Ene 30
Escrito en El museo.
Etiquetas: Áltera, biografía, Peter Steinbach, temas del siglo XX30/01/2009
Las culturas antiguas se erigieron sobre mitos heroicos. La griega lo hizo sobre Heracles y su limpia de monstruos a lo largo y ancho del Mediterráneo –incluyendo la Península Ibérica-; en la nórdica, héroes como Beowulf o su equivalente cristiano, San Jorge, hicieron lo propio con quimeras y dragones. Los héroes eliminaban a las criaturas [...] [...more]
Las culturas antiguas se erigieron sobre mitos heroicos. La griega lo hizo sobre Heracles y su limpia de monstruos a lo largo y ancho del Mediterráneo –incluyendo la Península Ibérica-; en la nórdica, héroes como Beowulf o su equivalente cristiano, San Jorge, hicieron lo propio con quimeras y dragones. Los héroes eliminaban a las criaturas infernales que estorbaban la supervivencia del hombre y dejaban habitable un mundo con anterioridad tenebroso y mortal. Pero el ser humano quedó entonces a solas con su propia monstruosidad, más terrible, más cruel, que la de cualquier demonio. Y los héroes, en la vida real, muchas veces quedan atrapados en las fauces del lobo.
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Ene 17
Escrito en El gabinete del dr. Mantell, El museo.
Etiquetas: Atalanta, libro ilustrado, literatura de vanguardia, literatura y arte, Max Ernst17/01/2009
Dice el adagio que “una imagen vale más que mil palabras”. De acuerdo, es una flagrante mentira, al no haber escala comparativa válida más allá del capricho más o menos razonado de cada cual. Pero una imagen evoca, de manera inmediata, un torrente de palabras conscientes o no, una suerte de traducción íntima que, aunque [...] [...more]
Dice el adagio que “una imagen vale más que mil palabras”. De acuerdo, es una flagrante mentira, al no haber escala comparativa válida más allá del capricho más o menos razonado de cada cual. Pero una imagen evoca, de manera inmediata, un torrente de palabras conscientes o no, una suerte de traducción íntima que, aunque también se da en el caso del texto, es en éste menos natural y requiere un entrenamiento particular. De hecho, muchos son incapaces de entender más allá del significado literal de un texto, a pesar de tener una cierta educación, y sin ambages se han lanzado a sangrientas cruzadas por ello. El arte contemporáneo, ya desde finales del XIX, ha jugado con este carácter de la imagen simplificándose, yendo cada vez más hondo en el inconsciente del ser humano, apelando a ese lenguaje, el mentalés que llamó Pinker. Quienes lo hicieron más a las claras fueron los surrealistas, que basaron su método “casi” automático en la libre asociación de ideas, es decir, en el pensamiento íntimo e inconsciente.
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Ene 10
Escrito en El museo, Zarpazo de velociraptor.
Etiquetas: literatura fantástica, Marlow, Stan Nicholls10/01/2009
Quien leyera El señor de los anillos –y todos lo hemos leído– es difícil que no sintiera intriga por el orco, esa criatura cerduna, oscura, malcarada, hedionda y que, en fin, reúne todos los defectos imaginables, dado que se construyeron como opuesto de los elfos, seres cuasidivinos; seres infernales, habitantes del inframundo, enemigos de la [...] [...more]
Quien leyera El señor de los anillos –y todos lo hemos leído– es difícil que no sintiera intriga por el orco, esa criatura cerduna, oscura, malcarada, hedionda y que, en fin, reúne todos los defectos imaginables, dado que se construyeron como opuesto de los elfos, seres cuasidivinos; seres infernales, habitantes del inframundo, enemigos de la luz, una vacía representación del mal, pero tenían encanto. Costaba imaginarse su degenerada forma de vida, aunque algunos atisbos se ofrecían en El hobbit, por ejemplo. Por eso decepciona tanto la obra de Stan Nicholls –y no sólo por su divergencia con el maestro–, porque sus orcos han perdido todo el encanto. No se parecen nada a la imagen tradicional del orco; están retratados como neandertales –la nueva visión, más ajustada, de éstos– o como nativos americanos –algo muy envidente en los sueños de Stryke–. A Nicholls le ha faltado talento para meterse en la piel de los subseres y por ello ha tenido que cambiarlos. Nada que ver, pues, con Wicked, novela que invertía el cuento clásico de El mago de Oz manteniéndose dentro del cuento, aprovechándose con inteligencia del atractivo del relato original.
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