Jul 29

El nombre del viento y Los duques de Windsor

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , , 29/07/2009

 

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Un fantástico bestseller. El nombre del viento. Patrick Rothfuss.

 Lo normal, cuando a un libro de fantasía le llueven los elogios, es volverse suspicaz. Si leemos la contracubierta y encontramos un texto extraordinariamente semejante al discurso del replicante Roy Batty en Blade Runner, las dudas aumentan. Pero nos ha dicho algún amigo en el que confiamos que merece la pena. Así que lo abrimos. Aparece un mapa casi calcado del de la Tierra Media, en el que sospechosamente el territorio donde viven los protagonistas se llama “la Mancomunidad”, un lugar alejado de los peligros del mundo donde viven gentes sencillas. Ése amigo ya no nos cae tan bien, pero leemos algunas páginas. Al parecer, al autor le ha llevado trece años escribir la novela, buscando la perfección, porque “si quieres hacer algo, mejor que lo hagas bien”. Encontramos un estilo ampuloso, elegíaco: “era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte”. Mas, ¡quién dijo miedo! Son sólo ochocientas páginas, que me han costado veintitrés euros, que en tiempos de crisis no es poca cosa. Si son tan pacientes quizá estén de enhorabuena. Porque, a partir de ahí…

Chismorreos históricos. Los Duques de Windsor. José Miguel Romaña

 El que brevemente fue Eduardo VIII despierta emociones contrapuestas, y si no él al menos su leyenda. Por una parte, su “abdicación por amor” provoca simpatía; por otra, sus inclinaciones nazis provocan rechazo y repugnancia. Parece difícil conciliar ambas posturas, pero detrás de la leyenda rosa siempre se esconde una verdad histórica que, aunque difícil de desenmarañar, revela un fondo mucho más compleja e interesante que el simple romance contra viento y marea. José Miguel Romaña separa y ordena sus hilos en las páginas de esta biografía, más del Duque que de la Duquesa, y que no puede dejar de lado un marco histórico que tiene especial significado en esta historia de amor. Y es que, en cuanto el autor abre un par de cortinas, tejidas por la mente calenturienta e ingenua de algunos devotos del cuché, encontramos a un Duque que nunca dejó de ser un adolescente, tanto física como mental y psicológicamente…

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Jul 29

El vendedor de pasados, José Eduardo Agualusa

Escrito en El dinosaurio que estaba allí.
Etiquetas: , , 29/07/2009

El vendedor de pasados es una novela fragmentaria, narrada por un geco y protagonizada por un negro albino cuyo oficio es inventar pasados y para quien “Eça [de Queiroz] fue mi primera cuna”. Si su curiosidad no se ve ya un poco excitada no sé qué más les puedo decir. Esta obra ha recibido el Independent Foreign Fiction Prize (2007) y su autor, José Eduardo Agualusa, es uno de los principales representantes de la nueva literatura africana. Nacido en Angola, de familia portuguesa y brasileña, salta a la vista que el mestizaje va a jugar un papel relevante en su escritura que, si bebe literariamente de la tradición portuguesa –como justifica su protagonista, Félix Ventura, en la cita anterior–, se ve muy influida por la cultura angoleña –también confiesa, al final de la novela, que es animista–.

La novela es una exploración de la memoria y la ficción en relación con eso que convenimos en llamar “realidad” –y que, según los estudios de Jeffrey M. Zacks, se procesan en los mismos lugares del cerebro; ergo, como ya sabía Hegel, todo es espíritu–. Y ello se plantea, tanto en los sueños que Ventura sueña a través de su geco Eulálio –“hay verdad, aunque no haya verosimilitud, en todo lo que un hombre sueña”–, como con la invención de la vida de José Buchmann, como a través de la literatura que tan importante es en la vida del vendedor de pasados y en su reptil amigo, que en su vida previa humana, recibió de su madre el consejo de que “entre la vida y los libros, elige los libros”.

Lo publiqué, en su momento, en El Confidencial

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Jul 17

España es sobrenatural y Los huesos de Descartes

Escrito en El museo.
Etiquetas: , , 17/07/2009

 

alquimiaOcultismo cañí. España es sobrenatural. Mondo Brutto y Vacaciones en Polonia

 

Que España es un país sobrenatural se puede ver cada noche en televisión, o a media tarde, o a media mañana. Arroja ello una imagen de la España preternatural que habitamos, y que es objeto de estudio de algo que se llama “fantaciencia”, que debe ser algo parecido a lo que hace Iker Jiménez o lo que hacía el difunto Jiménez del Oso. Y es que, en España, el ocultismo no sólo se preocupa de extraterrestres y fantasmas, sino de casi todo. Desde que Pitita Ridruejo –quien, por cierto, no tiene entrada en la Wikipedia– introdujo a la Virgen María en los salones más cool de Marbella, la vida social y oculta de España están más que intrincadas. En realidad, como muestran los autores del presente ensayo, que tambén es gente oculta con los peregrinos nombres de Galactus o Zafia Potocka, esto es así desde tiempos inmemoriales, y hacen un repaso a la España mágica, ya sea el Círculo de El Escorial de Felipe II o el origen esotérico del nacionalismo gallego…

 

Reliquias filosóficas. Los huesos de Descartes. Russell Shorto

 

¿Puede alguien convertirse en ejemplo para fundamentalistas religiosos y fundamentalistas ateos, al tiempo que lo es para los moderados que intermedian entre ambos bandos? René Descartes es hoy reivindicado por todos, y sus restos se trataron como reliquias de un santo, curiosamente, dado que el sabio francés postuló –recogiendo pensamientos y doctrinas de otros, aunque siempre lo presentara como fruto de su propia reflexión; pero esta es otra historia– que cuerpo y alma están separados, de tal manera que finalizada la vida la unión se rompe. Russell Shorto cuenta las vidas paralelas de sus restos óseos y el pensamiento cartesiano, que juzga la base de la civilización contemporánea. Siguiendo a Richard Watson, asevera que el mundo actual es “cartesiano hasta la médula”. Algo que también es más que discutible, pero que no rebaja en nada la calidad del ensayo…

 

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Jul 13

El motín de la Bounty: cuando el paraíso se convirtió en un infierno

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , 13/07/2009

bountyDel paraíso al infierno. La verdadera historia del motín de la Bounty. William Bligh

La historia del motín del Bounty es una de las más célebres de la historia naval mundial, y una de las más fértiles para el campo de la ficción. No sólo ha inspirado las novelas de Charles Nordhoff, en las que se apoyaron las célebres películas de 1935, con Clark Gable y Charles Laughton, y de 1962, con Marlon Brando en la piel de Fletcher Christian -la versión de 1984, la más equilibrada, con Anthony Hopkins, Mel Gibson y Daniel Day-Lewis, tuvo su origen en un libro de Richard Hough-; recientemente John Boyne, pero antes Julio Verne o Lord Byron se sirvieron de la prodigiosa aventura, que bulle en emociones contrapuestas y una historia judicial posterior tan apasionante como la misma del viaje, del motín o de la huida de los amotinados, y que se puede seguir en La Bounty, de Caroline Alexander.

William Bligh, el terrible malvado que ha consagrado el cine expone aquí el relato con el que trató de convencer a la opinión pública de su inocencia, dado que el Almirantazgo ya le había dado su aprobación. El relato es, obviamente, autocomplaciente, pero al mismo tiempo es creíble y equilibrado, si tenemos en cuenta que a los santos se los comieron los leones de Roma, y que desde entonces sólo hay seres humanos, desprovistos del divino don de la perfección. Bligh era ambicioso, arrogante y algo inflexible, lo que ni su empeño literario consigue borrar. Pero no lo debió ser más que cualquier otro comandante de cualquier Marina de la época. Una muestra del carácter arrogante de Bligh la encontramos a su paso por Canarias, donde tiene un roce con el Gobernador al exigirle un trato de igual, siendo el británico meramente teniente de navío. Sus observaciones sobre las islas Afortunadas demuestran asimismo que no se trataba de un observador perspicaz y atento, sino todo lo contrario, que se limita a la repetición de clichés y tópicos, sorprendiéndose mucho cuando éstos no encajan con lo que ve, considerándolo excepción magnífica. No extraña nada, pues, que no advirtiese luego ni el comportamiento de sus hombres en Tahiti ni sus planes de rebelión. Bligh, muy probablemente, tenía todo su ánimo concentrado en su hoja de servicios, y no era capaz de percibir nada más.

En el relato, manifiesta su preocupación por la habitabilidad del barco. Ello pasaba por un fortalecimiento de la disciplina, por la higiene y la buena alimentación, pero también por el ejercicio físico que obligaba a hacer a los hombres. Con una bondad un tanto autoritaria, contrató a un violinista para hacer bailar a la tripulación, algo que no fue del todo bien recibido. Aunque el bienestar de sus hombres tampoco debía traerle de cabeza, y eso de nuevo lo deja escapar en su propio libro. Pues, tras ser abandonados por los amotinados trataron de aprovisionarse en Tofoa, donde fueron sorprendidos por indígenas hostiles, que mataron a John Northon. Sin embargo, olvida pronto este fallecimiento, congratulándose varias veces de que en su travesía en bote llegaron todos sanos y salvos. Y eso que Northon se sacrificó para que Bligh pudiera huir. Fue quizá este paternalismo despreocupado y autoritario, que revelaba el profundo desprecio que sentía por la chusma, unido al goce paradisíaco que les permitió disfrutar en tierra, lo que condujo al motín.

Hasta la página 173 este es un habitual relato de viajes de la época, no muy distinto de los que podemos leer de Cook o Malaspina, es decir, relato de peripecias navales y descripciones superficiales de culturas y países exóticos, ocupando buena parte del texto la narración de la convivencia de Bligh con los tahitianos, y el comportamiento poco fiable de éstos, pues eran bastante aficionados al hurto, y sólo amables cuando el europeo porta armas de fuego. Es entonces cuando se narra, con viveza, el motín, y aventura las posibles causas de éste: la vida gozosa y las mujeres tahitianas. A partir de ahí Bligh narra la asombrosa navegación que llevó a dieciocho hombres, sin agua ni alimentos, sin cartas de navegación, ni armas, en un frágil bote, a lo largo de cuatro mil millas hasta llegar a Timor, colonia holandesa. Se puede concluir que Bligh era un grandísimo marino, pero un capitán despistado. Que le preocupaba más su prestigio que su misión y que, no siendo demasiado blando ni demasiado duro, no supo cuándo ser una cosa y cuándo otra.

Ficha en Ediciones del Viento

Publicado originalmente en El Confidencial

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Jul 09

Lady Mary, de Margaret Oliphant

Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: , , , 9/07/2009

Los buenos fantasmas

Unos años antes de que Oscar Wilde publicara el célebre cuento del pobre fantasma de Canterville, Margaret Oliphant ya le había dado la vuelta a la tortilla del relato gótico de apariciones. Ahora, el fantasma es el protagonista, y no el espectador de espectros. Escritora innovadora y delicada, cualidades que ornan Lady Mary, a esta breve novela sin embargo le falta tensión en una trama en la que la bondad y la fidelidad de una ahijada hacia su tutora arrastran a Lady Mary de vuelta al mundo de los vivos para reparar un despiste testamentario que dejó a la buena muchacha en la calle. Con este punto de partida no se explota un relato eminentemente benéfico, encantador y dulce, en el que la tensión viene impuesta por la incomunicación que ya padecía Lady Mary en vida y que se agrava por su ectoplasmática condición. Si buscan una lectura ligera, correcta y bella, ésta es la suya.

Ficha en El Nadir

Publicado originalmente en El Confidencial

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Jul 02

Viajes por Noruega y Nueva York

Escrito en El museo.
Etiquetas: 2/07/2009

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El vikingo español. En Noruega. León Lasa.

Noruega sigue siendo, como hace cien años, un país exótico. Pero ya no por lo lejano y diverso, sino por lo caro. Oslo está a unas cuatro horas de Madrid, pero el precio del viaje se dispara y la espectacular naturaleza de los fiordos o la admirable sociedad escandinava parecen compensarlo insuficientemente. Así pues, aún un viaje al país vikingo es susceptible de ser contado, sin inventar aventuras o exagerar anécdotas. León Lasa, tras narrar sus periplos por la costa occidental irlandesa y por la Patagonia, se sube a un barco en Bergen para recorrer la dentada costa del Mar del Norte, travesía tan peligrosa en el pasado pero, como tantas cosas, domada hoy por la técnica. Cuántos poderosos vikingos yacen bajo las negras aguas mientras parejas de jubilados hacen hoy la misma travesía con toda comodidad. En su viaje, Lasa encuentra “sólo desolación y silencio. Pero eso es, a fin de cuentas, lo que quería”…

Viaje en el tiempo y el espacio. Un año en el otro mundo. Julio Camba

Pocos preferirán leer un viaje a realizarlo, y sin embargo la literatura es capaz de ofrecer algo que lo que convenimos en denominar realidad no puede: los viajes en el tiempo. Y con guías de excepción. Julio Camba viajó varias veces a Nueva York, pero su viaje de 1916 dio como fruto una colección de artículos en la que describía la Gran Manzana, antes de que los Estados Unidos se convirtieran en la primera potencia mundial, aunque el periodista gallego ya sabía que eso ocurriría. Su relato es menos descriptivo que irónico, pues no puede dejar de mirar con ojos algo despectivos a un país que gasta tanto en chicle como España en comer…

 

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