Abr 29
Escrito en El museo.
29/04/2010
Las novelas de Antonio Soler constituyen un universo conocido para sus lectores, un universo que nace el 8 de febrero de 1937, en la carretera sembrada de cadáveres entre Málaga y Almería. Una dantesca imagen que vemos repetida en muchas de ellas, como una pesadilla tenaz. Ése es el valle del Rift donde nace la [...] [...more]
Las novelas de Antonio Soler constituyen un universo conocido para sus lectores, un universo que nace el 8 de febrero de 1937, en la carretera sembrada de cadáveres entre Málaga y Almería. Una dantesca imagen que vemos repetida en muchas de ellas, como una pesadilla tenaz. Ése es el valle del Rift donde nace la humanidad que protagoniza sus obras, esa Tercera España, entre el martillo y el yunque de las otras dos, que encuentra su hábitat en los barrios obreros o en el exilio. Ese es el caso de Margarita, una mujer ya anciana que emprende un breve viaje, más que el que muchos hacen para ir al trabajo, entre Ginebra, a donde Margarita y su marido Jesús han ido a consultar a un célebre especialista en la enfermedad de él, y Lausana, donde vive el hijo de ambos. Tan escasa odisea sirve a Soler, de acuerdo con una tradición literaria inveterada, para relacionar viaje y vida e ir penetrando en la psicología de Margarita, en su frágil corazón -“la patata del pecho se va poniendo blanda, con bultos y protuberancias saliéndole sin orden ni concierto y por todas partes” (p. 24)-, en los pliegues de la memoria. Como Caballero del Finnegans que es el autor, la convencional anécdota de la emigrada cobra brillo y realce exclusivamente por razones literarias.

En el tren, junto a viajeros tan ordinarios como ella, pero seguramente con tantas capas como ella, hace memoria. Ya uno de los lemas de la novela, de Caballero Bonald: “Quien recuerda miente”, nos pone en guardia sobre el contenido de la novela, los recuerdos y confesiones de Margarita, su visión del mundo. La novela anterior de Soler, El sueño del caimán, ya versaba sobre el peso del pasado imaginado, reconstruido -la memoria- en el presente y el futuro: “como la de las estrellas muertas, también una luz fósil, una trampa del tiempo” (p. 62). Ella misma duda de sus recuerdos, que parecen obrar en completa libertad, pues “el cuerpo y la mente llevan dentro un sinfín de diminutos terroristas. Van y vienen por dentro de la cabeza a su antojo, derrumban paredes que habíamos levantado con mucho esmero y esfuerzo. Pegando los ladrillos con el cemento líquido del tiempo” (p. 191). Margarita recuerda la infidelidad de su marido, que da lugar a grandes páginas sobre los celos (pps. 58-59), sobre ese “alguien que siempre será un intruso, un ladrón. O que nos convierte a nosotros en un intruso y en un ladrón”.
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Abr 22
Escrito en El museo.
Etiquetas: Louise Erdrich, saga familiar, Siruela, William Faulkner22/04/2010
En la contracubierta de Plaga de palomas, la última novela de Louise Erdrich (Philip Roth la categoriza como “deslumbrante obra maestra”) se citan a Faulkner y García Márquez como relaciones literarias. Lo del colombiano ya es tópico, cada vez que una obra de ficción no declaradamente fantástica incluye entre sus recursos narrativos elementos mágicos, como [...] [...more]
En la contracubierta de Plaga de palomas, la última novela de Louise Erdrich (Philip Roth la categoriza como “deslumbrante obra maestra”) se citan a Faulkner y García Márquez como relaciones literarias. Lo del colombiano ya es tópico, cada vez que una obra de ficción no declaradamente fantástica incluye entre sus recursos narrativos elementos mágicos, como si sólo las tradiciones iberoamericanas contaran con reminiscencias arcaicas que una literatura realista deba incluir. Erdrich, amerindia descendiente de ojibwes -o chippewas o saulteurs- no puede dejar de reflejar en su obra todo este universo espiritual atávico, como una huella propia, genética en su literatura, que nada tiene que ver con imitaciones o modas.
Más se sentirá a Faulkner, si bien la prosa de Erdrich es más sobria y tradicional, aunque igualmente cuidadosa con el léxico, abundante en términos indígenas. Lo que era Mississippi para el autor de ¡Absalón, Absalón! es Dakota del Norte para la autora de Filtro de amor. Plaga de palomas narra la decadencia de Pluto, una ciudad -ficticia como el Yoknapatawpha faulkneriano- nacida a finales del siglo XIX para acompañar las rutas del norte sobre los terrenos de la reserva chippewa; una comunidad maldita, en una naturaleza que declaró su hostilidad en el momento de la fundación.
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Abr 15
Escrito en El museo.
Etiquetas: automovilismo, David Torrejón, detectives, La Discreta, literatura española, nazismo15/04/2010
Cuando hoy asistimos a una competición de automovilismo, sea la F1 de Alonso o el rally de Sordo, el espectador vive con la intriga de la victoria, mas no hace mucho era otra la mayor inquietud. Ayrton Senna fue el último grande en caer durante una carrera, pero ni mucho menos el único. Uno de [...] [...more]
Cuando hoy asistimos a una competición de automovilismo, sea la F1 de Alonso o el rally de Sordo, el espectador vive con la intriga de la victoria, mas no hace mucho era otra la mayor inquietud. Ayrton Senna fue el último grande en caer durante una carrera, pero ni mucho menos el único. Uno de los personajes históricos que aparecen en la tercera novela de David Torrejón, Tango para un copiloto herido, convulsionó a la España de los cincuenta con su fatal accidente en las Mille Miglia. La muerte del entonces celebérrimo Fon de Portago dio al traste con dicha carrera italiana, mientras que la Panamericana, que tan importante papel juega en la novela, había dejado de celebrarse años atrás por el elevado número de muertos y heridos que se producían en ella. Fue “una era heroica del automovilismo, naufragada para siempre en las costas del pasado” (p. 229).
El detonante de la acción novelesca es la desaparición de un mecánico español, Dionisio Lorenzo, copiloto del piloto uruguayo Ernesto Schneider, descendiente de alemanes y rico heredero, tras sufrir ambos un aparatoso accidente durante la disputa de la V Carrera Panamericana en 1954. Al mismo tiempo que desaparece el mecánico, a miles de kilómetros hace lo propio su esposa embarazada en el Uruguay. Ambos se esfuman sin dejar rastro, hasta que, muchos años después, el que podría ser el hijo de ambos inicia su búsqueda. La novela juega con una serie de hechos históricos, en apariencia inconexos, y un personaje que los une, Dionisio, posible padre de José, quien recurre a Ulises López de Ayala, un muy particular detective, para encontrarle o, al menos, confirmar su paternidad. Esa parte histórica, ampliamente documentada, es un recorrido por el siglo XX y algunos de sus momentos cumbre, desde nuestra Guerra Civil y la II Guerra Mundial, la posguerra española y la europea, el rutilante medio siglo en Hispanoamérica, la Carrera Panamericana, el exilio nazi, hasta hoy.
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Abr 10
Escrito en El museo, Zarpazo de velociraptor.
Etiquetas: El Aleph, Elizabeth Strout, literatura española, literatura estadounidense, María Sirvent10/04/2010
Publica ahora El Aleph un par de novelas que ponen su atención, aunque de manera diversa, en lo cotidiano. Literatura que prescinde de grandes conflictos, de grandes tragedias, porque el día a día tiene su propia fuerza dramática y porque, sin necesidad de Circes ni Escilas ni cantos de sirena, toda vida pasa por momentos [...] [...more]
Publica ahora El Aleph un par de novelas que ponen su atención, aunque de manera diversa, en lo cotidiano. Literatura que prescinde de grandes conflictos, de grandes tragedias, porque el día a día tiene su propia fuerza dramática y porque, sin necesidad de Circes ni Escilas ni cantos de sirena, toda vida pasa por momentos de gran intensidad emocional que son también susceptibles de ser tratados literariamente.
El debut de María Sirvent, tras el largo y sugerente título de Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio, presenta la más ordinaria de las situaciones: la vida de oficina. En ella, Ágata intenta, por todos los medios, que la echen. Sigue enamorada de su ex, a quien escribe correos que nunca envía y que constituyen el cuerpo del relato. Es asediada por un seductor de oficina, por el que siente una mezcla de atracción y asco, reflejo de las emociones que siente por sí misma.
Por su parte, Strout elige para su Olive Kitteridge -Premio Pulitzer 2008- el gran estilo, en consonancia con la gran literatura norteamericana del siglo XX, para describir las vidas de los habitantes de Crosby, un pueblecito de la costa de Maine, tan literaria. Sin embargo, su acercamiento a lo cotidiano es más relativo pues, aun reconociendo la peculiaridad y la violencia de las sociedades rurales estadounidenses, ocurren demasiados hechos extraordinarios -Olive y su marido Henry son tomados como rehenes; una familia vive encerrada en su casa por años, desde que su hijo asestara veintinueve puñaladas a una mujer; casi todos los personajes tienen un familiar próximo suicidado-. Esos hechos fuera de lo común, sin embargo, desarrollan sus consecuencias en el día a día, poniendo a prueba a los personajes, los muchos personajes de esta novela coral, construida como un agregado de relatos unidos por Olive Kitteridge y su familia.
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Abr 01
Escrito en El museo.
Etiquetas: Enrique Vila-Matas, James Joyce, literatura española, metaliteratura, Seix-Barral1/04/2010
Uno pensaría ya desde la primera página, si fuera ladino, y dada la pelea entre Vila-Matas y su antigua casa que le ha empujado a un nuevo sello editorial –antes, Anagrama; ahora, Seix-Barral- , que Samuel Riba, protagonista de Dublinesca, es un álter ego de Jorge Herralde. La novela, páginas después, da pistas que podrían [...] [...more]
Uno pensaría ya desde la primera página, si fuera ladino, y dada la pelea entre Vila-Matas y su antigua casa que le ha empujado a un nuevo sello editorial –antes, Anagrama; ahora, Seix-Barral- , que Samuel Riba, protagonista de Dublinesca, es un álter ego de Jorge Herralde. La novela, páginas después, da pistas que podrían confirmarlo, como ese catálogo tan prestigioso que al editor de la ficción ha terminado por sustituirle su propia biografía, y que cuenta con un puñado de nombres efectivamente pertenecientes a la lista de Anagrama. Sin embargo, la novela, tomada como un todo, lo desmiente -al igual que el autor en las entrevistas en las que, inevitablemente, ha sido interrogado al respecto-. En esta novela hay mucha autobiografía, más de lo habitual en Vila-Matas, y Riba puede presentar algunos caracteres externos de Herralde, pero por dentro es el autor y está sometido a la misma inquietud literaria que éste.
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