Jun 24

El tesoro del San José, de Carla Rahn Philips

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 24/06/2010

Ay, el veranito. La Noche de San Juan, playa o montaña, Julio Verne, Don Quijote. Cada cuatro años, el Mundial. Eso es el verano. También algo de vida marinera, aunque sea a base de marisco y sardinas asadas. El mar, como decorado y para olerlo. También para leerlo, un poco de La línea de sombra, por ejemplo. Es difícil disociar, sin embargo, las imágenes veraniegas de La isla del tesoro, que es casi una imposición, aunque este niño ayer fuera más impresionado por Los Goonies y por Los cinco. Aventuras sin padres, ¡qué más puede desear un crío! La etapa estival ha perdido algo de chispa, claro. Al hacerse adulto, y todo niño quiere crecer -de ahí el fracaso político de Peter Pan-, se pierden muchas cosas. Todo empieza cuando cruzas los dedos para que tus amigas decidan hacer top-less -nunca ocurre- y, a partir de ahí, la cuesta abajo. Pero estábamos con los Goonies y los Cinco y la búsqueda de tesoros, que cuando creces esos anhelo y emoción cambian, pero no se pierden. Sigue habiendo tesoros por ahí, aunque quizá no nos corresponda a nosotros encontrarlos.

Lee mi reseña de El tesoro del San José en El Confidencial →

Su editorial Marcial Pons dice de él:

“Según los cazadores de tesoros, el galeón español San José transportaba la carga más valiosa que jamás se haya perdido en el mar. Carla Rahn Phillips sostiene que la verdadera pérdida residió en las casi seiscientas vidas desaparecidas en el desastre. Por descontado que la autora de este libro fascinante plantea (y resuelve) la eterna pregunta de la cuantía del tesoro que viajaba a bordo en el momento del naufragio. Pero más allá, sumergiéndose en archivos y fondos históricos, Rahn Phillips logra reconstruir la historia del San José y la de los oficiales, la tripulación y los pasajeros que lo acompañaron en su último viaje. Original, exhaustivo y convincente, El tesoro del San José dibuja una línea de separación entre el mito popular y la historia, arrojando mucha luz sobre dimensiones humanas de la Guerra de Sucesión que nos eran desconocidas.”

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Jun 21

Yo voy con Corea del Norte

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: 21/06/2010

Lo que no quiere decir que no apoye a la Roja, ni mucho menos. Hoy se ganará a Honduras, y el viernes a Chile, con lo que clasificaremos sin agobios. Es así. Pero en un Mundial hay que apoyar a otra selección, además de la propia. Normalmente ha sido Portugal, nuestros vecinos -espalda contra espalda-, a pesar de sus muchos brasileños y del mediocre Queiroz que sufrimos los madridistas una temporada enterita. Pero este año los lusos casi se van a mi tercera predilección, porque ha aparecido un equipo simpático de verdad. Supongo que ello me sitúa en pleno Eje del Mal, pero yo voy con Corea del Norte.

No es probable que los chollimas pasen de primera ronda. Ya parece mucho que hayan marcado un gol a Italia -perdón, Brasil-, un equipo ganador de cinco mundiales, con toda la inercia histórica que eso supone. Pero creo que, en el partido frente a Italia -perdón, Brasil-, alcanzaron la cima de su fútbol. No les será tan fácil con selecciones menos soberbias como Costa de Marfil y Portugal -que cuenta con mi total apoyo y, por tanto, con ventaja-. A pesar de su poca pericia futbolística, es innegable que son el equipo más simpático del Mundial. Mucho más que las dos Italias, la azul y la amarilla, mucho más.

Y es que los norcoreanos empezaron bien pronto a exhibir su alteridad. El seleccionador, Kim Jon-Hun, supo sacarse de encima la presión que aflige a cualquier técnico de un combinado nacional recurriendo al ridículo culto a la personalidad vigente en toda dictadura. El verdadero alma y -caro término para los comunistas- guía del fútbol norcoreano es Kim Jong-il, el Gran Dirigente o Querido Líder, según la proximidad emocional. Como su cumpleaños es fiesta nacional, imagino que muchos preferirán la versión más afectuosa. Los prisioneros políticos seguro que tienen otras palabras en mente. El generalote estará contento con el buen rendimiento de sus pupilos en la primera jornada ante Italia -perdón, Brasil-. Y es que Kim Jon-Hun no tiene más papel en la selección norcorana que dar la cara, porque “Él [el general Kim Jong-il] guía el fútbol norcoreano y propone las tácticas de los partidos. No hay otro equipo con semejante dedicación por satisfacer al líder”.

No es que comulgue políticamente con el auténtico seleccionador nacional, ni con el calzonazos del aparente, pero tal servilismo tiene su gracia. No veo a Del Bosque haciendo lo propio con ZP, dado el gafe deportivo del Presidente. Aunque tampoco me extrañaría de Domenech, si los astros lo aprueban. Es posible, además, que sea ya la única manera de salvar el cargo, a Sarkozy le falta poco -algunos artículos de la Constitución de la Cinquième République- para alcanzar en egolatría al Gran Líder. Ignoro si Sarkozy comparte los enormes conocimientos futbolísticos del “Sabio de Viatskoe”, pero es seguro que conseguiría mejor rendimiento para su selección que Domenech y su quiromancia.

Los norcoreanos también trataron de hacer magia. Al igual que Jesús de Nazaret con el agua, que tornó en vino -no sabía nada, el pájaro-, los simpáticos penúltimos comunistas quisieron trocar a su delantero Kim Myong-Won en portero, sin privarle de su condición de punta. Como eso es mucho más difícil que una simple reforma a nivel molecular, FIFA, con su malicia habitual, les paró los pies: sólo podría ponerse bajo palos, como un Higuita cualquiera. A los chollimas les cortaban las alas, y la infalibilidad del Gran Dirigente quedaba en entredicho. Habían intentado metérsela doblada al Máximo Organismo Futbolístico, y como sabemos eso sólo se les permite a Italia -la de azul- y a Argentina -o a Corea, si organiza un Mundial; el Querido Líder ya está en ello, seguro-.

Pero los norcoreanos no sólo son picaruelos, también son emotivos, entrañables. Las imágenes de su gran estrella, el ariete Jong Sae-Te, sollozando y lagrimeando -vulgo, llorando a moco tendido-, emocionado al escuchar el Ach’imŭn pinnara -el optimista himno norcoreano que se atribuye a Pak Seyŏng y Kim Wŏn’gyun, pero que con seguridad compuso el Gran Querido Líder Dirigente- han dado varias vueltas al mundo, como la isla de Perdidos. No es el 9 chollima un personaje cualquiera. Aunque ya hace mucho que es costumbre que los aguerridos futbolistas lloriqueen en las despedidas de su club -¿en qué oficio llora uno al jubilarse?-, ahora veremos manadas de llorones durante esa ceremonia previa al encuentro -de hecho, ya ha ocurrido: a ver si adivinan quién, un gallifante para el avispado observador-. La interpretación de los himnos, el intercambio de banderines y el lanzamiento de la moneda por el árbitro, en un Mundial, es casi tan importante como el partido mismo.

¿Qué razones tenía Jong Sae-Te para tan obscena exhibición de sentimientos? ¡El gran orgullo de ser norcorano! Los descreídos españoles, amantes de los reinos de Taifas, no pueden entenderlo. ¿Qué va a entender un pueblo que loolea su himno! A Jong Sae-Te se le inflama el corazón cuando piensa en el Monte Paektu y los cinco mil años de historia norcoreana. Aunque eso signifique pertenecer al eje del mal. Aún habiendo nacido japonés. Aún siendo hijo de surcoreanos. Cualquiera se pierde. Recapitulemos. Jong Sae-Te nació el 2 de marzo de 1984 en Nagoya, lo que significa que tiene 26 años y es japonés. Sus padres eran surcoreanos, ergo el Rooney del pueblo, como le apodan -también es capricho-, es surcoreano. Pero juega con Corea del Norte.

¡Qué simpática es esta gente! Sae-Te sólo ha pisado el país cuya nacionalidad luce para jugar partidos con su selección. Juega en el Kawasaki Frontale de la J-League, y ni se plantea alinearse en equipos como el 25 de abril o el Amrokgang. Allá, en el país de las tres mil leguas de riqueza natural, no podría disfrutar de sus caros deportivos, ni de sus gadgets, ni de su música degenerada. Ni siquiera cambiar de peinado tantas veces como le apetezca -los barberos de Pyongyang sólo saben rapar al estilo Kim, guía y modelo de todos los coreanos del norte-. Su hobby es salir de compras, algo muy japonés pero más bien ajeno a las costumbres norcoreanas, que son más sencillas, como morirse de hambre o alabar al amado líder. Pero el Rooney del pueblo es un chico generoso, que permite a sus compañeros jugar con él unas partidas a la PlayStation -otras fuentes citan a Nintendo como su opción lúdica preferida- o escuchar los últimos éxitos del hip-hop. Lo que no compartirá con nadie, cuando lo consiga, será la novia; el muy zorro cuenta con enamorar a una de las integrantes del grupo de K-pop Wondergirls, algo así como las Pussycat Dolls surcoreanas.

Sin duda, él no iba a ser uno de los que, como todos esperaban, intentara darse a la fuga aprovechando el viaje a tierras sudafricanas. Ocasiones se les habían presentado antes, pues la selección tuvo que cruzar Asia varias veces durante la clasificación para la fase final. Pero las mentes sucias no descansan, y poco después del partido contra Italia -¡ay, Brasil!- se difundió el bulo de que cuatro de los integrantes del combinado nacional norcoreano se habían escapado de la concentración y habían solicitado asilo político. FIFA, tan aficaz como siempre, se apresuró a desmentir el hecho pues un misterioso enlace que tienen dentro les había confirmado que tal cosa era una falsedad. En realidad, fácilmente podían haberse largado y los norcoreanos podían haberles sustituido por otro, utilleros o cualquier miembro del staff: nadie habría advertido la diferencia.

Este fácil chascarrillo no es tan obvio como parece. A muchos sorprendió, y yo lo comenté durante el encuentro con… Brasil, ¿no?, que hubiera tantos aficionados norcoreanos en la grada. ¡Si españoles sólo fueron doscientos! Supusimos que eran altos cargos del Partido, o parientes del Amadísimo Líder. Además, estaban organizados como una orquesta, con lo que parecía un maestro de ceremonias alentando a los menos entusiastas y dirigiendo el coro y sus cánticos. Bueno, eso es relativamente común en los hinchas asiáticos; creo que entre los japoneses ese director tiene hasta denominación propia, pero no la recuerdo. Demasiado bonito para ser verdad. Eran chinos, un millar de aficionados chinos, que podríamos decir profesionales del asunto, pues ya habían seguido a la selección China en otros torneos. Dado que los norcoreanos están muy ocupados pasando hambre y alabando al Líder, la oficina en Pekín del Comité Deportivo de Corea del Norte ayudó a organizar este grupo que seguirá a los chollimas en su periplo mundialista.

Esperemos que sea largo. Tienen difícil pasar la primera fase, pero con la decepcionante Costa de Marfil y un poco de cristianitis en Portugal, es posible. Desgraciadamente, Italia amarilla cuenta con seis puntos, por lo que sólo una de mis segundas preferidas, Portugal o Corea del Norte, podrá jugar los octavos. Tengo el corazón dividido, pues unos son nuestros hermanos -espalda contra espalda- y los otros una auténtica catarata de anécdotas que ojalá dure un poco más. De todos modos, su primer cruce será con España, y ahí está el techo de ambas selecciones de mis sub-amores. Tae-Se llorará de camino a casa, pero mientras sus colegas se quedarán en Pyongyang, con el hambre y las loas, él continuará con sus gadgets y su ropa de marca hasta Narita, donde quizá le aguarde su Wondergirl para apaciguar su amor por el Líder, Gran Dirigente y mejor estratega del fútbol.

PD: previsión para hoy, España 4 – Honduras 0.

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Jun 19

Saramago y los males de la modernidad

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: 19/06/2010

Es posible que el libro que me ha mantenido más absorto, incluso provocando alguna colisión, haya sido el Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. Lo leía mientras comía, en el bus, y también caminando. Entonces aún no había desarrollado ese sexto sentido murcielaguesco que me permite intuir las farolas -todavía no puedo esquivar los bolardos destrozatibias de Madrid-, y me llevé algún golpe por ello. Aquella atmósfera asfixiante, la intensidad teatral del espacio cerrado, las limitaciones físicas y metafísicas que la ceguera implica. No podía dejarlo. Luego leí otras novelas suyas, algunas incluso mejores, pero ya no fue lo mismo: la impresión de descubrimiento es irrepetible. Últimamente Saramago había empezado a repetirse. Caín o Las intermitencias de la muerte mostraban a un autor en descenso. Su propia salud estaba muy dañada. Pero, hasta el último día fue fiel a sí mismo, a sus convicciones. Esa es una virtud que no se da mucho en la actualidad. Nos hemos acostumbrado al practicismo de la deslealtad. Por eso, aunque su ideología me pareció siempre ingenua y equivocada, admiré a Saramago. Rectificar es de sabios, pero a veces se necesita mucho valor para negarse a hacerlo, aunque el mundo entero grite en tu contra. Y el mundo lo hizo. Varias veces. Por su apoyo a Castro -luego rectificó, sabiamente-, por sus furibundos ataques al catolicismo -tenía más razón que un santo, ¡qué caray!-. En esos gritos estaba la confirmación se sus razones: que la fuerza se usa para aplastar al débil. Sólo que erraron: Saramago no era débil, aunque nunca abusó de su fuerza. La empleó para resistir. Su arma fue la literatura.

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Jun 17

Diario de un ama de casa desquiciada, de Sue Kaufman

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 17/06/2010

La verdad es que en estos días poco me apetece leer.  Si algo me inquieta es disfrutar del fútbol, de un Mundial que sólo viene cada cuatro años, aunque éste esté resultando bastante decepcionante, y no lo digo sólo por el accidente ayer de España. Aunque es cierto que hace mucho, mucho, que no se ve buen fútbol en una Copa del Mundo, con la excepción de algún equipo desorientado -como el nuestro- que aún cree que jugar bien sirve para algo. ¡Si hasta Brasil ha hecho dejación! Por eso, porque yo lo que quiero es ver partidos, aunque sea un Argelia-Eslovenia, es tan raro que, por unas horas, haya conseguido sacarme el fútbol de la cabeza. Ha sido con esta novela, con la que no tenía demasiadas expectativas. Sólo lo abrí por responsabilidad laboral, pero una vez más he conseguido que mi trabajo resulte divertido. Más que Jabulani y compañía, eso está claro.

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Lo que dice la editorial:

“Tina Balser es una sofisticada ama de casa que vive en Manhattan y parece tener todo cuanto podría desear: dinero, dos preciosas hijas y un marido que es un abogado de éxito. Cuando sus miedos y neurosis comienzan a atenazarla, Tina estrena un diario en el que, con sus agudas e hilarantes anotaciones sobre sí misma y su entorno, intenta arrojar un poco de luz en su aburrida vida y dar con las causas de su insatisfacción. A través de las páginas de su diario iremos descubriendo a la universitaria que intentó ser pintora pero que abandonó su carrera por una vida más convencional, al estirado marido en el que se ha convertido el hombre con el que se casó y los distintos remedios con los que intenta superar sus problemas.
Esta obra fue publicada originalmente en 1967 y está considerada como una de las novelas fundacionales y más representativas de la nueva conciencia femenina surgida a mediados del siglo pasado en Estados Unidos. Diario de un ama de casa desquiciada es un divertido e inteligente relato sobre el sentimiento de angustia al que todos nos enfrentamos alguna vez en nuestra vida.”

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La editorial sobre Sue Kaufman:

“Sue Kaufman nació en 1926 en Nueva York, donde vivió hasta su muerte en 1977. Se graduó en el Vassar College en 1947 y empezó a colaborar con publicaciones como The Atlantic Monthly, The Paris Review y The Saturday Evening Post. Su primera novela, The Happy Summer Days, apareció en 1959, pero el mayor éxito de toda su carrera le llegó en 1967 con la publicación de la novela Diario de un ama de casa desquiciada, que fue adaptada al cine en 1970 por Eleanor y Frank Perry. Otras obras de la autora son: Green Holly (1961), The Headshrinker’s Test (1969), Falling Bodies (1974) y The Master and Other Stories (1976). Desde 1980, la Academia de las Artes y las Letras norteamericana convoca el Premio Sue Kaufman de Ficción en su memoria.”

Sobre la autora en Eric’s Choice →

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Jun 14

Abe Kôbô y Dazai Osamu: visiones de lo humano

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , , 14/06/2010

Esta reseña tiene su origen en mi torpeza con los nombres. Siempre he creído que los nombres son importantes. Yo no sería como soy si tuviera uno más común, y dudo que Stendhal hubiera pasado a la historia como Henri Beyle, y mucho menos George Sand como Amandine Aurore Lucile Dupin. ¿Cherilyn Sarkisian? ¿Saul Hudson? ¿Habría sido Napoleón lo que fue de haberse llamado Cacalovo? Mas, siendo importantes los nombres, éstos se pierden en las circunvalaciones de mi cerebro. Hace mucho que quería leer Indigno de ser humano, la breve novela autobiográfica de Dazai Osamu, cuya adaptación al anime había visto recientemente -con diseños de Takeshi Obata, autor de Death Note-. Cuando Candaya, una editoral que me gusta especialmente -todo lo que publican es, al menos, interesante-, publicó Idéntico al ser humano, pensé, “vaya, la traducción correcta de Ningen Shikkaku es esa, entonces”. Que el autor hubiera cambiado no me llamó la atención, así que inmediatamente me puse en contacto con la editorial. Luego ya me di cuenta de que el argumento era completamente distinto y entonces, sólo entonces, descubrí que no era la misma obra. Era de Abe, el autor de La mujer de arena que publicara Siruela. La casualidad quiso que, casi simultáneamente, ahora sí, Sajalín publicara la novelita de Dazai. Por fortuna, no todos los despistes resultan desgraciados. Dicen que el queso se inventó gracias a uno y convendrán conmigo en que la humanidad es mucho más feliz desde entonces.

Lee mi reseña de Indigno de ser humano e Idéntico al ser humano en El Confidencial →

Candaya, sobre su Idéntico al ser humano:

“La noticia de que acaba de despegar un cohete espacial con destino a Marte llena de zozobra al creador del programa radiofónico “Hola, marciano”. El temor de que la realidad pueda desbaratar su universo de ficción y poner en peligro el modesto modus vivendi con el que intenta asegurar la estabilidad de su familia, hace tambalear el precario equilibrio del periodista, cada vez más paralizado por la angustia y la pérdida de la autoestima.

La inesperada visita de un oyente que asegura ser un marciano “idéntico al ser humano” desencadena un desconcertante e incómodo diálogo en el que, al modo beckettiano, se transita fácilmente de la lucidez al delirio. Con un impecable manejo de la alegoría y de la sátira, Kobo Abe se servirá de las irritantes palabras de estos dos seres extraviados para enfrentar al lector a algunas de las obsesiones que lo han emparentado con Kafka o Camus: el problema de la identidad y el desasosiego de no saber quién se es ni quién es el otro, el cuestionamiento de la noción de realidad o la crisis de supervivencia del ser humano frente a las estructuras dislocadas y caóticas del mundo contemporáneo. El lector, magnetizado por la tensión dramática, espera, como en un relato policial, que el suspense vaya cediendo hasta revelar el desenlace: “¿todo esto será la consecuencia de la fábula vencida por la realidad o de la realidad vencida por la fábula?”.

Con Idéntico al ser humano, Kobo Abe se distancia del color local que caracteriza la tradición literaria japonesa e incorpora a algunos de los grandes temas de la modernidad, como la ficción científica, la seducción por el lenguaje de las matemáticas y los sistemas clasificatorios o la reflexión sobre la convivencia en  las ciudades impersonales, vertiginosas e inhumanas de nuestro tiempo.”

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Sajalín, sobre su Indigno de ser humano:

“Publicada por primera vez en 1948, Indigno de ser humano es una de las novelas más célebres de la literatura japonesa contemporánea. Su polémico y brillante autor, Osamu Dazai, incorporó numerosos episodios de su turbulenta vida a los tres cuadernos que conforman esta novela y que narran, en primera persona y de forma descarnada, el progresivo declive como ser humano de Yozo, joven estudiante de provincias que lleva una vida disoluta en Tokio.

Repudiado por su familia tras un intento de suicidio e incapaz de vivir en armonía con sus hipócritas semejantes, Yozo malvive como dibujante de historietas y subsiste gracias a la ayuda de mujeres que se enamoran de él pese a su alcoholismo y adicción a la morfina. Sin embargo, tras el despiadado retrato que Yozo hace de su vida, Dazai cambia repentinamente de punto de vista y nos muestra, mediante la voz de una de las mujeres con las que Yozo convivió, una semblanza muy distinta del trágico protagonista de esta perturbadora historia. Indigno de ser humano se ha convertido, con el paso de los años, en una de las obras más populares de la literatura japonesa, superando los diez millones de ejemplares vendidos desde su primera publicación en 1948.”

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Palabra de…

«La obra supone una perfecta descripción de la frustración de no estar a la altura, de suspender en el contrato social (el shikkaku del título en japonés significa suspendido, no aprobado) que tantas frustraciones genera en las nuevas generaciones japonesas.» — Paloma Llaneza (Babelia)

«Osamu Dazai fue un “outsider” en medio del orden y el reglamento, pero nos legó una historia turbia y bella, sencilla y demoledora.» — Ramón Palomar (Las Provincias)


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Jun 10

No sólo Xavi lee el fútbol: libros y más libros balompédicos

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , , , , , , , , 10/06/2010

A punto está de comenzar a “jabulani” el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, con sus coloridas aficiones, los lesionados de última hora -¡Iniesta no!- y los ladrones haciendo su agosto en junio. Puede sorprender a los ignorantes, y resultar paradójico a los cultivados, pero a los dinosaurios nos encantaba el fútbol, como poco a poco la ciencia ha ido demostrando. El que tanto tuviera que ver con nuestra extinción poco importa: tal es la pasión sauria por este noble y antiguo deporte, con el que tanto vibramos hace cuatro años en la final entre los dinosaurios franceses y los villanos, mamiferazos italianos. Fue como una repetición de nuestra apoteosis mesozoica, tan futbolera. También entonces nuestro rey contribuyó al desastre, convirtiéndonos en leyenda, al pedir aquel balón, más grande, más grande, que le fue concedido. Ahora, como por culpa de Monterroso nuestra esencia es la lectura, no sólo nos pegamos a esos televisores vuestros, también leemos el fútbol, que es plenamente dramático, plenamente literario, como demuestran las finales de Suiza 1954 y Alemania, veinte años más tarde, o el cabezazo de Zizou al “archivillano” italiano, cuyo nombre he olvidado, cosas del cerebro reptil.

Dinosaurs! Playing Soccer by Sarah Kellington

Creo que, como en todos los ámbitos, conocer el pasado es un grado. Como dijera Menéndez Pelayo, “Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte. Puede producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión de ingenio y hasta de género, y serán como relámpagos que acrecentará más y más la lobreguez de la noche”; quizá por eso el fútbol ahora es tan mediocre, en general, a pesar del Barça y de España, de Messi y de Cristiano, de Xavi y de Iniesta. No hay que olvidar que Patton rompió la línea nazi gracias a sus conocimientos de la guerra clásica. En mi reportaje de libros futbolísticos en El Confidencial no olvido incluir un par de títulos, aunque Historia, lo que se dice Historia (encarnada), es don Alfredo, el más grande de todos los tiempos.

El fútbol ya no está reñido con las artes; el intelectual hará bien en dejarse de bromas superficiales -“¿El fútbol? Unos millonarios en calzoncillos pateando una tripa de cerdo”, o cualquier otro grotesco chascarrillo, como los que gustaban a Borges o a Cabrera Infante- y reconocer, aun mintiendo, su afición y su filiación futbolera. Atrás quedaron los tiempos en los que, como cuenta Javier Marías que recordó García Hortelano (págs. 85 a 87), se encontraron éste, Querejeta, Benet y Javier Pradera en un estadio para presenciar un Real Madrid–Real Sociedad y tuvieron que inventar un sinnúmero de excusas para no reconocer lo que hoy reconocen tantos y tantos escritores. Algo que no suele darse a la inversa: los futbolistas no suelen hacer gala de su afición lectora. Esto lo contaba Marías en un artículo allá por 1995, y poco después aparecía en Alemania Salvajes y sentimentales (Comprar libro; 17, 50 €), una memorable recopilación de los artículos futbolísticos -tanto como El fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano, reeditado varias veces- que el madridista confeso publicaba irregularmente, a veces picado por el diario El País para contestar, el día del derbi por antonomasia, al culé Vázquez Montalbán. Alfaguara publica ahora una edición revisada y ampliada, gracias a lo cual recoge aquel impagable artículo Un cuento para releer, escrito tras la final de Alemania 2006, cuando el “archiconocido archivillano Materazzi” recibió un merecido e insuficiente cabezazo de Zinedine Zidane.

“Cuanto se recuerda en la vida adquiere con el tiempo, precisamente por ser recordado, un carácter narrativo, y acaba viéndose, según el caso, como una película, una novela o un relato” (p. 277). Este enfoque permitió al autor de Corazón tan blanco interpretar aquella escena de manera muy diferente a la mayoría, indignada por la reacción del rey caído en desgracia. Con el mismo accidente o hazaña culmina Libro del fútbol (Comprar libro; 22,50€), que en 451 edita el argentino Pablo Nacach. La narración corresponde ahora a Santiago Segurola, que sin embargo no sobrevuela la exégesis común del último remate del francoargelino. Y es que, si Segurola ve las cosas como pocos, Marías las ve como nadie, con esa perspicacia que hace de él uno de los grandes novelistas de todos los tiempos -en un artículo balompédico se deben permitir machadas, segunda acepción-.

Si el volumen que cierra el texto del mítico corresponsal se hubiera limitado a una antología de cuentos futbolísticos la comparación con la antología de Jorge Valdano habría sido inevitable; pero Nacach, de quien ya reseñamos aquí La vida en domingo, se ha propuesto otra cosa. Es una demostración de que el divorcio entre arte y fútbol nunca ha sido tal; que ni siquiera duermen en camas separadas, sino que mantienen una vida íntima atlética y creativa, como recomiendan las revistas femeninas. El libro reúne textos -aunque hace una pequeña trampa: bajo el título de Libro de fútbol se esconde, en pequeñito, y otros juegos de pelota- desde Homero a Vázquez Montalbán, pasando por Nabokov -que fue portero, como Chillida y Albert Camus- pasando por Calderón y Shakespeare. A tan egregios autores les acompañan estampas de arte mueble de diverso origen y material, fotografías, óleos, grabados, bajorrelieves. Sólo faltaría un CD con música -quizá Los Sencillos, quizá Gerry and The Peacemakers- y alguna película -desde Evasión o victoria a Buscando a Eric- para refrendar la pasión artística por el deporte rey.

No sólo el arte, también la Historia está del lado del balompié, aunque es triste escuchar a muchos profesionales una absoluta ignorancia respecto del pasado de su oficio y pasión. J.A. Bueno Álvarez y Miguel Ángel Mateo han escrito una voluminosa Historia del fútbol, (Comprar libro; 33 €) publicada por Edaf. El tomazo recoge toda la historia, incluyendo biografías y fichas de partidos, del noble deporte que naciera el 26 de octubre de 1863 en la Freemason’s Tavern de Londes (p. 9). No descuida aquellos orígenes remotos, en los que no se distinguía apenas del rugby, hasta que se introdujo la regla del fuera de juego, verdadero nervio de este deporte y muestra de su carácter ético original: se apuntó porque un gentleman no se aprovecha del esfuerzo de sus compañeros -el “palomero” no es un caballero, recuérdelo para las pachangas-. Y es que, en sus orígenes, el fútbol era un juego elitista, como indica el nombre de uno de los primeros grandes, el Old Etonians. La narración avanza, el fútbol sale de las Islas y se hace universal; llegan Sindelar, Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona. El Real Madrid gana cinco Copas de Europa. Brasil, cinco mundiales. Desde aquel remoto 1863 hasta hoy la historia del fútbol, al menor detalle, junto con anécdotas intrascendentes y jugosas, se recoge en las 800 páginas -engañosas, las dos columnas y el tamaño de la letra sugieren un equivalente de 1500- de este libro que ningún aficionado se debe perder. Y no se olviden navegar por Youtube, donde hasta se pueden ver goles que nunca se filmaron. Es el complemento perfecto.

Con más sencillez y la apariencia de un almanaque, Alfredo Relaño, director del diario deportivo As, firma 366 historias del fútbol mundial (Comprar libro; 22,50 €). Una anécdota para cada día del año, incluyendo Navidad, fecha en la que se han jugado algunos partidos, como aquel que enfrentó a alemanes e ingleses en 1914 ante sus respectivas trincheras -demostrando que aquella guerra nada tenía que ver con los que sin embargo morían, sino con quienes estaban bien lejos-. El 15 de octubre de 1967, la estrella del Torino -un club maldito-, Gigi Meroni, moría atropellado. El involuntario homicida, como luego confirmaría el juicio, fue, paradójicamente, un gran fan de Meroni, cuya estética imitaba. Hasta llevaba una foto de su ídolo en el manillar de la moto que acabó con su vida. Los hechos cayeron en el olvido, pero hace diez años, tal día como hoy, aquel joven mismo, ya talludito, accedía a la presidencia del Torino. Es entonces cuando revive el fantasma de Meroni, la que fuera novia de éste acusa al club de haber olvidado a su figura y la hinchada no deja de recordarle aquel infausto día cada vez que el Toro no hace las cosas como debe. Así son las historias que Relaño recoge en un libro que, lamentablemente, tendrán que modificar pronto: en el capítulo correspondiente al 11 de julio tendrán que incluir la victoria, al fin, de España en un Mundial. ¡Qué falta de previsión!

Pero no todo es fiesta en el fútbol; más allá de los hechos extrafutbolísticos -como los hooligans y otras violencias que sólo tienen en los estadios un escenario-, la propia estructura del fútbol profesional arroja sombras, como se ha encargado de descubrir Declan Hill en un ensayo que ha dado mucho que hablar ya antes de ser publicado, Juego sucio (Comprar libro; 22 €). Y no sólo ha dado palabras. Investigaciones, sanciones y escándalos, de esos que salpican eventualmente el mundo futbolístico; tradicionalmente en Italia, pero ésta vez todo empezó en Alemania y sus ramas y raíces llegan incluso a tapar el sol que más brilla: el de los mundiales, citando explícitamente el Ghana-Brasil de la Copa del Mundo 2006. De España se ocupa poco, mas como advierte que todas las competiciones internacionales cuentan con partidos amañados y árbitros sobornados -suelen animarles con prostitutas-, aunque sea indirectamente cae un velo de sospecha. La UEFA se ha apresurado a organizar un departamento anticorrupción, pero la FIFA ha ignorado complacientemente las advertencias. Ojalá en este Mundial sólo haya deporte y Hill tenga que pasar a ocuparse de otros asuntos, derrotado éste por incomparecencia.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial

Una memorable recopilación de los artículos futbolísticos -tanto como El fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano, reeditado varias veces- que el madridista confeso publicaba irregularmente, a veces picado por el diario El País para contestar, el día del derbi por antonomasia, al culé Vázquez Montalbán. Alfaguara publica ahora una edición revisada y ampliada, gracias a lo cual recoge aquel impagable artículo Un cuento para releer, escrito tras la final de Alemania 2006, cuando el “archiconocido archivillano Materazzi” recibió un merecido e insuficiente cabezazo de Zinedine Zidane.

Dice la editorial:

“Escribir de este deporte es para él «un descanso», lo cual debe entenderse, según apunta Paul Ingendaay en su prólogo, como la oportunidad de abandonar las máscaras de la ficción e instalarse en un territorio en el que «las cosas están claras y el autor se siente seguro de sus pasiones y sus recuerdos». Para Marías el fútbol es la «recuperación semanal de la infancia»; y también es temor y temblor, dramaticidad y zozobra , una mezcla de sentimentalidad y salvajismo, una escuela de comportamiento y nostalgia, y la escenificación de la épica al alcance de todo el mundo.

En este libro, que incorpora treinta nuevos textos, se habla de jugadores y aficionados, entrenadores y presidentes, derrotas y triunfos, de emoción y vergüenza; también del carácter casi cinematográfico de este deporte, de la cuidadosa memoria y el rápido olvido, del patriotismo, la celebración de los goles, los himnos, los andares y gestos llenos de significado. Y vemos el fútbol como lo que seguramente es, en el fondo, para millones de aficionados: un interminable desfile de héroes, villanos, figurantes y gestas, un espectáculo que quizá merece la pena tomarse en serio.”

Ficha en la editorial Alfaguara →

J.A. Bueno Álvarez y Miguel Ángel Mateo han escrito una voluminosa Historia del fútbol, publicada por Edaf. El tomazo recoge toda la historia, incluyendo biografías y fichas de partidos, del noble deporte que naciera el 26 de octubre de 1863 en la Freemason’s Tavern de Londes (p. 9). No descuida aquellos orígenes remotos, en los que no se distinguía apenas del rugby, hasta que se introdujo la regla del fuera de juego, verdadero nervio de este deporte y muestra de su carácter ético original: se apuntó porque un gentleman no se aprovecha del esfuerzo de sus compañeros -el “palomero” no es un caballero, recuérdelo para las pachangas-. Y es que, en sus orígenes, el fútbol era un juego elitista, como indica el nombre de uno de los primeros grandes, el Old Etonians.

Dice la editorial:

“Junto a anécdotas, reflexiones y hechos poco conocidos, el lector encontrará un repaso completo y actualizado de todas las ediciones de las grandes competiciones internacionales celebradas hasta la fecha, así como una glosa y una ficha técnica de la carrera de más de doscientos futbolistas, entrenadores y dirigentes de distintas épocas. Dividida en cuatro partes que abarcan otros tantos periodos cronológicos, en todas ellas se dedica especial atención al fútbol español, cuya historia pormenorizada constituye otro de los ejes de la obra. La publicación de esta Historia del fútbol coincide, además, con el periodo de mayor esplendor de la selección nacional, con el apogeo de una generación irrepetible de grandes futbolistas españoles y con una Liga que reúne a todas las estrellas de la actualidad. Desde los pioneros británicos del siglo XIX al gran Brasil de Pelé, desde el Real Madrid de Di Stéfano al Barcelona de las seis copas, desde la Holanda de Cruyff a la Argentina de Maradona, desde el Arsenal de Chapman al Milan de Sacchi, desde el Uruguay que obtuvo la primera Copa del Mundo a la España vencedora de la Eurocopa-2008, desde el maracanazo a la Ley Bosman, desde las primeras figuras del fútbol a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, desde la Quinta del Buitre al Dream Team, desde Zamora a Yashin… Todos tienen cabida en esta obra que cuenta todo lo que sabías y lo que no sabías sobre la actividad humana más popular de nuestra época.”

Ficha del libro en la editorial Edaf →

Este libro es una demostración de que el divorcio entre arte y fútbol nunca ha sido tal; que ni siquiera duermen en camas separadas, sino que mantienen una vida íntima atlética y creativa, como recomiendan las revistas femeninas. El libro reúne textos desde Homero a Vázquez Montalbán, pasando por Nabokov -que fue portero, como Chillida y Albert Camus- por Calderón y Shakespeare.

Dice la editorial:

“Ser de un equipo, amar el fútbol: el juego favorito de adultos que una vez fueron niños. ¿Hay una combinación más intrínsecamente humana que esa guerra sin cuartel entre libertad y fiesta, violencia y sacrificio, carácter y frustración que es el fútbol? El fútbol todo lo convierte en representación, en espectáculo, pero nunca dejará de ser otras muchas cosas; entre ellas, uno de esos hilos invisibles que padres e hijos se inventan con el fin de unirse para siempre. Instalados frente a una maquinita súper engrasada con millones de euros, dólares, yenes, pesos, y retransmitida urbi et orbe.”

Ficha del libro en la editorial 451 →

Una anécdota para cada día del año, incluyendo Navidad, fecha en la que se han jugado algunos partidos, como aquel que enfrentó a alemanes e ingleses en 1914 ante sus respectivas trincheras -demostrando que aquella guerra nada tenía que ver con los que sin embargo morían, sino con quienes estaban bien lejos-.

Dice la editorial:

“¿Sabías que Brasil no estrenó su clásica camiseta amarilla, la «verdeamarelha», hasta 1954?, ¿que el Manchester United y el Liverpool, rivales encarnizados, amañaron un partido para que el Manchester no descendiera?, ¿que la primera gran bronca entre Madrid y Barça se remonta a 1916, cuando empataron a 6 goles en un mítico partido?, ¿que 33 años después de matar con una moto al legendario Gigi Meroni el homicida involuntario se convirtió en presidente del Torino?, ¿que la película Evasión o victoria se inspiró en un partido verdadero disputado entre prisioneros de guerra ucranianos y nazis?, ¿que fue un periodista gaditano el que inventó las tandas de penaltis?, ¿que un prisionero de guerra alemán defendió la portería del Manchester City? o ¿que el Real Madrid fue rechazado en el campeonato catalán?… Esto y mucho más encontrarás en las páginas de este fantástico y definitivo libro. 366 historias escritas por uno de los periodistas deportivos más importantes de nuestro país que nos hace recordar con nostalgia algunas de las historias olvidadas del juego más hermoso jamás inventado.”

Ficha del libro en la editorial Martínez Roca →

No todo es fiesta en el fútbol, aunque libros como este puedan contribuir a limpiarlo de excrecencias.

Dice la editorial:

“El libro que ha sentado en el banquillo a cien profesionales del fútbol internacional y ha motivado a Michel Platini para la creación de un departamento anticorrupción en la UEFA. Traducido a trece idiomas y con una amplia repercusión en la prensa deportiva y en el mundo del fútbol, este libro sobre «el deporte rey» y la corrupción se ha convertido ya en un best seller internacional. Su autor, el periodista y realizador de documentales canadiense Declan Hill, tuvo la «osadía» de presentar como tesis doctoral en la universidad de Oxford una investigación sobre el fútbol y sus asuntos sucios. Avalado por su rigor, Juego sucio. Fútbol y crimen organizado es un peligroso y trepitante reportaje sobre las distintas mafias que se han infiltrado en el mundo del fútbol y rastrea de primera mano el funcionamiento de las apuestas y los sobornos, que han llegado a manipular partidos del Mundial de 2006 como el Ghana-Brasil, el Italia-Ucrania o el Inglaterra-Ecuador.”

Ficha del libro en la editorial Alba →

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Jun 03

De La Habana un barco, de Hotel Postmoderno

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 3/06/2010

Cada vez que me “toca” reseñar un libro de esa corriente cuasirrevolucionaria afterpop, nocillera o mutante, me entran sudores. No sólo porque a la segunda metí la pata, por prisas e ignorancia, sino porque, pese a los ensayos de Eloy Fernández Porta o Viente Luis Mora, no termino de pillar la diferencia entre pop y afterpop, ni la alteridad de posmoderinidad y pos-posmodernidad (como de hecho no me parece la posmodernidad sino una fase más de la modernidad, convicción surgida cuando estudiaba la pesante filosofía de la que ahora huyo). Pero uno, que es un sacrificado currante, está obligado a hacer este tipo de cosas; y además, De La Habana un barco no fue una lectura del todo desagradable. Bien es cierto que no terminan de convencerme estas estéticas canallescas o su irreverencia literaria, o más bien el aspecto de su irreverencia. Pero por momentos es una lectura grata e inteligente, aunque se adivina una mano mejor que las otras, creo saber de quién es, espero poder confirmarlo (huelga decir, por tanto, que para mí lo más relevante de la literatura es la autoría, que HP trata de borrar: lo único real es el individuo).

Lee mi reseña de De La Habana un barco en El Confidencial →

Lo que dice la editorial:

“15 de febrero de 1898: Por causas desconocidas, el U. S. Maine explota en las costas de Santiago de Cuba. En España, José Chico, un patriota, alfonsino, anticarlista, descarga sus pulsiones sexuales con Aurèlie, una prostituta tuberculosa y francesa amante de Lucas Rodríguez, un palmero que tenía sal en los ojos y limón en la sonrisa (hasta que es enviado a la guerra que comienza). La meretriz le escribe cartas a un amado que no puede leer. En su nombre, responde Sebastián de Unamuno, autoexiliado a Cuba por culpa de su primo Miguel. En la isla, los ánimos de independencia movilizan a Horacio, un ex esclavo con poderes mágicos. Vivirá para Neema, su mujer, la más bella de Cuba, guerrera con aptitudes caníbales. Mochina, una niña prostituta, dispone para la muerte a aquellos que se muestran por La Habana mientras acaricia su lugar en el mundo bendecida por los orishas. José Martí muere en batalla como tenía previsto. En las costas cubanas, el almirante Cervera confunde el honor y la muerte innecesaria, el general Pareja defiende Guantánamo y Moisés, un soldado ciego, es el único de su batallón que ve lo que sucede. (En 2015, Eduardo Punset visita al físico Paul Davies, en Australia, quien acaba de adquirir el DeLorean de Regreso al futuro. Juntos, contra sus pronósticos y por un error en la novela, romperán la ley del espacio-tiempo y aperecerán en Cuba, a bordo del U. S. Maine, el 15 de febrero de 1898). ¿Podía imaginar el abuelo de George Bush tener un nieto así? ¿Hubiera tenido el mismo éxito Regreso al futuro sin la participación de Michael J. Fox? Esto, y mucho más (como la aparición especial de Ramón del Valle-Inclán, en el papel de sí mismo pero con las dos manos), forma parte de la última ocurrencia genial de Hotel Postmoderno, De La Habana un barco, una aventura histórica extraordinaria, desopilante y única que no solo le hará pasar una lectura inolvidable, sino que, además de revivir un momento fundamental de la historia de España, le enseñará a armar un barco dentro de una botella. (Esta edición especial incluye textos extra de los autores).”

Ficha del libro en Lengua de trapo →

¿Qué es Hotel Postmoderno?

““Hotel Postmoderno” es el resultado de un proceso de trabajo a cuatro manos. Cuatro escritores y creadores valencianos decidieron poner en marcha un blog compartido y, tomando como punto de encuentro de las historias un hotel, comenzaron lo que ellos mismos califican como “la primera travesura literaria del primer grupo literario Post”. En este blog, los capítulos que más tarde integrarían la novela “Hotel Postmoderno” (Ed. Inéditor) aparecían sin firmar, y ni siquiera los propios “post” sabían quién era su verdadero autor; perder el concepto de autoría era una de sus reglas, y lo habían conseguido. Ni los personajes ni sus relatos pertenecían a nadie. De este modo, los protagonistas pasaban de una mano a otra y sus historias daban giros inesperados (a veces debidos a venganzas o disputas personales entre los autores, otras veces a razones estrictamente literarias), lo que dio sorpresa y dinamismo a una novela divertidísima de leer, que no deja de sorprender hasta la última página.”

Bitácora del grupo literario Hotel Postmoderno →

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