May 25
Manuel Filiberto, el último príncipe del Renacimiento
Escrito en El museo.
Etiquetas: biografía, historia de España25/05/2009
Para el lector español, Manuel Filiberto de Saboya fue el general que dirigió la batalla de San Quintín, gran victoria que Felipe II sólo aprovechó para poner en marcha su magno proyecto funerario y palaciego: El Escorial. Pero, ¿qué hacía el duque de Saboya gobernando los Países Bajos en nombre del Monarca español y dirigiendo sus ejércitos? Saboya perdió su independencia en 1536, en el marco de las guerras italianas entre Francisco I y Carlos V. Todo el ducado fue ocupado y así comenzó su vida itinerante, alejada de sus estados. Saboya se había convertido en un trozo de tierra vital para los proyectos de las dos grandes potencias del Renacimiento. La biografía de Pierpaolo Merlin se centra en los años en que, tras recuperar Saboya, se ocupó de dotar de una estructura moderna el estado, aun medieval, y sus movimientos diplomáticos para conservar y ampliar su autonomía frente a España y Francia.
La cuestión de su neutralidad ha sido muy debatida. Para algunos fue neutral –e italianista–; para otros, filoespañol; para otros, filofrancés. Aunque siempre buscó la manera de ser independiente, sabía que por una parte Francia siempre ansiaría sus estados –como confirmaría la historia– y, aunque con matices, España era su aliado más seguro y menos peligroso –algo que no entendió su hijo–, dado que para los intereses hispanos Saboya-Piamonte sólo era una marca para Milán, así como un paso necesario para sus tropas, y la garantía de equilibrio en Italia, lo que más convenía a sus intereses. De todos modos, su relación con España estuvo llena de recelos, especialmente por el lado español, pues Felipe II –aparte de tener una buena relación personal con su primo, al que apreciaba sinceramente– y sus ministros temían un posible acercamiento a Francia que pusiera en peligro Milán.





























