Hablan por mi boca Fobos, Bali y Quentin Beck. El fondo del saco del alma, la parte que no ve la luz y no quiere verla. Leo la euforia que producen los avances tecnológicos en torno al libro, especialmente el Kindle de Amazon, el súper libro, el Aleph que se compra por 300 dólares y nos hace invulnerables al látigo de la ignorancia. Lo leo y me aterro. Se va cumpiendo aquello que avanzó el raro de Iván Illich, de que la pantalla se comería al libro. La tinta digital (e-ink) es el veneno que faltaba. Vale, admitámoslo, un aparato basado en la tinta electrónica, capaz de contener toda nuestra biblioteca deseada, los miles de libros que queremos leer, es la panacea del lector que, además, cuenta con la potencia del hipertexto. Y la aparición del Kindle de Amazon puede ser el golpe definitivo: “el primer dispositivo que rompe la maldición del libro electrónico y lo convierte en algo que desplazará a la lectura de libros físicos en un segmento significativo de usuarios en los próximos pocos años” (Enrique Dans). No puedo negar que el libro electrónico favorece al lector. Lo hace. Al escritor, que parece una parte relevante en esto de la literatura, lo matará.

Según Javier Celaya (editor de Dosdoce.com; uno de tantos Gmork de este Devorador que es el libro electrónico; otros son Michael Hart o Kevin Kelly), con el libro digital el autor recibe el 80% de los ingresos. No está nada mal, contando con que los ingresos pueden ser nulos -otros no son tan optimistas; José Antonio Millán tiene un artículo excelente a este respecto en su blog, donde señala un porcentaje menor: entre el 30 y el 40 %-. La mayor parte de nada sigue siendo la mayor parte, diría Pangloss. Más aún, este leibniziano editor considera que, frente a la esperable piratería, “hay tecnología suficiente para proteger la obra”. Eso mismo debían pensar las discográficas, antes de arrancarse los pelos a puñados. En su análisis, pierden sólo los intermediarios entre el tándem autor-editor y el lector, pero este dinosaurio, que es más de Heguesías que de Leibniz, ve la irrefrenable muerte del editor -sí, me atrevo a contradecir a Jason Epstein- y la más que posible del autor, aunque con matices. Escribir sólo escribirá aquél que lo desee por encima de todo, y siempre y cuando cuente con una forma de ingresos alternativa a la escritura, porque nadie -o sólo alguno- paga por lo que puede obtener gratis. Sólo aquellos que admitan escribir en sus ratos libres -nos perderíamos a Flaubert- o que vivan de rentas se podrían permitir la escritura. Esto vuelve a beneficiar al lector, o al menos no le perjudica más de la cuenta. Pero a muchos posibles escritores les refrena y limita, quizá de manera definitiva.

En cuanto a la posible desparición del libro de papel, dudo mucho que esto llegue a ocurrir. Pasará que el libro tradicional se convertirá en un objeto de lujo, de coleccionista, para enamorados no tanto de la lectura como del ente libro. Para quienes disfrutan de su olor y tacto tanto como de su lectura. Pero está claro que, conforme las generaciones se hagan progresivamente más geek, el papel se irá restringiendo cada vez más a círculos elitistas. Hablemos también de precios. Un ebook cuesta, para quien decida pagarlo, unos 9 dólares (Amazon). El mismo libro, el tradicional objeto de papel, barniz, cola, cartón e hilos, unos 12 dólares. La diferencia no es mucha -aunque hay casos en los que es mucho más barato-, pero con el ebook el soporte lo pone el comprador. Y, al margen de valoraciones personales, vuelve a aparecer el fantasma de Drake y sus modernos seguidores: el ebook puede estar accesible por nada. ¿Para qué pagar cuando puedo no hacerlo? Porque no hay diferencia alguna entre el libro electrónico sisado y el pagado, a diferencia del libro tradicional, que es algo sólido que ninguna versión pirática puede ofrecer.
Otro aspecto negativo es que el libro entra en la dinámica de renovación y obsolescencia informáticos. Cada dispositivo sólo lee algunos archivos, luego éstos cambian y el aparato, carísimo, deja de ser útil (Miguel Ángel Criado, diario Público). La aparición de nuevos soportes deja fuera de juego a los anteriores. El ordenador, sapientísimo y vertiginoso, que aún no hemos terminado de pagar, ya está viejo y no tolera el nuevo ingenio de Bill Gates. Y sin embargo la edición Príncipe del Quijote aún se puede leer, si te la dejan. Incluso la piedra de Rosetta se puede leer, si el lector sabe algo de griego; y tiene más de dos mil años, mientras que mis caducos disquetes hace tiempo que pasaron a peor vida.

Está claro que el libro electrónico no sólo es posible: ya está aquí, y viene para quedarse y hacernos la vida imposible. Pero, señores editores, no se suiciden. No colaboren con el régimen de Barbanegra y, de paso, entreguen a los honrados escritores a Grendel, que los va a dejar mondos y ni las plumas va a escupir. ¿Hay alguna esperanza? En mi opinión, Spotify ha sido un paso asombroso en lo referente a la música. Con Spotify se vuelve innecesaria la descarga ilegal de música. Sólo falta que haya algo parecido para cine y, quizá, libros, para que la piratería reciba un duro golpe. Porque confiamos en la naturaleza humana, bondadosa y cándida, en que prefiere “hacer lo correcto” -como en las series yanquis- antes que rapiñar. Espero que mi maestro Heguesías no se enfade por este arranque roussoniano.



















Comentario by Arnold Schwarzenegger — 5 Marzo 2009 @ 19:43
Su blog es bonito. Mis asesores me aconsejan que lo incluya en el blogroll y así lo haré.
Hay una versión mucho más buena del cuento de Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio ya se había ido.”
Comentario by Nuño Vallés — 6 Marzo 2009 @ 0:45
Intercambiemos pues un hueco en el blogroll, señor Gobernador. Además, no puedo negarle nada a Conan, ¡si le perdoné lo de Mr. Freeze!
Por cierto, que hay otro que me encanta: “El dinosaurio estaba ya hasta las narices.”, de Hipólito G. Navarro. Quizá mi favorito.
Gracias y bienvenido.
Comentario by Arnold Swarchzenegger — 7 Marzo 2009 @ 0:16
Yo estoy dispuesto siempre a mejorar, con ayuda de mis asesores:
Cuando despertó el meteorito estaba allí.
Comentario by Nuño Vallés — 7 Marzo 2009 @ 1:14
Has revivido recuerdos muy dolorosos para mi estirpe. Es un cuento definitivo.
Comentario by M. del Rif — 7 Marzo 2009 @ 23:43
Los que somos ya mayores, no cambiaremos el formato papel por nada. Si a mí me cuesta leer un periódico en internet, no me veo leyendo algo así como “Los Pilares de la Tierra” en formato electrónico.
El libro no es solamente leer un libro. Es un ambiente, una luz, el sillón favorito que reconoce nuestras formas, música, ¿cognac? …. Paz.
El formato electrónico es ideal para las personas más jóvenes, que en general no leen.
Comentario by Nuño Vallés — 8 Marzo 2009 @ 23:37
Todo depende de lo que sea capaz de dar de sí el dispositivo, y cada vezson mejores. Yo era optimista, hasta me ilusionaba la novedad del libro electrónico. Pero tras una charla con mi amigo y colega Esteban Hernández se me cayó el alma a los pies. Todas esas tenebrosas ideas me las inoculó el.
Comentario by Aloe — 9 Marzo 2009 @ 17:13
No hace mucho, tuve que leer La Perla ,de Steinberg. Al no encontrarlo disponible, recurrí al libro electrónico. No es ni parecido. El placer que proporciona sujetar un libro entre tus manos,es casi tanto como el contenido del mismo.
A pesar de la frialdad, puede ser una opción a tener en cuenta.
Comentario by Arnold Schwarzenegger — 9 Marzo 2009 @ 18:25
Mis asesores me han dicho que diga:
Recordad que Sócrates predijo el fin de la cultura con la aparición del libro y dejad de decir tonterías.
Por cierto, uno de mis asesores de gama rabiosa me ha dicho que diga:
M. de Rif, amigo, “es un ambiente, una luz, el sillón favorito que reconoce nuestras formas, música, ¿cognac? …. Paz.”
Si usted hubiera mencionado en algún momento el papel, no pensaría que lo que le gusta es repantingarse como el del anuncio del Piponazo y pasársela jugando al solitario por internet. ¿Qué tienen que ver las condiciones atmosféricas con el soporte en el que se lee?
Yo, por mi parte, como gobernador y amigo de ustedes, les diré que, si me lo piden, prohibiré los e.books en California para que allí puedan ustedes leer siempre sus libros de papel tomando un mojito.
Comentario by M. del Rif — 15 Marzo 2009 @ 17:41
Tiene usted razón, Terminator. Olvidé el papel, aunque, como excusa, muchas veces lo que rodea al elemento principal, pasa a tener más importancia que el propio centro.
Hombre, como el regreso de Ulises a Itaca. Ya sabe usted. Más importante que el regreso en sí, era el viaje.
Igualmente hay libros en que es más importante el cognac que el propio libro.
¿Cuela esto como excusa??
Comentario by Aloe — 17 Marzo 2009 @ 15:44
Marqués, los rituales nunca son una excusa. ¿ Qué sería de un té con un reloj parado a las trece, cuarenta? .
Un libro debe ser errante,para así, tener la posibilidad de ser rescatado por alguien y sorprenderle.
Comentario by M. del Rif — 19 Marzo 2009 @ 23:38
Aloe: Me gustan esos libros que sorprenden. Generalmente leo acerca del mismo tema, la historia, por lo que no suelo esperar demasiadas sorpresas ya que generalmente me concentro en dos épocas específicas de la historia que me gustan muchísimo.
Lo bueno es, cuando viene uno de esos que sorprenden, ya sea por un estilo, por un dato desconocido, o incluso por la forma diferente de contar lo que ya se conoce.
Y en consideración a nuestro amigo dueño de casa, no le diré lo que es un té teniendo enfrente un reloj que marca las 13.40, para evitarle al anfitrión el trabajo de quitar este comentario.
Un saludo afectuoso,
PD: Por cierto, sabe algo del inglés ese, el “loco” que se embarcó en el Beagle??
Comentario by Aloe — 21 Marzo 2009 @ 18:36
Marqués de Rif:
Hace tiempo, que de la lectura no me interesan las historias, casi ni lo que dicen,sí, como Vd comenta, cómo lo dicen. Lo último que he leído- yo me confieso admiradora de Cortazar, entre otros-y me ha sorprendido, ha sido de Miguel Ángel Asturias, un escritor que yo diría que no cuenta nada ,pero, lo dice con un lenguaje extraordinario.
Hace Vd, muy bien en no decir nada, que pueda ser objeto de la ira del dueño de la casa; le haré una confesión, el té debe tener el reloj en su hora , es decir, a las 5.
No sé nada de ese” loco “inglés, tal vez necesite su tiempo.
Un saludo muy cordial.
Comentario by Aloe — 22 Marzo 2009 @ 11:03
Marqués:
Ayer, me olvidé de decirle algo que usted sabe, peo, se le ha pasado por alto. “La materia no se destruye, se transforma”. Estoy segura , de que ya se ha dado cuenta.
Un saludo cordial.
Comentario by Arnold Schwarzenegger — 23 Marzo 2009 @ 16:23
He perdido la noción de lo que se está hablando.
Comentario by Aloe — 24 Marzo 2009 @ 16:01
!Hola! Arnold:
Voy a presentarme: soy Aloe, le comentaba al Sr. Márqués, la importancia de tocar. Cuando digo tocar me refiero, a sujetar el libro entre las manos. El libro electrónico, es muy socorrido para unas prisas-yo, he leído bastante últimamente, sobre todo cuentos de autores Hispano-Americanos-. Tocar el libro es multiplicar el por X” el placer de la lectura;además los libros también huelen,este es un dato muy importante. Para mí los que mejor huelen son los que se releen.
Encantada de conocerle, un saludo .
Comentario by Dubitador — 9 Abril 2009 @ 16:34
Creo que hay que dejar de llorar, patalear y “casandrear”.
Quienes solemos leer hemos solido hacerlo en libros de papel. Quienes solemos leer hemos probado lo que es leer textos descargados de la red.
La experiencia del libro digital no es aun tan buena (como la del libro en papel) aunque ello en buena parte se deba a la novedad y falta de refinamiento del medio, pero sus propiedades actuales y sobre todo potenciales son el paraiso del lector.
No me atrevo a augurar que sera de los editores y el resto de la cadena que antes
vivia -unos depredando, otros parasitando y los menos proporcionando un valor o servicio- de la cadena de produccion y venta de libros, el caso es que se puede leer en una pantalla y cada vez está mas cerca la pantalla y programas asociados que aunaran las virtudes del papel con la magia y abundancia de lo digital. Incluso merced a cacharritos similares a las tarjetitas SD, CompactFlash…etc los contenidos registrados podran tener una supervivencia y fijeza fisica equiparable a la de la mismisima piedra de Rosseta, porque, no se olvide, leer es interpretar lo escrito y el arameo, griego y demotico de la famosa piedra champoliana solo es directamente accesible a los muy versados en una o varias de las lenguas registradas en dicho sustrato, lo que implica la preexistencia de montañas de otros textos ,no precisamente escritos sobre basalto, accesibles y frecuentados por el erudito en aquellas arcaicas lenguas.
Lo que como lectores nos compete es probar el nuevo medio y declarar que esperamos de el, puesto que las propiedades que hoy reputamos al papel -incluso las puramente fetichistas- son replicables en un cacharro digital; cosa a parte es que merezca la pena exagerar una caracteristica meramente contigente, cuando la sustancia reside en el texto.
Los cientos de blog son prueba palmaria de que existen muchos “creadores de contenidos” que solo aspiran a tratar de hacerse leer, de modo que la catastrofe que lo digital puede suponer para todo un viejo mundo vinculado a un determinado medio de difundir escritos puede merecernos un respeto, mas no al punto de tomarlo como causa en vez de consecuencia del hecho de que hay personas que desean comunicar y expresarse.
Comentario by Dubitador — 3 Mayo 2009 @ 12:27
“¿Para qué pagar cuando puedo no hacerlo? Porque no hay diferencia alguna entre el libro electrónico sisado y el pagado, a diferencia del libro tradicional, que es algo sólido que ninguna versión pirática puede ofrecer.”
La version digital de un libro no es un libro sisado, sino la realizacion, con los medios que provee el presente, de la vocacion propia de toda obra destinada a comunicar algo a terceros.
Es bien cierto que el uso de la tecnologia digital supera de tal modo al metodo de produccion y distribucion analogico que convierten a éste ultimo en obsoleto y por tanto frustra un determinado proceso de retroalimentacion economica; pero de ahí a considerarlo un hurto implica extralimitar las atribuciones de la propiedad intelectual al confundir un determinado modelo de explotacion y regimen de relaciones economico-industriales con la nocion de cultura en sí y la atribucion para el pastoreo de expectativas, comportamientos y relaciones entre el autor y su publico, pretendiendo que éste y aquél deban estar sometidos a cierta cadena de negocio a despecho de que ya no es necesaria.
En caso de existir un proveedor digital que recogiera la practica totalidad de la oferta libresca, el autor, por si o su respresentante, podria vigilar y avalar la fidelidad y plenitud de la version digital y por ende hacerse acreedor de un beneficio derivado del trafico, siempre y cuando el precio de cada unidad de descarga fuera casi imperceptible y de muy sencilla gestion. Solo un enfoque asi puede competir con la digitalizacion y difusion espontanea.
Calificar de robo o sisa al trafico espontaneo y sin mediacion de lucro es una completa barbaridad y ello aunque efectivamente dicho trafico pueda implicar la frustracion de gran trabajo e inversiones, ya que las propiedades de lo digital configuran la realidad presente y una concreta formula de negocio es tan solo una ventana de oportunidad determinada por la realidad del momento.