Bastantes años después de que Conan Doyle, harto ya de su criatura Sherlock Holmes, decidiera dejarlo cuidando a las abejas en Sussex, Jardiel Poncela se lo encontró en un parque londinense. Había ido a que le plancharan un sombrero, según cuenta, cuando Holmes le contrató de ayudante, pues el doctor Watson, su gran amigo y compañero, había fallecido en 1929.

Qué grande, Jardiel. Aún no me leído esas novísísimas aventuras. Un saludo.
(“No me HE leído…”)
Recuerdo que mi padre me relató esta historia, siendo yo un crío y fan absoluto de Holmes (del de Conan Doyle), como auténtica y no “apócrifa”. Años después, pude respirar tranquilo.
Vale, ya he leído por fin las surrealistas aventuras de este ayudante de Sherlock Holmes llamado Enrique y su deducción…, ¡elemental!