Como aperitivo ante la publicación de Momentos, el segundo libro de Héctor “Kirai” García -que espero poder reseñar en el Confi próximamente-, he vuelto sobre el primero de los suyos y otro muy parecido, Apuntes de Japón, las experiencias de dos otakus del Japón. Dos españoles que, por caminos diferentes, acabaron en el País del [...] [...more]
Como aperitivo ante la publicación de Momentos, el segundo libro de Héctor “Kirai” García -que espero poder reseñar en el Confi próximamente-, he vuelto sobre el primero de los suyos y otro muy parecido, Apuntes de Japón, las experiencias de dos otakus del Japón. Dos españoles que, por caminos diferentes, acabaron en el País del Sol Naciente y se tomaron la placentera molestia de contar sus experiencias y aprendizajes a través de sendos blogs, Kirainet y Nipoweb, ambos exitosos. Sus autores, Héctor “Kirai” García y Marc Bernabé, cuyo nombre sonará seguro a los aficionados al manga.

Por mi parte, soy seguidor de Kirainet, lo leo -casi- todos los días. He podido “probar” -creo que imaginarlo es suficiente, y de todas maneras Kirai es bastante gráfico con estas cosas- la Pepsi de pepino, o el refresco de chocolate -el tono de su voz en el vídeo de Youtube transmite tanta información como las papilas gustativas-, entre tantas otras curiosidades niponas, que no merecen sino la denominación de “frikadas”. Nipoweb es ahora un lugar para la promoción de los libros de Bernabé, pero su blog Mangaland es uno de los mejores lugares de la red para adentrarse en el universo manga. No he tenido ocasión de leer la narración original del año mundialista de Bernabé -Japan Times Yokohama-, ni del en Kioto -Japan Times Kioto-, y si alguien sabe dónde encontrarlos, se lo agradeceré. También es un buen camino para adentrarse en los vericuetos de la mentalidad japonesa.
Empecemos por el más antiguo, Apuntes de Japón, subtitulado Diario de un traductor de manga en el Mundial 2002, y con eso se ha dicho mucho. El autor, Marc Bernabé -y la coautora, Verónica Calafell- son conocidos traductores de manga y anime -Dragon Head, Crayon Shin-Chan, Love Hina- que, con motivo de la celebración del 17º Mundial de Fútbol recaló en Japón, como intérprete para los organizadores de Yokohama, una de las sedes -y de la finalísima-. Durante una estancia previa en Kioto, como estudiante, había publicado ya un primer diario digital, denominado Japan Times Kioto, aunque de ámbito restringido, vía e-mail a amigos y familiares. Este relato acabaría en la red igualmente, y traducido al castellano -el original fue redactado en catalán- gracias al esfuerzo e interés de los fans; quienes además consiguieron, con sus visitas reiteradas, llamar la atención de Glènat quien propuso a Bernabé la publicación de su diario en formato impreso.

Un geek en Japón tiene el mismo origen. Héctor García, como tantos prometedores profesionales españoles, tuvo que marcharse en busca de habichuelas menos rancias que las que sirven por aquí. Primero a Suiza, y al fin a Japón, siendo él “una de esas personas que sienten pasión por Japón y partí hacia allí cargado de preguntas por contestar” (p. 3), poniéndose a la labor en Kirainet. Cualquiera que siga el blog puede dar fe de su esfuerzo por resolver esas inquietudes de una manera concienzuda, pues aunque estar allí “es como vivir en un país alienígena” (p. 3) no se limita a describir las peculiaridades de los aliens nipones, sino que busca su origen y significado cultural. Kirai trata de comprender ese lejano país en el que vive, no resignándose a su lugar soto como gaijin, si bien todos saben lo reticentes que son los japoneses a aceptar a un extranjero en su uchi, su ámbito íntimo. Esa misión tan seria la desempeña, por otra parte, con franca amenidad, con gran cercanía al lector. Eso hizo de Kirainet un éxito instantáneo, recibiendo premios como Mejor Blog en Español 2004 por Bitacoras.com y Mejor Blog Español 2005 por 20Minutos; y su millón de visitas mensual lo colocan como uno de los 1000 blogs más leídos del mundo. No podía tardar una de las competidoras de Glènat en proponerle la impresión del libro, y así Norma puso en circulación la versión impresa del blog.

Son dos libros diferentes, aunque partan de una motivación semejante y broten de la red, de las bitácoras de sus autores, ambas aún en activo, y Kirainet con gran éxito. No es alta literatura de viajes, pero para eso ya tenemos a Kipling. Manejan estilos llanos pero diferentes, y ambos, Bernabé y García, son guías simpáticos y amables que nos prestan su experiencia para permitirnos estar más cerca de un país tan lejano como fascinante y desconocido, pues de él circulan más falsos mitos y topicazos que realidades -por ejemplo, la “huelga a la japonesa”, que en realidad no existe, como se encargan ambos de recordar-. Otra de la coincidencia entre estos dos autores tan “echaos pa’ lante” es su reverencia por Tezuka Ozamu, el célebre creador de Astro Boy y verdadero padre del manga -a quien se deben los ojazos enormes y redondos de los personajes, entre tantas y tantas cosas- y del anime, que no lo inventó él pero le dio la forma que todos conocemos.
Mas ahí cerca acaban las semejanzas. Bernabé escribe sus Apuntes desde Yokohama, aunque como “japonés”, él es más del sur, de Kansai -varias veces señala que le gusta más la gente extrovertida de esa región nipona, antes que los fríos tokiotas, y disfruta del dialecto kansai-ben, que conocerán bien los seguidores de Lovely Complex-; por su parte, Kirai reside en Tokio, la gran capital, crisol de las esencias japonesas y occidentales. A cada uno le llevó a Japón un interés diferente, al primero el idioma, al segundo la tecnología. Además, sus respectivos libros están organizados de modo diferente. Un geek en Japón es más una monografía de cultura japonesa, organizada temática y conceptualmente -hasta los paseos que propone por Tokio son temáticos-, con un aparato gráfico destacable -Héctor García es un apasionado de la fotografía y un buen fotógrafo, además, como se podrá ver en Momentos-. Por su parte, Apuntes tiene una organización diacrónica, pues es realmente el diario del año que Bernabé y Calafell pasaron mientras y durante se organizaba el Mundial. Además de diario, es un libro de viajes, con observaciones al paso, si bien al final de cada capítulo se insertan temas de cultura y sociedad, como anexo. Su apartado gráfico es poco reseñable, con fotografías en blanco y negro, muchas de ellas borrosas.
Lo que nos lleva a diferenciar el tratamiento que ambas editoriales han tenido con sus criaturas. Aunque ninguna es una edición modélica, Norma ha cuidado más la suya, mucho más compleja y rica -con algunos errores llamativos de maquetación- que Glènat, que merece un fuerte tirón de orejas por la casi dejadez con que ha compuesto el libro de Bernabé. También habría que señalar que ambos libros, para buscarlos en una librería, por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender cabalmente, hay que dirigirse a la sección de cómics.
Otra diferencia entre años es cronológica. Bernabé estuvo entre 2001 y 2002, y Kirai llega en 2004, justo para ver la recuperación económica japonesa de esos años hasta la reciente crisis mundial, que ha afectado muy profundamente la economía nipona, que había sustituido el consumo interno por la exportación -como durante el boom Izanagi- y ha visto cómo esta se desplomaba por la falta de liquidez a nivel mundial. Japón vuelve a estremecerse, y los cambios que señalaran Miguel Vidal y Ramón Llopis en Sayonara. Adiós al antiguo Japón no van a hacer más que acentuarse.
La interpretación y valoración de algunas coordenadas culturales niponas difiere en ambos. Así con las costrumbres y el método laboral japonés. Bernabé encuentra, en todo el libro, razones psicológicas superficiales, como en este caso, para explicar la lentitud de la toma de decisiones en las empresas: “ningún japonés quiere asumir responsabilidades en nada por miedo al fracaso” (p. 144). En cambio, Kirai ofrece razones de índole cultural más profundas, en función del kaizen o mejora contínua, que puede parecer exasperante a un occidental, pero para ellos significa que todo va a ir bien -el miedo al fracaso es algo real, por supuesto, pero más antropológico que psicológico: tomar la decisión errónea no supone sólo perder tiempo y dinero, sino traicionar a quienes te instruyeron, a quienes esperan que todo funcione correctamente, a tus compañeros que tendrán que esforzarse más para recuperar el paso y reparar el error-. En el ámbito social, mientras Bernabé se limita a señalar lo estrafalarios de los gals, Kirai les dedica un capítulo, señalando las diferentes tribus de esa “movida” permanente que vive Japón.
La obra de Bernabé, aun con estas limitaciones y siendo las páginas finales casi exclusivamente el relato del Mundial y su organización -algo también interesante, pero en otro ámbito- no se puede despreciar; la experiencia que nos transmite Marc Bernabé de su año japónico y mundialista, un año muy bien aprovechado, es de sumo interés; además, es más amplia que lo recogido en Un geek… Pero, ¿realmente es necesario elegir? ¡Si los libros no son tan caros! (Y si no recuerdo mal uno cuesta 12€ y el otro 16, menos de lo que os gastáis en bebida y tabaco un fin de semana.) Hikiwake! Puede que el libro de Bernabé esté mal editado, y que su relato sea más superficial -me lo parece a mí, que no he estado en Japón y mis referencias son lecturas- pero, juntos, ofrecen una amena introducción que el lector podrá ampliar con otras más académicas, como la espléndida ¿Qué es Japón?, de la Universidad de Extremadura donde, por cierto, se dedica un capítulo al manga que lo pone en su sitio, como cultura popular y como manifestación de la idiosincrasia antropológica de un pueblo.