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La bestia del corazón, de Herta Müller

Herta MüllerNo es necesario recurrir a silogismos para deducir que el premio Nobel concedido a Herta Müller es injusto y polémico -partiendo de las premisas de que todo premio es injusto y también polémico-. Es claro que no es una autora influyente, y los tintes políticos de la concesión son más que evidentes -la Academia sueca siempre ha tenido ese concepto de la literatura-. También que el efecto Ladbrokes ha vuelto a teñir de sospechas la elección. A pesar de ello, ¡qué bien le sienta a la autora suaba el galardón! Müller es una escritora que posee todo aquello que consideramos imprescindible en un reconocimiento que aún conserva su aura de grandeza -merced de sus premios científicos- si asumimos que muchas veces reconoce, no a los autores más relevantes, sino a aquellos que merecen serlo.

Y Müller lo merece, aunque para muchos cada página suya resulte un trago amargo. No es fácil, ni complaciente, con el lector. Hay ascensiones duras, que exigen aplicar pies y manos, y hasta arañar el suelo con las uñas, mientras parece que vamos a reventar por las sienes y toda bocanada de aire es escasa. La lectura de Herta Müller puede ser así, tanto por la escritura compleja y rica en elementos simbólicos como por el horror que indefectiblemente sustenta su aparato poético. Mas, coronada la cima, el sufrimiento se disipa y tan sólo queda el amplio paisaje. Es una autora que convierte las penurias de su infancia -el padre- y su vida adulta -la persecución por la Securitate- en sustancia literaria pura, en poesía, también en sus cuentos y novelas. En Herta Müller todo es poesía, aunque narre acontecimientos, porque la voz lo devora todo, personajes, acciones, temas.

Léelo completo en El Confidencial…


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