May 24

Días grises, de Guillem March

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , 24/05/2010

El miedo infantil, y muchas veces no tan infantil, a la oscuridad, nace de nuestros mermados ojos. Órganos capaces de distinguir millones de colores -pero menos que los producidos por el último televisor de las ofertas-, de calcular distancias con precisión, fueron diseñados para tomar frutas de los árboles, mas no para distinguir formas en la noche. No somos cazadores nocturnos: la evolución nos creó presas; mas nos dotó con una defensa que ha terminado siendo más afilada que las garras y colmillos de los leopardos que nos cazaban. Son los felinos los que tanto deben temer de nosotros, que en cambio dormimos plácidamente en mullidos colchones de viscolátex, en la calma de nuestros silenciosos pisos; igualmente en la altura, pero ya no en frágiles y expuestas ramas. Y, sin embargo, ese crujido del parqué, esas monedas que caen del bolsillo del pantalón sobre nuestras cabezas, una súbita ráfaga de viento en la persiana… Despertamos helados, sudorosos, sobrecogidos. Todo es negrura a nuestro alrededor. La respiración sólo recuperará su ritmo con la llave de la luz en la mano. El familiar tono anaranjado de la bombilla incandescente. A pesar de nuestra posición cenital en la cadena trófica, de la cuarta planta, de la puerta blindada, dormidos seguimos siendo vulnerables.

El sueño, tan deseado, tan placentero, es uno de nuestros puntos flacos. Buena parte de la ficción de terror ha jugado con esa indefensión del durmiente. El mal nos penetra desde los sueños, y eso no lo descubrió Wes Craven con su Freddy Krueger. Muchas fantasías románticas ya lo habían empleado, pero ese miedo es atávico. Los demonios y espíritus penetran nuestros sueños en todas las culturas, desde siempre. Y sin embargo dormimos. Todo este temor es ridículo si lo oponemos a otro mayor, el de no dormir. Brad Anderson compuso un aterrador relato del insomnio, soberbiamente interpretado por Christian Bale en El maquinista: su cuerpo aniquilado ya no es digno de confianza, su mente soñolienta se llena de fantasmas. Esa vigilia forzosa y sus fantasmas atormentan a David, protagonista de Días grises, que no es el último trabajo de Guillem March, pero sí es el último que yo he leído.

Lo mismo que el Reznik de Bale, David no puede dormir, en este caso por una apnea del sueño que le provoca pesadillas. Unas pesadillas que, como en las culturas antiguas, son advertencias u oráculos que le informan sobre aquello que la vigilia le esconde. Una llamada del inconsciente. Agotado, sus sistemas defensivos se agudizan. Sospecha, luego está despierto. Aquellos apoyos cotidianos, su mujer, su amigo Martín, empiezan a tomar el perfil de una amenaza. Mientras su cuerpo y su mundo se derrumban, su mente tampoco es capaz de sostenerse. Cuando las fronteras de la realidad y la ficción se empiezan a borrar el yo desaparece. La conciencia necesita distinguir con claridad entre lo real y lo irreal para sostenerse, de otro modo se abandona, o trata desesperadamente de sobreponerse, mas no sabe ya dónde apoyarse. Cuando sueño y vigilia se entremezclan, David se hunde en arenas movedizas.

Esta historia de Guillem March es muy diferente a todo lo que había producido con anterioridad. Por un lado estaban sus piezas humorísticas, como las recopiladas en Haciendo amigos y que habían ido apareciendo en Dolmen. Por otro, estaba el costumbrismo de sus féminas, Sofía, Ana, Victoria y Laura (ésta no ha llegado a mi reptiliana guarida), todo delicadeza y perspicacia emocional, y sin faltar ese elegante erotismo que llamó la atención de Playboy. Días grises está protagonizado, en cambio, por un personaje masculino, y masculino es el mundo que describe. Personalmente me ha sorprendido esa intensidad, también en el dibujo, ese realismo sucio, todo ello muy diferente del realismo cotidiano y de la melancolía de sus “chicas”. Días grises mantiene en vilo de un modo distinto pero igualmente efectivo, apoyándose no la emoción sino en la acción, pero manejando la psicología de sus personajes otra vez con maestría.

No siendo un gran lector de cómics, respeto mucho esta forma autónoma de ficción; y, de los autores españoles que conozco, Guillem March es mi preferido -aunque hace unos años no habría dudado en gritar ¡Ibáñez!-. La pena es que haya alcanzado tanto éxito como para ser requerido por el mainstream, y ahora sea dibujante de Batman y Sirens por delante de su propia creación. En cualquier caso, le ruego que, de cuando en cuando, nos deje caer perlas como Días grises y, aún mejor, otra de sus chicas. O que nos vuelva a dejar de piedra con algo totalmente diferente.

Días grises, ed. Dolmen, 48 págs. 14 €

Página personal de Guillem March

Blog de Guillem March

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May 10

UN GEEK EN JAPÓN vs. APUNTES DE JAPÓN: HAJIME!

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , , , , 10/05/2010

Como aperitivo ante la publicación de Momentos, el segundo libro de Héctor “Kirai” García -que espero poder reseñar en el Confi próximamente-, he vuelto sobre el primero de los suyos y otro muy parecido, Apuntes de Japón, las experiencias de dos otakus del Japón. Dos españoles que, por caminos diferentes, acabaron en el País del Sol Naciente y se tomaron la placentera molestia de contar sus experiencias y aprendizajes a través de sendos blogs, Kirainet y Nipoweb, ambos exitosos. Sus autores, Héctor “Kirai” García y Marc Bernabé, cuyo nombre sonará seguro a los aficionados al manga.

Por mi parte, soy seguidor de Kirainet, lo leo -casi- todos los días. He podido “probar” -creo que imaginarlo es suficiente, y de todas maneras Kirai es bastante gráfico con estas cosas- la Pepsi de pepino, o el refresco de chocolate -el tono de su voz en el vídeo de Youtube transmite tanta información como las papilas gustativas-, entre tantas otras curiosidades niponas, que no merecen sino la denominación de “frikadas”. Nipoweb es ahora un lugar para la promoción de los libros de Bernabé, pero su blog Mangaland es uno de los mejores lugares de la red para adentrarse en el universo manga. No he tenido ocasión de leer la narración original del año mundialista de Bernabé -Japan Times Yokohama-, ni del en Kioto -Japan Times Kioto-, y si alguien sabe dónde encontrarlos, se lo agradeceré. También es un buen camino para adentrarse en los vericuetos de la mentalidad japonesa.

Empecemos por el más antiguo, Apuntes de Japón, subtitulado Diario de un traductor de manga en el Mundial 2002, y con eso se ha dicho mucho. El autor, Marc Bernabé -y la coautora, Verónica Calafell- son conocidos traductores de manga y anime -Dragon Head, Crayon Shin-Chan, Love Hina- que, con motivo de la celebración del 17º Mundial de Fútbol recaló en Japón, como intérprete para los organizadores de Yokohama, una de las sedes -y de la finalísima-. Durante una estancia previa en Kioto, como estudiante, había publicado ya un primer diario digital, denominado Japan Times Kioto, aunque de ámbito restringido, vía e-mail a amigos y familiares. Este relato acabaría en la red igualmente, y traducido al castellano -el original fue redactado en catalán- gracias al esfuerzo e interés de los fans; quienes además consiguieron, con sus visitas reiteradas, llamar la atención de Glènat quien propuso a Bernabé la publicación de su diario en formato impreso.

Un geek en Japón tiene el mismo origen. Héctor García, como tantos prometedores profesionales españoles, tuvo que marcharse en busca de habichuelas menos rancias que las que sirven por aquí. Primero a Suiza, y al fin a Japón, siendo él “una de esas personas que sienten pasión por Japón y partí hacia allí cargado de preguntas por contestar” (p. 3), poniéndose a la labor en Kirainet. Cualquiera que siga el blog puede dar fe de su esfuerzo por resolver esas inquietudes de una manera concienzuda, pues aunque estar allí “es como vivir en un país alienígena” (p. 3) no se limita a describir las peculiaridades de los aliens nipones, sino que busca su origen y significado cultural. Kirai trata de comprender ese lejano país en el que vive, no resignándose a su lugar soto como gaijin, si bien todos saben lo reticentes que son los japoneses a aceptar a un extranjero en su uchi, su ámbito íntimo. Esa misión tan seria la desempeña, por otra parte, con franca amenidad, con gran cercanía al lector. Eso hizo de Kirainet un éxito instantáneo, recibiendo premios como Mejor Blog en Español 2004 por Bitacoras.com y Mejor Blog Español 2005 por 20Minutos; y su millón de visitas mensual lo colocan como uno de los 1000 blogs más leídos del mundo. No podía tardar una de las competidoras de Glènat en proponerle la impresión del libro, y así Norma puso en circulación la versión impresa del blog.

Son dos libros diferentes, aunque partan de una motivación semejante y broten de la red, de las bitácoras de sus autores, ambas aún en activo, y Kirainet con gran éxito. No es alta literatura de viajes, pero para eso ya tenemos a Kipling. Manejan estilos llanos pero diferentes, y ambos, Bernabé y García, son guías simpáticos y amables que nos prestan su experiencia para permitirnos estar más cerca de un país tan lejano como fascinante y desconocido, pues de él circulan más falsos mitos y topicazos que realidades -por ejemplo, la “huelga a la japonesa”, que en realidad no existe, como se encargan ambos de recordar-. Otra de la coincidencia entre estos dos autores tan “echaos pa’ lante” es su reverencia por Tezuka Ozamu, el célebre creador de Astro Boy y verdadero padre del manga -a quien se deben los ojazos enormes y redondos de los personajes, entre tantas y tantas cosas- y del anime, que no lo inventó él pero le dio la forma que todos conocemos.

Mas ahí cerca acaban las semejanzas. Bernabé escribe sus Apuntes desde Yokohama, aunque como “japonés”, él es más del sur, de Kansai -varias veces señala que le gusta más la gente extrovertida de esa región nipona, antes que los fríos tokiotas, y disfruta del dialecto kansai-ben, que conocerán bien los seguidores de Lovely Complex-; por su parte, Kirai reside en Tokio, la gran capital, crisol de las esencias japonesas y occidentales. A cada uno le llevó a Japón un interés diferente, al primero el idioma, al segundo la tecnología. Además, sus respectivos libros están organizados de modo diferente. Un geek en Japón es más una monografía de cultura japonesa, organizada temática y conceptualmente -hasta los paseos que propone por Tokio son temáticos-, con un aparato gráfico destacable -Héctor García es un apasionado de la fotografía y un buen fotógrafo, además, como se podrá ver en Momentos-. Por su parte, Apuntes tiene una organización diacrónica, pues es realmente el diario del año que Bernabé y Calafell pasaron mientras y durante se organizaba el Mundial. Además de diario, es un libro de viajes, con observaciones al paso, si bien al final de cada capítulo se insertan temas de cultura y sociedad, como anexo. Su apartado gráfico es poco reseñable, con fotografías en blanco y negro, muchas de ellas borrosas.

Lo que nos lleva a diferenciar el tratamiento que ambas editoriales han tenido con sus criaturas. Aunque ninguna es una edición modélica, Norma ha cuidado más la suya, mucho más compleja y rica -con algunos errores llamativos de maquetación- que Glènat, que merece un fuerte tirón de orejas por la casi dejadez con que ha compuesto el libro de Bernabé. También habría que señalar que ambos libros, para buscarlos en una librería, por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender cabalmente, hay que dirigirse a la sección de cómics.

Otra diferencia entre años es cronológica. Bernabé estuvo entre 2001 y 2002, y Kirai llega en 2004, justo para ver la recuperación económica japonesa de esos años hasta la reciente crisis mundial, que ha afectado muy profundamente la economía nipona, que había sustituido el consumo interno por la exportación -como durante el boom Izanagi- y ha visto cómo esta se desplomaba por la falta de liquidez a nivel mundial. Japón vuelve a estremecerse, y los cambios que señalaran Miguel Vidal y Ramón Llopis en Sayonara. Adiós al antiguo Japón no van a hacer más que acentuarse.

La interpretación y valoración de algunas coordenadas culturales niponas difiere en ambos. Así con las costrumbres y el método laboral japonés. Bernabé encuentra, en todo el libro, razones psicológicas superficiales, como en este caso, para explicar la lentitud de la toma de decisiones en las empresas: “ningún japonés quiere asumir responsabilidades en nada por miedo al fracaso” (p. 144). En cambio, Kirai ofrece razones de índole cultural más profundas, en función del kaizen o mejora contínua, que puede parecer exasperante a un occidental, pero para ellos significa que todo va a ir bien -el miedo al fracaso es algo real, por supuesto, pero más antropológico que psicológico: tomar la decisión errónea no supone sólo perder tiempo y dinero, sino traicionar a quienes te instruyeron, a quienes esperan que todo funcione correctamente, a tus compañeros que tendrán que esforzarse más para recuperar el paso y reparar el error-. En el ámbito social, mientras Bernabé se limita a señalar lo estrafalarios de los gals, Kirai les dedica un capítulo, señalando las diferentes tribus de esa “movida” permanente que vive Japón.

La obra de Bernabé, aun con estas limitaciones y siendo las páginas finales casi exclusivamente el relato del Mundial y su organización -algo también interesante, pero en otro ámbito- no se puede despreciar; la experiencia que nos transmite Marc Bernabé de su año japónico y mundialista, un año muy bien aprovechado, es de sumo interés; además, es más amplia que lo recogido en Un geek… Pero, ¿realmente es necesario elegir? ¡Si los libros no son tan caros! (Y si no recuerdo mal uno cuesta 12€ y el otro 16, menos de lo que os gastáis en bebida y tabaco un fin de semana.) Hikiwake! Puede que el libro de Bernabé esté mal editado, y que su relato sea más superficial -me lo parece a mí, que no he estado en Japón y mis referencias son lecturas- pero, juntos, ofrecen una amena introducción que el lector podrá ampliar con otras más académicas, como la espléndida ¿Qué es Japón?, de la Universidad de Extremadura donde, por cierto, se dedica un capítulo al manga que lo pone en su sitio, como cultura popular y como manifestación de la idiosincrasia antropológica de un pueblo.

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Feb 22

Del dinosaurio a la hormiga: Por favor, sea breve 2

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , , 22/02/2010

Todo comenzó con el dinosaurio. No es que no hubiera nada antes, pero el dinosaurio era grande y verde, y llamó la atención de todos. Sin embargo, parece que le quieren extinguir por segunda vez: “Sucede que el dinosaurio está ya en el Parnaso y ha dado origen al reino de la hormiga. Hormigas, hormigas por todas partes, movedizas, dinámicas, textos diminutos que ya no se pueden contar”, (p. 8). El dinosaurio ha hecho el viaje cervantino, entonces, y su nicho literario lo ocupa la nueva criatura que ha identificado Clara Obligado, quien con la primera antología Por favor, sea breve (Páginas de Espuma, 2001) señalara al enorme monstruo que, aunque parsimoniosamente aplastaba los edificios y calles de la ciudad de la literatura, permanecía ajeno a los focos y objetivos de la mayoría.

Ahora, nueve años después, una segunda antología, ya no de dinosaurios sino de hormigas -la evolución es un proceso imparable- viene a dar cuenta de “la última creación, de lo que se está haciendo ahora, en este minuto” (p. 7). Esta colección de textos menguantes hasta la extinción (El fantasma, p. 223) tiene la virtud, entre muchas, de “priorizar textos que sirven como presentación de creadores casi ignotos” (p. 10). Así, junto a saurios consagrados como José María Merino, Ana María Shua, Luis Mateo Díez o Raúl Brasca, hormiguean los Diego Muñoz Valenzuela, Inmaculada Porcel, David Roas, Carola Aikin, para mí algunos de esos ignotos pero deslumbrantes autores.

Dinosaurios u hormigas. Microrrelato, minicuento, minificción. Este es un género que no se decide en cuanto a su nombre, que no se decide en cuanto a su identidad. Sólo sabe que es más o menos breve, pero no se aclara en cuánto. Es un género que, como el Quijote, tiene más páginas “sobre” que “de”. Quizá por eso tenga tantos conflictos de personalidad, con tantos matasanos explorándole. Si ahora ya sabemos que da igual lo que una novela sea, ¿por qué no reconocerle esa condición proteica? Este género “por naturaleza, tiene la ventura o presenta el dilema de no dejarse enjaular”, (p. 9). Y sin embargo, tantos y tantos furtivos persiguen a este dinosaurio u hormiga que no se deja emborrachar.

La literatura es literatura, y lo otro es trabajo de carnicero. Ahora, a veces es difícil resistirse a tomar el cuchillo platónico y separar las cosas por sus junturas naturales. El microrrelato incita a eso, también. Como en un juego de descarte, el lector de dinosaurios u hormigas marca y discrimina no sólo sus preferidos, sino también aquellos que son lo que dicen ser de otros que son otra cosa, poemas, reflexiones, chistes, ocurrencias. En toda antología, hasta en las mejores, en esta también, los hay. Impostores, minitextos ladinos que visten la capa del microrrelato, con méritos diferentes a los del cuento, como Hacerse el muerto de Andrés Neuman. Pero si la antóloga se hubiera puesto tozuda con las doctrinas teóricas, habría privado al lector de reflexiones interesantes y atisbos de profundidad que son también literatura.

Algunos textos me hacen pensar en una nueva etiqueta: ossobuco, solomillo, microfilosoficción. No alcanzan con su sustancia narrativa a ser relatos, pero tampoco son reflexiones estáticas. En la antología hay alguno especialmente bueno, como Narciso (María Inés Mogaburu, p. 163). ¿Ven? No puedo evitar tomar el cuchillo y despedazar. Es una tentación terrible. Como la de aplastar una hormiga que pasa junto a nuestro pie. Eso me recuerda uno de los textos de la antología, La hormiga en el asfalto (José María Merino, p.79). Nunca hay que confiarse.

El pensamiento no es una amenaza, nunca lo es, y para el microrrelato tampoco. Ahora, el género se enfrenta a un enemigo temible, que domina esta época en la que florecen dinosaurios u hormigas: el ingenio. Tantos y tantos aspirantes a microrrelatos son meros chispazos de ingenio, y si bien el ingenio está muy bien en una reunión de amigos, a la literatura debe exigírsele más. A este demonio contemporáneo se le tributa demasiado favor en este mundo apresurado, falto de genio, bien porque su hermano menor le asfixió, bien porque el primogénito se ahogó solo.

Gracias a estas amenazas, reales o no, y a lo esquiva que es siempre la auténtica literatura, la lectura de cualquier libro de microrrelatos, antología o no, adquiere la emoción de la búsqueda. Si, como dice la antóloga, la red sólo puede echarse una vez, este es un río cuyo fondo está sembrado de botas. Pero eso sólo nos pone más hambrientos y hace que, una vez pescado el dinosaurio o la hormiga, nos resulte más sabroso. Aquí hay piezas de lo más suculentas: los seis, que van de la página 100 a la 105, los que componen el subgénero del microrrelato quijotesco (págs. 114, 128), Agujero negro de José María Merino, (p. 97), Las que miran hacia atrás de Pía Barros, (p. 111)… “Para terminar, un consejo para el lector goloso, para la lectora ávida: de la misma manera que no conviene atiborrarse con los bombones de una caja, es mejor leer los textos de uno en uno, lentamente, paladeando matices y diferencias. Este ‘diminuto remolino de palabras’ pide, como el poema, una lectura reposada”, p. 10.

Por favor, sea breve 2. Edición de Clara Obligado. Páginas de espuma. 224 págs. 15 €.

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Nov 26

Alberto Olmos, Premio Ojo Crítico 2009

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , 26/11/2009

En España no son muchos los premios “limpios”, es decir, aquéllos que se dan a obras ya publicadas y obviando intereses comerciales. Esta modalidad, más popular en países de tradición lectora más arraigada -lo nuestro es nuevo, vamos con un par de siglos de retraso, casi-, esta modalidad es la que ayuda a orientar al lector entre la muchedumbre de autores más o menos valiosos que asaltan las librerías cada semana con sus novedades. Pues bien, uno de esos premios se lo acaba de llevar Alberto Olmos, el Ojo Crítico, que festeja así por todo lo alto sus veinte años de existencia. Y es que Olmos es uno de los escritores “jóvenes” -si es que esta laxa nominación vale para alguien con siete novelas a las espaldas- que apunta una trayectoria más alta en nuestro país y en lengua castellana.

Alberto OlmosLas razones del jurado -integrado por, entre otros, Isaac Rosa y Nuria Azancot-, con las que no puedo menos que coincidir, se refieren a “la capacidad narrativa que el autor plasma en todas sus novelas”, su dominio de la técnica narrativa y su “capacidad para reinventarse de una novela a otra”, sin olvidar lo más importante en la escritura de ficción:  “la habilidad de Alberto Olmos para atrapar al lector en la solidez de la trama y en la credibilidad de los personajes”. Sin eso, no hay técnica ni originalidad que valga.

Hoy encabeza su blog con una escéptica cita de Houllebeq -”Hay tantos premios que alguno me tenían que dar”-, y que sólo corresponde al autor francés porque llegó antes; Olmos es suspicaz ante estos avatares de la vida literaria, porque para él, lo importante, es la escritura. Hay pocos autores, jóvenes o no, que tengan un compromiso tan firme y exclusivo con la literatura. Un compromiso que muchos lectores reconocen y aprecian ya, y pronto serán legión. Yo me honro en ser uno de ellos.

Enhorabuena, Alberto.

Obras reseñadas para El confidencial:

El estatusEl estatus, Lengua de trapo, 2009
 

 

Algunas ideas buenísimas...Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, Caballo de Troya, 2009
 

 

TatamiTatami, Lengua de trapo, 2008
 

 

El talento de los demásEl talento de los demás, Lengua de trapo, 2007
 

 

Trenes hacia TokioTrenes hacia Tokio, 2006
 

 

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Nov 25

Festival Aremore 2009

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , 25/11/2009

Si Vigo no os queda lejos, aprovechad hoy en el Auditorio Martín Códax do Conservatorio Superior de Música para conocer a uno de nuestros jóvenes compositores de más proyección, Fernando Buide. El Festival Aremore le dedica un merecido monográfico, a partir de las 20:30 y con entrada libre. Apresuraos, antes de que se haga realmente famoso y éstas cosas dejen de ser gratis.

O Festival Are More dedícalle ao novo compositor galego Fernando Buide del Real un lugar de honor pola súa brilante traxectoria como creador. Fernando Buide del Real completou na Universidade Carnegie Mellon de Pittsburgh, onde estudou piano, composición e órgano.A música de Fernando Buide abrangue desde o xénero camerístico ou sinfónico, incluíndo música coral e para banda.


As súas obras foron programadas por formacións como a Sinfónica de Piitsburgh, Sinfónica de Minnesota, Filarmónica de Yale, Filarmónica Carnegia Mellon, New Music New Haven, Sinfónica de Galicia ou a Real Filharmonía de Galicia. A súa obra tamén inclúe traballos interdisciplinares como o realizado co artista gráfico Ingo Offermans.Fernando Buide foi profesor de armonía e análise no Conservatorio Superior de Música de Vigo e na Universidade de Yale. Na actualidade prepara a tradución do libro da compositora e teórica Pozzi Escot “A poética das matemáticas simples en música”. Como compositor, entre os seus próximos proxectos destacan encargos de Festclásica, co gallo do centenario Isaac Albéniz, así como da Real Filharmonía de Galicia.

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Nov 18

El día de Casavella

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: 18/11/2009

Francisco Casavella. Fotografía de Daniel MordzinskiNo es el 15 de agosto, el día del Watusi, ni 17 de diciembre -aniversario del fallecimiento de Francisco Casavella-. Es un día para celebrar, porque se reedita su gran novela, El día del Watusi (Destino) y se recopilan sus textos críticos (Elevación, elegancia y entusiasmo, Galaxia Gutenberg). Y celebrar, lo que se dice celebrar, el lector sólo lo hace de una manera: leyendo. No en aburridas ruedas de prensa, en muladares, ni escuchando llantinas o panegíricos. Leyendo se homenajea al autor, se le rinde tributo y se le agradecen los servicios prestados. Leyendo voy a pasar el día, esa será mi hecatombe y mi misa solemne, sentarme a leer la odisea de Fernando Atienza y Pepito el Yeyé. Ese pedazo de papel y tinta será el pan y la sangre, y ya basta, y póngase a leer este devoto.

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Dic 10

Las huellas son claras: caminamos

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
10/12/2008

Aún no puedo contar mucho, este camino apenas ha empezado. No estoy preparado para anunciar todavía mi marcha. Pero iré añadiendo cosillas para que, llegada la epifánica ocasión, no nos encontremos una caja vacía.

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Dic 01

El dinosaurio que estaba allí

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
1/12/2008

El dinosaurio seguía allí. Se aproximó con cautela, temiendo el alboroto, pero sus cuidados fueron en vano: el viejo parqué armó un escándalo de mil demonios. Novecientos noventa y ocho salieron por la ventana y no miraron atrás, pero dos de ellos se le sentaron en los hombros y le susurraron al oído, Abre el libro, ábrelo. El dinosaurio abrió el libro y, nunca supo si fue embrujo de los demonios o encanto del papel y la tinta, pero ya nunca pudo cerrarlo.

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