A pesar de todo, adoro estas fechas. Creo que puedo hacerlo porque conservo intacto mi niño interior y, si bien sa las hago pasar canutas durante casi todo el año, en navidades deshago sus cadenas y le dejo campar a sus anchas. Me lo paso como un enano decorando el árbol y, hasta hace poco, componiendo la maqueta temporal de la aldea de Belén, año cero de nuestra era. Problemas de espacio me han privado de ese placer.

La Navidad es algo folclórico que sólo con mucho esfuerzo puede impregnarse de sentido religioso. Hay que estar dotado de una inmensa capacidad de abstracción para conseguirlo, me parece. La Navidad es para los niños, para su goce ingenuo y despreocupado, y los adultos debemos consagrarnos a su felicidad o, si como yo aún podemos, replegarnos a los siete u ocho años y gozar nosotros mismos. Porque luego de esa edad hacemos el Descubrimiento y la infancia comienza a disolverse. Los adultos tenemos el deber de afrontar la realidad de manera crítica, al menos durante cincuenta semanas al año.
Como adulto, hay un par de obras de ficción poco ficcionales que me gusta revisitar cada Navidad. No me refiero a las ineludibles Canción de Navidad y ¡Qué bello es vivir!, que también (aunque es curioso anotar que si ésta última es obligada se debe a un error legal que la dejó, durante años, libre de derechos), y ahora disfruto con mi hija de Jorge el Curioso y de la infinidad de especiales de Disney. Me refiero a un relato autobiográfico de Truman Capote, Una navidad y a la película A Christmas Story (Historias de Navidad) dirigida por Bob Clark.
Capote era más personaje que autor y, quizá por ello, ese recuerdo navideño de su propia infancia es una de sus mejores piezas. Lo tengo en una edición de Círculo de Lectores, ilustrada por Hans Hillmann, que sisé a mi madre hace años y que no pienso devolver jamás. Dice Matthias Wegner que es “una de las historias de navidad más conmovedoras de la literatura moderna” y he de estar plenamente de acuerdo con él. El relato navideño abunda en mediocridades e imposturas (y, como verán al final del presente texto, yo también voy a contribuir a ensuciar su buen nombre), pero el relato de Capote es sincero, veraz y melancólico. Capote niño solitario, abandonado, nos cuenta cómo Sook, su niñera, salvó su Navidad y su corazón infantil. Está tan bien contado que el personaje de la niñera negra cobra una intensidad emocional tal que lo reconstruye y aísla del tópico.
También es memorística la película de Clark, un director que aquí deja los mejores momentos de su filmografía. La vi de niño, cuando comenzaban las televisiones privadas, enfermos mi hermano y yo, en un pequeño televisor sin colores en nuestra habitación. Desde entonces, no he podido volver a cazarla, sino que me he tenido que conformar con la versión original, pues en Estados Unidos sí goza de cierta fama. Narra la entrañable infancia, durante los años cuarenta, de un niño que desea por Navidad la carabina de aire comprimido que promociona su personaje favorito, un cowboy de la radio. Son, sencillamente, las aventurillas de un niño corriente con una familia algo estrafalaria. A pesar del tiempo transcurrido, no eran hechos tan distintos a los que un niño español pudo vivir en los primeros ochenta, antes de que el siglo XX penetrara completamente en nuestro país.
Si tienen la ocasión de acceder a estas obras maestras navideñas, no lo duden. No hay empalago y sí emoción, no hay milagros ni gordos barbudos y sí ojos de niño abiertos al mundo, desde el suyo propio.
El Dinosaurio que estaba allí les desea felices fiestas. Quiero celebrarlo con un regalo para mis lectores, un cuento navideño, escrito por mi yo adulto, es decir, trágico. En cuanto obsequio se parece a lo que nos atiza el amigo invisible, algo que no queremos ni necesitamos y que seguramente nos hará perder el tiempo. Y aun siendo yo invisible no soy intangible y puedo recibir sus reproches y, en su caso, sus bofetadas. Pido disculpas por adelantado por sus seguros errores, defectos y estupideces.
DESCARGA Cuento de navidad (tragedia)
(En formato PDF de 6″, cómodamente legible en sus dispositivos electrónicos.)
