Jul 13

Tiqui taca y abracadabra

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: 13/07/2010

Parecía que nunca iba a llegar. España alzando una Copa del Mundo de fútbol. El escenario, más que inesperado: África. El finalista, el de siempre, o casi: Holanda. Pero llegó, y Casillas elevó al cielo la ofrenda tan bien y justamente ganada. Vamos a hablar de esto durante mucho tiempo, eso seguro. Han sido tantas decepciones… casi todas autoinfligidas, porque favoritos, lo que se dice favoritos, no fuimos nunca. Creo que sólo en 2002 hubo otro grupo capaz de alzarse con el título, pero desgraciadamente un arbitraje no polémico, sino sencillamente subvencionado -la historia personal de los implicados lo demuestra- nos arrebató la posibilidad de, al menos, intentarlo pues, ¿no era perfectamente asequible Turquía? ¿Se ha visto alguna vez algún Brasil más vencible? -sí, el de 2010-. ¿Y una Alemania en la que el mejor era el portero, y falló de lo lindo? Pero el pasado no tiene remedio. Somos los Campeones del Mundo, con la ayuda preternatural de un pulpo, pero campeones.

Si no me equivoco, somos el segundo país más pequeño que se ha alzado con la Copa tras Argentina. Sí, ya sé que Uruguay tiene dos y que es minúsculo pero, sin restarle méritos, las suyas pertenecen a los tiempos de Maricastaña. Valen las estrellitas, pero en aquel entonces, Brasil no era Brasil, Italia sólo en parte, Alemania era futbolísticamente marginal, casi como Argentina, y los mejores, ingleses y escoceses, se negaban a participar en un torneo francés. De los 193 millones de habitantes de Brasil a los 46 de España va un largo camino -Argentina, gran mérito, cuenta con 41 millones-. Somos pocos, y dicen que mal avenidos, pero eso no se ha reflejado en la Selección, un modelo de unión de principio a fin; una unión que no descarta las diferencias, y así la escuela sevillana de Navas o Ramos y la catalana de Xavi o Iniesta han aportado sus virtudes al conjunto.

Durante años se nos acusó de carecer de estilo. Lo había, pero era bronco y tosco, la Furia en estado puro, el fútbol físico y vertical que gustaba a Clemente, aunque la naturaleza no ornó a los españoles con cuerpos escandinavos, sino con otros más pequeños y nerviosos. Fue lúcido Aragonés, que para algo es Sabio, cuando miró lo que tenía y se limitó a aprovechar sus características. Nació el Tiqui-Taca. Pero eso sólo ha sido el final del camino. Ya hacía algunos años, al menos desde la Quinta del Buitre, que en las escuelas de fútbol -menos quizá en la vasca- se anteponía el toque y la creatividad al músculo y al arrollamiento. Mucho más adecuado para unos cuerpos pequeños como los de Silva o Cesc. Finalmente, adoptamos el estilo que Cruyff trajo de Holanda, por mucho que moleste a Hierro. Así es, la gran tradición del buen fútbol, aquella que iniciara el Wunderteam de Hugo Meisl y Matthias Sindelar, futbolista judío seguramente asesinado por los nazis, que maravillara con el Aranycsapat de Puskás, Kocsis y Czibor y que adoptara nombre propio con el Totaalvoetbal de Cruyff, Neeskens y el resto de naranjas mecánicas de principios de los 70: sus herederos son los españoles, y no esa rara Italia anaranjada que nos encontramos en la final.

Porque, el gran derrotado de este mundial, es Italia -a pesar de Berlusconi, que se ha querido agenciar, como tantas cosas, el título español-. Italias ha habido muchas en este mundial. No sólo la original, que no pudo pasar de la primera fase. Brasil fue Italia. Argentina fue Italia. Holanda, una versión del peor fútbol italiano, marrullero y violento. Fue sumamente extraño ver a una selección simpática, querida y admirada, que siempre ha disfrutado del fútbol -y creo que es mejor perder como Cruyff que ganar como Cannavaro-, arreando patadas voladoras, segando a la altura de las tibias, protestando al árbitro con aspavientos -y tanta queja sólo tendría sentido de haberlo tenido comprado, ¡eh, que para algo pagamos!-. Esa no era Holanda, era Italia disfrazada. Pero Italia ha perdido. Todas lo han hecho. Ganó el equipo de oro español. El Tiqui-Taca, ese apodo ridículo pero exitoso. Y ganamos sin abracadabra, al contrario que en la Eurocopa.

Si el Mundial será leyenda por el título, la Eurocopa lo es por el juego. Aunque la selección que llegó a Sudáfrica era bastante mejor a la de Austria, no estaba en un momento tan bueno. Primero, muchos jugadores estaban tocados; Iniesta se recuperó, pero no Torres. Y es una baja más que sensible. Segundo, todos llegaban físicamente hundidos. Tercero, nos temían. Ningún equipo de los que jugaron con nosotros fue él mismo, sino que jugó en función del temor que inspirábamos. Aún así, nos faltó el abracadabra que sí chispeó en Austria. Xavi, nuestro archimago, llegó mentalmente agotado a Sudáfrica, y sólo muy lentamente se recuperó, alcanzando un nivel aceptable contra Alemania. Nos faltó el sortilegio, y a pesar de todo fuimos campeones, fuimos los mejores, los más atacantes. Los más fallones también. El campeón con menos goles a favor de la historia. Y seguramente uno de los que más ocasiones disfrutó. Cierto es que nuestro juego se desarrolla de otra manera, en horizontal -en realidad, España es un equipo defensivo, sólo que defiende en el área contraria, no en la propia-. Cierto es que jugamos cada partido contra once defensas. Cierto, nos cosieron a patadas desde el primero al último partido, con el ya tradicional conchabamiento arbitral con los violentos -los árbitros, y Blatter, odian el fútbol: son el Enemigo Interior-. Creo que fue el cansancio, con el que cargamos desde esta Liga tan abundante en equipos innecesarios, lo que impidió que se marcaran más goles, porque a pesar de todo, ocasiones hubo todo el campeonato, y muy claras.

Ganó España, y lo hizo intentando jugar bien. Sin abracadabra, pero con tiqui-taca. Todas las dudas, las tensiones, el miedo a los fantasmas que creímos dejar atrás, pero que descubrimos en las maletas tras la derrota frente a Suiza, se han superado. Una España al 70% fue campeona, clara y merecidamente. Hemos acabado con las italias, y los alemanes se están reorganizando bajo nuestro modelo. Alemania será la gran selección del próximo Mundial, puede que ya de la próxima Eurocopa. Pero España no ha dicho la última palabra. Seguimos fabricando buenos futbolistas, nuestro estilo se ha consolidado definitivamente y ya podemos ir sin complejos de ningún tipo en pos de la segunda estrella. Por cierto que debo cambiar de camiseta: la que he llevado desde la Euro 1996 ya no me sirve, le falta la estrella. Ahora vuelve la vida corriente, que durante un mes había dejado de lado. Dentro de cuatro años, volveré a pasar un mes raro, pero hermoso. Puede que haya una segunda estrella. Me conformo con que vuelva el abracadabra, con seguir disfrutando del fútbol.

PD: he encontrado este buen resumen-recreación de la final; los españoles salen un poco raros, pero los holandeses han sido reproducidos con toda fidelidad.

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