Feb 25

La piel afilada, de Josan Hatero

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 25/02/2010

Tras siete años de silencio, desde Tu parte del trato, Josan Hatero -criatura de la factoría de Constantino Bértolo- vuelve con un libro diferente, una exploración lúdica de las diferentes formas de amar -con clases tan extrañas como el amante narcoléptico, el amante Bartleby que preferiría no amar, o los amantes berlineses, separados por un espeso muro- y, con ello, de la identidad del hombre a través del sexo. Sus lectores, con hábitos de coleccionista de rarezas -aunque parece haberle llegado el momento de salir de su guarida-, encontrarán en este volumen un motivo de éxtasis, tanto por ser su obra más acabada, como por su propia condición de muestrario.

El misterio de la identidad es la gran investigación de la humanidad desde que el primer cromañón advirtiera no sólo que era distinto al resto de animales de su entorno, sino también diferente de sus compañeros de grupo, incluso de sus hermanos. La ciencia ha ofrecido su abanico, insuficiente, de respuestas; la religión, la mitología y la filosofía, el suyo. La literatura ha hecho lo propio, casi como único empeño común en un arte tan variado y rico, y Josan Hatero aporta su granito con este bestiario de amantes, este empeño por desvelar la identidad del hombre a través de las diferentes formas de tocar una piel; el sexo como un sónar que nos devuelve por rebote nuestra propia imagen.

La evolución de Hatero desde Biografía de la huida en cuanto a la escritura es notable, pero sus preocupaciones se mantienen: las relaciones de pareja, en las que el sexo tiene una importancia vital -si bien no siempre es así, y algunas categorías de amantes identificadas por el Recopilador así lo confirman-. Es más maduro, más irónico, y ésta, una obra que “nace del deseo de escribir un libro diferente, ajeno a modas, tendencias y, especialmente, a lo que había escrito hasta ese momento. Un libro que reivindicara el placer de la lectura sin recurrir a la coartada de un argumento o al desarrollo de personajes; en el que el lenguaje no estuviera al servicio de la idea, sino que fuera la idea misma” -de la entrevista al autor en el blog El síndrome Chéjov-. El lector se sorprenderá buscando su casilla, encasillando a otros, amantes conocidos o por conocer, se topará fascinado con los rostros femeninos de Montse Bernal -que no merece tener el nombre tan escondido- y deleitándose con esta búsqueda que no aspira a respuesta alguna.

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Feb 22

Del dinosaurio a la hormiga: Por favor, sea breve 2

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , , , 22/02/2010

Todo comenzó con el dinosaurio. No es que no hubiera nada antes, pero el dinosaurio era grande y verde, y llamó la atención de todos. Sin embargo, parece que le quieren extinguir por segunda vez: “Sucede que el dinosaurio está ya en el Parnaso y ha dado origen al reino de la hormiga. Hormigas, hormigas por todas partes, movedizas, dinámicas, textos diminutos que ya no se pueden contar”, (p. 8). El dinosaurio ha hecho el viaje cervantino, entonces, y su nicho literario lo ocupa la nueva criatura que ha identificado Clara Obligado, quien con la primera antología Por favor, sea breve (Páginas de Espuma, 2001) señalara al enorme monstruo que, aunque parsimoniosamente aplastaba los edificios y calles de la ciudad de la literatura, permanecía ajeno a los focos y objetivos de la mayoría.

Ahora, nueve años después, una segunda antología, ya no de dinosaurios sino de hormigas -la evolución es un proceso imparable- viene a dar cuenta de “la última creación, de lo que se está haciendo ahora, en este minuto” (p. 7). Esta colección de textos menguantes hasta la extinción (El fantasma, p. 223) tiene la virtud, entre muchas, de “priorizar textos que sirven como presentación de creadores casi ignotos” (p. 10). Así, junto a saurios consagrados como José María Merino, Ana María Shua, Luis Mateo Díez o Raúl Brasca, hormiguean los Diego Muñoz Valenzuela, Inmaculada Porcel, David Roas, Carola Aikin, para mí algunos de esos ignotos pero deslumbrantes autores.

Dinosaurios u hormigas. Microrrelato, minicuento, minificción. Este es un género que no se decide en cuanto a su nombre, que no se decide en cuanto a su identidad. Sólo sabe que es más o menos breve, pero no se aclara en cuánto. Es un género que, como el Quijote, tiene más páginas “sobre” que “de”. Quizá por eso tenga tantos conflictos de personalidad, con tantos matasanos explorándole. Si ahora ya sabemos que da igual lo que una novela sea, ¿por qué no reconocerle esa condición proteica? Este género “por naturaleza, tiene la ventura o presenta el dilema de no dejarse enjaular”, (p. 9). Y sin embargo, tantos y tantos furtivos persiguen a este dinosaurio u hormiga que no se deja emborrachar.

La literatura es literatura, y lo otro es trabajo de carnicero. Ahora, a veces es difícil resistirse a tomar el cuchillo platónico y separar las cosas por sus junturas naturales. El microrrelato incita a eso, también. Como en un juego de descarte, el lector de dinosaurios u hormigas marca y discrimina no sólo sus preferidos, sino también aquellos que son lo que dicen ser de otros que son otra cosa, poemas, reflexiones, chistes, ocurrencias. En toda antología, hasta en las mejores, en esta también, los hay. Impostores, minitextos ladinos que visten la capa del microrrelato, con méritos diferentes a los del cuento, como Hacerse el muerto de Andrés Neuman. Pero si la antóloga se hubiera puesto tozuda con las doctrinas teóricas, habría privado al lector de reflexiones interesantes y atisbos de profundidad que son también literatura.

Algunos textos me hacen pensar en una nueva etiqueta: ossobuco, solomillo, microfilosoficción. No alcanzan con su sustancia narrativa a ser relatos, pero tampoco son reflexiones estáticas. En la antología hay alguno especialmente bueno, como Narciso (María Inés Mogaburu, p. 163). ¿Ven? No puedo evitar tomar el cuchillo y despedazar. Es una tentación terrible. Como la de aplastar una hormiga que pasa junto a nuestro pie. Eso me recuerda uno de los textos de la antología, La hormiga en el asfalto (José María Merino, p.79). Nunca hay que confiarse.

El pensamiento no es una amenaza, nunca lo es, y para el microrrelato tampoco. Ahora, el género se enfrenta a un enemigo temible, que domina esta época en la que florecen dinosaurios u hormigas: el ingenio. Tantos y tantos aspirantes a microrrelatos son meros chispazos de ingenio, y si bien el ingenio está muy bien en una reunión de amigos, a la literatura debe exigírsele más. A este demonio contemporáneo se le tributa demasiado favor en este mundo apresurado, falto de genio, bien porque su hermano menor le asfixió, bien porque el primogénito se ahogó solo.

Gracias a estas amenazas, reales o no, y a lo esquiva que es siempre la auténtica literatura, la lectura de cualquier libro de microrrelatos, antología o no, adquiere la emoción de la búsqueda. Si, como dice la antóloga, la red sólo puede echarse una vez, este es un río cuyo fondo está sembrado de botas. Pero eso sólo nos pone más hambrientos y hace que, una vez pescado el dinosaurio o la hormiga, nos resulte más sabroso. Aquí hay piezas de lo más suculentas: los seis, que van de la página 100 a la 105, los que componen el subgénero del microrrelato quijotesco (págs. 114, 128), Agujero negro de José María Merino, (p. 97), Las que miran hacia atrás de Pía Barros, (p. 111)… “Para terminar, un consejo para el lector goloso, para la lectora ávida: de la misma manera que no conviene atiborrarse con los bombones de una caja, es mejor leer los textos de uno en uno, lentamente, paladeando matices y diferencias. Este ‘diminuto remolino de palabras’ pide, como el poema, una lectura reposada”, p. 10.

Por favor, sea breve 2. Edición de Clara Obligado. Páginas de espuma. 224 págs. 15 €.

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Feb 18

Electrónica para Clara, de Guillermo Aguirre

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 18/02/2010

Galardonada con el XV Premio Lengua de Trapo de Novela, Electrónica para Clara ha suscitado el interés inmediato de un círculo de escritores con gusto por lo arriesgado; unas coordenadas en las que se mueve la editorial dispensadora del premio, de lo que hemos dado una muestra aquí con títulos como Una revolución pequeña, La mujer calva -su predecesora en estos laureles- o la imprescindible El estatus. Quizá no estemos, en esta ocasión, ante una obra redonda, pero sí interesante; una obra que brilla por las virtudes de su búsqueda más que por sus hallazgos, aunque también los haya.

Jonás, narrador y protagonista, trata de resolver una pregunta fundamental; dos, quizá: “¿quién es Clara? ¿quiénes somos nosotros?”. Clara es su amor, su desamor y su condena, la mujer que le abandonó, reapareció casada con su mejor amigo, le olvidó, le recordó y que, finalmente, silenciada -“Quieta y muda, distante como las sombras humanas que quedaron impresas en las paredes de Hiroshima después de la catástrofe” (p. 42)- por un suceso traumático que sólo se revela hacia el final de la novela, es objeto tanto de sus cuidados -la cuida como el viejito a la viejita, con la misma ternura- como de sus cadenas. Hay en toda la novela una atmósfera de horror, de thriller psicológico, motivada por ese gran secreto que sólo lo es para Jonás y la tozuda mudez de Clara, prisionera de las atenciones y cuidados de su enamorado custodio.

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Feb 15

La humillación, de Philip Roth

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 15/02/2010

Se ha vuelto un lugar común, cuando aterriza en España una nueva obra de Philip Roth -en torno al comienzo de la primavera, aunque los lectores más intrépidos habrán leído antes la edición en inglés-, buscar comparaciones y concluir que se trata de “obra menor” de un autor enorme. Es inevitable. Tras La mancha humana, Pastoral americana o El animal moribundo todo parece pequeño, aún La conjura contra América o Elegía. Y sin embargo Philip Roth sólo puede medirse con la medida Roth, y las obras breves de los últimos años, que a la vez son intensas, compactas, tienen poco de enanas si las medimos con la misma vara que al resto.

Ahora bien, La humillación viene precedida por una considerable polémica que desató tras su publicación en Estados Unidos, donde el sexo, que en esta novela es explícito y morboso, mueve mucho dinero y también a muchas agrupaciones aburridas -otra forma de mover dinero-, a las que se sumaron algunas feministas superficiales que, cegadas por lo sexualmente turbio -y aparentemente falocrático- del relato, fueron incapaces de entender lo que se les estaba diciendo.

Esta novela es una extensión de aquel aforismo memorable de la espléndida Elegía, “la vejez no es una batalla, la vejez es una masacre”, idea que impulsa buena parte de la obra rothiana desde El animal moribundo. La humillación narra la masacre que la edad comete en el cuerpo -su espalda siempre doliente, sin remedio; sus células testiculares ochocientas veces divididas- y la psique de Simon Axler, de sesenta y cinco años, un actor de teatro “encerrado en el papel de hombre privado de sí mismo, de su talento y de su lugar en el mundo, un hombre detestable que no era más que el inventario de sus defectos” (p. 15). Su actuación y fracaso en el Kennedy Center es el Día D, hora 0 que inicia su desmoronamiento completo. “Sí, el impredecible cambio total y el poder que tiene” (p. 26).

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Feb 11

Caliente, plana y abarrotada, de Thomas L. Friedman

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 11/02/2010

“En una Tierra caliente, plana y abarrotada, donde la energía, el agua, la tierra, los recursos naturales y los recursos energéticos están sobre explotados, todo el mundo, todo el tiempo, tendrá que pagar el verdadero coste de la energía que está usando, del cambio climático que está causando, de la pérdida de biodiversidad que está provocando, de las petrodictaduras que está financiando, y de la pobreza energética que está manteniendo” (p. 265). Desde un enfoque tan ecológico como económico el prestigioso columnista de The New York Times Thomas L. Friedman describe en este voluminoso ensayo el estado de nuestros ecosistemas naturales y financieros, advierte del peligro en que se encuentran los primeros -los segundos ya reventaron- y señala el camino hacia la superación que, lejos de ser “el movimiento ecologista del abuelo” es, en palabras de John Gardner, “una serie de grandes oportunidades disfrazadas de problemas insolubles”.

Friedman no es un político frustrado, ni un científico loco, ni un hippy. Es un respetado e influyente periodista económico, que ha explicado con acierto los mecanismos y beneficios de la globalización y que ahora pretende explicar por qué el mundo necesita una “revolución verde”. Su reflexión ecologista parte de la recesión mundial de 2008, de sus causas y consecuencias y las lecciones que de ella podemos extraer a nivel sistémico. Podríamos señalar, con James Carville, “la economía, estúpido”, pues Friedman ve el momento crítico presente como una oportunidad sin precedentes para lograr un nuevo modelo económico -¿la última fase del capitalismo?- más limpio, más eficiente y más justo. ¿Alguien da más?

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Feb 04

Aroma de alcanfor, de Naiyer Masud

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 4/02/2010

En sus 73 años de vida, el profesor Naiyer Masud apenas ha salido de Lucknow, la capital de Uttar Pradesh, ciudad que entró en los anales de la historia universal en 1857 cuando estalló la revuelta de los cipayos retratada en Rifles de Bengala, la película protagonizada por Rock Hudson. Allí está la casa construida por su padre, un célebre erudito de la cultura urdu: Adabistan, la “Casa de la literatura”, donde el pequeño Masud se aficionó a la lectura. Todo aquel mundo infantil del autor, en la India aún ocupada por los británicos, está bien presente en las piezas recogidas en Aroma de alcanfor -aunque el ambiente revolucionario de aquellos años no aparece-. Los juegos, las relaciones familiares y sociales, componen un marco costumbrista que, a través de los ojos del niño cobra un brillo mágico, prolongado aún en la mirada del adulto.

Uttar Pradesh, en el norte de la India, es el estado más poblado del país y la entidad supranacional más poblada del mundo, con más de 200 millones de habitantes. Estado musulmán, su lengua principal es el urdu, un idioma muy parecido al hindi pero muy influido por el persa; Masud es doctor tanto en literatura urdu como persa. No extraña entonces el ambiente bagdadí, aunque no vuelen alfombras ni haya genios morando en lámparas. No hay elementos sobrenaturales que sostengan la atmósfera mágica de los relatos, sino sólo un evanescente aroma, no muy distinto del alcanfor que protagoniza el primer relato.

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