¿Quieren saber algo más del reptil? Mi nombre cuaternario es Nuño Vallés (Santander, 1979). Tuve la peregrina idea de licenciarme en Filosofía, ¡condenado idiota! Y luego me he empeñado en mantenerme cerca de la literatura, enamorado pero sin atreverme a cortejarla. Quizá haya llegado el momento.
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Ahora sé que agosto, por primera vez en años, será un mes de vacaciones. Creo que no las tenía desde el 2005, porque no quería, siempre me apetece escribir sobre lo que leo, y si no me fuerzo a ello. Seguir en marcha es una forma de conservación, porque soy como un motor viejo: me [...] [...more]
Ahora sé que agosto, por primera vez en años, será un mes de vacaciones. Creo que no las tenía desde el 2005, porque no quería, siempre me apetece escribir sobre lo que leo, y si no me fuerzo a ello. Seguir en marcha es una forma de conservación, porque soy como un motor viejo: me cuesta arrancar, también los primeros metros. Así pues nunca me detuve, de hecho apretaba más. Ahora sí, me paran. Podré retomar Guerra y paz, me ciega la ambición de leer sólo clásicos. Parece que lo podré leer todo, pero todos saben que los treinta días de vacaciones nunca son tantos. Puedes contarlos una y mil veces, y serán treinta. Pero, en realidad, son muchos menos, apenas una semana o diez días. No sé cómo hacen ese engaño, qué sortilegio o tejemaneje, pero el instinto avisa de la verdad y, al final, el plan de lectura queda sin efecto. Un verano quise leerme todo En busca del tiempo perdido, y a lo largo de todo el mes sólo pude leerme Por el camino de Swann. Sí, es cierto, Proust tiene una incidencia peculiar en el flujo temporal, pero algo parecido me ocurrió con Thomas Mann y éste tiene un comportamiento cronológico corriente. Seré menos ambicioso, me conformaré con Tolstói, quizá con algo del Siglo de Oro y puede que algún Julio Verne, Los hijos del capitán Grant, que aún no he leído. ¡Y Conrad, claro! Pero ya perdí el freno, hay que dominarse. Empiezan mis vacaciones, quizá indefinidas. Pero el dinosaurio sigue. Él sí es tan voluminoso que no puede detenerse. Es una suerte tener algo tan grande a lo que aferrarse.
“Este es un libro indispensable para los aficionados a la historia militar y para todos los interesados en las guerras napoleónicas, en la Guerra de la Independencia y también en la Historia de España contemporánea sin mitos ni distorsiones. Aunque esta obra se centra en el País Vasco, su interés trasciende ampliamente el ámbito local pues, contra lo que suele creerse, la resistencia vasca tuvo honda repercusión para el conjunto del conflicto y porque mucho de lo que sucedió en el País Vasco durante la invasión napoleónica puede extrapolarse a las demás provincias ocupadas.
La realidad de la Guerra de la Independencia está encubierta por tópicos y leyendas de muy diverso signo: ¿Cuál fue la verdadera importancia de las guerrillas en el conjunto de la lucha? ¿Qué hicieron los invasores en los territorios conquistados? ¿Los afrancesados eran muchos o pocos? ¿Cómo fue recibida la Constitución de Cádiz? ¿Cómo vivía la gente bajo la ocupación? ¿Qué empujó a tantas mujeres a involucrarse en el combate? Este libro responde a estas preguntas y otras muchas, afronta sin tapujos los aspectos sórdidos y poco gloriosos, y deja al descubierto una realidad mucho más fascinante que cualquier leyenda, una epopeya tan asombrosa como inédita para el lector de nuestro tiempo.”
El autor:
“Juan José Sánchez Arreseigor es historiador, especialista en el Mundo Árabe contemporáneo. También ha investigado y escrito sobre historia militar, historia de la mujer e historia del País Vasco, que es su tierra natal. Sobre todos estos temas, pero especialmente el primero, ha publicado decenas de artículos en el diario El Correo, la revista Historia y vida y otros medios de prensa, radio y televisión de toda España, así como conferencias, congresos especializados y cursos universitarios en el «Aula de la Experiencia» de la Universidad del País Vasco. El presente libro es el resultado de seis años de investigaciones y esfuerzos para llenar un importante hueco en la historiografía del País Vasco, de España y de las guerras napoleónicas.”
Finalmente no pude retomar Guerra y paz, demasiado atraso en tantas cosas. Pero tuve suerte con algunas lecturas, como la que presento hoy; no tanto con algunas películas. He visto el montaje del director de El reino de los cielos. Ridley Scott es un tipo algo excéntrico. Parece tener todo bajo control, orquestando proyectos desmedidos, [...] [...more]
Finalmente no pude retomar Guerra y paz, demasiado atraso en tantas cosas. Pero tuve suerte con algunas lecturas, como la que presento hoy; no tanto con algunas películas. He visto el montaje del director de El reino de los cielos. Ridley Scott es un tipo algo excéntrico. Parece tener todo bajo control, orquestando proyectos desmedidos, para luego plagar sus películas de despistes inexplicables. Los gazapísimos de Gladiator son legendarios, quizá más célebres que sus más célebres escenas, como la batalla de Vindobona, espectacular -a pesar de errores de bulto como la carga de caballería en el bosque y de la cámara lenta final; por cierto que la estructura se repite en el asalto final a Jerusalén de Kingdom of Heaven- o el ridículo combate final con el heroinómano emperador Cómodo. Es capaz de filmar películas impecables como Los duelistas o Black Hawk derribado y, también, de perpetrar infamias como Un buen año o, precisamente, El reino de los cielos. Y es que la película no hay por donde cogerla, comenzando por su actor protagonista: como dice el Mayor Reitman, “No puedes hacer que una lata de tomate actúe” -aunque estoy en desacuerdo con su crítica: no es una película histórica ni bélica, es una action movie ambientada en la época de las Cruzadas, con cierta intencionalidad política-. En su versión extendida, además, empeora. Los cortes, al contrario que en El señor de los anillos, estaban más que bien dados y, si acaso, eran insuficientes -yo habría cortado todos los primeros planos de Orlando Bloom-. Tampoco tuve suerte con otro de mis directores predilectos, Takeshi Kitano. Una de sus películas que me quedaba por ver era Minnā yatteru ka!, ignoro con qué título se la conoce en España, si es que se la conoce, porque dudo que haya llegado a ser doblada. La película, si se la puede llamar así, sigue las desventuras de Asao, el típico hentai japonés con una única obsesión: follar. Dada su insulsa humanidad, llega a la acertada conclusión de que debe apoyarse en objetos y virtudes externas, como un coche descapotable o un billete de avión de primera clase. En realidad, es una mera acumulación de gags, algunos ciertamente graciosos -para los que pillan el humor nipón- que recuerda más a la serie de Mr. Bean que a El verano de Kikujiro, Zatoichi o Hana-bi. No pude con ella. Así que me puse a leer, que es lo que me corresponde, ¿no?
En mitad de la noche un canto
Un “laberinto literario casi perfecto” es, para su traductora y prologuista Patricia Gonzalo de Jesús, este En mitad de la noche un canto, pero será fácil y regocijante para el lector perderse en este relato dedálico. En él, Petr, checo nacido en Brno, busca a su padre desconocido enviando cartas sin destino en una Checoslovaquia vigilada por la StB, un país que “necesita mártires como un parterre en flor abejas que lo polinicen” (p. 47). Cualquiera de los habitantes del laberinto puede ser un espía -para saber más de la afable secreta checa, léase Todos los colores del sol y de la noche, o visítese en Praga el Museo del Comunismo-: y éste es “un laberinto tan perfecto que no sólo se pierde en él todo aquél que entra, sino que es a la vez un laberinto que, como un gran animal paticojo, se levanta, se aleja renqueante y con el rabo borra las huellas que va dejando tras de sí, y así, todo lo que voy a relatar a continuación y que aún vas a oír tiene ya lugar sólo en las entrañas de ese animal ahora ya invisible, que camina, cojea y sigue borrando las huellas tras de sí” (p. 55).
Jiří Kratochvil trazó este inquieto laberinto en 1989, meses antes de la caída del comunismo checo, pero sólo fue publicado tras la Revolución de Terciopelo. Antes, el público checo había encontrado algunos de sus escritos en la célebre Samizdat. Al contrario que los cajones repletos de obras maestras que nuestros “antifranquistas” atesoraban, Ulises perseguidos por la cultivada secreta franquista, obras demasiado revolucionarias para la España dictatorial y aún para la historia de la literatura; demasiado todavía para la democracia, pues la llave sigue echada. En cambio y por fortuna, los cajones de Kratochvil se abrieron y, durante los noventa, cabalgaron irrefrenables hacia las librerías checas hasta seducir a autores rutilantes como Milan Kundera.
Kratochvil se confiesa admirador del célebre autor de La broma, pero quizá su obra recuerde más a Bohumil Hrabal y, si pensamos en imágenes, a Emir Kusturica. Porque los años de aquella Checoslovaquia -de su Brno natal- gris, tan distinta de la actual, el autor checo los cuenta a través de “mundos posibles”; Moravia aparece entre el costumbrismo y el sueño, entre la lírica y la violencia, entre Hrabal y Kafka -esa pulga sobredimensionada y asesina; ese padre, como el castillo, que no se puede alcanzar-, entre el posmodernismo y el cuento popular checo, permanentemente referido por el autor -y anotado por la traductora-. Entre la fantasía y la historia, porque sobre el fondo histórico de los “emigrados” -exiliados políticos- erige Petr su historia vital: “Fui concebido bajo un firmamento iluminado por proyectiles y con la tos asfixiante de los lanzacohetes katiusha como ruido de fondo”.
El mundo privado que crea Petr, desde su fantástica concepción a sus draculíneos poderes sobrenaturales, tiene su paralelo en la huida, ésta física, de tantos checos. Un fenómeno histórico que padeció el autor en sus propias carnes, pues su padre y su tío huyeron del totalitarismo comunista a principios de los cincuenta. Hay un fondo autobiográfico, pues, inseparable del histórico, por razones obvias. Pero, como buen posmoderno, Kratochvil deconstruye su propio pasado y el de Checoslovaquia, “por eso te lo cuento de esta forma: la narración como un sistema abierto, algo que aún se puede desmontar en cualquier momento y volver a montar desde el mismísimo principio de otra manera. Y esto es, no en vano, lo que siempre te ha interesado más de mis historias” (p. 148). Mas, por encima de la estructura, de las imágenes surreales, está la escritura, irónica y chispeante, rica en diminutivos y adjetivos en -il (pezgordil, relojil, murcielaguil), en jerga coloquial de Brno, juegos de palabras -muchas veces intraducibles-. Un elixir mágico, como la misma Europa central donde fue mezclado.
“«Fui concebido bajo un firmamento iluminado por proyectiles y con la tos asfixiante de los lanzacohetes katiusha como ruido de fondo, y nací poco antes de la Navidad de aquel año que sería el último de la guerra y el primero de la paz.» Así comienza En mitad de la noche un canto, una alegoría universal sobre la infancia, la pérdida, la búsqueda del padre y de la propia identidad en la Checoslovaquia comunista. En el marco de una fantasmagórica ciudad de Brno, bajo la constante vigilancia de un kafkiano Ellos, nos introducimos en un laberinto de vidas al límite que se entreveran con los convulsos acontecimientos históricos que atravesará el país a lo largo de esas décadas. Fantasía y realidad, comedia y tragedia, lo mítico y lo grotesco se entremezclan en la historia de un hijo natural cuya vida está marcada por la necesidad de averiguar la identidad de su padre y, al mismo tiempo, en la historia paralela de un muchacho cuyo padre emigró durante su infancia y cuyos rastros también se perdieron.”
Una corta biografía
“Entre los autores que irrumpieron en el panorama literario checo posterior a 1989, la llamada «era post-Kundera», destaca por encima de todos Jiří Kratochvil. A pesar de haber permanecido inédito durante mucho tiempo, y de haber sido publicado únicamente de modo clandestino por el sistema del samizdat hasta la Revolución de Terciopelo, Kratochvil ha recibido más tarde diversos premios literarios de enorme prestigio: los premios Tom Stoppard (1991), Egon Hostovský (1995), Karel Čapek (PEN Club, 1998) y Jaroslav Seifert (1999), entre otros. Nacido en Brno en 1940, durante la época de la Normalización, que siguió a los eventos de 1968, Kratochvil se vio obligado a desempeñar todo tipo de oficios poco acordes con su vocación literaria, como operador de grúa, vigilante nocturno de una granja avícola o telefonista. En 1983 comenzó a trabajar en el centro regional de conservación del patrimonio, y en 1991 en el departamento de creación radiofónica de Radio Brno. Desde 1995 se dedica exclusivamente a la literatura. Kratochvil es particularmente conocido por su trilogía formada por La novela del oso (1990), En mitad de la noche un canto (1992) y Avion (1995), así como por su dilogía carnavalesca compuesta por Historia siamesa (1996) e Historia inmortal (1997). Muy influenciado por la obra de Milan Kundera y por el realismo mágico, su obra constituye una de las piezas clave del posmodernismo checo. Sus novelas y relatos, alejados de las técnicas narrativas tradicionales, contienen motivos grotescos, fantásticos, bizarros y misteriosos, y están casi siempre estrechamente relacionados con la ciudad de Brno.”
“Que venga el libro electrónico y haga con nosotros lo que quiera, no vamos a negarnos a sus beneficios, pero que no perdamos el feliz hedonismo que supone siempre leer un Impedimenta.”
Tal y como predijera, España es campeona del mundo. Eso supone, según dicen, un aumento del PIB de 0,7% a añadir al crecimiento natural. También dicen que la marca “España” ha visto crecer su prestigio y demanda. Por si fuera poco, el país está más unido que nunca, los nacionalistas ahora parecen excéntricos aguafiestas, empeñados [...] [...more]
Tal y como predijera, España es campeona del mundo. Eso supone, según dicen, un aumento del PIB de 0,7% a añadir al crecimiento natural. También dicen que la marca “España” ha visto crecer su prestigio y demanda. Por si fuera poco, el país está más unido que nunca, los nacionalistas ahora parecen excéntricos aguafiestas, empeñados en destruir algo tan maravilloso como un campeonato de fútbol. Y es que los inocentes pueden pensar que sólo es fútbol, pero yo sé que ¡sólo es fútbol! y todo eso viene dado. Bueno, pues ya se acabó. Ahora empieza lo de todos los veranos, los fichajes, las ilusiones en un Real Madrid que, al final, y como se ha dejado robar la identidad por el Barça, decepciona. Mourinho ganará, siempre lo hace, pero no convencerá y en mi club eso es lo importante, o lo era. Vuelve la vida corriente, planificar corriendo el mes de agosto, que las editoriales no funcionan. Avistar el mes de septiembre que siempre se presenta de improviso. Adelantar algunos proyectos, que el tiempo apremia y se agota y acogota. En nada, las navidades y algunas novedades. Un cambio total de vida, eso siempre es bueno. Por ahora, sólo quiero terminar de leer Guerra y paz, edición de Mario Muchnik.
“Un hombre ve cambiar su vida después de afeitarse la barba.
Una novela sobre la locura y la literatura. Una magnífica reescritura de El Quijote.
«Antes de convertirse en Zalacaín el Aventurero, el llamado Teodoro Sagredo Blanco era un profesor de instituto un tanto asqueado del oficio, aunque cumplidor, eso sí, en la medida en que esto era todavía posible. Hasta que un día, a unos meses apenas de cumplir cincuenta años, la cagó por el simple hecho de afeitarse la barba».
Así, de este modo brillante, comienza la novela y las peripecias del tal Teodoro Sagredo Blanco.
El afeitarse la barba lo convierte, a los ojos de los demás, en otra persona. Nadie, ni su propia familia, su infiel mujer y sus hijos, creen reconocer en el rasurado Teodoro al barbado Teodoro. Como este señor sin barba insiste en ser el que era antes, el barbado, es recluido en un manicomio, la Residencia Social Asistida Nuestra Señora el Amparo, y a la que el narrador decide llamar «el reino de Aglapsia». Allí establece relación con su médico; con la madre superiora de las monjas que atienden el hospital, significativamente llamada Sor Adolf; con un extraño personaje llamado Julián Gavanzo de Medroleas, a quien el narrador rebautizará como «El Homónimo; con el mismo Pío Baroja, en la extraordinaria biblioteca del hospital; precisamente de una novela de Baroja extraerá el nombre a partir del cual querrá ser reconocido, Zalacaín el aventurero. Y, por supuesto, una serie de raros personajes como Don José María, El Gigantilla, Efraín, La Esfera, El Chino Pareja, Robespierre…
En medio de una narración que por momentos puede alcanzar el delirio, se nos va contando la historia de este señor llamado Teodoro Sagredo Blanco: su vida de profesor, su matrimonio, su integración en Comisiones Obreras o el Partido Comunista Español. Los años de franquismo. Su juventud y niñez. La historia familiar.
En el hospital se enamora de una interna a quien bautiza como Libertad, no, como él dice, «por viejos hábitos anarquistas», sino por unos bellísimos versos de Luis Cernuda.
Y un día Teodoro Sagrado, decide escribir su propia historia, encerrarse en su cuarto («Este es mi cuarto y estoy vivo») y ponerse en la redacción de su libro, que es el mismo libro que hemos estado leyendo.”
“Luis Béjar ha dedicado toda su vida a la literatura. En su trayectoria como escritor comenzó cultivando géneros como el teatro y la poesía y terminó escribiendo varias novelas que recibieron algún que otro aplauso de la crítica así como destacados premios literarios. Es autor de Aquello es lo que llamábamos Berlín (premio Sésamo 1978), traducida al ruso; El coleccionista de agujeros (premio Eulalio Ferrer 1981), El manuscrito de París (premio Castilla-La Mancha 1988) y El viejo sonido del arco iris (premio Francisco Ayala 1995). Es autor igualmente de un libro de poesía, Donde viven las cosas (1998). En su narrativa, Luis Béjar siempre trata de entender la lucha entre el hombre y su realidad, ese mundo con apariencia de verdadero.”
“El toledano Luis Béjar (1943) no es un escritor novel, aunque su nombre suene tan sólo en círculos restringidos, pero tampoco uno de esos narradores osados que se lanzan a llenar folios creyendo que basta contar algo para urdir una novela.”
Parecía que nunca iba a llegar. España alzando una Copa del Mundo de fútbol. El escenario, más que inesperado: África. El finalista, el de siempre, o casi: Holanda. Pero llegó, y Casillas elevó al cielo la ofrenda tan bien y justamente ganada. Vamos a hablar de esto durante mucho tiempo, eso seguro. Han sido tantas [...] [...more]
Parecía que nunca iba a llegar. España alzando una Copa del Mundo de fútbol. El escenario, más que inesperado: África. El finalista, el de siempre, o casi: Holanda. Pero llegó, y Casillas elevó al cielo la ofrenda tan bien y justamente ganada. Vamos a hablar de esto durante mucho tiempo, eso seguro. Han sido tantas decepciones… casi todas autoinfligidas, porque favoritos, lo que se dice favoritos, no fuimos nunca. Creo que sólo en 2002 hubo otro grupo capaz de alzarse con el título, pero desgraciadamente un arbitraje no polémico, sino sencillamente subvencionado -la historia personal de los implicados lo demuestra- nos arrebató la posibilidad de, al menos, intentarlo pues, ¿no era perfectamente asequible Turquía? ¿Se ha visto alguna vez algún Brasil más vencible? -sí, el de 2010-. ¿Y una Alemania en la que el mejor era el portero, y falló de lo lindo? Pero el pasado no tiene remedio. Somos los Campeones del Mundo, con la ayuda preternatural de un pulpo, pero campeones.
Si no me equivoco, somos el segundo país más pequeño que se ha alzado con la Copa tras Argentina. Sí, ya sé que Uruguay tiene dos y que es minúsculo pero, sin restarle méritos, las suyas pertenecen a los tiempos de Maricastaña. Valen las estrellitas, pero en aquel entonces, Brasil no era Brasil, Italia sólo en parte, Alemania era futbolísticamente marginal, casi como Argentina, y los mejores, ingleses y escoceses, se negaban a participar en un torneo francés. De los 193 millones de habitantes de Brasil a los 46 de España va un largo camino -Argentina, gran mérito, cuenta con 41 millones-. Somos pocos, y dicen que mal avenidos, pero eso no se ha reflejado en la Selección, un modelo de unión de principio a fin; una unión que no descarta las diferencias, y así la escuela sevillana de Navas o Ramos y la catalana de Xavi o Iniesta han aportado sus virtudes al conjunto.
Durante años se nos acusó de carecer de estilo. Lo había, pero era bronco y tosco, la Furia en estado puro, el fútbol físico y vertical que gustaba a Clemente, aunque la naturaleza no ornó a los españoles con cuerpos escandinavos, sino con otros más pequeños y nerviosos. Fue lúcido Aragonés, que para algo es Sabio, cuando miró lo que tenía y se limitó a aprovechar sus características. Nació el Tiqui-Taca. Pero eso sólo ha sido el final del camino. Ya hacía algunos años, al menos desde la Quinta del Buitre, que en las escuelas de fútbol -menos quizá en la vasca- se anteponía el toque y la creatividad al músculo y al arrollamiento. Mucho más adecuado para unos cuerpos pequeños como los de Silva o Cesc. Finalmente, adoptamos el estilo que Cruyff trajo de Holanda, por mucho que moleste a Hierro. Así es, la gran tradición del buen fútbol, aquella que iniciara el Wunderteam de Hugo Meisl y Matthias Sindelar, futbolista judío seguramente asesinado por los nazis, que maravillara con el Aranycsapat de Puskás, Kocsis y Czibor y que adoptara nombre propio con el Totaalvoetbal de Cruyff, Neeskens y el resto de naranjas mecánicas de principios de los 70: sus herederos son los españoles, y no esa rara Italia anaranjada que nos encontramos en la final.
Porque, el gran derrotado de este mundial, es Italia -a pesar de Berlusconi, que se ha querido agenciar, como tantas cosas, el título español-. Italias ha habido muchas en este mundial. No sólo la original, que no pudo pasar de la primera fase. Brasil fue Italia. Argentina fue Italia. Holanda, una versión del peor fútbol italiano, marrullero y violento. Fue sumamente extraño ver a una selección simpática, querida y admirada, que siempre ha disfrutado del fútbol -y creo que es mejor perder como Cruyff que ganar como Cannavaro-, arreando patadas voladoras, segando a la altura de las tibias, protestando al árbitro con aspavientos -y tanta queja sólo tendría sentido de haberlo tenido comprado, ¡eh, que para algo pagamos!-. Esa no era Holanda, era Italia disfrazada. Pero Italia ha perdido. Todas lo han hecho. Ganó el equipo de oro español. El Tiqui-Taca, ese apodo ridículo pero exitoso. Y ganamos sin abracadabra, al contrario que en la Eurocopa.
Si el Mundial será leyenda por el título, la Eurocopa lo es por el juego. Aunque la selección que llegó a Sudáfrica era bastante mejor a la de Austria, no estaba en un momento tan bueno. Primero, muchos jugadores estaban tocados; Iniesta se recuperó, pero no Torres. Y es una baja más que sensible. Segundo, todos llegaban físicamente hundidos. Tercero, nos temían. Ningún equipo de los que jugaron con nosotros fue él mismo, sino que jugó en función del temor que inspirábamos. Aún así, nos faltó el abracadabra que sí chispeó en Austria. Xavi, nuestro archimago, llegó mentalmente agotado a Sudáfrica, y sólo muy lentamente se recuperó, alcanzando un nivel aceptable contra Alemania. Nos faltó el sortilegio, y a pesar de todo fuimos campeones, fuimos los mejores, los más atacantes. Los más fallones también. El campeón con menos goles a favor de la historia. Y seguramente uno de los que más ocasiones disfrutó. Cierto es que nuestro juego se desarrolla de otra manera, en horizontal -en realidad, España es un equipo defensivo, sólo que defiende en el área contraria, no en la propia-. Cierto es que jugamos cada partido contra once defensas. Cierto, nos cosieron a patadas desde el primero al último partido, con el ya tradicional conchabamiento arbitral con los violentos -los árbitros, y Blatter, odian el fútbol: son el Enemigo Interior-. Creo que fue el cansancio, con el que cargamos desde esta Liga tan abundante en equipos innecesarios, lo que impidió que se marcaran más goles, porque a pesar de todo, ocasiones hubo todo el campeonato, y muy claras.
Ganó España, y lo hizo intentando jugar bien. Sin abracadabra, pero con tiqui-taca. Todas las dudas, las tensiones, el miedo a los fantasmas que creímos dejar atrás, pero que descubrimos en las maletas tras la derrota frente a Suiza, se han superado. Una España al 70% fue campeona, clara y merecidamente. Hemos acabado con las italias, y los alemanes se están reorganizando bajo nuestro modelo. Alemania será la gran selección del próximo Mundial, puede que ya de la próxima Eurocopa. Pero España no ha dicho la última palabra. Seguimos fabricando buenos futbolistas, nuestro estilo se ha consolidado definitivamente y ya podemos ir sin complejos de ningún tipo en pos de la segunda estrella. Por cierto que debo cambiar de camiseta: la que he llevado desde la Euro 1996 ya no me sirve, le falta la estrella. Ahora vuelve la vida corriente, que durante un mes había dejado de lado. Dentro de cuatro años, volveré a pasar un mes raro, pero hermoso. Puede que haya una segunda estrella. Me conformo con que vuelva el abracadabra, con seguir disfrutando del fútbol.
PD: he encontrado este buen resumen-recreación de la final; los españoles salen un poco raros, pero los holandeses han sido reproducidos con toda fidelidad.
Esta semana me costó decidirme. Había varios títulos en la recámara, mas ninguno suficientemente certero. Pasa a menudo. Y sí, he vuelto a trabajar a destajo, ahora que el Mundial da un respiro -y un ahogo: ¡estamos en la final!-, sin contar con que ha sido un empacho de partidos, que no de fútbol -creo [...] [...more]
Esta semana me costó decidirme. Había varios títulos en la recámara, mas ninguno suficientemente certero. Pasa a menudo. Y sí, he vuelto a trabajar a destajo, ahora que el Mundial da un respiro -y un ahogo: ¡estamos en la final!-, sin contar con que ha sido un empacho de partidos, que no de fútbol -creo que el primer buen encuentro del campeonato se vio ayer- y ya van entrando ganas de otras cosas. Si elegí las memorias de Boruwlaski fue por su curiosidad. Lo mismo que el personaje fue una rareza llamativa en su época, lo son sus memorias en las góndolas de novedades en la nuestra. Quizá lo más llamativo sea, sin olvidar la descripción de los viajes polacos durante el Antiguo Régimen -echando a latigazos a los campesinos de sus casas para alojar en ellas a los viajeros-, la correspondencia “amorosa” de Boruwlaski y su mujer. ¡Menudo tiranuelo! La simpatía que el personaje pudiera despertar se esfuma durante el acoso epistolar, felizmente resuelto a su favor. Y es que ser enano en aquel entonces era jodido, pero ser mujer resulta que era aún peor.
“Leer las memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski, nacido en Polonia en 1739 y muerto en Inglaterra en 1837, es recorrer las cortes europeas acompañado de un personaje inigualable, un observador privilegiado que vivió en su cuerpecito (no llegó al metro de altura) los avatares de un mundo que se debatía entre el Antiguo Régimen y el Siglo de las Luces. Viena, París, Londres… son algunos de los escenarios donde Joseph Boruwlaski encandiló a su público —entre el que se contó el Príncipe de Gales, la futura reina de Francia María Antonieta o los últimos reyes de Polonia— con sus habilidades: músico, hábil conversador, de trato elegante y con un escogido y refinado comportamiento. Su encanto fue mucho más que ser enano, que ser un cortesano en miniatura; su triunfo fue ser un alma en extremo sensible tanto para acompañar y divertir como para empatizar con sus protectores, enamorarse y enamorar. Estas memorias, este viaje, son un tratado sobre la dignidad humana, sobre la superación personal sin patetismos ni fórmulas insulsas.”
“Joseph Boruwlaski (1739-1837) perdió a su padre con nueve años, por lo que su madre lo entregó como acompañante y entretenimiento de aristócratas. Después de una ajetreada vida entre cortes y espectáculos con él como protagonista, se retiró a Durham, donde murió a la edad de noventa y ocho años. Afamado fenómeno de su época, aparece citado en la definición de «Enano» de la Enciclopedia de Diderot.”
“Sugrīva se volvió hacia Hanumān, que estaba a su lado, y le dijo: -Convoca a los monos de todos los rincones de la tierra por medio de regalos, de acuerdos y diplomacia. Sé que ya hemos enviado mensajeros, pero despacha más monos para que apremien a los anteriores. Quiero que todos los monos se presenten [...] [...more]
“Sugrīva se volvió hacia Hanumān, que estaba a su lado, y le dijo:
-Convoca a los monos de todos los rincones de la tierra por medio de regalos, de acuerdos y diplomacia. Sé que ya hemos enviado mensajeros, pero despacha más monos para que apremien a los anteriores. Quiero que todos los monos se presenten aquí, incluso los que estén entregados a hacer el amor y los que se sientan inclinados a la pereza. ¡Si no llegan aquí dentro de diez días, serán ejecutados por desobedecer al rey!
»Bajo mi mando hay miles de millones de monos; que todos vengan y se presenten ante mí. Envía a los monos inmensos que tienen el tamaño de las nubes y que tapan el cielo para que den a conocer mis órdenes. Envía a esos monos que saben dónde viven todos los otros monos de la tierra.
(…)
Trescientos millones de monos negros como el kohl vinieron de la montaña de Añjanā, cien millones de monos resplandecientes vinieron de las montañas del ocaso, cientos de millones de un pardo rojizo como la melena del león vinieron del monte Kailāsa, y mil millones que vivían de raíces y frutos vinieron de los Himālayas. Cientos de millones vinieron de los Vindhyas; eran feroces como Marte y capaces de cosas terribles. Un número incontable llegó de las orillas del océano de leche, donde vivían en bosques de palmas y se alimentaban de cocos. Las tropas de monos vinieron por colinas, valles y ríos bebiéndose el sol, por así decirlo.
(…)
Rāma contempló al enorme ejército de monos, que parecía un estanque de lotos, y quedó muy complacido. Alzó a Sugrīva, el rey de los monos, que se había postrado a sus pies, y le abrazó con afecto y respeto. Le pidió que tomara asiento y entonces le dijo:
- Un verdadero rey es aquel que divide su tiempo proporcionalmente entre los asuntos de estado y el placer. Aquel que persigue sólo el placer y descuida el dharma y los bienes materiales es como el hombre que se va a dormir a la copa del árbol y despierta cuando cae al suelo. Un rey que destruye a sus enemigos y se dedica al bienestar de sus amigos recoge los frutos de las tres metas de la vida. Vive de acuerdo con el dharma. ¡Ha llegado el momento de comenzar nuestra empresa, destructor de enemigos! ¡Consulta a tus ministros y consejeros!
-Gracias a ti he restituido mi fama y mi gloria, y he recobrado el antiguo reino de los monos -dijo Sugrīva-. Tú y tu poderoso hermano me habéis ayudado a conseguir esto, y aquel que no devuelve los favores es el peor de los hombres.
» Aquí tenemos cientos de monos que han traído a otros miles de monos desde todos los rincones de la tierra. Hay osos y monos con cola de vaca que saben abrirse paso en los bosques más inexpugnables. Hay monos que son hijos de dioses y de gandharvas y que pueden cambiar de forma a voluntad, acompañados de sus grandes ejércitos. Hay monos cuyo valor es comparable al de Indra, monos que viven en los Vindhyas y que tienen la estatura de las montañas Meru y Mandara, ¡cientos de miles de millones de monos que vienen en camino! ¡Matarán a Rāvana y a su familia y traerán de vuelta a Sīta!
(…)
En ese momento, se levantó una enorme nube de polvo que tapó los afilados y ardientes rayos del sol. Cubrió el cielo y lo oscureció en todas las direcciones. La tierra comenzó a temblar y muy pronto quedó cubierta por innumerables monos de fuerza inaudita, grandes como montañas, de afilados dientes y uñas. En cuestión de minutos, la zona quedó invadida por los jefes mono y sus millones de seguidores, los cuales podían cambiar de forma a voluntad. Había monos formidables y poderosos provenientes de los ríos, los mares y las montañas, así como aquellos que vivían en los bosques y cuyas voces rugían como el trueno. Los monos de toda lla tierra se habían reunido allí, gritaban y aullaban, daban saltos y brincos, y rodeaban a Sugrīva como las nubes roden al sol. La euforia de los monos se traducía en un estruendo terrible. Inclinaron su cabeza ante Sugrīva y comenzaron a presentarse. Algunos jefes, que eran más reservados, se acercaron a él para inclinarse con las palmas juntas. Y Sugrīva, que conocía el dharma, los presentó ante Rāma.
Rāmāyaṇa, edición de Atalanta (2010). Traducción de Roberto Frías según la versión inglesa de Arshia Sattar. Una espléndida revisión pues lo habitual es presentar un Rāmāyaṇa farragoso, arcaico. Tal y como dice Jesús Aguado (Babelia), “lejos de ser un monumento o un objeto de museo, defecto de la mayoría de las versiones occidentales mencionadas (incluida una en latín que refuerza todavía más esta sensación de antigualla venerable pero inservible y lejanísima), aparece como un texto vivo, actual, próximo y directo con el que uno, sin importar a qué región geográfica o mental del mundo pertenezca, puede dialogar sobre todo lo divino y lo humano”. Más que recomendable, aunque, como yo, ya tuvieran otra edición en casa.
Ayer fue el primer día sin Mundial en semanas. Fue una privación demasiado brusca, tras tantos días viendo fútbol -es un decir-, así que estuve repasando vídeos de mis jugadores favoritos, el Buitre y su suspensión del espacio-tiempo, Éric Cantona -un tipo tan grande que me hizo apoyar a un equipo dirigido por Alex Ferguson-, [...] [...more]
Ayer fue el primer día sin Mundial en semanas. Fue una privación demasiado brusca, tras tantos días viendo fútbol -es un decir-, así que estuve repasando vídeos de mis jugadores favoritos, el Buitre y su suspensión del espacio-tiempo, Éric Cantona -un tipo tan grande que me hizo apoyar a un equipo dirigido por Alex Ferguson-, los pases imposibles de Michael Laudrup, la casta de Bakero o Raúl, la suprema elegancia de Zizou. Pelé o Maradona no despiertan emoción alguna en mí -en el caso del argentino positiva no, desde luego-. Me siento algo culpable, porque en estos días leo poco. Selecciono más, en todo caso. Era inevitable, al recibir de Atalanta la nueva edición de Vampiros, elegirla como lectura privilegiada. Ya había padecido/gozado, hace años, El vampiro, la versión que Jacobo Siruela adaptó para el Círculo de lectores. Me duró apenas un día y medio de verano, demasiado poco, demasiado intenso. Recuerdo haber sentido el primer escalofrío durante una lectura, y eso que el sol lucía bien alto, y bien fuerte. Había golondrinas en el cielo y olía a hierba secándose. No era el ambiente para aterrorizarse con un cuento, pero ocurrió. Era La habitación de la torre de Edward Frederick Benson, autor tan ignoto entonces como ahora, para mí. Entonces coronaba el libro, un colofón perfecto. Vampiros, pues, lo empecé por ahí, por la cámara tenebrosa y el cuadro semoviente y sediento del texto del olvidado Benson. Fue una noche tórrida de verano, la calle alborozada por la clasificación de España para octavos de final. Estaba en mi casa, en mi propio hogar dispuesto y organizado a mi gusto. Y volví a temblar.
“Esta antología, que ahora se reedita ampliada con tres cuentos inéditos –la más completa y documentada que existe hasta el momento en español– reúne los mejores textos cortos de vampiros que se han escrito desde principios del siglo XIX hasta casi finales del siglo XX. En cualquiera de sus variantes, ya sea en su aspecto más primitivo, como «reviniente» inspirado en el folclore eslavo, o como noble perverso con un irresistible magnetismo erótico para las mujeres, o bien como bella y cruel vampiresa, instigadora de la fatalidad de los hombres, todas estas muestras de la «tempestuosa belleza del terror» siguen fascinando a través de los siglos, pues en ella se funden el deseo más tenebroso de la sexualidad con el más profundo miedo a la muerte, dos ingredientes que nunca dejarán de cautivar a la imaginación.
Publicada por primera vez en 1993; y reeditada mas tarde en 2001 con nuevos cuentos y una introducción más larga de Jacobo Siruela, esta tercera entrega del 2010, publicada ahora en Atalanta, añade tres cuentos nuevos del siglo XX. August Derleth, (editor de Arckham House), introduce una nueva variante con su vampiro de la nieve; Richard Matheson (el autor de «Soy leyenda») inserta el vampirismo en la cotidianedad contemporánea; y Robert Aickman, considerado el más grande escritor inglés de cuentos sobrenaturales de la segunda mitad del siglo pasado.”