Jul 05
Inquietante ejército de monos, en el Rāmāyaṇa
Escrito en El gabinete del dr. Mantell, Mirada de troodon.
5/07/2010
“Sugrīva se volvió hacia Hanumān, que estaba a su lado, y le dijo:
-Convoca a los monos de todos los rincones de la tierra por medio de regalos, de acuerdos y diplomacia. Sé que ya hemos enviado mensajeros, pero despacha más monos para que apremien a los anteriores. Quiero que todos los monos se presenten aquí, incluso los que estén entregados a hacer el amor y los que se sientan inclinados a la pereza. ¡Si no llegan aquí dentro de diez días, serán ejecutados por desobedecer al rey!
»Bajo mi mando hay miles de millones de monos; que todos vengan y se presenten ante mí. Envía a los monos inmensos que tienen el tamaño de las nubes y que tapan el cielo para que den a conocer mis órdenes. Envía a esos monos que saben dónde viven todos los otros monos de la tierra.
(…)
Trescientos millones de monos negros como el kohl vinieron de la montaña de Añjanā, cien millones de monos resplandecientes vinieron de las montañas del ocaso, cientos de millones de un pardo rojizo como la melena del león vinieron del monte Kailāsa, y mil millones que vivían de raíces y frutos vinieron de los Himālayas. Cientos de millones vinieron de los Vindhyas; eran feroces como Marte y capaces de cosas terribles. Un número incontable llegó de las orillas del océano de leche, donde vivían en bosques de palmas y se alimentaban de cocos. Las tropas de monos vinieron por colinas, valles y ríos bebiéndose el sol, por así decirlo.
(…)

Rāma contempló al enorme ejército de monos, que parecía un estanque de lotos, y quedó muy complacido. Alzó a Sugrīva, el rey de los monos, que se había postrado a sus pies, y le abrazó con afecto y respeto. Le pidió que tomara asiento y entonces le dijo:
- Un verdadero rey es aquel que divide su tiempo proporcionalmente entre los asuntos de estado y el placer. Aquel que persigue sólo el placer y descuida el dharma y los bienes materiales es como el hombre que se va a dormir a la copa del árbol y despierta cuando cae al suelo. Un rey que destruye a sus enemigos y se dedica al bienestar de sus amigos recoge los frutos de las tres metas de la vida. Vive de acuerdo con el dharma. ¡Ha llegado el momento de comenzar nuestra empresa, destructor de enemigos! ¡Consulta a tus ministros y consejeros!
-Gracias a ti he restituido mi fama y mi gloria, y he recobrado el antiguo reino de los monos -dijo Sugrīva-. Tú y tu poderoso hermano me habéis ayudado a conseguir esto, y aquel que no devuelve los favores es el peor de los hombres.
» Aquí tenemos cientos de monos que han traído a otros miles de monos desde todos los rincones de la tierra. Hay osos y monos con cola de vaca que saben abrirse paso en los bosques más inexpugnables. Hay monos que son hijos de dioses y de gandharvas y que pueden cambiar de forma a voluntad, acompañados de sus grandes ejércitos. Hay monos cuyo valor es comparable al de Indra, monos que viven en los Vindhyas y que tienen la estatura de las montañas Meru y Mandara, ¡cientos de miles de millones de monos que vienen en camino! ¡Matarán a Rāvana y a su familia y traerán de vuelta a Sīta!
(…)
En ese momento, se levantó una enorme nube de polvo que tapó los afilados y ardientes rayos del sol. Cubrió el cielo y lo oscureció en todas las direcciones. La tierra comenzó a temblar y muy pronto quedó cubierta por innumerables monos de fuerza inaudita, grandes como montañas, de afilados dientes y uñas. En cuestión de minutos, la zona quedó invadida por los jefes mono y sus millones de seguidores, los cuales podían cambiar de forma a voluntad. Había monos formidables y poderosos provenientes de los ríos, los mares y las montañas, así como aquellos que vivían en los bosques y cuyas voces rugían como el trueno. Los monos de toda lla tierra se habían reunido allí, gritaban y aullaban, daban saltos y brincos, y rodeaban a Sugrīva como las nubes roden al sol. La euforia de los monos se traducía en un estruendo terrible. Inclinaron su cabeza ante Sugrīva y comenzaron a presentarse. Algunos jefes, que eran más reservados, se acercaron a él para inclinarse con las palmas juntas. Y Sugrīva, que conocía el dharma, los presentó ante Rāma.
Rāmāyaṇa, edición de Atalanta (2010). Traducción de Roberto Frías según la versión inglesa de Arshia Sattar. Una espléndida revisión pues lo habitual es presentar un Rāmāyaṇa farragoso, arcaico. Tal y como dice Jesús Aguado (Babelia), “lejos de ser un monumento o un objeto de museo, defecto de la mayoría de las versiones occidentales mencionadas (incluida una en latín que refuerza todavía más esta sensación de antigualla venerable pero inservible y lejanísima), aparece como un texto vivo, actual, próximo y directo con el que uno, sin importar a qué región geográfica o mental del mundo pertenezca, puede dialogar sobre todo lo divino y lo humano”. Más que recomendable, aunque, como yo, ya tuvieran otra edición en casa.





























