Abr 16
Bernardo Atxaga, nuevos narradores argentinos y Lola Beccaria
Escrito en El T-rex que viene, El museo, Zarpazo de velociraptor.
Etiquetas: Bernardo Atxaga, literatura española, literatura hispanoamericana, Lola Beccaria16/04/2009
El paraíso aterrador. Siete casas en Francia, Bernardo Atxaga.
Los paraísos siempre han sido motivo de reflexión acerca del infierno. Es difícil concebir, desde nuestras coordenadas culturales, el bien sin el mal, la belleza sin la fealdad. Y cuesta imaginar un lugar más paradisíaco que la cuenca del Congo, la tierra de Mokèle-mbèmbé, del doctor Livingstone. Pero también el Estado Libre del Congo de Leopoldo II, de Henry Morton Stanley; el Zaire de Mobutu y la República Democrática de Kabila. Y es el Congo bajo domino belga el que atrae ahora a Bernardo Atxaga, quien en Siete casas en Francia retrata, desde un pequeño puesto militar de la Force Publique, los hechos ominosos de la explotación humana y la violencia.
Pisando fuerte. La joven guardia. Nueva narrativa argentina.
Si la semana pasada notábamos aquí a uno de los autores argentinos de mayor impacto en 2008, referimos ahora la aparición de una antología de cuentos que recoge a veintitrés “jóvenes escritores argentinos” -denominación en torno a la cual reflexiona el texto antologado de Juan Terranova-, menores de cuarenta años y que ya empiezan a destacar -alguno, como Andrés Neuman, desde hace ya tiempo-. Se trata de un elenco diverso, y esa diversidad es algo que el antólogo, Maximiliano Tomas, ha buscado transmitir.
Arriesgarse y fracasar. El arte de perder, Lola Beccaria.
¿Puede considerarse un arte la derrota? Los seguidores del Atlético de Madrid, sin duda, se la habrán formulado más de una vez. Pero, desde un punto de vista afectivo, dicha cuestión puede ser revolucionaria. Perder, en este contexto, significa intentarlo, luchar. Pierde el que lucha, el que no se deja dominar. En este caso, es resistirse a las convenciones en torno al amor. La protagonista de El arte de perder, novela de Lola Beccaria, defiende vivir un amor herido, un amor lisiado, pero auténtico, antes que renunciar a la emoción pura, real, o fingir que se tiene aquello que falta.


















