¿Vivimos un momento histórico o sólo un momento? Es de sentido común que ambas cosas ocurren siempre, simultáneamente, pero el sentido de mi pregunta es claro. ¿Se recordará el 15M como se recuerda hoy Mayo del 68, las tiendas de Sol como las barricadas de París, el “ellos nos necesitan, nosotros a ellos no” como el “prohibido prohibir”? ¿Lamentaré en un futuro mi escepticismo hacia los movimientos sociales (o más bien hacia su efectividad), lamentaré no haber estado allí aunque lo tuve tan cerca, o mentiré como tantos otros: yo también corrí delante de los grises?
1. 1974, David Peace, Alba.
Novela criminal protagonizada o más bien sufrida por el periodista (algo verde) Edward Dunford. Tras cubrir una noticia rutinaria, la desaparición de una niña de diez años, se verá envuelto en una trama oscura, cruel, dolorosa (sobre todo para él, a quien zurran varias veces a lo largo de la novela). Es verdad, como se ha dicho, que la investigación de Dunford sirve a Peace para diseccionar la sociedad británica de los setenta en sus aspectos político, económico, social, moral (Dunford aprenderá, a su pesar, que en el norte hacen lo que les da la gana) y criminal pero, al margen de eso, estamos ante una narración poderosa, cruda (hasta lo desagradable) e intensa, escrita con un estilo contemporáneo, tan poético como oral y duro. Gran acierto de Alba el ofrecerla en Kindle Flash al precio de 2,74€: ahora he de leer, necesariamente, el resto de The Red Diding Quartet, publicado por la misma editorial (ya sin descuento). Más sobre Peace, aquí.
2. Lo bello y lo triste, Kawabata Yasunari, Emecé.
Novela de intriga psicológica y tragedia moral, escrita en 1964 por el Premio Nobel japonés Kawabata Yasunari. Si la obra de este autor se caracteriza por su sensualidad, en esta breve novela la acción dramática, un torbellino derivando hacia una conclusión trágica, logra una fuerte impresión también, como las imágenes de brazos intercambiados de aquél otro relato suyo. Ese torbellino tiene su ojo en Oki quien, a pesar de su inocente nombre de impresora, aparece como un villano que hace caer todo a su alrededor, cuya cobardía produce un conflicto moral que la familia asume, aún cuando su prosperidad se funda sobre el dolor de Otoko. Así pues tenemos viejos escritores sensuales, erotismo, culpa, venganza, estética japonesa (la acción transcurre entre Kioto y Kamakura, nada menos que dos capitales imperiales) y conflicto con la modernidad: puro Kawabata.
3. La civilización del espectáculo, Mario Vargas Llosa, Alfaguara.
Ensayo de historia de la cultura o del fin de la historia del fin de la cultura. La cultura ha muerto, fue asesinada por la actual civilización del espectáculo y sus actores principales: los medios de comunicación, la publicidad, los extravíos de algunas corrientes de pensamiento y de algunos intelectuales. No se trata tanto de un análisis en profundidad de la cultura actual como de una elegía por la alta cultura tradicional e ilustrada (muy mitificada), por un intelectual melancólico (Jordi, verbigracia). Constituye, en esencia, una crítica de la posmodernidad (¿y de la post-posmodernidad?) como destructora de la cultura libresca, como aniquiladora de la palabra (que sustituye por la imagen), como abaratadora de los valores tradicionales del esfuerzo, la excelencia y la trascendencia (imponiéndose la liviandad, la frivolidad y lo efímero), llevando todo ello a una degeneración de la vida democrática y, en fin, del ser humano tal y como se entendía hasta ahora. Este ensayo debe leerse junto a El lectoespectador de Vicente Luis Mora, de más difícil digestión, por cierto.
4. Ventajas de viajar en tren, Antonio Orejudo, Alfaguara.
Novela psicológica, espiriforme, muñequirrusa y doppelgängerosa. La había leído, tiempo ha, sin que me llamara la atención, y la había olvidado. Empecé a leer y oír luego abundantemente el nombre de Antonio Orejudo, que no me sugirió nada. Pero tanto lo oí y leí que me interesé y recordé Ventajas… ¿Ese era el fabuloso autor que todos me dicen que lea? Alguien estaba errado, seguramente yo, como acostumbro. Miré mi catálogo y lo encontré: Ventajas… y, junto a él, Reconstrucción (un ejemplar que robé a mi madre o a mi hermana, pero ahora es mío y no se devuelve). Ahora sí que no entiendo nada. ¿Una novela histórica de sectas, enigmas religiosos y libros prohibidos? Pero, tente, prejuicioso corazón: ¿no dices siempre que más vale lo que con los materiales se hace que los materiales mismos? ¿que cualquier historia vive o muere según cómo sea contada? Reconstrucción.
5. Reconstrucción, Antonio Orejudo, Tusquets (o Círculo de lectores)
Novela histórica que no es novela histórica, sino que supone una reconstrucción del quehacer literario (lo que, en pedante, se dice “metaliteratura”) y una reflexión sobre el poder de la palabra y del libro. Podemos decir que homenajea a El nombre de la rosa y que, como Cervantes hiciera con las novelas de caballerías, Orejudo se mofa de la literatura de pacotilla de los bestseller de sectas y misterios religiosos mientras su Pfister peina Francia buscando al autor de cierto herético libro mientras trata de ocultar su “verdadera” identidad, con la morfosintaxis como “la única herramienta que Pfister tiene a su alcance para explicarse precariamente el mundo, para orientarse en el caos y para tratar de ser en él medianamente justo”. De lo mejorcito que se ha escrito en nuestro país en los últimos tiempos.
