Mar 25

Felipe II, de Ludwig Pfandl

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 25/03/2010

La editorial Áltera recupera una de las biografías clásicas de Felipe II, que aprovecha la traducción de 1942 de José Corts Grau -el original se publicó en alemán en 1938-, sólo que le han cambiado el subtítulo, ya no es -como resulta más apropiado, pues describe el contenido muy ajustadamente-, Bosquejo de una vida y una época, sino Su corona era la órbita del Sol, más poético y vacío.

La obra de Ludwig Pfandl, historiador alemán, discípulo de Vossler y de Menéndez Pelayo, es una de las primeras que, fuera de España, se propone rehabilitar la figura del gran monarca del Renacimiento español, un recorrido que comenzara W. H. Prescott en 1855, con buenas intenciones pero con un uso indiscriminado de fuentes de escasa confianza, la Apología de Orange y las Relaciones de Antonio Pérez. Pfandl subió un peldaño más en una escalera que ha salido de los negros sótanos de Motley, aunque hoy ha perdido los tonos rosáceos que el buen alemán le pintara.

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Mar 18

Azul ruso, de Patricia Esteban Erlés

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 18/03/2010

En el mundo hay dos tipos de personas: de perros y de gatos -además hay una minoría de acuario, de lagarto, de serpiente y aun de tarántula; es cierto, también los hay “amascóticos”-. Patricia Esteban Erlés es una persona de gatos, aunque dedique su nuevo libro de cuentos, Azul ruso, también a sus perros, para que no haya peleas.

Un azul ruso es, como cualquier gatuno sabe, una raza con un pelaje espeso y suave, de color de plata vieja, con una apariencia aristocrática, si bien es uno de los felinos domésticos más cariñosos. En el colofón del volumen se anota la coincidencia de su impresión con el aniversario de la fiesta en la que el zar Alejandro II regaló a la zarina una pareja de esta raza, llamados Kniaz Oleg y Dama Petrovna. Unos antecedentes de categoría para un animal esencialmente literario.

Desde el gato con botas al Church de Stephen King, pasando por Beppo, Plutón o el Gato de Chesire, la literatura está repleta de gatos. Con nombre de polemista romano, Felis silvestris catus, es el tótem de la literatura, como se ha encargado de señalar Antonio Burgos, pero también lo es de la nueva física y aun de las artes plásticas. Los perreros estamos en desventaja, a pesar de Argos, Colmillo Blanco y Flush -y, por volver al maestro del terror contemporáneo, el baboso y terrorífico Cujo-. La potencia del gato como elemento narrativo queda, en este volumen, confirmada; hay gatos por doquier, protagonistas, secundarios y de atrezzo. Hay hombres que devienen gatos -no es una novedad la metáfora del gato por el hombre- y gatos reverdecidos -“Criptonita”- como paso intermedio hacia la iguana -“Mudanza”-.

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Mar 15

Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac

Escrito en El T-rex que viene, El museo.
Etiquetas: , , , , 15/03/2010

¿Qué decir que no se haya dicho ya de Las teorías salvajes de Pola Oloixarac, que hoy se publica en España? Ríos de tinta pixelada fluyen por el inabarcable océano digital que la ha acogido con el jolgorio del triunfo de los héroes. Se ha dicho mucho muy bueno y algo, poco, muy malo. A la novela, por el momento, se le ha concedido en Argentina el aura de “obra de culto”, en espera de que se la otorguen los laureles del clásico; en España, antes de su publicación, ha recibido grandes elogios de Javier Calvo y del siempre atento Vicente Luis Mora. No sólo eso; Oloixarac fue portada de la revista literaria Quimera el mes pasado, y del último número de EP3. Estamos en el momento en que todos quieren subirse a la ola de esta nueva -otra más- revolución de las letras castellanas.

La pregunta que cabe hacerse, la primera que nos viene a la cabeza es, ¿qué se ha dicho, además de alabar justamente la belleza de la autora? ¿es para tanto? Respecto de la primera, ahora vamos con eso. De la segunda, que se adentra en el territorio de la subjetividad por muchas categorías técnicas y argumentos teóricos que se empleen, respondo “sí”. La novela sorprende, arrastra, a ratos fascina, a ratos molesta, pero siempre mantiene el tono de reto intelectual, jugando borgeanamente con las teorías salvajes o no de una filosofía real o inventada; arrasando con su sátira mordaz el mundillo intelectual y académico bonaerense, así como a la izquierda acomodada -“Nada compite en asco con el capitalismo escénico desarrollado por las izquierdas para la comercialización de sus productos”-; y, finalmente, destripando con precisión quirúrgica y saña de barbero renacentista nuestro mundo digital actual y su microcosmos juvenil.

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Actualización (12:30): hoy, el mismo día de la publicación de Las teorías salvajes, la editorial Alpha Decay se ha visto dulcemente obligada a preparar una segunda tirada. La ola progresa, ya es tsunami.

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Mar 12

El camino sin final. Adiós a Miguel Delibes

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , , 12/03/2010

La muerte de los escritores no es diferente de la de cualquier otra persona. Los hay que desaparecen por sorpresa, como Francisco Casavella, y otros que se van despidiendo poco a poco, como otro Francisco, Ayala, y hoy Miguel Delibes. Pero los escritores no son sólo personas, son también personajes. También hay muchas maneras de ser personaje. Se puede ser al estilo de Cela, llamativo y zumbón, o discreto y entrañable, como don Miguel.

Donde empieza la persona, termina el personaje. Yo no puedo compartir las emociones de sus amigos y su familia, porque no lo conocí, no conocí a la persona. En mí no puede desencadenar las mismas emociones de pérdida. Yo conocí al personaje, el trasunto cultural de la persona que lentamente paseaba por Valladolid y recibía el cariño de sus habitantes; un cariño que a don Miguel incomodaba, pero que acogía educadamente. Yo conozco al personaje, y lo aprecio sinceramente, mas no de manera diferente a como aprecio a otro don Miguel, muy anterior en el tiempo -la persona-. Ambos, como tantos otros, Cela incluso, son personajes de biografía, y hasta ahí puedo llegar emocionalmente.

No puedo llorar a un escritor, no me es posible. Ni con Salinger, ni con Updike ni con don Miguel. Tampoco con Calderón o Galdós, ni con Mishima o Kafka. Porque todos ellos, a quienes conozco y conocí, siguen ahi, esperando que les llame. Puedo seguir dialogando con ellos de la misma manera, da lo mismo que su trasunto físico viviera en el siglo XIII, o que ni siquiera hollara la tierra jamás, como Homero, o que haya muerto hace unas horas. Yo sólo soy un lector.

Pero yo, hoy, no he sufrido pérdida alguna. Si acaso, puedo sentir la picazón de la codicia, porque Miguel Delibes no escribirá más, no habrá nuevos libros suyos. En ese sentido, es el final del camino. Mas yo siempre podré encontrar al Delibes que conocí. Sólo tengo que dirigirme a la estantería y tomar El hereje, El camino, 377A, El príncipe destronado… Puedo charlar de naturaleza, de religión, del amor, de las cosas de las que hablan los buenos amigos. Siempre tenemos conversaciones diferentes, él siempre tiene algo nuevo que decirme, aunque parece que está ahí aburrido, rodeado de libros que seguramente no le parecen la mejor compañía.

Para nosotros el camino sigue y puedo pedir a don Miguel que me acompañe; con él vienen Pedro, el Nini, Quico, Gervasio de Lastra, Cipriano Salcedo, Paco el bajo y mi amigo de la infancia, el Mochuelo. Para un lector, el camino carece de final; la biblioteca es su camino y, deambulando por ella, quizá me encuentre a don Miguel, dando su paseo.

Ficha de don Miguel en la editorial Destino, con toda su obra, aquí.

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Mar 11

La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 11/03/2010

Si es usted devoto lector de Cumbres borrascosas -o cualquier otro relato paramero y meteorológico-, Lejos del mundanal ruido o la obra de David Herbert Lawrence, mejor no siga leyendo. Porque, en esta divertida novela, Stella Gibbons emprende la cervantina tarea de aniquilar a la novelística romántica y bucólica, por medio de una ácida parodia y, ni la familia Brönte, ni Thomas Hardy, ni el autor de Hijos y amantes -éste por motivos diferentes, su supuesta misoginia-, entre muchos otros, salen bien parados. Como periodista obligada a lidiar tantas veces con los egos hinchados de los escritores más o menos de moda, más o menos prestigiosos, Gibbons dispone su venganza mediante un relato que, como debe ser, cuenta con todos los ingredientes del género a desmantelar, desordenados y alterados en sus proporciones, para lograr algo que, sin dejar de ser lo mismo, es bastante diferente.

La protagonista, Flora Poste, es una digna representante de la frívola aristocracia británica, capaz de zamparse con deleite una tartaleta de manzana con verduras -y con eso está todo dicho-. Acaba de perder a sus padres, lo que no tiene demasiada importancia porque apenas los conocía, siempre estaban viajando. Más relevante resulta el hecho de que no eran tan ricos como creía, y la pobre hija de Robert Poste hereda una ridícula renta y ninguna propiedad. Sin embargo, Flora no es una heroína llorona; su vida está regida por los pensamientos y directrices éticas del abate Fausse-Maigre, y siguiendo los sabios consejos de su obra -que Flora carga siempre consigo- El sentido común de índole superior, resolverá iniciar una vida de parásita, alojándose en casa de aquellos parientes que la acepten.

Escribe a varios, pero finalmente resuelve alojarse con los Starkadder de Sussex. Frente a sus otras opciones únicamente espantosas, ésta le parece, al menos, interesante; y porque algo le hicieron a su padre, Robert Poste -relacionado con una cabra viva o muerta-; y porque Flora tiene algunos “derechos”, aunque ignora cuáles sean. Además, según le asigna su amiga la señora Smiling, Flora tiene “el complejo de Florence Nightingale más repugnante que he visto en mi vida” (p. 36), pues imagina que “alguno de mis parientes está metido en algún lío o sufre alguna desgracia, y resulta que yo puedo echar una mano” (p. 36). Y ése es el argumento de la novela: Flora tratará de ordenar la vida en la deprimente y tétrica granja de Cold Comfort.

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Mar 10

Sobre la redondez en las artes

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: 10/03/2010

Recientemente ha aparecido una etiqueta que viene a lidiar con la de best-seller pero que, dado que aún carece de entrada en Wikipedia, no se puede considerar establecida oficialmente. Long-seller, el corredor de fondo de la producción editorial, la obra que sin alcanzar el marchamo de clásico se sigue reeditando y vendiendo de manera constante. Es el sudoroso hermano menor de Guerra y paz, el envidiado y honesto currante a quien envidia “el libro más vendido del año xxxx”. Además, el concepto tiene una ventaja añadida, a efectos de prestigio social; no es lo mismo citar el superventas del año como último leído, que nombrar un clásico, que pronunciar el título de un long-seller cuando se responde a la pregunta «¿qué estás leyendo?». Al responder «El túnel», el afortunado lector empezará a desprender un brillo apolíneo, cegador para miradas menos preparadas, lectoras de premios y recomendaciones de revista semanal. En el mundo de la música y el cine es algo que lleva muchísimos años en pie, pero la literatura acaba de descubrirlo. Paradójicamente, da menos vergüenza decir que se está leyendo El símbolo perdido que anunciar que te acabas de comprar el último compacto de Bisbal. Así que, si tus gustos musicales van por esos senderos, quizá puedas redondear tu figura con Océano mar o El infierno. Si, en vez de eso, escuchas a The Kinks y tienes DVD’s de Éric Rohmer, más que redondo, eres esférico, como el ser ideal de Platón.

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Mar 04

Neutralia, de Evelyn Waugh

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 4/03/2010

Llega al fin la traducción de esta novelita que Evelyn Waugh escribiera en 1946, una vez digerido el gran éxito de Retorno a Brideshead -mejor el libro que la serie, mejor la serie que la película- y que parte de un viaje que el novelista hiciera a España, ese mismo año, invitado al III Centenario de Francisco de Vitoria, en calidad, suponemos, de católico célebre en un entorno hostil.

Conviene recordar que Waugh no era un buen viajero; cargaba, como cuenta Miguel Sánchez Ostiz en el prólogo de Una educación incompleta (Libros del Asteroide, 2007), con todos sus prejuicios de clase que, en el caso del autor de Los seres queridos, eran muchos. Su visión de España no es positiva, y no tiene que ver sólo con su rechazo de la dictadura, sino más bien con su conocido esnobismo. No obstante, muestra cierta conmiseración hacia Neutralia, la dictadura mediterránea -que no se corresponde exactamente con España, a pesar de todo, sino que es un “conglomerado”- en la que transcurre buena parte de la acción de la novelita: “Ha sufrido todo mal concebible que un estado pueda heredar. Guerras dinásticas, invasiones extranjeras, sucesiones disputadas, colonias sublevadas, sífilis endémicas, suelo empobrecido, intrigas masónicas, revoluciones, restauraciones, cábalas, juntas, pronunciamientos, liberaciones, constituciones, golpes de estado, dictaduras, asesinatos, reformas agrarias, elecciones populares, intervención extranjera, cancelación de préstamos, inflaciones de moneda, sindicatos, masacres, incendios, ateísmo, sociedades secretas… Complétese la lista, introdúzcanse tantas miserias personales como se desee, y se encontrará todo en los tres últimos siglos de historia neutraliana” (p. 28).

A ese país va a parar el oscuro profesor de clásicas de un colegio inglés cualquiera, Scott-King, “el viejo Scottie; toda una institución escolar, cuyas lamentaciones precisas y ligeramente nasales sobre la decadencia moderna inspiraban constantes parodias” (p. 25). El protagonista, que no llega a ser un trasunto del autor, teme, al igual que éste, la deriva que toma el mundo de la posguerra. El mundo moderno surgido al terminar la Segunda Guerra Mundial está haciendo tambalearse el bien erigido edificio de la civilización occidental, de raigambre británica, y que Waugh advertía en el avance del socialismo, y Scott-King, en la decadencia de los estudios clásicos, al encontrarse cada año con menos alumnos:  “Los padres ya no están interesados en formar al hombre completo. Quieren preparar a sus chicos para empleos en el mundo moderno” (p. 107).

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Llega al fin la traducción de esta novelita que Evelyn Waugh escribiera en 1946, una vez digerido el gran éxito de Retorno a Brideshead -mejor el libro que la serie, mejor la serie que la película- y que parte de un viaje que el novelista hiciera a España, ese mismo año, invitado al III Centenario de Francisco de Vitoria, en calidad, suponemos, de católico célebre en un entorno hostil.

Conviene recordar que Waugh no era un buen viajero; cargaba, como cuenta Miguel Sánchez Ostiz en el prólogo de Una educación incompleta (Libros del Asteroide, 2007), con todos sus prejuicios de clase que, en el caso del autor de Los seres queridos, eran muchos. Su visión de España no es positiva, y no tiene que ver sólo con su rechazo de la dictadura, sino más bien con su conocido esnobismo. No obstante, muestra cierta conmiseración hacia Neutralia, la dictadura mediterránea -que no se corresponde exactamente con España, a pesar de todo, sino que es un “conglomerado”- en la que transcurre buena parte de la acción de la novelita: “Ha sufrido todo mal concebible que un estado pueda heredar. Guerras dinásticas, invasiones extranjeras, sucesiones disputadas, colonias sublevadas, sífilis endémicas, suelo empobrecido, intrigas masónicas, revoluciones, restauraciones, cábalas, juntas, pronunciamientos, liberaciones, constituciones, golpes de estado, dictaduras, asesinatos, reformas agrarias, elecciones populares, intervención extranjera, cancelación de préstamos, inflaciones de moneda, sindicatos, masacres, incendios, ateísmo, sociedades secretas… Complétese la lista, introdúzcanse tantas miserias personales como se desee, y se encontrará todo en los tres últimos siglos de historia neutraliana” (p. 28).Llega al fin la traducción de esta novelita que Evelyn Waugh escribiera en 1946, una vez digerido el gran éxito de Retorno a Brideshead -mejor el libro que la serie, mejor la serie que la película- y que parte de un viaje que el novelista hiciera a España, ese mismo año, invitado al III Centenario de Francisco de Vitoria, en calidad, suponemos, de católico célebre en un entorno hostil.

Conviene recordar que Waugh no era un buen viajero; cargaba, como cuenta Miguel Sánchez Ostiz en el prólogo de Una educación incompleta (Libros del Asteroide, 2007), con todos sus prejuicios de clase que, en el caso del autor de Los seres queridos, eran muchos. Su visión de España no es positiva, y no tiene que ver sólo con su rechazo de la dictadura, sino más bien con su conocido esnobismo. No obstante, muestra cierta conmiseración hacia Neutralia, la dictadura mediterránea -que no se corresponde exactamente con España, a pesar de todo, sino que es un “conglomerado”- en la que transcurre buena parte de la acción de la novelita: “Ha sufrido todo mal concebible que un estado pueda heredar. Guerras dinásticas, invasiones extranjeras, sucesiones disputadas, colonias sublevadas, sífilis endémicas, suelo empobrecido, intrigas masónicas, revoluciones, restauraciones, cábalas, juntas, pronunciamientos, liberaciones, constituciones, golpes de estado, dictaduras, asesinatos, reformas agrarias, elecciones populares, intervención extranjera, cancelación de préstamos, inflaciones de moneda, sindicatos, masacres, incendios, ateísmo, sociedades secretas… Complétese la lista, introdúzcanse tantas miserias personales como se desee, y se encontrará todo en los tres últimos siglos de historia neutraliana” (p. 28).

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