
Internet es una selva. Este es un lugar común, mas no por ello una falsedad o una exageración. La información fluye desbocada, y si algo falta en esta maravillosa realidad alternativa es un filtro, una poda, una ordenación de los contenidos. Los buscadores, hoy por hoy, no resuelven el problema suficientemente, pues no alcanzan a discriminar la calidad e importancia de un contenido y la ordenación de la información muchas veces resulta caprichosa. Aunque también es cierto que han mejorado mucho y que mejorarán aún más.
En el campo de la crítica literaria sufrimos el mismo problema. Un problema secundario al inmenso beneficio que supone el fácil acceso a nuevas herramientas de comunicación libre, abundante e inmediata, pero que a la postre, y por exitoso, ha resultado problemático. Confuso. Confundente. Por ello, iniciativas como la de La Critipedia son motivo de celebración.
A pesar de su nombre es un blog, no una enciclopedia. Es una sección de El Coherente (no sé quienes son, por sus hechos los conoceréis), “pasquín literario de ambigüedades” y es, “en esencia, una web de enlaces que busca, ordena y da visibilidad a las críticas, reseñas y comentarios que sobre el mundo de libros se publican en español”. Es decir, dan un paso más allá del buscador y facilitan al interesado el acceso al diferente material crítico que sobre una obra se ha vertido a la red.
Sin embargo, se echa en falta más elaboración, pues si bien “busca, ordena y da visibilidad” a los resultados que caulquier buscador arroja, se detiene ahí. Quizá debiera honrar más su propio nombre y tender a una forma “wikipédica”, en la que no sólo se ofrezcan listas sino también resúmenes, comentarios y valoraciones de los contenidos seleccionados.
Con sus limitaciones, se trata de un paso necesario, un comienzo que, ciertamente (lo he experimentado en carne propia) da visibilidad a nuestros humildes esfuerzos críticos.
