Dic 31

La emperatriz Isabel, de Antonio Villacorta

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 31/12/2009

Isabel de Portugal en el retrato de TizianoSe lamentaba hace una década Manuel Fernández Álvarez, en su monumental biografía de Carlos V (El César y el hombre, Espasa-Calpe), de la ausencia de biografías de valor de la emperatriz Isabel. A corregir este vacío se ha dispuesto Antonio Villacorta, autor de libros como Las mujeres de Lope de Vega o las biografías del rey don Sebastián de Portugal o Juana de Austria, la jesuita, que logró entrar en la Compañía de Jesús, vetada a mujeres, pronunciando los votos bajo el nombre de Mateo Sánchez. Salta a la vista que estos personajes tienen un interés propio, por su excentricidad o su relevancia histórica. Sin embargo, Isabel de Portugal parece cobrar importancia tan sólo por préstamo de su ilustre esposo, Carlos V de Alemania, I de España.

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Dic 24

ééééé, ééé, éééé, de Tao Lin

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 24/12/2009

Delfines, el terror del mundoTao Lin es un tipo peculiar, tanto como para titular una novela ééééé, ééé, éééé, que para quien no lo sepa, es la manera en que los delfines expresan sus emociones, ya sean de felicidad o tristeza, de satisfacción o abulia. También es un tipo lo bastante peculiar como para vender acciones sobre los beneficios de su próxima novela y para, a pesar de su nombre, ser perfectamente norteamericano, tanto por pasaporte como por estructura mental. Así pues, tenemos entre manos una novela peculiar, escrita por un tipo bien peculiar, con un título más que peculiar. Su tema, que no su argumento -pues carece de un argumento al uso-, es la depresión, la depresión inmotivada aunque refrendada por el estado de cosas del mundo.

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Dic 21

Aritmofobia (El juego de la ciencia, de Carlo Frabetti)

Escrito en K-Saurus.
Etiquetas: , , , , 21/12/2009

Más que al coco, al monstruo de debajo de la cama o al sacamantecas, el temor más extendido entre los niños es el miedo a las matemáticas. No deja de ser sorprendente, en una civilización que debe buena parte de su desarrollo a los números, este pavor, que Carlo Frabetti denomina “aritmofobia”. Lo hace en su último libro -que en realidad no es tal, pero lo es, sin dejar de no serlo-, El juego de la ciencia. Aunque se refiere a los adultos y, más aún, a una actitud “cultural” -en realidad, “anticultural”- de todo nuestro mundo occidental.

Cubierta de El juego de la cienciaSi bien desde que se nos enseñan los primeros rudimentos del conocimiento se insiste en la importancia del número y la vida numérica, es cierto que queda fuera del ámbito de la cultura. La cultura es el arte, la literatura, la historia, en fin, todo aquello susceptible de ser narrado o preguntado en una partida de Trivial Pursuit. Las matemáticas, entonces, quedan del lado de los saberes prácticos, como la cocina o la ebanistería, donde ocupa la cúspide.

La ciencia matemática es un saber práctico, tanto como teórico. Se estudian matemáticas para algo, para hacer algo con ellas. La cultura, por el contrario, se obtiene por su valor intrínseco. ¿Es realmente así? Cuando de niños aprendemos las operaciones básicas, se nos señala su utilidad cotidiana; cuando, algo más creciditos, nos ilustran acerca de operaciones complejas, como cálculo probabilístico o trigonometría, la practicidad de estos conocimientos está ligada a posibilidades laborales o de progresión en los estudios. Sin embargo, no se dan razones por las que haya que conocer el esfumato de Leonardo, el monólogo de Segismundo o la fecha de las Navas de Tolosa. Son saberes valiosos, y punto.

Ello lleva a una separación bastarda entre “ciencias” y “letras”, saberes mutuamente excluyentes y hostiles entre sí. El de “letras” difícilmente reconocerá la importancia de la geometría fractal -al margen de sus representaciones plásticas- y el de ciencias negará rotundamente que el conocimiento de las Partidas de Alfonso X, en cuanto código normativo extinto, sea relevante. Por eso, individuos híbridos como Frabetti, tanto en su faceta narrativa como ensayística o periodística, son tan necesarios. Esa fractura debe ser reparada, porque es absurda, porque es nociva.

Ya no estamos en una época en la que un individuo pueda acaparar todo el conocimiento humano. El último de esos individuos, según dicen los anglosajones, fue John Stuart Mill -aunque en realidad este tipo de ser humano no existió jamás, ni puede existir; y, en el sentido que se le da a la expresión, seguramente fue Goethe-. Pero eso no quiere decir que podamos rechazar parcelas tan amplias, y relevantes, del mundo. Porque “quienes dan la espalda al pensamiento cuantitativo se pierden nada menos que la posibilidad de leer el Libro del Universo, que como dijo Galileo, y antes que él Leonardo, está escrito en el lenguaje de los números” (p.58).

Aunque El juego de la ciencia es un libro interesantísimo por muchos motivos, a mí me parece que la aritmofobia es el gran enemigo a batir. Y soy reo de ella, lo he sido siempre. Me resulta reconfortante que Frabetti culpe al sistema educativo, pero no puedo menos que reconocer mi porción de responsabilidad. Los animales se paralizan ante las amenazas, pero el ser humano tiene el deber de enfrentarse a sus miedos, y vencerlos. Mas, no sólo es por orgullo de especie dominante. El conocimiento de la ciencia -y la ciencia también entra con letra- está lleno de momentos satisfactorios, de misterios tan emocionantes como los que pueden saltar mientras exploramos un viejo archivo.

Quizá la mayor dificultad sea idiomática: la ciencia se escribe en ese idioma tan imponente que son las matemáticas, que tan diferente es de nuestra lengua materna. Por fortuna, toda lengua puede ser aprendida -la lengua de la ciencia, como la lengua del arte, incluso la lengua de los chinos-. Y,como sabemos, otra de las asignaturas que más hostilidad produce es la del segundo idioma; como las matemáticas, se estudia poco y se aprende mal. ¿Será cierto que la causa de todo es la mala disposición del sistema educativo?

¿Que por qué El juego de la ciencia es un libro y no lo es? Esto es una tontería, es un libro, un sólido compuesto de celulosa, gomas y tinta, con páginas, cubiertas; con letras, con números. Pero tiene, también, una existencia incorpórea, digital. El juego de la ciencia es la columna que Carlo Frabetti tiene en Público (http://blogs.publico.es/ciencias/tag/frabetti), cuyos primeros 44 artículos se han recogido en un volumen, aunque “No creo que tenga mucho sentido publicar recopilaciones de artículos periodísticos, y menos aún si todos proceden de un mismo periódico y están disponibles en su página web”. Para felicidad de su editor, Frabetti no sólo encuentra innecesario el libro, sino que da las indicaciones necesarias para leerlo gratis.

Entonces, ¿por qué aceptó publicarlo? La respuesta la he hallado en la página 51; dijo Isaac Asimov que el dispositivo de lectura ideal debía: consumir la menor cantidad de energía posible, activarse con la mirada, adaptarse automáticamente al ritmo de lectura del usuario, ser barato, ser fácilmente transportable, resistir los golpes, etc. Es decir, el libro. De la misma manera que es absurda la guerra de los sexos, o la guerra de las ciencias y las letras, lo es la guerra entre internet y el libro. Sólo son formas de lo mismo.

El juego de la ciencia, Carlo Frabetti. Lengua de trapo, Madrid, 2009. 208 páginas, 18,60 €.

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Dic 17

Lento vals, de Robert Haasnoot

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 17/12/2009

AncientNYLa historia del fraude, la estafa y el timo de la estampita se remontará, salvo corrección de experto veterotestamentario, a la invención fenicia del dinero. Por tanto, no puede sorprender haber hallado a un Madoff en los tiempos en que el capitalismo caníbal comenzaba a enrocarse en los centros de poder y decisión, en la segunda mitad del siglo XIX. Eso es lo que ha hecho Robert Haasnoot, un autor con buen ojo para elegir los temas de sus novelas y que en este caso nos cuenta la historia de Lodewijk Pincoffs, judío holandés causante del auge económico de Róterdam -la idea del gran Europoort fue suya- y el nacimiento de Feyenoord, y a quien nos presenta huido en Estados Unidos, tras haberse descubierto ciertas argucias contables que mostraban a sus arruinadas compañías como florecientes.

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Dic 14

La previa muerte del lugarteniente Aloof, de Álvaro Pombo

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 14/12/2009

Cada vez que me enfrento a la lectura de Álvaro Pombo encuentro menguada mi estatura. Tengo la sensación de lo alcanzar sus contenidos últimos, de hacer una lectura grata, pero insatisfactoria. Y, si además debo escribir de ello, de la leve frustración paso al terror. No es que cada semana me sienta a salvo de la picota, ni mucho menos, pero intentar someter a crítica un libro suyo es como ir a robar a una comisaría. En fin, alea iacta est.

“Alegrará a muchos saber que Álvaro Pombo, tras su experiencia sideral -que no infructuosa, al menos Virginia o el interior del mundo era una gran novela, pero fueron piezas menos ambiciosas, en las que optó por dejar tranquila la técnica narrativa-, ha regresado de su viaje con el ánimo renovado. Y vuelve a su casa, no sólo editorial -Anagrama, a la que ha dado sus mejores textos-, sino también literaria. Con La previa muerte del lugarteniente Aloof -un título plenamente pombiano- regresa a la senda de la pura invención narrativa. Esta breve novela es un monumento al juego literario“.

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Dic 05

Figuras con paisaje, de Francisco Rico

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , , 5/12/2009

La celestina, de PicassoSuele decirse que el arte no se explica; que basta con sentirlo y, armado por esa emoción, el espectador alcanza a comprenderlo en sus capas más profundas. Otros lugares comunes que me pasan por la cabeza en el momento de reseñar Figuras con paisaje, del maestro Francisco Rico, son el del ensayo como investigación detectivesca -empleado por Muñoz Molina- o como viaje al interior de la cultura. Lugares comunes, mas no imprecisos, si bien el primero queda anulado por la mera existencia de este lúcido ensayo. Publicado por vez primera hace quince años, en Galaxia-Gutenberg, lo reedita ahora Destino con escasos añadidos -un par de ensayos, breves- y retoques.

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