Feb 22

Del dinosaurio a la hormiga: Por favor, sea breve 2

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , 22/02/2010

Todo comenzó con el dinosaurio. No es que no hubiera nada antes, pero el dinosaurio era grande y verde, y llamó la atención de todos. Sin embargo, parece que le quieren extinguir por segunda vez: “Sucede que el dinosaurio está ya en el Parnaso y ha dado origen al reino de la hormiga. Hormigas, hormigas por todas partes, movedizas, dinámicas, textos diminutos que ya no se pueden contar”, (p. 8). El dinosaurio ha hecho el viaje cervantino, entonces, y su nicho literario lo ocupa la nueva criatura que ha identificado Clara Obligado, quien con la primera antología Por favor, sea breve (Páginas de Espuma, 2001) señalara al enorme monstruo que, aunque parsimoniosamente aplastaba los edificios y calles de la ciudad de la literatura, permanecía ajeno a los focos y objetivos de la mayoría.

Ahora, nueve años después, una segunda antología, ya no de dinosaurios sino de hormigas -la evolución es un proceso imparable- viene a dar cuenta de “la última creación, de lo que se está haciendo ahora, en este minuto” (p. 7). Esta colección de textos menguantes hasta la extinción (El fantasma, p. 223) tiene la virtud, entre muchas, de “priorizar textos que sirven como presentación de creadores casi ignotos” (p. 10). Así, junto a saurios consagrados como José María Merino, Ana María Shua, Luis Mateo Díez o Raúl Brasca, hormiguean los Diego Muñoz Valenzuela, Inmaculada Porcel, David Roas, Carola Aikin, para mí algunos de esos ignotos pero deslumbrantes autores.

Dinosaurios u hormigas. Microrrelato, minicuento, minificción. Este es un género que no se decide en cuanto a su nombre, que no se decide en cuanto a su identidad. Sólo sabe que es más o menos breve, pero no se aclara en cuánto. Es un género que, como el Quijote, tiene más páginas “sobre” que “de”. Quizá por eso tenga tantos conflictos de personalidad, con tantos matasanos explorándole. Si ahora ya sabemos que da igual lo que una novela sea, ¿por qué no reconocerle esa condición proteica? Este género “por naturaleza, tiene la ventura o presenta el dilema de no dejarse enjaular”, (p. 9). Y sin embargo, tantos y tantos furtivos persiguen a este dinosaurio u hormiga que no se deja emborrachar.

La literatura es literatura, y lo otro es trabajo de carnicero. Ahora, a veces es difícil resistirse a tomar el cuchillo platónico y separar las cosas por sus junturas naturales. El microrrelato incita a eso, también. Como en un juego de descarte, el lector de dinosaurios u hormigas marca y discrimina no sólo sus preferidos, sino también aquellos que son lo que dicen ser de otros que son otra cosa, poemas, reflexiones, chistes, ocurrencias. En toda antología, hasta en las mejores, en esta también, los hay. Impostores, minitextos ladinos que visten la capa del microrrelato, con méritos diferentes a los del cuento, como Hacerse el muerto de Andrés Neuman. Pero si la antóloga se hubiera puesto tozuda con las doctrinas teóricas, habría privado al lector de reflexiones interesantes y atisbos de profundidad que son también literatura.

Algunos textos me hacen pensar en una nueva etiqueta: ossobuco, solomillo, microfilosoficción. No alcanzan con su sustancia narrativa a ser relatos, pero tampoco son reflexiones estáticas. En la antología hay alguno especialmente bueno, como Narciso (María Inés Mogaburu, p. 163). ¿Ven? No puedo evitar tomar el cuchillo y despedazar. Es una tentación terrible. Como la de aplastar una hormiga que pasa junto a nuestro pie. Eso me recuerda uno de los textos de la antología, La hormiga en el asfalto (José María Merino, p.79). Nunca hay que confiarse.

El pensamiento no es una amenaza, nunca lo es, y para el microrrelato tampoco. Ahora, el género se enfrenta a un enemigo temible, que domina esta época en la que florecen dinosaurios u hormigas: el ingenio. Tantos y tantos aspirantes a microrrelatos son meros chispazos de ingenio, y si bien el ingenio está muy bien en una reunión de amigos, a la literatura debe exigírsele más. A este demonio contemporáneo se le tributa demasiado favor en este mundo apresurado, falto de genio, bien porque su hermano menor le asfixió, bien porque el primogénito se ahogó solo.

Gracias a estas amenazas, reales o no, y a lo esquiva que es siempre la auténtica literatura, la lectura de cualquier libro de microrrelatos, antología o no, adquiere la emoción de la búsqueda. Si, como dice la antóloga, la red sólo puede echarse una vez, este es un río cuyo fondo está sembrado de botas. Pero eso sólo nos pone más hambrientos y hace que, una vez pescado el dinosaurio o la hormiga, nos resulte más sabroso. Aquí hay piezas de lo más suculentas: los seis, que van de la página 100 a la 105, los que componen el subgénero del microrrelato quijotesco (págs. 114, 128), Agujero negro de José María Merino, (p. 97), Las que miran hacia atrás de Pía Barros, (p. 111)… “Para terminar, un consejo para el lector goloso, para la lectora ávida: de la misma manera que no conviene atiborrarse con los bombones de una caja, es mejor leer los textos de uno en uno, lentamente, paladeando matices y diferencias. Este ‘diminuto remolino de palabras’ pide, como el poema, una lectura reposada”, p. 10.

Por favor, sea breve 2. Edición de Clara Obligado. Páginas de espuma. 224 págs. 15 €.

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Nov 26

Alberto Olmos, Premio Ojo Crítico 2009

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , 26/11/2009

En España no son muchos los premios “limpios”, es decir, aquéllos que se dan a obras ya publicadas y obviando intereses comerciales. Esta modalidad, más popular en países de tradición lectora más arraigada -lo nuestro es nuevo, vamos con un par de siglos de retraso, casi-, esta modalidad es la que ayuda a orientar al lector entre la muchedumbre de autores más o menos valiosos que asaltan las librerías cada semana con sus novedades. Pues bien, uno de esos premios se lo acaba de llevar Alberto Olmos, el Ojo Crítico, que festeja así por todo lo alto sus veinte años de existencia. Y es que Olmos es uno de los escritores “jóvenes” -si es que esta laxa nominación vale para alguien con siete novelas a las espaldas- que apunta una trayectoria más alta en nuestro país y en lengua castellana.

Alberto OlmosLas razones del jurado -integrado por, entre otros, Isaac Rosa y Nuria Azancot-, con las que no puedo menos que coincidir, se refieren a “la capacidad narrativa que el autor plasma en todas sus novelas”, su dominio de la técnica narrativa y su “capacidad para reinventarse de una novela a otra”, sin olvidar lo más importante en la escritura de ficción:  “la habilidad de Alberto Olmos para atrapar al lector en la solidez de la trama y en la credibilidad de los personajes”. Sin eso, no hay técnica ni originalidad que valga.

Hoy encabeza su blog con una escéptica cita de Houllebeq -”Hay tantos premios que alguno me tenían que dar”-, y que sólo corresponde al autor francés porque llegó antes; Olmos es suspicaz ante estos avatares de la vida literaria, porque para él, lo importante, es la escritura. Hay pocos autores, jóvenes o no, que tengan un compromiso tan firme y exclusivo con la literatura. Un compromiso que muchos lectores reconocen y aprecian ya, y pronto serán legión. Yo me honro en ser uno de ellos.

Enhorabuena, Alberto.

Obras reseñadas para El confidencial:

El estatusEl estatus, Lengua de trapo, 2009
 

 

Algunas ideas buenísimas...Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, Caballo de Troya, 2009
 

 

TatamiTatami, Lengua de trapo, 2008
 

 

El talento de los demásEl talento de los demás, Lengua de trapo, 2007
 

 

Trenes hacia TokioTrenes hacia Tokio, 2006
 

 

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Nov 25

Festival Aremore 2009

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , 25/11/2009

Si Vigo no os queda lejos, aprovechad hoy en el Auditorio Martín Códax do Conservatorio Superior de Música para conocer a uno de nuestros jóvenes compositores de más proyección, Fernando Buide. El Festival Aremore le dedica un merecido monográfico, a partir de las 20:30 y con entrada libre. Apresuraos, antes de que se haga realmente famoso y éstas cosas dejen de ser gratis.

O Festival Are More dedícalle ao novo compositor galego Fernando Buide del Real un lugar de honor pola súa brilante traxectoria como creador. Fernando Buide del Real completou na Universidade Carnegie Mellon de Pittsburgh, onde estudou piano, composición e órgano.A música de Fernando Buide abrangue desde o xénero camerístico ou sinfónico, incluíndo música coral e para banda.


As súas obras foron programadas por formacións como a Sinfónica de Piitsburgh, Sinfónica de Minnesota, Filarmónica de Yale, Filarmónica Carnegia Mellon, New Music New Haven, Sinfónica de Galicia ou a Real Filharmonía de Galicia. A súa obra tamén inclúe traballos interdisciplinares como o realizado co artista gráfico Ingo Offermans.Fernando Buide foi profesor de armonía e análise no Conservatorio Superior de Música de Vigo e na Universidade de Yale. Na actualidade prepara a tradución do libro da compositora e teórica Pozzi Escot “A poética das matemáticas simples en música”. Como compositor, entre os seus próximos proxectos destacan encargos de Festclásica, co gallo do centenario Isaac Albéniz, así como da Real Filharmonía de Galicia.

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Nov 18

El día de Casavella

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: 18/11/2009

Francisco Casavella. Fotografía de Daniel MordzinskiNo es el 15 de agosto, el día del Watusi, ni 17 de diciembre -aniversario del fallecimiento de Francisco Casavella-. Es un día para celebrar, porque se reedita su gran novela, El día del Watusi (Destino) y se recopilan sus textos críticos (Elevación, elegancia y entusiasmo, Galaxia Gutenberg). Y celebrar, lo que se dice celebrar, el lector sólo lo hace de una manera: leyendo. No en aburridas ruedas de prensa, en muladares, ni escuchando llantinas o panegíricos. Leyendo se homenajea al autor, se le rinde tributo y se le agradecen los servicios prestados. Leyendo voy a pasar el día, esa será mi hecatombe y mi misa solemne, sentarme a leer la odisea de Fernando Atienza y Pepito el Yeyé. Ese pedazo de papel y tinta será el pan y la sangre, y ya basta, y póngase a leer este devoto.

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Dic 10

Las huellas son claras: caminamos

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
10/12/2008

Aún no puedo contar mucho, este camino apenas ha empezado. No estoy preparado para anunciar todavía mi marcha. Pero iré añadiendo cosillas para que, llegada la epifánica ocasión, no nos encontremos una caja vacía.

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