptimo lugar en la lista de los destacados de 2010 del periódico Reforma de México.</p>
<p style="margin-bottom: 0.5cm;"><a href="http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=59" target="_blank"><em>El mundo bajo los párpados</em></a>, Jacobo Siruela, ed. Atalanta. 352 págs., 23 €</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 2262px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">
<table border="0" cellspacing="15" cellpadding="0" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td class="linkRed" width="70%" valign="top">
<p class="linkRed  style3">Imaginatio vera</p>
</td>
<td class="linkRed" valign="top">14&#215;22<br />
Cartoné<br />
352 págs<br />
23,00 euros</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Elegido entre los diez mejores libros 2010 de la revista &#8220;Qué leer&#8221;.</p>
<p>Elegido en segundo lugar en el apartado de ensayo de los mejores diez del 10, de &#8220;Babelia&#8221;, El País.</p>
<p>En séptimo lugar en la lista de los destacados de 2010 del periódico Reforma de México.</p>
</div>
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		<title>El otro fuego, de Inés Mendoza</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Jan 2011 09:45:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuño Vallés</dc:creator>
				<category><![CDATA[El dinosaurio que estaba allí]]></category>

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		<description><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div>Written by: Nuño Vallés Vale, esto no se actualiza como debiera. Mea culpa. Yo mismo no me actualizo como debiera, es verdad. Tengo propósito de enmienda y hasta algo de energía. En este tiempo he visto con interés decreciente The Walking Dead, tengo gran simpatía por los muertos vivientes, quizá porque me he criado viendo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="post_author_plugin_cat"><span class="post_author_author">Written by:  Nuño Vallés </span></div><p><em>Vale, esto no se actualiza como debiera. Mea culpa. Yo mismo no me actualizo como debiera, es verdad. Tengo propósito de enmienda y hasta algo de energía. En este tiempo he visto con interés decreciente </em>The Walking Dead<em>, tengo gran simpatía por los muertos vivientes, quizá porque me he criado viendo cine estadounidense, en el que los malos siempre son zombis. He leído revistas atrasadas y terminado </em>El mundo bajo los párpados<em>. M</em>e<em> cargaré la caja &#8220;Leyendo&#8221;, porque está ahí muchas veces para nada, porque debería ser actualizada convenientemente y no lo hago y no lo haré, me conozco. También la publicidad. No la quiero y no produce, nunca estuve convencido de ponerla. ¿Qué más? Me encanta la ley &#8220;antitabaco&#8221;. Ahora puedo tomarme un café sin respirar humos ponzoñosos (de tabaco, de automóvil por ahora no hay escapatoria) ni apestarme la ropa y puedo observar desde las alturas de la victoria una polémica nada inesperada pero no por ello menos estrambótica. Aunque tampoco puedo dejar de pensar en el relato de Yasutaka Tsutsui, &#8220;El último fumador&#8221; (recogido en </em>Hombres salmonela en el planeta Porno<em>, Atalanta, 2008).</em></p>
<p><em><img class="aligncenter" src="http://i54.tinypic.com/263zsx4.jpg" alt="" width="460" height="368" /><br />
</em></p>
<p><strong>El otro fuego</strong></p>
<p>Resulta intimidatorio, a la hora de reseñar un texto, que este ya haya sido comentado por alguna lumbrera; si ese comentario acompaña, como es el caso, el volumen a reseñar, de forma que el lector (del comentario) no puede obviar la duplicidad de las valoraciones, y tampoco evitar comparar la puntería y pertinencia de las mismas, entonces el segundo opinador, sin duda ninguna mucho menos refulgente que el primero, se encuentra ante un difícil reto que puede llevarle a embrollarse como en el presente párrafo, arriesgarse con sintaxis forzadas y puntuación discutible, y hasta con afirmaciones defensivas temerarias, como la que sigue: por fortuna, Eloy Tizón ha escrito un prólogo convencional, de puro trámite, que lo mismo habría servido para este volumen que para otro cualquiera, y cabe preguntarse por qué puso su talento al servicio de un desinterés tan injusto, si es que fue tal, o si por el contrario le salió así sin más, pues hasta las lumbreras pueden tener un mal día, digo yo, que no lo soy y no puedo imaginar cómo sería de serlo.</p>
<p><em>El otro fuego </em>contiene dos tipos de relatos. El segundo grupo lo conforma un puñado de piezas que, por encima de todo, sirven para demostrar la variedad de registros y recursos de la autora, desde el minitexto poético y la alegoría al relato distópico. Bravo y olé. Pero no son esos los que harán mella en el lector, al menos no en éste. Son los otros, los que aluden al “otro fuego” del título, los que contienen el aliento literario de la obra. El otro fuego, ese ardor secreto, tan familiar y tan ignorado, que de cuando en cuando nos recuerda que pudimos haber llevado otra vida, más intensa, más plena, quizá más feliz, “El fuego rutilante de una luz de bengala que se enciende y se apaga cada día” (p. 24). A sus personajes les quema su vida corriente y gris, les quema el ansia de cambiar, y el fuego es maestro a la hora de alterar el estado de los elementos sobre los que actúa.</p>
<p>No deja de ser una imagen común la del fuego como pulsión interior, pero no por ello pierde vigor. Fuego o alma, ardor o anhelo de otra vida, insatisfacción esencial que ha de resolverse en el aniquilamiento del individuo y su posterior resurrección. El tedio ante una vida distinta a la soñada es una de las fuentes por antonomasia de la literatura; fue lo que impulsó a don Alonso Quijano, o Quijada, o Quesada, a forrarse de metal y echarse a los polvorientos caminos de Castilla; fue lo que llevó a Anna Bovary de abrazo en abrazo en pos de un amor imposible. Dentro de estos personajes insatisfechos ardía el otro fuego, el que consume sin inmutarse los bocados cotidianos sin ver calmado su apetito, antes bien, sintiéndolo crecer.</p>
<p>Ese fuego, que para Tizón puede ser la literatura (p. 10, “En el cofre más recóndito de todos está la literatura, ese otro fuego”), para la editorial Páginas de Espuma es “el otro fuego de la búsqueda, del dolor, la imperiosa llama del deseo: el fuego alquímico de la transformación”. Ambos tienen razón, claro, pero es más concreta la contracubierta, ese pringoso anzuelo, pues el fuego al que Mendoza hace referencia es ese que debe arder en nuestro interior y que lo mismo nos hizo inventar la rueda, reglar la vida monástica, cruzar el océano sobre un cascarón de nuez o escribir <em>El otro fuego</em>. A este respecto, el relato paradigmático es “Origami”, que se abre con una cita de H. G. Wells: “No hay inteligencia allí donde no hay cambio ni necesidad de cambio”. Su protagonista y narrador es uno de estos personajes insatisfechos, pero no aplacados: “Me he despertado muchas madrugadas con la sensación de ser un fantasma en mi propia vida, sintiéndome un cobarde, un fracasado, maldiciendo en secreto cada día que me amenaza con su rutina cándida y glacial” (p. 27). En cambio, por la noche -cuando desaparecen las rutinas- es diferente, está activo y creativo. Duerme a ratos, mas la presión social -lo cotidiano, las rutinas- viene aquí marcada por la exigencia de familia y amigos de tener “un sueño reparador”, aunque hasta ese momento no lo necesitó y estaba satisfecho con su forma de dormir.</p>
<p>En su noche epifánica reina una simbólica niebla. Por una vez decide salir al mundo nocturno, y al hacerlo rompe con la cotidianidad: no reconoce su ciudad, se ha dejado las llaves en casa y no puede volver; se siente amenazado, huye aunque no hay peligro -como el recién nacido que llora al salir al mundo-. Descubre que la ciudad tiene su propia vida nocturna, al margen de la cotidianidad diurna. Y en ese mundo nuevo descubre a su doble -un recurso, el del doppelgänger, al que la autora recurre varias veces en el libro-, un origamista de mercadillo que quizá lleva la vida que él quiso llevar. El fuego, que era apenas un rescoldo próximo a extinguirse por las pautas de la vida burguesa, ha prendido en una llama tímida pero viva.</p>
<p style="padding-left: 30px;">“Y aunque el viento intentaba, una y otra vez, apagar la llama con toda su furia invisible, esa 	luz seguía alumbrando la penumbra, como el amanecer ilumina a pesar de todo, la oscuridad 	de los ciegos” (p. 100).</p>
<p><strong>Sobre Inés Mendoza</strong></p>
<p>Inés Mendoza es arquitecta y escritora. Nació en Venezuela, aunque  reside en Madrid desde hace diez años. Ha colaborado con artículos,  reseñas y relatos en medios nacionales e internacionales de prensa  (Copenague, Chicago, Caracas, Madrid) y en publicaciones especializadas  de arquitectura.<br />
Su trabajo como cuentista ha sido galardonado en el XI Concurso de  Narraciones Cortas Villa de Torre Pacheco 2004 y en el Concurso  Internacional de Cuento Casa de Teatro 2005, entre otros.<br />
También ha sido incluida en las antologías Voces Nuevas (Caracas, 1995),  Tifoidea y otros cuentos” (República Dominicana, 2005), y Parábola de  los Talentos (Madrid, 2007).</p>
<p><a href="http://www.conoceralautor.com/autores/ver/NDQy" target="_blank">http://www.conoceralautor.com/autores/ver/NDQy</a></p>
<p><strong>Sobre <em>El otro fuego</em></strong></p>
<p><img class="alignleft" style="margin-right: 5px; border: 0px;" src="http://i55.tinypic.com/6zotht.jpg" alt="" width="150" height="240" />&#8220;Definitivamente, el protagonista de este primer  libro de cuentos de Inés   Mendoza es el fuego. ¿Cuál fuego? el fuego de  la búsqueda, del dolor,   la imperiosa llama del deseo: el fuego  alquímico de la transformación.<br />
Sus   personajes, verdaderos militantes de aquel grito  del Romanticismo   histórico que reclamaba el reencantamiento urgente  del mundo, no son   seres pasivos a los que “les ocurren” cosas  inusuales, sino que tienden a   convertirse, más bien, en rastreadores  del oro del cambio, hombres y   mujeres que fuerzan los confines de lo  posible tras el temblor de una   realidad otra. Toda una galería de  personajes y universos, acompañados   por una atmósfera turbadora y por  el vigor lírico de la alusión,   contribuyen a crear la poética del  ímpetu que atraviesa esta colección   de cuentos. Una poética que se  aleja de la fórmula de “lo fantástico”,   para endeudarse con el rico  legado simbólico del Romanticismo y el clima   mágico de la literatura  latinoamericana.<br />
El otro fuego es un libro   habitado por lo nocturno, la  rebeldía, la nostalgia del infinito y el   fulgor de lo imaginario. Y  también por lo único que, según dijo Oscar   Wilde, ha de buscar el arte  en cualquier época: la excepción y la   intensidad.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.ppespuma.com/" target="_blank">http://www.ppespuma.com/</a></p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 1805px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">Inés Mendoza es arquitecta y escritora. Nació en Venezuela, aunque  reside en Madrid desde hace diez años. Ha colaborado con artículos,  reseñas y relatos en medios nacionales e internacionales de prensa  (Copenague, Chicago, Caracas, Madrid) y en publicaciones especializadas  de arquitectura.</p>
<p>Su trabajo como cuentista ha sido galardonado en el XI Concurso de  Narraciones Cortas Villa de Torre Pacheco 2004 y en el Concurso  Internacional de Cuento Casa de Teatro 2005, entre otros.</p>
<p>También ha sido incluida en las antologías Voces Nuevas (Caracas, 1995),  Tifoidea y otros cuentos” (República Dominicana, 2005), y Parábola de  los Talentos (Madrid, 2007)</p></div>
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