May 27

Algo elemental, de Eliot Weinberger

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 27/05/2010

Con la Tierra plana y la globalización en marcha, aún con todo eso, Oriente sigue siendo misterioso. El éxito de China, el prestigio de Japón, el desarrollo de Corea del Sur o India no han cambiado eso. Oriente sigue siendo un misterio, aunque se conduzca un Tata, un Hyundai o un Toyota. Aunque acabes de comprar un mezcla salsas “Made in China” que en un par de días se irá al fondo del armario. O quizá por eso, también. En estas sociedades tan organizadas en las que vivimos tenemos hambre de misterio -y sólo por eso Iker Jiménez no sólo tiene trabajo, sino éxito- y de conexión telúrica y cósmica. Por debajo del asfalto sigue habiendo tierra, latiendo. Por encima del champiñón de contaminación sigue habiendo cielo, respirando. Y, a pesar del nuevo HTC o del nuevo iPad, con todos sus circuitos y superconductores y billones de colores en pantalla, tiene que haber algo más. Ese algo, que los hombres y las culturas de todas las épocas han nombrado de muy diferentes maneras, es el misterio. Ese algo es lo que nos cuenta, con un susurro cómplice -y una sonrisa irónica, la prueba es exigente- Eliot Weinberger en Algo elemental.

Lee mi reseña de Algo elemental en  El Confidencial →

El texto de la solapa:

“Con este libro, Eliot Weinberger ha llevado el ensayo a territorios inexplorados, en las fronteras entre la poesía y la narrativa; su única exigencia es que la información aportada sea verificable. Weinberger ha creado un ensayo serial de carácter único cuyas piezas individuales convergen en una increíble variedad de temas: el viento, los rinocerontes, los santos católicos, los aztecas, la antigua cultura china, los mandeos iraníes, el desierto peruano, los tigres, Empédocles, Valmiki, la vida de Mahoma, el vórtice o las estrellas…”

Algo elemental, editorial Atalanta

Sobre el autor:

“De nacionalidad «neoyorquina», Eliot Weinberger, nacido en 1949, es uno de los ensayistas y traductores más reputados en su país. Editor de la selección de poesía estadounidense más importante de las últimas décadas, ha traducido la poesía de Borges, Octavio Paz, Huidobro, Villaurrutia o Bei Dao. Es autor de tres ensayos: Invenciones de papel (Vuelta, 1990), Outside stories (1992) y Rastros kármicos (Emecé, 2002). Sus artículos políticos reunidos en el volumen What Happened Here: Bush Cronicles han sido traducidos al español en dos ediciones: 12 de septiembre. Cartas de Nueva York (Era, 2003) y «Lo que oí sobre Irak (Lom, 2006). Fue finalista del Premio de la Crítica de Estados Unidos. ”

Entrevista en Letras libres →

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May 24

Días grises, de Guillem March

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , 24/05/2010

El miedo infantil, y muchas veces no tan infantil, a la oscuridad, nace de nuestros mermados ojos. Órganos capaces de distinguir millones de colores -pero menos que los producidos por el último televisor de las ofertas-, de calcular distancias con precisión, fueron diseñados para tomar frutas de los árboles, mas no para distinguir formas en la noche. No somos cazadores nocturnos: la evolución nos creó presas; mas nos dotó con una defensa que ha terminado siendo más afilada que las garras y colmillos de los leopardos que nos cazaban. Son los felinos los que tanto deben temer de nosotros, que en cambio dormimos plácidamente en mullidos colchones de viscolátex, en la calma de nuestros silenciosos pisos; igualmente en la altura, pero ya no en frágiles y expuestas ramas. Y, sin embargo, ese crujido del parqué, esas monedas que caen del bolsillo del pantalón sobre nuestras cabezas, una súbita ráfaga de viento en la persiana… Despertamos helados, sudorosos, sobrecogidos. Todo es negrura a nuestro alrededor. La respiración sólo recuperará su ritmo con la llave de la luz en la mano. El familiar tono anaranjado de la bombilla incandescente. A pesar de nuestra posición cenital en la cadena trófica, de la cuarta planta, de la puerta blindada, dormidos seguimos siendo vulnerables.

El sueño, tan deseado, tan placentero, es uno de nuestros puntos flacos. Buena parte de la ficción de terror ha jugado con esa indefensión del durmiente. El mal nos penetra desde los sueños, y eso no lo descubrió Wes Craven con su Freddy Krueger. Muchas fantasías románticas ya lo habían empleado, pero ese miedo es atávico. Los demonios y espíritus penetran nuestros sueños en todas las culturas, desde siempre. Y sin embargo dormimos. Todo este temor es ridículo si lo oponemos a otro mayor, el de no dormir. Brad Anderson compuso un aterrador relato del insomnio, soberbiamente interpretado por Christian Bale en El maquinista: su cuerpo aniquilado ya no es digno de confianza, su mente soñolienta se llena de fantasmas. Esa vigilia forzosa y sus fantasmas atormentan a David, protagonista de Días grises, que no es el último trabajo de Guillem March, pero sí es el último que yo he leído.

Lo mismo que el Reznik de Bale, David no puede dormir, en este caso por una apnea del sueño que le provoca pesadillas. Unas pesadillas que, como en las culturas antiguas, son advertencias u oráculos que le informan sobre aquello que la vigilia le esconde. Una llamada del inconsciente. Agotado, sus sistemas defensivos se agudizan. Sospecha, luego está despierto. Aquellos apoyos cotidianos, su mujer, su amigo Martín, empiezan a tomar el perfil de una amenaza. Mientras su cuerpo y su mundo se derrumban, su mente tampoco es capaz de sostenerse. Cuando las fronteras de la realidad y la ficción se empiezan a borrar el yo desaparece. La conciencia necesita distinguir con claridad entre lo real y lo irreal para sostenerse, de otro modo se abandona, o trata desesperadamente de sobreponerse, mas no sabe ya dónde apoyarse. Cuando sueño y vigilia se entremezclan, David se hunde en arenas movedizas.

Esta historia de Guillem March es muy diferente a todo lo que había producido con anterioridad. Por un lado estaban sus piezas humorísticas, como las recopiladas en Haciendo amigos y que habían ido apareciendo en Dolmen. Por otro, estaba el costumbrismo de sus féminas, Sofía, Ana, Victoria y Laura (ésta no ha llegado a mi reptiliana guarida), todo delicadeza y perspicacia emocional, y sin faltar ese elegante erotismo que llamó la atención de Playboy. Días grises está protagonizado, en cambio, por un personaje masculino, y masculino es el mundo que describe. Personalmente me ha sorprendido esa intensidad, también en el dibujo, ese realismo sucio, todo ello muy diferente del realismo cotidiano y de la melancolía de sus “chicas”. Días grises mantiene en vilo de un modo distinto pero igualmente efectivo, apoyándose no la emoción sino en la acción, pero manejando la psicología de sus personajes otra vez con maestría.

No siendo un gran lector de cómics, respeto mucho esta forma autónoma de ficción; y, de los autores españoles que conozco, Guillem March es mi preferido -aunque hace unos años no habría dudado en gritar ¡Ibáñez!-. La pena es que haya alcanzado tanto éxito como para ser requerido por el mainstream, y ahora sea dibujante de Batman y Sirens por delante de su propia creación. En cualquier caso, le ruego que, de cuando en cuando, nos deje caer perlas como Días grises y, aún mejor, otra de sus chicas. O que nos vuelva a dejar de piedra con algo totalmente diferente.

Días grises, ed. Dolmen, 48 págs. 14 €

Página personal de Guillem March

Blog de Guillem March

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May 20

El libro de los niños, de A. S. Byatt

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 20/05/2010

A esta novela, tan larga como amplia, le concedí durante unos días dedicación absoluta, anotando relaciones familiares, dibujando árboles genealógicos, buscando referencias culturales de esa época de smog y oropel, de estética medievalizante y desarrollo científico, que fue el ocaso de la etapa victoriana, imperial de Gran Bretaña. Mistress Byatt habrá dedicado un infierno de horas a documentarse, dada la cuidada ambientación histórica y artística -el Arts & Crafts de William Morris y Cía.- de la novela. En algunos aspectos me recuerda a otra novela igualmente amplia y ambiciosa, que consumió abundantes energías a su autora, y en algún sentido deja la misma sensación de fracaso, Olvidado rey Gudú, de nuestra Ana María Mature. ¡Grandiosos fracasos, en cualquier caso! A cuántos les gustaría fracasar así, con esa grandeza. Como el torero que cae en el ruedo, o el jinete que carga sobre un acerico de lanzas, el verdadero escritor tiene que pegársela así, con este extraño heroísmo literario. Y quizá nada más adecuado que fracasar narrando el fracaso y desmantelamiento de una época y una forma de ver el mundo.

Lee mi reseña de El libro de los niños en El Confidencial →

El texto de la contracubierta:

El libro de los niños transcurre durante el lento y destellante crepúsculo victoriano, esa apasionante época que va desde el final del siglo XIX hasta la primera guerra mundial. La protagonista de la novela es Olive Wellwood, una famosa escritora de libros infantiles. Ella y su numerosa familia viven en una casa de campo formando una especie de sociedad dedicada al culto del arte, la literatura, la conversación y la política. Cuando el hijo mayor de Olive sorprende a otro niño, de origen humilde, en una sala del Museo Victoria and Albert de Londres, dibujando un famoso candelabro, la vida de esas familias empezará a cambiar. El niño será adoptado por los Wellwood e ingresará así en un mundo deslumbrante, lleno de inquietantes misterios y fulgurantes deslumbramientos.

Novela sobre la relación entre niños y adultos, homenaje a la grandeza de la imaginación y elegía por el final de una era y de una generación que murió en las trincheras de la primera guerra mundial, El libro de los niños es una sinfonía narrativa de inagotable lectura, un libro llamado a figurar entre los grandes clásicos de nuestro tiempo.”

http://www.megustaleer.com/

Sobre A. S. Byatt:

“A. S. Byatt (Antonia Susan Byatt) Duquesa de Morpho Eugenia del Reino de Redonda nació en Sheffield, Inglaterra en 1936. Estudió en el Newham College de Cambridge, en el Bryn Mawr College de Pennsylvania y en el Somerville College de Oxford. Durante años fue profesora de Historia del Arte y Literatura en la Universidad de Londres. En 1993 ganó el premio Booker con su novela Posesión, aclamada internacionalmente y cuya  versión cinematográfica protagonizó Gwyneth Paltrow. Tras este éxito consagró su vida a la literatura y a la crítica literaria.
Elegante, de gustos refinados y descrita como una victoriana posmoderna, la obra de Byatt refleja su formación: un estilo muy literario, pleno de cultas referencias y con personajes pertenecientes al mundo académico y artístico. Es autora, entre otras novelas, de Ángeles e insectos, también adaptada al cine, y  Una mujer que silba. Es considerada como una autoridad en el análisis de los dos últimos siglos de literatura anglosajona. Ha publicado estudios literarios sobre Iris Murdoch, William Wordsworth y una edición de los ensayos de George Eliot. Es una de las autoras más celebradas de las letras británicas.”

http://www.alfaguara.com/es/autor/a-s-byatt/

http://www.asbyatt.com/

Lee también: El libro negro de los cuentos, ¡recomendadísimo!

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May 16

Covers, de Ronaldo Menéndez

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 16/05/2010

Fui postergando, sin razón alguna, la lectura de este brevísimo tomo; a veces, retraso el disfrute de algo por una sádica desviación de mi carácter. Reservarme el caramelo de mi sabor favorito para el final. Mantener en la pila de próximas lecturas la obra de un autor que aprecio. Una forma de masoquismo inocente, que sin dejar secuelas produce el placer de la tortura autoinfligida. Finalmente lo leí, en apenas dos horas. Lectura voraz, con el ansia reprimida desbocada. Seguidamente releí Río Quibú, esa fascinante novela, en otro par de horas, confirmando lo que mi tímida memoria me había insinuado. Tal y como indica el título del nuevo libro de cuentos de Ronaldo Menéndez, Covers, los textos que lo componen son versiones de extraídas de su obra.

Lee mi reseña de Covers en El Confidencial →

El texto de la contracubierta:

“Dos formas de vivir la vida y muchas maneras de sentirla, esto es lo que nos propone Ronaldo Menéndez. Porque vivir en soledad y compañía es sentir el sexo, el amor, el sufrimiento, en una palabra, la vida. Y una vez más, con gran maestría en el manejo del lenguaje, el autor profundiza hasta nuestras entrañas escribiendo instantáneas, a modo de fotogramas, de una realidad que transita desde la autobiografía instalada en su Cuba natal al viaje más onírico y literario. Así, los cuentos que conforman este libro toman como referencia otros textos, incluso el cine, siendo una raíz conceptual que asume diversas formas y que demuestra que estamos ante un narrador excepcional.”

http://www.ppespuma.com/

Sobre Ronaldo Menéndez:

Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970) es licenciado en Historia del Arte y en Bibliología y técnicas documentales. Su obra narrativa consta de tres libros de cuentos: Alguien se va lamiendo todo (Premio David de Cuba, 1990), El derecho al pataleo de los ahorcados (Premio Casa de las Américas de Cuba, 1997) y De modo que esto es la muerte (2002); y de las novelas La piel de Inesa (Premio Lengua de Trapo de Narrativa, 1999), Las bestias (2006), Río Quibú (2008) y Covers. En soledad y compañía (2010). Sus narraciones han aparecido en numerosas antologías en América Latina, Estados Unidos, Alemania, Francia y España, entre ellas Nuevos narradores cubanos (Siruela, 1998), Líneas aéreas (Lengua de Trapo, 1999), y El arquero inmóvil. Nuevas poéticas sobre el cuento (Páginas de Espuma, 2006). Colaboró durante años como crítico literario y de arte con las principales revistas especializadas cubanas, y como columnista en el diario El Comercio de Lima, ciudad en la que también fue profesor de Periodismo en centros de educación superior, antes de instalarse en Madrid en noviembre de 2004. Actualmente colabora con diversos medios periodísticos y como editor literario, y ejerce la docencia en institutos de formación literaria.”

http://www.ronaldomenendez.com/

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May 10

UN GEEK EN JAPÓN vs. APUNTES DE JAPÓN: HAJIME!

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , , , , 10/05/2010

Como aperitivo ante la publicación de Momentos, el segundo libro de Héctor “Kirai” García -que espero poder reseñar en el Confi próximamente-, he vuelto sobre el primero de los suyos y otro muy parecido, Apuntes de Japón, las experiencias de dos otakus del Japón. Dos españoles que, por caminos diferentes, acabaron en el País del Sol Naciente y se tomaron la placentera molestia de contar sus experiencias y aprendizajes a través de sendos blogs, Kirainet y Nipoweb, ambos exitosos. Sus autores, Héctor “Kirai” García y Marc Bernabé, cuyo nombre sonará seguro a los aficionados al manga.

Por mi parte, soy seguidor de Kirainet, lo leo -casi- todos los días. He podido “probar” -creo que imaginarlo es suficiente, y de todas maneras Kirai es bastante gráfico con estas cosas- la Pepsi de pepino, o el refresco de chocolate -el tono de su voz en el vídeo de Youtube transmite tanta información como las papilas gustativas-, entre tantas otras curiosidades niponas, que no merecen sino la denominación de “frikadas”. Nipoweb es ahora un lugar para la promoción de los libros de Bernabé, pero su blog Mangaland es uno de los mejores lugares de la red para adentrarse en el universo manga. No he tenido ocasión de leer la narración original del año mundialista de Bernabé -Japan Times Yokohama-, ni del en Kioto -Japan Times Kioto-, y si alguien sabe dónde encontrarlos, se lo agradeceré. También es un buen camino para adentrarse en los vericuetos de la mentalidad japonesa.

Empecemos por el más antiguo, Apuntes de Japón, subtitulado Diario de un traductor de manga en el Mundial 2002, y con eso se ha dicho mucho. El autor, Marc Bernabé -y la coautora, Verónica Calafell- son conocidos traductores de manga y anime -Dragon Head, Crayon Shin-Chan, Love Hina- que, con motivo de la celebración del 17º Mundial de Fútbol recaló en Japón, como intérprete para los organizadores de Yokohama, una de las sedes -y de la finalísima-. Durante una estancia previa en Kioto, como estudiante, había publicado ya un primer diario digital, denominado Japan Times Kioto, aunque de ámbito restringido, vía e-mail a amigos y familiares. Este relato acabaría en la red igualmente, y traducido al castellano -el original fue redactado en catalán- gracias al esfuerzo e interés de los fans; quienes además consiguieron, con sus visitas reiteradas, llamar la atención de Glènat quien propuso a Bernabé la publicación de su diario en formato impreso.

Un geek en Japón tiene el mismo origen. Héctor García, como tantos prometedores profesionales españoles, tuvo que marcharse en busca de habichuelas menos rancias que las que sirven por aquí. Primero a Suiza, y al fin a Japón, siendo él “una de esas personas que sienten pasión por Japón y partí hacia allí cargado de preguntas por contestar” (p. 3), poniéndose a la labor en Kirainet. Cualquiera que siga el blog puede dar fe de su esfuerzo por resolver esas inquietudes de una manera concienzuda, pues aunque estar allí “es como vivir en un país alienígena” (p. 3) no se limita a describir las peculiaridades de los aliens nipones, sino que busca su origen y significado cultural. Kirai trata de comprender ese lejano país en el que vive, no resignándose a su lugar soto como gaijin, si bien todos saben lo reticentes que son los japoneses a aceptar a un extranjero en su uchi, su ámbito íntimo. Esa misión tan seria la desempeña, por otra parte, con franca amenidad, con gran cercanía al lector. Eso hizo de Kirainet un éxito instantáneo, recibiendo premios como Mejor Blog en Español 2004 por Bitacoras.com y Mejor Blog Español 2005 por 20Minutos; y su millón de visitas mensual lo colocan como uno de los 1000 blogs más leídos del mundo. No podía tardar una de las competidoras de Glènat en proponerle la impresión del libro, y así Norma puso en circulación la versión impresa del blog.

Son dos libros diferentes, aunque partan de una motivación semejante y broten de la red, de las bitácoras de sus autores, ambas aún en activo, y Kirainet con gran éxito. No es alta literatura de viajes, pero para eso ya tenemos a Kipling. Manejan estilos llanos pero diferentes, y ambos, Bernabé y García, son guías simpáticos y amables que nos prestan su experiencia para permitirnos estar más cerca de un país tan lejano como fascinante y desconocido, pues de él circulan más falsos mitos y topicazos que realidades -por ejemplo, la “huelga a la japonesa”, que en realidad no existe, como se encargan ambos de recordar-. Otra de la coincidencia entre estos dos autores tan “echaos pa’ lante” es su reverencia por Tezuka Ozamu, el célebre creador de Astro Boy y verdadero padre del manga -a quien se deben los ojazos enormes y redondos de los personajes, entre tantas y tantas cosas- y del anime, que no lo inventó él pero le dio la forma que todos conocemos.

Mas ahí cerca acaban las semejanzas. Bernabé escribe sus Apuntes desde Yokohama, aunque como “japonés”, él es más del sur, de Kansai -varias veces señala que le gusta más la gente extrovertida de esa región nipona, antes que los fríos tokiotas, y disfruta del dialecto kansai-ben, que conocerán bien los seguidores de Lovely Complex-; por su parte, Kirai reside en Tokio, la gran capital, crisol de las esencias japonesas y occidentales. A cada uno le llevó a Japón un interés diferente, al primero el idioma, al segundo la tecnología. Además, sus respectivos libros están organizados de modo diferente. Un geek en Japón es más una monografía de cultura japonesa, organizada temática y conceptualmente -hasta los paseos que propone por Tokio son temáticos-, con un aparato gráfico destacable -Héctor García es un apasionado de la fotografía y un buen fotógrafo, además, como se podrá ver en Momentos-. Por su parte, Apuntes tiene una organización diacrónica, pues es realmente el diario del año que Bernabé y Calafell pasaron mientras y durante se organizaba el Mundial. Además de diario, es un libro de viajes, con observaciones al paso, si bien al final de cada capítulo se insertan temas de cultura y sociedad, como anexo. Su apartado gráfico es poco reseñable, con fotografías en blanco y negro, muchas de ellas borrosas.

Lo que nos lleva a diferenciar el tratamiento que ambas editoriales han tenido con sus criaturas. Aunque ninguna es una edición modélica, Norma ha cuidado más la suya, mucho más compleja y rica -con algunos errores llamativos de maquetación- que Glènat, que merece un fuerte tirón de orejas por la casi dejadez con que ha compuesto el libro de Bernabé. También habría que señalar que ambos libros, para buscarlos en una librería, por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender cabalmente, hay que dirigirse a la sección de cómics.

Otra diferencia entre años es cronológica. Bernabé estuvo entre 2001 y 2002, y Kirai llega en 2004, justo para ver la recuperación económica japonesa de esos años hasta la reciente crisis mundial, que ha afectado muy profundamente la economía nipona, que había sustituido el consumo interno por la exportación -como durante el boom Izanagi- y ha visto cómo esta se desplomaba por la falta de liquidez a nivel mundial. Japón vuelve a estremecerse, y los cambios que señalaran Miguel Vidal y Ramón Llopis en Sayonara. Adiós al antiguo Japón no van a hacer más que acentuarse.

La interpretación y valoración de algunas coordenadas culturales niponas difiere en ambos. Así con las costrumbres y el método laboral japonés. Bernabé encuentra, en todo el libro, razones psicológicas superficiales, como en este caso, para explicar la lentitud de la toma de decisiones en las empresas: “ningún japonés quiere asumir responsabilidades en nada por miedo al fracaso” (p. 144). En cambio, Kirai ofrece razones de índole cultural más profundas, en función del kaizen o mejora contínua, que puede parecer exasperante a un occidental, pero para ellos significa que todo va a ir bien -el miedo al fracaso es algo real, por supuesto, pero más antropológico que psicológico: tomar la decisión errónea no supone sólo perder tiempo y dinero, sino traicionar a quienes te instruyeron, a quienes esperan que todo funcione correctamente, a tus compañeros que tendrán que esforzarse más para recuperar el paso y reparar el error-. En el ámbito social, mientras Bernabé se limita a señalar lo estrafalarios de los gals, Kirai les dedica un capítulo, señalando las diferentes tribus de esa “movida” permanente que vive Japón.

La obra de Bernabé, aun con estas limitaciones y siendo las páginas finales casi exclusivamente el relato del Mundial y su organización -algo también interesante, pero en otro ámbito- no se puede despreciar; la experiencia que nos transmite Marc Bernabé de su año japónico y mundialista, un año muy bien aprovechado, es de sumo interés; además, es más amplia que lo recogido en Un geek… Pero, ¿realmente es necesario elegir? ¡Si los libros no son tan caros! (Y si no recuerdo mal uno cuesta 12€ y el otro 16, menos de lo que os gastáis en bebida y tabaco un fin de semana.) Hikiwake! Puede que el libro de Bernabé esté mal editado, y que su relato sea más superficial -me lo parece a mí, que no he estado en Japón y mis referencias son lecturas- pero, juntos, ofrecen una amena introducción que el lector podrá ampliar con otras más académicas, como la espléndida ¿Qué es Japón?, de la Universidad de Extremadura donde, por cierto, se dedica un capítulo al manga que lo pone en su sitio, como cultura popular y como manifestación de la idiosincrasia antropológica de un pueblo.

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May 09

Novela once, obra dieciocho, de Dag Solstad

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 9/05/2010

Con un título como el que lleva impreso (Novela once, obra dieciocho) es imposible no sentirse picado por la curiosidad -como aquel El último libro de Sergi Pàmies- y abrir esta novela sorprendente, cálida y heladora a un mismo tiempo. Articulada en torno a tres personajes, es una introspección en los dramas pequeños pero profundos de un hombre contemporáneo, habitante de una de las regiones consideradas modélicas de Occidente.

Como buena parte de la narrativa escandinava -dejando de lado a los muchos Larsson-, Dag Solstad es un autor por descubrir. Y como muchos de ellos, se empeña en demostrar que el paraíso no lo es tanto, aunque lo parezca. Con una prosa que se ovilla, que se reencuentra consigo misma una y otra vez, Solstad hurga en los corazones aparentemente helados de los ordenados descendientes de los furibundos vikingos. La voz en off va llevando al lector sin perdirle nada, sin que tenga que hacer esfuerzo alguno, tan sólo dejarse llevar.

Léelo completo en El Confidencial…

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May 01

Cada vez escribo peor

Escrito en K-Saurus.
1/05/2010

Será evidente para quienes me siguen -¡sois pocos, pero sabéis lo que es bueno!- pero a mí se me ha hecho patente en estos días de mudanza, desenterrando viejos papeles y carpetas. Me llevaron éstos hasta Cuanto y por qué tanto, aquél fanzine digital en el que empecé a atormentar a los náufragos de la red con mis reseñas, que no críticas. Creo que entonces disfrutaba verdaderamente escribiendo, que no era una rutina forzosa, o mucho menos -escribía un artículo al mes, no a la semana-, porque de todos modos necesito ese acicate para no procrastinar. Que tenía menos miedo a decir “yo”, a opinar, sabiendo que eran escasos los lectores -no tanto, en realidad, pero eso lo supe después; menos en cualquier caso que en El Confidencial-. Que mi cabeza y mi muñeca eran más jóvenes y frescas y flexibles, quizá más fieles a sí mismas. El caso es que leo aquéllos artículos, los comparo con los actuales, y sólo me apetece dudar del mito de la Edad de Oro, recordando que es un mecanismo psicológico que nos pone a salvo ante la incertidumbre del futuro. Algo a lo que aferrarse, al menos un pasado glorioso. Es lo que me apetece pensar, pero no lo consigo. Lo que no me saco de la cabeza, de la barriga, es que cada vez escribo peor.

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