Jul 22

En mitad de la noche un canto, de Jirí Kratchovil

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 22/07/2010

Finalmente no pude retomar Guerra y paz, demasiado atraso en tantas cosas. Pero tuve suerte con algunas lecturas, como la que presento hoy; no tanto con algunas películas. He visto el montaje del director de El reino de los cielos. Ridley Scott es un tipo algo excéntrico. Parece tener todo bajo control, orquestando proyectos desmedidos, para luego plagar sus películas de despistes inexplicables. Los gazapísimos de Gladiator son legendarios, quizá más célebres que sus más célebres escenas, como la batalla de Vindobona, espectacular -a pesar de errores de bulto como la carga de caballería en el bosque y de la cámara lenta final; por cierto que la estructura se repite en el asalto final a Jerusalén de Kingdom of Heaven- o el ridículo combate final con el heroinómano emperador Cómodo. Es capaz de filmar películas impecables como Los duelistas o Black Hawk derribado y, también, de perpetrar infamias como Un buen año o, precisamente, El reino de los cielos. Y es que la película no hay por donde cogerla, comenzando por su actor protagonista:  como dice el Mayor Reitman, “No puedes hacer que una lata de tomate actúe” -aunque estoy en desacuerdo con su crítica: no es una película histórica ni bélica, es una action movie ambientada en la época de las Cruzadas, con cierta intencionalidad política-. En su versión extendida, además, empeora. Los cortes, al contrario que en El señor de los anillos, estaban más que bien dados y, si acaso, eran insuficientes -yo habría cortado todos los primeros planos de Orlando Bloom-. Tampoco tuve suerte con otro de mis directores predilectos, Takeshi Kitano. Una de sus películas que me quedaba por ver era Minnā yatteru ka!, ignoro con qué título se la conoce en España, si es que se la conoce, porque dudo que haya llegado a ser doblada. La película, si se la puede llamar así, sigue las desventuras de Asao, el típico hentai japonés con una única obsesión: follar. Dada su insulsa humanidad, llega a la acertada conclusión de que debe apoyarse en objetos y virtudes externas, como un coche descapotable o un billete de avión de primera clase. En realidad, es una mera acumulación de gags, algunos ciertamente graciosos -para los que pillan el humor nipón- que recuerda más a la serie de Mr. Bean que a El verano de Kikujiro, Zatoichi o Hana-bi. No pude con ella. Así que me puse a leer, que es lo que me corresponde, ¿no?

En mitad de la noche un canto

Un “laberinto literario casi perfecto” es, para su traductora y prologuista Patricia Gonzalo de Jesús, este En mitad de la noche un canto, pero será fácil y regocijante para el lector perderse en este relato dedálico. En él, Petr, checo nacido en Brno, busca a su padre desconocido enviando cartas sin destino en una Checoslovaquia vigilada por la StB, un país que “necesita mártires como un parterre en flor abejas que lo polinicen” (p. 47). Cualquiera de los habitantes del laberinto puede ser un espía -para saber más de la afable secreta checa, léase Todos los colores del sol y de la noche, o visítese en Praga el Museo del Comunismo-: y éste es “un laberinto tan perfecto que no sólo se pierde en él todo aquél que entra, sino que es a la vez un laberinto que, como un gran animal paticojo, se levanta, se aleja renqueante y con el rabo borra las huellas que va dejando tras de sí, y así, todo lo que voy a relatar a continuación y que aún vas a oír tiene ya lugar sólo en las entrañas de ese animal ahora ya invisible, que camina, cojea y sigue borrando las huellas tras de sí” (p. 55).

Jiří Kratochvil trazó este inquieto laberinto en 1989, meses antes de la caída del comunismo checo, pero sólo fue publicado tras la Revolución de Terciopelo. Antes, el público checo había encontrado algunos de sus escritos en la célebre Samizdat. Al contrario que los cajones repletos de obras maestras que nuestros “antifranquistas” atesoraban, Ulises perseguidos por la cultivada secreta franquista, obras demasiado revolucionarias para la España dictatorial y aún para la historia de la literatura; demasiado todavía para la democracia, pues la llave sigue echada. En cambio y por fortuna, los cajones de Kratochvil se abrieron y, durante los noventa, cabalgaron irrefrenables hacia las librerías checas hasta seducir a autores rutilantes como Milan Kundera.

Kratochvil se confiesa admirador del célebre autor de La broma, pero quizá su obra recuerde más a Bohumil Hrabal y, si pensamos en imágenes, a Emir Kusturica. Porque los años de aquella Checoslovaquia -de su Brno natal- gris, tan distinta de la actual, el autor checo los cuenta a través de “mundos posibles”; Moravia aparece entre el costumbrismo y el sueño, entre la lírica y la violencia, entre Hrabal y Kafka -esa pulga sobredimensionada y asesina; ese padre, como el castillo, que no se puede alcanzar-, entre el posmodernismo y el cuento popular checo, permanentemente referido por el autor -y anotado por la traductora-. Entre la fantasía y la historia, porque sobre el fondo histórico de los “emigrados” -exiliados políticos- erige Petr su historia vital: “Fui concebido bajo un firmamento iluminado por proyectiles y con la tos asfixiante de los lanzacohetes katiusha como ruido de fondo”.

El mundo privado que crea Petr, desde su fantástica concepción a sus draculíneos poderes sobrenaturales, tiene su paralelo en la huida, ésta física, de tantos checos. Un fenómeno histórico que padeció el autor en sus propias carnes, pues su padre y su tío huyeron del totalitarismo comunista a principios de los cincuenta. Hay un fondo autobiográfico, pues, inseparable del histórico, por razones obvias. Pero, como buen posmoderno, Kratochvil deconstruye su propio pasado y el de Checoslovaquia, “por eso te lo cuento de esta forma: la narración como un sistema abierto, algo que aún se puede desmontar en cualquier momento y volver a montar desde el mismísimo principio de otra manera. Y esto es, no en vano, lo que siempre te ha interesado más de mis historias” (p. 148). Mas, por encima de la estructura, de las imágenes surreales, está la escritura, irónica y chispeante, rica en diminutivos y adjetivos en -il (pezgordil, relojil, murcielaguil), en jerga coloquial de Brno, juegos de palabras -muchas veces intraducibles-. Un elixir mágico, como la misma Europa central donde fue mezclado.

Publicado originalmente en El confidencial

La obra en Impedimenta:

“«Fui concebido bajo un firmamento iluminado por proyectiles y con la tos asfixiante de los lanzacohetes katiusha como ruido de fondo, y nací poco antes de la Navidad de aquel año que sería el último de la guerra y el primero de la paz.» Así comienza En mitad de la noche un canto, una alegoría universal sobre la infancia, la pérdida, la búsqueda del padre y de la propia identidad en la Checoslovaquia comunista. En el marco de una fantasmagórica ciudad de Brno, bajo la constante vigilancia de un kafkiano Ellos, nos introducimos en un laberinto de vidas al límite que se entreveran con los convulsos acontecimientos históricos que atravesará el país a lo largo de esas décadas. Fantasía y realidad, comedia y tragedia, lo mítico y lo grotesco se entremezclan en la historia de un hijo natural cuya vida está marcada por la necesidad de averiguar la identidad de su padre y, al mismo tiempo, en la historia paralela de un muchacho cuyo padre emigró durante su infancia y cuyos rastros también se perdieron.”

Una corta biografía

“Entre los autores que irrumpieron en el panorama literario checo posterior a 1989, la llamada «era post-Kundera», destaca por encima de todos Jiří Kratochvil. A pesar de haber permanecido inédito durante mucho tiempo, y de haber sido publicado únicamente de modo clandestino por el sistema del samizdat hasta la Revolución de Terciopelo, Kratochvil ha recibido más tarde diversos premios literarios de enorme prestigio: los premios Tom Stoppard (1991), Egon Hostovský (1995), Karel Čapek (PEN Club, 1998) y Jaroslav Seifert (1999), entre otros. Nacido en Brno en 1940, durante la época de la Normalización, que siguió a los eventos de 1968, Kratochvil se vio obligado a desempeñar todo tipo de oficios poco acordes con su vocación literaria, como operador de grúa, vigilante nocturno de una granja avícola o telefonista. En 1983 comenzó a trabajar en el centro regional de conservación del patrimonio, y en 1991 en el departamento de creación radiofónica de Radio Brno. Desde 1995 se dedica exclusivamente a la literatura. Kratochvil es particularmente conocido por su trilogía formada por La novela del oso (1990), En mitad de la noche un canto (1992) y Avion (1995), así como por su dilogía carnavalesca compuesta por Historia siamesa (1996) e Historia inmortal (1997). Muy influenciado por la obra de Milan Kundera y por el realismo mágico, su obra constituye una de las piezas clave del posmodernismo checo. Sus novelas y relatos, alejados de las técnicas narrativas tradicionales, contienen motivos grotescos, fantásticos, bizarros y misteriosos, y están casi siempre estrechamente relacionados con la ciudad de Brno.”

Ficha →

Palabra de Emilio Ruiz Mateo (La tormenta en un vaso)

“Que venga el libro electrónico y haga con nosotros lo que quiera, no vamos a negarnos a sus beneficios, pero que no perdamos el feliz hedonismo que supone siempre leer un Impedimenta.”

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